"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

24/8/15

Clase, nación, raza | Los análisis de Marx & Trotsky a partir de una obra de Kevin B. Anderson

Leon Trotsky ✆ Alan Korell 
  “El obrero blanco no podrá emanciparse allí donde se estigmatiza al obrero negro” Karl Marx, El Capital, 1867

Emmanuel Barot   |   El entrelazamiento de cuestiones de clase, de nación y de raza, y también de género, se encuentra hoy en el centro de los debates teóricos y militantes de la izquierda radical. Retomar la manera en que Marx mismo había abordado este tema será útil, tanto para recordar que este debate no ha surgido en la actualidad, aunque se ha renovado profundamente, y que contrariamente a lo que se cree, nos puede aportar varios elementos en este plano. Una de las objeciones clásicas que se le hacen a Marx y al marxismo consiste en estigmatizarlo como portador de un  “eurocentrismo” congénito, un economicismo y un obrerismo rígidos, y una visión determinista y unilineal, esencialmente evolucionista, de un proceso histórico que tendría en todas partes del planeta los mismos estadios de desarrollo, induciendo con esto un único esquema en materia de transición revolucionaria. Ciertamente, en el joven Marx, algunos desarrollos del Manifiesto de 1848 o diversos artículos de comienzos de los años 1850, en un contexto en el que le llama la atención esencialmente el desarrollo del modo de producción capitalista y del proletariado en Europa (sobre todo en Francia, en Alemania y en una Inglaterra que sirve de telón de fondo y como ejemplo emblemático para todo El capital), contienen tesis que exaltan el rol revolucionario del capitalismo en la civilización de las naciones “bárbaras”.

Marx habría minimizado y despreciado la importancia de las formas no occidentales o no capitalistas de organización social y, finalmente, las batallas no “obreras”, relacionadas con reivindicaciones nacionales, raciales o incluso religiosas. Por estas razones debería ser considerado como totalmente obsoleto, más aún, retrógrado, aunque haya escrito después.
“Marx en las antípodas”: el marxismo no es un “eurocentrismo”
El gran mérito de la obra de Kevin Anderson de 2010, Marx en las antípodas. Naciones, etnicidad y sociedades no-occidentales (París, Syllepse, 2015), recientemente traducida al francés, donde revisa no solo la totalidad de los textos publicados por Marx sobre las sociedades no occidentales, sino también sus escritos tardíos que siguen inéditos hoy en día (sobre Roma Antigua, Rusia e India), es que permite destruir esas lecturas parciales y los prejuicios que las acompañan. Muestra que Marx, paso a paso, supera sus primeros límites, confronta profundamente y no de manera anecdótica, apoyándose en particular en la antropología naciente, con las formas que adquiere el entrelazamiento de las cuestiones de clase, de nación y de raza, y con las cuestiones estratégicas y tácticas suscitadas en situaciones nacionales distintas y diferentes cada vez. Anderson retoma en particular los textos de Marx sobre la guerra civil norteamericana de 1861 a 1865, la Irlanda colonizada por los británicos, y en general, las sociedades no, pre o semicapitalistas, en especial aquellas que se caracterizan por lo que él denominó, en sus Grundrisse de 1857-1858, el “despotismo oriental”, con China en primer lugar, pero también Rusia, o aun la India.

La lucha contra la esclavitud norteamericana tiene para Marx una importancia crucial: como combate democrático e igualitarista que se justifica por sí mismo, pero también en estrecha relación con la lucha de clases del país y a escala internacional. El capitalismo no ha sido de ninguna manera un factor abolicionista, sino por el contrario encauzó la esclavitud, que existía antes de él (ante todo subordinada a la producción de bienes materiales destinados a las clases elevadas y a la población blanca), hacia la producción de plusvalía, que lo caracteriza claramente. ¿El combate democrático y antirracista queda así orgánicamente ligado al combate conjunto contra la esclavitud y el salariado?: sólo si se alían los trabajadores, negros o blancos, podrán emanciparse. Pero, además de los efectos devastadores del racismo entre las filas de la clase obrera norteamericana, la abolición de la esclavitud constituye para él una condición previa, razón por la cual Marx sostiene a Lincoln y a los abolicionistas contra la confederación de los Estados esclavistas del sur. Apoyo crítico, naturalmente: muestra sin la menor ambigüedad el hecho de que Lincoln no prolonga la lucha contra la esclavitud con la lucha revolucionaria.

Marx explica también (después de haber cambiado de opinión, pero denunciando al mismo tiempo todo nacionalismo estrecho) que la condición previa para superar tanto el rencor de los obreros irlandeses hacia el movimiento obrero inglés (percibido como favorable a la opresión colonial) como la estigmatización, de parte de los trabajadores ingleses, de los obreros irlandeses subremunerados en tanto factores de desvalorización de sus propios salarios (nuestro “plomero polaco”[1] no es más que la enésima versión de este argumento), es que Irlanda conquiste la independencia: una revolución nacional irlandesa podría servir de palanca para derrotar al capitalismo inglés. Asimismo Marx había defendido hacía ya mucho tiempo, contra el silencio de los demócratas franceses, la independencia de Polonia. Respecto de India, denunciará a partir de 1853, con más y más fuerza, al colonialismo británico, repudiando la tortura institucionalizada por la administración y el ejército de su majestad que hacía estragos, ya que estimaba que la lucha nacional unida a las estructuras comunitarias de los pueblos indios, podía eventualmente adquirir una dimensión revolucionaria. Esta visión se encuentra también en su tesis, la cual plantea que las comunas rurales rusas podrían servir como punto de partida para una dinámica hacia el comunismo en toda Europa.
El capitalismo sabe reconfigurar en su propio beneficio lo que existía antes de él
La xenofobia, miedo-odio hacia el extranjero-enemigo, sólo pudo existir desde el momento en que las comunidades llamadas “primitivas” debieron construir relaciones de intercambio y enfrentarse con formas de vida y costumbres diferentes a las propias. El racismo como tal es una especificación tardía, que se constituyó durante los primeros imperios coloniales a fines de la edad media, como estructura doctrinaria, ideológica y política, y como verdadero sistema social en el siglo XVIII y sobre todo el XIX. Queda legitimado científicamente entonces por un nuevo concepto de “raza” que se transformará en particular en el blasón del universalismo (imperial y luego republicano) que el colonialismo francés utilizará siempre, y del cual el imperialismo actual es su heredero natural.

Escena de una plantación de algodón 
Ahora bien, tal como fue conceptualizado por Marx, incluso en el plano propiamente económico, que Anderson revisa extensamente (actualizando de manera apasionante los debates de los años ‘60 y ‘70 sobre la antropología marxista), no hay que confundir los puntos de partida y presupuestos históricos que, anteriores al capitalismo, pudieron contribuir a su surgimiento o simplemente coexistieron con él, con el modo en que éste, a medida que se expandía por todo el mundo, iba reconfigurando esos puntos de partida o factores independientes. Anulando su autonomía anterior, lo propio del capitalismo ya desarrollado es relocalizarlos en relación con sus propios presupuestos lógicos, es decir, sus leyes fundamentales propias, en este caso la ley del valor y de la acumulación del capital. Aunque el propósito en este artículo no sea éste (además Anderson no aborda la cuestión feminista), podemos agregar que el dominio patriarcal, aun en las sociedades que tienen propiedad común de los medios de producción y en este sentido un “comunismo primitivo”, se remonta de manera estadísticamente dominante a la edad de piedra. Aquí también el capital supo encauzarlo perfectamente en su propia lógica.

En el plano conceptual, lo importante, sin embargo, es que Marx mismo explica al final de su vida que el esquema de desarrollo histórico conceptualizado en  El capital era válido para las sociedades capitalistas occidentales y no podía ser extrapolado al resto del mundo. Apoyándose en esto, Anderson insiste en el carácter plural de la dialéctica marxista de las transiciones al capitalismo (o de las posibilidades de transición revolucionaria en el seno del capitalismo), dialéctica en relación a la cual él destaca su deuda ante la formulación hegeliano-marxista propuesta por R. Dunayevskaya. Ésta, que fue secretaria de Trotsky en 1937, codirigente en la posguerra de la tendencia Johnson-Forest en el Workers Party, defendió la tesis de la URSS como capitalismo de Estado (con conceptos cercanos al Socialismo o Barbarie), luego desarrolló un “humanismo marxista” que rompía con el determinismo economicista y las visiones lineales del progreso histórico que, según ella, afectaban en esa época a la casi totalidad del movimiento obrero y del marxismo organizado, incluido el trotskista. Herencia que se encuentra efectivamente en Anderson cuando pone de relieve un Marx promotor de una “dialéctica social multicultural y multilineal”, y afirma que la teoría de la revolución de este último “se concentra cada vez más en la articulación entre clase y etnicidad, raza y nacionalismo”.

El libro de Anderson es imprescindible en el plano científico, pero, como lo recuerda en otro trabajo reciente “Capital y clase, pero no solamente”, en la obra colectiva publicada a comienzos de 2015, Marx político, son igualmente sus implicaciones políticas contemporáneas las que importan. La politización que propone en el texto es, sin embargo, extremadamente “algebraica”, es decir, no da ninguna precisión sobre cómo realizarlas hoy en términos de programas, prioridades eventuales, modalidades organizacionales.

Claramente, escribe Anderson, Marx no es un filósofo de la diferencia en el sentido posmoderno del término, puesto que la crítica de una sola entidad primordial, el capital, se encuentra en el centro de todo su proceso intelectual. Pero central no quiere decir unívoca o exclusiva (conclusión, p. 368).

Totalmente de acuerdo. Pero cuando Anderson se refiere, sin más, a los movimientos indígenas de Chiapas o Bolivia, con sus formas comunitarias específicas, como “movimientos anticapitalistas notables”, se ve bien, desde un punto de vista militante, que las mediaciones y clarificaciones estratégicas y una “aritmética” llevada al plano estratégico son totalmente indispensables.

Y por esto, es indispensable volver a los escritos de la generación de marxistas que se confrontó de manera más directa con las cuestiones de estrategia en condiciones complejas y multiformes. En particular, contrariamente a las enseñanzas más difundidas en la actualidad, provenientes de este tipo de trabajos, la defensa de la dialéctica y de la centralidad obrera tal como fueron elaboradas por Trotsky, son perfectamente coherentes con ellos.
Desarrollo desigual y combinado, revolución permanente, hegemonía obrera
I

La ley del “desarrollo desigual y combinado” formulada por Trotsky abunda en el sentido de esta lectura de Marx. Todas las formaciones nacionales están estructuradas de manera diferente, producto de una historia singular en cada uno de los casos, cuyo futuro no podría encerrarse en un esquema a priori. Trotsky excluye así, para una determinada “región atrasada”, “la posibilidad de repetir formas de desarrollo de diversas naciones”, subrayando al contrario la “posibilidad” para ésta de “asimilar lo ya hecho antes de los plazos establecidos, saltando una serie de etapas intermedias” aún si, por supuesto “la posibilidad de saltear los grados intermedios no sea, entendiéndolo bien, totalmente absoluta” puesto que está “limitada por las capacidades económicas y culturales del país”. Por eso esta definición:

De esta ley universal de desigualdad de los ritmos se desprende otra ley que, a falta de otra denominación más apropiada, se la puede llamar ley del desarrollo combinado, en el sentido de un acercamiento de diversas etapas, de la combinación de fases distintas, de la amalgama de formas arcaicas con las más modernas. Sin esta ley, considerada por supuesto, en todo su contenido material, es imposible comprender la historia de Rusia, como tampoco, en general, de todos los países llamados a la civilización en segunda, tercera o décima línea (Historia de la revolución rusa).

II

Esta ley es fundamental para poder plantear el problema propiamente estratégico. Por definición, las contradicciones fundamentales de cada región o país se van moldeando de manera diferente, y pueden acelerarse o desacelerarse, en todo caso, están más o menos sobredeterminadas, por ejemplo, por la cuestión nacional (colonias), religiosa (por ejemplo en Irlanda, o también en Palestina), o racial, como se ve constantemente en Estados Unidos una y otra vez. Por eso, el punto de partida de las luchas populares, aunque se produzcan en un contexto general de miseria y de explotación de clase, puede ser una reivindicación nacional, racial o ampliamente democrática como lo ha demostrado la primavera árabe. La teoría-programa de la revolución permanente de Trotsky en el fondo no dice otra cosa más que lo siguiente: para que una revolución democrática pueda tener éxito plenamente, para que la lucha por la autodeterminación de un pueblo no se limite a la obtención de una independencia puramente formal (semicolonial), es necesario que el centro neurálgico en torno al cual se organiza la dominación social, con su cortejo de desigualdades y opresiones, sea combatido y derrotado definitivamente, que el combate nacional y/o democrático “transcrezca” [2] en combate de clase y socialista. El centro neurálgico del capitalismo es el capital mismo, es decir, la propiedad privada. Y la única clase que es constitutivamente capaz de enfrentar esta última, y por consiguiente, conducir a buen término los combates elementales por los derechos individuales y colectivos por una existencia digna (que pueden ser compartidos por todo tipo de fracciones de clase), es la clase obrera.

III

Para que las luchas contra las diferentes opresiones que dividen al proletariado tengan más cohesión, es necesario que estén orgánicamente relacionadas con el combate contra la opresión de clase que es el denominador más común entre la mayoría de quienes sufren estas diversas opresiones “específicas”. Desarrollar una conciencia antirracista sólo podrá contribuir a la reconstrucción de la conciencia de clase si el punto de vista de clase alimenta de entrada y sistemáticamente los cuadros y ejes de politización de esas luchas. Recíprocamente, es evidente que intentar reconstruir la conciencia de clase haciendo abstracción de estas opresiones es chocarse la cabeza contra la pared. Totalmente opuesta a una visión agregativa de la articulación de estos dos requisitos, es por el contrario una política de hegemonía de la clase obrera, enfrentada a toda visión mecánica del proceso, a todo esquematismo en las vías tácticas que se pueden dar según los contextos y la fisonomía de los conflictos en cuestión, la que podrá traducir políticamente esa dialéctica. Lo cual requiere una doble tesis.

En primer lugar, la tesis según la cual toda lucha obrera puede y debe ser una lucha popular que asuma tome a su cargo la totalidad de las reivindicaciones “específicas”, que siempre aparecen de manera sistemática: la más pequeña lucha por los salarios, por ejemplo, pone en evidencia las desigualdades de trato entre un hombre o una mujer que ejercen el mismo empleo, o bien la sobreexplotación en los trabajos precarizados, en los cuales la proporción de trabajadores inmigrantes o descendientes de inmigrantes crece directamente con el grado de precarización. En segundo lugar, la idea conversa según la cual la condición para que una reivindicación democrática específica pueda ser plenamente lograda, supone la movilización de los trabajadores explotados y de las organizaciones obreras, al menos de una parte bastante grande. Aquí y allá, los sobreexplotados/as y los super oprimidos llevan a cabo luchas vitales, en las cuales los pueblos son colonizados, los géneros dominados, los colores demonizados, y las culturas despreciadas o destruidas, y estas luchas deben estar en el centro de las preocupaciones de la militancia. Aunque el verdadero desafío estratégico consiste en no confundir el lugar, las formas y las cuestiones precisas en donde pueden surgir las luchas, con el medio que, a término, permitirá alcanzar una clara victoria sin sombras. Es el arma de las reivindicaciones transitorias que, en los dos casos, puede construir mediaciones necesarias.

Seguramente, no existe ningún automatismo en esto; sería absurdo decir que no se puede ganar nada en el terreno del derecho burgués en materia de derechos democráticos, tal como Marx ya lo había sostenido en La cuestión judía en 1843. Pero él se había preocupado en aclarar que esas victorias parciales sólo podían tener sentido en el marco de una verdadera emancipación social para las cuales éstas debían servir como palancas, emancipación radical incompatible con la conciliación de clases y la persistencia de la explotación, aunque ésta se adorne con el atractivo de la igualdad de derechos, o que simplemente exista junto a ella.

Todo militante marxista debería leer a Anderson, tomando a Marx en sentido inverso al lugar común que se viene generalizando desde hace mucho tiempo –y que había penetrado en la “New Left” norteamericana de los años ‘60 cuando ésta se enfrentó con los mismos problemas–, para la cual los “movimientos sociales”, aunque muy heteróclitos en sus orígenes, cuestiones y objetivos, serían hoy en el fondo las únicas verdaderas palancas de una política revolucionaria, frente a un “movimiento obrero” y una “clase obrera” sumergidos en una crisis demasiado profunda como para poder despertar la menor esperanza en lo inmediato, o nunca quizá. La abdicación histórica encarnada por ese lugar, con el cortejo de ilusiones y atajos que suscita, es sin embargo uno de los más serios obstáculos para una política semejante.

Traducción del francés por Teresa Acuña
Publicado originalmente en Révolution Permanente
Notas
[1] En Francia, muchos polacos ejercen este oficio en negro (N.de T).
[2] En francés es una palabra inventada: “transcroisse”, formada por el prefijo “trans” y el verbo “croître” crecer (N. de T.)
http://www.laizquierdadiario.com/








http://www.revolutionpermanente.fr/

Not@s sobre Marx, Engels y el marxismo

— Coloquio Karl Marx - México, agosto/diciembre de 2017
El Capital. Crítica de la Economía Política, Libro I. El proceso de producción del capital

— Especial: 150 años de la primera edición de El Capital
'Das Kapital' fully digitized — Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam

Diego Guerrero: El Capital de Marx y el capitalismo actual: 150 años más cerca — Público
Manuel Sacristán: Prólogo de la edición catalana de El Capital — Rebelión
José Sarrión Andaluz & Salvador López Arnal: Primera edición de El Capital de Karl Marx, la obra de una vida — Rebelión
Alejandro Katz & Mariano Schuster: Marx ha vuelto: 150 años de El Capital. Entrevista a Horacio Tarcus — La Vanguardia
Sebastián Zarricueta: El Capital de Karl Marx: 150 años — 80°
Leopoldo Moscoso: 'Das Kapital': reloading... — Público
Riccardo Sorrentino: I 150 anni del 'Capitale' e l’equilibrio economico generale — Il Sole 24 Ore
Paula Bach: Una tendencia bajo el fuego de artificio de Piketty — Izquierda Diario
Marcello Musto: La durezza del 'Capitale' — Il Manifesto
Esteban Mercatante: El valor de El Capital de Karl Marx en el siglo XXI — Izquierda Diario
Michael Roberts: La desigualdad a 150 años de El Capital de Karl Marx — Izquierda Diario
Eddy Sánchez: Y con él llegó el escándalo. Marx y El Capital 150 años después — Espai Marx
Ricardo Bada: El Capital en sus 150 años — Nexos
El Capital, un libro que quiso cambiar el mundo — Deutsche Welle
Christoph Driessen: ¿Tenía Marx razón? Se cumplen 150 años de edición de El Capital — El Mundo
Juan Losa: La profecía de Marx cumple 150 años — Público
John Saldarriaga: El Capital, 150 años en el estante — El Colombiano
El Capital de Marx nos explica la crisis actual — Siempre!
Karl Marx: A 150 años de la publicación del primer tomo de El Capital: Prólogo a la primera edición — Análisis Político
Katia Schaer: Il y a 150 ans, Karl Marx publiait ‘Le Capital’, écrit majeur du 20e siècle — RTS Culture
Manuel Bello Hernández: El Capital de Karl Marx, cumple 150 años de su primera edición — NotiMex
Il “Capitale” di Marx, ricerca storica a 150 anni dalla pubblicazione del Volume I — Bergamo News
Entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
Robin Clapp: El Capital de Marx cumple 150 años: un análisis y una crítica inigualables del capitalismo, relevante todavía hoy — Werken Rojo
A 150 años de la primera edición de El Capital: Una obra que trascendió a su época — La Arena
La dialéctica de lo abstracto y lo concreto en El Capital de Marx de Evald Vasiliévich Iliénkov — Templando el Acero
'Das Kapital', une oeuvre décisive de déconstruction du système de production, d'échange et d'exploitation capitaliste — Le Chiffon Rouge
Roberto Fineschi: El Capital tras la edición histórico-crítica — Viento Sur
Evidente impronta ha dejado El Capital en estudios en México y el mundo — 20 Minutos
Jérôme Skalski: Lire ‘Le Capital’, un appel au possible du XXIe siècle - L’Humanité

— Otras Notas
Aldo Casas: El marxismo como herramienta para la lucha — La necesidad de la formación en la militancia — La Tinta
Andrea Vitale: La critica di Pareto a Marx: una abborracciatura — Operai e Teoria
Héctor Salazar: Marx, dos aspectos fundamentales en su desarrollo: dialéctica y tránsito del idealismo al materialismo — Marx desde Cero
Annelie Buntenbach: Marx provides us with a glimpse behind the scenes of capitalism — Marx 200
Roman Rosdolky: Marx ésotérique et Marx exotérique — Palim Psao
Lepotier: Marx, Marxisme, Cui bono? — Bella Ciao
La película 'El joven Karl Marx' llegará a los cines en el 2017 — Amistad Hispano-Soviética
Antoni Puig Solé: La Ley del Valor y la ecología en Marx — Lo que somos
Karl Marx y sus "Cuadernos de París" toman vida con ilustraciones de Maguma — El Periódico
Laura "Xiwe" Santillan: La lucha mapuche, la autodeterminación y el marxismo — La Izquierda Diario
Jean-Marc Vittori: Quand Draghi cite le grand Karl — Les Echos
Nelson Fernández: Los hijos uruguayos de Adam Smith y Karl Marx — El Observador
Teresa Macrí: Il filosofo Engels torna a casa — Il Manifesto
José de María Romero Barea: Hölderlin ha leído a Marx y no lo olvida — Revista de Letras
Carta de Marx a Abraham Lincoln tras su reelección como presidente de EEUU y en la que elogia su lucha contra la esclavitud — Ctxt
Konfuzius und Marx am Roten Fluss — Diario Digital
Vladimiro Giacché: Note sui significati di "Libertà" nei Lineamenti di Filosofia del Diritto di Hegel — Il Comunista
Salvador López Arnal: Manuel Sacristán (1925-1985) como renovador de las tradiciones emancipatorias — Rebelión
Paúl Ravelo Cabrera: Marx, Derrida, el Gesto Político y la supercapitalización mundial — Scribb
Dino Greco: In difesa del marxismo — Sollevazione
Alberto Quiñónez: Arte, praxis y materialismo histórico — Rebelión
Sebastiano Isaia: Il Capitale secondo Vilfredo Pareto — Nostromo
Milliere Guy: Le fascisme de gauche gagne du terrain — Les 4 Vérités
De Karl Marx à Mahomet: la diabolique alliance espagnole entre la gauche et les fondamentalistes islamiques — Dreuz Info
Karl Marx & Friedrich Engels: 1. Crítica del Programa de Erfurt y 2. Crítica del Programa de Gotha — Scribb
Josefina L. Martínez: Feminismo & Socialismo marxista - Eleanor Marx, la cuestión de la mujer y el socialismo — Rebelión
John Bellamy Foster: Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza — Scribb
José Manuel Bermudo Ávila: Concepto de Praxis en el joven Marx — Scribb
Francesc Torralba: "Todo lo sólido se desvanece en el aire" - ¿Y si Marx tuviera razón? — Vida Nueva
Michel Husson: Marx, Piketty et Aghion sur la productivité — A l’encontre
El “Dragón Rojo”, en Manchester: Cierran el histórico pub donde Marx y Engels charlaban "entre copa y copa" — BigNews Tonight
El capitalismo se come al bar donde Marx y Engels debatían sobre comunismo — El Español
Carta de Karl Marx al rabino Baruch Levi — Metapedia (Publicada en la "Revue de Paris" el 01-06-1928)
Tony Blair confiesa haber "tanteado el marxismo" — Sputnik
“Karl Marx le Retour” de Howard Zinn — Le Repúblicain Lorrain
Engels y la independencia política de los trabajadores — Marxist Internet Archive
Ante el fallecimiento de Friedrich Engels — OM Radio
Conmemoramos la vida del camarada Engels — Abayarde Rojo.
Cinco aportes de Engels a 122 años de su muerte — Zócalo
Shameel Thahir Silva: Pensando en el nuevo partido de las FARC-EP y su marxismo-leninismo — Rebelión
Vingtras: "Les ingénieurs de l'avenir lumineux" — Mediapart
Carlos Oliva Mendoza: Adolfo Sánchez Vázquez: ¿marxismo radical o crítica romántica? — InfoLibre
Francisco Cabrillo: Cómo Marx cambió el curso de la historia — Expansión
Bernardo Coronel: ¿El marxismo es una ciencia? — La Haine
Sylvain Rakotoarison: Le capitalisme selon Karl Marx — Agora Vox
Ismaël Dupont: Marx et Engels: les vies extravagantes et chagrines des deux théoriciens du communisme! — Le Chiffon Rouge Morlai
Mónica Zas Marcos: Rosa Luxemburgo, el águila de la izquierda que callaron con una bala — El Diario
Karl Marx & Friedrich Engels: Cartas sobre las ciencias de la naturaleza y las matemáticas — Scribb
La tarjeta de crédito de Karl Marx — Perspectivas
Mordraal: Quelques idées reçues sur Marx — Mediapart
Karl Marx et notre Etat profond français de souche — DeDefensa
Marx, el Estado y la política. Un libro de Antoine Artous — Scribb
Mehdi Touassi: Relire Marx en 2017 — LuxeRadio
Omar Carreón Abud: El Capital fue una obra pensada para enseñar a razonar científicamente a la clase obrera — Crónica de Chihuahua
Un asilo recrea época comunista en Alemania como terapia para los ancianos — Nación 321
Angelo Deiana: Chi possiede veramente oggi i mezzi della produzione? Una rilettura di Marx per comprendere il futuro — Formiche
Karl Marx et le prince-président Macron — DeDefensa
Entre Marx y dos economistas, ¿una práctica criminal o la justificación de un mundo violento? — La Conversación
A los 100 años de su nacimiento, la obra de Eric Hobsbawm sigue siendo referente — La Vanguardia
Eric Hobsbawm: El último marxista de occidente — Milenio
Eric Hobsbawm, el historiador marxista que explicó el siglo XX — Diario de Sevilla
Romain Chiron: Bobigny: La cité Karl Marx se réinvente en quartier résidentiel — Le Parisien
Maciek Wisniewski: Tres despachos sobre György Lukács – La Haine
Quand Youssef Chahed cite Karl Marx (Video) – Huffington Post
Michael Heinrich - Entretien réalisé et traduit par Jérôme Skalski: «Avec Marx, on ne peut pas séparer la vie et l’œuvre» - L’Humanité
Face aux impostures libérales, Marx, penseur capital - L’Humanité
Karl Marx en el diván: la psiquiatría franquista como arma — El País
Andrea Vitale: Lo spettro di Marx — Operai Contro
Daniel Álvaro: El problema de la comunidad. Marx, Tònnies, Weber — (PDF) — Dialnet, Universidad de La Rioja
Marx y la Teoría del Derecho — Scribd
El marxismo y los juegos malabares — Diario de Jerez
Jorge Ortega Reyna & Víctor Hugo Pacheco Chávez: John Berger: Un marxismo para el mañana — Memoria
Daniela Gros: Il giovane Karl Marx — Moked
Saoudi Abdelaziz: 1882. Karl Marx se fait couper la barbe à Alger — Le blog de algerie-infos
Jaime Osorio: La teoría marxista de la dependencia revisitada — Viento Sur