"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

15/10/14

Rosa Luxemburgo | Por su legado, aun espera por otro rescate

Rosa Luxemburgo
✆ Dominic Thackray
 
“Como azotados por espíritus invisibles, los caballos del tiempo pasan arrastrando el ligero carro de nuestro destino; y no podemos hacer nada, sino sujetar valerosamente las riendas… Si tuviese que caer, que un trueno, una tempestad o incluso un paso en falso me hagan precipitarme en las profundidades, allí me encontraré junto a miles de otros. Nunca he rehusado desafiar junto con mis buenos camaradas de armas la sangrienta suerte por una mísera ganancia. ¿Por qué habría de comerciar si se trata del libre precio de la existencia?” | Goethe, Egmont

Fernando Aiziczon   |   Dice Paul Frölich que en estas palabras de Goethe pueden encontrarse muchos aspectos de la filosofía de Rosa Luxemburg. Leyendo su biografía uno termina coincidiendo, o en todo caso agregando que la poesía está presente en su vertiginosa existencia. Judía, de nariz pronunciada, contextura pequeña, con alguna dificultad para caminar, y fundamentalmente mujer en territorios reservados a la actividad masculina, Rosa Luxemburg estuvo en el epicentro de los debates del mayor y más prestigioso partido socialdemócrata de Europa en un momento clave: Alemania en los prolegómenos de la I Guerra Mundial; allí trabó amistad y polemizó con figuras eminentes como Bebel, Bernstein y Kautsky (el “Papa del marxismo”).

Fue testigo de la debacle de toda esa enorme organización a la cual criticó hasta sus últimos días por su carácter conservador y su complicidad ante la inminente guerra. En esa polémica, que marcó un antes y un después en la historia del movimiento comunista internacional, Rosa se entregó en cuerpo y alma y terminó brutalmente asesinada por la policía, a culatazos, y arrojada cobardemente a un canal del cual se rescató su cuerpo mucho tiempo después.

Pero su legado aún espera por otro rescate. Si bien sus principales obras están disponibles en lengua inglesa y son de acceso libre en Internet, es una rareza encontrar hoy esos escritos editados en castellano. Confinados a reediciones de bolsillo resumidas o dudosas traducciones, apenas si contamos con sus estudios históricos, políticos, económicos, artículos periodísticos o su inestimable correspondencia personal, nunca editada en castellano, entre Rosa y Leo Jogiches, Karl Kautsky, Clara Zetkin y Karl Liebknecht. Afortunadamente la biografía de Paul Frölich, Rosa Luxemburg. Vida y obra, de ediciones IPS (2013) viene oportunamente a llenar un vacío enorme respecto de lo que sabemos de Rosa. Y hay que decir que su autor se desenvuelve en el difícil género biográfico con una precisión admirable, pues tanto la accesible prosa, la descripción de la vida de Rosa y de los fenómenos históricos que le toca en vida, como el análisis de su producción teórica –sobre la cual Frölich no escatima críticas porque la conoce a la perfección– permiten al lector internarse “a una época que ya no existe” pero cuyos rasgos seguramente podemos ver hoy exacerbados.

La primera edición de este libro aparece en París en 1939, y fue escrita luego de que el autor fuera liberado de un campo de concentración nazi. Los nazis quemaron gran parte de lo que hubiera ayudado a editar las Obras Completas de Rosa Luxemburg, un proyecto recomendado por Lenin, a cuyo cargo estuvieron originalmente Clara Zetkin y Adolf Warski, con la dirección editorial del propio Frölich. Sin embargo, a pesar de ser editadas de 1923 a 1928 (volumen IV, de IX previstos), el proyecto quedará trunco al ser Frölich expulsado del KPD por “oposicionista” y Warski enviado a Moscú para más tarde ser asesinado en las purgas estalinistas.

Vida militante

Rosa Luxemburg nace en Zamosc, Polonia, en el año 1871. De familia judía, Rosa es la menor de 5 hijos. Gran lectora, su gusto por la poesía, la literatura e incluso la crítica literaria pueden apreciarse en su comentario introductorio a un libro de Vladimir Korolenko, intelectual ruso, que le sirve también para describir el panorama espiritual de esa época:

La influencia de Nietzsche se dejaba sentir en una forma evidente; en la literatura reinaba el tono desesperado y pesimista (…) el misticismo de Dostoievski (…) así como el ascetismo profesado por Tolstoi. La propaganda de la “no resistencia al mal”, la condena al recurso de la violencia en la lucha contra la reacción triunfante, a la que había que contraponer solamente la “purificación interior” del individuo, estas teorías de la pasividad social se convirtieron, en la atmósfera de los años ochenta, en el verdadero peligro para la intelectualidad rusa 1.

En Varsovia, Rosa colabora en la Federación de Trabajadores Polacos pero la policía la persigue y debe huir a Zürich. Allí aprovecha para estudiar Ciencias Políticas, al tiempo que entra en contacto con personajes como Axerold, Vera Zasulich y Plejanov. Se doctora con una tesis sobre el desarrollo económico en Polonia. Conoce luego a Leo Jogiches, con quien entabla una relación amorosa hasta el fin de su vida. Ambos comparten la redacción del nuevo Partido Socialista Polaco (1893), surgido en una época de fuertes debates con corrientes blanquistas, anarquistas, terroristas y reformistas, pero donde también emergía la discusión sobre la cuestión nacional en Polonia y las consecuencias estratégicas respecto de su vinculación con la Rusia zarista, el gran imperio absolutista bajo cuya sombra se miraba Polonia. Trasladada a Alemania, se casa con el hijo de unos amigos para obtener ciudadanía alemana y evitar persecuciones políticas. Comienza a trabajar en la socialdemocracia alemana, que ya le parece rutinaria, acartonada, y donde su condición de mujer despierta aversiones. A pesar de ello entabla una amistad duradera con Kautsky, Bebel y Parvus, quien la habilitó para escribir en la prensa del Partido.

Una revolucionaria en un partido reformista

La socialdemocracia alemana anclaba toda su actividad en obtener reformas burguesas frente a un Estado que la seducía con tomar medidas democráticas. Un ejemplo sintomático del reformismo imperante en aquel Partido lo constituye el hecho de que a la muerte del viejo Engels se enfrasquen en discutir su polémico legado, o mejor, en malinterpretar su introducción a Las luchas de clases en Francia1848-1850 de Marx, conocida también como el “testamento de Engels”, para aprovechar todas las posibilidades legales del sistema político alemán y condenar al mismo tiempo el recurso a la insurrección. El celo reformista de los dirigentes socialdemócratas era tan acentuado que aún en vida de Engels varios pasajes de ese texto fueron publicados con recortes en el órgano del Partido, el Vorwarts, con la única intención de especular con una probable ley de excepción contra los socialistas para lo cual era menester eliminar frases muy “revolucionarias” a favor de un argumentación táctica de paz a ultranza y rechazo a la violencia2. En el plano teórico Eduard Bernstein sostenía que el Partido debía “liberarse de la fraseología obsoleta” del marxismo y tenía que buscar la senda de las reformas dentro de la legalidad burguesa como particular camino al socialismo en Alemania: “El objetivo final, cualquiera que sea, no significa nada, el movimiento lo es todo”, esta frase, cuyos ecos aún hoy se escuchan en muchos movimientos sociales y de la nueva izquierda, resumía gran parte de la concepción ideológica de Bernstein.

Sin embargo, fue la voz de Rosa Luxemburg la que más frontalmente salió a su cruce: “Mientras que la revolución es el acto de creación política de la historia de clase, la legislación, bajo distintas formas, no es otra cosa que el vegetar político de la sociedad”3; ¿reforma o revolución?, la lucha cotidiana no puede escindirse de un objetivo final que en el marxismo revolucionario es claramente la revolución social. Frente a ella, el parlamentarismo no es más que una forma histórica característica de la dominación de clase de la burguesía en su lucha contra el feudalismo. A pesar de que Rosa no la denosta ciegamente, sí ataca el uso exclusivo del parlamento como vía al socialismo. En su escrito “Cuestiones de táctica” (1899), Rosa decía que en la sociedad burguesa a la socialdemocracia le corresponde el papel de unpartido de oposición; y que por lo tanto no puede transformarse en partido gobernante más que sobre lasruinas del Estado burgués. Para reforzar estos argumentos atacaba directamente la lógica burguesa con la finalidad de demostrar cómo diversos usos “legales” de la violencia podían encubrir el dominio de clase:
“…cuando un hombre es obligado a la matanza sistemática de otros hombres, se trata de un acto de violencia. Pero desde el momento en que esto recibe el nombre de “servicio militar” el buen ciudadano cree estar respirando los aires de la legalidad” 4.
Otros debates

Al momento de ocurrir la Revolución rusa de 1905, Rosa participa en el debate que enfrenta a Martov con Lenin respecto de la organización del Partido ruso, rechazando lo que ella interpretaba como un centralismo extremo de parte de Lenin. Esos debates están reflejados en el artículo de Rosa “Cuestiones de organización de la socialdemocracia” y de Lenin “Un paso adelante, dos pasos atrás” (1904) pero también en el “¿Qué hacer?” (1902). Rosa buscaba la iniciativa creadora de las masas aunque reconocía el rol esencial de la organización revolucionaria pero, a la vez, desconfiaba de su rol conservador y su inercia burocrática, visión seguramente influida por la socialdemocracia alemana. En este y otros intensos debates el propio Frölich participa y critica a Rosa a sabiendas de que Lenin solía exagerar el centralismo solo como alternativa a coyunturas en que el ser expeditivo y disciplinado evitaba el naufragio de toda una organización.

Otra arista se puede encontrar en “Huelga de masas, partido y sindicatos” (1906), escrito en oposición a Bebel, quien representaba la opinión de que la huelga de masas solo era válida para la defensa del sufragio universal o ataques a los derechos electorales. Por el contrario, la huelga de masas –sostenía Rosa– es “expresión de todo un período revolucionario” donde la tarea del partido “no es esperar con los brazos cruzados a que emerja una ‘situación revolucionaria’, ni a que este movimiento popular caiga el cielo”; por el contrario, debe “adelantarse al curso de los acontecimientos y hacerlos avanzar” sembrando confianza y no demostrando vacilaciones al momento de luchar. Como puede sospecharse, el mito del espontaneísmo luxemburguista es solo eso, un mito. Rosa acentúa la idea de que la lucha de clases no puede ser “fabricada” porque es parte de un proceso histórico vivo, pero jamás desconoce el rol esencial de la organización revolucionaria, el partido, como guía estratégica hacia el socialismo. Tal como Frölich recuerda, Rosa no excluye la dirección consciente en la lucha, al contrario, la exige. Estos temas son retomados más tarde en su “Crítica a la revolución rusa” (1917-18), donde aborda la cuestión campesina, la autodeterminación de las naciones, la democracia bajo la forma de dictadura del proletariado, el terror, etc. Aunque es muy crítica frente al modo en que los bolcheviques afrontan estos problemas, reconoce que en Rusia “solamente se podía plantear el problema. No podía ser resuelto. Y es en este sentido que el futuro en todas partes pertenece al bolchevismo”5.

En 1906 Rosa participa a propuesta de Kautsky en la escuela del Partido socialdemócrata alemán, junto a profesores como Mehring, quien se convertirá en su gran amigo. De esas clases surgen dos obras: Introducción a la economía política y La acumulación del capital (1912); en ésta última Rosa quiso demostrar cómo la penetración capitalista en espacios no capitalistas resuelve el problema de la acumulación. Más allá de los errores que contenía y de las críticas que recibió, su mérito es poner en debate el imperialismo y la competencia entre Estados capitalistas por sus colonias, el rol de los “trusts” y cómo estas estrategias resultan esenciales para determinar una política para la clase obrera.

Guerra, debacle y asesinato de Rosa

Hacia 1908 la socialdemocracia alemana conseguía 6 diputados (600.000 votos). En 1914, ya iniciada la I Guerra Mundial, 110 diputados socialdemócratas aprobarán los créditos de guerra. Solo Karl Liebknecht se opondrá, en absoluta soledad. Es el comienzo de una feroz campaña antimilitarista de Rosa, que años más tarde llevará a la fundación de Spartakus, una liga dentro del Partido, junto a Liebknecht, el viejo Mehring y Warski. Pero también es el comienzo de la etapa heroica y a la vez trágica: Rosa presencia las deserciones de viejos camaradas internacionalistas que uno a uno van dándole la espalda a sus ideas. Cuenta Frölich:
“Plejanov (…) se había convertido en el portaestandarte del Zar (…) Guesde, el riguroso marxista, entró en el Gabinete ministerial de guerra francés. Vaillant, antiguo amigo de Rosa, sufrió una recaída en el nacionalismo blanquista (…) Parvus era consejero del Ministerio alemán de Asuntos Exteriores” 6.
A Parvus, Rosa sin dirigirle la palabra le señaló la puerta cuando éste quiso visitarla, y Kautsky, su viejo amigo, le argumentaba en su contra disimulando la debacle del Partido. Por sus posiciones Rosa será encarcelada por alta traición. De esta época son sus famosos folletos de Junius.

En plena ola patriotera Karl Liebknecht queda sin inmunidad parlamentaria y es encarcelado (1916). Rosa y Mehring, con 70 años, también. Se avecina ahora la Revolución alemana, que opera como contradictor de las críticas que Rosa hiciera a la rusa, pero también es el momento en que ataca violentamente a todos sus correligionarios socialdemócratas por su escandalosa actuación incluso para con la liga Espartaco, a la cual todos difaman como un grupo violento, favoreciendo una sanguinaria caza de brujas policial. Hay que leer “El orden reina en Berlín” (1919), magnífico último escrito de Rosa antes de ser asesinada, para ponderar su duro espíritu de cara a una revolución derrotada.

La noticia del asesinato de Rosa y de Liebknecht debilita a Mehring, quien muere a los pocos días. Jogiches denunciará el complot asesino y también perderá la vida en un fraguado “intento de huida” inventado por la policía. Cuenta Frölich la existencia de una leyenda popular según la cual en los barrios proletarios que rodean al canal donde Rosa fue arrojada, los vecinos aseguran que no fue asesinada, al contrario, logró escapar para ocupar la cabeza de un nuevo levantamiento revolucionario.

Notas

1. “El espíritu de la literatura rusa. La vida de Korolenko”, citado en Frölich, p.43. Este ensayo integra las Obras Escogidas de Rosa Luxemburg publicada en 2 tomos por ediciones Pluma (1976).
2. “Aparezco como un pacífico adorador de la legalidad a toda costa” había protestado Engels en una carta a Kaustky. Ver Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, Bs. As., Ediciones Luxemburg, 2012, p. 10.
3. Frölich, p. 86.
4. Ibídem, p. 104.
5. Ibídem, p. 283.
6. Ibídem, p. 240.
 



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