"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

25/5/17

So­bre la teoría del equi­lib­rio gen­eral desde la per­spec­tiva de Karl Marx

La Economía, desde su rama más for­mal, ha tomado la onerosa la­bor, al igual que las demás cien­cias so­ciales, de mod­e­lar al ob­jeto más com­plejo e in­de­scifrable de la nat­u­raleza: el hom­bre.
Karl Marx ✆ A.d. 

Diego Gar­cía

Dado que analizar la idios­in­cra­sia y el com­por­tamiento del ser hu­mano con sus pares y otras es­pecies es un ofi­cio de con­stante ob­ser­vación, la  mis­ión de un econ­o­mista se hace in­fini­ta­mente di­fi­cul­tosa por las dis­tin­tas vari­ables omi­ti­das que afectan de man­era rad­i­cal la forma en que una per­sona toma de­ci­siones. El par­a­digma ac­tual de la Economía se cues­tiona prin­ci­pal­mente so­bre cómo el hom­bre in­ter­ac­túa con otros hom­bres, de man­era ego­cen­trista, para obtener lo que quiere. A esa in­ter­ac­ción, a ese lu­gar y a ese mo­mento se le conoce en la lit­er­atura como el mer­cado. Desde sus ini­cios, la Economía ha bus­cado dis­tin­tas for­mas de con­fig­u­rar mod­e­los de com­por­tamiento que sean im­a­gen de lo que acon­tece en el mer­cado y que al mismo tiempo re­spon­dan a la gran pre­gunta planteada por Adam Smith: ¿Cómo lo­gran los in­di­vid­uos de­scen­tral­iza­dos y guia­dos por sus pro­pios in­tere­ses, por medio de la señal de los pre­cios, la co­or­di­nación en el mer­cado? (Hahn & Ar­row, 1977). Varias es­cue­las de pen­samiento económico han bus­cado de man­era ince­sante la re­spuesta al cues­tion­amiento canónico de Smith. 

Sin em­bargo, la que parece es­tar más cerca del ob­je­tivo es la es­cuela neo­clásica; ac­tual­mente, el main­stream de la cien­cia económica. La Teoría del Equi­lib­rio Gen­eral, mod­elo em­blema de la doc­t­rina an­te­rior, de­scribe una economía en la cual los agentes, tanto con­sum­i­dores como pro­duc­tores, in­for­man sus pref­er­en­cias y planes fu­turos a un or­gan­ismo cen­tral, lla­mado el Sub­as­ta­dor (1). Esta in­sti­tu­ción se en­carga de fi­jar un vec­tor de pre­cios que max­i­miza las util­i­dades de to­dos los agentes de la economía. No ob­stante, a pe­sar de que los econ­o­mis­tas hayan mostrado matemáti­ca­mente y de man­era muy el­e­gante la ex­is­ten­cia de este equi­lib­rio com­pet­i­tivo, muchas críti­cas salen a flote desde otras es­cue­las económi­cas het­ero­doxas e in­clu­sive de otras cien­cias so­ciales.

Por medio de su método analítico, Karl Marx fue uno de los primeros cien­tí­fi­cos so­ciales en desnudar to­das las la­gu­nas metodológ­i­cas y epis­te­mológ­i­cas de la doc­t­rina clásica de Economía. Luego de más 50 años de re­con­fig­u­ración de la teoría, los econ­o­mis­tas Ger­ard De­breu y Ken­neth Ar­row (1954) pre­sen­tan el Mod­elo del Equi­lib­rio Gen­eral como la panacea a los prob­le­mas de forma y es­truc­tura de la Economía. Sin em­bargo, es claro ob­ser­var que esta nueva metodología no se es­capa de las mis­mas críti­cas de Marx a la teoría clásica. La es­cuela de pen­samiento neo­clásica cae en los mis­mos er­rores de su pre­de­ce­sora: la ausen­cia de trans­for­ma­ción de las cat­e­gorías ab­strac­tas en cat­e­gorías conc­re­tas. En con­se­cuen­cia, desde el punto de vista de Marx, la tesis de este en­sayo es ex­plicar cómo  los prin­ci­p­ios neo­clási­cos no lo­gran re­spon­der a la pre­gunta de la co­or­di­nación de agentes de­scen­tral­iza­dos porque: primero, la in­tro­duc­ción del Sub­as­ta­dor es un supuesto ad hoc que no proviene de la re­al­i­dad; y se­gundo, no ex­iste ningún tipo de relación so­cial en­tre los in­di­vid­uos de­scritos en esta economía. Por con­sigu­iente, la es­truc­tura del texto será la sigu­iente: primero, se ex­am­i­nará la in­tro­duc­ción del Sub­as­ta­dor como agente económico y la forma en que éste ir­rumpe con el método analítico de Marx; se­gundo, se mostrará que la fi­jación de un vec­tor de pre­cios es un ar­ti­fi­cio económico que no tiene en cuenta la plus­valía del cap­i­tal­ista; ter­cero, se ev­i­den­ciará que, de man­era burda, la Teoría del Equi­lib­rio Gen­eral omite cualquier tipo de relación en­tre los seres hu­manos; y por úl­timo, se con­cluirá con las ideas más im­por­tantes del texto.
1. El Sub­as­ta­dor: órgano ex­traño
La primera gran la­guna que se en­cuen­tra en la Teoría del Equi­lib­rio Gen­eral es la creación de un ser om­nipo­tente, lla­mado el Sub­as­ta­dor. Éste es ca­paz de ele­gir:
Un vec­tor de pre­cios que max­i­miza el valor del ex­ceso de la de­manda agre­gada lo que im­plica que au­men­tará el pre­cio de aque­l­las mer­cancías para las que ex­iste un ex­ceso de de­manda, y re­ducirá el pre­cio de las mer­cancías en las que ob­serva un ex­ceso de oferta (Lozano, Villa, & Mon­salve, 1997).
Lo an­te­rior deja en­tr­ever que la Teoría del Equi­lib­rio Gen­eral nece­sita de un or­gan­ismo ex­te­rior a la economía misma que per­mita la con­ver­gen­cia a un punto de es­ta­bil­i­dad. Por con­sigu­iente, esto mues­tra la ex­is­ten­cia de un prob­lema mu­cho mayor: la pre-ex­is­ten­cia a la hu­manidad de una in­sti­tu­ción o con­trato so­cial en el mer­cado. Di­cho or­gan­ismo ex­hibe el ide­al­ismo de la cien­cia económica so­bre la so­ciedad que mod­ela, ya que primero pre­supone la ex­is­ten­cia de rela­ciones en­tre hom­bres que viven en so­ciedad y se­gundo, mues­tra el “de­ber ser” de los seres hu­manos. Como lo afirma Al­thusser (1979), “es el con­trato so­cial lo que ase­gura el paso de la nada so­cial a la so­ciedad”, lo que al mismo tiempo le quita a la Economía la carga de crear una teoría so­bre la so­ciedad de mer­cado. Además, es vis­i­ble que el Sub­as­ta­dor in­dica un “de­ber ser”, pues los seres hu­manos deben en­tre­gar sus pref­er­en­cias y planes fu­turos para que esta in­sti­tu­ción pueda max­i­mizar las ecua­ciones del bi­en­es­tar. Por con­sigu­iente, este mod­elo por defini­ción se desvía de su pre­gunta ini­cial so­bre la co­or­di­nación de in­di­vid­uos de­scen­tral­iza­dos.

Al igual que Al­thusser, Marx criti­caría este método de la economía ya que es im­posi­ble ex­traer esta in­fer­en­cia por medio de la recolec­ción de he­chos. A su vez, tam­bién agre­garía otra crítica al co­or­di­nador deus ex machina y esta es so­bre su nat­u­raleza. Dado que no pre­senta ninguna con­no­tación tanto so­cial como histórica, el Sub­as­ta­dor es una cat­e­goría ab­stracta cues­tion­able y mis­te­riosa. La Economía ha rel­e­gado a un se­gundo plano primero el marco histórico de cómo se gen­eró la figura del sub­as­ta­dor; se­gundo, omite la relación so­cial por la cual los in­di­vid­uos con­fían cie­ga­mente en las de­ci­siones de esta in­sti­tu­ción; y por úl­timo pero no menos im­por­tante, ob­via la teoría del valor de las mer­cancías y en es­pe­cial, la de la pro­duc­ción de la plus­valía.
2. La plus­valía: ¿dónde están las rela­ciones de poder?
Dado que se deja toda la la­bor de la fi­jación de pre­cios a un or­gan­ismo om­nipo­tente, la teoría de cómo sur­gen los pre­cios tam­bién queda en un se­gundo plano para la doc­t­rina neo­clásica. Desde el punto de vista de Marx, el Mod­elo del Equi­lib­rio Gen­eral no es la im­a­gen de la re­al­i­dad en la cual se vive, dado que está omi­tiendo to­das las rela­ciones so­ciales ex­is­tentes en­tre los in­di­vid­uos. Primera­mente, este mod­elo omite la ena­je­nación del tra­ba­jador, pues, a pe­sar de que se quiera mod­e­lar la fuerza de tra­bajo y los nive­les de cap­i­tal, en ningún mo­mento se re­conoce la ex­plotación que hace el bur­gués so­bre el pro­le­tari­ado y mu­cho menos la forma en la que sep­ara a este úl­timo de su ser genérico. Por con­sigu­iente, el se­gundo punto es la omisión del poder del cap­i­tal­ista y del taller oculto de la pro­duc­ción. Como no ex­iste ninguna teoría so­bre la su­pe­ri­or­i­dad del bur­gués, la Teoría del Equi­lib­rio Gen­eral no se in­muta de la forma en la que un cap­i­tal­ista se apropia –roba- de parte del tra­bajo de la mano de obra con­tratada. En con­se­cuen­cia, el ter­cer y úl­timo punto con­siste en que las doc­tri­nas neo­clási­cas tienen en to­tal olvido la creación y mo­nop­o­lización de la plus­valía, que es to­tal­mente es­en­cial para la ex­is­ten­cia y dom­i­nación de la clase bur­guesa (Marx, 2010).
3. Relación hom­bre-hom­bre in­ex­is­tente
Luego de en­ten­der que el Sub­as­ta­dor es un co­or­di­nador deus ex machina y que la Teoría del Equi­lib­rio Gen­eral deja en se­gundo plano la plus­valía, el punto fi­nal de esta teoría, para Marx, sería que este mod­elo rep­re­senta úni­ca­mente ro­bots, in­di­vid­uos aso­ciales que úni­ca­mente in­ter­ac­túan con el sub­as­ta­dor. El he­cho que la teoría del valor neo­clásica ol­vide el plus­valor del bur­gués y la fi­jación de pre­cios por los mis­mos in­di­vid­uos mues­tra man­i­fi­es­ta­mente que en este mer­cado, en primer lu­gar, no ex­iste ni la clase bur­guesa y ni la tra­ba­jadora; luego, tam­poco, ex­iste una lucha de clases so­ciales por el poder; y por lo tanto, se hace ob­vio que no ex­iste la his­to­ria que muestre las for­mas de apropiación del cap­i­tal­ismo, la creación del es­tado mod­erno, la ex­plotación del tra­ba­jador al bur­gués y en con­se­cuen­cia, mu­cho menos la relación del hom­bre con los demás hom­bres.
4. Con­clu­siones
A pe­sar de la for­mal­i­dad matemática que posee, la Teoría del Equi­lib­rio Gen­eral se ha quedado corta para ex­plicar fenó­menos que son tan ob­vios como la relación del hom­bre con sus pares. La in­tro­duc­ción del Sub­as­ta­dor y el com­pleto olvido de la ex­is­ten­cia de rela­ciones de poder ha­cen dar cuenta que la Economía queda al desnudo al mo­mento de mod­e­lar el mer­cado, a la so­ciedad y por tanto, la nat­u­raleza del ser hu­mano mismo. Es nece­sario que la cien­cia económica se em­pape más de la ob­ser­vación y recolec­ción de he­chos que le per­mita ser más pos­i­tiva que nor­ma­tiva.
5. Bib­li­ografía
Al­thusser, L. (1979). Mon­tesquieu: la Política y la His­to­ria. Barcelona: Ariel.
Ar­row, K., & De­breu, G. (1954). Ex­is­tence of an Equi­lib­rium for a Com­pet­i­tive Econ­omy. Econo­met­rica, 265-290.
Hahn, F., & Ar­row, K. (1977). Análi­sis Gen­eral Com­pet­i­tivo. Fondo de Cul­tura Económica.
Lozano, F., Villa, E., & Mon­salve, S. (1997). El Mod­elo Ar­row-De­breu es un mod­elo es­tático. Cuader­nos de Economía.
Marx, K. (2010). Man­i­fiesto del Par­tido Co­mu­nista. Bo­gotá: Panamer­i­cana Ed­i­to­r­ial.
http://elmaleconomista.com/

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