"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

27/9/14

Teología de la liberación y marxismo | Una mirada desde la perspectiva del teólogo Ignacio Ellacuría

Ignacio Ellacuría ✆  A.d.
Maritza Díaz Ascensión   |   La relación entre Marxismo y Teología y de la Liberación (TL) en América Latina llamó la atención  hace ya algunas décadas,  sin embargo, es un tema que aún en nuestros días tiene un lugar en las reflexiones que diversos estudiosos realizan sobre la coyuntura actual de la Teología de la Liberación y el uso de determinadas mediaciones en el análisis de la realidad latinoamericana. En particular, nos interesa abordar el tema, teniendo en cuenta las reflexiones que el teólogo mártir, salvadoreño por opción, Ignacio Ellacuría (1930-1989) hiciese sobre la relación entre la Teología de la Liberación y el Marxismo.

Ahora bien, un  análisis como este, desde cualquier referente que se haga  debe tener en cuenta determinados presupuestos, tales cómo, qué marxismo, o marxismos se asimilaron, qué motivó el acercamiento a esta teoría, así cómo esclarecer el uso que se hizo de la concepción marxista de la sociedad y la historia, sobretodo, en atención a la crítica hecha al marxismo,  luego de los cambios ocurridos a nivel mundial, con la caída del campo socialista, la declaración de parte de algunos ideólogos acerca de la "muerte del marxismo", y los acontecimientos que en el orden económico, político y social han tenido lugar en las últimas décadas marcadas por la ineficacia, ya demostrada, de un capitalismo global de ideología neoliberal, entonces más tecnocrático, totalitario y salvaje.

En el caso de Ignacio Ellacuría, encontramos en la obra consultada la presencia de categorías propias del marxismo y en múltiples ocasiones se dialoga con la obra misma de Carlos Marx. Su obra La filosofía de la realidad histórica, amplísimo estudio que recorre el pensamiento de este filósofo y teólogo de la liberación, constituye uno de los más profundos trabajos de este autor y es pieza clave para comprender su producción teórica, y aunque la eminencia lo tiene la filosofía, no obstante  facilita penetrar también su discurso sociopolítico y teológico. Esta obra, publicada después de su muerte es un compendio, en nuestra opinión, que recorre su pensamiento. El contacto con este trabajo nos permitió constatar que este teólogo dejó al morir una vasta obra que la humanidad, sus adeptos e intelectuales, teólogos, filósofos, etc., deben rescatar por su riqueza teórica y su importancia práctica.

El acercamiento a su obra en general y de este trabajo en particular, nos permite afirmar que existió una evolución en el pensamiento de este  filósofo y teólogo de la liberación, caracterizada por la originalidad que llega a alcanzar su producción teórica. Si bien en los inicios se centraba en el estudio de la obra de quien fuera su maestro Xavier Zubíri (1898-1983),  motivo que lo puso en contacto con el pensamiento marxista al que se remite con frecuencia en un diálogo abierto y creativo, este pensador llegó a desarrollar su propia concepción teórica.

La presencia del marxismo en su obra salta a la vista por el uso de sus categorías para el análisis de la realidad latinoamericana, objeto central de toda su vida, objeto de su pensamiento filosófico y teológico. La remisión a trabajos de Carlos Marx, su mención y la presencia de citas a  ideas suyas fue parte de la obra que nos lego Ignacio Ellacuría.

Hace mucho tiempo quedó clara la presencia de algunas categorías  del instrumental marxista en las reflexiones de los teólogos de la liberación, ahora bien, debe decirse que la Teología de la Liberación  no es  homogénea, nunca lo fue, no es un movimiento único, sino, hoy más que nunca, movimientos de la liberación desde una perspectiva teológica, de gran riqueza y enfoques.

Desde el surgimiento de esta corriente en América Latina, se constató la existencia de teólogos de la liberación, o sea, más que un movimiento único, teólogos con un nuevo discurso de compromiso con la realidad de pobreza y con los pobres de América Latina. De esa misma manera se pudo observar que el acercamiento y presencia del marxismo en el pensamiento de sus principales representantes no fue tampoco indiferenciado.

La idea de que en la Teología de la Liberación  estuvo presente el uso de las ciencias sociales, y en particular el marxismo,  como recurso de análisis, ya sea por el uso de categorías propias de un instrumental sociológico, como por las soluciones que brinda, no es un argumento que se comportara de manera idéntica en todos sus representantes.

Vale la pena recordar las apreciaciones que al respecto hace el reconocido filósofo Enrique Dussel, en su trabajo Marxismo y Teología de la Liberación, en el cual afirmó que ciertamente la presencia del marxismo es un hecho indudable en el quehacer teórico de los representantes de este movimiento, pero dijo que el acceso al marxismo, no fue siempre desde Marx, desde su obra, si no a través de lecturas secundarias, pero como hemos expresado anteriormente Ignacio Ellacuría es de los teólogos de la liberación que conoce, dialoga y reflexiona con la obra de Carlos Marx y establece un paralelo entre Marx y los postmarxistas. Asimismo es muy interesante su apreciación de lo ocurrido con el socialismo real en los países de Europa del Este.

Para entender el pensamiento de Ignacio Ellacuría en esta problemática, iremos expresando algunos de sus puntos de vista,  de manera que su referente en este análisis aporte su visión respecto de la relación Teología de la Liberación y Marxismo, sin que esto signifique que la reflexión suya sea la única. Entre los múltiples elementos a tener en cuenta está, el reconocimiento de  su evidente contacto con la obra de Carlos Marx, la que en diversos momentos de su discurso reconoce como viable para el análisis que realizó de la realidad latinoamericana, y también las críticas que hizo al respecto. Asimismo,  es preciso conocer sus ideas en torno a la Teología de la Liberación en relación, cómo entendió este movimiento del cual fue parte, sus postulados y el abordaje teórico de los mismos. Debemos mirar brevemente los apuntes  que realiza el teólogo a fin de  dilucidar en este contexto de cosas el lugar que el marxismo tuvo y el enjuiciamiento que sobre él realizó.

Ante todo cabe plantearnos la siguiente  pregunta: ¿Qué era para Ignacio Ellacuría la teología de la liberación? Para este pensador la teología de la liberación no era una sociología o una politología, sino "un modo de saber específico cuyas fuentes o principios son la revelación, la tradición y el magisterio, a cuyo servicio se ponen ciertas mediaciones. Si entre estas mediaciones tiene cierta importancia la de las ciencias socio económicas, históricas, políticas, etc., no implica necesariamente que se transforme en una de estas con lenguaje teológico ... En la intención, en la metodología, en los hechos, la Teología de la Liberación se muestra cada vez más como una teología " (31).

Las afirmaciones anteriores muestran la aceptada concepción acerca de la relación entre la Teología de la Liberación y otras formas de interpretar la realidad desde diferentes prismas, que pueden ser sociopolíticos, económicos, e incluso en nuestros días la psicología, la sociología y la antropología son ciencias, enfoques, mediaciones, sin las cuales el quehacer teológico de liberación escapara de la riqueza que estas ciencias aportan en el análisis del pobre como sujeto teológico, desde los actuales enfoques de género, raza y cultura. Ignacio Ellacuría partió de este reconocimiento, pues él como parte de este movimiento fue portador de sus más evidentes características.

El pensamiento teológico de liberación, fundacional, guarda una relación de continuidad y ruptura con estas nuevas teologías que se desarrollan posterior a 1990,  en las que es vista, también a la filosofía como una mediación, o  sea como  una especie de eslabón intermedio en el análisis de la realidad de pobreza y de desigualdad social que subsume a nuestro continente.     

Como es conocido en la Teología de la Liberación, la teología no subsume a la filosofía, el quehacer teórico filosófico aparece en ella, y permanece con su personalidad propia; y  específicamente en el caso de el  teólogo Ignacio Ellacuría aparece como fundamento y sustento de sus más importantes ideas, no obstante la teología conserva también su personalidad, sólo que ahora el nivel de reflexión sobrepasa los marcos del tradicional análisis religioso al situarse en la vida social y práctica de los hombres. La Teología de la Liberación pone a su servicio a estas otras ciencias incluyendo a la filosofía.

Ahora bien, la Teología de la Liberación al menos es este representante muestra una vocación política ya que se plantea en términos no sólo teológicos, sino también políticos la necesidad de la liberación de los pueblos oprimidos, al señalar la urgencia de cambiar estructuras de dominación, regímenes políticos que sozjugan a los pueblos y los mantienen en la opresión. Sin embargo, en su intención de dejar claro que de la Teología de la Liberación no debe sólo resaltarse su eficacia política, Ignacio Ellacuría alude a su consistencia teológica, al hecho que el mensaje revelado a los hombres por Jesús de Nazaret pretende destacar el reino de Dios, o sea la presencia reinante de Dios, en el mundo de los hombres, mensaje que sitúa al  hombre cercano a las cosas de este mundo, a la realidad que viven los pueblos oprimidos, pues se acerca al Dios que se hace historia como una manera de alegar la necesidad de que la historia se alce a Dios, a la humanización y mundanización de Dios.

Su reflexión sobre el lugar de la nueva teología, la que es producida desde la opción preferencial por los pobres y su importancia desde el punto de vista político fue un  problema evidente en su obra. Ignacio Ellacuría fue cruelmente asesinado aquel 16 de noviembre de 1989, junto a otros jesuitas, por el temor al poder de sus ideas y por el impacto que produjo tanto en El Salvador, como en toda América Latina. Su pensamiento teológico tuvo validez política porque la Teología de la Liberación no excluyó, muy por el contrario precisa la idea de la vocación liberadora del pecado en todas sus formas de expresión, por tanto incluyó en última instancia, de manera inevitable, su expresión como poder o fuerza que se impone sobre los hombres, poder que se materializa en estructuras sociales de dominación que son manifestación flagrante del pecado estructural y político.

La Teología de la Liberación  -en su opinión- no es suficiente para alcanzar la liberación integral del hombre, necesita de otras fuerzas que también han comprendido la necesidad de la salvación y liberación de los pueblos de la opresión en que están sumidos; el teólogo se refiere a los movimientos revolucionarios que luchan por la liberación popular. El fundamento teológico de dicha tesis radica en el presupuesto de que sin Dios tal como se da y revela en Jesús, no hay verdadera liberación, y este proceso exige y reclama de los procesos históricos de liberación, exige del hombre, concreto e histórico la lucha por su liberación, de lo que se trata es de realizar históricamente en la práctica el reino de Dios. Ese reino es manifestación de una sociedad más justa en la que el hombre se verá liberado de toda opresión; es un reino en la historia real del hombre, esa historia única marcada por lo sagrado y lo profano será para el hombre la historia también de la salvación.

Es preciso dejar claro que para este teólogo era decisivo lograr la participación activa de la iglesia en el anuncio del reino de Dios, porque sólo así este se va convirtiendo paulatinamente en algo que puede constatarse históricamente. La iglesia es una casa grande para el hombre pobre que lucha por transformar su realidad y sólo una iglesia renovada y despojada de los vicios tradicionales puede realmente participar en los procesos que llevan a cabo los pueblos.

Ignacio Ellacuría consideró que era muy importante el rol que debían jugar los creyentes en la lucha de sus pueblos y sostuvo que esto los llevaría a ponerse en contacto con otras ideologías que en su opinión podían hasta cierto punto influir en ellos de una manera positiva o negativa, y cita el marxismo como una de ellas, destacando aspectos importantes y también positivos de esa ideología.

Es de nuestro interés presentar algunas ideas ellacurianas en relación con la teoría marxista por el lugar que ocuparon en su pensamiento, con la finalidad de llamar la atención brevemente sobre este particular. En su obra, este teólogo analizó con bastante madurez y profundidad el marxismo; pueden tomarse como elementos básicos aquellos que el autor esboza en sus trabajos dedicados al estudio de los planteamientos de la "Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación" documento fechado el 6 de agosto de 1984 por la sagrada congregación para la doctrina de la fe, y que es considerado como un paso importante en el debate acerca de la Teología de la Liberación. En dicho documento se realizan acusaciones en torno a la presencia del Marxismo en la Teología de la Liberación y lo que ello significó para el pensamiento teológico y como fue percibido por el Vaticano.

En tal sentido, el teólogo Ellacuría se detuvo en el estudio de este documento y esbozó aspectos que ayudan a formar una opinión acerca de lo que pensaba sobre la teoría de Carlos Marx y sus postulados más importantes.

Habría que comenzar preguntándonos que entendía el teólogo Ignacio Ellacuría por marxismo y a quién o a quiénes atribuía los logros o las deficiencias que a dicha corriente de pensamiento se le señalaban.

El marxismo es para él, ante todo, una "crítica científica del capitalismo y, como consecuencia, una fundamentación de un programa práctico de anticapitalismo por un lado y de construcción de una nueva sociedad a la que los clásicos de esta teoría denominaran comunismo" (32).

Comprender al marxismo como una teoría que nace de la crítica al régimen burgués capitalista es acertado si tenemos en consideración que su surgimiento estuvo condicionado objetivamente por la necesidad de la clase obrera de contar con un arma teórica que sirviera de guía en la acción revolucionaria, al enfrentar los males del sistema capitalista que engendró al proletariado. Pero el teólogo Ignacio Ellacuría no sólo vio en esta teoría la elaboración de un proyecto político de sociedad, de una nueva y superior frente al capitalismo, sino a una ciencia social e histórica, o sea, una filosofía expresión de un sistema teórico conceptual de ideas cuyo origen hay que buscarlo en la cambiante realidad natural y social.

En sentido general puede considerarse que la teoría marxista fue vista por este teólogo no como una ideología más, sino como un valioso instrumento de análisis social. Ahora bien, independientemente de que reconoció el aporte de Marx en el campo teórico sostuvo que es sobre todo en el campo de la historia real donde su efecto fue menos efectivo. No perdamos de vista el hecho de que Ignacio Ellacuría vivió los sucesos ocurridos en Europa del Este y teniendo en cuenta los acontecimientos que tuvieron lugar allí declaró que... "A los cien años de su muerte (el autor se refiere a Carlos Marx), se puede decir que sobre los países donde hay regímenes marxistas instalados no se pone el sol".(33)

Consideramos que Ignacio Ellacuría no se sitúa entre quienes atribuyen a la teoría elaborada por Carlos Marx los males que viven los pueblos en los que el socialismo como sistema no fructificó en el sentido de su implementación práctica; él reconoció la validez universal del método dialéctico cuya cimentación está basado en leyes y categorías de inigualable valor, incluso reconoció que utilizando su método con rigurosidad y objetividad llevará en condiciones diversas a conclusiones distintas a las que arribó Marx, pues éste se situó en un espacio temporal o sea en una sociedad determinada e interpretó la misma con el prisma de su tiempo, pero lo hizo a partir de un método que no se compromete con una sociedad en particular, ni con condiciones naturales concretas, pues su valor radica justamente en el alcance universal que posee; ahora bien el éxito dependerá de su correcta aplicación con espíritu crítico y creativo sin caer en el dogmatismo. Con este estilo de pensamiento, es que el teólogo sugirió una serie de ideas respecto al derrumbe del socialismo en países de Europa del Este y respecto al uso del marxismo en manos de los marxistas que continuaron la obra y la línea de Carlos Marx, a su interpretación y aplicación concreta.

En el citado trabajo el teólogo hizo un balance general de cómo ha tenido lugar la asimilación y recepción del marxismo en el continente latinoamericano. Señala que al respecto hay diferentes posiciones que oscilan en dos grupos fundamentalmente: aquellos que ven en Marx a un héroe, a un profeta que oferta la llave para la solución definitiva de sus realidades, y otros para quienes el marxismo es un "demonio" causante de los mayores males que sufre la sociedad mundial.

Ambas posiciones le resultaron a Ignacio Ellacuría irracionales, pues en su opinión denotaron un desconocimiento de lo más valioso y meritorio de Marx y su genialidad en el análisis dialéctico de la sociedad y su transformación.

A pesar de su justa y detallada valoración sobre  Marx y su teoría, reconoció que los marxistas contemporáneos debían dejar de  ver en  la doctrina  de  sus  creadores una fuente de sabiduría eterna que no requería ser revisada a fondo y señaló que obviarla a manera de una ciencia histórico-social sería ir en contra de sus mismos fundamentos.

El propósito que guió las reflexiones ellacurianas acerca del marxismo radica en su pretensión de desmitificar el mito que respecto al mismo existía al considerarlo como un paradigma inmutable y eterno. En América Latina, señaló el teólogo, se presenta y divulga el marxismo ideologizado y mitificado, mientras que el científico y crítico apenas ni se mencionan. "Marx y su trabajo teórico son perfectamente desconocidos en El Salvador y lo que de él más opera son residuos estereotipados que no hacen justicia a su obra y mucho menos a nuestra realidad: Urge, por tanto, un esfuerzo de desmitificación".(34)

Confiamos en el interés de Ignacio Ellacuría por desmitificar al marxismo, pues en definitiva atenerse a Marx y al marxismo no significa, ni mucho menos, equipar mecánicamente la vida en desarrollo y cambio con tales y cuales fórmulas atribuidas a los creadores de esta doctrina; pensamos que seríamos malos marxistas si nos contentáramos con repetir ideas como verdades descubiertas por ellos.

El marxismo no es un dogma, sino una viva guía de acción, una teoría que debe ser enriquecida en todas las direcciones así como aplicada con espíritu creativo.
"Marx es ante todo un pensador científico y como tal debe ser tomado en nuestra situación. Si ha de ser refutado, ha de ser refutado racionalmente y no quemado en la hoguera, retirado de las cosas y de las universidades por los cuerpos de seguridad o retenido en las aduanas". (35)
Como puede observarse Ignacio Ellacuría propuso una reflexión del marxismo que no se limita a un mero conocimiento del aporte teórico que el mismo encierra, el cual es además cuestionado por el teólogo en diversos momentos de sus obras, en varios artículos y que no es nuestro interés citar aquí, claro está no es un cuestionamiento al aporte mismo en su significación general, sino la mención a algunas citas e ideas con las que Ignacio Ellacuría diverge.

Teniendo como telón de fondo las valoraciones que sobre la "Instrucción" hace Ignacio Ellacuría, es oportuno destacar su comprensión y aceptación del vínculo positivo y de mutuo enriquecimiento que, en opinión del teólogo, supone la relación entre Marxismo y Teología de la Liberación. Por tal razón entendió que carecería de sentido apreciar en la Teología de la Liberación una especie de visión sacralizante del marxismo, como si se tratara de una especie de expresión más o menos afortunada en términos religiosos del materialismo histórico. Consideró que si bien en los inicios de este movimiento teológico  primó  una  cierta  ingenuidad  optimista en  algunos  teólogos respecto a la relación entre praxis teologal de liberación y praxis política de las vanguardias marxistas, sin embargo la lección fue pronto asimilada por cuanto para muchos se comprendió que tanto en nociones de práctica como de elaboración teórica es posible hablar de retroalimentación si se salvan las diferencias.

Fue de la opinión de que, a pesar de que el marxismo haya perdido interés en algunas partes del mundo más desarrollado e incluso al nivel de considerarlo como un dogma fosilizado, no obstante en otras regiones está viva su vigencia y coincide en algunos de sus propósitos liberadores con la Teología de la Liberación.

Una observación de interés es la reflexión ellacuriana respecto al reconocimiento que por lo general se hace de los males que mutuamente pueden generarse unos a otros, los marxistas y los cristianos, pero no se habla nunca o casi nunca de lo que recibe y puede recibir el marxismo de la fe cristiana.

En sus reflexiones sobre la teoría marxista, Ignacio Ellacuría planteó la relación entre Cristianismo y Marxismo, conocido tema de actualidad. En tal sentido plantea  el reto que representa la Teología de la Liberación como teología novedosa y revolucionaria frente a las tradicionales posiciones del marxismo y su interpretación del fenómeno religioso, así mismo sitúa al Marxismo frente al Cristianismo con ojos críticos, refiriéndose particularmente al abandono de los valores éticos positivos que enarbola el evangelio en tanto mensaje cristiano

De inmediato mencionaremos algunas ideas clave que consideramos de vital importancia para comprender la visión ellacuriana acerca del marxismo. Por encontrarse tan dispersa la obra de este teólogo y filósofo es que merece se mencionen tesis conclusivas acerca de su comprensión del problema que desarrollamos:

1) El marxismo es un fenómeno de carácter mundial. El pensamiento marxista ha servido y sirve hoy aún, de inspiración para la lucha a cientos de hombres, y, en particular a los movimientos revolucionarios en América Latina y en general del tercer mundo. El teólogo declaró que aun cuando la ideología marxista se supone para muchos hombres en crisis, todavía perdura el poder de sus ideas.

2) Declaró que no todo en este movimiento se debe a Marx. Aclara que en el campo teórico gran parte de lo que se entiende por Materialismo Dialéctico es obra no sólo de Carlos Marx, sino también de Federico Engels y en el campo de la realización política y práctica de Lenin.

3) Añade que el marxismo ideologizado es muy divulgado pero el científico apenas se conoce. Del marxismo sólo se divulga su   imagen mitificada a hipertrofiada.

4) Hace un llamado a la desmitificación del marxismo. En tal sentido el teólogo propone una relectura desprejuiciada de Marx, clara,  coherente y realista.

5) Queda clara su comprensión del marxismo (en un sentido más amplio) como una ciencia histórico social y natural que elabora en sentido estrecho un proyecto social, que supone un programa de acción y movilización de las masas para transformar la realidad social.

6) El marxismo es, por tanto, la antitesis dialéctica de las tesis del capitalismo (explica la negación dialéctica del capitalismo en el Socialismo).

7) Afirma que al criticar y valorar al marxismo hay que verlo con imparcialidad, o sea, ser capaz de reconocer lo positivo y lo negativo en el análisis.

8) La valoración del marxismo supone dos niveles de análisis: uno teórico dirigido a la obra de los creadores, siendo fieles a ella, y otro que se encauza a la implementación práctica de los postulados socialistas. Justamente la desmitificación supone reconocer sus logros y sus fracasos.

9) Reconoce que un logro innegable del marxismo radica en la concepción materialista de la historia que afirma el papel de lo económico como determinante, en última instancia, del desarrollo de la historia.

10) El marxismo ha proporcionado  un  método  eficaz  de  carácter  científico  para entender  la sociedad y la historia.

11) Ha establecido  una  correcta  relación  entre  teoría  y  práctica  al  elaborar  sus propios postulados. Ha puntualizado  en  esta  dirección  la  necesidad de  lograr una teoría  que  realmente  pueda  convertirse en praxis histórica y de lograr una praxis que responda realmente a las exigencias de la teoría.

12) El marxismo tiene el mérito de  haber  elaborado  la  teoría  de  las  clases  y  la lucha  de clases

13) Es también un logro el  que  esta  por  su  profundidad  sea  un  arm d e  lucha  ideológica   y   de movilización de las clases explotadas.

14) Concluyendo los logros del marxismo, el teólogo destaca su potencial de fuente  de esperanza y fe en la posibilidad de alcanzar una sociedad mejor, sin clases, ni Estado. Sin embargo, pese a todos los méritos señalados a la teoría elaborada por Carlos Marx, Ignacio Ellacuría señala algunas ideas que en su opinión y hasta donde conocía esta doctrina le atribuye.

15) Señala que un error del marxismo está en exagerar un tanto la determinación de lo económico. Aquí el teólogo atribuye los errores al estado poco desarrollado de la ciencia en general y de la ciencia económica en particular en el tiempo que Marx elaboró su teoría. Subraya que al menos al enunciar esta tesis fue exagerado sobre todo en su crítica antiidealista, sólo que aclara que la historia no se reduce a cambios y hechos económicos.

Nuestro interés no es detenernos en particular en cada tesis que exponga un  error atribuido a Marx, pero si ir dejando clara la visión que nos traslada la forma de interpretar a Marx. No se trata de convertir a Ignacio Ellacuría en un marxista y que aplauda esta teoría de pies a cabeza, pero siempre que se trate de una idea como la expuesta anteriormente, creemos que merece releer la interpretación ellacuriana y aclarar el espíritu y la letra de Marx cuando abordó una idea que es el meollo racional y centro de la concepción materialista de la historia.

Es preciso además aclarar hasta qué   punto Ignacio Ellacuría conoció la obra de Marx, pues  si bien por un lado ve en el materialismo histórico un logro, por otro señala que en su exageración está el error.

Al analizar las cuestiones que plantea a la concepción materialista de la historia cuando subraya el papel determinante del ser social en la conciencia social, o sea, la vida material y económica de la sociedad como factor que determina el desarrollo social, el marxismo acude a conceptos clave que merecen dilucidarse para tener una clara comprensión de lo que la tesis significa. Conceptos como última instancia, elementos mediadores, reflejo activo, etc.; los cuales proporcionan un arsenal de ideas que pretenden aclarar el papel del factor subjetivo en la historia, si bien la vida económica determina inevitablemente los procesos sociales, muchas veces los fenómenos se presentan influidos por una serie de factores, clasistas, éticos, religiosos, etc., que merecen un análisis profundo en busca de las raíces que lo generan. Es muy importante destacar que la conciencia social y por ello el papel de las ideas y de la actividad consciente de los hombres ejercen una influencia activa en la vida material de la sociedad, los hombres, como dijera Marx, hacen la historia, pero con arreglo a leyes objetivas que rigen independiente de su voluntad y conciencia.

16) Por otra parte, siguiendo el pensamiento de Marx, el teólogo  Ellacuría  hace un análisis de la situación que actualmente tiene el capitalismo y añade que "finalmente la historia ha demostrado por el momento que el hundimiento del capitalismo no es inminente o que eran los países más desarrollados económicamente los que más pronto y fácil debieran generar desde su interior la revolución marxista; son mas bien los países menos desarrollados donde prende con mayor facilidad el marxismo, son a veces los campesinos iletrados y no los obreros urbanizados quienes más apoyo dan a la revolución".(37)

Pensamos que la literatura marxista desde hace mucho tiempo dejó claro el condicionamiento histórico social que generó tal tesis de Marx respecto al triunfo del socialismo en los países más desarrollados, momento histórico de auge del capitalismo y de formación de los estados nacionales. Ya Lenin en su tiempo basado en los estudios del desarrollo económico, político y social desigual del capitalismo habló del condicionamiento objetivo y subjetivo de la revolución socialista en los países económicamente menos desarrollados. Por otra parte el análisis que Ignacio Ellacuría realiza se apoya en la situación específica de América Latina, donde el capitalismo subdesarrollado genera huellas de violencia, de crisis económica, de altas tasas de intereses, una deuda impagable, etc.; sería válido  incluso, tener en cuenta que hoy día la situación de crisis latinoamericana no ha podido ser resuelta con la implementación de la política neoliberal; mas bien la crisis económica supera los niveles alcanzados en los último tiempos.

Por otra parte, pensamos que es justamente basándose en el análisis de la realidad latinoamericana que Ignacio Ellacuría en momentos de su discurso teórico, señale como una limitación de la teoría marxista el encontrar en el proletariado a la fuerza social del cambio. En primer lugar merece aclarar que en esta parte del mundo, una fuerza considerable la representa el número de campesinos que se suman a la lucha de guerrillera, idea que no es subvalorada en la tesis de Marx acerca de la clase obrera como clase que debe transformar radicalmente el estado de la sociedad burguesa. Marx planteó este rol del proletariado apoyándose en su significación de clase fundamental de la sociedad capitalista y por su situación subjetiva y objetiva de clase más revolucionaria, sin menospreciar el papel que el resto de las clases explotadas tienen en el proceso de transformación social.

En esta idea de Ignacio Ellacuría está presente un análisis que es propio del pensamiento teológico de liberación en América Latina. El teólogo reconoce como positivo que Marx apreciara en los oprimidos el elemento de salvación, no obstante añade que es preciso resaltar que a pesar de la genialidad teórica del marxismo de situar al desposeído por razones históricas un papel primordial en la recuperación y liberación de la humanidad, este no ha planteado en toda su universalidad su aporte a la salvación integral de la historia humana.

17) Por encima de cualquier juicio valorativo, positivo o negativo en el plano teórico, el teólogo se detiene en el análisis de la implementación práctica de las ideas socialistas. En este sentido desarrolla un conjunto de ideas acerca de las diferencias en la práctica marxista latinoamericana en relación con los resultados obtenidos en otras partes del mundo. Así mismo señala que el socialismo en América Latina ha sido más justo y humano que el implementado en Europa.

18) Desarrolla ideas sobre la relación Marxismo-Cristianismo: "Si es constatable que en muchas partes el marxismo se ha presentado como enemigo y perseguidor del cristianismo, tanto en la teoría como en la práctica, es también constatable sobre todo en América Latina que el marxismo ha realizado lo que es deber cristiano: el entender siempre y sin excepción que la justicia es parte esencial de la fe cristiana y que no se es cristiano cuando se anula esa dimensión de justicia". (38)

El teólogo confiesa el aporte marxista de subrayar que la justicia es parte esencial de la fe, enseñanza y a  la vez llamado de atención que ha hecho la teoría marxista a la conciencia cristiana, alertando acerca de la necesidad de estar al lado de las mayorías populares. A su vez el cristianismo ha señalado insuficiencias y errores marxistas.
   
En sentido general la apreciación que traslada el teólogo Ellacuría del marxismo es crítica y demuestra un conocimiento del mismo; en diversos trabajos suyos menciona obras marxistas de envergadura y las cita, de ahí que en momentos de su discurso se apoye en las reflexiones marxistas para calzar afirmaciones o negaciones a aspectos que aborda. Reconoce que resulta especialmente útil a la Teología de la Liberación y a la praxis indisolublemente ligada con ella el recurso a las ciencias sociales, por tratarse de un conocimiento científico que refleja las situaciones reales que tienen hoy los pueblos y por brindar posibles caminos de transformación social. Estos son aspectos que sirven de presupuestos para una acción capaz de conseguir los fines propuestos encausados a una transformación de la realidad.
 
Es este el contexto adecuado para señalar que en Ignacio Ellacuría como en otros teólogos de la liberación está presente el uso de algunas categorías propias del instrumental marxista en el análisis de la sociedad tales, como pueblo, humanidad, clases, lucha de clases, Estado, etc.
  
Este es un teólogo que sin declararlo explícitamente, acepta el marxismo, tanto por su quehacer teórico como por su valor práctico. Ignacio Ellacuría asume el marxismo como una teoría valiosa para la Teología de la Liberación, corriente de pensamiento que mantiene su personalidad, pero que en muchos casos demuestra un conocimiento y una retroalimentación con el marxismo.

Notas y Referencias

Ellacuría, Ignacio. "Trabajo no violento por la paz y violencia liberadora". Revista Concilium, no. 215, enero, 1988, p.94.
1- Ellacuría, Ignacio. "La teología de la liberación frente al cambio sociohistórico de América Latina." Revista Latinoamericana de Teología, no. 12, septiembre-diciembre, 1987, p. 242.
Ellacuría, Ignacio. "La desmitificación del Marxismo". Revista Estudios E Centroamericanos, (ECA). no. 421-422. 1983, p. 923.
2-  Ídem,. p. 921.
3-  Idem, p. 923
4-  Idem, p. 923
5-  Idem,. p. 926
6-  Ídem,. p. 930

Bibliografía

1) Dussel, Enrique, "Marxismo y Teología de la Liberación", Revista Cristianismo y Sociedad, no. 98, 1989.
2) Ellacuría, Ignacio. "Aporte  de  la  Teología  de  la  liberación  a  las  religiones abrahámicas en la superación del individualismo y el  positivismo",  en  Revista Latinoamericana de Teología (R.L.T.) no.10, enero-abril, 1987.
3) Ellacuría, Ignacio. "Trabajo  no  violento por la paz y violencia liberadora" en Revista Concilium, no.25, enero, 1988.
4) Ellacuría, Ignacio. "La teología de la liberación frente al cambio sociohistórico de América Latina" en R.L.T., no.12, sept.-dic., 1987.
5) Ellacuría, Ignacio. Editorial "La desmitificación del marxismo" en Revista ECA (Estudios Centroamericanos), no. 421-422, nov.-dic., 1983.
6) Ellacuría, Ignacio. "Teología de la liberación y marxismo", noviembre, 1985, (trabajo fotográfico).
7) Ellacuría, Ignacio. "Estudio teológico-pastoral de la Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación" en: R.L.T., no.2, mayo-agosto, 1984.
8) Ellacuría, Ignacio  "El  Reino  de  Dios y  el  paso  en  el  Tercer  Mundo"  en: Revista Concilum, no. 180, diciembre, 1982.
9) Ellacuría, Ignacio. La filosofía de la realidad histórica.  (En proceso  de  publicación s/f).
10) Ellacuría, Ignacio. "El pueblo crucificado, ensayo de Soteriología histórica" en R.L.T., no. 18, sept.-dic., 1989.
11) Ellacuría,  Ignacio.  Utopía  y  Profetismo  desde  América  Latina. Un  ensayo concreto de Soteriología histórica" en: R.L.T., no. 17, mayo-agosto, 1989.
12) Ellacuría, Ignacio. "El objeto de la filosofía"  en  Revista  ECA,  no.  396-397, oct.-nov., 1981.
13) Ellacuría, Ignacio. "Historicidad de la  salvación  cristiana"  en: R.L.T.,  no. 1,  1984.
14)  Ellacuría,  Ignacio. "El   reto   de   la  teología  de  la  liberación"  en: Revista Acontecimiento, febrero, 1990., no. 16.
15)  Ellacuría, Ignacio. "Conversión de la iglesia al reino de Dios para anunciarlo y realizarlo en la historia", Editorial Sal Térrea Santander, 1984.
16) Ellacuría, Ignacio. "Teorías económicas y relación entre cristianismo y  socialismo" en: Revista Concilium, no. 125, mayo, 1977.
17) Ellacuría, Ignacio. "Aproximación a la obra completa  de  Javier"  en: Revista
18) Ellacuría, Ignacio. Datos biográficos sacados de la Revista Concilium, Edición Cristiandad, no. 215, enero, 1968.
19) Ellacuría, Ignacio. "Replanteamiento de  soluciones  para  el  problema  de  El  Salvador" en: Revista ECA, no. 447-448, enero-febrero, 1986.
20) Frei, Betto. Fidel y la Religión Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1985.
21) Giraldi, Giulio.  "Opción   por  los  pobres  como sujetos.   Identidad  cristiana.   Identidad marxista". Ponencia presentada en un taller del Consejo  Ecuménico De Cuba. (F-fotocopiada en esta institución s/f).
22) Lenin, Vladimir I. "Sobre raíces  sociales de la religión", t. 10 y 16,  Obras Completas. Editorial Progreso, Moscú, l980.
23) Marx, Carlos; Engels Federico. "Sobre la religión", Editorial Cartago, Buenos Aires, 1959.
24) Sobrino, Jon. "Compañero  de  Jesús.  El  asesinato  martirio   de  los  Jesuitas salvadoreños" en: R.L.T., no.18, sept.-dic., 1989.
25)    Sobrino, Jon. "In memoriam" (a los jesuitas  asesinados)  en:  R.L.T.,  no. 18, sept.-dic., 1989.
26)    Los cristianos, los marxistas  y la revolución", (Revolución cristiana o revolución marxista en América Latina). Editora política, La Habana, Dpto. de Orientación  Revolucionaria del PCC, 1978.
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José Manuel Bermudo Ávila: Concepto de Praxis en el joven Marx Scribb
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Carlos Oliva Mendoza: Adolfo Sánchez Vázquez: ¿marxismo radical o crítica romántica? — InfoLibre
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