"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

4/3/17

Marx y la crítica de la economía política — La negación como fundamento de la crítica

Karl Marx
✆ Ellie Foreman Peck
João Leonardo Medeiros

No hay consenso sobre la dimensión exacta de la actitud crítica de Marx frente a la economía, palabra que aquí se refiere más a la ciencia económica que a las relaciones económicas. Afirmar que Marx es crítico, de hecho, esclarece muy poco el contenido de su crítica, pues la crítica se expresa en diferentes niveles y no necesariamente asume un carácter científico. Sería posible inclusive afirmar que cualquier opinión contraria al sentido común constituido respecto de un determinado asunto es formalmente crítica y lo mismo se podría decir de cualquier par de entendimientos divergentes sobre un mismo tema; inclusive en la oposición entre dos opiniones conservadoras radicales (el liberalismo y el fascismo, por ejemplo).

El presente artículo propone justamente una reflexión sobre el contenido y la profundidad de la crítica de la economía política de Marx. Esta reflexión se concentra en una cuestión obviamente fundamental para el tema: ¿cuál es el carácter peculiar de la crítica de la economía política propuesta por Marx? O incluso, para quien busca un contraste: ¿en qué medida la crítica de Marx se diferencia del tipo de crítica encontrada en el interior de la propia ciencia económica, cuando una teoría económica confronta con otra (por ejemplo, en la polarización entre keynesianos y neoclásicos)?


Tres secciones, además de la conclusión, contienen el argumento necesario para elaborar una respuesta razonablemente sustentada. En la primera sección, el punto es establecer los términos de la diferenciación entre lo que se denominará crítica positiva y crítica negativa del objeto. Además de eso, se defiende preliminarmente que la crítica de la economía política de Marx tiene carácter negativo. La sección siguiente procura demostrar que la negatividad de la crítica es una expresión en el plano de la ciencia de atributos de la realidad en sí. Negación, en el plano gnoseológico, es asociada, en el plano ontológico, a posibilidad, una categoría tomada de la filosofía de Aristóteles, y la propia negación, tomada en sentido ontológico. La sección anterior a la conclusión examina los contornos de la crítica de la economía política de Marx, procurando finalmente ofrecer argumentos en defensa de la tesis de que la crítica de Marx es una crítica negativa. La breve conclusión explora desdoblamientos del argumento hacia el plano de la praxis social.
La negatividad de la crítica de la economía política de Marx
En una primerísima y provisoria (aunque ya bastante articulada) consideración respecto del contenido de la crítica de la economía política de Marx, es preciso señalar, como lo hizo el polémico marxista Moishe Postone, su total externalidad con relación a las posturas al margen del cuerpo central de la ciencia económica, aunque todavía internas a ella. Para este autor, por lo tanto, es preciso diferenciar las concepciones críticas que operan como heterodoxias en relación con la tradición hegemónica de la economía y el análisis crítico de Marx, esto es, diferenciar la economía política crítica de la crítica de la economía política (Postone, 2003: 50).

Tal como es postulada por Postone, la oposición entre la economía política crítica y la crítica de la economía política es fundamental, porque no se basa exactamente en un criterio conceptual, teórico, lógico, epistemológico o metodológico, y sí en la relación entre las teorías concurrentes y la realidad por ellas reflejada. En cuanto las diversas economías, se pretendan críticas o no, funcionan como requisitos subjetivos (teóricos) de la reproducción ampliada del capital, la crítica de la economía política reconoce, por un lado, a la sociedad regida por el capital como condición social inmediata de una historia rica en su pasado y plena de alternativas futuras y, por otro lado, a la ciencia económica como fundamento teórico de una práctica social conservadora más o menos “humanitaria” [1] (Ibíd.: capítulos 1 y 2).

Una de las maneras de destacar la peculiaridad de la crítica de la economía política de Marx es poner el acento en su carácter negativo. La negatividad es, según la interpretación aquí propuesta, el atributo distintivo de la crítica de la economía política de Marx, lo que solo puede ser comprendido, no obstante, después de una explicación acerca de lo que es la consideración negativa de un objeto. Esto constituye, por consiguiente, el punto de partida del argumento.

Lo fundamental, en este particular, es diferenciar una consideración positiva acerca de un objeto de una consideración negativa. [2] Partiendo del polo “positivo” de la oposición, es preciso decir algo que parece obvio, pero que no puede ser omitido de ninguna manera: que lo positivo no tiene, en este contexto, el sentido de lo “constructivo”, “bueno”, “legal”, y sí remite a las filosofías que reducen la realidad a lo que se pone a disposición de la conciencia. O sea, la realidad es reducida a las condiciones de la existencia que ya se efectivizaron, que se afirmaron como condición perceptible de la práctica y que, por esa razón, forman una dimensión empírica. A propósito, es justamente por esa razón que las diversas concepciones empiristas son generalmente reunidas bajo el rótulo de positivistas. Al final de cuentas, el positivismo tiene como base una reducción del mundo al dominio de las condiciones ya realizadas como realidades empíricamente constatables. [3]

El contraste entre la positividad y la negatividad aquí propuesto se basa en una postura filosófica bien determinada, que reconoce que la existencia contiene en sí un exceso de posibilidades respecto de lo que ya se efectivizó, de lo que ya se puso. Como demostró Callinicos (2003: 165-168), hay diversas maneras de reconocer y expresar este exceso del mundo sobre las condiciones inmediatamente disponibles, esto es, que “Lo real parece suficientemente capaz de ofrecer una serie de cosas extrañas y sorprendentes” (ibíd.: 167). Cualquiera sea el camino buscado para eso, debe estar claro, sin embargo, que la consideración negativa del objeto no es más que la expresión crítico-metodológica de un atributo de la propia realidad: como se ha dicho, de la existencia concreta de un exceso de posibilidades sobre las condiciones ya puestas como efectividades. La cuestión es cómo demostrar (y no postular) la existencia de ese exceso de posibilidades sobre la efectividad y, a partir de ahí, establecer el nexo con el análisis negativo del objeto.

Para quien parte de Marx, un camino de resolución del problema es la famosa distinción de Aristóteles entre acto/efectividad (enérgeia) y potencia/posibilidad (dýnamis). [4] Uno de los posibles sentidos de la distinción aristotélica es aquel directamente empleado por Marx en el enunciado de fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo, la capacidad de trabajar, pasa de potencia (posibilidad) a acto cuando su portador, un ser humano, actúa como trabajador (Marx, 2013: 255). Marx reconoce así una diferencia real entre fuerza de trabajo (potencia/capacidad) y trabajo (acto) que expresa como un par de categorías indispensables para su consideración crítica del capitalismo. [5]

Hay, entretanto, un sentido todavía más profundo en la oposición entre enérgeia y dýnamis, ahora captada más bien en la traducción de efectividad y posibilidad. Una formulación muy interesante se puede encontrar en la Ontología del ser social (Lukács, 2012:168-176; 2013:67-76) del filósofo marxista György Lukács. Cuando Lukács incluye en su argumentación, a propósito de la especificidad social la dýnamis aristotélica, sus propósitos son bien específicos: por un lado, enfatizar la capacidad (transformadora) de la acción teleológica de los seres humanos para convertir posibilidades contenidas en la realidad misma en nuevas efectividades; y por otro, destacar el papel de la conciencia y el carácter de elección implicado en tal acto de objetivación. El análisis de Lukács se ve obligado a sacar a la luz el sentido más general y, por eso, abstracto de la dýnamis elaborado por Aristóteles en el libro Q (theta) de la Metafísica (Aristóteles, 2006): el sentido de posibilidad como categoría modal (i.e., como modalidad del ser). Es importante seguir con cierto detalle el argumento de Lukács, razón por la cual se dedicará una nueva sección al tema.
Posibilidad y negación: una concepción ontológica de la negación
Uno de los momentos de la extensa Ontología en que Lukács lidia con la categoría de posibilidad como categoría modal es aquel en que el autor establece un contraste entre la formulación original de Aristóteles y la concepción elaborada en el curso de la crítica que Nicolai Hartmann dirige al filósofo griego (Lukács, 2012: 171-173). A pesar de que rechace el sentido general de la crítica de Hartmann, Lukács se vale de formulaciones que atribuye al propio Hartmann en su interpretación de la dýnamis aristotélica. Es el caso de la categoría de labilidad, con la cual Lukács sedimenta el nexo existente entre posibilidad y propiedad del ser. Más detenidamente, el nexo entre las dos categorías es necesario para eliminar cualquier concepción de la posibilidad como algo etéreo, insondable, afirmándola, al contrario, como propiedad del ser. Propiedad esta que queda adecuadamente expresada, como se mencionó, mediante la categoría de labilidad: un grupo de cualidades contenidas en el ser que pueden o no afirmarse en el proceso de transformación de una efectividad en otra [6] (ibíd.: 173).

De modo más riguroso, Lukács enfatiza el sentido de la posibilidad como una condición intermedia entre el ser y el no ser, denotando la existencia de posibilidades reales de efectivización contenidas en el ser. [7] Es necesario prestar atención al enunciado: ni la categoría de la posibilidad caracteriza cualidades ya efectivizadas (en cuyo caso la posibilidad se confundiría con efectividad), ni caracteriza la imposibilidad inmediata de la efectividad (en cuyo caso se confundiría con el no ser) [8]. En los términos de Aristóteles
Toda potencia [o posibilidad] es, al mismo tiempo, potencia de dos cosas contrarias, una vez que, si de un lado aquello que no tiene la potencia de existir no puede ser propiedad de ninguna cosa, de otro lado todo aquello que tiene la potencia de existir también puede no transformarse en acto. Consecuentemente, aquello que tiene la potencia de ser puede ser y también no ser; de ahí que sea la misma cosa la potencia de ser y de no ser (Aristóteles, 2006: 12).
Lo que expresa la categoría de posibilidad, por lo tanto, son condiciones existenciales de las cuales depende cualquier proceso de transformación, como se puede fácilmente comprender reflexionando sobre la evolución de las especies. Por ejemplo, en algún momento de la evolución, primates superiores contuvieron dentro de sí lo humano como posibilidad evolutiva, una posibilidad que podría o no explicitarse. Esta posibilidad, sin embargo, no estaba contenida como un potencial de desarrollo inmediato de las primeras formas de vida, unicelulares, de modo que ellas no podrían evolucionar directamente hacia un ser de la complejidad biológica del homo sapiens.

Una vez reconocida la posibilidad como momento latente de la efectividad, el punto ahora es finalmente establecer de modo preciso el nexo entre esta categoría y la negación. [9] Considerando que Marx clara y correctamente rechazó atribuir a la negación un sentido ontológico equivalente al de la determinación al afirmar que “Un ser no objetivo es un no ser” (Marx, 2004: 127), la negatividad que se opone a la positividad de las condiciones de existencia ya efectivizadas tiene que ser comprendida con cautela y exactitud. En efecto, dos recaudos son indispensables.

En primer lugar, es indispensable advertir que el propio filósofo, cuyas ideas son escogidas como soporte directo del argumento, posee un tratamiento contradictorio de la negación. En la propia Ontología, es posible encontrar pasajes en que Lukács rechaza el carácter ontológico de la categoría, una de las más explícitas de las cuales es la siguiente: “Es preciso enfatizar repetidamente que la negación de hecho desempeña un papel importante en el conocimiento, pero nada tiene que ver con el ser-en-sí […]” (Lukács, 2012: 170). Es predominante en la obra, todavía, el entendimiento opuesto de que la negación puede ser defendida como categoría ontológica, aunque de modo muy restricto, prácticamente limitado a la existencia social, y en una modalidad distinta de aquella que es adecuada al tratamiento de la efectividad (determinación). Es justamente este el sentido en el que se basa el argumento que se presenta a continuación.

En la escasa producción posterior a la Ontología (cercana a la muerte del autor e interrumpida por ella), Lukács es aún más decisión en su rechazo del carácter ontológico de la negación. En la así llamada pequeña Ontología, os Prolegómenos a una ontología del ser social, por ejemplo, al tratar de la tentativa de Hegel de “descubrir en el propio ser el momento de la negación como determinación del ser”, el autor afirma haber intentado, “En contrapartida, mostrar que la negación como determinación del pensamiento tiene todo sentido y nada más que eso” (Lukács, 2010: 161). Es verdad que en este pasaje, Lukács desarrolla una crítica vehemente al concepto hegeliano de “negación de la negación”, transformado por Engels en una ley general de la dialéctica. En ningún momento de la argumentación, no obstante, se esfuerza el autor en aclarar si a la negación (y no a la negación de la negación) se le puede atribuir sentido ontológico. En su texto autobiográfico, Lukács igualmente rechaza la negación de la negación, pero, al tratar sobre el acto teleológico, afirma:
La eliminación y la destrucción forman también parte del trabajo, como trabajo mismo. Esta es la especificidad de la acción humana. Cuando hago un hacha de piedra, es indispensable eliminar pedazos de piedra de la futura hacha. Esta eliminación es, naturalmente, una actitud negativa, porque yo simplemente desecho los pedazos de piedra eliminados y no me intereso más por ellos. En suma, en mi acción hay un elemento negativo. Pero este elemento no es idéntico a la negación lógica (Lukács, 1999: 105).
A propósito, y este es el segundo recaudo, es preciso tener claro la diferencia entre la negación como momento de la lógica, indispensable para el conocimiento, y la negación como propiedad del ser. [10] Desde el inicio ha sido defendida aquí la idea de que el pensamiento de Marx tiene carácter negativo, y queremos con eso decir que él rechaza la reducción del mundo a las posibilidades del ser ya efectivizadas como positividad. Toda la dificultad del trabajo consiste en demostrar que esa actitud negativa presupone propiedades del ser, como la posibilidad y, como veremos a continuación, también la negación.

Para “operar en el plano ontológico con la categoría de la negación” es indispensable que ella se refiera a “objetos y procesos” cuyo “tornarse otro significa objetivamente un pasaje que subvierta radicalmente las formas de objetividad o de los procesos”) (ibíd.: 2017). A excepción de la muerte, que, Lukács (ibíd.), nos recuerda, es la única forma de negación sin sujeto, la negación asume carácter ontológico solamente en el mundo social, constituyéndose como momento imprescindible de la acción teleológica. [11]

Para tratar de la negación como momento de la acción teleológica, es preciso antes recordar que el ser contiene en sí una labilidad inmanente, que hace del tornarse otro una posibilidad objetiva (aunque no efectivizada), un momento del ser, aunque no una efectividad. La teleología –atributo definitorio de la especificidad de la acción humana– se caracteriza justamente por el hecho de que el sujeto de la acción se revela capaz de negar el flujo espontáneo del ser, objetivando una posibilidad que, en ausencia de la acción, permanecería presa en la efectividad como una de sus condiciones latentes, pero no objetiva (Lukács, 2013: 287-288). La acción humana por lo tanto, posee doble efecto: niega el indeseable flujo espontáneo del ser y al mismo tiempo pone en el ser una nueva efectividad.

Eso presupone, por un lado, un conjunto de determinaciones de la praxis intencional creadora (la conciencia desarrollada, la propia finalidad a ser objetivada, objetos y procesos reales indispensables para el acto de objetivación, por ejemplo), pero también, para enfatizar, una labilidad del propio ser, que Lukács capta a través de la categoría de alternativa [12] (Lukács, 2013: 71-77, 287-288). Más detenidamente, es preciso que la nueva efectividad objetivada por la acción que niega el flujo regular del ser esté contenida en la realidad misma como posibilidad, una posibilidad de negación aprehendida por los seres humanos (subjetivamente) bajo la forma de una alternativa concreta disponible para la acción y escogida en medio de otras opciones concretamente disponibles.

La conclusión del argumento es que el mundo contiene en sí un exceso sobre las posibilidades corrientes que son el fundamento ontológico de una praxis humana realmente transformadora, capaz de negar el flujo regular de la historia. Para eso, posibilidades contenidas en la existencia son reconocidas como alternativas disponibles para la acción, escogidas y afirmadas como valores (útil, correcto, bueno, etc.; contra lo inútil, incorrecto, etcétera) y, finalmente, efectivizadas, objetivadas. Como atributo de la acción transformadora, la negación tiene, finalmente, estatuto de ser, aunque, evidentemente, distinto de aquel que caracteriza la determinación, la efectividad.

Un análisis negativo de la realidad es, a su vez, aquel que investiga las condiciones históricas de afirmación de la efectividad en medio de las posibilidades disponibles en la propia efectividad, en lugar de asumirlas como naturales, eternas; un análisis que, por esa razón, no cede espacio a la naturalización de lo existente y a la instrumentalización del conocimiento. A título de síntesis, y de modo sumamente esquemático, se puede diferenciar la ciencia positiva de la ciencia negativa por sus preocupaciones centrales, elaboradas bajo la forma de indagaciones respecto de la configuración corriente del mundo.

En cuanto la pregunta clave de la ciencia positiva, esta es: “¿cuál es la acción más eficiente, considerando que el mundo es como es y con sus condiciones ya efectivizadas?”. La pregunta típica de la ciencia negativa se asemeja a algo así como “¿cuáles son las condiciones históricas para que el mundo sea como realmente es, con su forma ya efectivizada y sus posibilidades de emergencia?”. Si hay alguna producción científica que pueda ser tomada como ejemplo de análisis negativo, ciertamente esa es la crítica de la economía política de Marx, cuyos contornos generales son retomados a continuación.
La crítica negativa de Marx tomada como reconocimiento de posibilidades históricas
Considerando lo que se dijo, ya está claro que, en la interpretación aquí defendida, la crítica de la economía política de Marx tiene justamente esta perspectiva: en lugar de, como en la ciencia burguesa, asumir las categorías que conforman la experiencia cotidiana de la sociedad actual como categorías naturales, eternas, Marx indaga sobre las condiciones históricas que las tornan en formas de existencia posible. En lugar de considerar el mundo presente como agotado por las posibilidades ya efectivizadas como realidad, el análisis crítico de Marx investiga potencias contenidas en la forma social presente que pueden ser liberadas a fin de constituir nuevas efectividades, nuevas realidades, dentro o fuera de los marcos de la sociedad actual, fortuitamente o por una praxis colectiva.

Naturalmente, el carácter negativo de la crítica de Marx no rivaliza con, o impide el momento de análisis crítico del objeto tal como se presenta efectivamente; tampoco el análisis de la relación entre esa presencia y la totalidad de determinaciones que responden por su configuración esencial. Tampoco la consideración negativa del objeto torna secundario el examen riguroso de las formulaciones alternativas a su respecto, sean ellas práctico-espontáneas o ya elaboradas como teoría. Al contrario, la actitud crítico-negativa frente al objeto da por presupuesto el momento de la crítica inmanente, en que son lanzadas al primer plano las condiciones de reproducción del objeto (incluso en el plano objetivo) que, como tales, se encuentran ya efectivizadas. La crítica, no obstante, supera ese momento cuando indaga las posibilidades latentes del objeto que pueden ser reconocidas y valorizadas a partir de una profunda crítica de las formas constituidas como exclusivas efectividades (inclusive categorialmente).

Para ofrecer una ilustración paradigmática, recuérdese que en El capital, refiriéndose a la teoría del valor, Marx argumenta que los economistas perciben el valor como una condición natural de la existencia, como determinación universal de la actividad productiva humana. En la mejor de las hipótesis, los economistas se preocupan por revelar el contenido del valor (economía política), pero por lo general se ocupan apenas de formular una teoría sobre su determinación cuantitativa (economía vulgar).

Lo que se les escapó a los economistas fue justamente el origen histórico del valor o, dicho de otro modo, las condiciones históricas en que el trabajo humano conformó el contenido de valor y la cantidad de trabajo, su magnitud. Esas formas, en cuya “frente está escrito” que pertenecen a una formación histórica particular, “son consideradas por su conciencia burguesa como una necesidad natural tan evidente como el propio trabajo productivo” (Marx, 2013: 155-156). Si, en formaciones sociales diversas del pasado, el desarrollo mercantil engendró formas de valor mínimamente complejas, el valor como categoría universal solo en el periodo capitalista encontró las condiciones objetivas indispensables para pasar de posibilidad a efectividad.

Por otro lado, para retomar el contraste entre la consideración positiva y negativa del objeto, es importante destacar que, en el interior de la propia ciencia económica, la crítica se presenta como momento determinante del discurso, aunque de otra manera, justamente positiva. La crítica, en este caso, se basa en la afirmación de que una teoría o forma de conciencia alternativa, rival, no captura o representa adecuadamente la positividad, y es, por lo tanto, insuficientemente universal o incluso poco eficiente.

En lo que se refiere a la resolución práctica, la crítica positiva implica la construcción de una formulación alternativa que posibilite el amparo de prácticas alternativas actuantes de modo más amplio y/o eficiente en el interior de las condiciones ya efectivizadas del mundo. La crítica negativa de Marx también posee un momento propiamente teórico, pero lo supera cuando indaga los fundamentos sociales de las categorías articuladas por las formas de conciencia sometidas a crítica; o sea, cuando se pregunta por las condiciones históricas que convierten a las categorías corrientes eficaces en la práctica. En lugar de desdoblarse en una forma de praxis que asume las condiciones existentes como insuperables (y simplemente susceptibles de un reordenamiento eficiente), la crítica negativa suscita una modalidad alternativa de praxis, libre de compromisos a priori con la preservación de las “posibilidades” ya puestas como efectividad.

Es interesante percibir, en este punto, que la actitud negativa de Marx frente a la ciencia económica y de la propia economía capitalista ya es conscientemente asumida desde su polémica con Proudhon, a mediados de la década de 1840. En una carta a Pavel V. Annenkov, escrita el 28 de diciembre de 1846, Marx diferencia su actitud crítica de manera muy clara de la postura asumida por Proudhon y por la economía burguesa: [13]
Él incurre, por lo tanto, en el error de todos los economistas burgueses, que consideran estas categorías económicas como leyes naturales y no como leyes históricas válidas solamente para un desarrollo histórico particular, para un desarrollo bien definido de las fuerzas productivas. En lugar de, por consiguiente, encarar las categorías como expresiones abstractas de las relaciones sociales históricas, transitorias, reales, el Sr. Proudhon, gracias a una inversión mística, toma las relaciones reales meramente como cosificaciones de estas abstracciones (Marx, 1975: 100).
Esta actitud negativa que Marx trae a la conciencia ya en la década de 1840 es realmente definitoria de su crítica de la economía política. Se puede por eso afirmar, inclusive, que, sin reconocer el carácter negativo de la crítica de la economía política de Marx, no se entiende mínimamente ni la orientación teórica general de la argumentación de El capital, ni sus implicaciones prácticas. Sucede que ese carácter negativo de la obra no siempre fue (ni ha sido) reconocido o valorizado, y fue incluso tratado con negligencia en lecturas muy difundidas, de manera que es preciso, de cuando en cuando, insistir con vehemencia sobre el punto.
Conclusión
Tomado en conjunto, el argumento desarrollado en las secciones que componen el presente artículo defiende dos ideas. La primera es que la crítica de la economía de Marx se diferencia del tipo de consideración crítica interna de la ciencia económica por tomar su objeto como objeto histórico, rico de posibilidades evolutivas tanto en el pasado que condujo hasta la experiencia actual, como en el momento actual con relación al futuro, en lugar de asumir las posibilidades efectivizadas de la realidad como límite último del desarrollo teórico y de la acción práctica. No se trata de una teoría económica positiva, una teoría de la positividad, y sí de una reflexión negativa sobre el carácter histórico de la sociedad capitalista y sobre el conjunto de las posibilidades en ella contenida. No se trata de una elaboración destinada a la administración más amplia de lo que existe, y sí de una consideración teórica con otro sentido práctico.

La segunda idea defendida a lo largo del texto es que esa actitud crítica negativa de Marx es un reflejo en la conciencia del efectivo carácter de posibilidad de la realidad en sí misma. Es porque la realidad contiene en sí un exceso de posibilidad sobre las condiciones existentes, por un lado, y porque la acción humana puede efectivizar algunas posibilidades evolutivas latentes, negando otras, que la indagación negativa sobre los contornos de la realidad se torna no solamente posible, sino también necesaria y justificable. Es decir, el carácter negativo de la formulación teórico-crítica de Marx tiene como base la negación del flujo espontáneo de la realidad.

Dicho esto, el punto a destacar con toda fuerza, en esta sección conclusiva, es que la actitud negativa de la crítica de Marx a la economía política se desdobla en una actitud negativa en el campo de la práctica. En otras palabras, el desdoblamiento práctico más inmediato de la crítica de la economía política de Marx es una actitud de negación, que también puede ahora ser aprehendida simplemente por la palabra liberación: su crítica se desdobla directamente en una propuesta de eliminación de las estructuras y condiciones sociales asociadas a formas subjetivas mistificadas indispensables para la movilización de la práctica en el sentido de su reproducción.

Este es, como se sabe, un punto polémico. Lo que se afirma aquí, con todas las letras, es que el desdoblamiento práctico directo más importante –aunque no exclusivo, valga la aclaración– de la crítica de la economía política de Marx es negativo, emancipador en el sentido de liberador de las condiciones opresivas, en lugar de conformador de una praxis positiva que actúe en el sentido de la construcción de una sociedad idealmente anticipada a partir de las condiciones del presente. Desde joven, el propio Marx nutre esa visión negativa de la praxis emancipadora, tal como se puede constatar en diversos pasajes de su famosa colaboración con Engels, entre los cuales son particularmente representativos:
El comunismo no es para nosotros un estado de cosas [Zustand] que debe ser instaurado, un ideal para el cual la realidad deberá direccionarse. Llamamos como comunismo al movimiento real que supera el estado de cosas actual. La condiciones de este movimiento resultan de presupuestos actualmente existentes (Marx & Engels, 2007: 38).
El trabajo es libre en todos los países civilizados: no se trata de liberar el trabajo, y sí de suprimirlo [aufheben] (ibíd.: 201-202).
Es evidente que esta actitud negativa de Marx, su propuesta de liberación de las condiciones opresivas del capital, también tiene un momento de construcción, positivo (en el sentido de poner, una vez más). Esto es indispensable, por ejemplo, para distinguir la propuesta de superación del capitalismo articulada a partir de la obra de Marx de proposiciones anticapitalistas que pretenden mover la historia hacia el pasado y no hacia el futuro. Es, por lo tanto, importantísimo destacar que la actitud positiva de Marx no apunta hacia las condiciones del presente, sino hacia condiciones contenidas en el presente, pero todavía no efectivizadas y no efectivizables a no ser que las condiciones del presente sean negadas.

En un momento en que el capitalismo ha exigido de sus ideólogos un gran esfuerzo de resolución de problemas inmediatos, es realmente muy importante, para aquellos que se inspiran en la obra de Marx para justificar y dar sentido a la praxis emancipadora, restaurar el sentido negativo de su crítica. Desde el punto de vista práctico inmediato, eso significa, entre otras cosas, dejar para los científicos burgueses la operación instrumental sobre la positividad del capital. La ciencia burguesa ciertamente estará muy ocupada en los próximos años, tal vez décadas, en lidiar con las crisis de todo orden; crisis que, por lo que parece, no van a desaparecer del horizonte tan fácilmente. Mientras la ciencia burguesa se ocupa de esta ardua tarea, quién sabe si los marxistas no podrán, una vez más, concentrarse en reunir brazos y mentes, fuerzas objetivas y subjetivas, para finalmente eliminar de una vez por todas las estructuras indispensables para la existencia del capital.
Bibliografía
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Postone, M., Time, labor, and social domination. A reinterpretation of Marx’s critical theory. Cambridge: Cambridge University Press, 2003.
Notas

[1] Una posición bien próxima a la de Postone es defendida aquí en Brasil por Mario Duayer. Cf. Duayer, 2005, 2012.
[2] La oposición entre ciencia positiva y negativa tal vez sorprenda a aquellos que están acostumbrados a entender lo positivo (concepción sobre lo que es) como lo contrario de normativo (formulación sobre lo que debería ser). Para rechazar esa presunta oposición, basta señalar, con Duayer, Medeiros y Painceira (2001), que lo positivo ya es la teoría de una determinada ontología, o sea, que la teoría positiva es la concepción instrumental al servicio de una visión de mundo afirmada normativamente.
[3] Para una crítica bien articulada de la ontología empírica implícita a la tradición positivista, ver Bhaskar (1998; 2008); Lukács (2012, capítulo 1).
[4] La traducción de las dos categorías de Aristóteles enérgia y dýnamis es compleja, y puede variar desde la oposición entre acto vs. potencia/capacidad hasta la oposición entre efectividad y posibilidad. El texto que sigue varía las formas, siguiendo la orientación de Makin (2006a: xxii-xxx).
[5] Esta distinción entre acto y potencia es próxima a aquella utilizada por Aristóteles, por ejemplo, en su Ética a Nicómaco (Aristóteles, 1984: 67), cuando se propone distinguir entre cualidades que adquirimos por hábito, entre las cuales está la propia virtud, de aquellas que poseemos por naturaleza. En las cosas que nos vienen por naturaleza, dice Aristóteles, “primero adquirimos la potencia y más tarde exteriorizamos los actos. Esto es evidente en el caso de los sentidos, pues no fue por ver u oír frecuentemente que adquirimos la visión y la audición, sino que, por el contrario, nosotros las poseemos antes de usarlas, y no entramos en posesión de ellas por el uso”.
[6] El ejemplo prosaico ofrecido por Lukács ayuda a comprender el punto: “Pensemos en un huevo sano; él posee la cualidad ([que Hartmann denomina] posibilidad parcial) de ser comestible y concomitantemente la de que de él puede ser incubado un pollo. Con certeza, no depende de las cualidades del huevo cuál de las dos posibilidades será efectivizada precisamente en él. ¿Acaso el huevo que fue comido no poseía la cualidad de ser incubado y viceversa? (Lukács, 2012: 173)
[7] Este es uno de los sentidos de la prioridad de la efectividad con relación a la posibilidad, como se puede percibir fácilmente en la siguiente sentencia de Aristóteles (2006: 10): “todo lo que llega a ser llega a ser a partir de algo y por medio de algo […]. Sobre la cuestión de la prioridad de la efectividad con relación a la posibilidad, ver Makin (1006b: cap. 8).
[8] La traducción de este pasaje es de Lukács (2013: 69).
[9] Para eso, además de los pasajes ya apuntados, en que Lukács examina la categoría de la posibilidad, ver el pasaje del capítulo sobre la “reproducción”, en que el autor retoma el análisis de la negación. Cf. Lukács, 2012: 214-220; 2013: 286-289).
[10] El contraste de Lukács entre la negación entendida en términos meramente teóricos y la negación entendida en términos ontológicos es bastante interesante: “En juicios puramente teóricos, fundados de modo lógico, como ‘no existen dragones de siete cabezas’, la forma negativa corresponde a la facticidad real (porque yo realmente niego la existencia de esos dragones y nada más). Pero cuando digo, por ejemplo, que ‘como republicano yo niego la monarquía’, esa proposición corresponde a una realidad de tipo enteramente diverso: la monarquía existe, pero no debe existir; quiere decir, se hace necesaria una actividad social para transformarla en no existente” (Lukács, 2012: 217-218).
João Leonardo Medeiros
[11] Lukács desarrolla este argumento examinando el trabajo, tomado como forma modélica de acción teleológica. Es bastante complejo y extenso el análisis del autor, que puede ser considerada inclusive el momento central de la obra. Cf. Lukács, 2012: 2018-219; 343-363; 2013, capítulo I).
[12]Las negaciones que encontramos en el ámbito del ser social no solo se revelan ligadas ontológicamente a sujetos, sino que su modo esencial de ser se origina en el hecho de que toda actividad humano-social procede necesariamente de alternativas, presupone una elección, una decisión específica. […] De la alternativa nace, por eso, una bipartición del mundo objetivo, en función de las reacciones provocadas por las interrelaciones con él, bipartición puesta por el sujeto sobre la base de las propiedades conocidas del objeto” (Lukács, 2012: 2018-219). Sobre la categoría de alternativa, ver específicamente Lukács (2012: 343-363; 2013: 66-76).
[13] En La ideología alemana, Marx y Engels (2007: 510) afirman que Proudhon criticó “la economía política desde el punto de vista económico-político; y el derecho, desde el punto de vista jurídico”.

João Leonardo Medeiros  es profesor adjunto de la Universidad Federal Fluminense, Niterói, Brasil. Doctor en Economía por la Universidad Federal de Rio de Janeiro, desarrolla  sus investigaciones y las publica en el área de la crítica, de la economía política, teoría social, filosofía de la ciencia, ontología e ética.
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