"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

18/2/15

Las Relaciones de Producción y la estructura clasista

Anthony Giddens    |   Según Marx, el desarrollo de la sociedad es consecuencia de la continua interacción productiva entre los hombres y la naturaleza. El hombre «se diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de subsistencia [...]»1 La «producción y reproducción de la vida» es una exigencia dictada por las necesidades biológicas del organismo humano y a la vez, lo que es más importante, la fuente creadora de nuevas necesidades y capacidades. De este modo la actividad productiva está en la raíz de la sociedad, tanto en sentido histórico como analítico. La producción «es el primer hecho histórico»; y «la producción de la vida material [...] es [...] una condición fundamental de toda historia, que lo mismo hoy que hace miles de años necesita cumplirse todos los días y a todas horas, simplemente para asegurar la vida de los hombres». 2 Todo individuo, con sus acciones cotidianas, vuelve a crear y reproduce la sociedad en cada momento: de aquí proviene lo que es estable en la organización social y éste es, a la vez, el origen de una modificación interminable.

Cualquier tipo de sistema productivo trae consigo un determinado conjunto de relaciones entre los individuos que participan en el proceso de producción. De aquí parte una de las críticas más notables que hace Marx a la economía política y utilitarismo en general. El concepto de «individuo aislado» es una construcción de la filosofía individualista burguesa, y sirve para encubrir el carácter social que la producción siempre manifiesta. Marx alude a Adam Smith calificándolo de «Lutero de la economía política», porque él, y después de él los demás economistas, han situado correctamente en el trabajo la fuente de la autocreación del hombre.3 

Pero los economistas no han hecho resaltar precisamente que la autocreación del hombre por medio de la producción entraña un proceso de desarrollo social. Los seres humanos nunca producen simplemente como individuos, sino que siempre lo hacen como miembros de una determinada forma de sociedad. Por tanto, no hay ningún tipo de sociedad que no se funde en un determinado conjunto de relaciones de producción.4
En la producción, los hombres no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros. No pueden producir sin asociarse de un cierto modo, para actuar en común y establecer un intercambio de actividades. Para producir, los hombres contraen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es como se relacionan con la naturaleza y como se efectúa la producción. 5
En toda forma de sociedad hay «una suma de fuerzas de producción, una relación históricamente creada con la naturaleza y entre unos y otros individuos, que cada generación transfiere a la que sigue [...]».6 Marx no pretende construir ningún tipo de teoría general sobre lo que provoca la expansión de las fuerzas productivas (Produktionskräfte). Esto sólo puede explicarse por medio del análisis social e histórico concreto. De este modo, las modificaciones de fuerzas productivas que se dan en la transición del feudalismo al capitalismo pueden encontrar su explicación en los términos de una serie convergente de hechos históricos. Más aún, se dan casos de sociedades en que las fuerzas de producción llegan a desarrollarse en un grado bastante elevado, pero en que los demás elementos de la organización social retardan cualquier paso más adelante. Marx cita el ejemplo del Perú, que tuvo una economía desarrollada en ciertos aspectos, pero quedó entorpecida por la ausencia de un sistema monetario. La incapacidad de desarrollar un sistema monetario dependió en gran parte de la situación geográfica aislada del país, que contuvo la expansión del comercio.7

El dominio clasista

Las clases surgen, según Marx, allí donde las relaciones de producción entrañan una división diferenciada del trabajo que permite una acumulación de producción excedente; ésta puede pasar a manos de un grupo minoritario, que de este modo se coloca en una relación explotadora respecto a la masa de productores. Al tratar de las relaciones entre clases en la sociedad, Marx usa generalmente los términos Herrschaft y Klassenherrschaft. En las versiones inglesas de los escritos de Marx, se acostumbra traducirlos por «autoridad» y «régimen de clase» (rule, class rule). Pero estos términos sugieren bastante más imposición deliberada de poder de lo que implica necesariamente la terminología alemana. En consecuencia, conviene más emplear el término «dominio» que «autoridad». 8

Todos los análisis que hace Marx del dominio o régimen clasista tienen como finalidad primaria la explicación de la estructura y la dinámica características de la sociedad burguesa; de modo que la precisión de conceptos tiene una importancia secundaria respecto a este centro supremo de atención. De ahí que Marx a menudo usa el término Klasse de un modo algo desenvuelto, y no se sintió obligado a afrontar el problema de descifrar de una manera precisa el concepto de clase hasta bastante cerca del fin de su carrera intelectual9 Lo mismo que el concepto de «racionalización» en el pensamiento de Max Weber, la noción de clase es tan fundamental en los escritos de Marx que, en sus obras más importantes, da por supuesto su significado. Se ha observado como una ironía el que los manuscritos dejados por Marx al morir quedaran interrumpidos precisamente en el punto en que iba a proceder a un análisis sistemático del concepto de clase.10 Por primera vez en sus escritos, aquí propone explícitamente la pregunta «¿qué es una clase?» Pero lo que dice Marx, antes de terminar el escrito, es principalmente negativo. La clase no debe identificarse ni con la fuente de ingresos ni con la posición funcional en la división del trabajo. Estos criterios nos darían una gran pluralidad de clases: los médicos, cuyos ingresos provienen del tratamiento de enfermos, serían una clase distinta de los agricultores, que deducen los suyos del cultivo de la tierra, etc. Más aún, tales criterios partirían por medio la situación de los grupos de individuos en el proceso productivo: dos hombres, por ejemplo, pueden dedicarse ambos a la construcción, pero uno puede ser empleado de una gran empresa y carecer de propiedad, y el otro puede ser propietario de una pequeña empresa.

La insistencia de Marx en que las clases no son grupos según los ingresos es un aspecto concreto de su premisa general, formulada en El Capital, de que la distribución de bienes económicos no es un ámbito separado de la producción o independiente de ella, sino que está determinado por el modo de producción. Marx rechaza por «absurda» la afirmación de John Stuart Mill, y de muchos economistas políticos, de que las instituciones humanas controlan (y pueden modificar) la distribución, mientras que la producción viene regida por leyes precisas.11 Tal punto de vista serviría de base para suponer que las clases no son más que desigualdades en la distribución de ingresos y, por tanto, que el conflicto de clases puede mitigarse o incluso eliminarse del todo introduciendo medidas que minimicen las diferencias entre los ingresos. Luego, para Marx, las clases son un aspecto de las relaciones de producción. A pesar de la variabilidad de su terminología, es relativamente fácil deducir lo que es substancial en la concepción de clase que tiene Marx, a partir de las abundantes alusiones esparcidas a lo largo de sus muchos escritos. Las clases se constituyen por la relación de grupos de individuos respecto a la posesión de propiedad privada sobre los medios de producción. Esto nos da un modelo de relaciones de clase básicamente dicotómico: todas las sociedades clasistas se constituyen alrededor de una línea divisoria entre dos clases antagónicas, la dominante y la sometida.12 Clase, tal como la entiende Marx, implica necesariamente una relación conflictiva. Repetidas veces lo indica Marx con énfasis lingüístico. Por ejemplo, al tratar de la situación del campesinado en Francia en el siglo XIX, hace el siguiente comentario:
Los campesinos parcelarios forman una masa inmensa, cuyos individuos viven en idéntica situación, pero sin que entre ellos existan muchas relaciones. Su modo de producción los aísla a unos de otros, en vez de establecer relaciones mutuas entre ellos [...]. En la medida en que millones de familias viven bajo condiciones económicas de existencia que las distinguen por su modo de vivir, sus intereses y su cultura de otras clases y las oponen a éstas de un modo hostil, aquéllas forman una clase. Por cuanto existe entre los campesinos parcelarios una articulación puramente local y la identidad de sus intereses no engendra entre ellos ninguna comunidad, ninguna unión nacional y ninguna organización política, no forman una clase 13
En otro contexto, Marx hace una observación semejante refiriéndose a la burguesía: los capitalistas forman una clase sólo en la medida en que se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase. Pues, por lo demás, ellos mismos se enfrentan unos con otros, en el plano de la competencia, en pos de ganancias en el mercado.14

Estructura clasista y relaciones de mercado

Es importante recalcar que el concepto dicotómico de clase aparece como una construcción teórica en los escritos de Marx. Sólo la sociedad burguesa –tal como Marx traza su futuro desarrollo– encaja bastante con esta descripción. Todas las sociedades clasistas de la historia muestran un sistema de relaciones más complicado que interfiere con el eje dicotómico de la estructura de clases. En la sociedad burguesa se dan tres tipos de estas agrupaciones que complican el asunto:
1. Clases que, aunque desempeñan un importante papel económico y político en la forma existente de sociedad, son marginales en el sentido de que provienen de un conjunto de relaciones de producción que, o bien están caducando o bien, a la inversa, están surgiendo.15 Un ejemplo de las primeras lo tenemos en el caso de los campesinos libres que, si bien todavía fuertes en Francia y Alemania, van pasando a depender de los capitalistas agrícolas, o se ven obligados a unirse al proletariado urbano.16
2. Las capas sociales que están en relación de dependencia funcional respecto a una de las clases y que, por tanto, tienden a identificarse políticamente con ella. Corresponden a esta categoría los que Marx denomina «directores», que trabajan en la administración de la industria: el alto personal ejecutivo.17
3. Finalmente, en el Lumpenproletariat se encuentran grupos heterogéneos de individuos que quedan al margen del sistema de clases porque no están plenamente integrados en la división del trabajo. Los componen «rateros y delincuentes de todas clases, que viven de los despojos de la sociedad, gentes sin profesión fija, vagabundos, gente sin patria ni hogar».18
Varía históricamente el grado de homogeneidad de una clase: dentro de todas ellas hay «gradaciones especiales»19 En Las luchas de clases en Francia, Marx analiza el conflicto entre los capitalistas financieros y los industriales de 1848 a 1850. Se trata de un ejemplo empírico de la persistente subdivisión dentro del conjunto de la burguesía; como otras subdivisiones por el estilo, se funda en la divergencia respecto a un tipo concreto de intereses: «[...] ya que el beneficio puede dividirse en dos tipos de réditos. Las dos especies de capitalistas no expresan más que ese hecho».20  Según Marx, la distribución de las clases y la naturaleza del conflicto entre ellas cambian considerablemente con la aparición de sucesivas formas de sociedad. Las sociedades precapitalistas estaban organizadas preponderantemente por el lugar. Generalizando una metáfora que Marx aplica al campesinado francés, puede decirse que toda sociedad precapitalista «se forma [...] por la simple suma de unidades del mismo nombre, al modo como, por ejemplo, las patatas de un saco forman un saco de patatas».21

En estas formas de sociedad las relaciones económicas no se manifiestan como simples relaciones de mercado; el domino o subordinación económicos vienen mezclados con vínculos personales entre los individuos. Así, por ejemplo, el dominio del terrateniente feudal funciona a través del vínculo personal de servidumbre y el pago directo de diezmos. Más aún, el siervo conserva en gran medida el control de sus medios de producción, a pesar de que tiene que ceder como tributo a un dueño una parte de su producto. Las puras relaciones de mercado no aparecerán como el determinante de la actividad productiva humana hasta el advenimiento del capitalismo, el cual depende de la expropiación de una masa de trabajadores que, aparte de su fuerza de trabajo, no tienen nada que ofrecer a cambio de los medios de subsistencia. La sociedad burguesa ha desgarrado sin piedad «las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus “superiores naturales”, para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel “pago al contado” [...]. En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y política, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal.»22 En la sociedad burguesa, por tanto, las relaciones de clase se han simplificado y universalizado. Una vez establecido el capitalismo, su progresivo desarrollo tiende más y más a la creación de dos grandes clases que en el mercado se oponen directamente: la burguesía y el proletariado. Las demás clases –terratenientes, pequeña burguesía y campesinado– son clases de transición, que van siendo absorbidas por una u otra de estas dos colectividades de clase más importantes.

En la concepción de Marx, las clases forman el principal eslabón entre las relaciones de producción y el resto de la sociedad o «superestructura» (Überbau) social. Las relaciones de clase son el principal eje alrededor del cual se distribuye el poder político, y del cual depende la organización política. Para Marx, el poder político y el económico están vinculados estrecha, pero no inseparablemente. Este teorema también debe situarse dentro de una dimensión histórica. La forma de gestión política se relaciona estrechamente con el modo de producción y, por ahí, con el grado de preponderancia que tengan en la economía las relaciones de mercado. La propiedad privada aparece primeramente como tal en el mundo antiguo, pero queda restringida a sectores limitados de la vida económica. En la Edad Media, la propiedad pasa por varias etapas, desde la propiedad feudal de la tierra hasta la propiedad corporativa convertible, que dará origen en las ciudades al capital invertido en manufactura. Tanto en la sociedad antigua como en la Edad Media, la propiedad continúa vinculada a la comunidad, y por ello también lo están las relaciones de dominio clasista. Esto significa que el funcionamiento del poder político todavía se gestiona, de un modo poco preciso, primariamente en la communitas. El capitalismo moderno, en cambio, está «condicionado por la gran industria y la competencia universal, que se ha despojado ya de toda apariencia de institución comunitaria».23

El Estado moderno aparece en conexión con la lucha de la burguesía contra los restos del feudalismo, pero viene estimulado también por las exigencias de la economía capitalista.
A esta propiedad privada moderna corresponde el Estado moderno, el cual, adquirido gradualmente por los dueños de la propiedad por medio de las contribuciones, ha caído enteramente bajo su dominio a través de la deuda nacional, y su existencia ha llegado a ser totalmente dependiente del crédito comercial que le ofrecen los dueños de la propiedad, los burgueses, tal como queda reflejado en el ascenso o descenso en la bolsa de los bonos del Estado24
La forma concreta del Estado en la sociedad burguesa varía según las circunstancias que han acompañado a la burguesía en la conquista del poder. En “Francia, por ejemplo, la alianza de la burguesía con la monarquía absoluta ha estimulado el crecimiento de un poderoso cuerpo de funcionarios fuertemente arraigado. En Inglaterra, en cambio, el Estado representa «un compromiso arcaico, decrépito y trasnochado entre la aristocracia terrateniente, que gobierna oficialmente, y la burguesía, que de hecho domina en todos los ámbitos de la sociedad civil, pero no oficialmente». 25 El proceso concreto que ha dado origen a este orden político en Inglaterra ha restado importancia a los elementos burocráticos del Estado.
Ideología y conciencia

El origen del derecho civil tiene sus cimientos en la difusión de la propiedad privada y en la desintegración de la comunidad que esto ocasiona. En Roma aparece por primera vez la codificación de un cuerpo jurídico, pero sin consecuencias duraderas debido a la descomposición interna de la manufactura y el comercio en la sociedad romana. Con la aparición del capitalismo moderno, la formación del derecho entra en una nueva fase. Los primeros centros del capitalismo en Italia y fuera de Italia asumieron el derecho romano, y lo convirtieron en fuente del derecho civil. En éste, la autoridad se fundamenta más en normas racionalizadas que en las prescripciones religiosas predominantes en comunidades tradicionales.26 El sistema moderno de leyes y administración de justicia es un apoyo ideológico muy importante para el Estado burgués. Pero no es más que la expresión, propia de su tiempo, del hecho de que la clase dominante, en todas las sociedades clasistas, produce o asume formas ideológicas que legitiman su dominio. «La clase que dispone de los medios para la producción material, dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción intelectual (geistig), lo que hace que se le sometan, generalmente hablando, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente.»27

Según Marx, la conciencia está enraizada en la praxis humana, que a su vez es social. Éste es el sentido de la frase: «No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia».28 Por causa de esta frase, Marx ha sido objeto de muchas acusaciones malévolas. Hay que tener presente que en ella el término operativo es ser social, y que pocas objeciones pueden aducirse contra la afirmación general de que la actividad humana dentro de la sociedad ejerce una influencia directiva sobre la conciencia. En el hecho del lenguaje, indica Marx, encontramos un ejemplo concreto de esto. El lenguaje es tan viejo como la conciencia: el lenguaje es la conciencia práctica, la conciencia real, que existe también para los otros hombres y que, por tanto, comienza a existir también para mí mismo [...]».29 La expresión de ideas, e incluso la misma existencia de algo que rebase la mera sensación, requieren como condición la existencia del lenguaje. Ahora bien, el lenguaje es un producto social, y sólo en virtud de su condición de miembro de la sociedad adquiere el individuo las categorías lingüísticas que constituyen los parámetros de su conciencia.

El concepto que tiene Marx del papel que desempeñan las formas concretas de ideología en las sociedades clasistas se sigue directamente de estas consideraciones más generales. El principal defecto del idealismo filosófico e histórico está en su pretensión de analizar las propiedades de una sociedad deduciéndolas del contenido de los sistemas de ideas que predominan en ella. Al hacerlo así, no se tiene en cuenta para nada que la relación entre valores y poder no es unilateral: la clase dominante dispone de medios para difundir las ideas que legitiman su posición de predominio. Así, las ideas de libertad e igualdad que aparecen en la fachada de la sociedad burguesa no pueden tomarse en su «valor aparente» como recapitulación directa de la realidad social; al contrario, las libertades jurídicas que existen en la sociedad burguesa sirven en realidad para legitimar el hecho de las obligaciones de los contratos en que los trabajadores asalariados y carentes de propiedad se encuentran, en tremenda desventaja en comparación con los dueños del capital. Esto significa que la ideología debe estudiarse en conexión con las relaciones sociales en que viene incluida: tenemos que estudiar los procesos concretos que dan origen a los varios tipos de ideas, juntamente con los factores que determinan que ideas se colocan en lugar destacado dentro de una sociedad dada. Por evidente que sea la continuidad entre las ideologías a través del tiempo, ni esta continuidad ni cualquier cambio que ocurra pueden explicarse con las meras categorías internas de su contenido. Las ideas no evolucionan por su propia cuenta; lo hacen como elementos de la conciencia de unos hombres que viven en sociedad, siguiendo una praxis determinada:
Mientras que en la vida vulgar y corriente todo tendero sabe perfectamente distinguir entre lo que alguien dice ser y lo que realmente es, nuestra historiografía no ha logrado todavía penetrar en un conocimiento tan trivial como éste. Cree a cada época por su palabra, por lo que ella dice acerca de sí misma y lo que se figura ser. 30
Es importante distinguir dos puntos relacionados entre sí, y que Marx pone de relieve al tratar de la ideología; a ambos nos hemos referido ya más arriba. Primero, las circunstancias sociales en que acontece la actividad de los individuos condicionan la percepción que éstos tienen del mundo en que viven. Precisamente en este sentido el lenguaje constituye la «conciencia practica» de los hombres. Y segundo – generaliza Marx refiriéndose tanto a la creación como a la difusión de ideas–, en las sociedades clasistas las ideas de la clase dominante son las que predominan en cualquier época. De esta última proposición se sigue que la difusión de ideas depende en gran manera de la distribución del poder económico en la sociedad. Precisamente en este último sentido la ideología constituye una parte de la «superestructura» social: prevalece en cualquier época un ethos que legitima los intereses de la clase dominante. De este modo, las relaciones de producción, a través de la mediación del sistema de clases, componen «la base real sobre la que se levanta una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social».31 Marx no postula una conexión invariable entre estos dos modos en que la praxis social da forma a la conciencia. Un individuo o un grupo pueden desarrollar ideas en desacuerdo en parte con los puntos de vista que prevalecen en su época; pero estas ideas no llegarán a destacar si no se articulan con los intereses de la clase dominante, o con los de una clase que empieza a estar en condiciones de desafiar a la estructura de autoridad existente.32 Éste es el caso de muchas de las ideas que se emplearon para construir máquinas a fines del siglo XVIII y a principios del XIX: hacía muchos años que se conocían, pero su rápida aplicación y difusión sólo tuvo efecto cuando el desarrollo del capitalismo obligó a los capitalistas a aumentar la producción mucho más de lo que era posible con la manufactura artesana.

Al tener en cuenta el papel del dominio de clase sin olvidar el trasfondo de una concepción dialéctica de las relaciones entre conciencia y actividad social, quedan resueltos algunos de los aparentes dilemas que afectan a la correspondencia entre relaciones de producción y «superestructura» ideológica en toda sociedad dada.33 La actividad productiva de los individuos, en relación entre sí y con la naturaleza, implica una continua interacción mutua entre comportamiento social y conciencia: la estructura de dominio clasista condiciona la difusión y la aceptación de las ideas originadas de este modo. De ahí que la ideología dominante siempre incluya «en parte [...] un embellecimiento o conciencia de la dominación, en parte [...] los medios morales para esa dominación».34 El «fundamento real» de la sociedad, sobre el que se levanta la «superestructura», consiste siempre en relaciones de individuos prácticos y activos, de modo que siempre entraña tanto la creación como la aplicación de ideas. Lo más significativo de la «superestructura» no es que contenga ideas, como si las relaciones de producción no las implicaran, sino que viene incluida en un sistema de relaciones sociales (especialmente en forma de política, derecho y religión) que preceptúan y sancionan un sistema de dominio clasista.

Marx despacha sin grandes dificultades el problema de la relatividad del conocimiento histórico. Ciertamente todas las formas de conciencia humana, incluyendo las ideologías más elaboradas y complejas, están enraizadas en determinados conjuntos de condiciones sociales. Pero esto no descarta la interpretación retrospectiva de la historia en términos de principios racionales. Así, todas las sociedades clasistas participan de ciertas características; pero éstas no pudieron darse hasta el advenimiento de las condiciones que originó el capitalismo para el conocimiento científico de la sociedad. Esto lo ilustra Marx por medio de una analogía. La anatomía del hombre, el ser viviente más evolucionado, nos da la clave para comprender la anatomía del mono; de manera semejante, la comprensión de la estructura y proceso de desarrollo de la sociedad burguesa nos permite usar las mismas categorías para explicar el desarrollo social del mundo antiguo. Usando los conceptos que han formulado los economistas políticos, es posible aplicar nociones como «trabajo» y «producción», de una manera muy general, a características de sociedades que se encuentran en cualquier nivel de complejidad. Pero hay que tener presente que estos conceptos sólo han aparecido al surgir la producción capitalista. «La producción en general es una abstracción, pero una abstracción justificada [...]».35

Las teorías que han elaborado los economistas políticos contienen elementos de verdad muy importantes que pueden aplicarse a todas las sociedades; pero, por el hecho de que sus escritos están vinculados tan fuertemente a la estructura de dominio de la clase burguesa son incapaces de discernir el carácter limitado y unilateral de sus formulaciones. Igual que los historiadores y filósofos alemanes, comparten las «ilusiones de la época»;36 pero esto no significa de ningún modo que todas sus ideas sean «ilusorias» en sentido epistemológico. Los modos de pensar predominantes no arrojaran del todo su carácter ideológico hasta que la «dominación de clases en general deja de ser la forma de organización de la sociedad; tan pronto como, por consiguiente, ya no es necesario presentar un interés particular como general o hacer ver que es “lo general” lo dominante».37

Toda clase dominante pretende la universalidad de la ideología que legitima su posición de dominio. Pero, según Marx, esto no supone que los cambios sociales que acontecen al ascender al punto dominante una nueva clase revolucionaria sean equivalentes en distintos tipos de sociedad. Si bien Marx propone un esquema global cuyas características se encuentran en todo proceso de cambios revolucionarios, también sostiene que las formas de transformación revolucionaria que se dan en la historia difieren en ciertos aspectos de crucial importancia. El proceso en conjunto del cambio social revolucionario, según el esquema que emplea Marx en su análisis, es el siguiente: En toda sociedad relativamente estable hay un equilibrio entre el modo de producción, las relaciones sociales que integran este modo de producción, y la «superestructura» a él vinculada por medio, del dominio clasista. Cuando ocurren cambios progresivos en el ámbito de la actividad productiva –tal como sucedió en Roma con la aparición de la manufactura y el comercio dentro de una economía predominantemente agraria–, surge una tirantez entre estas nuevas fuerzas productivas y las relaciones de producción que subsisten. Entonces estas últimas obstaculizan cada vez más a las nuevas fuerzas de producción que sobresalen. Estas «contradicciones» llegan a expresarse abiertamente como conflictos de clase, terminan en luchas revolucionarias reñidas en el ámbito político, y aparecen a nivel ideológico como choques entre «principios» opuestos. Estas luchas dan como resultado, o bien «el hundimiento de las clases beligerantes», como sucedió en Roma, o bien «la profunda reorganización revolucionaria de la sociedad», como ocurrió con la retirada del feudalismo ante el capitalismo.38 La clase que se empeña en una lucha revolucionaria por el poder, combate en nombre de derechos humanos absolutos y presenta sus ideas como «las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta».39 Si bien con el derrocamiento revolucionario de la clase dominante solamente una clase sometida tiene posibilidad de ganar, ésta puede pedir la ayuda de otras en su camino hacia el poder: la burguesía francesa, por ejemplo, realizó su revolución en 1789 con la ayuda del campesinado. Cuando la clase revolucionaria ha llegando al poder, su carácter en otro tiempo revolucionario se convierte en una defensa del nuevo orden, es decir, de su propia hegemonía:
La parte dominante de la sociedad se halla interesada en santificar lo existente como ley y en dar una sanción legal a sus límites, establecidos por el uso y la tradición. Prescindiendo de todas las otras cosas, esto se hace valer, por lo demás, tan pronto como la reproducción constante de la base sobre que descansa el estado de cosas existente, la relación que le sirve de fundamento, adquiere con el transcurso del tiempo una forma reglamentada y ordenada; y esta regla y este orden son, a su vez, un factor indispensable de todo régimen de producción que haya de adquirir una firmeza social y sobreponerse a todo lo que sea simple arbitrariedad y mero azar 40
De este modo la accesión al poder de la nueva clase inaugura otro período de relativa estabilidad, que un día dará origen a una repetición del mismo esquema de cambio.

Esta Concepción general sería totalmente positivista si Marx no relacionara el acontecimiento del cambio revolucionario con el conjunto del proceso histórico. «Cada nueva clase –afirma Marx– instaura su dominación siempre sobre una base más extensa que la dominante con anterioridad a ella; lo que, a su vez, hace que, más tarde, se ahonde y agudice todavía más la contradicción de la clase no poseedora contra la ahora dotada de riqueza.»41 El ascenso al poder de la burguesía introduce, como consecuencia, profundos cambios en el carácter de las relaciones de clase en comparación a como eran en el feudalismo. La sociedad burguesa tiende a una realización de las capacidades productivas humanas mucho más amplia de lo que era factible en anteriores períodos históricos. Pero esto solamente llega a ser posible mediante la formación de una clase cada vez más numerosa de trabajadores asalariados desprovistos de propiedad: la sociedad burguesa universaliza las relaciones de clase en torno a una única división, la que hay entre la burguesía y el proletariado. Ésta es la que, de hecho, nos da la diferencia fundamental entre la sociedad burguesa y las demás formas de sociedad clasista que la precedieron. Mientras que las clases revolucionarias del pasado, una vez conquistado el poder, «trataron de consolidar la situación adquirida sometiendo a toda la sociedad a las condiciones de su modo de apropiación», el proletariado no puede llegar a una posición de dominio «sino aboliendo su propio modo de apropiación en vigor, y, por tanto, todo modo de apropiación existente hasta nuestros días».42

Anthony Giddens
Según Marx, la subida al poder de la clase trabajadora significa la culminación de los cambios forjados por la sociedad burguesa. El desarrollo de esta última fomenta hasta el extremo el desajuste entre las realizaciones de las fuerzas productivas humanas y la alienación de la masa popular respecto al control de la riqueza así creada. La superación del capitalismo, por otra parte, proporciona al hombre las circunstancias en que le será posible recuperar su yo alienado, dentro de un orden racional que se ha liberado del dominio clasista. Los presupuestos económicos de este proceso se explican con detalle en El Capital.

 Este trabajo forma parte del Capítulo III del libro ‘El Capitalismo y la moderna Teoría Social’ de Anthony Giddens, Editorial Labor, 5ª edición, Barcelona, 1994
Traducción: Aurelio Boix Duch
Título original: ‘Capitalism and modern social theory’ Cambridge University Press, 1971
Esta reproducción se hace con fines exclusivamente didácticos

Notas

1 IA, p. 19
2 IA, p. 28
3 MEF, p. 137.
4 El término que generalmente emplea Marx (Produktionsverhältnisse) tiene, en realidad, un doble significado en inglés, y puede referirse tanto a las «condiciones» como a las «relaciones» de producción. Sobre el uso del término «relaciones de producción» en los escritos de Marx, véase Louis ALTHUSSER et al.: Lire le Capital (París, 1967), vol 2. pp. 149-59.
5 «Trabajo asalariado y capital», en OE, vol. 1, p. 82
6 IA, p. 40.
7 Grub p. 22
8 Cf. W. Wesolowski: «Marx's theory of class domination: an attempt at systematisation», en NICHOLAS LOBKOWICZ: Marx and the Western World (Notre Dame, 1967), pp. 54-5. Sobre el problema de la Herrschaft en los escritos de Weber, véase más adelante, p. 259.
9 «[...] no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas» Carta a Weydemeyer, marzo 1852, en OE, vol. 2, p. 481. Cf. STANISLAW OSSOWSK: Class and Class Structure in the Social Consciousness. Londres, 1963, pp. 69-88 y passim
10 El capítulo «Las clases», puesto al final del tercer volumen de El Capital (edición preparada por Engels) (Cap, vol. 3, pp. 816-8), no es más que un fragmento.
11 Gru, p. 717
12 Cf. RALF DAHRENDORF: Class and Class Conflict in an Industrial Society, Stanford, 1965, pp. 18-27
13 OE, vol. I, p. 341.
14 IA, p. 61
15 Cf. DONALD HODGE: «The “intermediate classes” in Marxian theory», Social Research, vol. 28, 1961, pp. 241-52
16 OE, Vol. I, p. 217
17 Cf. Cap., vol. III, pp. 368 ss. Marx alude también a «sus sabios, sus abogados, sus médicos, etc.», como «representantes y portavoces ideológicos» de las citadas clases. OE, vol. I, p. 136.
18 OE, vol. I, p. 152.
19 «Manifiesto Comunista», en OE, vol. I, p. 22
20 Gru, p. 735.
21 OE, vol. I, p. 341
22 «Manifiesto Comunista», en OE, vol. I, p. 24
23 IA, p. 71.
24 IA, p. 71
25 We, vol. 11, p. 95.
26 Para el estudio hecho por WEBER sobre este punto, véase ES, vol. 2; cf. también DURKHEIM: DL, pp. 142 ss.
27 IA, p. 50; We, vol. 3, p. 46.
28 OE, vol. I, p. 373. Para un estudio más elaborado sobre este tema, en relación con Weber y Durkheim, véase más adelante, pp. 337-359
29 IA, p. 31.
30 IA, p. 55; We, vol. 3, p. 49
31 «Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política», en OE, vol. I, p. 373
32 Cf. IA, pp. 500-501
33 Cf., por ejemplo, JOHN PLAMENATZ: Man and Society, Londres, 1968, vol. 2, pp. 279-93.
34 IA, p. 502; We, vol. 3, p. 405. Véase KARL KORSCH: Marxismus and Philosophie, Leipzig, 1930, pp. 55-67.
35 Gru, p. 7. Sin duda, este punto de vista es básicamente hegeliano transformado. Como observa LUKÁCS, según Marx «hay que conocer correctamente el presente para poder comprender adecuadamente la historia del pasado…», El joven Hegel, p. 112.
36 IA, p. 42.
37 IA, p. 53; We, vol. 3, p. 48.
38 «Manifiesto Comunista», en OE, vol. I, p. 22
39 IA, p. 52.
40 Cap, vol. III, p. 735; We, vol. 25, p. 801
41 IA, p. 53; We, vol. 3, p. 48
42 «Manifiesto Comunista», en OE, vol. I, p. 33.

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Not@s sobre Marx, Engels y el marxismo

— Notas sobre los 150 años de la primera edición de El Capital
António Ferraz: Os 150 anos do livro ‘O Capital’, de Karl Marx — Correio do Minho
Horacio Tarcus: Traductores y editores de la “Biblia del Proletariado” - Parte I & Parte II — Memoria
Emmanuel Laurentin: Le Capital, toujours utile pour penser la question économique et sociale? — France Culture
J.M. González Lara: 150 años de El Capital — Vanguardia
Roberto Giardina: Il Capitale di Marx ha 150 anni — Italia Oggi
Alejandro Cifuentes: El Capital de Marx en el siglo XXI — Voz
Marcela Gutiérrez Bobadilla: El Capital, de Karl Marx, celebra 150 años de su edición en Londres — Notimex
Mario Robles Roberto Escorcia Romo: Algunas reflexiones sobre la vigencia e importancia del Tomo I de El Capital — Memoria
Antoni Puig Solé: El Capital de Marx celebra su 150° aniversario — Lo que Somos
Jorge Vilches: El Capital: el libro de nunca acabar — La Razón
Carla de Mello: A 150 años de El Capital, la monumental obra de Karl Marx — Juventud Socialista del Uruguay
Rodolfo Bueno: El Capital cumple 150 años — Rebelión
Diego Guerrero: El Capital de Marx y el capitalismo actual: 150 años más cerca — Público
José Sarrión Andaluz & Salvador López Arnal: Primera edición de El Capital de Karl Marx, la obra de una vida — Rebelión
Sebastián Zarricueta: El Capital de Karl Marx: 150 años — 80°
Marcello Musto: La durezza del 'Capitale' — Il Manifesto
Esteban Mercatante: El valor de El Capital de Karl Marx en el siglo XXI — Izquierda Diario
Michael Roberts: La desigualdad a 150 años de El Capital de Karl Marx — Izquierda Diario
Ricardo Bada: El Capital en sus 150 años — Nexos
Christoph Driessen: ¿Tenía Marx razón? Se cumplen 150 años de edición de El Capital — El Mundo
Juan Losa: La profecía de Marx cumple 150 años — Público
John Saldarriaga: El Capital, 150 años en el estante — El Colombiano
Katia Schaer: Il y a 150 ans, Karl Marx publiait ‘Le Capital’, écrit majeur du 20e siècle — RTS Culture
Manuel Bello Hernández: El Capital de Karl Marx, cumple 150 años de su primera edición — NotiMex
Ismaël Dupont: Marx et Engels: les vies extravagantes et chagrines des deux théoriciens du communisme! — Le Chiffon Rouge
Jérôme Skalski: Lire Le Capital, un appel au possible du XXIe siècle - L’Humanité

— Notas notables
Pierre-Yves Quiviger: Marx ou l'élimination des inégalités par la révolution — Le Point
Hernán Ouviña: Indigenizar el marxismo — La Tinta
Emmanuel Laurentin: Les historiens américains et Karl Marx — France Culture
Adèle Van Reeth: Le Capital de Karl Marx: La fabrique de la plus-value — France Culture
Manuel Martínez Llaneza: Reproches a Marx acerca de El Capital (Bajo la égida de Friedrich Engels) — Rebelión.es
Victoria Herrera: Marx y la historia — Buzos
Alejandro F. Gutiérrez Carmona: La vigencia del pensamiento marxista — Alianza Tex
Víctor Arrogante: El Capital y las aspiraciones de la clase trabajadora — Nueva Tribuna
Mauricio Mejía: Karl Marx, el poeta de la mercancía — El Financiero
Emmanuel Laurentin: Karl Marx à Paris: 1843-1845 — France Culture
Jacinto Valdés-Dapena Vivanco: La teoría marxista del Che Guevara — Bohemia
Aldo Casas: El marxismo como herramienta para la lucha — La necesidad de la formación en la militancia — La Tinta
Héctor Salazar: Marx, dos aspectos fundamentales en su desarrollo: dialéctica y tránsito del idealismo al materialis — Marx desde Cero
Evald Vasiliévich Iliénkov: La dialéctica de lo abstracto y lo concreto en El Capital de Marx — Templando el Acero
Vincent Présumey: 1837-1848: Suivi des écrits de Karl Marx: entre Epicure et Hegel - I — Mediapart
Vincent Présumey: 1837-1848: Suivi des écrits de Karl Marx: combat pour la démocratie - II — Mediapart
Vincent Présumey: 1837-1848: Suivi des écrits de Karl Marx: de la critique de Hegel à la critique de la société - III — Mediapart
Vincent Présumey: 1837-1848: Suivi des écrits de Karl Marx: charges critiques avec F. Engels - IV — Mediapart
Roman Rosdolky: Marx ésotérique et Marx exotérique — Palim Psao
Lepotier: Marx, Marxisme, Cui bono? — Bella Ciao
Andrea Vitale: La critica di Pareto a Marx: una abborracciatura — Operai e Teoria
Annelie Buntenbach: Marx provides us with a glimpse behind the scenes of capitalism — Marx 200
Antoni Puig Solé: La Ley del Valor y la ecología en Marx — Lo que somos
Vladimiro Giacché: Note sui significati di "Libertà" nei Lineamenti di Filosofia del Diritto di Hegel — Il Comunista
Salvador López Arnal: Manuel Sacristán (1925-1985) como renovador de las tradiciones emancipatorias — Rebelión
Paúl Ravelo Cabrera: Marx, Derrida, el Gesto Político y la supercapitalización mundial — Scribb
Dino Greco: In difesa del marxismo — Sollevazione
Alberto Quiñónez: Arte, praxis y materialismo histórico — Rebelión
Sebastiano Isaia: Il Capitale secondo Vilfredo Pareto — Nostromo
Josefina L. Martínez: Feminismo & Socialismo marxista - Eleanor Marx, la cuestión de la mujer y el socialismo — Rebelión
John Bellamy Foster: Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza — Scribb
José Manuel Bermudo Ávila: Concepto de Praxis en el joven Marx — Scribb
Carlos Oliva Mendoza: Adolfo Sánchez Vázquez: ¿marxismo radical o crítica romántica? — InfoLibre
Bernardo Coronel: ¿El marxismo es una ciencia? — La Haine
Sylvain Rakotoarison: Le capitalisme selon Karl Marx — Agora Vox

— Notas de actualidad
Michel Husson: Marx, un économiste du XIXe siècle? A propos de la biographie de Jonathan Sperber — A L’Encontre
Homenaje a Wenceslao Roces, traductor de Marx — Club de Traductores de Buenos Aires
César Rendueles: Todos los Marx que hay en Marx — El País
Alice Pairo: Karl Marx, Dubaï et House of cards: la Session de rattrapage — France Culture
Sebastián Raza: Marxismo cultural: una teoría conspirativa de la derecha — La República
Samuel Jaramillo: De nuevo Marx, pero un Marx Nuevo — Universidad Externado de Colombia
Gabriel Quirici: La Revolución Rusa desafió a la izquierda, al marxismo y al capitalismo [Audio] — Del Sol
Sergio Abraham Méndez Moissen: Karl Marx: El capítulo XXIV de El Capital y el “descubrimiento” de América — La Izquierda Diario
Alessandro Cardinale: Wolfgang Fritz Haug, la Neue Marx-Lektüre e la «Prasseologia» — Materialismo Storico
Joseph Daher: El marxismo, la primavera árabe y el fundamentalismo islámico — Viento Sur
Francisco Jaime: Marxismo: ¿salvación a través de la revolución? — El Siglo de Torreón
Pourquoi Karl Marx revient-il à la mode? — Radio Télévision Belge
Michel Husson: Marx, Piketty et Aghion sur la productivité — A l’encontre
Guido Fernández Parmo: El día que Marx vio The Matrix — Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires
Presidente chino Xi Jinping pide profundo entendimiento de marxismo — Xinhua
Petits faits et grandes idées: Karl Marx, vie quotidienne — Le Monde
Beatrice Debiasi: Il robot decreterà la fine delle dottrine di Marx? — Secolo Trentino
Cest: Karl Marx y sus "Cuadernos de París" toman vida con ilustraciones de Maguma — El Periódico
Leopoldo Moscoso: 'Das Kapital': reloading... — Público
Laura "Xiwe" Santillan: La lucha mapuche, la autodeterminación y el marxismo — La Izquierda Diario
Milliere Guy: Le fascisme de gauche gagne du terrain — Les 4 Vérités
Nelson Fernández: Los hijos uruguayos de Adam Smith y Karl Marx — El Observador
José de María Romero Barea: Hölderlin ha leído a Marx y no lo olvida — Revista de Letras
Ismaël Dupont: Marx et Engels: les vies extravagantes et chagrines des deux théoriciens du communisme! — Le Chiffon Rouge Morlai
Francisco Cabrillo: Cómo Marx cambió el curso de la historia — Expansión
El “Dragón Rojo”, en Manchester: Cierran el histórico pub donde Marx y Engels charlaban "entre copa y copa" — BigNews Tonight
Marc Sala: El capitalismo se come al bar donde Marx y Engels debatían sobre comunismo — El Español

— Entrevistas
Alberto Maldonado: Michael Heinrich en Bogotá: El Capital de Marx es el misil más terrible lanzado contra la burguesía — Palabras al Margen
Leonardo Cazes: En memoria de Itsván Mészáros — Rebelión (Publicada en O Globo)
Entrevista con István Mészáros realizada por la revista persa Naghd’ (Kritik), el 02-06-1998: “Para ir Más allá del Capital” — Marxismo Crítico
Rosa Nassif: “El Che no fue solo un hombre de acción sino un gran teórico marxista” Agencia de Informaciones Mercosur AIM
Entrevista a Juan Geymonat: Por un marxismo sin citas a Marx — Hemisferio Izquierdo
Juliana Gonçalves: "El Capital no es una biblia ni un libro de recetas", dice José Paulo Netto [Português ] — Brasil de Fato
Entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
Alejandro Katz & Mariano Schuster: Marx ha vuelto: 150 años de El Capital. Entrevista a Horacio Tarcus — La Vanguardia
Salvador López Arnal: Entrevista a Gustavo Hernández Sánchez sobre "La tradición marxista y la encrucijada postmoderna" — Rebelión
Jorge L. Acanda: "Hace falta una lectura de Marx que hunda raíces en las fuentes originarias del pensamiento de Marx" — La Linea de Fuego

— Notas sobre la película “El joven Karl Marx”, del cineasta haitiano Raoul Peck
Eduardo Mackenzie:"Le jeune Karl Marx ", le film le plus récent du réalisateur Raoul Peck vient de sortir en France — Dreuz
Minou Petrovski: Pourquoi Raoul Peck, cinéaste haïtien, s’intéresse-t-il à la jeunesse de Karl Marx en 2017? — HuffPost
Antônio Lima Jûnior: [Resenha] O jovem Karl Marx – Raoul Peck (2017) — Fundaçâo Dinarco Reis
Eduardo Mackenzie: El joven Karl Marx — Debetae.
La película "El joven Karl Marx" llegará a los cines en el 2017 — Amistad Hispano-Soviética
Boris Lefebvre: "Le jeune Karl Marx": de la rencontre avec Engels au Manifeste — Révolution Pernamente
: "Le jeune Karl Marx", révolution et académisme — Le Suricate.
Annie Coppermann: "Le jeune Marx": La genèse du "Capital" — Les Echos
Patrice Cailleba: "Le jeune Karl Marx" et la longue genèse du "Capital" — The Conversation
Olibier Barlet: "Le jeune Karl Marx", de Raoul Peck — Africultures

— Notas sobre el maestro István Mészáros
Matteo Bifone: Oltre Il Capitale. Verso una teoria della transizione, a cura di R. Mapelli — Materialismo Storico
Gabriel Vargas Lozano, Hillel Ticktin: István Mészáros: pensar la alienación y la crisis del capitalismo — SinPermiso
Carmen Bohórquez: István Mészáros, ahora y siempre — Red 58
István Mészáros: Reflexiones sobre la Nueva Internacional — Rebelión
Ricardo Antunes: Sobre "Más allá del capital", de István Mészáros — Herramienta
Francisco Farina: Hasta la Victoria: István Mészáros — Marcha
István Mészáros in memoriam : Capitalism and Ecological Destruction — Climate & Capitalism.us