"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

8/8/14

El capitalismo multicolor, camaleón

Raúl Prada Alcoreza   |   La producción capitalista ha estado calculada, en cuanto a sus formas de movimiento y leyes, desde el principio, sobre la base de la Tierra entera como almacén de fuerzas productivas. En su impulso hacia la apropiación de fuerzas productivas para fines de explotación, el capital recorre el mundo entero; saca medios de producción de todos los rincones de la Tierra; cogiéndolos o adquiriéndolos de todos los grados de cultura y formas sociales. La cuestión acerca de los elementos materiales de la acumulación del capital, lejos de hallarse resuelta por la forma material de la plusvalía, producida en forma capitalista, se transforma en otra cuestión: para utilizar productivamente la plusvalía realizada, es menester que el capital progresivo disponga cada vez en mayor grado de la Tierra entera para poder hacer una selección cuantitativa y cualitativamente ilimitada de sus medios de producción. La apropiación súbita de nuevos territorios de materias primas en cantidad ilimitada, para hacer frente, así, a todas las alternativas e interrupciones eventuales de su importación de antiguas fuentes, como a todos los aumentos súbitos de la demanda social, es una de las condiciones previas, imprescindibles, del proceso de acumulación en su elasticidad [1].

Articulación

Este ensayo no está directamente vinculado a los ensayos dedicados al acontecimiento Brasil, mas bien, tiene como tema una interpelación crítica al capitalismo verde, se ocupa de comentar el análisis deconstructivo de la narrativa verde, análisis de desmontaje de los nuevos procedimientos de dominación del capital, ahora por la vía de la financiarización de los seres y ciclos vitales, que este discurso contable llama servicios ambientales. Es una intelectual y activista brasileña la que efectúa la crítica deconstructiva, la que lanza la interpelación al capitalismo verde. La conexión con los otros ensayos se encuentra en la actualización contextual del acontecimiento.

Capitalismo camaleón

Camila Moreno en Economía verde: En lugar de una solución, la nueva fuente de acumulación primitiva [2] hace un análisis minucioso de la emergencia de la nueva narrativa “ideológica” del capitalismo financiero. Nos muestra dos pasos importantes en el discurso o la formación discursiva legitimadora de las formas paradójicas del capitalismo contemporáneo, la brutal extractivista y la virtual financiera. El primer paso se da como movimiento del llamado, ahora, capitalismo marrón, que no es otro que el crudo capitalismo “pragmático”, hacia el capitalismo de la des-carbonización. Después, el segundo paso, consiste en pasar de este capitalismo financiero que apoya la des-carbonización, al capitalismo verde.

Lo sugerente del análisis crítico de Camila Moreno es que muestra que estos dos pasos discursivos del capitalismo financiero, que es el dominante en el ciclo largo del capitalismo vigente, son puestas en escena para edulcorar no solo la desbocada multiplicidad de dominaciones sobre los cuerpos y la naturaleza, sino también formas “ideológicas” que apoyan nuevas formas de explotación, cada vez más sofisticadas, del capital - abstracción del biopoder - de los cuerpos, los territorios y la naturaleza.

En su análisis crítico, Camila Moreno ubica en el centro discursivo el denominativo de cambio climático; denominativo que pretende presentar a los responsables del cambio climático como si se hubiera, de repente, tomado consciencia del peligro. Planteándose políticas mundiales correctivas, que llaman “fallas del mercado”. Fallas que se pueden resolver con intervención del mercado mismo, de los juegos del mercado, proponiendo compras de retención del carbono; de este modo salvando los bosques. De esta tesis, no es más que un paso imperceptible el que se tiene que dar para proponer una salida verde a la crisis múltiple de la sociedad moderna.

Ese paso ya se ha dado. Existen un conjunto de proyectos, propuestas, acuerdos de grupos de países, encaminados a apuntalar un futuro verde, corrigiendo los males del capitalismo marrón.

La importancia del análisis crítico de Camila Moreno radica en develar que estos pasos discursivos, incluso pasos políticos a nivel mundial, involucrando a los organismos internacionales y a los estados nacionales, son mecanismo de no solo legitimación de las dominaciones múltiples, entre ellas del destructivo modelo extractivista, sino es un avance hacia nuevas formas de dominación, que tienen como materia de poder a la vida. Buscan controlar los ciclos de la vida, de tal manera que convierten a esta captura, por cierto parcial, pues no pueden capturar la potencia creativa de la vida, en una forma de acumulación de capital. Al respecto, definiendo el contexto donde se da este discurso, Camila escribe:
Aún no contamos con una definición canónica del concepto de economía ‘verde’ que nos daría luces sobre si se trata de algo enteramente distinto de la economía actual (también referida en estos días como economía ‘marrón’). Pese a eso, agencias de las Naciones Unidas como el PNUMA [3], PNUD [4], UNCTAD [5], organizaciones multilaterales como la OCDE [6], el Banco Mundial [7], bancos regionales de desarrollo [8], el Parlamento Europeo [9], consultoras internacionales [10], coaliciones empresariales [11] y otros actores han estado formulando propuestas, listando sectores prioritarios y abordajes sectoriales, estableciendo objetivos y metas cuantificables, así bien como proponiendo nuevos instrumentos financieros e inversiones para lograr el cambio hacia un futuro ‘más verde’ [12].

A partir del lucido y actual análisis de Camila Moreno debemos preguntarnos sobre la caracterización de la forma del capitalismo contemporáneo, actual, ciclo largo dominado por el capitalismo financiero. ¿Qué clase de capitalismo es este que se presenta como verde? Por cierto, no tiene ninguna utilidad denunciarlo como hipócrita, peor aún, como artimaña para continuar con los mismos procedimientos de explotación y despojamiento. Esto no deja de ser, en el mejor de los casos, una denuncia; en el peor de los casos, una catarsis. Lo que importa es averiguar sobre las transformaciones del sistema-mundo capitalista, cómo, de tal manera, estas transformaciones definen las condiciones de posibilidad de semejantes posturas, de semejantes discursos.

El capitalismo contemporáneo no es el que corresponde a la experiencia del insigne teórico crítico Karl Marx, no es el capitalismo dependiente de la experiencia del “ideólogo” militante Vladimir Lenin, tampoco es el que corresponde a la experiencia dramática del reflexivo Antonio Gramsci. No es el capitalismo gamonal implementado en los Andes e interpretado lúcidamente por el singular José Carlos Mariátegui; no es el capitalismo minero, extractivista del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, interpretado por el estoico Guillermo Lora. No es el capitalismo de la formación social abigarrada, interpretado por el inventivo y barroco René Zabaleta Mercado. Este capitalismo es el de un sistema-mundo capaz de simular, capaz de imitar las demandas de los colectivos sociales. Entonces, la tarea es caracterizar a esta forma de capitalismo, comprender y entender sus lógicas y estructuras inherentes. De ninguna manera, reducirlo a las antiguas representaciones del capitalismo. Este apego dogmático no solamente es una renuncia a prender de la historia, sino es una apuesta a la derrota. 

El capitalismo verde es un capitalismo que busca seducir a la sensibilidad bondadosa y a la imaginación romántica, presentando un cuadro atractivo de defensa de la naturaleza. Ciertamente no podemos hablar así, pues el capitalismo no es un sujeto. Es una representación conceptual para explicar una forma de Estado, un modo de producción, una forma de modulación y disciplinamiento de la sociedad, así como el despliegue de sus formas de control y simulación; entonces, se trata, más bien, de las actividades asociadas, concomitantes, de grupos de poder, que logran controlar ciertos lugares estratégicos de decisión; empero, no pueden, no podrían, es imposible, controlar la totalidad de condiciones, factores y variables intervinientes en los procesos que configuran el acontecimiento, que es la vida.

No estamos ante la brutalidad del capitalismo inaugural, capitalismo colonial; tampoco estamos ante el capitalismo “pragmático” de la revolución industrial. Así como no nos encontramos ante el capitalismo violento de los imperialismos de la mitad del siglo XX; tampoco ante el capitalismo de la época de la guerra fría, cuando una de la híper-potencias financia la reconstrucción de las potencias occidentales y orientales derrotadas. No estamos ante el capitalismo belicoso, que incursiona en la guerra de Corea y en la guerra de Vietnam creyendo que podía imponerse, después de su victoria contundente en la segunda guerra mundial. Este capitalismo es distinto. Es un capitalismo verde; es un capitalismo que se presenta como consciente de los daños que causa en el planeta, que se presenta con la voluntad de corregir los daños causados.

En sentido efectivo, tendríamos que caracterizar al capitalismo verde como capitalismo molecular, pues se trata de un modo de producción que ha penetrado en la información genética, que manipula las moléculas componentes de las células de los organismos. Sin embargo, la caracterización aconsejable exige más; es un capitalismo, que para autonombrarse como verde, ha acumulado saber y conocimiento histórico, por así decirlo, usándolos como dispositivos de poder, en este caso de un poder plástico, que se adapta a las demandas.

No es que los engreídos funcionarios de los organismos internacionales tengan esta consciencia ecológica, pues si la tuvieran no emitirían semejantes discursos, no desplegarían semejantes estrategias. No es que los amos del universo, pues así se sienten, los propietarios de acciones, propietarios de la mayoría de las acciones de las empresas trasnacionales, sobre todo extractivistas, que dominan el mundo, sean conscientes de lo que acontece, sino se trata de un sistema-mundo, que en conjunto, en el bloque de sus estructuras, en la gama de sus engranajes, en la articulación de sus funcionamientos, ha aprendido o, por lo menos, se puede decir que parece que ha aprendido, de la experiencia de sus dominaciones.

Si el capitalismo verde se dispone, por lo menos declarativamente, invertir en la compra de la retención de carbono, en presionar, aunque sea teatralmente, a las potencias industriales, a disminuir la emisión de carbono, estamos ante un capitalismo que interviene no sólo sobre las condiciones de producción, sobre la fuerza de trabajo, utilizando la ciencia y la tecnología, sino ante un capitalismo que tiene en “mente” la intervención en los ciclos y las lógicas de la vida, comprendiendo los programas y las informaciones genéticas.

La lucha actual, contemporánea, con lo que significa plenamente este término, contra las dominaciones múltiples del capitalismo, no se resumen sólo a la lucha por la profundización de la democracia en la forma de socialismo, sino que implica la defensa integral de la vida. La vida no como metáfora, no como representación “ideológica” y cultural, sino la vida, en el sentido más radical efectivo del término. La vida como existencia. Ya no se trata solo de la igualdad, de la democracia participativa, tampoco de imprescindible tarea de la descolonización, sino de la subsistencia, de la sobrevivencia, de la posibilidad de liberar la potencia de la vida. La lucha contra el capitalismo es una lucha contra una inclinación tanática, quizás inherente en la paradójica constitución de las instituciones de poder, instauradas por las proliferantes asociaciones humanas.

Ya no es un problema “ideológico”, no se trata sólo de la crítica de la “ideología”, ya no es solamente una lucha por la igualdad, el prejuicio supremo de la democracia, el socialismo; tampoco, como dijimos, solamente la lucha anticolonial y descolonizadora. Así como no se restringe a la lucha por las subjetividades diversas. La lucha es por la vida. 

¿Podremos los y las humanas comprender que se trata de esto y nada más que de esto, de la vida? ¿Qué impide hacerlo? ¿La miopía, no poder ver lejos, ver solamente lo cercano, el entorno de uno mismo? ¿Qué importancia estratégica tiene el vencer, el dominar, el enriquecerse, el distanciarse de los demás? Ninguna, todos marchamos a la muerte, a la desaparición del individuo. Empero, la vida no es el individuo, no es el organismo, es el plural genético, es la población colectiva y asociada de partículas, de átomos, de moléculas, de células, de organismos, de sociedades diversas de constelaciones. Es la información y el programa genético. Las vitorias, los poderes, las riquezas de los mortales, solo son imaginarias.

Por lo tanto, la importancia de la interpelación de Camila Moreno radica en señalar la levedad del discurso del capitalismo verde. El contraste primordial se encuentra en la comparación del discurso institucional internacional del capitalismo verde y la explosión dinámica de los ciclos de la vida. Camila Moreno devela la hipostasis del discurso, el artificio del discurso del capitalismo verde, sobre todo en contraste son las devastadoras consecuencias del capitalismo marrón, que no es otra cosa, que el verdadero color del capitalismo verde o, si se quiere, el color de fondo.

Otro logro del análisis de Camila Moreno es mostrar que el capitalismo como sistema estratégico vigente no deja de ser demoledor; se autonombre como sustentable, des-carbonización o verde, en la medida que se basa en esa combinación perversa entre acumulación originaria de capital – extractivismo – y acumulación ampliada de capital – sea industrial, tecnológica-científica, cibernética o virtual y especulativa, sus repercusiones no dejan de ser destructivas.

Camila Moreno nos dice, que no se trata solamente de oponerse a las estrategias discursivas, operativas y políticas de los organismos internacionales, dispositivos de poder del orden mundial, sino de oponerse a las prácticas destructivas de los nichos y continentes ecológicos de los ciclos de la vida. En esta perceptiva, de oponerse a los discursos “ideológicos”, a los programas y al engranaje institucional de las políticas mundiales y gubernamentales de la implementación del capitalismo verde.

En tercer lugar, podríamos decir, que Camila Moreno, al interpelar al capitalismo verde, se coloca en una ruta seguida por los teóricos de la teoría de la dependencia, después por Francisco de Oliveira, el crítico marxista brasileño, que atraviesa el paradigma ortodoxo, para innovar en explicaciones específicas y singulares. Camila Moreno, no es ni lo uno ni lo otro, no pertenece al paradigma de la teoría de la dependencia, tampoco al marxismo critico al estilo de Francisco de Oliveira; empero, tiene algo en común, se rebela a los paradigmas heredados.

¿Cuál entonces el problema? No hay salida por el capitalismo verde, pues se trata de una política financiera, del uso especulativo del mercado, de la compra de retenciones de carbono, de la postulación verde, sin afectar a las causas, por así decirlo, del cambio climático. Es indispensable, acudir a una solución radical, que afecte a las raíces del problema. No es la salida la especulación financiera, no hay solución por el camino de la financiarización del capitalismo verde, sino lograr una salida del mundo “real”, del mundo del sistema-mundo capitalista.

En sentido especifico, si se quiere, concreto, no hay salía por maniobras financieras. El problema radica en la lógica abstracta de la acumulación de capital. También en las lógicas de poder del orden mundial, del imperio; así como en las lógicas de dominación interna de los Estado-nación. La salida se encuentra en otro horizonte, en otro mundo posible, que no tenga como presupuesto esta estrategia del dominio sobre cuerpos y campos de la vida.

Cuando hablamos así, mucha gente cree que esto es un romanticismo incurable. Consideran que el pecado de nuestras hipótesis es la ingenuidad y la inocencia ante un mudo descarnado y brutal. Puede parecer que sea sí; empero, se olvidan que lo que proponen desde el realismo político no es más que un logro probable, de corto alcance, en el decurso prolongado de los avatares de los ciclos de la vida. A propósito, Camila Moreno escribe:

La guía - del PNUMA- intenta una definición de trabajo para la Economía Verde, uno de los ejes centrales de la Rio+20:
“El PNUMA considera que una economía verde debe mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. En su forma más básica, una economía verde seria aquella que tiene bajas emisiones de carbono, utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente”.

En este intento de circunscribir ‘en su forma más básica’ lo que sería la economía verde, la formulación incorpora la centralidad que la métrica o ‘medición del carbono’ ha jugado en las políticas climáticas: la referencia a las toneladas métricas equivalentes de dióxido de carbono (tCO2e) como medida ‘objetiva’ del logro (o no) de sus objetivos de ‘bajar las emisiones’, en relación a la economía marrón y refrenda en la ‘descarbonización’ como una dinámica estructural para ‘enverdecer’ la economía[13].

Camila Moreno, propone escapar de las lógicas de la acumulación, obviamente, en esta perspectiva, escapar de las lógicas de la especulación financiera. Escribe:
El sistema económico actual es definido por el PNUMA como una Era of Capital Misallocation (Era del Capital Mal Asignado), en donde hemos ‘permitido’ que los negocios sigan bajo ‘externalidades ambientales y sociales significativas, ampliamente no contabilizadas y no verificadas’; frente a eso, poner un precio a la contaminación (y al carbono, las compensaciones, permisos de agua, la biodiversidad, servicios ambientales, etc.) es presentado como un engranaje central para seguir adelante, ‘para traer los cambios en los patrones de inversión privada y lograr historias de suceso, especialmente en los países en desarrollo’ [14].

La tesis primordial del capitalismo verde es pasar de la era del capital mal asignado a la era del capital bien asignado. Es un problema de asignación o de colocación del capital, de las inversiones, de las finanzas. De eso se trata. La argumentación de este discurso no podía ser más liviano. Para los “ideólogos” del capitalismo verde se trata de un problema administrativo. No se les puede pedir a estos señores y señoras una reflexión sobre las consecuencias del modo de producción, que tiene en su base la expansión desbordante del extractivismo, que tiene en su desenvolvimiento la generación masiva de contaminaciones y depredaciones, que tiene en su horizonte la reiteración viciosa de los ciclos degenerativos del capitalismo.

Más abajo, Camila, de manera más elocuente, escribe:
A título de ejemplo de cómo esta pre-especificación de las externalidades (costo de las emisiones resultantes del deforestación y los créditos por evitarla o reducirla) es la guía del PNUMA, apunta al mecanismo de REDD+, que aún aguarda reglamentación definitiva bajo las negociaciones de la Convención del Clima, como el ‘régimen de REDD+’ siendo que ‘tal vez - esta sea - la mejor oportunidad en la actualidad para facilitar la transición a la economía verde para el sector [global] de bosques’.[15] 

Describiendo y analizando no solo la propuesta del capitalismo verde, sino también su implementación, Camila Moreno expone:
Así como la contabilización de las externalidades ‘sociales y ambientales’ es un engranaje central para seguir adelante en la economía verde, la creación de nuevos activos económicos es estructural.
En la constelación de temas que apuntan lo que ya nos estaría llevando hacia una economía ‘verde’ está la incorporación de una nueva medición de la riqueza de los países a través del ‘PIB verde’, que sería la cuantificación y contabilización de los llamados ‘activos ambientales’ (como se definen el carbono, la biodiversidad, el agua, etc.). El carbono ya es un activo negociado bajo mecanismos internacionales como el MDL y en los mercados voluntarios; están en desarrollo nuevos mecanismos y mercados que incorporen otros activos verdes. Estos activos, comercializados como los nuevos títulos ‘verde’ son de interés por ejemplo para los bancos y empresas, que necesitan cada vez más de titularización (o secularización) ambiental de sus emprendimientos e inversiones.

Los mercados de carbono (y un precio global al carbono) figuran como la principal apuesta de los gobiernos y de los marcos políticos de combate al cambio climático, así como la espina dorsal de las propuestas para una economía verde o de bajo carbono. El ‘carbono’, esta nueva commodity global y la más emblemática de este momento de la acumulación, que se desenvuelve sobre los bienes y servicios intangibles, ha acumulado desde su creación oficial en 2005 (cuando entra en operación el esquema de comercio de emisiones de la Unión Europea) un valor global de US$ 142 billones de dólares (cifras de 2011, referentes al año 2010).[16] Este valor es obtenido comerciando más de 7 billones de toneladas de CO2, representadas en las Certified Emisson Reduction (CERs, o Reducción Certificada de emisiones), el principal título de la economía financiera del carbono. La falta de claridad sobre el marco regulatorio para el período pos 2012 (cuando expira el primero periodo de compromiso del Protocolo de Kyoto, que debe ser reemplazado por un nuevo acuerdo global hasta 2015) es la principal traba actualmente a su expansión.[17]

Las CERs son el primer ejemplo de cómo se estructura la financiarización y el comercio de los llamados ‘activos ambientales’. Su principal característica es la fungibilidad: en sí, una CER es un título negociable en el mercado financiero que representa la reducción de emisiones de 1 tonelada métrica de dióxido de carbono equivalente (tCO2e).[18]

En el proceso de construcción del ‘PIB verde’, estos nuevos ‘activos’ son de a poco transformados en una clase de variables macroeconómicas, como se lo ha iniciado ya con los inventarios de carbono y la incorporación de sus ‘stocks’ en las cuentas nacionales. Por ejemplo, a la transformación del carbono en un indicador macro-económico, argumentándose que eso conduciría a una indicación ‘más verdadera’ del nivel ‘real’ de la economía y de la viabilidad del crecimiento en renta y empleo para los países.

Con el objetivo de ‘hacer para la biodiversidad lo mismo que el Informe Stern había hecho para el clima’, ‘hacer visible el valor de los servicios de la naturaleza’ y con eso, ‘influenciar negocios y decisiones adoptados por los países’, hace la recomendación para la elaboración del estudio The Economics of Ecosystems and Biodiversity (La Economía de los Ecosistemas y de la Biodiversidad), conocido por su sigla TEEB. Una pieza clave de la arquitectura de la economía verde.[19] El pedido para la realización del estudio surgió de la reunión del G8+5 en 2007; fue coordinado por el economista hindú Pavan Sukdev, ex-diretor de Banco Mundial, al momento director de la división de nuevos mercados del Deutsche Bank (el Banco Alemán). En su año sabático, coordinó el estudio desde el PNUMA, con la legitimidad de la ONU.

El TEEB calculó que la destrucción de los activos de la naturaleza, como bosques y humedales, entre otros, causa pérdidas anuales de por lo menos US$ 2,5 trillones en el mundo, y que los costos para proteger la biodiversidad y los ecosistemas son más bajos que el costo de dejar que ellos disminuyan. Se estimó el valor económico de bosques, agua, suelo y corales, entre otros, así también el costo ocasionado por la pérdida de estos recursos. Uno de las principales logros del TEEB es que introduce metodologías de cálculo y una métrica para referencia internacional, con varias categorías de servicios ambientales; contando con capítulos distintos para cada uno de los diferentes sectores de la sociedad (diseñadores de políticas, sector de negocios, sociedad civil, gobiernos locales, etc.) Tiene como objetivo general contabilizar el costo económico de las implicaciones de pérdida de biodiversidad, así como la cuantificación del retorno de ‘inversiones’ por cuenta de la conservación de la biodiversidad.

El TEEB fue recibido oficialmente por los países en el marco de la 10 COP de la Convención de Biodiversidad, realizada en octubre de 2010 en Nagoya, Japón. Es hoy la principal referencia internacional para subsidiar a los países involucrados en la valorización de la naturaleza, en consideración a su adaptación de políticas públicas de valoración del Capital Natural.

Este movimiento estructural, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, es indicativo del proceso a través del cual, concretamente, se está promoviendo la incorporación del ‘Capital Natural’; concepto central en este momento de la acumulación. En el lanzamiento del TEEB el líder del proyecto, Pavan Sukdev expresó que “estamos viviendo del capital de la Tierra, precisamos aprender a vivir de las ganancias”.

El Banco Mundial lanzó el primer semestre de 2012 el informe Inclusive Green Growth: The Pathway to Sustainable Development (Crecimiento verde inclusivo: El camino hacia un desarrollo sostenible). El documento es presentado como un ‘marco analítico, que tiene en cuenta las limitaciones del sistema marino, terrestre y atmosférico, para llevar a cabo planes para el crecimiento económico necesarios en la consecución de reducción de la pobreza’. Pretende ‘desmitificar la concepción de que el crecimiento verde es un lujo que la mayoría de los países no se puede dar’. Los principales obstáculos serían ‘las barreras políticas, los comportamientos muy arraigados y la falta de instrumentos financieros adecuados’. El crecimiento ‘verde e inclusivo’, a la moda del Banco Mundial, se presenta como un incentivo a los Gobiernos a ‘cambiar su enfoque en materia de políticas de crecimiento, para lograr una mejor medición, no solo de lo que se está produciendo, sino también de lo que se está consumiendo y contaminando en el proceso’; de este modo incluyendo así las ‘externalidades’ en el cómputo general del cálculo económico. Para este fin, según el Banco, es urgente ‘asignar valor a las tierras de cultivo, los minerales, los ríos, los océanos, los bosques y la biodiversidad, así como otorgar derechos de propiedad’; lo que ‘brindará a los Gobiernos, a la industria y a las personas suficientes incentivos para gestionarlos de una manera eficiente, inclusiva y sostenible’[20].

Estamos ante una evaluación cuantitativa, ante una descripción, que se pretende de científica; en ese sentido, estamos ante propuestas operativas e instrumentales para solucionar el problema identificado: el cambio climático. Sin embargo, esta evaluación descriptiva y cuantitativa está muy lejos de comprender el problema. El problema no radica en la desmesura del impacto de la “falla del mercado”, en la falta de contabilización de los costos transferidos a la naturaleza, sino en una lógica cualitativa, inherente al sistema-mundo capitalista; esto es, la estrategia de acumulación basada en la destrucción de la naturaleza. Lo que hay que poner en cuestión es esta lógica abstracta, esta obsesión y compulsión por el dominio. Ninguna financiarización de políticas reductivas, menos agresivas con la naturaleza, podrá alcanzar los objetivos de un menor impacto en el cambio climático. Lo único que se podría lograr con estos procedimientos especulativos es prolongar el lapso de diferimiento de una crisis ecológica de gran alcance.

Camila Moreno continúa con su balance, que lo subtitula como La economía verde como narrativa unificadora del capital financiero; escribe:
El rasgo diferencial de la narrativa unificadora de la ‘economía verde’ es la instauración del concepto de Capital Natural, concepto que constituye hoy una demanda central del capital financiero. En larga medida, la condición para la reproducción de este. Bajo el concepto estructurante de Capital Natural, activos antes ‘invisibles’ a la economía tradicional, tal como los ‘servicios ambientales’ (donde se incluyen carbono, biodiversidad, agua, y otros) son apropiados, medidos y valorados para su negociación en los mercados. En un momento en el cual la economía mundial es absolutamente dependiente y controlada por el capital financiero, con el mismo capital financiero en crisis, la creación e introducción de nuevos ‘activos’ en el mercado financiero, a través de la expansión de la financiarización, es la principal estrategia de apalancamiento de la economía ‘verde’.
La naturalización del Capital Natural como una realidad económica - pero también social, cultural y política -, conlleva un nuevo momento de acumulación primitiva, con la captura, cercamiento, de estos ‘activos ambientales’; creando exclusión (separando componentes indivisibles de la biodiversidad y de los ecosistemas), asegurando que los que antes era un bien común, pueda ser transformado en propiedad privada. [21] ¿Pero cómo privatizar y poseer el aire?

Para eso, son necesarios mecanismos que vinculen los recursos naturales y los bienes comunes – en adelante llamados ‘activos ambientales’ - a los mercados y a su lógica. Estos son cuantificados, monetizados y transformados en títulos o papeles ‘verdes’ (como los créditos de carbono); los cuales, para que tengan un referente de su valor real, necesitan garantizar su ‘seguridad jurídica’, o sea, que estos títulos representen nuevos derechos reales de propiedad privada.

Así ya lo son, por ejemplo, los ‘derechos al carbono’ (carbon rights), que se expresan bajo nuevas formas de control (como las metodologías para ‘medir/cuantificar, reportar y verificar’ el estoque de carbono), así como en regulaciones de contratos, en lo que respecta al acceso y al manejo en los territorios donde estos ‘activos’ efectivamente están; como por ejemplo un bosque bajo un contrato de pago servicios ambientales o de REDD+.

Para que esta clase de activos se constituya en Capital Natural es necesario identificar los ‘bienes y servicios ambientales’, como se denominan bajo esta lógica el agua, la biodiversidad y el carbono; así como la belleza escénica, la polinización, etc. El ‘valor’ que tienen en el funcionamiento de los ecosistemas. Estas funciones ecológicas son clasificadas y divididas como ‘servicios’, según las categorías propuestas por el estudio TEEB, documento de referencia citado anteriormente: servicios de provisión que incluye bienes ambientales tales como agua, maderas, fibras; servicios de regulación que incluye regulación del clima, de vectores de enfermedades, regulación del suelo, entre otros; servicios culturales y/o espirituales, que dependen de las percepciones colectivas de los humanos acerca de los ecosistemas y de sus componentes; servicios de sustento o soporte, que son procesos ecológicos, los que aseguran el funcionamiento adecuado de los ecosistemas, por ejemplo, la fotosíntesis.

El valor económico global de la actividad de polinización de los insectos fue estimado por el INRA (Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia) en 153 billones de euros anuales, lo que correspondería al 9,5% del PIB agrícola mundial para la alimentación humana. Este monto es relativo a los precios de las commodities agrícolas de 2005.[22] El estudio cuantificó el impacto para los consumidores, en términos de la declinación de la producción y del incremento de los precios de los alimentos. Al mismo tiempo, este tipo de cálculo, pretende reforzar los argumentos demostrativos del ‘valor’ invisible de la biodiversidad (actividad de los insectos en la polinización y cuanto eso significa para la agricultura). Una ‘externalidad’ no contabilizada en el cálculo económico actual. Lo hace traduciendo el ‘valor’ en un ‘precio’, que (aun hipotéticamente) tiene como referencia un mercado, como la disposición a pagar para ‘conservar’ este servicio que los insectos hacen ‘gratis’.

Los ‘activos ambientales’, que conforman el Capital Natural como el carbono, el agua y la biodiversidad, están tomados como lastre para garantizar este nuevo paso de acumulación. Paso, de incorporación en la contabilización de valor y riqueza de los países, ya dado; es un proceso ya en curso. La experiencias locales y nacionales que desarrollan y amplían esta nueva frontera de la lógica de la mercancía, así como la perspectiva de la constitución de mercado global para estos ‘servicios’, ilustra, en términos actuales, la elasticidad y capacidad de acaparamiento y apropiación de las fuerzas productivas que mueve la acumulación descrita por Rosa Luxemburgo[23].

Karl Marx decía que la tierra no tiene valor en sí, valor dinerario, que es el capitalismo, la contabilidad capitalista, la que le atribuye abstractamente un valor, desde la perspectiva de la valorización dineraria de la lógica del capital. Se refería a la renta. Ahora asistimos a la generalización de la valorización capitalista; a todos los lugares de la tierra el capitalismo les atribuye valor, hasta los rincones más recónditos adquieren esta medida aritmética. No se salva ningún organismo vivo, tampoco ninguna molécula. Aunque a ninguna partícula infinitesimal del estallido inicial, big bang, contenga inherentemente esta contabilidad abstracta de la valorización capitalista, el modo de producción capitalista les atribuye esta conmensuración cuantitativa. El discurso del capitalismo verde habla de capital natural; es decir, la naturaleza es un capital inicial, por así decirlo. Por lo tanto, se puede también concebir a la naturaleza como una empresa inicial. ¿Esta empresa es privada o pública? La violencia del modo de producción capitalista sobre la naturaleza no solamente acontece mediante las múltiples formas del modelo extractivista, sino también se trata de una violencia metafísica, recordando a Jacques Derrida, que comenta a Emmanuel Levinas, en un texto que se titula Violencia y metafísica [24]. La violencia metafísica consiste en reducir las dinámicas de los ciclos vitales a figuras elementales, susceptibles de cuantificación. El capitalismo verde, como toda la ciencia positiva de la modernidad, diseca las plurales formas de vida, para poderlas contar. Lo que está contando es las formas disecadas de la muerte, no las formas dinámicas de la vida. Se trata de otra manera de matar la vida, de imaginarla de esta manera, disecada, detenida, inmovilizada, para poder medir lo que esta contabilidad y aritmética elemental llama valor. Con esto creen los “ideólogos” del capitalismo verde que restituyen a la naturaleza lo que se le quita, creen que con estos procedimientos financieros se compensa la destrucción del planeta y los atentados sistemáticos contra los ciclos de la vida. Así como lo expresa elocuentemente Pavan Sukdev: “estamos viviendo del capital de la Tierra, precisamos aprender a vivir de las ganancias”.

Fuera de que se reduce la tierra a la representación del capital natural, habría que preguntarse ¿quiénes viven de ese capital? ¿Quiénes pueden aprender a vivir de las ganancias? Este procedimiento de financiarización verde resuelve el problema del cambio climático preservando las causas, buscando apaliar las consecuencias. No habrá otro método más tramposo, aunque sofisticado por la minuciosa cuantificación, que oculta la estructura del problema al momento de edulcorar la violencia sistemática del capitalismo contra la naturaleza. Por otra parte, a todo esto hay que añadirle, que también es un gran negocio. La ganancia no se detiene; la inversión financiera tiene réditos, además de propietarios virtuales de bienes de la naturaleza, de bosques, de territorios, de recortes geográficos y geológicos. 

Camila Moreno hace el diagnóstico: 
La ingeniería va en camino de para que esta nueva ‘riqueza de las naciones’, los activos que conforman el Capital Natural, puedan ser pronto monetizados, registrados, transformados en títulos financieros, negociados en el mercado financiero. El cómo evaluar los estoques de carbono en términos monetarios, su incorporación en las cuentas nacionales, es la tarea que desarrolla actualmente el System of Environmental and Economic Accounting (SEEA), el Sistema de Contabilidad Económico Ambiental, de la División de Estadística de las Naciones Unidas y el ‘adjusted net savings methods’ del Banco Mundial.[25]

El lanzamiento de la Declaración sobre el Capital Natural[26] (uno de los puntos altos de la Conferencia Rio+20), ‘una declaración y llamado a la acción del sector financiero para trabajar hacía la integración de las consideraciones del Capital Natural en nuestros productos y servicios financieros en el siglo 21’, que incluye una ‘hoja de ruta para que la industria financiera contabilice la Naturaleza’[27]. Treinta y nueve bancos, inversionistas y aseguradoras, junto a más de sesenta países, así como más de noventa corporaciones privadas como Unilever, Puma y Dow Chemical, entre otras, hicieran un llamado colectivo para la contabilización y valoración del capital natural en la Rio+20.

El Banco Mundial también ha estado apoyando a países a contabilizar su capital natural, considerando los sistemas nacionales de cuentas a través de una contabilidad global llamada WAVES (por su sigla en inglés, Wealth Accounting and the Valuation of Ecosystem Services - Contabilidad de la Riqueza y Valoración de Servicios Eco-sistémicos, en traducción libre),[28] y en el intercambio de experiencias concretas a partir de su plataforma SEEA (System of Environmental-Economic Accounting- Sistema de Contabilidad Económico-Ambiental, en traducción libre). En la región latinoamericana, con este apoyo, Costa Rica y Colombia ya están implementando la metodología de valoración de sus ‘activos ambientales’.

En esta tarea de asesorar a los países, en la tarea de contabilizar el Capital Natural en sus cuentas nacionales, la representante del Banco Mundial expresó: ‘Capital Natural es algo fundamental a lo que hacemos como Banco Mundial y lo que queremos ser, (…) trabajar con el Capital Natural es volver al nuestro negocio original (our core business). Después de la Segunda Guerra Mundial, en los años 50, fuimos de país en país ayudándolos a colocar sus cuentas nacionales en orden. Hoy, ayudar a los países a poner el Capital Natural en las cuentas nacionales, hacer de eso una realidad, es central para lograr la respuesta a las múltiples crisis, debidas al cambio climático, manifestadas en la volatilidad de los precios de los alimentos’.[29]

Después de este diagnóstico, de este estado del arte del discurso del capitalismo verde, Camila hace la conclusión del análisis:
Desde la perspectiva que quisiéramos destacar, esta nueva narrativa hegemónica ‘verde’ ha logrado gran eficacia en dar el aliento y la legitimidad necesarias al salto hacia un nuevo ‘piso’ de acumulación, salto que reposa fundamentalmente sobre el concepto de Capital Natural. El plan ambicioso de contabilizar, valorizar e incorporar a los mercados - a través de la compra y venta de los servicios ambientales, como ya lo apuntan los existentes mercados de carbono, biodiversidad y crecientemente, agua - todo un ‘portafolio’ de bienes y servicios ambientales (incluyendo los intangibles, culturales, etc.), así como a las ‘infraestructuras naturales’ (como ahora se lo denominan los ríos, suelos, bosques etc.) [30]; los cuales, hasta el momento, fueron ‘gratuitamente’ ofrecidos por la naturaleza.

La economía verde en este sentido es una falsa solución. Es claro que no se presenta contraria a la continuidad de la actual economía ‘marrón’ extractiva e intensiva en energía; sus mecanismos ‘verdes’ son concebidos, de tal forma, que la creación de valor, bajo su lógica, vuelve a estos mecanismos complementarios e interdependientes respecto de la economía actual. Funcionando como una forma de economía espejo: es justamente la escasez y contaminación de los recursos, generadas por la economía actual, que plasman valor a los ‘activos ambientales’ de la economía verde. Al fin, ¿si la agua fuera abundante y limpia, quienes se dispondrían a pagar, y caro, por ella? ¿Si el aire fuera limpio sano y sin contaminación, cómo vender los servicios de los bosques como sumideros de carbono?

Frente a la experiencia acumulada por parte de la actividad crítica de la sociedad civil, considerando y contrastando con estos saberes colectivos, logrados a lo largo de la última década en la confrontación, resistencia y creación de alternativas a la globalización, al libre comercio, al neoliberalismo y al Consenso de Washington, se presenta – esta estrategia financiera del capitalismo verde - como un retroceso muy grande. Nos encontramos ante la cristalización de un nuevo consenso, un consenso ‘verde’, que, nuevamente, se pronuncia como discurso, enunciando fatalmente, como condena, de que solamente con los mecanismos económicos, así como de la generalización de la racionalidad instrumental, aplicados sobre decisiones vitales – con relación al clima, al sistema alimentario, al agua, etc. -, lograremos hacer la transición necesaria. Transición que nos va garantizar la continuidad de la vida en el planeta.

Rio +20 fue un momento crucial en el proceso de cristalización de este nuevo consenso; no el evento en sí mismo, sin embargo, una necesaria puesta en escena, que avizora una trayectoria más larga. Los actores hegemónicos en este proceso están dando pasos concretos y estructurales en incorporar de hecho el capital natural a la realidad económica.

Considerando el contexto de energía y recursos cada vez más escasos y disputados, con las particularidades distintas de las últimas décadas, como la del peso que tomó la cuestión climática, tenemos la tarea de desconstrucción del discurso ‘verde’, discurso efectuado en las mismas políticas de ajuste, reformas legales, flexibilización de derechos y asalto a los bienes comunes. Lucha, crítica y deconstrucción como cuando nos confrontamos contra las políticas neoliberales. En el contexto de la re-significación de las luchas y de la necesidad de enfrentar juntos a la crisis ambiental real, es urgente reflexionar junto a amplios sectores de la sociedad, incluso a actores aliados - ¿por qué este ‘verde’, no es tan verde como se presenta? -. De ninguna manera debemos caer en la trampa del reciclaje del discurso hegemónico del desarrollo y crecimiento.

En esta ruta, la denuncia y la resistencia al salto hacia la financiarización y captura del Capital Natural se hace imperativo, es de suma urgencia; así como, en el horizonte de movilización y construcción de alianzas, está la tarea imprescindible de construcción de una verdadera transición ecológica y energética; tarea central e ineludible en el reto de superar el capitalismo.

Hacer frente a esta tarea está en nuestras manos; la defensa y promoción intransigente de los bienes comunes y la construcción continua de formas comunales de gobernanza. Nos toca interpelar a nuestros Estados y los gobiernos, en términos de cómo están actuando para ‘comunizar’, refrendar y asegurar los bienes comunes, así como respecto a las prácticas en torno de los mismos. Precisamos afirmar los bienes comunes como antídoto, como una idea fuerza, que sustente una narrativa nuestra, capaz de vincular las prácticas emancipatorias, prácticas que existen, que resisten y que toman forma en lo cotidiano, donde se afirman como un modo de producción vital, capaz de suplir las necesidades enfocadas hacia el bien estar, estableciendo, mas bien, la perspectiva del vivir bien, más allá del desarrollo[31].

Este análisis crítico, deconstructivo, del discurso del capitalismo verde, es minucioso en el desmontaje de los argumentos vertidos por los organismos internacionales y los “ideólogos” de este diagrama de poder financiero. Nos sitúa en el contexto mundial actual, recorrido por estos dispositivos de dominación correspondientes a la forma más abstracta del capitalismo, la relativa a la especulación financiera. Camila Moreno ha mostrado al detalle los métodos y procedimientos, los conceptos, las tesis, los cálculos, de este despliegue global “verde”, que funciona como mega-gigantesca red que busca atrapar al planeta como si fuera una corriente de peces y especies comerciales.

Puntualizando, se trata de una nueva narrativa del poder, no solamente legitimadora del modo de producción capitalista, sino, sobre todo, del modelo inherente, el extractivista colonial. También se trata de la mercantilización de todo ser y de todo ciclo vital; la extensión inaudita del mercado más allá de las mercancías, propiamente dichas. Abarcando las extensiones y los nichos de la vida, incluyendo sus lugares infinitesimales. Claro que no pueden imaginarse abarcar los espesores del tejido del espacio-tiempo de la plural y proliferante vida, pues su ciencia es plana, no puede, está imposibilitada, de pensar, concebir y moverse con soltura por esta textura curva.

Siguiendo con la puntualización, el capitalismo verde es una falsa solución o una solución tramposa. Es más de lo mismo; estamos ante un capitalismo multicolor, un capitalismo camaleón. Continua en la misma economía política, la de la bifurcación ente valor de uso y valor abstracto, apropiándose de la energía cristalizada en el valor de uso, representando esta apropiación, esta privatización del trabajo colectivo y del intelecto general, en la métrica aritmética de la valorización abstracta. Expande esta privatización a los bienes comunes, incluso más allá, sugiriendo capturar la energía dinámica de la vida, buscando apropiarse de los organismos y ciclos vitales, representando esta apropiación en la cuantificación de la contabilidad verde.

Por otra parte, el discurso del capitalismo verde es cínico, pretende venderlos los desechos que el mismo capitalismo ha provocado; agua contaminada, aire contaminado, tierra esterilizada. Las víctimas de las atrocidades del capitalismo tienen que escuchar estos comerciales; se persigue convencerlas de las bondades de este mercado bursátil de lo común, de lo que es accesible directamente, que forma parte de los ciclos de la vida. Es una nueva versión de la expropiación de lo común por parte de lo privado y de lo público, de estas empresas encargadas de engullir egregia, engullir vida, transformándolas en productos despojados de vitalidad, transformándolas, ahora, con el capitalismo verde, en servicios ambientales.

La convocatoria de Camila Moreno es apasionante. Hay que volver a luchar como lo hicimos antes, contra las dominaciones multiformes del capitalismo cambiante en su propia historicidad. La potencia de la vida contra el bio-poder. 

Notas
[1] Rosa Luxemburgo: Acumulación del Capital, Capitulo XXVI La reproducción del capital y su medio ambiente. http://grupgerminal.org/?q=system/files/LA+ACUMULACI%C3%93N+DEL+CAPITAL.pdf
[2] Camila Moreno: Economía verde: En lugar de una solución, la nueva fuente de acumulación primitiva. Fundación Rosa Luxemburgo; Quito 2013.
[3]UNEP (2011) http://www.unep.org/greeneconomy/
[4]UNDP(2011)
http://www.undp.org/content/undp/en/home/ourwork/environmentandenergy/focus_areas/climate_strategies/green_lecrds_guidancemanualsandtoolkits.html  
[5]UNCTAD (2010) The Green Economy:Trade and Sustainable Development Implications
http://www.unctad.org/en/docs/ditcted20102_en.pdf
[6]OECD (2011) Towards Green Growth
http://www.oecd.org/document/10/0,3746,en_2649_37465_44076170_1_1_1_37465,00.html
[7]WB (2011) Moving to a Green Growth Approach to Development
http://web.worldbank.org/WBSITE/EXTERNAL/TOPICS/EXTSDNET/0,,contentMDK:22865936~menuPK:64885113~pagePK:7278667~piPK:64911824~theSitePK:5929282,00.html
[8]ADB (2011) Greening Growth in Asia and the Pacific
http://beta.adb.org/features/report-greening-growth-asia-and-pacific
[9]EUROPARL(2011)http://www.europarl.europa.eu/en/pressroom/content/20110929IPR27849/html/MEPs-call-for-global-green-economy-targets
[10]Price Water House (2012); http://www.pwc.com/en_M1/m1/publications/Blueprint-Green.pdf;
[11]B20 (2012) http://b20.org/documentos/B20-Complete-Report.pdf  El B20 es la reunión del sector de las empresas de los países miembros del G20; se reúnen colateralmente a los encuentros del G20 desde la reunión de este en Toronto, Canadá, en 2010.
[12] Camila Moreno: Ob. Cit. Pág. 1.
[13] Camila Moreno: Economía verde: En lugar de una solución, la nueva fuente de acumulación primitiva. Fundación Rosa Luxemburgo. Quito 2013.
[14] Camila Moreno: Economía verde: En lugar de una solución, la nueva fuente de acumulación primitiva. Fundación Rosa Luxemburgo. Quito 2013. págs. 13-14.
[15] UNEP (2011) Towards Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Erradication. p.7
[16] http://siteresources.worldbank.org/INTCARBONFINANCE/Resources/StateAndTrend_LowRes.pdf
[17] En función de eso, los precios de las CERs cayeron cerca de 70% a lo largo del ultimo año, alcanzando su menor precio histórico (US$ 3 a tonelada) http://www.reuters.com/article/2012/07/30/carbon-market-idUSL6E8IU8Q820120730
[18] http://en.wikipedia.org/wiki/Carbon_dioxide_equivalent
[19] www.teebweb.org
[20] Camila Moreno: Ob. Cit.; Págs. 17-20.
[21] Terra de Direitos (2011) Pagamento por Serviços Ambientais e Flexibilização do Código Florestal para um Capitalismo “Verde”. http://terradedireitos.org.br/wp-content/uploads/2011/08/Analise-PSA-CODIGO-Florestal-e-TEEB-_Terra-de-direitos.pdf ; Biodiversidade à venda?: http://br.boell.org/downloads/pdf_teeb_final_05-12.pdf
[22] http://www.international.inra.fr/research/some_examples/insect_pollination; Gallai N, Salles J-M, Settele J, Vaissière B, “Economic valuation of the vulnerability of world agriculture confronted with pollinator decline” .
ECOLOGICAL ECONOMICS. August 2008 doi:10.1016/j.ecolecon.2008.06.014
[23] Camila Moreno: Ob. Cit.; Págs. 20-22.
[24] Revisar de Jacques Derrida Violencia y metafísica; en La escritura y la diferencia. Anthropos; Barcelona 1989.
[25] Where is the Wealth of Nations? Measuring Capital for the 21st Century. World Bank: Washington, D. C. (2006), p. 123
[26]http://www.naturalcapitaldeclaration.org/wpcontent/uploads/2012/04/natural_capital_declaration_es.pdf
[27] http://www.naturalcapitaldeclaration.org/wp-content/uploads/2012/07/NCD_Roadmap.pdf
[28] http://www.wavespartnership.org/waves/ ; http://www.worldbank.org/en/news/2012/06/20/massive-show-support-action-natural-capital-accounting-rio-summit
[29] Side event: Mainstreaming Natural Capital and the CBD objectives. Evento paralelo (side event) at COP 17, CBD, Hyderabad, India.
[30] Vease por ejemplo el survey: (2012) Corporate EcoForum. The Business Logic of Investing in Natural Infraestructure. http://corporateecoforum.com/assets/pdf/CEF%20Finance%20&%20Investment%20Summary.pdf
  
[31] Ibídem: Págs. 20-25. 
http://www.rebelion.org/


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