"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

16/11/16

David Harvey contra Karl Marx sobre las Crisis del Capitalismo (I & II)

Andrew Kliman

 Parte I: Malinterpretando a Marx
La ley del descenso tendencial en la tasa de ganancia es indispensable para explicar la Gran Recesión y para entender cómo prevenir crisis económicas importantes en el futuro
Karl Marx ✆ Stanislav Belovski 
David Harvey, un conocido geógrafo marxista ha publicado recientemente el borrador de un artículo (Harvey 2014) que critica enérgicamente la “ley del descenso tendencial de la tasa de ganancia” (LDTTG) de Carlos Marx, su lugar dentro de la teoría de las crisis económicas capitalistas de Marx y su relevancia para con la Gran Recesión y las prolongadas consecuencias de la recesión. La ley dice que la tasa de ganancia tiende a descender debido al progreso tecnológico que ahorra en mano de obra y que tiene lugar en el capitalismo. Al reducir los costes de producción, la innovación tecnológica tiende a evitar que los precios de los productos aumenten, y esto hace que los beneficios de las compañías tengan más difícil el incrementarse tan rápidamente como la cantidad de capital que invirtieron para producir sus productos.

La posibilidad de que este proceso sea una de las causas subyacentes de la Gran Recesión es una cuestión de gran importancia política. Se juzga si las políticas que intentan hacer que el capitalismo funcione mejor –reemplazar el neoliberalismo con capitalismo estatista, la regulación financiera, reducir la desigualdad, políticas que favorecen la producción antes que las finanzas, etc.- pueden tener éxito en prevenir crisis económicas graves en el futuro. La teoría de las crisis basada en la LDTDG sugiere que tales políticas no pueden tener éxito en última instancia, porque dejan intacta la búsqueda de maximizar beneficios y el vínculo entre progreso tecnológico y rentabilidad decreciente, que son la quintaesencia de todas las formas de capitalismo. La principal crítica de Harvey sobre la LDTTG y la teoría de las crisis basada en la misma es que son mono-causales: ignoran otras causas de las crisis así como los factores que contrarrestan, y sus principales defensores la presentan normalmente de forma en que “excluyen la consideración de otras posibilidades”. Sostendré que esto es un muñeco de paja.

English
El verdadero problema no es que nadie haya defendido una teoría mono-causal, sino que Harvey defiende lo que podríamos llamar una teoría apousa-causal, una en la que la LDTTG no juega ningún papel en absoluto (apousa en griego significa “ausente”). Es el único que está intentando evitar que algo se considere. A la luz de su énfasis en el “torbellino de fuerzas en conflicto” del capitalismo y sus “múltiples contradicciones y tendencias de crisis”, uno podría esperar que nos pidiese que considerásemos todas las causas potenciales de la crisis, y no excluyéramos nada. Sin embargo, Harvey no está simplemente sugiriendo que otras potenciales causas de la crisis se consideren junto a la LDTTG. Parece que está decidido a que ésta y la teoría de las crisis basada en la misma se lancen a la papelera de la Historia. Gran parte de su artículo está dedicado a cuestionar si la LDTTG es una auténtica ley, si Marx realmente la defendió hacia el final, si hay buenos indicios [evidence] de que la tasa de ganancia descendiera, y de si descendió por las razones por las que la ley dice que tiende a descender. Responderé a todo esto también.

También trataré otros dos aspectos del artículo de Harvey:
Harvey afirma que el crecimiento de la fuerza de trabajo a nivel global desde los años 80 sugiere que la LDTTG no ha actuado. Mostraré cómo esta afirmación se basa en una mala comprensión básica de la ley.
Harvey afirma que Marx defendía que “si los salarios son demasiado bajos[,] entonces la falta de demanda efectiva supondrá un problema”. Mostraré cómo esto contradice su propia interpretación reciente del texto de Marx (Harvey 2012), y defenderé que la primera vez lo entendió correctamente.
Quiero aclarar que su actitud ante la LDTTG no es ni sorprendente ni única. Aunque escribe que la teoría de las crisis basada en la ley de Marx “mantiene una posición icónica en el imaginario marxista”, en realidad ningún otro concepto ha sido tan rechazado. En la academia así como en el reino político, otros marxistas e izquierdistas han denunciado de forma regular el supuesto dogmatismo de la teoría y de quienes la apoyan, y han intentado excluir la teoría de considerarse. Por ejemplo, en su History of Marxian Economics, los profesores M.C. Howard y J.E. King (1992, p.xiii) escribieron que la LDTTG “ha hecho mucho daño a las credenciales intelectuales de la economía política marxiana”, mientras que la organización de Kshama Sawant, Comittee for a Workers’ International, recientemente suspendió de militancia a dos “dogmáticos”. Es particularmente rechazable que los esfuerzos para excluir una explicación potencial de consideración se presenten como oposición al dogmatismo y que esta distorsión se acepte tan a menudo.
Los datos de la fuerza de trabajo
Harvey cita estadísticas que sugieren que la ocupación se ha incrementado notoriamente –la fuerza de trabajo global se incrementó en 1.100 millones de trabajadores entre 1980 y 2005- y trata de utilizar esto como prueba contra la idea de que la tasa de ganancia global ha descendido. Dedica más de mil palabras al tema, llegando a la conclusión de que
aquellos que atribuyen los problemas actuales del capitalismo contemporáneo a la tendencia de la tasa de ganancia a descender están, en base a estos datos de participación en el trabajo, gravemente equivocados. Las condiciones apuntan a un incremento enorme en la producción y extracción del plusvalor y no a una reducción.
Los datos ciertamente sugieren que la masa –la cantidad absoluta- de plusvalor o ganancias ha aumentado. Pero el problema aquí es lo que le ocurrió a la tasa de ganancia, la cantidad de plusvalor o ganancias como porcentaje del volumen de capital invertido. Un incremento en el numerador de una razón (tasa) no es una prueba de que la razón haya aumentado. Si el incremento porcentual en el denominador de la tasa de ganancia, el capital invertido, fuera mayor que el incremento porcentual en el numerador, entonces la tasa de ganancia caería. Dado que Harvey no muestra, y ni siquiera sugiere, que el denominador no llegara a incrementarse por un porcentaje mayor, la estadística que cita simplemente no es prueba de que la tasa de ganancia aumentara.

Sin embargo, Harvey defiende que el incremento en el empleo es, por sí mismo –independientemente de ningún aumento en el capital invertido- prueba crucial de que la LDTTG de Marx no ha estado actuando desde principios de los años 80.
“Si la teoría general de la tendencia de las tasas de ganancia a descender es correcta, entonces la extensión de los cambios tecnológicos de ahorro de mano de obra… deberían traducirse en una tendencia decreciente del número de trabajadores asalariados empleados por el capital. Esto es algo que el mismo Marx reconoció”.
Esto es simplemente incorrecto. El pasaje que cita Harvey en apoyo de esa afirmación es que Marx “reconoció” que la LDTTG implica un declive en el empleo en realidad dice que el cambio técnico en ahorro del trabajo (“el desarrollo de la productividad”) “reduce la cantidad total de trabajo aplicada para un capital dado” (Marx 1991ª, pp.355-56; énfasis añadido). “Aplicada para un capital dado” significa “aplicada para un capital de un tamaño dado”. Si, por ejemplo, el capital invertido es originalmente de un millón de dólares y se emplea a 10 trabajadores, mientras que posteriormente el capital invertido es de cuatro millones de dólares y se emplean 20 trabajadores, el número de trabajadores empleados “por un capital dado” –por ej. por millones de dólares de capital- ha descendido desde 10 trabajadores a 5. Esto no significa lo que Harvey interpreta, básicamente, que el volumen absoluto del empleo ha descendido. El volumen absoluto de empleo se ha doblado, de 10 trabajadores a 20.

Además, en un tratamiento más extenso al principio de su presentación de la LDTTG, Marx negó explícitamente lo que Harvey dice que “reconoció”:
La ley de la caída progresiva de la tasa de ganancia… de ninguna forma evita que la masa absoluta de trabajo puesta en movimiento y explotada por el capital social crezca, y con ello, la masa absoluta de plusvalor de la que se apropia…
La caída en la tasa de ganancia no surge del declive absoluto en el componente variable del capital total, sino simplemente de un declive relativo, de su descenso en compración con el componente constante.
…La magnitud absoluta de ganancia, su masa total, debería por tanto haber crecido en un 50%, a pesar del enorme declive en la tasa general de ganancia. El número de trabajadores empleados por el capital, esto es, la masa absoluta de trabajo que pone en movimiento y por tanto la masa absoluta de plustrabajo que absorbe, la masa de plusvalor que produce, y la masa absoluta de ganancias que produce, pueden por lo tanto crecer, y hacerlo progresivamente, a pesar de la caída progresiva en la tasa de ganancia. Esto no sólo puede sino que debe ocurrir –descartando fluctuaciones temporales- en base a la producción capitalista (Marx 1991ª, págs. 322-24, énfasis en el original).
Sería difícil expresar una idea más clara y enfáticamente. Un aumento en el empleo simplemente no es prueba contra la LDTTG.
La “aparente duda y ambigüedad” de Marx
En un esfuerzo para justificar su “escepticismo desde hace tiempo sobre la relevancia general de la ley”, Harvey escribe, “sabemos que el lenguaje de Marx fue vacilando más y más entre llamar a su hallazgo ley, una ley de una tendencia y, en ocasiones, sólo una tendencia”. Pero lo que Harvey malinterpreta como duda entre “tendencia” y “ley” es en realidad una distinción inescapable entre lo que ocurre en el mundo y lo que explica por qué ocurre. Marx llamó la atención sobre que la tasa de ganancia tiene una tendencia a descender, y avanzó una ley que explica por qué tendía a descender. ¿Dónde está la duda? [1]

Tampoco dudó Marx entre llamar a la LDTTG una “ley” o llamarla una “ley de una tendencia”; consideraba todas las leyes económicas como leyes de tendencias. En el capítulo 10 del volumen 3 de El Capital, por ejemplo, escribió: “Asumimos una tasa general de plusvalor de este tipo como una tendencia, como todas las leyes económicas…” (Marx 1991a, p.275). La idea es bastante sencilla: uno no puede identificar una ley que explique cada fluctuación en una variable económica como la tasa de ganancia, porque estas fluctuaciones están gobernadas íntegramente por leyes. Están afectadas por todo tipo de contingencias e impedimentos. Uno sólo puede identificar leyes de tendencias que las variables muestran entre y a pesar de las contingencias e impedimentos.

Pero Harvey tiene más razones para su creencia de que Marx era ambiguo sobre la LDTTG. Por ejemplo, “Marx no hizo mención alguna a la tendencia de la tasa de ganancia a descender en sus escritos políticos como La Guerra Civil en Francia”. La Guerra Civil en Francia tampoco menciona fenómenos como el plustrabajo y el plusvalor. ¿Pensaría Harvey que esta ausencia es prueba legítima de que Marx tenía dudas acerca de la existencia del plustrabajo o el plusvalor? ¿Lo consideraría una justificación para su “escepticismo desde hace tiempo sobre (i)rrelevancia general”?

Como otra prueba de las supuestas dudas de Marx sobre la LDTTG, Harvey señala también que sus análisis de las crisis de 1848 y 1857 las presenta como “crisis comerciales y financieras” y se refiere al descenso de la tasa de ganancia sólo de pasada. Michael Krätke, un académico que estudia a Marx, ha defendido una idea parecida. Esto puede parecer una prueba importante a aquellos acostumbrados a la ahora-prevalente terminología marxista, en la cual las recesiones y depresiones se llaman crisis, pero el uso de términos ha cambiado bastante desde la época de Marx. Cuando se refería a las crisis económicas, quería decir las crisis comerciales y financieras. Distinguía estas crisis de los descensos económicos que desencadenan, caracterizando las fases sucesivas del ciclo de negocios como “periodos de actividad moderada, prosperidad, sobre-producción, crisis y estancamiento”, y “periodos de actividad media, producción bajo alta presión, crisis y estancamiento (Marx 1990, págs. 580, 785).

Además, Marx no consideró la tendencia de la tasa de ganancia a descender como una causa inmediata de las crisis comerciales y financieras. Defendía que el declive en la tasa de ganancia lleva a las crisis de forma indirecta y tras un cierto lapso. Promueve la sobre-producción (por ejemplo, deprimiendo la demanda de inversión productiva). También promueve la especulación financiera y el fraude: “Si la tasa de ganancia desciende… tenemos fraude y una promoción general del fraude, a través de intentos desesperados en la forma de nuevos métodos de producción, nuevas inversiones de capital y nuevas aventuras, a fin de asegurar algún tipo de ganancia extra”. Es sólo cuando las deudas finalmente no pueden pagarse que una crisis –esto es, una crisis financiera- surge y la crisis lleva a estancamiento: “La cadena de obligaciones de pago en fechas específicas se rompe en cientos de lugares, y se intensifica aún más por un acompañamiento de la ruptura del sistema de crédito, que se había desarrollado junto al capital. Todo esto lleva a crisis violentas y agudas, devaluaciones forzosas repentinas, un estancamiento actual y una disrupción del proceso de reproducción, y por tanto un declive real en la reproducción” (Marx 1991ª, págs. 349-50, 367, 363).

Una vez entendemos que Marx se refería a las rupturas de las relaciones comerciales y financieras cuando usaba el término “crisis”, y que reconocía la existencia de muchos vínculos intermedios entre la caída de la tasa de ganancia y el desencadenamiento de la crisis, no es sorprendente ni particularmente significativo que a veces hablara de las crisis abstrayéndose de la tendencia de la tasa de ganancia a descender. Únicamente estaba siendo riguroso y dialéctico, tratando una cosa cada vez, y no creando una mezcolanza caótica al intentar tratarlo todo a la vez.

Harvey también señala que “Marx nunca volvió a la teoría del descenso en la tasa de ganancia” después de 1868 y que “parece un poco extraño que Marx eligiese ignorar en los últimos doce años de su investigación lo que antes había denominado en los Grundrisse como la “ley más importante de la economía política”. Sin embargo, el inferir que Marx “ignoró” la LDTTG de estos indicios no resulta lógico. Cuando ya he resuelto una cuestión teórica o empírica y he quedado satisfecho, no sigo insistiendo en ella obsesivamente, sino que continuó avanzando. Eso no significa que ignore la respuesta a la que había llegado; la considero asumida. Los indicios sugieren que Marx trabajaba de una forma similar. ¿De qué forma trabaja Harvey?

Así que la verdadera pregunta es si, antes de seguir adelante, Marx se hallaba satisfecho con su explicación de por qué la tasa de ganancia tiende a descender. Las pruebas dejan poco espacio para la duda. En una respuesta a Michael Heinrich (que hace poco presentó argumentos similares a los de Harvey), mis coautores y yo presentamos “una considerable cantidad de pruebas en la correspondencia de Marx –desde1865 a 1877- de que estaba satisfecho con sus resultados teóricos y de que consideraba El Capital, no sólo el primer volumen que publicó, sino también los volúmenes que aún quedaban por publicar, como un trabajo finalizado en un sentido teórico” (Kliman, Freeman, Potts, Gusev y Cooney 2013). Heinrich no ha respondido a estas pruebas, y Harvey no las comenta.

Respecto a la opinión de Marx de que la LDTTG era la ley más importante de la economía política, no se trataba de un comentario esporádico hecho al principio y luego “ignorado”. Lo afirmó no únicamente en los Grundrisse de 1857-58, sino también en sus manuscritos económicos de 1861-1863: “Esta ley, y es la ley más importante de la economía política, es que la tasa de ganancia tiene una tendencia a descender con el progreso de la producción capitalista” (Marx 1991b, p.104; énfasis en el original). Más tarde, cuando escribía el volumen 3 de El Capital, Marx fue más allá de la aseveración de que la LDTTG era la ley más importante. Defendió que era tan importante que toda la economía política desde Adam Smith había girado alrededor de la búsqueda de esta ley: “dada la gran importancia que esta ley tiene para la producción capitalista, uno podría perfectamente decir que forma el misterio alrededor del cual gira la solución a la economía política al completo desde Adam Smith” (Marx 1991ª, p.319).
La teoría monocausal mítica
La comprensión incorrecta de Harvey del texto de Marx es también lo que se halla tras su acusación de que la LDTTG y la teoría de las crisis capitalistas basadas en la misma son monocausales. Defiende que la ley de Marx se deriva de un “modelo muy simplificado”, que descansa sobre una serie de presupuestos “estrictos”. Esto es, la ley es únicamente válida si todos los presupuestos se cumplen en el mundo real. Pero en virtud de estos presupuestos, la ley excluye todas las causas potenciales de una caída en la rentabilidad que no sea el cambio técnico que ahorre trabajo, y excluye todos los factores que pueden evitar que la tasa de ganancia descienda al contrarrestar los efectos del cambio técnico. Así, la ley es monocausal, como lo es cualquier teoría de las crisis que la emplee sin combinarse eclécticamente con factores exógenos.

Y con todo, Harvey reconoce que los presupuestos estrictos no se encuentran en el texto de Marx: “Aunque Marx declara sus presupuestos en el Volumen 1 [de El Capital], no lo hace en el caso de la teoría del descenso de la tasa de ganancia [en el Volumen 3]”. ¿Cómo sabe entonces que Marx impuso esos presupuestos estrictos?

En un caso, al menos, se puede demostrar que se equivoca. De acuerdo con Harvey, la ley de Marx asume que todas las mercancías (“con la excepción de la fuerza de trabajo”) se compran y venden a sus valores reales, más que a los precios que difieren de estos valores [2]. Esto no es así. La ley es el tema de la tercera parte del tercer volumen. En la segunda parte, Marx ya había derivado el resultado de que, por grandes que sean las diferencias entre los valores y los precios de las mercancías a los que se venden, el precio total del output de la economía en su totalidad es igual a (y por tanto limitado por) el valor total de este output. En consecuencia, cuando el precio que una empresa o una industria recibe por su producto supera el valor del producto, esta ganancia llega puramente a expensas de una pérdida que sufren otros capitalistas. Los precios de sus productos son menores a sus valores. Y de esto se sigue, primero, que la ganancia total es igual a (y limitada por) el plusvalor total que se ha creado, y segundo, que las diferencias entre los precios y los valores dejan sin afectar la tasa de ganancia a nivel macroeconómico a la que se refiere la LDTTG [3].

Estos resultados, y no el presupuesto de que todo se vende a su valor, son la base sobre la que Marx (1991b, p. 104; énfasis en el original) derivó su ley del descenso tendencial en la tasa de ganancia:
Hemos visto que [la tasa de ganancia] es diferente en el capital individual [que] la ratio de plusvalor respecto a la cantidad total de capital adelantado. Pero también se mostró que considerando el […] capital total de la clase capitalista, la tasa promedio de ganancia no es otra cosa que el plusvalor total relacionado con y calculado sobre este capital total […]. Aquí, por tanto, estamos sobre terreno firme donde, sin entrar en la competición de los muchos capitales, podemos derivar la ley general directamente de la naturaleza general del capital tal y como se ha desarrollado hasta ahora. Esta ley, y es la más importante de la economía política, es que la tasa de ganancia tiene una tendencia a descender con el progreso de la producción capitalista.
En general, Harvey convierte la ley de Marx en un modelo que depende de una serie de presupuestos restrictivos al construir la ley de la forma más estrecha posible. No considera la totalidad de la parte 3 del tercer volumen de El Capital, sino sólo el material que trata lo que Marx llamó “la ley como tal” (das Gesetz als solches), como una presentación de la ley. Esto hace que la ley parezca monocausal y desconectada de otros fenómenos e instituciones que Marx trata más tarde en la parte 3. No parece ser una ley que funcione entre varios factores contrarrestantes y a través de la intermediación del sistema financiero (como he comentado anteriormente), sino una abstracción de otro mundo que sólo puede denominarse ley bajo condiciones imaginarias que excluyen e ignoran mucho de lo que importa en el mundo real.

Harvey dice que la “exclusión” de Marx de tantas cosas “restringe altamente la aplicabilidad [de la ley]”. Aunque sabe que Marx introdujo otros fenómenos e instituciones en el análisis, su aislamiento de “la ley como tal” le impide reconocer esto como prueba del carácter multicausal de la LDTTG. La introducción de fenómenos e instituciones adicionales en el análisis no parece ya ser un enriquecimiento dialéctico de la ley que la describe en las formas concretas en que se manifiesta, sino una admisión táctica de que las condiciones que se necesita que estén presentes para que la ley funciona en realidad no lo están. La ley no parece “permanecer […] intacta”. Marx parece que esté dedicado a una explicación separada de la anterior, una que trata de “qué ocurre cuando los presupuestos tomados al derivar la ley se retiran”. Parece que esté cuestionando el estatus de ley, exhibiendo una “vacilación y ambigüedad”. Y parece que estemos necesitados de un marco de teoría de la crisis muy diferente, un espacio desestructurado poblado por una serie de factores y fenómenos explicativos potenciales que no tienen conexiones intrínsecas los unos con los otros, factores y fenómenos demasiado distintos unos de otros para que se “agrupen […] en una teoría unitaria”.

No hace falta leer el texto de esta manera. Y como no es necesario, no debería hacerse; la lectura poco caritativa no es una buena práctica interpretativa.

No hace falta un debate metodológico sofisticado para entender el error de la acusación de monocausalidad. El problema es simple. Si apelo a la ley universal de la gravedad a fin de explicar por qué las manzanas tienen una tendencia a caerse de los árboles, sin mencionar otros factores que pueden hacer que caigan, como el viento, o a factores contrarrestantes, como la resistencia del aire, no estoy presuponiendo que todas estas cosas no existan. Y mucho menos estoy construyendo un modelo monocausal que las excluye y que está por lo tanto gravemente restringido en su aplicabilidad. No estoy haciéndolo incluso si explico que la ley de la gravedad se sigue de la segunda ley del movimiento de Newton y me abstengo de introducir otros factores en la ecuación donde muestro como lo hace. Y si después hablo de la resistencia del aire y del viento, no estoy mostrando mi ambigüedad, vacilando, o admitiendo que la ley universal de la gravedad funcione sólo en un vacío, y que no lo haga en el mundo real [4].

Harvey tiene razón al decir que la ley de Marx no es la “verdad absoluta” de la dinámica del capitalismo. En otras palabras, no es su única causa. No explica cada pequeño movimiento en la trayectoria de la tasa de ganancia. Pero es que ése no es el propósito de la ley. Su propósito es “simplemente” mostrar que la teoría del valor de Marx, junto a su teoría de la acumulación de capital, pueden explicar el hecho de que la tasa de ganancia tienda a descender.

La mayor parte del tiempo, Harvey es bastante vago sobre quienes son exactamente los objetivos de sus críticas. Por ejemplo, defiende que la teoría de las crisis basada en la LDTTG está “típicamente presentada” por sus defensores actuales “de tal forma que excluye la consideración de otras posibilidades” y que “a muchos economistas marxistas les gusta defender” que hay una “única teoría causal de las crisis”. El hecho de que se abstenga de dar nombres hace muy difícil contestar a sus acusaciones. En cierto punto, sin embargo, defiende no sólo que “algunos defensores” de la ley “sugieren […] que la financialización no tuvo nada que ver con el crash de 2007-08”, sino también que “Andrew Kliman ha sido uno de los más estridentes en su defensa de que la crisis no ha tenido nada que ver con la financialización”. Sin embargo, no defiendo eso estridentemente. No lo hago ni siquiera mostrando el debido respeto a mis superiores. Defiendo lo opuesto: “Por supuesto, una crisis financiera desencadenó la recesión, y fenómenos específicos al sector financiero (apalancamiento excesivo, hipotecas de riesgo, etcétera) estuvieron entre sus causas importantes” (Kliman 2012, p. 6).

Esta frase que he citado está extraída del primer capítulo de mi libro en las causas subyacentes de la Gran Recesión [5]. Parte del capítulo siguiente “se centra en dos vínculos intermedios –baja rentabilidad y el sistema de crédito- que conectan la caída de la tasa de ganancia […] con la última crisis y desplome [slump] económicos” (Kliman 2012, pp. 16-17). Y el capítulo 3, dedicado a la crisis financiera de 2007-08, trata de lo siguiente: la política de excesivo dinero-fácil de la Reserva Federal tras el pinchazo de la burbuja de las punto com en los años 90; titularización de préstamos hipotecarios; hipotecas subprime; líneas de crédito de patrimonio neto de los hogares [home-equity]; ratios de préstamo a valor en alza para préstamos hipotecarios; ratios de apalancamiento de los prestamistas en alza y requisitos reducidos de capital; el aumento en la deuda de los hogares durante los años 90 y 00; la psicología que incrementó las burbujas de las punto com y de los precios de la propiedad inmobiliaria; los desastrosamente incorrectos modelos de predicción de las agencias de rating; y el flujo de ahorros desde el extranjero que se abrió paso hacia los Estados Unidos. Si éste es el mejor ejemplo de Harvey de la negación de que la financialización fuese la causa de la crisis financiera de 2007-08 [6], o de un enfoque monocausal, no me gustaría ver sus otros ejemplos.
Referencias
Harvey, David. 2012. “History versus Theory: A Commentary on Marx’s Method in Capital”, Historical Materialism 20:2, 3-38.
Howard, M.C. y J.E. King, 1992. A History of Marxian Economics: Volume II, 1929-1990. Princeton, NJ: Princeton Univ. Press.
Kliman, Andrew. 2007. Reclaiming Marx’s “Capital”: A Refutation of the Myth of Inconsistency. Lanham, MD: Lexington Books.
Kliman, Andrew. 2012. The Failure of Capitalist Production: Underlying Causes of the Great Recession. Londres: Pluto Books.
Kliman, Andrew; Freeman, Alan; Potts, Nick; Gusev, Alexey y Cooney, Brendan. 2013. “The Unmaking of Marx’s Capital: Heinrich’s Attempt to Eliminate Marx’s Crisis Theory”.
Kliman, Andrew y Williams, Shannon D. 2014. “Why “Financialisation” Hasn’t Depressed US Productive Investment”, Cambridge Journal of Economics. Versión impresa próximamente disponible.
Marx, Karl. 1990. Capital: A Critique of Political Economy, Vol. I. Londres: Penguin.
Marx, Karl. 1991a. Capital: A Critique of Political Economy, Vol. III. Londres: Penguin.
Marx, Karl. 1991b. Karl Marx, Frederick Engels: Collected Works, Vol. 33. Nueva York: International Publishers.
Notas
[1] Ver Kliman, Freeman, Potts, Gusev y Cooney (2013) para un debate sobre la función de la ley y el significado de la “ley” en este contexto.
[2] Rebate la idea de que en el tercer volumen de El Capital mantenga el presupuesto, explicado en los volúmenes primero y segundo de que “todas las mercancías se intercambian a su valor (con la excepción de la fuerza de trabajo)”. Sin embargo, este presupuesto en cuestión no excluye la fuerza de trabajo. Al asumir que la fuerza de trabajo también se compra a su valor íntegro, Marx fue capaz de explicar cómo la ganancia aumenta en la producción, no en el mercado, y hacerlo sin abandonar la idea de que el intercambio de mercancías es “en realidad, el mismísimo Edén de los derechos innatos del hombre… el reino exclusivo de la Libertad, Igualdad, Propiedad y Bentham” (Marx 1990, p. 280).
[3] Soy consciente de la acusación de que la derivación de Marx de estos resultados se ha probado como internamente incoherente, pero esto es únicamente un mito pernicioso. Ver el capítulo 8 de Kliman (2007).[4] Creo que esta analogía del procedimiento de Marx se mantiene estrictamente, punto por punto. La ley de la gravedad es análoga a la LDTTG; la segunda ley de la movimiento es análoga a la ley de la determinación del valor por el tiempo de valor (“la ley del valor”).[5] Harvey cita mi libro en otra parte de su artículo, pero no aporta ninguna otra prueba o cita que apoye su versión de lo que yo defiendo.[6] Shannon Williams y yo (Kliman y Williams (2014)) hemos demostrado que la financialización no fue la causa de la caída de la tasa de acumulación de capital en las empresas de Estados Unidos durante las décadas anteriores a la Gran Recesión. Esto, por supuesto es un tema totalmente distinto.

◆ Parte II: Malinterpretando la rentabilidad
Las pruebas son claras: desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la Gran Recesión, la tasa de ganancia total de las corporaciones estadounidenses descendió, y este descenso se explica casi en su totalidad gracias a la Ley del Descenso Tendencial de la Tasa de Ganancia de Marx
La primera parte de este artículo se centró en la interpretación de David Harvey (Harvey 2014) de la Ley del Descenso Tendencial de la Tasa de Ganancia (LDTTG) de Marx, a medida que la producción capitalista se incrementa – una ley que Marx identificó como “la ley más importante de la economía política”. Resta por tratar la creencia de Harvey de que la LDTTG no ha operado desde los años 80.

Los datos de mano de obra que se trataron en la primera parte constituyen la única “prueba” de Harvey de que la LDTTG no ha actuado; no presenta pruebas directas al respecto de la tasa de ganancia (esto es: la cantidad de ganancia como porcentaje del volumen de capital invertido). Sin embargo, pone en tela de juicio las pruebas que hemos presentado tanto yo como otros que indican que la tasa de ganancia descendió realmente a lo largo de los años 80 y 90 (ver Figura 1) [1].

Figura 1. Tasa de ganancia de las empresas estadounidenses
(N.d.T.: Net operating suplus: superávit neto de explotación, medida de beneficios que computa los ingresos de la compañía
 tras sustraerle salarios de trabajadores, impuestos etc.  After-tax profit: beneficios después de impuestos)

Harvey dice que “se tienen que formular algunas preguntas serias” sobre estas pruebas. Tiene razón, y formula preguntas sumamente importantes. El problema es que su argumentación prosigue como si las preguntas fueran cuestiones nuevas para nosotros. En realidad, son preguntas convencionales y trilladas, que se vienen formulando desde hace tiempo. En mi caso, he tenido todas en cuenta cuando recababa e interpretaba mis datos. No hay por tanto necesidad de responderlas; mis análisis e interpretaciones de los datos ya las han anticipado y tratado. Simplemente necesito aclarar cómo lo han hecho [2].

Lo que Harvey llama “sus objeciones más importantes” a “buena parte de la literatura del descenso-de-la-tasa-de-ganancia” –una vez más, es bastante impreciso al definir el objeto de su crítica- es el hecho de que “las tasas de ganancia pueden descender “por diversos motivos”. Por lo tanto “los datos que muestran un descenso en la tasa de ganancia no necesariamente corroboran la existencia del mecanismo específico que mencionaba Marx” (el cambio tecnológico que ahorra mano de obra).

Esto es cierto. Por lo tanto, cuando consideré la trayectoria de la tasa de ganancia de las empresas estadounidenses desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la Gran Recesión y llegué a la conclusión de que “la ley del descenso tendencial de la tasa de ganancia de Marx se ajusta a los hechos de forma notable” en este caso (Kliman 2012, pág. 137) mis conclusiones no se basaron en el mero hecho de que la tasa de ganancia de las empresas hubiera descendido. Se basaba en un “análisis de descomposición” que separaba (descomponía) varias causas potenciales del descenso y medía el efecto que cada una podía tener en la tasa de ganancia. Además, debido a que la forma convencional de descomponer la tasa de ganancia no es particularmente apropiada cuando se lleva a cabo un análisis causal (por las razones que Harvey subraya), las descompuse de una forma diferente.

Tradicionalmente, la tasa de ganancia se divide en tasa de plusvalor (o tasa de ganancia en relación con los salarios) y en una función de la composición de valor del capital (o tasa de los componentes del valor de capital adelantado (invertido) constante respecto del variable). Esto es correcto en ciertos contextos, pero la composición de valor nominal del capital que erigen los investigadores es diferente de la composición de valor a la que alude Marx. No sólo se ve afectada por la cantidad relativa de valor invertido en adquirir los medios de producción y contratar trabajadores, sino también por los cambios en la tasa en la que los precios monetarios de las mercancías aumentan en relación con los valores reales de las mercancías. Al verse afectados por dos factores diferentes, los movimientos en la composición de valor nominal no manifiestan un significado nítido y trasparente. Por ejemplo, cuando la composición de valor nominal permanece constante, como sucedió en los Estados Unidos durante los 60 y los 70, no podemos llegar a la conclusión de que la cantidad relativa de valor invertido a fin de adquirir los medios de producción y contratar trabajadores también permaneció constante. Es posible que se destinara relativamente más valor a adquirir medios de producción, que tienden a incrementar la composición de valor, pero que este efecto fuese contrarrestado por una inflación cada vez mayor [3]. Tal y como correctamente señala Harvey, esto es un “problema grave”.

Mi descomposición alternativa solventó este problema separando los dos determinantes. Descompuse los movimientos totales en la tasa de ganancia en:
Movimientos causados por variaciones en la tasa de ganancia que hacen que precios monetarios de las mercancías aumenten en relación a los valores reales de las mismas.
Movimientos causados por cambios en la tasa de ganancia ligados a la retribución de los trabajadores.
Movimientos causados por “todo lo demás”.
Hallé que, aunque las dos primeras causas habían sido importantes durante ciertos periodos más cortos, ninguna de las dos había tenido un efecto sustancial en la tasa de ganancia a largo plazo –esto es, cuando consideramos la etapa de posguerra en su totalidad. Casi todo el descenso a largo plazo en la tasa de ganancia fue causado, por lo tanto, por cambios en “todo lo demás”.

Pero una vez que se abstraen (1) y (2), se sigue matemáticamente que “todo lo demás” es, sencillamente, la relación/razón del empleo respecto al monto de capital invertido en activos fijos [fixed assets], medidos en términos de tiempo de trabajo. Casi todo el descenso a largo plazo en la tasa de ganancia se puede atribuir al declive en esta relación. En otras palabras, puede atribuirse al hecho de que el empleo creció con menos rapidez que la acumulación de capital, de forma constante en el tiempo. La ley de Marx explica la tendencia a descender a largo plazo de la tasa de ganancia precisamente por esa razón. Por lo tanto, la ley da cuenta de prácticamente todo el descenso en la tasa de ganancia de las empresas estadounidenses.

La razón de ganancia respecto a la retribución a los trabajadores tuvo efectos limitados en la tasa de ganancia porque cambió muy poco. (Descendió de forma no muy acusada a principios de la  posguerra, pero no experimentó movimientos alcistas ni bajistas en el periodo que medió entre 1970 y la Gran Recesión). Es importante recalcar que la estabilidad a largo plazo de esta razón no se debe una ilusión estadística engendrada por el hecho de que el Gobierno estadounidense clasifique el salario de los directores ejecutivos y otros altos ejecutivos empresariales como salarios de trabajadores y no como ganancias propiamente dichas.   Mis estimaciones recientes (ver Kliman 2014b) indican que la reclasificación del salario de los altos ejecutivos como ganancia es poco significativa. Sí, su salario se ha disparado en las últimas décadas, pero sencillamente no había bastantes altos ejecutivos como para que afectaran significativamente a los grandes números. Entre 1979 y 2005, la proporción creciente del producto recibido por los managers en “el 0,1%” y “el 1%” (el percentil 0,1 y 1 de la distribución de renta) hundió la proporción de otros trabajadores del sector privado únicamente en un 0,4 y un 0,6 punto porcentual, respectivamente, conforme con mis estimaciones.

Otra de las objeciones de Harvey a los indicios de la caída en la tasa de ganancia es que “hay una diferencia [gap] entre dónde se producen las ganancias (valor [sic]) y dónde se realizan… los patrones de… flujos de capital e ingresos son complejos y no está claro que los datos recogidos en un punto del sistema representen de forma fidedigna los movimientos en su totalidad”. De nuevo, tiene razón. Sería equivocado el concluir de los datos tratados anteriormente –que pertenecen a la rentabilidad de la inversión de capital interior– que hubo un descenso en la tasa de ganancia total de las empresas estadounidenses, tanto en la inversión extranjera como en la interior. Mis conclusiones de que la tasa de ganancia descendió se basaban, por eso mismo, tanto en las cuentas nacionales como en los datos de la inversión en el exterior. Los datos gubernamentales sobre las inversiones de capital en el extranjero de las empresas estadounidenses y los beneficios de sus inversiones en el extranjero están disponibles desde 1983. Indican claramente que la tasa de ganancia de las multinacionales estadounidenses experimentó una acusada tendencia descendiente entre el principio de este periodo y la Gran Recesión (ver Figura2) [4]. Debido a que los denominadores de las tasas de ganancia interior y extranjera miden cosas en cierta medida distintas, las dos bases de datos no pueden concertarse correctamente, y por lo tanto no podemos saber hasta qué punto la tasa de ganancia total de las compañías estadounidenses descendió.


Figura 2. Tasa de ganancia extranjera de las corporaciones multinacionales estadounidenses
(Ingresos después de impuestos provenientes de la inversión directa extranjera
como porcentaje de la inversión directa extranjera acumulada)

Harvey también recuerda, muy correctamente, que las multinacionales estadounidenses emplean la fijación de precios de transferencia [transfer pricing] para asignar las ganancias generadas en un país a las cuentas de una subsidiaria en un país distinto donde pagan menos impuestos o no pagan impuestos en absoluto. Podría haber añadido el hecho de que las ganancias obtenidas en el extranjero y los datos de inversión de las multinacionales se atribuyen a los países en los que radican las subsidiarias extranjeras, que a menudo no son los mismos  países en los que se lleva a cabo la producción y comercialización.  En consecuencia, es difícil, si no imposible, llegar a saber cuál es la tasa de ganancia de las multinacionales en un país en particular. Pero esto es irrelevante ya que lo que cuenta es la imagen en conjunto. La fijación de precios de transferencia permite a las corporaciones el intercambiar ganancias y títulos con inversiones, pero no afectan al volumen total de las ganancias o la inversión. Harvey dice que la fijación de precios de transferencia permite que las ganancias se “encubran” pero no da ninguna prueba [evidence] de ello y hasta donde yo sé, no existe ninguna. Ocultar los beneficios al fisco no es lo mismo que encubrirlos.

Las pruebas [evidence] mencionadas anteriormente pertenecen a las corporaciones estadounidenses únicamente. Harvey critica que “no pueden ser tomadas como pruebas de lo que está ocurriendo con el capital a escala global”. Ciertamente, no pueden serlo, pero ¿qué hace que este hecho sea una crítica en este contexto? El tema de su artículo es la caída en la tasa de ganancia como causa potencial de crisis económicas, y es bien consciente de que la última crisis empezó en los Estados Unidos antes de difundirse por el resto del mundo “a través de su contagio al sistema financiero global”. Como los Estados Unidos fueron el epicentro de la crisis y su difusión al resto de países tiene una explicación claramente financiera, en lo que tenemos que centrarnos es en si la caída de la tasa de ganancia en los Estados Unidos fue una causa subyacente de la crisis, y en que manera operó,  no en la tasa de ganancia a nivel global.

Harvey llama la atención sobre el hecho de que la rentabilidad se ha recuperado de forma sustancial en los últimos años. Por supuesto, las tendencias posteriores a la recesión nada tienen que ver con el descenso de la tasa de ganancia como una de las causas de la Gran Recesión.

Pero lo que quiere decir es que si  una medida de la tasa de ganancia que no consiga reflejar la recuperación posterior a la recesión resulta sospechosa, también tendría que serlo una medida que nos hable de un declive en la rentabilidad previo a la misma. No puedo estar más de acuerdo, pero todas las tasas de ganancia que he computado (utilizando definiciones de ganancia más o menos inclusivas) reflejan ciertamente la recuperación posterior a la recesión. Todas las tasas de ganancia, con cualquier método de medición, descendieron durante la Gran Recesión –llegando a un punto bajo de 24 por ciento a 38 por ciento por debajo de sus valores máximos en 2006- pero en 2013, todas se habían recuperado a niveles cercanos o incluso mayores a los de 2006. La principal causa de la recuperación de la rentabilidad fue el importante declive en la porción de la producción correspondiente a los trabajadores posterior a la recesión, que a su vez fue causado por el aumento de la productividad de las compañías sin un aumento simultáneo de la mano de obra. No ha sido causado por la “represión salarial”. Incluso después de ajustar por inflación, la retribución por hora de los trabajadores ha aumentado.
Correcto la primera vez (sobre el “infraconsumismo” de Marx)
¿Por qué recalca y reitera Harvey que hay “fuerzas en conflicto” y “múltiples tendencias de crisis y contradicciones”? ¿Por qué se nos presenta el hombre de paja de que la LDTTG es mono-causal? Nótese que lo que estas dos cosas implican cuando las consideramos conjuntamente: como la ley puede sostenerse únicamente si se asume que no existen las otras causas de las crisis y factores contrarrestantes, tenemos que descartar la ley una vez que admitamos su existencia. Así, como resalté en la parte 1, sospecho que toda esta mención de multi-causalidad está ocultando el deseo de Harvey de defender su teoría apousa-causal de las crisis. Claramente no está muy satisfecho con la teoría de las crisis multi-causal específica que se pone de manifiesto, cuando se tienen en cuenta todos los factores, del volumen 3 de El Capital –una teoría en la que la LDTTG permanece incólume y otros determinantes como el sistema financiero están vinculados a ella y son elementos mediadores de su forma de manifestación.

En particular, Harvey parece querer imputar a Marx una teoría infraconsumista de las crisis – esto es, una teoría en la que la falta de “demanda efectiva” no es el resultado mediado por el obrar de la LDTTG y por los vínculos intermedios como las decisiones de inversión de las empresas o las turbulencias financieras, sino un fenómeno ajeno, independiente, producido por la restricción en el consumo de las masas. Atribuye a Marx la noción de que “si los salarios son demasiado bajos[,] entonces la falta de demanda efectiva supondrá un problema”. Como prueba, cita una frase del volumen 3 de El Capital (y una nota al pie similar en el volumen 2) en el que Marx dice que “la causa última para todas las crisis reales siempre descansa en la pobreza y el consumo restringido de las masas” (Marx 1991ª, p.615).

Siguiendo el estilo tradicional de los infraconsumistas, Harvey descontextualiza la frase. Cuando se lee en su contexto, la frase nada tiene que ver con los periodos en que los salarios bajos supuestamente llevan a una demanda inadecuada, ni parece que el consumo restringido de las masas sea una “causa” de las crisis en el sentido moderno de la palabra “causa” (lo que Aristóteles llamó una “causa eficiente”). Es simplemente la condición que hace las crisis posibles (la “causa formal” aristotélica), no algo que convierte una posibilidad en una realidad [5].

Apenas hace unos años, Harvey tenía una comprensión mucho más clara de la frase y del pasaje en el que aparece, y se preocupó de analizarla en su contexto. Después de preguntar de dónde proviene la demanda extra que permite que el plusvalor que ha sido producido se realice en forma monetaria, Harvey (2012, p.25) comentó que “la respuesta de Marx es tan sorprendente como brutalmente honrada. En una sociedad cerrada, de dos clases, compuesta de capitalistas y trabajadores, sólo puede haber una fuente de demanda extra y ésa es el capital, debido a que el trabajo explotado nunca podría proveerla”. En otras palabras, es la demanda de las empresas capitalistas de medios de producción adicionales –demanda de inversión- y la demanda de los hogares de bienes de consumo en el capitalismo lo que permite que una porción del output que contiene plusvalor se venda. Harvey entonces citó y resumió buena parte del pasaje en cuestión, a fin de dejar claro que la caída en demanda que caracteriza las crisis económicas no se debe a la restricción en el consumo de “las masas” o del “trabajo explotado”, puesto que su consumo siempre está restringido –haya crisis o no. Así, culpar de la crisis a la capacidad de consumo restringida de las masas es como de la caída de un avión a la gravedad (que existe siempre, haya o no caída).

El descenso en la demanda lo causa, en cambio, el hecho de que la demanda extra que necesariamente viene “del capital” ha dejado temporalmente de provenir del mismo. El problema clave es que el capitalismo exige lo que Harvey (2012, p.26) llama “acumulación de capital continua”, esto es, inversión adicional en producción, pero se da una caída en la demanda cuando el volumen de la inversión adicional productiva es menor de lo que resulta necesario.

Si Harvey sabe (o al menos sabía) todo esto, ¿por qué ha sacado de contexto, de forma repentina, la frase de “consumo restringido” y la ha colado con calzador en la teoría infraconsumista de las crisis de “represión salarial” que es ajena a la idea y versión “brutalmente honrada” de Marx? Quizás la respuesta está en que la versión “brutalmente honrada” nos lleva de vuelta al descenso en la tasa de ganancia. Una vez que entendemos que la falta de demanda es casi siempre una cuestión de demanda de inversión inadecuada, tenemos que preguntarnos por qué la inversión no es adecuada, y esta pregunta nos lleva a otras dos: ¿el volumen de ganancia (plusvalor) que se ha generado es lo suficientemente grande como para sostener un nivel adecuado de demanda de inversión? Y ¿es la tasa de ganancia que se espera de la nueva inversión de hoy lo suficientemente alta para atraer más inversión en el volumen necesario?

La inadecuada rentabilidad fue la causa principal de la ralentización a largo plazo de la demanda de inversión en bienes fijos de producción de las corporaciones estadounidenses. Entre 1948 y 2007, su tasa de acumulación de bienes fijos descendió en un 41%, mientras que la tasa de ganancia después de impuestos de inversión en bienes fijos descendió un 43%. El otro único factor que puede influir la tasa de acumulación es la porción de la ganancia que se reinvierte en producción; en realidad aumentó un poco (3%). El declive completoen la tasa de acumulación de capital productivo es por tanto atribuible al declive en la tasa de ganancia (ver Kliman y Williams 2014 para más detalles).

David Harvey
Andrew Kliman
Las expectativas de que la rentabilidad futura de la inversión productiva sería inadecuada también parecen haber sido un problema grave de un tiempo a esta parte, así como un determinante crucial del porqué la recuperación de la Gran Recesión ha llevado tanto tiempo y ha sido tan endeble. A fin de explicar la fragilidad de la recuperación, los economistas y escritores económicos mainstream como Paul Krugman, Martin Wolf y el ex Secretario del Tesoro estadounidense Lawrence Summers plantearon que la economía estadounidense entraría en un periodo de “estancamiento secular” un poco antes de la recesión, quizás tan pronto como mediados de los 80 –esto es, un periodo en el que la demanda adecuada no es ya sostenible a menos que las tasas reales (esto es, ajustadas por inflación) de interés a corto plazo sean ridículamente bajas, quizás tan bajas como -2% o -3%. Esto significa que los prestatarios pagarían menos de lo que tomaron prestado si se toma en cuenta la inflación. ¡Si la única forma de inducir a las compañías a invertir lo suficiente es el proveerles con dinero que no tienen que devolver, la expectativa debe ser que la tasa de ganancia de las nuevas inversiones debe ser ciertamente muy baja (ver Kliman 2014a para más detalles)!

No estoy “diciendo que todo sea consecuencia de alguna tendencia oculta de la tasa de ganancia a descender” como dice Harvey. Eso sería incorrecto por dos razones. Primero, han obrado todo tipo de vínculos intermedios y factores complejos (la Gran Recesión también ha debilitado la confianza de los negocios en el futuro, por poner un ejemplo). Segundo, la tendencia de la tasa de ganancia a descender no está “oculta”. Como Hegel dijo, la esencia debe aparecer, o resplandecer, en el mundo observable. Creo que así lo ha hecho.
Referencias
·        — Harvey, David. 2012. History versus Theory: A Commentary on Marx’s Method in CapitalHistorical Materialism 20:2, 3–38. 14. Crisis Theory and the Falling Rate of Profit.
·         — Kliman, Andrew. 2012. The Failure of Capitalist Production: Underlying Causes of the Great Recession. London: Pluto Books.  ______. 2014a. Clarifying “Secular Stagnation” and the Great RecessionNew Left Project. March 3. ______. 2014b. Were Top Corporate Executives Really Hogging Workers’ Wages?Truthdig. Sept. 18.
·        — Kliman, Andrew and Shannon D. Williams. 2014. Why “Financialisation” Hasn’t Depressed US Productive InvestmentCambridge Journal of Economics. Print version forthcoming.
·         —  Marx, Karl. 1991a. Capital: A Critique of Political Economy, Vol. III. London: Penguin.
Notas
[1] Los datos usados para la Figura 1 vienen del US Bureau of Economic Analysis: National income and Products Accounts, Tabla 1.14, líneas 1, 4, 7, 9, 10 y 12; Tabla de Bienes Fijos 6.3, línea 2; y Tabla de Bienes Fijos 6.6, línea 2. El excedente de explotación neto y los beneficios después de impuestos son medidas de beneficios. El denominador de las dos tasas es la inversión acumulada en bienes fijos, neto de depreciación. La depreciación se ha valorado a coste histórico.
[2] Limitaré estas afirmaciones a hablar de mis propios análisis, debido a que sé menos de los de otras personas.[3] Como Harvey señala, incluso el valor de composición “real” del capital –al que Marx se refiere, más que al nominal- no es simplemente un índice de cambio técnico que ahorra en mano de obra. A este respecto, se diferencia de la composición “técnica” y “orgánica”. Sin embargo, mis estimaciones indican que la composición de valor real de las corporaciones estadounidenses siguió las composiciones técnicas y orgánicas bastante cercanamente. Entre 1947 y 2007, la composición real de valor se incrementó en un 120% mientras que las composiciones técnica y orgánica se incrementaron en un 160%. A través de casi todo este periodo, la relación entre las diferentes composiciones de capital fue incluso más intensa que lo que estos números sugieren. La diferencia en las tasas de crecimiento es principalmente debido a periodos cortos (los últimos años de los 60 y los 90) en que el crecimiento extraordinariamente rápido de los salarios deprimió temporalmente la composición de valor real.[4] Los datos utilizados para la Figura 2 vienen de las tablas de “Datos de posición de balance de pagos e inversión directa” del US Bureau of Economic Analysis. El numerador de la tasa de ganancia es “Ingresos de inversión directa sin ajuste de coste actual”; el denominador es “Posición de inversión extranjera estadounidense en base a coste histórico”. Los datos son para “todos los países”.[5] Para un análisis pormenorizado del pasaje, ver las págs. 165-167 de Kliman (2012). Para un debate de los fallos lógicos y empíricos de la teoría infraconsumista de las crisis, ver el capítulo 8 del libro.
Andrew Kliman es el autor de The Failure of Capitalist Production: Underlying Causes of the Great Recession (Pluto Press, 2011) y Reclaiming Marx´s “Capita”l: A Refutation of the Myth of Inconsistency (Lexington Books, 2007). Profesor emérito de Economía en Pace University (Nueva York), trabaja políticamente con la Marxist-Humanist Initiative.
http://rotekeil.com/
http://www.newleftproject.org/ 



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