"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

29/5/15

Marx y el marxismo frente a la crisis

Karl Marx ✆ Mark Stenson
Diego Guerrero   |   En abril de 2000, los estudiantes de Económicas de Somosaguas (UCM) organizaron un Seminario de una semana de duración, con profesores españoles de diversas universidades, y en el que la asistencia e interés de la gente más joven fue proverbial, como estuvimos de acuerdo en valorar todos los ponentes. El título genérico del seminario se refería a la "Economía crítica", y contó con la asistencia de los profesores Alfons Barceló, Carlos Fernández Liria y Diego Guerrero (sesión sobre la Teoría del valor); los profesores Xabier Arrizabalo y Montserrat Galcerán y el miembro del CAES (Centro de Asesoría y Estudios Sindicales) Agustín Morán (sesión sobre el Desempleo); los profesores Enrique Palazuelos y Jesús Albarracín (sustituido por enfermedad por Diego Guerrero) y el editor Carlos Prieto del Campo (sesión sobre Teoría y realidades de la crisis económica); y los profesores Ahijado y Martínez González-Tablas junto a Pedro Montes y Ramón Fernández Durán (sobre la cuestión de España y la Unión Europea). Para las dos sesiones en que participé escribí unas "tesis" polémicas, con el ánimo de provocar la discusión, que luego fueron publicadas en la revista Laberinto, de la Universidad de Málaga. Aunque la participación de hoy versa sólo sobre la Teoría de la crisis que parte de la concepción de Marx, teniendo en cuenta que ésta no se puede entender sin partir de la Teoría laboral del valor, creo que puede tener interés reproducir aquí las 20 "tesis originales", pero seguidas cada una de ellas de un comentario y actualización.

Diez tesis polémicas sobre la teoría laboral del valor: segunda (1) versión (2003)

1. La filosofía de Marx es su Economía; no es ni el materialismo dialéctico ni el materialismo histórico, que no son ni filosofía ni ciencia, sino su teoría laboral del valor (Martínez Marzoa, 1983; Arteta, 1993; Fernández Liria, 1998), única teoría científica del valor mercantil coherente --es decir, no ecléctica (véase qué entiendo por eclecticismo, en Guerrero, 1997)-- que existe hasta ahora. En Marx, esta teoría está incompleta, por lo que debe ser completada, y lo ha sido parcialmente desde su muerte, no siempre por parte de los marxistas, y a veces en contra de los marxistas.>>

Comentarios a la tesis 1

a. No se trata de enfrentar filosofía y economía ni de hacer una reivindicación corporativa. Marx hablaba de los economistas en tercera persona, y en su época una cosa eran los "economistas" (a los que no dudó en calificar a veces de "sicofantes del capital") y otra los "socialistas" (en el sentido amplio de todos cuantos se oponía al estado de cosas capitalista: comunistas, anarquistas, etc.). La excepción fue el prólogo de Miseria de la Filosofía, donde protestó, "como economista", de que Proudhon tuviera buena reputación como economista en Alemania (y como filósofo en Francia): ambas cosas se basaban en un malentendido, según Marx.

b. Los llamados "materialismo histórico" y "materialismo dialéctico" es mejor entenderlos como un estadio de la filosofía y la concepción del mundo que Marx atacó. Al menos desde la Revolución Francesa, había habido ya un montón de autores –filósofos, historiadores, economistas... burgueses— capaces de hacer una interpretación materialista, de clase, conflictual, etc., de la nueva sociedad. A Marx eso no le bastaba, y casi toda su actividad intelectual la dedicó a distinguir las ideas y las categorías que fue creando de las que habían surgido en el contexto de la izquierda avanzada europea.

c. Marzoa supone un paso adelante muy importante. Dice: lo que Marx aporta es una "ontología del capitalismo", es decir, una concepción de "lo ente" en nuestra época como mercancía; si Marx dijo algo significativo y original en la historia del pensamiento filosófico fue en primer lugar que todo lo que existe, incluida la capacidad laboral activa de los individuos, es mercancía y debe, por tanto, someterse a las leyes de las mercancías en tanto perviva el régimen mercantil. La ley del valor (la base de la teoría laboral del valor, TLV) es toda la cadena conceptual que lleva desde este descubrimiento a la concreción múltiple y rica de esa idea en el conjunto de categorías específicas, "económicas", que se desarrollan en El capital (económicas, en el sentido de que el material en bruto a partir del cual él desarrolla la mayoría de sus conceptos fue aportado por los economistas anteriores a él).

d. En contra de lo que piensa la mayoría (incluida la mayoría de los marxistas), en la TLV de Marx no hay contradicciones. Lo que hay es una explicación en dos pasos: 1) los precios son proporcionales a las cantidades de trabajo si consideramos a las mercancías "sólo como mercancías" (libro I de El capital); 2) y se desvían por arriba o por debajo de los primeros ("precios directos", pd) si se considera a las mercancías como "mercancías que son ya el producto del capital" ("precios de producción", pp). Lo importante es que Marx fue el primero en explicar la relación entre los dos tipos de precios (o valores) de cada mercancía de tipo i:
ppi = xi · pdi,
donde xi es el cociente entre la composición orgánica del capital en el sector i y la composición orgánica media de la economía (2).

2. Marx comenzó a crear el sistema conceptual apropiado para dar cuenta del funcionamiento de la sociedad capitalista. Para ello, construyó un modelo de economía capitalista pura, usando el método único y común que comparten todos los científicos (como opuestos a los ideólogos, los literatos y los filósofos especulativos). Dicho método (en su pluralidad de prácticas concretas) sólo puede consistir en el pensar por sí mismo que recomienda Kant, hasta proponer leyes o teoremas o conceptos que superen el triple criterio universal de aceptación provisional en el ámbito científico: la contrastación lógica, la confrontación teórica (o diálogo científico) y la comparación de los concretos pensados con los concretos reales externos y preexistentes.

Comentarios a la tesis 2

a. Aunque la referencia concreta a Kant pudo estar influida por la reciente lectura (entonces) del libro de Liria (1998), la esencia es válida de todas formas. Los juicios de valor son inevitables en los sujetos –que por definición somos subjetivos--, pero eso no elimina la posibilidad de que la sociedad humana alcance la objetividad científica (aunque esto tampoco significa que ésta esté al alcance del primero que la pretenda).

b. Eso quiere decir que querer ser activamente un revolucionario no impide pretender a la vez comportarse como un científico. Y en la actividad científica es esencial el diálogo, que, por definición, es inagotable e inacabable. La discusión nunca está cerrada, ni siquiera con el enemigo ideológico. Y en esta batalla intelectual sólo valen las reglas del libre pensamiento, que exige que la contrastación de cualquier afirmación o teoría se tenga que hacer siempre por cualquiera de los tres métodos (si puede ser. Simultáneos) por los que se llega a ese fin inacabable: la contrastación lógica, doxológica y fáctica de las hipótesis, tesis, etc.

3. El objeto de análisis científico de Marx fue la sociedad capitalista (o moderna o burguesa), cuya estructura o ley quería descubrir con la misma exactitud matemática o física que pretendieron Platón (y aun más, Eudoxo) o Galileo o Newton. Para ello, Marx se enfrentó con los ideólogos socialistas de todas clases, anteriores a él o contemporáneos suyos, desde el anarquista individualista Stirner (a quien, junto con Engels, criticó en su juventud) hasta el socialista de cátedra, o catedrático, Adolph Wagner (a quién criticó en su vejez), pasando por tantos otros (Proudhon, Lassalle, Vogt, Bakunin, Dühring, por citar sólo a algunos). En cambio, se apropió y metabolizó las enseñanzas de muchos científicos burgueses, cogiendo de cada uno de ellos los elementos que su materialismo identificó y fue capaz de integrar en un sistema conceptual nuevo, que no sólo rompía con los sistemas anteriores, sino que se convirtió en el sistema sobre el cual los científicos actuales de la sociedad están obligados a construir, salvo que renuncien a toda pretensión de conocimiento y se acomoden, ya sea a la pereza de la filosofía dialéctica hegeliana, ya al interés de la pura ignorancia ideológica.>>

Comentarios a la tesis 3

a. Esto tiene que ver con mi concepción de que "el eclecticismo siempre es excesivo", afirmación mía que no siempre se entiende. No me desdigo de lo apuntado en el punto anterior; simplemente matizo que una cosa es "mezclar" los insumos del proceso de intelección (las lecturas de los materiales con que trabaja el científico), y otra muy distinta buscar lo híbrido en el producto o output que sale del intelecto. Uno puede ser ecléctico en sentido amplio, por ejemplo leyendo a defensores de la teoría utilitarista del valor (evidentemente, hay que leer a todo el mundo, aunque por falta de tiempo es mejor sólo leer a los que merezca la pena dentro de cada corriente); lo que no puede uno es querer mezclar, en su teoría del valor, elementos que son mutuamente incompatibles (por ejemplo, elementos de la TLV y de la citada teoría utilitarista).

b. Todo estudioso serio de la sociedad actual, ya quiera cambiarla, ya mantenerla, debe querer sobre todo entenderla, para lo cual hay que ir al fondo, hay que profundizar por debajo de las apariencias, y el criterio de orientación en ese proceso inacabable de búsqueda sólo puede ser el libre pensamiento, ayudado en la triple y continua contrastación ya citada. Si uno encuentra en el camino que el jefe de su partido (en el sentido "contingente") se equivoca, tiene que decir que se ha equivocado, dónde y por qué, y no se puede disimular ese error con la falsa excusa de que es un camarada. El propio Marx se equivocó –y es un buen ejercicio para todo el que lo estudia averiguar dónde--, y no digamos Lenin, Trotski o Rosa Luxemburgo (por citar a algunos de sus mejores seguidores). Marx sabía, sin embargo, reconocer que un socialista como Sismondi podía estar más alejado de la verdad (en cierto cuestión que se está discutiendo en ese momento) que un capitalista burgués como Ricardo. Y este ejemplo bien conocido de las Teorías de la plusvalía lo vemos repetido cientos de veces en toda su obra.

4. La teoría del valor de Marx pretende dar cuenta de la dinámica del capitalismo, la forma social donde las cosas realmente existentes se han convertido universalmente en mercancías. Para comprender esa dinámica, son de especial importancia el análisis de la explotación del trabajo y el de la competencia de los capitales. Conjuntamente, la comprensión de ambos fenómenos lleva a la concepción de los precios efectivos y su movimiento como la manifestación sintética de dicha dinámica. Dichos precios son la expresión monetaria o indirecta de las cantidades ponderadas de trabajo que la reproducción social exige emplear para la reproducción futura de cada tipo de mercancía (en las condiciones técnicas marginales de producción). Cada precio individual es el que es debido a las interrelaciones de todas las mercancías --incluida la fuerza de trabajo humana-- entre sí, y a los movimientos de cada unidad de capital en busca de la máxima ganancia posible, libre movimiento sólo plenamente posible desde el momento en que la libre y comunista explotación del trabajo por el capital es un hecho universal.

Comentarios a la tesis 4

a. Es un error pensar que preocuparse por los precios es un prurito burgués, mientras que lo que un revolucionario debe hacer es entender la explotación. Marx combinó de forma inseparable la explotación y lacompetencia, que son los dos aspectos que conforman el contenido de la TLV. Todas las sociedades precapitalistas han vivido también de la extracción por parte de una minoría de trabajo excedente de una mayoría de productores. Pero lo específico de la sociedad moderna es que dicha extracción se lleva a cabo bajo la apariencia de la igualdad, la libertad formal y el libre acuerdo de partes contractuales con iguales derechos. Marx demostró cómo el libre cambio y el libre movimiento del capital producen la explotación a través del pago en forma de salario del equivalente normal del valor de la fuerza de trabajo (según el principio general de intercambio de equivalentes). Pero la clase capitalista explota colectivamente a la clase asalariada, y esa explotación colectiva es lo que llama Marx el "comunismo capitalista", fundamento de la unidad de una clase en el enfrentamiento global con la otra.

 b. Pero en un segundo momento hay que descender a la competencia (véase Guerrero, 2003), es decir, a las relaciones secundarias de clase que enfrentan entre sí a los distintos integrantes de los dos grandes conjuntos sociales: en el lado explotador, se enfrentan los capitalistas industriales entre sí, tanto dentro de cada sector como entre los diferentes sectores, los capitalistas industriales con los del sector de la circulación y el financiero, todos ellos con el Estado en sus distintos niveles y cada uno de éstos (administración central, supranacional, territorial, etc.) a su vez entre sí...; en el lado de los explotados, los que tienen un empleo con quienes lo buscan, los empleados con los parados, los emigrantes con los locales, las mujeres con los hombres, los jóvenes con los maduros, y así sucesivamente. Pero tan importante como combinar los dos momentos –explotación, competencia— es jerarquizarlos adecuadamente: el primero es el dominante.

5. Al fijar precios por el método de prueba y error, los capitalistas aprenden de la práctica de los mercados realmente existentes qué precios son adecuados y cuáles no, qué inversiones son convenientes o desaconsejables, cuáles de ellos mismos tiene que cerrar o quiénes van a engullir al rival más próximo. Pero éste es un conocimiento precientífico y práctico. El conocimiento teórico que nos interesa a los científicos sociales nos empuja a descubrir la ley del movimiento de esos precios. Marx descubrió esa ley, pero no la pudo exponer de la forma completa y perfeccionada en que hoy en día es posible hacerlo. Marx la expresó en un lenguaje hegeliano poco apropiado, que se entiende mejor si se parte del cuadro 1, donde se pretende sintetizar su esquema conceptual (aunque no siempre uso los mismos términos que él).

Comentarios a la tesis 5

En este punto no voy a añadir nada nuevo, por lo que el comentario se va a limitar a repetir el párrafo explicativo que seguía originalmente este cuadro (para mayor detalle, véase en la página web http://pc1406.cps.ucm.es la obra Guerrero, 2000a):
"En la lectura del cuadro se imponen tres movimientos, uno en horizontal (desde A hasta B), y dos en vertical (uno ascendente, de D a C, y otro descendente, de C a D). Cada uno de estos movimientos de lectura es de naturaleza diferente. El primero significa que las cantidades de trabajo (es decir, los precios o valores absolutos) se expresan, no directamente, sino relativa o indirectamente (como ocurre con otras muchas variables físicas), comparándose con las cantidades de trabajo correspondientes a otras mercancías y, en especial, con las correspondientes a la mercancía específica singularizada (y puesta aparte en la práctica mercantil) como equivalente general y medio de cambio universal de las otras mercancías (es decir, el dinero). El movimiento vertical ascendente refleja el modo de proceder del conocimiento científico. Partiendo de la intuición o representación inmediata de los reales concretos que son los precios mercantiles efectivos, la razón cognoscente elabora los conceptos teóricos apropiados (en el recinto teórico representado por el área C). A continuación, Marx desarrolla los conceptos que exige su teoría para integrar explotación y competencia, pero lo hace de forma hegeliana, contribuyendo él mismo a oscurecer el entendimiento de su propia teoría (por otra parte incompleta e inacabada, como lo demuestra el estado de los manuscritos de los libros II y III de El Capital)."
6. Marx consideró necesario elaborar 4 conceptos distintos de valor (o precio), que yo llamo en el cuadro 1, sucesivamente, valores individuales, directos, de producción y efectivos. El último es el valor o precio que ofrece de hecho la realidad mercantil (podría llamarse precio de mercado si el modelo prescindiera de la realidad del Estado y su impacto sobre la fijación de ciertos precios). El primero --el valorindividual-- sólo sirve de piedra de contraste para comparar los dos valores teóricamente más relevantes: el valor directo (que sólo tiene en cuenta la competencia intrasectorial) y el valor de producción (que tiene en cuenta también la competencia intersectorial). La diferencia cuantitativa entre estos dos tipos de valores fue analizada correctamente en el libro III de El Capital, tanto en lo referente a sus razones (el hecho de que unos se conceptúen para tener en cuenta la circulación de mercancías como simples mercancías, y los otros, para dar cuenta de esa misma circulación de mercancías en cuanto porciones determinadas del capital social) como en cuanto a su propia naturaleza (se trata de una desviación puramente cuantitativa, o de magnitud, no de un cambio de unidad ni de un cambio en el espacio, o mundo, en que se ubican dichos precios).

Comentarios a la tesis 6

a. Hay buenas historias del llamado "problema de la transformación", el arma fundamental que se ha usado para desacreditar la TLV de Marx. Si este descrédito es un hecho –también entre una mayoría de marxistas, repito--, ello se debe a que se trata de una discusión técnicamente difícil y a que los defensores de la TLV no han sabido estar a la altura, en parte debido muchas veces a sus excesivas urgencias derivadas de la actividad práctica en la que se veían envueltos (que no siempre justificaba su pereza intelectual). Lo único que se puede hacer aquí, en un corto espacio, es referirse a alguna bibliografía útil.

b. Creo que lo más útil es combinar la lectura del propio El capital con las dos obras más esclarecedoras en este sentido: los excelentes libros de Rubin (1928) y Martínez Marzoa (1983). Para un detallado resumen de los debates sobre la transformación, se puede usar un par de muy buenos manuales recientemente traducidos al español: Gouverneur (1998) y, más extensamente en este punto, Gill (1996) (véase también Guerrero, 1997, y algunas de las lecturas incluidas en Guerrero, ed., 2002). En un estadio más avanzado del estudio, para aquellos que ya conozcan las bases fundamentales y puedan leer en inglés, el libro esencial es Bródy (1970).
 
En cuanto al resto de las tesis (de la 7 a la 10), debido a su mayor tecnicismo y a la falta de espacio, parece más aconsejable reproducirlas a continuación sin comentarios adicionales, aunque indicando que estaré encantado de debatir la cuestión por email (diego.guerrero@cps.ucm.es) con todos los interesados.

7. Marx dejó incompleto el análisis matemático del problema. A pesar de sus estudios de Matemáticas en los años de vejez (véanse Smolinski, 1973; Alcouffe, 1985), no podía resolver adecuadamente la cuestión con la exactitud que buscaba, fundamentalmente debido a que en su época no se había desarrollado el álgebra matricial hasta el nivel requerido. Los teoremas de Perron-Frobenius, difundidos sólo en el siglo XX, la elaboración a partir de las décadas de 1920 y 1930 del análisis insumo-producto (más conocido como input-output) por parte de Leontief (incluida la obtención posterior de la ya famosa inversa de Leontief: véase Leontief, 1953a y b), la programación lineal desarrollada por Kantorovich, Koopmans y otros a partir de los años treinta, las aportaciones matemáticas de von Neumann y su insistencia en el problema de la dualidad matemática, la reelaboración de estas cuestiones por su discípulo marxista, András Bródy, el desarrollo del concepto de integración vertical por parte de Pasinetti (1973), el descubrimiento de la solución iterativa a la cuestión de la transformación (primero por Bródy, luego por parte, casi simultáneamente, de G. Abraham-Frois, M. Morishima y A. Shaikh), el comienzo de los trabajos empíricos para el cómputo de las cantidades de trabajo verticalmente integradas necesarias para la reproducción mercantil, el desarrollo del concepto de composición en valor del capital verticalmente integrada (Shaikh, 1984) y su cálculo empírico a partir de tablas de insumo-producto reales de los Estados Unidos (Ochoa, 1984, Chilcote, 1997), etc.; todo eso ha hecho posible que hoy pueda concluirse, a mi juicio, que los auténticos valores-trabajo son los valores de producción.

8. Desde el punto de vista marxista, el argumento teórico puede rastrearse desde el propio Marx, pasando por Rubin (1929) y Bródy (1970), hasta llegar al filósofo español Felipe Martínez Marzoa, que, en un libro que no cita su discípulo F. Liria (1998), argumenta que estamos llenos de razón si queremos acusar de incoherencia a toda la tradición marxista que no ha puesto reparos a la hora de ponderar los valoresindividuales en un valor social promedio llamado valor directo, y en cambio se ha sumergido y empantanado en los debates más miserables sobre la supuesta imposibilidad o inconveniencia de hacer otro tanto con los valores directos para socializarlos (intersectorialmente o, mejor, globalmente) en los auténticos valores que corresponden a la economía capitalista en su conjunto (que, no lo olvidemos, constituye el verdadero objeto de análisis de esta teoría del valor): los valores de producción.

9. En mi opinión (Guerrero, 2000a), la explicación de que esta minoritaria línea de pensamiento dentro de la tradición marxista no haya conseguido aún la relevancia que merece estriba en la posición de autoderrota infligida por la defensa ideológica y pseudocientífica que han llevado a cabo la mayoría de los marxistas que han seguido apoyando la teoría laboral del valor (que, por lo demás, siguen siendo una minoría dentro de la llamada tradición marxista), fomentada y exacerbada por la actitud timorata o vergonzante de muchos exmarxistas que, en busca de un rápido reconocimiento académico, han percibido enseguida la rentabilidad personal de pasar por juiciosos y maduros científicos capaces de reconocer y renegar de sus pecados (ideológicos y/o revolucionarios) de juventud. Una vez premiados por la Academia con los diplomas y honores correspondientes, todos parecen ahora tan contentos, al menos hasta que el marxismo se vuelva a poner de moda (que se pondrá).

10. Por mi parte, y como marxólogo, he de confesar que tuve la inmensa suerte de ser acusado de marxista dogmático por el padre de todos los conversos exmarxistas (Manuel Castells), que calificó de esa guisa mi Tesis Doctoral de 1988, que comenzaba afirmando: "Esta Tesis utiliza el instrumental metodológico y analítico de la economía política marxista, para estudiar las relaciones existentes entre acumulación de capital, distribución de la renta nacional y crisis de rentabilidad, tanto desde el punto de vista teórico, como en referencia al caso español (1954-1987)". Con su voto negativo, Castells no sólo me ahorró generosamente el coste de un cubierto en el conocido y gastronómico ritual iniciático de los nuevos doctores, sino que me hizo el honor de colocarme, aunque sólo fuera durante un minuto, al lado de Jean-Paul Sartre, que, como dice Liria, defendió frente a Hegel, el mínimo e imprescindible dogma de que "el ser es y la nada no es", mientras que Castells, en su hegeliano e ideológico frenesí antidogmático y vacío, no necesitará nunca de Hegel para dejar de ser nada siéndolo permanentemente todo (en la Academia).

Diez tesis polémicas sobre la crisis económica y financiera: segunda versión (2003) (3).

1. En la teoría económica de Marx se encuentran reflexiones específicas sobre la crisis de sobreacumulación de capital que constituyen el núcleo central de su pensamiento sobre las crisis, aunque no lo agotan. Voy a referirme sólo a ese núcleo, poniendo énfasis en que se trata de la base de su modelo teórico sobre la sociedad capitalista, que no sólo prescinde de múltiples determinaciones teóricas relevantes para el análisis de las sociedades reales sino, además, de las muy diversas contingencias históricas (incluido el azar: véase Vadée, 1998) que afectan a cada formación social real.

Comentarios a la tesis 1

a. Es fácil pasar por alto la diferencia que tiene que existir entre un análisis teórico abstracto del modelo –éste se ha de centrar en el funcionamiento normal del sistema en cuanto tal— y un análisis histórico específico de la situación del mundo capitalista en cada momento y lugar concretos. Por ejemplo, la teoría de la crisis capitalista como movimiento cíclico necesario del sistema poco puede decir sobre las relaciones político-estratégicas específicas y sobre la situación histórica específica en que se encuentren en cada momento, por ejemplo, lo que son actualmente los tres grandes bloques capitalistas mundiales (Estados Unidos, Unión Europea, Japón). Si el euro están un diez por ciento por encima o por debajo del dólar tiene poca significación abstracta para el modelo; lo mismo si suena más o menos fuerte los tambores de guerra. Pero para analizar la coyuntura particular de cada momento, así como las grandes tendencias históricas, la TLV sólo puede ser una primera referencia (imprescindible) que tiene que ser completada con multitud de análisis metateóricos.

b. Especial referencia merece la manía que tienen algunos de no querer comprender por qué el determinismo es necesario y por qué éste significa algo completamente distinto de lo que normalmente se entiende por él. La ley de la gravedad es un descubrimiento científico importantísimo que nos explica la forma básica en que se mueven los cuerpos, pero no puede predecir quién va a ganar una partida de billar que se va a jugar esta tarde (porque hay que tener en cuenta múltiples factores que son independientes de la ley). La ley de la gravedad de la sociedad capitalista es igual de básica para entender el movimiento fundamental de las variables esenciales que afectan a esta sociedad. Por ejemplo, comprender que la rentabilidad tiene tendencia a caer y que eso está detrás de las recurrencias cíclicas del capitalismo, que a la larga terminarán por hacer conscientes a los trabajadores asalariados de su contingente condición de mercancía, equivale a comprender que el agua de la lluvia se tiene que desplazar desde las montañas al nivel del mar (y no a la inversa), pero no tiene por qué decirnos nada sobre en qué lugar se va a producir el próximo desbordamiento de un río en un país determinado, ni por dónde va a bajar la ladera de un monte una torrentera recién caída esta madrugada.

2. Ligar crisis económica y dinámica de la acumulación del capital no significa eliminar la posibilidad, e incluso la necesidad, de crisis en condiciones de reproducción simple (sin auténtica acumulación) del capital. Pero la teoría de la crisis de Marx se centró en la que surgía como necesidad del proceso de acumulación y reproducción ampliada del capital (es decir, en una economía capitalista en crecimiento), debido al funcionamiento innato de esa dinámica capitalista. En este sentido, su aportación básica consistió en la percepción de que expansión y crisis de la expansión (generadora de una depresión) eran fases igual de naturales y normales del proceso de acumulación de capital. El capitalismo funciona como un termostato que, por el simple hecho de serlo, tiene que apagarse y encenderse (como resultado de su propio funcionamiento), aunque también las circunstancias externas tengan mucho que decir sobre la duración de los periodos de encendido y apagado del citado mecanismo.>>

Comentarios a la tesis 2

a. Sobre la posibilidad de crisis en condiciones de reproducción simple, véanse las obras de Grossmann (1929) o de Rosdolsky (19**), por ejemplo.

b. El termostato. A un nivel de abstracción máxima, no hay más causa de la crisis que la expansión previa, como no hay otra causa de ésta que la depresión que le sirvió de base. Por tanto, lo fundamental es entender la necesidad de la dinámica cíclica del sistema. Cuando era un joven periodista y no compartía la TLV, Marx tenia una idea simplista de los ciclos y las crisis económicas, y ligaba ingenuamente el estallido de una crisis comercial con la apertura de un proceso revolucionario en algún país de Europa. Con el tiempo y el estudio, llegó a una teoría más compleja, donde predominan otros rasgos. Comprendió, en primer lugar, que la evolución cíclica y las crisis son inevitables mientras que la fuerza de trabajo sea una mercancía. La razón es que la artificialidad de la forma de vida mercantil se haría más evidente cuanta más experiencia de "pobreza mercantil" acumulara la gente corriente, que por otra parte tiende a confundirse progresivamente con el proletariado (es decir, con los asalariados, por mucha residencia secundaria y coche familiar que sea capaz de comprar con su salario de esclavo rico). El aumento del salario real hace a la gente acomodaticia y contemporizadora con el sistema, pero la necesidad de derrumbes periódicos (que pueden incluir periodos de guerra y de irracionalidad geoestratégica como éste en el que estamos entrando nuevamente), que, aunque empiecen por la periferia, sólo pueden culminar en el centro, termina por poner las cosas en su sitio y convence poco a poco a los productores de que el sistema actual no le permite la supervivencia a largo plazo.

c. El mecanismo que pone en marcha y apaga el termostato tiene que ver con el comportamiento de la rentabilidad y las ganancias, que sólo cuando se parte de la TLV se comprende que no es sino otra manera de llamar a las cantidades y distribución del trabajo pasado y presente que todos los miembros de la sociedad tienen que hacer o no hacer, y no sólo eso, sino hacer de más o de menos (en cantidad), dependiendo de las condiciones estructurales en que cada uno nazca y aparezca inserto en el seno de las relaciones sociales capitalistas.

3. En el funcionamiento del termostato capitalista desempeña un papel central la llamada "ley de la tendencia descendente de la tasa de ganancia" (LTDTG). Esta ley --la más importante de la Economía Política, según Marx-- es de hecho compartida por todas las escuelas del pensamiento económico, desde A. Smith (al menos) hasta Samuelson, pero su explicación y su papel en el sistema teórico de cada autor son muy diversos. En Marx, la insistencia en esta ley tiene por objeto descartar otras explicaciones alternativas de la crisis, muy populares en su época (y también hoy, incluso entre muchos marxistas), como, por ejemplo, la crisis de subconsumo (o sobreproducción), que él criticó en el socialista Sismondi o en el ultraconservador Malthus, pero que hoy se podría también criticar en el mitificado liberal Maynard Keynes o en los conocidos marxistas Rosa Luxemburgo y Paul Sweezy (y su escuela de la Monthly Review). Para Marx, el subconsumo es característico de toda sociedad de clases, no algo específico de la sociedad capitalista. Además, la explicación de la crisis como un exceso (relativo) de oferta --o insuficiencia (relativa) de demanda-- es algo que sólo pueden reivindicar quienes todo lo reconducen a la oferta y la demanda, pero no quienes --como él-- pretenden demostrar precisamente que la oferta y la demanda no explican nada por sí mismas, sino que tienen que ser explicadas por algo distinto, en particular, por la acumulación del capital.

Comentarios a la tesis 3

a. Todas las escuelas de pensamiento tienen alguna versión de la "caída tendencial de la rentabilidad", pero la compensan con algún factor adicional. Por ejemplo, la mayoría de los economistas convencionales actuales piensan que se compensa esta tendencia con la tendencia al cambio técnico, que la contrarresta tanto como para invertir el vector compuesto resultante, que puede ser, según ellos, una subida o un mantenimiento de la tasa de ganancia.

b. En Marx, la caída se produce debido precisamente al cambio técnico esencial que significa el capitalismo industrial. La revolución industrial –que sólo ha sido una (véase Arrous, 1999) si la entendemos a la manera de Marx, en el muy largo plazo histórico, como la instauración del sistema de producción basado en el "sistema automatizado de máquinas"—supone un cambio esencial también desde el punto de vista del modo técnico de producción. Precisamente, lo específico de la forma suprema que tiene la mercancía (el capital fijo en forma de máquina, que permite el paso de la subsunción formal a la subsunción real del trabajo en el capital) es el salto técnico y tecnológico que significa la mecanización (o maquinización) de la producción. Ésta es la base del aumento de la composición del capital, es decir de la contradicción intrínseca del sistema capitalista, que tiende a matar a la gallina de los huevos de oro que le sirve de base: el trabajo directo del asalariado (cada vez más productivo de valores de uso gracias a la creciente productividad de las máquinas). 

Analicemos conjuntamente los dos puntos siguientes, 4 y 5. En mi opinión, no se trata de añadir comentarios adicionales sino de leer detenidamente lo que ya se decía en ellos:

4. La explicación de la LTDTG exige definir la tasa de ganancia (g) como cociente entre ganancia o beneficio, B (la expresión monetaria del plusvalor), y capital invertido, K:
g = B/K.

Como su teoría del valor explica que la ganancia no es sino la forma que adopta el plusvalor (pv), y el plusvalor no es sino uno de los tres componentes del precio global de la producción social (junto al capital constante consumido, como flujo, en el periodo, c, y junto al flujo de capital variable, v); y puesto que el capital invertido consiste tan sólo --desde el punto de vista contable y para cualquier periodo de tiempo-- en elementos del stock de capital constante, C, yo prefiero escribir (en lugar de la habitual g = pv / [C+V]):
g = pv/C.
Marx explicaba el comportamiento dinámico de la tasa general de ganancia expresando también ésta como el cociente de otras dos tasas:
g = p’ / cvc,
donde p’ es la tasa de plusvalor (cociente entre plusvalor y capital variable: p’ = pv / v) y cvc es la composición en valor del capital (cociente entre el capital constante invertido y el capital variable pagado en el periodo: cvc = C / v), todo ello para argumentar que g tendería a caer en el tiempo como consecuencia de que p’ también subiría, pero lo haría más despacio que cvc.

5. Detengámonos un momento en la doble dinámica de p’ y cvc. El aumento de p’ expresa el grado creciente de explotación que crea la evolución capitalista. La subsunción real del trabajo en el capital y el aumento consiguiente de la productividad hacen que el valor de cualquier unidad de mercancía tienda a descender (y, por tanto, también el de cualquier cesta de mercancías, por ejemplo la que se compone de los medios de subsistencia obrera). Desciende, por tanto, el valor de la fuerza de trabajo en el tiempo (como fracción del valor creado), incluso si el contenido material de la cesta de subsistencia va ampliándose y mejorando (como de hecho ocurre a largo plazo). Otra forma de expresar esta tendencia al aumento del grado de explotación (o tasa de plusvalía) es decir que el salario relativo (4) (o participación de la masa salarial global en el valor añadido global, o renta nacional) tiende a bajar, que equivale a afirmar la depauperación relativa de los trabajadores (sin que esto excluya la depauperación absoluta en otro sentido).

En cuanto a la evolución de la cvc, Marx consideraba que su aumento sería más rápido que el de p’ (pero más lento que el de la composición orgánica del capital, coc) porque el avance técnico implícito en la mecanización progresiva de la producción no encuentra limitaciones para ligar a cantidades más elevadas de capital constante (fijo y circulante) cantidades más bajas de trabajo directo, como resultado de la tendencia de la economía capitalista a funcionar como un sistema automático de máquinas, tal y como la definió en los Grundrisse (Marx, 1857). Por el contrario, el aumento de la tasa de plusvalor encuentra un doble obstáculo: no sólo la mecanización intensifica y cualifica el trabajo social medio, y vuelve costoso reponer el consumo de fuerza de trabajo, sino que la propia expansión de la acumulación genera sobrecompetencia en el lado capitalista si la acumulación marcha muy deprisa, y, con ello, genera un movimiento alcista en el salario que frena el incremento de p’.

6. Muchos marxistas defensores de la LTDTG dan razones distintas a las de Marx para explicar la tendencia. Por ejemplo, los teóricos de la profit squeeze (compresión o estrujamiento de la ganancia), regulacionistas franceses, radicales americanos, postkeynesianos, segmentacionistas, etc., piensan que g cae porque el aumento de organización obrera eleva los salarios más deprisa que la productividad, y hace bajar, por consiguiente, la tasa de plusvalía (véase una crítica de este argumento en Brenner, 1998, 1999; y una crítica del argumento, y también del de Brenner, en Shaikh, 1999). Esto lo descartó el propio Marx diciendo que si eso fuera así, el capital lo reconduciría a lo contrario por medio de un frenazo temporal en la inversión, que llevaría la dinámica del salario (variable dependiente de la acumulación de capital) hacia una senda compatible con la prolongación de la acumulación. Esto quiere decir que, si bien episodios de este tipo pueden provocar crisis de corta duración, la gran crisis de derrumbe de la acumulación no puede explicarse por esta vía.>>

Comentario a la tesis 6

a. Por tanto, la subida del salario por encima del crecimiento de la productividad, típica explicación de muchas corrientes procedentes del marxismo (por ejemplo, los regulacionistas), sólo puede generar un ciclo de muy corto plazo si la subida relativa es excesivamente grande. Si es "soportable", se trata de un indicador más de la propia expansión, que a medida que se alarga da paso desde la fase de subida de la tasa de explotación a la de estancamiento y bajada de la misma, lo mismo que la caída de la tasa de ganancia sólo significa en un principio que las cosas marchan bien, puesto que el capital está creciendo aun más deprisa que los beneficios.

7. Aunque Marx prefiriera explicar la caída de g como consecuencia de un crecimiento más lento de p’ que de cvc, no dejó por ello de explicar la tendencia de otras múltiples formas coincidentes. En mi opinión, la más sencilla consiste en decir, teniendo a la vista la igualdad g = B / K, que el propio éxito de la acumulación de capital conduce a su fracaso, o, dicho de otra forma, que el encendido del termostato conduce, tarde o temprano, a su apagado. Por consiguiente, si el proceso de acumulación se quiere llevar al límite --como es la tendencia de cada unidad de capital, por definición--, hasta el propio beneficio (fuente de la acumulación misma) se convierte en obstáculo para la acumulación, de forma que el capitalista pretende acumular a un ritmo superior al de los beneficios. Cuando este ocurre, y K crece aun más deprisa que B, el capital está en su apogeo, la acumulación, en su etapa más saludable, y, al mismo tiempo, g está descendiendo necesariamente.>>

Comentarios a la tesis 7

a. Insistamos en este punto. El comportamiento normal de la rentabilidad es a la baja: mientras esto sucede y la acumulación prosigue, las cosas marchan bien para el capital. El volumen total de plustrabajo crece, y con él el de plusvalía y beneficio globales del sistema. La rentabilidad decreciente se compensa con gusto precisamente porque la acumulación se hace cada vez más rápida.

b. Pero precisamente la continuación del auge pone la base de su conversión en crisis y depresión. Puesto que B’ = g’ + (g · sc), este B’ seguirá siendo positivo (aunque g’ sea negativo) si la caída del primer factor dentro del paréntesis se compensa con una subida permanente del segundo factor. Pero éste es un coste que a la larga resulta excesivo para el sistema, y que éste termina por no poder pagar: en ese momento se desencadena la crisis. Esto lo que se explica en el punto siguiente.

8. Por tanto, es un error ligar la teoría de la crisis de Marx a la simple caída de g, como hacen muchos marxistas. En realidad, Marx insistió mucho más en la evolución de la masa de plusvalía (pv o B). Para él, la crisis se produce cuando el descenso de g (que es su comportamiento normal) lleva al de B. Obsérvese que si escribimos B = g · K, la acumulación proseguirá sana y salva mientras la caída de g se compense con un crecimiento suficiente de K. Ahora bien, Marx se dio cuenta de que el descenso de g a su vez retroalimentaba negativamente la dinámica de K, y hoy en día se puede demostrar matemáticamente por qué y cómo esto es así (Shaikh, 1989, 2000). Si escribimos lo anterior como tasas de variación el tiempo (donde x’ es la tasa de variación temporal porcentual de x, o dx/dt), entonces:
B’ = g’ + K’.
Puesto que g’ es negativa (según hemos visto), B’ puede seguir siendo positiva mientras K’ sea positiva y superior a g’. Ahora bien, K’ es la tasa de acumulación (en términos de inversión), es decir, I/K; y en el equilibrio macroeconómico I y S (el ahorro) coinciden, por lo que puede escribirse:
K’ = S / K = (S/B) · (B/K) = sc · g.
Si g disminuye, la única forma de que K’ se mantenga es mediante el aumento de sc, que no es sino (en términos keynesianos y kaleckianos) la propensión media al ahorro de los capitalistas, o (en términos marxianos) el aumento de la tasa de acumulación de la plusvalía (I/pv). Por tanto:
B’ = -a + sc · g,
De donde se deduce que B’ = 0 cuando g baja hasta el nivel (a/sc).
Gráficamente, lo anterior puede representarse diciendo que la crisis se produce cuando la tasa de ganancia normal (es decir, la que constituye el centro de gravedad en torno al cual fluctúa la tasa efectiva) cae por debajo de la línea recta (una simplificación, pues en realidad también ella traza una curva fluctuante en el tiempo) que representa el valor del cociente (a/sc). Se comprueba en la figura 1 que si g* fluctúa en largas oscilaciones alrededor de una tendencia secular descendente, la duración y la profundidad de los periodos de depresión serán cada vez mayores, razón por la cual parece factible la tesis de la creciente gravedad de las crisis económicas capitalistas (una ilustración excelente de Marx, 1894, puede verse en Grossmann, 1929; para una interpretación de LTDTG como teoría de las ondas largas llamadas de Kondrátiev, véase Shaikh, 2000; y para una sugerente, aunque discutible, explicación de los llamados ciclos seculares, aun más largos que los de Kondrátiev, véase Arrighi, 1994).

Comentarios a la tesis 8
No me parecen necesarios.

9. La crisis financiera no es independiente de la dinámica general de la crisis de sobreacumulación de capital, como ha explicado Wolfson (1986), que analiza la coincidencia al respecto entre Marx y Veblen (1923) o Minsky (1982). Una forma de retrasar los efectos de círculo vicioso que se desata al estallar la crisis de sobreacumulación (al apagarse el termostato capitalista porque la masa de beneficios se estanca o decrece al hacerse B’ = 0) --círculo vicioso que se produce porque al hundimiento de la inversión le suceden el del empleo y el consumo, más la transmisión de los efectos depresivos a lo ancho del sistema vía matriz de interdependencias sectoriales, más el feedback de la primera ronda negativa sobre las nuevas perspectivas de inversión...-- es detener la caída a corto plazo de la demanda mediante la expansión del crédito. Pero la expansión del crédito es al mismo tiempo la expansión de la deuda (Shaikh, 1990), y, si la depresión es larga, la continua expansión del crédito para contrarrestar una caída persistente de la demanda significa una acumulación de deuda que se constituye en una carga cada vez más pesada para la continuidad de la senda de crecimiento a largo plazo de la economía.

Esto quiere decir, que la burbuja crediticia y la especulación financiera no son sino síntomas de que la depresión en el ámbito de la producción de valor aún continúa, de forma que el exceso de capacidad productiva instalada por el capital mundial todavía no ha desaparecido y, por tanto, persiste la raíz del problema en tanto no se destruya dicho exceso (no el exceso de medios de producción, que es una expresión absurda, sino el de medios de producción absurdamente convertidos en capital). La expansión crediticia y burbujeante tiene que detenerse y estallar por el mero hecho de ser burbuja, poniendo fin al periodo transitorio de dislocamiento entre lo que parecen ser dos subsectores de la economía, el capital productivo y el financiero (véase Guerrero, 2000b). En realidad, el capital financiero hipertrofiado, tan actual, es sólo consecuencia de la enorme masa de plusvalía que pulula por los mercados financieros y bolsas mundiales sin posibilidad de fijarse en una inversión productiva, debido a que lo que hay en el subsector productivo es un exceso de capacidad.

Comentarios a la tesis 9

a. A pesar de los casi tres años de caída de las bolsas que llevamos, el problema aún no está resuelto ni mucho menos. Se ha destruido capital, pero al igual que se ha desvalorizado el denominador de g = B/K, otro tanto ha ocurrido con el numerador. De hecho, estamos en pleno proceso de corrección de las perspectivas de beneficio a corto plazo: la revisión a la baja de las expectativas de crecimiento de las ganancias está obligando a las grandes y pequeñas empresas en todo el mundo a dotar de forma extraordinaria sus diversos fondos de provisión de impagados, de amortización de activos sin valor, de depreciación de inversiones ya pagadas, etc. Las pérdidas récord del año 2002, que superan las de 2001, significa que aún estamos en medio del ajuste, y que la falta de liquidez a la que están haciendo muchas empresas puede convertirse en falta de solvencia, en suspensiones de pagos y en quiebras.

b. La destrucción de capital no puede ser indolora. Capital que se destruye significa capitalista que muere (en el sentido económico, no físico), y ningún capitalista se resigna a dejar de serlo, lo mismo que nunca ningún privilegiado ha optado por dejar de serlo a no ser como excepción que confirma la regla. Por tanto, esto significa que el ajuste no puede estar completo sin que se produzca una violencia extrema, es decir, sin que se genere de nuevo el caldo de cultivo de las guerras, que algunos ilusos pensaban que había pasado ya a la historia, cuando está volviendo a ser la máxima actualidad.

10. La única salida posible de esta situación de doble crisis (sobreacumulación de capital productivo; hipertrofia de la burbuja financiera) es la destrucción de capital. La última crisis de sobreacumulación condujo a la 2ª guerra mundial, que, al destruir mano de obra "sobrante" y grandes masas de "capital" fisico, puso las bases (terribles, pero bases) de la nueva onda expansiva del capitalismo mundial. De la depresión de los últimos 25/30 años aún no hemos salido. En mi opinión, la salida está cercana y se producirá por un estallido que tendrá consecuencias desastrosas para la situación económica y social de la población mundial. La generación joven actual, aniñada y completamente ajena a la realidad de los hechos, en parte porque sus profesores y maîtres à penser (et à ignorer), están igual de infantilizados en lo intelectual, no tiene la menor idea de lo que por desgracia le espera.

Las ilusiones de quienes creen que lo malo de la historia ya pertenece al pasado van a estallar tan estrepitosamente como la economía, y no porque la salida de esta onda depresiva tenga que conducir necesariamente a la 3ª guerra mundial (aunque tampoco lo descarto). Hay otras muchas formas de destruir capital, sin necesidad de tirar bombas (el movimiento de las bolsas puede destruir capital con la misma rapidez que una bomba atómica). Así que id preparando las armas, queridos colegas, porque nos queda mucho por sufrir. Como no me da miedo equivocarme, lo digo aquí. Tras el análisis de la situación, mi pronóstico sólo puede ser que la catástrofe está a la vuelta de la esquina. Pero que nadie se haga ilusiones, porque la bocacalle que hay después de esa esquina puede reconducirnos a más capitalismo. El páramo de reflexión sobre lo que está pasando va a coger tan desprevenidos a casi todos que el capitalismo puede ser capaz de fabricar una nueva vía, que será sin duda otro callejón sin salida, pero que tendremos que andar hasta el final si no nos sublevamos. Los cambios ideológicos que se avecinan --consecuencia de cambios sociales, económicos y políticos que están a punto de pasar-- van a dar mucho trabajo a los historiadores e ideólogos de las próximas décadas.
 
IV. Comentarios a la tesis 10, en forma de conclusión (siempre provisional en estas materias).

a. Si alguien piensa que lo que escribí en este último punto era excesivamente "catastrofista", permítame que le enmiende la plana para asegurarle mi actual convicción de que me quedé corto. Ahora se entiende mejor por qué no es suficiente con que las Bolsas bajen un 30%, un 40%, un 50%... Mientras denominador y numerador bajen pari passu, la rentabilidad no se restablecerá al nivel necesario para que se dispare una auténtica nueva onda larga de expansión como la que necesita el restablecimiento de un periodo de paz (si eso va a ser posible alguna vez en el futuro). La auténtica recuperación sólo puede darse para los sobrevivientes que queden después de la escabechina. Por tanto, la escabechina surge como una necesidad de la ley del valor.

b. Esto lo saben los analistas más finos de la actual situación (aunque no entiendan de la TLV y además pertenezcan al establishment empresarial o académico mejor instalado), y, en mi opinión, tiene mucho que ver con lo que pasa actualmente en el mundo en torno a la guerra contra Irak. Me parece un economicismo romo limitar el problema de Irak a la cuestión del petróleo. Que el capitalismo es un imperialismo y que sus cabezas pensantes se comportan como aves de rapiña es una constante que no puede explicar por qué en unos momentos se impone la paz y en otros la guerra. Lo que tienen realmente en común los años treinta del siglo pasado y este comienzo del siglo actual no es el "neoflorecimiento" del nazismo (aunque algo de eso hay si entendemos ese fenómeno en un sentido amplio), sino básicamente el convencimiento de sectores crecientes del capital de que no hay otra solución que amputar la parte menos sana de los hasta ahora hermanos capitalistas. La competencia es así: es la guerra. Y lo que empieza siendo una guerra por todos los medios, pero fundamentalmente en el terreno civil, se termina extrapolando a una guerra también y sobre todo por los medios militares. Muchos capitalistas se han dado cuenta de que no hay espacio en el mundo para que todos sigan ganando lo que necesitan ganar. Y han decidido dejarse ya de explorar otras bazas para apostar de una vez a la única que la historia ha demostrado siempre como segura. Y de ahí la guerra.

c. Lo específicamente nuevo, y como siempre imprevisto, de la actual situación es que Alemania y Francia, esta vez, salen a la luz de la nueva palestra política mundial como representantes de la otra parte que hace falta que surja para que el conflicto se vaya preparando en sus dimensiones necesarias (la subida relativa del euro en términos del dólar en un 20% durante el último año no es ninguna causa sino un mero síntoma de que a ambos lados del Atlántico se ha decidido apostar a ganar). Sobra capital, queridos lectores. Y si el capital ya de por sí es algo gravísimo que nos ocurre a los humanos a estas alturas de la historia, el que sobre capital de forma tan persistente es aun peor (lo mismo que es mejor estar explotado dentro de la empresa y con un empleo, que estar explotado al sol, como un parado).

Lo siento, pero ahora no me queda otra solución que concluir que volveremos a tener una guerra que nos salpicará a una o varias generaciones. Eso es lo que yo leo en la situación actual a partir de la TLV. 

Referencias bibliográficas
I. Orientación bibliográfica
Vale muchísimo más la pena leer a Marx directamente que a los marxistas. (Además, es el método correcto para seleccionar posteriormente entre los marxistas que valen la pena y los que no). El núcleo de la obra de Marx está en El capital, especialmente en la parte que acabó y publicó él mismo en vida (libro I). En cualquier caso, hay lecturas de Marx posteriores muy interesantes. Entre las clásicas, y siempre desde la perspectiva del "economista" (división w), destaco dos:
* Rubin, I. I. (1923): Ensayo sobre la teoría marxista del valor, Pasado y Presente, Buenos Aires, 1974.
* Grossmann, Henryk (1929): La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista, Siglo XXI, México, 1979.
Entre las de una época posterior:
* Rosdolsky, Roman (1968): Génesis y estructura de El Capital de Marx (estudios sobre los Grundrisse), S. XXI, México, 1978.
* Martínez Marzoa, Felipe (1983): La filosofía de ‘El Capital’, Taurus, Madrid.
* (para especialistas:) Bródy, A. (1970): Proportions, Prices and Planning. A Mathematical Restatement of the Labor Theory of Value, Budapest: Akademiai Kiadó.
Finalmente, dos excelentes manuales recientemente traducidos al español (el primero, más breve):
* Gouverneur, Jacques (1998): Comprender la economía. Un manual para descubrir la cara oculta de la economía contemporánea, trad. de Alejandro Ramos, Bruselas: Diffusion Universitaire CIACO, 2002 [de momento, se puede obtener gratuitamente en internet: www.i6doc.com].
* Gill, Louis (1996): Fundamentos y límites del capitalismo, ed. Xabier Arrizabalo, Madrid: Trotta, 2002.
[* Duménil, Gérard; Lévy, Dominique (2003): Économie marxiste du capitalisme, Paris: La Découverte, de probable próxima traducción al español] 
II. Otras referencias citadas en el texto
Alcouffe, A. (1985). "Marx, Hegel et le calcul. Quelques repères", en Les manuscrits mathématiques de Marx. Étude et Présentation, Paris: Économica, 1985, pp. 11-109.
Arrighi, G. (1994): El largo siglo XX, Madrid: Akal, 1999.
Arrous, J. (1999): Les theories de la croissance, Paris: Éditions du Seuil.
Arteta, A. (1993): Marx: valor, forma social y alienación, Ed. Libertarias, Madrid.
Chilcote, E. (1997): "Interindustry structure, relative prices and productivity: an input-output study of the U.S. and O.E.C.D countries", Tesis doctoral, Depto de Economía, New School University, N. York.
Fernández Liria, C. (1998): El materialismo, Madrid: Síntesis.
García Ábalos, J M. (1949): "La teoría del salario en Carlos Marx", Anales de Economía, 35, pp. 309-335.
Guerrero, D. (1997); Historia del pensamiento económico heterodoxo, Madrid: Trotta.
(2000a): Teoría del valor y análisis insumo-producto, manuscrito, 158 pp. (http://pc1406.cps.ucm.es)
(2000b): "Desempleo y competitividad en la burbuja financiera global", ponencia presentada a la II Reunión de Economía Mundial, León, mayo de 2000.
(2002, ed.): Lecturas de economía política, Madrid: Síntesis.
(2003): "Capitalist competition and the distribution of profits", en A. Saad-Filho, ed.: Anti-Capitalism. A Marxist Introduction, London: Pluto Press, pp. 73-81.
Leontief, W. W. (1953a): "Structural change", en Studies in the Structure of the American Economy, W. W. Leontief et al., New York: Oxford University Press, 1953, pp. 17-52.
(1953b): "Dynamic Analysis", en Studies in the Structure of the American Economy, W. W. Leontief et al., New York: Oxford University Press, 1953, pp. 53-90.
Marx, K. (1857): Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundrisse) (2 volúmenes), Barcelona: Crítica (Grijalbo), 1977].
(1894): El Capital, libro III, Madrid: Siglo XXI.
Minsky, H. (1982): Can "It" Happen Again?: Essays on Instability and Finance, Armonk, NY: Sharpe.
Ochoa, E. (1984): "Labor values and prices of production: an interindustry study of the U.S. economy, 1947-1972", Tesis doctoral, Departamento de Economía, Nueva York: New School for Social Research.
Pasinetti, L. L. (1973): "The notion of vertical integration in economic analysis", Metroeconomica, 25: 1-29.
Shaikh, A. (1984): "The transformation from Marx to Sraffa", en Mandel y Freeman (eds.): Marx, Ricardo, Sraffa, Londres: Verso, pp. 43-84.
(1989): "Accumulation, finance and effective demand in Marx, Keynes and Kalecki", en W. Semmler (ed.): Financial Dynamics and Business Cycles: New Perspectives, NY: Sharpe.
(1990): Valor, acumulación y crisis, Bogotá: Tercer Mundo editores.
(2000): "La onda larga de la economía mundial en la segunda mitad del siglo XX", en D. Guerrero y J. Arriola, eds., Nueva Economía Política de la Globalización, Bilbao: Eds. de la Universidad del País Vasco.
Smolinski, L. (1973). "Karl Marx and mathematical economics", Journal of Political Economy, septiembre-octubre, pp. 1189-1204.
Vadée, M. (1998): Marx, penseur du possible, Paris: L’Harmattan.
Veblen, T. (1923); Absentee Ownership and Business Enterprise in Recent Times, A.M. Kelley, Nueva York, 1965.
Wolfson, M. H. (1986): Financial Crisis: Understanding the Postwar U. S. Experience, M. E. Sharpe, Nueva York. 

Notas 

(1) La primera versión de esta sección se titulaba "10 tesis polémicas sobre la teoría laboral del valor (para el debate con Liria y Barceló)", celebrado el 3-abril-2000, en el Salón de Grados de la Facultad de Económicas de la UCM.
(2) A finales del siglo XX, gracias a los avances en álgebra matricial y en las teorías insumo-producto, sistemas lineales de producción, etc., xi se puede definir con más exactitud como un cociente referido a la variable que la literatura conoce hoy como "composición en valor del capital verticalmente integrada" (entre el sector i y la media de la economía).
(3) La primera versión de estas tesis se escribió para el ya citado Seminario de estudiantes con el título de “Diez reflexiones polémicas sobre la crisis económica y financiera (para el debate con Palazuelos y Castillo, 6-4-00)”.
(4) La expresión es de Ricardo, pero la reclama Marx como el concepto de salario fundamental, más importante que los de salario nominal y real (véase un buen desarrollo de la teoría salarial de Marx en García Ábalos, 1949) 
http://pendientedemigracion.ucm.es/

◆ El que busca, encuentra...

Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocasKarl Marx

Not@s sobre Marx, marxismo, socialismo y la Revolución 2.0

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Marc Sala: El capitalismo se come al bar donde Marx y Engels debatían sobre comunismo — El Español

— Notas sobre debates, entrevistas y eventos
Fabrizio Mejía Madrid: Conmemoran aniversario de la muerte de Lenin en Rusia — Proceso
Segundo Congreso Mundial sobre Marxismo tendrá lugar en Beijing — Xinhua
Debate entre Andrew Kliman & Fred Moseley — Tiempos Críticos
David McNally & Sue Ferguson: “Social Reproduction Beyond Intersectionality: An Interview” — Marxismo Crítico
Gustavo Hernández Sánchez: “Edward Palmer Thompson es un autor que sí supo dar un giro copernicano a los estudios marxistas” — Rebelión
Alberto Maldonado: Michael Heinrich en Bogotá: El Capital de Marx es el misil más terrible lanzado contra la burguesía — Palabras al Margen
Leonardo Cazes: En memoria de Itsván Mészáros — Rebelión (Publicada en O Globo)
Entrevista con István Mészáros realizada por la revista persa Naghd’ (Kritik), el 02-06-1998: “Para ir Más allá del Capital” — Marxismo Crítico
Rosa Nassif: “El Che no fue solo un hombre de acción sino un gran teórico marxista” Agencia de Informaciones Mercosur AIM
Entrevista a Juan Geymonat: Por un marxismo sin citas a Marx — Hemisferio Izquierdo
Juliana Gonçalves: "El Capital no es una biblia ni un libro de recetas", dice José Paulo Netto [Português ] — Brasil de Fato
Entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
Alejandro Katz & Mariano Schuster: Marx ha vuelto: 150 años de El Capital. Entrevista a Horacio Tarcus — La Vanguardia
Salvador López Arnal: Entrevista a Gustavo Hernández Sánchez sobre "La tradición marxista y la encrucijada postmoderna" — Rebelión
Jorge L. Acanda: "Hace falta una lectura de Marx que hunda raíces en las fuentes originarias del pensamiento de Marx" — La Linea de Fuego

— Notas sobre Lenin y la Revolución de Octubre
Guillermo Almeyra: Qué fue la Revolución Rusa — La Jornada
Jorge Figueroa: Dos revoluciones que cambiaron el mundo y el arte — La Gaceta
Gilberto López y Rivas: La revolución socialista de 1917 y la cuestión nacional y colonial — La Jornada
Aldo Agosti: Repensar la Revolución Rusa — Memoria
Toni Negri: Lenin: Dalla teoria alla pratica — Euronomade
Entretien avec Tariq Ali: L’héritage de Vladimir Lénine — Contretemps
Andrea Catone: La Rivoluzione d’Ottobre e il Movimento Socialista Mondiale in una prospettiva storica — Marx XXI
Michael Löwy: De la Revolución de Octubre al Ecocomunismo del Siglo XXI — Herramienta
Serge Halimi: Il secolo di Lenin — Rifondazione Comunista
Víctor Arrogante: La Gran Revolución de octubre — El Plural
Luis Bilbao: El mundo a un siglo de la Revolución de Octubre — Rebelión
Samir Amin: La Revolución de Octubre cien años después — El Viejo Topo
Luis Fernando Valdés-López: Revolución rusa, 100 años después — Portaluz
Ester Kandel: El centenario de la Revolución de octubre — Kaos en la Red
Daniel Gaido: Come fare la rivoluzione senza prendere il potere...a luglio — PalermoGrad
Eugenio del Río: Repensando la experiencia soviética — Ctxt
Pablo Stancanelli: Presentación el Atlas de la Revolución rusa - Pan, paz, tierra... libertad — Le Monde Diplomatique
Gabriel Quirici: La Revolución Rusa desafió a la izquierda, al marxismo y al capitalismo [Audio] — Del Sol

— Notas sobre la película “El joven Karl Marx”, del cineasta haitiano Raoul Peck
Eduardo Mackenzie:"Le jeune Karl Marx ", le film le plus récent du réalisateur Raoul Peck vient de sortir en France — Dreuz
Minou Petrovski: Pourquoi Raoul Peck, cinéaste haïtien, s’intéresse-t-il à la jeunesse de Karl Marx en 2017? — HuffPost
Antônio Lima Jûnior: [Resenha] O jovem Karl Marx – Raoul Peck (2017) — Fundaçâo Dinarco Reis
La película "El joven Karl Marx" llegará a los cines en el 2017 — Amistad Hispano-Soviética
Boris Lefebvre: "Le jeune Karl Marx": de la rencontre avec Engels au Manifeste — Révolution Pernamente

— Notas sobre el maestro István Mészáros, recientemente fallecido
Matteo Bifone: Oltre Il Capitale. Verso una teoria della transizione, a cura di R. Mapelli — Materialismo Storico
Gabriel Vargas Lozano, Hillel Ticktin: István Mészáros: pensar la alienación y la crisis del capitalismo — SinPermiso
Carmen Bohórquez: István Mészáros, ahora y siempre — Red 58
István Mészáros: Reflexiones sobre la Nueva Internacional — Rebelión
Ricardo Antunes: Sobre "Más allá del capital", de István Mészáros — Herramienta
Francisco Farina: Hasta la Victoria: István Mészáros — Marcha
István Mészáros in memoriam : Capitalism and Ecological Destruction — Climate & Capitalism.us