"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

18/8/16

‘Sobre el método marxista’ de Michael Löwy — La objetividad y punto de vista de clase en las Ciencias Sociales

Juan Felipe González Jácome

En 1974, la editorial Grijalbo publicó un libro titulado “Sobre el método marxista”, el cual formó parte de la Colección Teoría y Praxis (dirigida y compilada por el maestro Adolfo Sánchez Vázquez). En dicha publicación, se encuentra un ensayo de Michael Löwy titulado “Objetividad y punto de vista de clase en las Ciencias Sociales”, el cual, además de plantear aspectos medulares sobre cuestiones de “método”, expone puntos de referencia lúcidos respecto a nociones neurálgicas del pensamiento marxista, tales como: la ideología, la objetividad, la verdad y el punto de vista de clase en el estudio de la realidad. En ese orden de ideas (y con la intención de invitar a su atenta lectura), procedo a delimitar algunos aspectos importantes del texto, con miras a que, además de problematizarlo, nos sea posible abrir una rica y nutrida discusión.

1. En primera medida, considero que una de las particularidades más relevantes del texto es su método expositivo. Löwy inicia proponiendo una crítica inminente al positivismo, posterior a ello hace una crítica a la sociología del conocimiento de Mannheim, después trae a colación el debate marxista entre el estalinismo, la propuesta de “corte epistemológico” de Althusser, la posición del marxismo heterodoxo representado por Lukács, Korsch, Gramsci, Rosa Luxemburgo y Lenin, para finalizar con una conclusión propositiva frente a la pregunta de cómo es posible la objetividad desde un punto de vista de clase, en particular, desde el punto de vista del proletariado como clase revolucionaria.

2. Frente al positivismo, es necesario resaltar la crítica que Michael Löwy realiza con relación al proceso de conocimiento positivista, dejando claro que antes que ser homogéneos, sus presupuestos epistemológicos se han diseminado en diversas corrientes de pensamiento, desde la sociología positivista de Comte, hasta el neopositivismo “reaccionario” de Karl Popper. Así mismo, el autor destaca un punto central de la posición positivista respecto a la ciencia social, y es la noción pasiva, neutral, imparcial y “sin ataduras ideológicas” del sujeto de conocimiento frente al objeto por conocer. Esto, claramente permeó el materialismo mecanicista de los siglos XVIII y XIX, y aún en nuestros días sigue permeando en los rezagos positivistas que abundan en diversas escuelas de pensamiento. 

No sobra decir que el marxismo rompe con esta postura totalmente nefasta, la cual no solamente tiene implicaciones científicas, sino por supuesto profundamente políticas. Löwy es contundente en afirmar: 
El error fundamental del positivismo es pues la incomprensión de la especificidad metodológica de las ciencias sociales en relación a las ciencias naturales, especificidad cuyas causas principales son:
a) El carácter histórico de los fenómenos sociales, transitorios, perecederos, susceptibles de ser transformados por la acción de los hombres [y las mujeres].
b) La identidad parcial entre el sujeto y el objeto de conocimiento.
c) El hecho de que en los problemas sociales están en juego las miras antagónicas de las diferentes clases sociales.
d) Las implicaciones político-ideológicas de la teoría social: el conocimiento de la verdad puede tener consecuencias directas sobre la lucha de clases [la revolución no puede prescindir de la constante búsqueda de la verdad]. (Löwy 1974, pág. 17). 
3. Por otro lado, nuestro autor comenta que una de las más importantes críticas que Mannheim le propinó al marxismo, fue la de no haberse aplicado su propio racero crítico. Es decir, haber develado a la ideología burguesa como “falsa conciencia”, mas no haberse aplicado este mismo criterio a su propia “ideología”. Por ende, la pregunta sería: ¿es el marxismo (como ideología) una falsa conciencia, tal y como lo es la ideología burguesa?

4. Para dar respuesta al anterior interrogante, es necesario hacer referencia a dos nociones que han emanado desde el marxismo con relación a la ideología; en un primer momento, Marx y Engels plantearon en la Ideología Alemana, que la noción de ideología daba cuenta de una “falsa conciencia” o “conciencia distorsionada” de la realidad, de ahí que Althusser planteara el corte entre ciencia e ideología que según él fue hecho por el genio de Marx. Ahora bien, posteriormente, y bajo una lectura sistemática y crítica del marxismo, se entendió que la ideología era ante todo “una forma de ver el mundo”, o como lo definiera Adolfo Sánchez
“un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad, que responde a unos intereses de clase en un momento histórico determinado y los cuales guían y justifican un comportamiento práctico de los hombres de acuerdo a dichos intereses” (Sánchez Vázquez 1983, pág. 145).
Michael Löwy
5. En consecuencia, podríamos estipular hasta el momento que la ideología no representa por sí sola una falsa conciencia de la realidad (lo cual refutaría de raíz la postura de Mannheim). Bien plantea Löwy que a lo largo de la historia incluso la propia filosofía burguesa (amparada en una ideología de clase), avanzó lúcidamente en la compresión acertada de ciertos fenómenos sociales, como lo fue por ejemplo la tesis weberiana de que el Estado moderno erige su base formal sobre la violencia.

6. La relación entre ideología, ciencia y verdad ha suscitado grandes debates a lo largo de la historia del marxismo, comenzando por la distinción entre ciencia social y ciencia natural, unificada algunas veces por la socialdemocracia de la II Internacional, así como también por la “ciencia oficial” imperante en la URSS. Creo que en este debate hay un consenso entre los marxistas críticos y heterodoxos de que no se pude unificar de forma simple la ciencia natural y la ciencia social, ambas responden a lógicas, métodos y horizontes totalmente distintos. No reconocer esto es caer en el positivismo más burdo, o en el mecanicismo más mediocre.

7. Finalmente, quisiera terminar estos puntos de discusión refiriéndome a la relación entre ideología, ciencia social y verdad, ya que me parece que aquí radican los puntos neurálgicos de una discusión que debe darse al interior de la izquierda revolucionaria. 
a) Lo primero, es que como lo comenté hace un momento, la ideología no puede ser aprehendida, por sí misma, como una falsa conciencia de la realidad. Por el contrario, debe ser estudiada como una “visión y perspectiva del mundo que responde a unos intereses en concreto [de clase] y que justifica y guía ciertas acciones de los hombres y de las mujeres que persiguen dichos intereses”. Esto nos debe llevar a concluir que solamente en ciertos momentos históricos una ideología puede conducir al sujeto a tener una falsa conciencia de la realidad, como por ejemplo hoy por hoy lo hace la ideología burguesa a lo largo y ancho de la tierra. La burguesía debe encubrir la verdad para mantener su hegemonía; la verdad para el capitalismo podría implicar su propia destrucción histórica.
b) En segundo lugar, es trascendental señalar que la ideología proletaria no es en sí misma verdadera, ni mucho menos representa mecánicamente la verdad. Sin embargo, los intereses que persigue y las acciones que fomenta y justifica (acciones de solidaridad, ternura, combatividad, amor, liberación, justicia social, paz, democracia radical y por supuesto el comunismo) requieren de la verdad, no pueden prescindir de ella. Y esto, nos debe plantear el escenario de que en un proceso revolucionario la búsqueda de la verdad no puede ser dejada a un lado, debe conducir el proceso, debe ser uno de sus motores fundamentales. Por ello, los revolucionarios no le temen a la verdad, sino que luchan por ella hasta sus últimas consecuencias, no les interesa una conciencia del mundo distorsionada y/o falsa, sino una aprehensión cada vez más certera y objetiva del desarrollo social y humano.
c) En tercer lugar, la verdad que entendemos y perseguimos los marxistas no es, ni puede ser una verdad absoluta, es por el contrario una verdad “parcial”, una verdad histórica, por eso buscar la verdad, perseguir la verdad, es un proceso infinito, un proceso que no puede ni debe ser limitado.
d) Finalmente, es preciso señalar que la búsqueda de la verdad (como lo mencionamos hace un instante) tampoco puede ser marginada de nuestra posición política de clase, ya que no existe en la ciencia social alguna posición que pueda predicarse ideológica o políticamente neutral. Ahora bien, a pesar de reconocer dicha realidad epistemológica, es importante resaltar que la “parcialidad” de la verdad no puede dejar a un lado la verdad en su carácter objetivo, es decir, el hecho de que los marxistas no pretendamos la “absolutez” en el conocimiento, y que tampoco nos prediquemos ideológicamente neutrales, no implica que no persigamos la objetividad en su carácter histórico-concreto.
e) En últimas, en la medida de que la verdad debe responder a un imperativo práctico-político, para los marxistas el conocimiento científico de la sociedad solo puede ser entendido bajo la búsqueda inclaudicable de la transformación revolucionaria del mundo. Solo así, es posible entender el lazo entre teoría y práctica… Entre práctica revolucionaria y teoría revolucionaria en su unidad indisoluble.
Invito a la lectura y dejo abierto el debate.
Bibliografía
Löwy, Michael. «Objetividad y punto de vista de clase en las Ciencias Sociales.» En Sobre el Método Marxista, de Michael Löwy, Catherine Colliot-Thélene y k. Nair, 9-44. México D.F.: Grijalbo, 1974.
Sánchez Vázquez, Adolfo. «La "ideología de la neutralidad ideológica" en las Ciencias Sociales.» En Ensayos marxistas sobre filosofía e ideología (1975), 138-164. Barcelona: Océano, 1983. 

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