"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

13/6/15

El Capital. Crítica de la economía política (Tomo II) – Prólogo

Friedrich Engels ✆ Carlo Carrà 
Friedrich Engels   |   No era empresa fácil preparar para la imprenta el segundo libro de El Capital, consiguiendo, de una parte, que apareciese como una obra coherente y lo más acabada posible y, de otra, como obra exclusiva del autor y no del encargado de editarla. El gran número de versiones manuscritas existentes, fragmentarias la mayoría de ellas, acumulaba nuevas dificultades. Solamente una, a lo sumo (el manuscrito IV), ofrecía, hasta donde alcanzaba, una redacción lista para ser entregada a la imprenta; pero la mayor parte de ella había quedado anticuada, en cambio, por refundiciones de una época posterior. La gran masa de los materiales, aun cuando elaborada y acabada en cuanto al fondo, no lo estaba con respecto a la forma; aparecía redactada en ese lenguaje en que Marx solía componer sus notas: en un estilo descuidado, familiar, salpicado de expresiones y giros de crudo humorismo, de términos técnicos ingleses y franceses, y a ratos con frases y hasta con páginas enteras en inglés; eran las ideas del autor estampadas sobre el papel, en la forma en que se iban desarrollando en su cabeza. junto a partes expuestas en todo detalle, otras, no menos importantes, apenas esbozadas; el material de hechos que había de documentar las afirmaciones, reunido, pero apenas ordenado, y mucho menos elaborado; muchas veces, al final de un capítulo, en la impaciencia por pasar al siguiente, un par de frases nada más, simplemente esbozadas, como jalón del desarrollo truncado del pensamiento; por último, la consabida letra, que a veces ni el propio autor era capaz de descifrar.

Yo me he limitado a reproducir lo más textualmente posible los manuscritos, variando el estilo tan sólo en aquellos casos en que estaba seguro de que el propio Marx lo habría hecho, e interpolando frases explicativas de nexo y de transición exclusivamente en los casos en que ello era de todo punto necesario y en que, además, el sentido estaba perfectamente claro. Las frases cuya interpretación sólo ofrecía una duda muy remota, he preferido reproducirlas al pie de la letra. Las refundiciones e interpolaciones introducidas por mí no llegarán, en total, a más de diez páginas impresas, y tienen siempre un carácter puramente formal.

La mera enumeración de los materiales manuscritos legados por Marx para el libro II demuestra con qué tremendo rigor, con qué severa actitud crítica para consigo mismo se esforzaba aquel hombre en ahondar hasta la última perfección sus grandes descubrimientos económicos, antes de darlos a la publicidad; esta actitud crítica para consigo mismo rara vez le permitía adaptar la exposición, por su contenido y su forma, a su horizonte visual, que los nuevos estudios iban ampliando constantemente. Veamos ahora cuáles son estos materiales:

En primer lugar, un manuscrito titulado "Contribución a la crítica de la economía política", 1.472 cuartillas en cuarto en 23 cuadernos, escrito de agosto de 1861 a junio de 1863. Es la continuación del primer cuaderno del mismo título publicado en Berlín en 1859. Trata hasta agotarlos, en las cuartillas 1-220 (cuadernos I-V) y luego en las páginas 1.159-1.472 (cuadernos XIX-XXIII), los temas de la conversión del dinero en capital que se investigan en el libro I de la obra y es la primera versión con que contamos acerca de estos temas. Las páginas 973-1.158 (cuadernos XVI-XVIII) se ocupan del capital y la ganancia, de la cuota de ganancia, del capital comercial y del capital-dinero; es decir, de temas que luego habrán de desarrollarse en el manuscrito del libro III. En cambio, los temas tratados en el libro II, al igual que muchos de los que se tratarán más tarde en el libro III, no aparecen todavía agrupados de un modo especial. Estos temas son tratados de pasada, sobre todo en la sección que forma el cuerpo principal del manuscrito: páginas 220-972 (cuadernos VI-XV): "Teorías sobre la plusvalía". En esta sección se contiene una historia crítica detallada de lo que constituye el punto cardinal de la economía política: la teoría de la plusvalía, y junto a ella desarrolla el autor, polemizando con sus antecesores, la mayoría de los puntos que más tarde habrán de investigarse, de un modo especial y en su concatenación lógica, en los manuscritos de los libros II y III. Es mi propósito editar como libro IV de El Capital la parte crítica de este manuscrito, después de eliminar de él los numerosos pasajes incluidos ya en los libros II y III. Este manuscrito es algo verdaderamente precioso, pero inutilizable para la presente edición del libro II.

Viene luego, por su fecha; el manuscrito del libro III, escrito, por lo menos en su mayor parte, en 1864 y 1865. Hasta que no hubo terminado, en lo esencial, este manuscrito, Marx no acometió la redacción del libro I, del volumen primero de la obra, publicada en 1867. Este manuscrito del libro III es el que me ocupo en la actualidad de preparar para la imprenta.

Del período siguiente -el posterior a la publicación del libro I-, tenemos, para el libro II, una colección de cuatro manuscritos en folio, señalados por el propio Marx con los números I a IV. El manuscrito I (150 páginas), que data probablemente de 1865 o 67, es la primera redacción independiente, aunque más o menos fragmentaria, del libro II, en su orden actual. Tampoco de este manuscrito era posible utilizar nada. El manuscrito III está formado, en parte por un conjunto de citas y referencias a los cuadernos de extractos de Marx la mayoría de ellas relativas a la primera sección del libro II- y en parte por el estudio de algunos puntos concretos y principalmente por la crítica de las tesis de A. Smith sobre el capital fijo y el capital circulante y sobre la fuente de la ganancia; figura en él, además, un estudio de la relación entre la cuota de plusvalía y la cuota de ganancia, que pertenece al libro III. Las referencias han suministrado pocos hallazgos nuevos, y las versiones, tanto las del libro II como las del III, habían quedado ya superadas por redacciones posteriores, razón por la cual hubieron de dejarse a un lado, en su mayoría. El manuscrito IV es una elaboración, lista para ser entregada a la imprenta, de la sección primera y de los primeros capítulos de la sección segunda del libro II, y lo hemos utilizado también cuando le ha llegado el turno. Aunque se comprobó que había sido redactado antes que el manuscrito II, se le podía utilizar con ventaja para la parte correspondiente de dicho libro, por ser más acabado de forma; bastaba con incorporarle algunas adiciones del manuscrito II. Este último manuscrito es la única versión más o menos acabada del libro II y data de 1870. Las notas para la redacción final, a que en seguida nos referimos, dicen expresamente: "Debe tomarse como base la segunda versión."

Después de 1870, sobrevino una nueva pausa, debida principalmente a enfermedades. Como de costumbre, Marx ocupó este tiempo en estudios: agronomía, el régimen rural norteamericano y principalmente ruso, el mercado de dinero y el sistema bancario, y por último las ciencias naturales, la geología y la fisiología, y sobre todo ciertos trabajos matemáticos emprendidos por cuenta propia, forman el contenido de los numerosos cuadernos de extractos de esta época. A comienzos de 1877, Marx sintíose ya lo suficientemente repuesto para acometer de nuevo su trabajo más importante. Algunas referencias y notas de los cuatro manuscritos ya mencionados como base para una refundición del libro II, cuyo comienzo se contiene en el manuscrito V (56 páginas en folio), datan de fines de marzo de 1877. Este manuscrito contiene los primeros cuatro capítulos y aparece todavía poco desarrollado; algunos puntos esenciales se tratan en notas al pie del texto; la materia está reunida más bien que ordenada, pero es la última exposición completa de esta parte, la más importante de la sección primera. Un primer intento de sacar de aquí una redacción apta para ser entregada a la imprenta lo tenemos en el manuscrito VI (posterior a octubre de 1877 y anterior a julio del 78); solamente 17 páginas en cuarto, que abarcan la mayor parte del primer capítulo, y un segundo ensayo -el último- en el manuscrito VII, "2 de julio de 1878", 7 páginas en folio solamente.

Por aquel entonces, Marx parecía haberse dado ya cuenta de que no alcanzaría a elaborar de un modo capaz de satisfacerle plenamente los libros II y III, si no se operaba un cambio completo en su estado de salud. En efecto, los manuscritos V a VII presentan con harta frecuencia las huellas de una lucha violenta contra las enfermedades que le atenazaban. El fragmento más difícil de la sección primera aparece redactado de nuevo en el manuscrito V; el resto de la sección primera -y toda la sección segunda (con excepción del capítulo XVII) no presentaban grandes dificultades teóricas; en cambio, el autor consideraba la sección tercera, la reproducción y circulación del capital social, apremiantemente necesitada de una nueva elaboración. En efecto, en el manuscrito II se estudiaba la reproducción, primero sin tener en cuenta la circulación en dinero que le sirve de vehículo y luego tomando ésta en consideración. Era necesario eliminar esto y, en general, reelaborar toda la sección de modo que se ajustase al horizonte visual ampliado del autor.

De este modo, surgió el manuscrito VIII, un cuaderno de 70 páginas en cuarto solamente; pero basta confrontar la sección III, en el texto impreso, después de dejar a un lado los fragmentos interpolados del manuscrito II, para darse cuenta de todo lo que Marx fue capaz de condensar en tan poco espacio.
Tampoco este manuscrito es más que un estudio previo del tema, con la finalidad primordial de fijar y desarrollar los nuevos puntos de vista logrados en relación con el manuscrito II y omitiendo los puntos acerca de los cuales no había nada nuevo que decir. También. aquí se incorpora y amplía un fragmento esencial correspondiente al capítulo XVII de la sección segunda y que, en cierto modo, entra ya en la sección tercera. La ilación lógica se interrumpe con frecuencia y la exposición aparece a ratos llena de lagunas y es, sobre todo al final, absolutamente fragmentaria. Pero lo que Marx se. propuso decir aparece dicho, de un modo o de otro.

Tales son los materiales con que contamos para la composición del libro II y de los cuales, según una frase de Marx a su hija Eleanor poco antes de morir, yo debía "sacar algo". He asumido este encargo dentro de los límites más estrictos; siempre que ello me ha sido posible, he limitado mi intervención simplemente a elegir entre las diversas redacciones. Para esto, he seguido siempre la norma de tomar como base la última redacción existente, cotejándola con las anteriores. Sólo la sección primera y la tercera -sobre todo ésta- opusieron verdaderas dificultades, es decir, dificultades no meramente técnicas, a la aplicación de este criterio. He procurado resolverlas, ateniéndome exclusivamente al espíritu del autor.

He traducido la mayoría de las citas que figuran en el texto, cuando se trata de documentación de hechos o en aquellos casos en que, como sucede tratándose de pasajes de A. Smith, el original se halla al alcance de todo el que quiera molestarse en investigar la cosa a fondo. Solamente en el capítulo X hube de renunciar a ello, ya que aquí el autor critica directamente el texto inglés. Las referencias al libro I toman como base la paginación de la segunda edición, la última publicada en vida de Marx. [Aquí, la hemos sustituido siempre por la paginación de esta edición. (Ed.)]

Para el libro III, sólo he contado -aparte de la primera versión contenida en el manuscrito titulado "Contribución, etc.", de los fragmentos ya mencionados que figuran en el manuscrito III y de algunas notas breves que de vez en cuando se insertan en los cuadernos de extractos- con los siguientes materiales: el citado manuscrito en folio de 1864-65, elaborado en el mismo grado de perfección aproximadamente que el manuscrito II del libro II, y finalmente un cuaderno del año 1875: la relación entre la cuota de plusvalía y la cuota de ganancia, desarrollada matemáticamente (en ecuaciones). La preparación de este libro para la imprenta avanza rápidamente. En la medida en que puedo emitir ya un juicio, creo que, si se exceptúan algunas secciones,, ciertamente muy importantes, sólo habré de tropezar, para dar cima a la obra, con dificultades de carácter técnico.

Creemos que es éste el lugar indicado para rebatir una acusación que se ha formulado contra Marx; acusación que al principio sólo se apuntaba en voz baja y por contadas personas, y que hoy, después de muerto Marx, los socialistas de cátedra y de Estado y sus seguidores hacen circular por ahí como un hecho establecido: la acusación de que Marx se limitó a plagiar a Rodbertus. Acerca de esto ya he tenido ocasión de decir en otro lugar (1) lo que más urgía decir, pero es ahora cuando podré aportar las pruebas documentales decisivas.

Esta acusación a que nos referimos aparece formulada por vez primera, que yo sepa, por R. Meyer, Emanzipationskampf des vierten Standes, p. 43: "De estas publicaciones (es decir, de las publicaciones de Rodbertus, que se remontan a la segunda mitad de la década del treinta) ha tomado Marx, como puede probarse, la mayor parte de su crítica."

Mientras no se me presenten otras pruebas, tengo que suponer que toda la "fuerza probatoria" de esta afirmación consiste en que así se lo ha asegurado Rodbertus al señor Meyer. En 1879 aparece en escena el propio Rodbertus y escribe a J. Zeller (Zeitschrift für die gesammte Staatswissenschaft, Tubinga, 1879, p. 219) refiriéndose a su obra Zur Erkenntniss unserer staatswirtschaftlichen Zustande (1842) , en los términos siguientes: "Se dará usted cuenta de que ella (la argumentación desarrollada allí) ha sido utilizada ya... muy bonitamente por Marx, naturalmente sin citarme." Su editor póstumo, T. Kozak, repite, sin pararse en averiguaciones, esta cháchara de Rodbertus (Das Kapital, por Rodbertus, Berlín, 1884. Introducción, p. xv). Finalmente, en las Briefe und sozialpolitische Aufsätze del Dr. Rodbertus-Jagetzow, editados por R. Meyer en 1881, Rodbertus dice, sin andar con rodeos: "Hoy, me veo saqueado por Schaffle v Marx, sin que ni siquiera me mencionen" (carta núm. 60, p. 134). Y en otro pasaje, la pretensión de Rodbertus cobra contornos aún más rotundos: "En mi tercera carta social, he puesto de manifiesto, sustancialmente lo mismo que Marx, sólo que de un modo mucho más breve y más claro, de dónde nace la plusvalía del capitalista” (carta núm. 48, p. 111).

Marx no se enteró jamás de estas acusaciones de plagio que se le hacían. En su ejemplar del libro Der Emanzipationskampf sólo estaban cortadas por la plegadera las páginas referentes a la Internacional; el resto de la obra hube de abrirlo yo mismo después de su muerte. La revista de Tubinga, ni siquiera llegó a verla. Las Briefe, etc., a R. Meyer las ignoraba igualmente, y cuando yo paré la atención en el pasaje relativo al "saqueo" fue ya en el año 1884 y gracias al propio señor Di. Meyer. En cambio, Marx conocía la carta núm. 48, porque el señor Meyer había tenido la gentileza de regalarle el original a su hija menor. Marx, a cuyos oídos habían llegado, indudablemente, algunos rumores misteriosos acerca de la pretendida fuente secreta de su crítica, es decir, de Rodbertus, me la enseñó diciéndome que, por fin, esta carta le brindaba un testimonio auténtico acerca de las pretensiones de Rodbertus; que si no pretendía más, esto a él, a Marx, no le preocupaba gran cosa, y que no había tampoco inconveniente en dejarle a Rodbertus la satisfacción de pensar que su exposición era la más breve y la más clara. En realidad, Marx entendía que con esta carta de Rodbertus quedaba liquidado el asunto.

Y tenía perfecta razón para entenderlo así; tanto más cuanto que, según me consta positivamente, Marx ignoró toda la obra literaria de Rodbertus hasta el año 1859 aproximadamente, en que su propia crítica de la economía política estaba ya perfilada, no sólo en líneas generales, sino incluso en cuanto a sus más importantes pormenores. Marx comenzó sus estudios económicos en París, en 1843, por los grandes ingleses; de los alemanes, sólo conocía a Rau y a List, y con ellos tenía de sobra. Ni Marx ni yo supimos una palabra de la existencia de Rodbertus hasta que en 1848 nos vimos en la necesidad de criticar, en la Neue Rheinische Zeitung, sus discursos como diputado renano y sus actos como ministro. Tan ignorantes estábamos de su persona, que hubimos de preguntar a los diputados renanos quién era aquel señor Rodbertus que aparecía convertido en ministro de la noche a la mañana. Pero tampoco ellos supieron revelarnos nada de sus trabajos económicos. En cambio, la Misére de la Philosophie, 1847, y las conferencias sobre Trabajo asalariado y capital pronunciadas en Bruselas en 1847 y publicadas en 1849 en los números 264-69 de la Neue Rheinísche Zeitung, demuestran que Marx sabía ya perfectamente, por aquel entonces, sin necesidad de la ayuda de Rodbertus, no sólo de dónde proviene, sino también cómo "nace la plusvalía del capitalista". Fue allá por el año 1859 cuando Marx se enteró, por Lassalle, de que existía también un Rodbertus economista y cuando descubrió en el Museo Británico su "tercera carta social".

Tales son los hechos. Veamos ahora qué hay de cierto en lo tocante a las ideas que Marx, según se dice, ha "saqueado" a Rodbertus. "En mi tercera carta social --dice Rodbertus-, he puesto de manifiesto sustancialmente lo mismo que Marx, sólo que de un modo más breve y más claro, de dónde nace la plusvalía del capitalista." El punto cardinal es, por tanto, la teoría de la plusvalía; y, en realidad, nadie sería capaz de decir qué otra cosa podría Rodbertus reivindicar de Marx como propiedad suya. Rodbertus se hace aparecer, pues, aquí como el verdadero autor de la teoría de la plusvalía, pretendiendo que Marx se la ha saqueado.

Pues bien; ¿qué nos dice la tercera carta social (p. 871 respecto al nacimiento de la plusvalía? Nos dice, sencillamente, que la "renta", término en el que el autor sintetiza la renta del suelo y la ganancia, no nace de un "recargo de valor" sobre el valor de la mercancía, sino "como consecuencia' de una deducción de valor que se le impone al salario; en otros términos, porque el salario sólo representa una parte del valor del producto del trabajo" y porque allí donde la productividad del trabajo es suficiente, "no necesita ser igual al valor natural de cambio de su producto, con objeto de que quede un remanente para la reposición del capital (!) y para la renta". Sin que se nos diga qué "valor natural de cambio" del producto es ése en el que no queda ningún remanente para la "reposición del capital", es decir, para la reposición de las materias primas y del desgaste de las herramientas.

Afortunadamente, tenemos la posibilidad de comprobar la impresión que este sensacional descubrimiento de Rodbertus causó a Marx. En el cuaderno X, pp. 445 ss., del manuscrito titulado "Contribución a la crítica, etc.", nos encontramos con una "disgresión" titulada "El señor Rodbertus. Una nueva teoría de la renta del suelo". Es el único punto de vista desde el cual se examina aquí la tercera carta social. Marx liquida la teoría rodbertiana de la plusvalía en general con esta observación irónica: 
"El señor Rodbertus empieza investigando el aspecto que presenta un país en que la posesión de la tierra y la del capital no se hallan separadas, para llegar luego al resultado importante de que la renta (por la cual entiende toda la plusvalía) equivale simplemente al trabajo no retribuido o a la cantidad de productos en que toma cuerpo."
Ahora bien, la humanidad capitalista se ha pasado varios siglos produciendo plusvalía y, poco a poco, ha ido formándose, además, una idea acerca del nacimiento de ésta. La primera noción fue la que brotó de la práctica mercantil inmediata: la de que la plusvalía nacía de un recargo sobre el valor del producto. Esta idea predominaba entre los mercantilistas, pero ya James Stewart se dio cuenta de que, si fuese así, lo que unos ganaban tenían necesariamente que perderlo otros. A pesar de eso, esta idea siguió apuntando todavía durante mucho tiempo, sobre todo entre los socialistas; fue A. Smith quien la desplazó de la ciencia clásica.

En su Riqueza de las Naciones, libro I, cap. VI, se dice: 
"Tan pronto como el capital se acumula en poder de personas determinadas, algunas de ellas procuran regularmente emplearlo en dar trabajo a gentes laboriosas, suministrándoles materiales y alimentos, para sacar provecho de la venta de su producto o del valor que el trabajador añade a los materiales." Éste "se resuelve en dos partes; una de ellas paga el salario de los obreros, y la otra las ganancias del empresario, sobre el fondo entero de materiales y salarios que adelanta." Y un poco más adelante: "Desde el momento en que las tierras de un país se convierten en propiedad privada de los terratenientes, éstos, como los demás hombres, desean cosechar donde nunca sembraron, y exigen una renta hasta por el producto natural del suelo.. : "El obrero "ha de pagar al terrateniente una parte de lo que su trabajo produce o recolecta. Esta porción, o lo que es lo mismo, el precio de ella, constituye la renta de la tierra".
En el citado manuscrito "Contribución a la crítica, etc." p. 253; Marx comenta así este pasaje: 
"Para A. Smith, la plusvalía, es decir, el trabajo sobrante, el remanente de trabajo invertido y materializado en la mercancía después de cubrir el trabajo retribuido, cuyo equivalente es el salario, constituye por tanto la categoría general, de que la ganancia propiamente dicha y la renta del suelo no son más que modalidades:"
Más adelante, libro I, cap. VIII, dice también A. Smith:
"Tan pronto como la tierra se convierte en propiedad privada, el propietario exige una parte de todo cuanto producto obtiene o recolecta en ella el trabajador. Su renta es la primera deducción que se hace del producto del trabajo aplicado a la tierra. Rara vez ocurre que la persona que cultiva la tierra disponga de lo necesario para mantenerse hasta la recolección. La subsistencia que se le adelanta procede generalmente del capital de un amo, el granero que lo emplea, y que no tendría interés en ocuparlo sino participando en el producto del trabajador... este beneficio viene a ser la segunda deducción que se hace del producto del trabajo empleado en la tierra. El producto de cualquier otro trabajo está casi siempre sujeto a la misma deducción de un beneficio. En todas las artes y manufacturas, la mayor parte de los operarios necesitan de un patrón que les adelante los materiales de su obra, los salarios y el sustento hasta que la obra se termina. El patrón participa en el producto del trabajo de sus operarios, o en el valor que el trabajo incorpora a los materiales, y en esta participación consiste su beneficio."
Glosa de Marx (manuscrito p. 256):
"En este pasaje, A. Smith presenta lisa y llanamente la renta del suelo y la ganancia del capital como simples deducciones hechas sobre el producto del obrero o sobre el valor de su producto, e iguales a la cantidad de trabajo añadida por él a las materias primas. Pero esta deducción sólo puede consistir, como el propio A. Smith pone en claro con anterioridad, en la parte del trabajo que el obrero añade a las materias primas después de cubrir la cantidad de trabajo que su salario se limita a resarcir o arroja un equivalente de éste; dicho en otros términos, no puede consistir más que en, plusvalía, en trabajo no retribuido."
Como vemos, ya A. Smith sabía "de dónde nace la plusvalía del capitalista" y, además, la del terrateniente; Marx lo reconoce sinceramente ya en 1861, mientras Rodbertus y todo el tropel de sus admiradores, que brotan como las setas bajo la lluvia caliente de estío del socialismo de Estado, parecen haberlo olvidado en absoluto.

"Sin embargo -prosigue Marx-, A. Smith no diferencia la plusvalía de por sí, como categoría propia, de las formas específicas bajo las que se presenta como ganancia y renta del suelo. De aquí todos los errores y los defectos de que adolece su investigación, y más aún la de Ricardo." Frase ésta que podría ser aplicada literalmente a Rodbertus. Su "renta" es, sencillamente, la suma de la renta del suelo + la ganancia; de la renta del suelo se forma una teoría totalmente falsa, y la ganancia la toma, sin molestarse en lo más mínimo, tal y como la encuentra en sus predecesores. En cambio, la plusvalía de Marx es la forma general de la suma de valor que se apropian sin equivalencia los poseedores de los medios de producción, suma que se descompone en las formas específicas, transformadas, de ganancia y renta del suelo, con arreglo a leyes muy peculiares, que Marx fue el primero en descubrir. Estas leyes se desarrollan en el libro III, donde se verá por vez primera cuántos eslabones son labores son necesarios para llegar de la comprensión de la plusvalía en general a la de su transformación en ganancia y renta del suelo, es decir, a la comprensión de las leyes que rigen el reparto de la plusvalía en el seno de la clase capitalista.

Ricardo va ya bastante más allá que A. Smith. Basa su concepción de la plusvalía en una nueva teoría del valor, que, aunque aparecía ya como un conato en A. Smith se perdía nuevamente entre los desenvolvimientos de este autor y que habría de constituir el punto de partida de toda la ciencia económica posterior. De la determinación del valor de la mercancía por la cantidad de trabajo materializado en ella, deriva Ricardo la distribución entre obrero y capitalista de la cantidad de valor añadida a las materias primas por el trabajo, su división en salario y ganancia (es decir, aquí, plusvalía). Demuestra que el valor de las mercancías es siempre el mismo, por mucho que cambie la proporción entre estas dos partes; ley a la que sólo admite excepciones aisladas. Establece, incluso, algunas leyes fundamentales acerca de la proporción inversa entre el salario y la plusvalía (concebida bajo la forma de ganancia), aunque en una formulación demasiado genera] (Marx, El Capital, I, cap.. XV, I) [435-438], y demuestra la renta del suelo como un remanente que en determinadas circunstancias se desprende de la ganancia. Rodbertus no se remonta por encima de Ricardo en ninguno de estos dos puntos. Las contradicciones internas de la teoría de Ricardo, que condujeron al fracaso a su escuela, pasaron completamente inadvertidas para Rodbertus o sólo sirvieron para inducirle (Zur Erkenntniss, etc., p. 130 ) , a reivindicaciones utópicas, y no a soluciones económicas.

Pero la teoría ricardiana del valor y de la plusvalía no necesitó esperar a que apareciese la obra Zur Erkenntníss, etc., de Rodbertus para ser utilizada en un sentido socialista. En la p. 495 del primer tomo de El Capital encontramos citado el estudio "The possessors of surplus produce or capital", tomado de una obra titulada The Source and Remedy of the National Difficulties. A Letter to Lord John Russel, Londres, 1821. En esta obra, hacia cuya importancia hubiera debido llamar la atención, por sí sola, la expresión de "surplus produce or capital" y que es un folleto- de 40 páginas, arrancado por Marx al olvido, se dice: "Cualquiera que sea lo que al capitalista le corresponda (desde el punto. de vista del capitalista), sólo puede apropiarse el trabajo excedente (surplus labour) del obrero, pues el obrero necesita vivir" (p. 23). Pero, gimo viva el obrero y cuán grande pueda ser, por tanto, el trabajo excedente apropiado por el capitalista, es una cosa muy relativa. "Si el capital, no disminuye de valor en la proporción en que aumenta de volumen, el capitalista estrujará al obrero el producto de cada hora de trabajo por encima del mínimo que el obrero necesita para vivir... El capitalista puede, en último término, decirle al obrero: no comas pan, pues puedes visir cogiendo nabos y patatas; hasta este punto hemos llegado" (p. 24). "Si se cede hacer que el obrero se alimente de patatas en vez de pan, es indiscutible que se podrá arrancar un producto mayor a su trabajo; es decir, si él, obrero para vivir de pan, necesitaba retener para su sustento y el de su familia el trabajo del lunes y del martes, alimentándose de patatas sólo retendrá para sí la mitad del lunes, con lo cual el resto del lunes y todo el martes quedarán libres en provecho del Estado o Para el capitalista"- (p. 26). "Todos están de acuerdo (it is admitted) en que los intereses abonados a los capitalistas, sea en forma de renta o en forma de réditos o de ganancia comercial o industrial, se pagan a costa del trabajo de otros" (p. 23). He aquí, pues, toda la "renta" de Rodbertus, con la diferencia de que, en vez de "renta", aquí se dice intereses.

Glosa de Marx (manuscrito "Contribución a la crítica, etc.", p. 852):
"Este folleto casi desconocido -que apareció por la época en que empezaba a hacerse célebre el `increíble chapucero' MacCulloch- representa un progreso muy notable con respecto a Ricardo. Define directamente la plusvalía o `ganancia', como Ricardo la llama (y también, con frecuencia, producto excedente, surplus product) o interest, como lo llama el autor del folleto, como surplus labour, trabajo excedente, como el trabajo que el obrero rinde gratis, después de cubrir la cantidad de trabajo que sirve para reponer el valor de su fuerza de trabajo y que, por tanto, produce un equivalente para su salario. Tan importante como era reducir el valor al trabajo, era reducir la plusvalía (surplus value) materializada en un producto excedente (surplus product) a trabajo excedente (surplus labour).
Esto aparece ya dicho, en efecto, en Adam Smíth y constituye una fase fundamental en la evolución de Ricardo. Pero no aparece nunca expresado y plasmado en ellos en forma absoluta." Y más adelante, en la p. 859 del manuscrito, se dice:
"Por lo demás, el autor sigue aferrado a las categorías económicas anteriores a él. En Ricardo la confusión de plusvalía y ganancia conduce a contradicciones desagradables. Exactamente lo mismo le ocurre a él, que bautiza la plusvalía con el nombre de interés del capital. Es cierto que le lleva a Ricardo la, ventaja de que, en primer lugar, reduce toda la plusvalía a trabajo excedente y de que, además, aunque llame a la plusvalía interés del capital, hace resaltar, al mismo tiempo, que entiende por interest of capital la forma general de la plusvalía, a diferencia de sus formas específicas, renta, interés y ganancia comercial e industrial. Pero vuelve a tomar el nombre de una de estas formas específicas, el interest, como el nombre de la forma general. Y esto basta para que vuelva a reincidir en la vieja jerga [slang, dice el manuscrito] económica."
Este último pasaje le viene a nuestro Rodbertus como anillo al dedo. También él se aferra a las categorías económicas anteriores. Y bautiza a la plusvalía con el nombre de una de sus modalidades transformadas, a la que, además, da una gran vaguedad: la renta. El resultado de estas dos pifias es que reincida en la vieja jerga económica, que no lleve adelante de un modo crítico su progreso respecto a Ricardo y que, en vez de eso, se deje inducir a hacer de su conato de teoría, antes de que ésta se haya desprendido del cascarón, la base de una utopía, que, como siempre, llega tarde. El folleto de referencia se publicó en 1821 y se adelanta ya plenamente a la "renta" rodbertiana de 1842.

El folleto comentado por Marx no es más que la avanzada extrema de toda una literatura que en la década del veinte endereza la teoría ricardiana del valor y de la plusvalía, en interés del proletariado, contra la producción capitalista, combatiendo a la burguesía con sus propias armas. Todo el comunismo de Owen, en la medida en que reviste una forma económico-polémica, se basa en Ricardo. Y junto a él encontramos toda una serie de escritores, entre los cuales Marx se limita, ya en 1847, a citar unos cuantos en contra de Proudhon (Misére de la Philosophie, p. 49): Edmonds, Thompson, Hodgskin, etc., etc., "y cuatro páginas más de etcéteras". Entre este sinnúmero de obras, citaré una, tomada al azar: An Inguiry into the Principles of the Distribution of Wealth, most conducive to Human Happines, por William Thompson; nueva edición, Londres, 1850. La primera edición de esta obra, escrita en 1822, se publicó por vez primera en 1824. También aquí se define constantemente, y con palabras bastantes contundentes, la riqueza apropiada por las clases no productoras como deducción del producto del obrero. 
"La aspiración constante de lo que llamamos sociedad ha consistido en mover al obrero productivo, por el engaño o la persuasión, por la coacción o el terror, a trabajar percibiendo la parte más pequeña posible del producto de su propio trabajo" (p. 28). "¿Por qué el obrero no ha de percibir todo el producto absoluto de su trabajo? (p. 32).
"Ésta compensación que los capitalistas le arrancan al obrero productivo bajo el nombre de renta del suelo o de ganancia, se le reclama por el uso de la tierra o de otros objetos... Puesto que todas las materias físicas sobre las cuales o por medio de las cuales puede poner en práctica su capacidad de producción el obrero productivo desposeído, al que no se le deja más que su capacidad de producir, se hallan en posesión de otros cuyos intereses son antagónicos a los suyos y cuyo consentimiento es condición previa para su trabajo, ¿no depende y no tiene necesariamente que depender de la buena voluntad de estos capitalistas la parte de los frutos de su propio trabajo que se le deje como remuneración de éste (p. 125)... en proporción a la magnitud del producto retenido, ya se dé... a estos desfalcos el nombre de impuestos, el de ganancia o el de robo?" (p. 126), etc.
Confieso que siento, al escribir estas líneas, un poco de vergüenza. Pase el que la literatura inglesa anticapitalista de las décadas del veinte y del treinta sea tan absolutamente ignorada en Alemania, a pesar de que ya en la Misére de la Philosophie, Marx alude directamente a ella y de que en el primer tomo de El Capital cita repetidas veces algunas de estas publicaciones: el folleto de 1821, a Ravenstone, a Hodgskin, etc. Pero el hecho de que no sólo el literatos vulgaris que se agarra desesperadamente a los faldones de la levita de Rodbertus, ese literato "que no ha aprendido realmente nada", sino incluso el profesor de oficio que "se jacta de erudición" haya olvidado su economía clásica hasta el punto de poder acusar seriamente a Marx de copiar de Rodbertus cosas que pueden leerse ya en A. Smith y en Ricardo, demuestra cuán bajo ha caído hoy, en Alemania, la economía oficial.

¿Qué es, entonces, lo que Marx dice de nuevo acerca de la plusvalía? ;Cómo se explica que la teoría de la plusvalía de Marx haya descencadenado una tormenta repentina, y además en todos los países civilizados, mientras que las teorías de todos sus predecesores socialistas, incluyendo a Rodbertus, se esfumaron sin dejar rastro?

Podríamos explicar esto a la luz de un ejemplo sacado de la historia de la química.

A fines del siglo pasado, imperaba todavía en la química, como es sabido, la teoría flogística, la cual explicaba el proceso de toda combustión a base de un cuerpo, hipotético, un combustible absoluto que según ella se desprendía en ese proceso y al que se daba el nombre de flogisto. Esta teoría bastaba para explicar la mayoría de los fenómenos conocidos por aquel entonces, aunque para ello, en ciertos casos, fuera necesario violentar un poco la cosa. En 1774, Priestley descubrió una clase de aire "tan puro o tan exento de flogisto que, a su lado, el aire corriente parecía estar ya corrompido". Y le dio el nombre de aire desflogistizado. Poco después, Scheele encontró en Suecia la misma clase de aire y demostró su existencia en la atmósfera. Descubrió, además, que desaparecía al quemar un cuerpo en él o en aire corriente, razón por la cual le dio el nombre de "aire ígneo". 
"Estos resultados le llevaron a la conclusión de que la combinación que se produce por la unión del flogisto con una de las partes integrantes del aire (es decir, en el proceso de combustión) no es otra cosa que fuego o calor, que se escapa por el vidrio." (2)
Tanto Priestley como Scheele habían descubierto el oxígeno, pero no sabían lo que tenían en la mano. Seguían aferrados a las categorías "flogísticas" anteriores a ellos. En sus manos, el elemento llamado a echar por tierra toda la concepción flogística y a revolucionar la química, estaba condenado a la esterilidad. Pero Priestley comunicó en seguida su descubrimiento a Lavoisier, en París, y Lavoisier se puso a investigar, a la luz de este nuevo hecho, toda la química flogística, hasta que descubrió que la nueva clase de aire era, en realidad, un nuevo elemento químico; que en la combustión no interviene ningún misterioso flogisto que se escale del cuerpo en ignición, sino que es el nuevo elemento el que se combina con el cuerpo que arde, y de este modo puso de pie toda la química, que bajo su forma flogística estaba de cabeza. Y aunque, como él mismo lo afirma, no presentó el oxígeno al mismo tiempo que los otros e independientemente de ellos, Lavoisier es, a pesar de ello, con respecto a los otros dos, el verdadero descubridor del oxígeno, ya que aquéllos no hicieron más que tropezar con el nuevo elemento sin sospechar siquiera qué era aquello en que tropezaban.

Pues bien; la relación que media entre Lavoisier y Priestley y Scheele es la misma que media, en lo tocante a la teoría de la plusvalía, entre Marx y sus predecesores. La existencia de esa parte de valor del producto a que Doy damos el nombre de plusvalía, habíase comprobado mucho antes de Marx; y asimismo se había expresado, con mayor o menor claridad, en lo que consiste, a saber: en el producto del trabajo por el que quien se lo apropia no paga equivalente alguno. Pero no se pasaba de ahí. Los unos -los economistas burgueses clásicos- investigaban, a lo sumo, la proporción en que el producto del trabajo se repartía entre el obrero y el poseedor de los medios de producción. Los otros -los socialistasencontraban este reparto injusto y buscaban medios utópicos para corregir la injusticia. Pero, tanto unos como otros seguían aferrados a las categorías económicas anteriores a ellos.

Fue entonces cuando apareció Marx. Y apareció en directa contraposición con todos sus predecesores. Allí donde éstos veían una solución, Marx vio solamente un problema. Vio que aquí no se trataba ni de aire desflogistizado ni de aire ígneo, sino de oxígeno; que no se trataba ni de la simple comprobación de un hecho económico corriente, ni del conflicto de este hecho con la eterna justicia y la verdadera moral, sino de un hecho que estaba llamado a revolucionar toda la economía y que daba -a quien supiera interpretarlo- la clave para comprender toda la producción capitalista. A la luz de este hecho, investigó todas las categorías anteriores a él, lo mismo que Lavoisier había investigado a la luz del oxígeno todas las anteriores categorías de la química flogística. Para saber qué era la plusvalía, tenía que saber qué era el valor. Y el único camino que se podía seguir, para ello, era el de someter a crítica, ante todo, la propia teoría del valor de Ricardo. Y así, Marx investigó el trabajo en su función creadora de valor y puso en claro por vez primera qué trabajo y por qué y cómo crea valor, descubriendo que el valor no es otra cosa que trabajo de esta clase cristalizado, punto éste que Rodbertus no llegó jamás a comprender. Luego, Marx investigó la relación entre la mercancía y el dinero y demostró cómo y por qué, gracias a la cualidad de valor inherente a ella, la mercancía y el cambio de mercancías tienen necesariamente que engendrar la antítesis de mercancía y dinero; su teoría del dinero cimentada sobre esta base, es la primera teoría completa, hoy tácitamente aceptada por todo el mundo. Investigó la conversión del dinero en capital y demostró que este proceso descansa en la compra y venta de la fuerza de trabajo. Y, sustituyendo el trabajo por la fuerza de trabajo, por la cualidad creadora de valor, resolvió de golpe una de las dificultades contra las que se había estrellado la escuela de Ricardo: la imposibilidad de poner intercambio de capital y trabajo en consonancia con la ley ricardiana de la determinación del valor por el trabajo. Sentando la distinción del capital en constante y variable, consiguió por vez primera exponer hasta en sus más pequeños detalles y, por tanto, explicarlo, el proceso de la formación de plusvalía en su verdadero desarrollo, cosa que ninguno de sus predecesores había logrado; estableció, por este camino, una distinción entre dos clases de capital de la que ni Rodbertus ni los economistas burgueses habían sido capaces de sacar nada en limpio y que, sin embargo, nos da la clave para resolver los problemas económicos más intrincados, como lo demuestra palmariamente, una vez más, este libro II y lo demostrará más aún, según se verá en su día, el libro III. Siguió investigando la misma plusvalía y descubrió sus dos formas: la plusvalía absoluta y la relativa, señalando el papel distinto, pero decisivo en ambos casos, que la plusvalía desempeña en el desarrollo histórico de la producción capitalista. Y, sobre la base de la plusvalía, desarrolló la primera teoría racional del salario que poseemos y trazó por vez primera las líneas generales para una historia de la acumulación capitalista y para una exposición de su tendencia histórica.

¿Y Rodbertus? Después de leer todo esto, ve en ello -economista de tendencia, como siempre- un asalto a la sociedad", le parece que él ha dicho de un modo mucho más breve y más claro de dónde nace la plusvalía y encuentra, finalmente, que todo esto se amolda, indudablemente, a "la actual forma de capital", es decir, al capital tal como existe históricamente, pero no al "concepto del capital", es decir, a la idea utópica que del capital se ha formado el señor Rodbertus. Exactamente lo mismo que sucedía al viejo Priestley, que hasta su muerte ponía la mano en el fuego por el flogisto, sin querer saber absolutamente nada del oxígeno. Con la diferencia de que Priestley fue realmente el primero que tropezó con el oxígeno, mientras que Rodbertus, con su plusvalía, o mejor dicho con su "renta", no hizo más que volver a descubrir un lugar común, y de que Marx, al contrario que los predecesores de Lavoisier, jamás afirmó haber sido el primero en descubrir el hecho de la existencia de la plusvalía.

Las demás aportaciones de Rodbertus en materia de economía, se hallan al mismo nivel de ésta. Su elaboración de la plusvalía convertirla en un concepto utópico, fue criticada ya por Marx, sin proponérselo, en la Misére de la Philosophie; y cuanto restaba por decir acerca de esto, ha sido dicho por mí en el prólogo a la traducción alemana de la citada obra. La tendencia a las crisis comerciales por el déficit de consumo de la clase obrera la encontramos ya en los Nouveaux Principes de Economie Polítique de Sismondi, libro IV, capítulo IV(3). Sólo que Sismondi no pierde de vista nunca el mercado mundial, mientras que el horizonte de Rodbertus queda encerrado dentro de las fronteras prusianas. Sus especulaciones sobre si el salario proviene del capital o de la renta son puro escolasticismo y quedan definitivamente liquidadas con la sección tercera de este libro II de El Capital. Su teoría de la renta es propiedad exclusiva suya y podrá seguir sesteando tranquilamente hasta que vea la luz el manuscrito de Marx en que se hace la crítica de ella. Finalmente, sus proposiciones encaminadas a emancipar la propiedad territorial de la vieja Prusia de la opresión del capital son también completamente utópicas; en ellas se elude, en efecto, la única cuestión práctica que aquí se ventila: la cuestión de saber cómo el terrateniente de la vieja Prusia puede ingresar, digamos, 20,000 marcos un año con otro y gastar, por ejemplo, 30,000, sin contraer deudas.
La escuela ricardiana fracasó hacia 1830 por culpa de la plusvalía. El problema que ella no fue capaz de resolver siguió siendo un problema sin solución, con harta mayor razón, para su sucesora, la economía vulgar.

He aquí los dos puntos contra los cuales Ricardo y su escuela se estrellaron:

Primero. El trabajo es la medida del valor. Sin embargo, el trabajo vivo, al ser cambiado por capital, presenta un valor inferior al del trabajo materializado por el que se cambia. El salario, el valor de una determinada cantidad de trabajo vivo, es siempre inferior al valor del producto creado por esta misma cantidad de trabajo vivo o en que ésta toma cuerpo. Así formulado, el problema es, en efecto, insoluble. Marx lo plantea en sus verdaderos términos y, al plantearlo así, lo resuelve. No es el trabajo el que tiene un valor. Como actividad creadora de valor que es, el trabajo no puede tener un valor especial, lo mismo que la gravedad no puede tener un peso especial, ni el calor una temperatura especial, ni la electricidad un voltaje especial. Lo que se compra y se vende como mercancía no es el trabajo, sino la fuerza de trabajo. Al convertirse en mercancía, su valor se rige por el trabajo encarnado en ella como producto social y equivale al trabajo socialmente necesario para su producción y reproducción. La compra y venta de la fuerza de trabajo sobre la base de este valor suyo no contradice, por tanto, en modo alguno, a la ley económica del valor.

Segundo. Según la ley ricardiana del valor, dos capitales que emplean la misma cantidad de trabajo vivo y con la misma remuneración, producen en tiempos iguales -suponiendo que todas las demás circunstancias sean idénticas- productos de igual valor y plusvalía o ganancia en cantidad también igual. Pero si emplean cantidades desiguales de trabajo vivo, no pueden producir una plusvalía o, como dicen los ricardianos, una ganancia de tipo igual. Pues bien, lo que ocurre es precisamente lo contrario. En realidad, capitales iguales, cualquiera que sea la cantidad, pequeña o grande, de trabajo vivo que empleen, producen en tiempos iguales, por término medio, ganancias iguales. Se encierra aquí, por tanto, una contradicción a la ley del valor, contradicción descubierta ya por Ricardo, y que su escuela fue también incapaz de resolver. Rodbertus vio también esta contradicción; pero, en vez de resolverla, la convirtió en uno de los puntos de partida de su utopía (Zur Erkenntnis, etc., p. 131) . La tal contradicción había sido ya resuelta por Marx en el manuscrito titulado "Contribución a la crítica, etc."; la solución se encuentra, con arreglo al plan de El Capital, en el libro III. Aún habrán de pasar varios meses antes de su publicación. Por tanto, los economistas que pretenden descubrirnos en Rodbertus la fuente secreta de Marx y un precursor aventajado de éste, tienen aquí una ocasión de demostrarnos lo que puede dar de sí la economía rodbertiana. Si son capaces de explicarnos cómo, no ya sin infringir la ley del valor, sino sobre la base precisamente dé esta ley, puede y debe formarse una cuota media de ganancia igual, entonces discutiremos mano a mano con ellos. Pero, tienen que darse prisa. Las brillantes investigaciones contenidas en este libro II de El Capital y los novísimos resultados a que llegan en terrenos que hasta aquí apenas había pisado nadie, no son más que las premisas para el contenido del libro III, en el que se desarrollan los resultados finales de la exposición marxista del proceso social de reproducción, sobre la base capitalista. Cuando este libro III vea la luz, ya casi nadie se acordará de que existió un economista llamado Rodbertus.

Marx tenía el propósito, que repetidas veces me expuso, de dedicar a su esposa los libros II y III de El Capital.

FEDERICO ENGELS
Londres, 5 de mayo de 1885, cumpleaños de Marx.

Esta segunda edición es, sustancialmente, una reproducción literal de la primera. Me he limitado a corregir las erratas de imprenta, a subsanar algunos descuidos de estilo y a suprimir algunos párrafos breves que no contenían más que repeticiones.

La labor de preparación del manuscrito del tercer libro, en la que he tropezado con dificultades completamente inesperadas, está a punto de terminar. Si gozo de salud, este volumen podrá ser entregado a la imprenta en el próximo otoño.
F. ENGELS
Londres. 15 de julio de 1893

(1) En mi prólogo a Das Elend der Philosophie. Antvort auf Proudhons Philosophie des Elends ["La miseria de la Filosofía. Réplica a la Filosofía de la Miseria"], por Carlos Marx. Trad. alemana de E. Bernstein y C. Kautsky, Stuttgart, 1885.
(2) Roscoe-Schorlemmer, Ausführliches Lehrbuch der Chemie, Braunsehweig, 1887, I, 2, pp. 13 y 18.
(3) "Y de este modo, por la concentración de las riquezas en manos de un puñado de poseedores, se va restringiendo cada vez más el mercado interior, y la industria se ve obligada cada vez más a buscar salida a sus productos en los mercados extranjeros, donde la amenazan grandes conmociones" (a saber, la crisis de 1817, que el autor describe a continuación). Nouveaux Principes, ed. 1819, primera parte, p. 336.'
(4) [Versión basada en MARX y ENGELS, Selected Correspondence, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, pp. 488-500.]

Este Prólogo ha sido extraído de ‘El Capital’ - Tomo II de Karl Marx publicado por el Fondo de Cultura Económica, 1966 (4ª edición) – México
Primera edición en alemán: Tomo I: 1867; Tomo II: 1885 y Tomo IV: 1894

Notas sobre Marx, Engels y el marxismo

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