"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

25/7/14

El concepto de ideología en el Marx maduro

Karl Marx
✆ P. Nasarov
& N. Gereljuk, 1920
Luis Felip López-Espinosa  |  En los textos del Marx maduro encontramos planteada una teoría del método científico (en economía política) entendido como proceso de «aproximaciones sucesivas». El punto de partida de la investigación no es la experiencia sensible, sino una representación (Vorstellung) caótica de la totalidad. El punto de partida del proceso de conocimiento es, para Marx, la ideología. En nuestra lectura del apartado del fetichismo de la mercancía en El capital descubriremos las resonancias lacanianas del planteamiento de Marx.
“Contrariamente a la ilusión ideológica (...) del empirismo o del sensualismo, una ciencia no trabaja nunca sobre un existente, que tendría por esencia la inmediatez y la singularidad puras («sensaciones» o «individuos»). Trabaja siempre sobre lo «general», aun cuando tenga la forma de un «hecho». Cuando se constituye una ciencia, por ejemplo la física con Galileo o la ciencia de la evolución de las formaciones sociales (materialismo histórico) con Marx, trabaja siempre sobre conceptos ya existentes (Vorstellungen), es decir, sobre una Generalidad I, de naturaleza ideológica, previa. | Louis Althusser, «Sobre la dialéctica materialista (de la desigualdad de los orígenes)», en La revolución teórica de Marx, México: Siglo XXI, 1999, p. 151.

1. El proceso de conocimiento en la «Introducción» de la Contribución a la crítica de la economía política

Como ha hecho notar Paul M. Sweezy, el padre de la economía radical estadounidense,la metodología de Marx puede considerarse a primera vista muy similar a la de los economistas clásicos y neoclásicos, marcada por el método abstractodeductivo y por lo que se ha venido llamando el método de las «aproximaciones sucesivas», que supone el paso de lo abstracto a lo concreto, «eliminando suposiciones simplificadoras en las etapas sucesivas de la investigación, de modo que la teoría pueda tomar en cuenta y explicar una esfera cada vez más vasta de fenómenos reales». Sin embargo, este método dista de ser automático. Dependiendo de las preguntas y problemas que se vayan a examinar, y de los elementos esenciales que se abstraigan, obtendremos respuestas completamente divergentes, tal y como históricamente ha sucedido en la teoría económica (por eso toda economía es al cabo economía política). En última instancia, la tarea propia de la abstracción, que es poner de relieve lo esencial de un hecho social, es inevitablemente problemática, y no se puede resolver por medio de principios técnicos objetivos. «En la práctica, se precisa formular hipótesis acerca de lo que es esencial, profundizar en estas hipótesis y comprobar las conclusiones con los datos de la experiencia». Veremos a continuación cómo entiende esto el propio Marx.

En la «Introducción» de 1857, Marx nos habla de un proceso de conocimiento estructurado en dos etapas:
(1) una primera que va de lo múltiple concreto, tal como se nos presenta de forma desordenada y confusa como concreto figurado (vorgestellten Konkreten), a definiciones simples, es decir, conceptos más sencillos y abstractos. 
(2)Una segunda que va de estos conceptos simples abstractos a estructuras conceptuales complejas que representan aquellas realidades concretas que antes se nos aparecían por medio de una representación caótica de la totalidad.
Parece ser apropiado comenzar por lo real y concreto, por las premisas efectivas, o sea, en la Economía política, verbigracia, por la población, que es la base y el sujeto de todo el proceso social de producción. Un examen más detenido muestra, sin embargo, que esto es erróneo. La población es una abstracción si, por ejemplo, se desatienden las clases que la componen. Estas clases son a su vez una palabra huera si se ignoran los elementos en que ellas se asientan, por ejemplo, el trabajo asalariado, el capital, etc. De este modo, el que empezara por la población tendría una representación caótica del todo y, por medio de definiciones más detalladas, del análisis, llegaría a conceptos cada vez más sencillos; pasaría de lo concreto figurado a abstracciones cada vez más tenues, hasta alcanzar las definiciones más simples. Desde allí debería emprender el camino de regreso, hasta llegar en fin de nuevo a la población, pero ésta no sería ya una representación caótica de un todo, sino un rico conjunto de muchas definiciones y relaciones.

Según Marx, el punto de partida de la investigación parece ser lo real y concreto. En el caso de la economía, lo real y concreto sería la población (una población con necesidades de índole económica), como base y sujeto del proceso de producción. Sin embargo, esto que se nos aparece como real y concreto resulta ser, para Marx, ciertamente lo abstracto si ignoramos su composición en clases sociales, los elementos de dicha composición (trabajo asalariado, capital) y otras categorías como división del trabajo, trabajo asalariado, precios, valor, dinero... Por consiguiente, pasamos de una representación de lo concreto, que en realidad resulta ser lo más abstracto, a abstracciones cada vez más sutiles que nos permiten destilar una serie de conceptos simples. Marx se refiere a este proceso como un paso de lo concreto figurado (vorgestellten Konkreten) a abstracciones cada vez más tenues, que concluye en la elaboración de conceptos simples.

Marx se refiere a lo «concreto figurado» (vorgestellten Konkreten) como una «representación caótica del todo» (chaotischen Vorstellung eines Ganzen), es decir, de la totalidad, o también como «representación plena» (volle Vorstellung), con un sentido similar. El concepto clave aquí es representación (Vorstellung). Según Marx, la ciencia económica se construye no a partir de datos objetivos presentes de manera transparente al observador, sino a partir de una representación caótica de la totalidad, que debe ser sometida a un análisis el cual nos la descompondrá en elementos simples, abstractos, pero que producen un conocimiento efectivo (a diferencia de aquella representación que, siendo «concreta», no lo es más que de manera «figurada», en palabras de Marx).

Este ha sido el procedimiento tradicional desde la economía clásica británica. Tras producir unos conceptos fundamentales, los economistas construyen sistemas económicos (estructuras teóricas) que se elevan describiendo realidades más complejas como el Estado o el mercado mundial. Marx está definiendo la economía, por tanto, como una construcción sistemática que pasa de lo más difuso a lo más definido, de lo más abstracto a lo más concreto. En sus orígenes, la economía tuvo que lidiar con una representación confusa de las poblaciones y sus funciones económicas, y sólo tras un progresivo desarrollo pudo destilar conceptos por medio de los cuales construir sistemas teóricos que permitieran un conocimiento más concreto de la totalidad. Por tanto, tenemos dos procedimientos: el que vimos arriba (que corresponde a una ciencia en gestación) y otro que corresponde a una ciencia desarrollada (lo que Thomas S. Kuhn llamaría una «ciencia normal»), caracterizada por la elaboración de sistemas teóricos cada vez más complejos y, por consiguiente, con mayor fuerza explicativa.

En ninguno de estos casos considera Marx que el comienzo de la investigación tenga que ver con un acceso transparente a la cosa, ni mucho menos a los aspectos elementales de las cosas. Lo que se percibe (en forma de representación caótica de la totalidad) es demasiado confuso, y en ello resulta difícil distinguir siquiera los elementos. Sólo un proceso de abstracción nos permitirá definir esa representación en sus elementos simples. A continuación, se produce un conocimiento de lo concreto que es una totalidad, una síntesis de definiciones:
Lo concreto es concreto por ser la síntesis de muchas definiciones, o sea, la unidad de aspectos múltiples. Aparece por tanto en el pensamiento como proceso de síntesis, como resultado y no punto de partida, aunque es el verdadero punto de partida y también, por consiguiente, el punto de partida de la contemplación y representación.

Lo concreto aparece aquí dos veces (y en ambas ocasiones tiene que ver con la totalidad): en los inicios de la teoría, de forma caótica y confusa, y en los resultados, cuando por medio de definiciones abstractas se consigue representar en un sistema económico o modelo económico lo concreto existente de una formación social determinada, del mercado mundial, y de las relaciones internacionales.



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