"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

30/1/14

Mercancía y Valor-Trabajo | Guía de Lectura de Marx

“En la misma esencia del dinero se siente algo de la esencia de la prostitución” | G. Simmel
“Si el dinero, según Augier, nace con manchas naturales de sangre en una de sus caras, el capital viene al mundo chorreando sangre y suciedad por todos los poros, desde la cabeza a los pies.” | Karl Marx
Karl Marx Pierre Piech
Reinaldo Carcanholo  |  1. En verdad, la teoría del valor no es una teoría por construirse. Ella se encuentra mucho más  desarrollada de lo que en general se cree y se sostiene. Es sorprendente el número tan reducido de aspectos de ella que no fueron descubiertos y expuestos en El Capital. Ella es mucho más amplia de lo que tiende a pensar. En primer lugar, no se trata de una teoría que se preocupe simplemente con los factores que determinan los precios relativos o el nivel de los precios en el mercado. No es eso. Sus objetivos son mucho más amplios y complejos y su punto de partida es la comprensión teórica sobre la naturaleza de la riqueza capitalista.

En segundo lugar, ella no se limita a lo que se encuentra expuesto en el primer capítulo de El Capital, aunque sumándose aquellos dedicados al problema de la transformación de los valores en precios de producción. Las categorías de capital e plusvalía, capital industrial, capital ficticio, por ejemplo, son aspectos fundamentales de la mencionada teoría del valor, sin los que ella no estaría completada y sería incomprensible. En verdad, tales categorías no son sino formas desarrolladas del valor y, por lo tanto, los capítulos y secciones de El Capital dedicadas a ellas son indispensables para la referida teoría; ellas aparecen discutidas y
desarrolladas a lo largo de todo el mencionado libro, en sus diferentes tomos. Capital, por ejemplo, es el mismo valor en su fase avanzada de desarrollo. Así, podríamos decir, sin exageraciones, que la exposición de la teoría marxista del valor se encuentra dispuesta en el conjunto de la obra económica de Marx y, en particular, en su libro mayor: El Capital.

2. Tal vez todo eso sea una de las razones para que, desde siempre y hasta los días de hoy, haya existido exagerada incomprensión sobre la teoría de Marx sobre la sociedad capitalista, incluso entre muchos de los que se consideran iniciados en el tema. Podemos mostrar que eso se debe a que muchos tratan de encontrar en su teoría del valor, de manera inmediata, respuesta a preguntas no pertinentes o, al menos, mal formuladas. No es fácil convivir con las aberraciones que se encuentran en la casi totalidad de las interpretaciones sobre dicha teoría.

3. Nuestro objetivo aquí, en este trabajo, es indicar un camino para el inicio del estudio sobre los aspectos básicos de la teoría marxista del valor, específicamente sobre aquellos aspectos que aparecen desarrollados en el primer capítulo de El Capital. Para tanto seremos obligados a presentar nuestra interpretación sobre el tema.

4. Desde un primer momento debemos advertir una importante característica de El Capital. No vamos a encontrar allí la exposición de los resultados acabados de una investigación previa; algo así como un resumen de las conclusiones. De cierta manera lo que allí se expone es el camino mismo de la investigación, los pasos metodológicos necesarios para ir descubriendo progresivamente cada nueva categoría. Veremos que, al leer atenta y ordenadamente cada uno de sus sucesivos párrafos, estaremos siendo conducidos de la mano por el autor. El nos llevará de la observación sistemática y metódica de la realidad, al descubrimiento de las categorías; de éstas y de una nueva observación de lo real, él nos guiará en el descubrimiento de nuevas categorías. Empezaremos luego a sentirnos como los verdaderos descubridores de las mismas.

Aceptemos la invitación del autor, démosle nuestra mano; caminemos bajo su conducción  durante algún tiempo, en pasos más simples o más difíciles. No tardará mucho y nos daremos cuenta de que en algunos pasos ya no necesitaremos su mano; podremos caminar solos.

5. Sin embargo, porque estamos acostumbrados a exposiciones sobre resultados acabados, sobre conclusiones, inicialmente no entendemos la invitación del autor. Entendemos sus palabras como afirmaciones conclusivas.

Nuestra intención en los próximos párrafos es, respecto exclusivamente al primer capítulo, demostrar al lector que el autor de El Capital efectivamente ha cursado la referida invitación y, al mismo tiempo, dar los pasos más importantes allí explicitados, aceptando las dos manos de Marx. Sólo cuando nos sintamos absolutamente seguros, y cuando sea indispensable, nos atreveremos a dar unos pasos sin ayuda; en ese momento estaremos invitando al lector a que nos acompañe.

6. Antes de entrar directamente en el tema, es indispensable una observación. En verdad, la exposición de El Capital no expresa de manera completa la investigación. Esta tiene caminos tortuosos, hay momentos de éxitos y también de fracasos; a veces las preguntas formuladas son correctas, otras veces hay que empezar de nuevo; una tarea específica diseñada puede resultar productiva o debe ser abandonada a medio terminar. La investigación, por mejor proyectada que sea, no transcurre por una línea recta, de la manera que se podía haber pensado inicialmente; en otras palabras, ella no es un proceso que pueda ser totalmente planificado a priori.

Es cierto que en El Capital se encontrará la exposición del proceso de investigación científica, pero no del proceso real, tal como efectivamente se da. El proceso de investigación que allí se explicita es ideal, en el sentido de que se abstrae de él los errores, los fracasos, las tareas realizadas pero improductivas; allí, el proceso aparece como transcurriendo en una línea recta previamente trazada. Las categorías van siendo descubiertas una después de las otras; no hay lugar para la intuición, para la imaginación y la creación. Quien se haya dedicado a alguna verdadera investigación científica sabrá que aquél proceso descrito como lineal no es más que una caricatura. Sin embargo, el procedimiento expositivo usado por Marx es adecuado: a los nuevos investigadores, sólo es necesario comunicar la investigación realizada en sus aspectos productivos y no sus caminos equivocados. Así, a posteriori, es posible y correcto exponerla como si hubiera transcurrido por una línea recta, sin desviaciones.

II. Mercancía: Valor de uso y valor de cambio

7. Aceptemos el objeto de estudio señalado por el autor en El Capital: la riqueza capitalista, es decir, la riqueza en la época de dominio de El Capital. Nuestro problema es identificar la naturaleza de esa riqueza, en otras palabras, nuestra pregunta es:

¿Qué es la riqueza en la época capitalista?

8. Nos diría el autor que, para contestar esa pregunta, no tenemos otro instrumento científico que la observación de la realidad
"La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un inmenso arsenal de mercancías. . ." 1
En otras palabras, observamos que la riqueza capitalista es "un inmenso arsenal de mercancías", se nos aparece, se nos presenta como "un inmenso arsenal de mercancías". No se trata de una definición2 del tipo: riqueza capitalista es mercancía. Se trata de una simple constatación, a partir de una simple observación de la realidad.

Sería posible, aquí, afirmar que riqueza es dinero, al contrario de decir que es mercancía. Sin embargo, ese simple y sucio trozo de papel (aunque muy complejo y misterioso del punto de vista teórico), constituido por el dinero, solamente puede ser considerado riqueza por ser capaz de comprar mercancías; cualquier mercancía.

9. Si queremos conocer la riqueza capitalista y si miramos la sociedad donde impera ese régimen de producción, veremos que esa riqueza está formada por mercancías; por eso, no tenemos otra cosa que hacer que observar3 la mercancía más de cerca. Eso es lo que implícitamente dice nuestro autor.

10. Si observamos la mercancía, nos damos cuenta que ella presenta dos características, tiene dos aspectos inmediatamente observables. Ella es, en “primer término, un objeto externo, una cosa apta para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ellas sean.” (Marx, p. 3). En segundo lugar, ella es un objeto capaz de intercambiarse con otros objetos, con otras mercancías; ella es capaz de comprar otras mercancías.

11. Esas dos características de la mercancía no son producto de la imaginación del autor de El Capital; ellas son fácilmente observables por cualquiera de nosotros. Marx lo que hizo fue dar nombres a esas características, crear términos relativos a esos aspectos. La mercancía es un valor de uso por su capacidad de satisfacer necesidades; es un valor de cambio (o tiene valor de cambio) por su capacidad de comprar sus similares. Así, podemos decir en este momento que la mercancía es valor de uso y es valor de cambio; es la unidad de esos dos aspectos.



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