"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

12/1/14

El doble Marx

Karl Marx ✆ A.d.
Robert Kurz  |  Cuando se celebran aniversarios del nacimiento, de la muerte u otras fechas conmemorativas, que se refieren a un lapso de tiempo de más de cien años, en general el objeto de la memoria se ha convertido ya en pieza de museo, ya ha sido clasificado como artefacto de un pasado muerto y ya no constituye motivo de excitación. Las páginas culturales, los notables de la cultura y los administradores de la historia pueden celebrar sus eventos e inclinarse cómodamente sobre los documentos puestos en una vitrina, de aquello que un día hizo latir más deprisa los corazones. El Manifiesto del Partido Comunista de 1848, escrito por dos jóvenes intelectuales, entonces casi desconocidos, Karl Marx y Friedrich Engels, continuó durante mucho tiempo sorprendentemente actual. Un texto que, más de un siglo después, suscita aún un odio rabioso y es repetidamente prohibido, al mismo tiempo que se difunde igual que la biblia, debe de contener material intelectual verdaderamente explosivo para toda una época.

No obstante, el Manifiesto Comunista ya no puede festejar su 150º aniversario como texto relevante apasionadamente controvertido, en medio del tumulto de las luchas sociales. En algún momento durante los años 80, lo más tardar con el gran viraje
de 1989, ese documento hace tanto tiempo candente se volvió súbitamente frío e insípido, su mensaje amarilleó de la noche a la mañana, y hoy ya es sólo estudiado, "sin odio ni pasión", como documento de una historia pasada. Pero eso no quiere decir que se haya agotado la teoría de Karl Marx, que sólo puede morir y pasar a la historia con el capitalismo, ni que el contenido del "Manifiesto" se haya vuelto insostenible, por basarse desde el inicio en un "error". Si el neoliberalismo hace esta afirmación es porque sigue ladrando, tratando de morder el objeto de su ira, que ya no puede representar ninguna crítica al capitalismo desarrollado, demostrando con ello únicamente que él mismo se queda anclado en los viejos tiempos.

Para comprender por qué el Manifiesto Comunista expresó durante tanto tiempo una verdad, y sólo a finales del siglo XX se volvió en cierto modo falso, tenemos que reconocer el carácter contradictorio de la teoría de Marx, siempre tratada erróneamente como un bloque compacto. Hay, por así decirlo, un "doble Marx": dos teóricos en la misma cabeza, que siguen vías de argumentación completamente diferentes. El Marx N° 1 es el Marx universalmente conocido, "exotérico" y positivo, el descendiente y disidente del liberalismo, el político socialista de su tiempo y mentor del movimiento obrero, que nunca quiso otra cosa que derechos civiles y un "salario justo para una jornada de trabajo justa". Ese Marx N° 1 parece adoptar una perspectiva ontológica del trabajo, incluyendo la ética protestante correspondiente, reivindicar la "plusvalía no pagada" y querer sustituir la juridica "propiedad privada de los medios de producción" por la propiedad estatal.

Y no cabe duda que éste es también el Marx del Manifiesto Comunista, a cuyo nivel su adjunto y coautor Engels se limitó toda su vida. Se trata del manifiesto de la "lucha de clases", tal como ésta determinó el desarrollo del mundo moderno entre 1848 y 1989. "Vuestra justicia", le espetan Marx y Engels a la burguesía capitalista que, como ellos, es todavía joven, "es sólo la voluntad de vuestra clase elevada a la categoría de ley." Aunque se den las llamadas condiciones materiales, lo que en última instancia define e impulsa la historia es la subjetividad íntegra de la voluntad consciente de intereses sociales antagónicos: "clase contra clase", sin que se pregunte con más precisión de qué modo fueron realmente constituídos esos sujetos colectivos sociales y sus intereses. Aún se escucha aquí, de manera ingenua, el lenguaje de la filosofía iluminista, según la cual la sociedad y su desarrollo pueden ser reducidos a actos de voluntad conscientes, casi a la manera de las ciencias naturales.

Por consiguiente, el objetivo es solamente invertir las relaciones de dominación existentes, o sea, "la elevación del proletariado a clase dominante"; y "el proletariado utilizará su hegemonía política para despojar paulatinamente a la burguesía de todo su capital". El concepto de capital aquí, súbitamente, ya no indica una relación social, sino un conglomerado de riqueza material, que una clase puede quitar a otra, y cuya forma social no merece más consideración. Dinero y Estado aparecen, así, como objetos neutros, por los cuales se lucha y que, en cierta forma, como botín, recaen en una u otra clase; de modo que el proletariado se legitima moralmente en esta lucha, como portador del "trabajo", contra la parasitaria "renta sin trabajo" de los capitalistas. Consecuentemente, el Manifiesto exige como medida esencial la "centralización del crédito en manos del Estado" y "trabajo obligatorio [¡!] igual para todos", así como la "instauración de ejércitos industriales [¡!]". Adorno ya sabía lo que decía, cuando criticaba el Marx del Manifiesto por querer transformar toda la sociedad en una prisión de trabajo forzado. Las posteriores dictaduras socialistas de desarrollo, en la Unión Soviética y en el Tercer Mundo, tuvieron efectivamente todos los rasgos de un comunismo de cuartel laboral-utópico. Pero hay también un Marx completamente diferente.

Ese Marx N° 2 es el hasta hoy oscuro y poco conocido Marx "esotérico" y negativo, el descubridor del fetichismo social y crítico radical del "trabajo abstracto" y de su respectiva ética represiva, que caracterizan el moderno sistema productor de mercancías. El Marx N° 2 orienta su análisis teórico no hacia los intereses sociales inmanentes al sistema, sino hacia el carácter histórico del propio sistema. El problema aquí ya no es la "plusvalía no pagada", o el poder jurídico de disposición de la propiedad privada, sino la propia forma social del valor, que es común a las clases en lucha y la primera causa del antagonismo de sus intereses. Esta forma es "fetichista", porque constituye una estructura sin sujeto, "a espaldas" de todos los que en ella participan, donde son conjuntamente sometidos al incesante proceso cibernético de una transformación de energía humana abstracta en dinero.

En el plano teórico del Marx N° 2, algunas afirmaciones esenciales del Manifiesto Comunista simplemente no tienen sentido. El capital aquí ya no es una cosa, que se le podría quitar a la clase dominante, sino una relación social del dinero totalizado, que como capital se reacopló a sí mismo y se independizó así en un movimiento fantasmal, funcionando como "sujeto autómata" (como diría Marx más tarde en "El Capital"). Por tanto, no se consigue superar esa relación absurda y el moderno fetichismo a través de una mera prolongación de la lucha de clases inmanente al sistema. En vez de eso, es necesaria, en última instancia, una ruptura consciente con la forma que tienen en común los intereses enfrentados, para pasar del movimiento disparatado del valor y sus categorías ("trabajo", mercancía, dinero, mercado, Estado) a una "administración de cosas" emancipatoria entre todos, usando conscientemente las fuerzas productivas según criterios de la "razón sensible", en vez de abandonarlas al ciego procesamiento de una "máquina" fetichista.

¿Cuál es la relación entre el Marx N° 1, "exotérico", y el Marx N° 2, "esotérico"? El "doble Marx" no puede ser dividido en un "joven" Marx y un Marx "maduro", ya que el problema se extiende como contradicción por toda la teoría de Marx. Elementos de la crítica al fetichismo de la forma del valor y del "trabajo" ya se encuentran antes del Manifiesto Comunista en los escritos de la juventud, a medida que, inversamente, elementos del pensamiento sociológicamente reducido emergen también en El Capital y en los escritos tardíos. El problema está en que Marx, en su tiempo, no era capaz de reconocer la contradicción en su teoría, pues no se trataba de una contradicción sólo de la teoría, sino de la propia realidad. Marx fue el único en descubrir la forma compartida por los intereses de clase enfrentados y su carácter históricamente limitado; ese descubrimiento, no obstante, no podía cuajar en la práctica, pues el moderno sistema productor de mercancías tenía aún por delante un largo camino de 150 años de desarrollo. Para el movimiento obrero, por lo tanto, el Marx N° 2 era insignificante, sólo siendo posible para él percibir la variante del Manifiesto Comunista.

En ese sentido, la "lucha de clases" puede ser comprendida de manera totalmente diferente de lo habitual: lejos de trabajar con miras a la caída del capitalismo, constituyó más bien el motor interno de desarrollo del propio sistema capitalista. El movimiento obrero, siempre limitado a la forma fetichista de sus intereses, en cierto sentido representó una y otra vez el progreso del modo de producción capitalista, contra el conservadurismo irreflexivo de las respectivas élites capitalistas. Impuso la subida de los salarios, la reducción de la jornada de trabajo, la libertad de asociación, el sufragio universal, la intervención estatal, la política industrial y del mercado de trabajo etc., como condiciones del desarrollo y de la expansión del capitalismo industrial. Y el Manifiesto Comunista fue la antorcha que iluminó ese movimiento histórico, dentro del envoltorio fetichista.

Si hoy ese movimiento se paralizó es porque el propio sistema capitalista ya no tiene delante ningún horizonte de desarrollo. La "lucha de clases" ha llegado a su fin y por consiguiente el Manifiesto Comunista también ha perdido su fuerza. Su lenguaje estimulante se petrificó en un documento histórico. El texto se ha vuelto irreal porque ha cumplido su cometido. Justamente por eso, sin embargo, ha llegado la hora del Marx N° 2, el "esotérico"; el sistema de referencias común del "sujeto autómata", que en la época de la lucha de clases histórica no fue percibido como fenómeno distinto y quedó en cierto sentido "invisible", se ha convertido en un problema candente, y su crisis global impregnará el próximo siglo. Ahora habría que escribir otro manifiesto nuevo cuyo lenguaje aún no fue encontrado.

Publicado en la Folha de São Paulo, Febrero 1998 (o sea que cumplirá 16 años)
Traducción al español: Contracorriente; revisada por Reinhart Pablo Esch








En otras lenguas


2. Français: ‘Le double Marx’ | Traduction de l’allemand: Stéphane Besson

3. Português: ‘O manifesto invisível' | Tradução de José Marcos Macedo

Notas sobre Marx, Engels y el marxismo

Entretien avec Michael Heinrich: Débat. “Le Capital”: un travail colossal “pour percer un système complet de fausses perceptions” — A l’encontre
Jérôme Skalski entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
Robin Clapp, Partido Socialista de Inglaterra y Gales: El Capital de Marx cumple 150 años: un análisis y una crítica inigualables del capitalismo, relevante todavía hoy — Werken Rojo
A 150 años de la primera edición de "El Capital": Una obra que trascendió a su época — La Arena
La dialéctica de lo abstracto y lo concreto en "El Capital" de Marx de Evald Vasiliévich Iliénkov — Templando el Acero
Francesc Torralba: "Todo lo sólido se desvanece en el aire" - ¿Y si Marx tuviera razón? — Vida Nueva
Michel Husson: Marx, Piketty et Aghion sur la productivité — A l’encontre
El “Dragón Rojo”, en Manchester: Cierran el histórico pub donde Marx y Engels charlaban "entre copa y copa" — BigNews Tonight
El capitalismo se come al bar donde Marx y Engels debatían sobre comunismo — El Español
Carta de Karl Marx al rabino Baruch Levi — Metapedia (Publicada en la "Revue de Paris" el 01-06-1928)
Tony Blair confiesa haber "tanteado el marxismo" — Sputnik
“Karl Marx le Retour” de Howard Zinn — Le Repúblicain Lorrain
Engels y la independencia política de los trabajadores — Marxist Internet Archive
Ante el fallecimiento de Friedrich Engels — OM Radio
Conmemoramos la vida del camarada Engels — Abayarde Rojo.
Hassan Pérez Casabona: Federico Engels, titán de las ideas — Trabajadores
Cinco aportes de Engels a 122 años de su muerte — Zócalo
Shameel Thahir Silva: Pensando en el nuevo partido de las FARC-EP y su marxismo-leninismo — Rebelión
Vingtras: "Les ingénieurs de l'avenir lumineux" — Mediapart
Carlos Oliva Mendoza: Adolfo Sánchez Vázquez: ¿marxismo radical o crítica romántica? — InfoLibre
Francisco Cabrillo: Cómo Marx cambió el curso de la historia — Expansión
Bernardo Coronel: ¿El marxismo es una ciencia? — La Haine
Sylvain Rakotoarison: Le capitalisme selon Karl Marx — Agora Vox
Il y a 150 ans, le 17 juillet 1867, Karl Marx publiait "Das Kapital" à Londres, une oeuvre décisive de déconstruction du système de production, d'échange et d'exploitation capitaliste — Le Chiffon Rouge Morlaix
Ismaël Dupont: Marx et Engels: les vies extravagantes et chagrines des deux théoriciens du communisme! — Le Chiffon Rouge Morlai
Mónica Zas Marcos: Rosa Luxemburgo, el águila de la izquierda que callaron con una bala — El Diario
Karl Marx & Friedrich Engels: Cartas sobre las ciencias de la naturaleza y las matemáticas — Scribb (*)
La tarjeta de crédito de Karl Marx — Perspectivas
Mordraal: Quelques idées reçues sur Marx — Mediapart
Karl Marx et notre Etat profond français de souche — DeDefensa
Marx, el Estado y la política. Un libro de Antoine Artous — Scribb
Mehdi Touassi: Relire Marx en 2017 — LuxeRadio
Omar Carreón Abud: El Capital fue una obra pensada para enseñar a razonar científicamente a la clase obrera — Crónica de Chihuahua
Un asilo recrea época comunista en Alemania como terapia para los ancianos — Nación 321
Angelo Deiana: Chi possiede veramente oggi i mezzi della produzione? Una rilettura di Marx per comprendere il futuro — Formiche
Karl Marx et le prince-président Macron — DeDefensa
Entre Marx y dos economistas, ¿una práctica criminal o la justificación de un mundo violento? La Conversación
A los 100 años de su nacimiento, la obra de Eric Hobsbawm sigue siendo referente — La Vanguardia
Eric Hobsbawm: El último marxista de occidente — Milenio
Eric Hobsbawm, el historiador marxista que explicó el siglo XX — Diario de Sevilla
Romain Chiron: Bobigny: La cité Karl Marx se réinvente en quartier résidentiel — Le Parisien
Maciek Wisniewski: Tres despachos sobre György Lukács – La Haine
Quand Youssef Chahed cite Karl Marx (Video) – Huffington Post
Michael Heinrich - Entretien réalisé et traduit par Jérôme Skalski: «Avec Marx, on ne peut pas séparer la vie et l’œuvre» - L’Humanité
Jérôme Skalski: Lire "Le Capital", un appel au possible du XXIe siècle - L’Humanité
Face aux impostures libérales, Marx, penseur capital - L’Humanité
Karl Marx en el diván: la psiquiatría franquista como arma — El País
Andrea Vitale: Lo spettro di Marx — Operai Contro
Daniel Álvaro: El problema de la comunidad. Marx, Tònnies, Weber (PDF) — Dialnet, Universidad de La Rioja (*)
Marx y la Teoría del Derecho — Scribd
El marxismo y los juegos malabares — Diario de Jerez
Jorge Ortega Reyna & Víctor Hugo Pacheco Chávez: John Berger: Un marxismo para el mañana — Memoria
Roberto Fineschi: El Capital tras la edición histórico-crítica — Viento Sur
Daniela Gros: Il giovane Karl Marx — Moked
Saoudi Abdelaziz: 1882. Karl Marx se fait couper la barbe à Alger — Le blog de algerie-infos
Jaime Osorio: La teoría marxista de la dependencia revisitada — Viento Sur
Andrés Arnone: Naturaleza y economía en Marx y Engels: de procesos naturales y construcciones sociales — La Izquierda Diario
Gustau Nerín: El 'Manifiesto comunista' de Marx y Engels, vuelve — El Nacional
Luigi Mascheroni: Che borghese quel Karl Marx. Parola di Morselli — Il Giornale
Eros Barone: Il segreto del potere capitalistico — Varese News
Luis Escalante: El hondureño que le escribió a Karl Marx — Hablemos de Honduras
José Roberto Herrera Zúñiga: El terrorismo individual: un análisis desde el marxismo clásico — Universidad de Costa Rica
Albert Sáez: Salarios y beneficios — El Periódico
Tres marxistas negros, las sociedades de color y el marxismo en Cuba (1940-1961) — Rebelión
Juan J. Paz y Miño cuenta algo insólito en Ecuador: Marxismo probancario — El Telégrafo
André Tosel: Marxismos, neo-marxismos y post-marxismos — Viento Sur
Mathieu Ait Lachkar: Jeunes en campagne : Amin, de Karl Marx à Jean-Luc Mélenchon — Ouest-France
_____________________
(*) Acceso indirecto