"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

1/11/13

El Testamento de Lenin | Verdad y manipulación

  • “Entonces Focio, tras haber plagado el escrito de innumerables mentiras con las que sabía hacer feliz al que las escuchase, lo transcribió en hojas decrépitas y en caracteres alejandrinos, imitando una escritura ya desusada. Lo recubrió entonces con una encuadernación antiquísima y lo volvió a colocar en la Biblioteca de Palacio” | Nicetas, Vida de Ignacio, 568A
Lenin ✆ A.J. Kostjucenko
Luciano Canfora  |  Los testamentos de los grandes protagonistas son, por así decirlo, una carta a la posteridad, además de a los coetáneos. Para los continuadores tanto como para los adversarios. Esto explica el cuidado que algunos grandes constructores de nuevos regímenes han tenido a la hora de protegerse contra intrusiones póstumas en su voluntad. Tal es por ejemplo, el objeto de la meticulosa puesta en escena prevista por Augusto (14 d. C.) con el fin de regular todo lo que por deseo suyo debía ocurrir y leerse ante el Senado, convocado en sesión esencialmente conmemorativa para escuchar sus últimas Palabras [18]. Por ello, la custodia de éstas, y en especial de ese sorprendente texto que resultó ser el Index rerum a se gestarum, le fue confiada a la clarividente consorte, Livia, pero también al colegio de las Vestales [19].

Obviamente, un “testamento” es de por sí un hecho histórico. Y lo es también cuando ha sido manipulado (o también creado ex nihilo). A finales de enero de 1976 la agencia japonesa Sankei Shimbun publicó un Testamento de Zhou Enlai, primer ministro chino desaparecido algunos días antes, el 8 de enero de 1976. La sospecha de que se trataba de una falsificación comenzó a circular de inmediato. Los temas tratados eran, en el mismo orden y a menudo con impresionantes coincidencias verbales, los desarrollados
por Zhou en la última entrevista que concedió a Edgar Snow. Además, reflejaban de manera precisa el esquema de la intervención de Deng Xiaoping en la sesión especial de las Naciones Unidas sobre materias primas, en 1974. Encajada en el conjunto, brillaba también una frase sobre el “papel del Partido” que se encuentra, idéntica, en el informe leído por Zhou en la tribuna del X Congreso del Partido Comunista Chino. Una sola inserción resultaba completamente nueva en el plano conceptual: la necesaria prioridad de la industria pesada en el nuevo plan quinquenal chino. ¿Para qué este montaje y en beneficio de quién? Una ausencia proporcionaba, quizá, la clave: la ausencia de cualquier referencia a las relaciones ruso-chinas, tema en los años previos y en el periodo tardo-maoísta, lleno de durísimas polémicas. Una explicación plausible del nada refinado pastiche era que se pudiese leer como mensaje de la facción de Deng (muy leal a Zhou), entonces en trayectoria ascendente dentro del Partido Comunista Chino, dirigido al interior y al exterior y también a la URSS. De hecho, pocos días antes (24 de enero) el elogio de Zhou Enlai en la televisión soviética había sorprendido a todos, después de años de ataques. El falso testamento funcionó como un auténtico acontecimiento, a todos los efectos.

Veinte años más tarde, el 26 de febrero de 1997, los periódicos de Hong Kong, en especial el Ta Kung Pao (órgano oficioso chino de la entonces colonia británica) [20] publicaron un “testamento” de Deng Xiaoping, desaparecido pocos días antes (19 de febrero). Se leía, entre otras cosas: “Hay una sola cosa en toda mi vida que me entristece. Son los hechos de (junio) de 1989 [21]. He meditado mucho sobre ellos y he llegado a una decisión. Pido que tras mi muerte se haga público mi disgusto, y se le hagan llegar mis disculpas a las víctimas y a todo el pueblo”.

El documento contenía también otras informaciones, como por ejemplo aquella según la cual Deng había “editado personalmente” el volumen de sus discursos correspondiente al periodo más difícil, el posterior a su retorno al gobierno [22]. Después del desmentido oficial chino, que negó la autenticidad del documento, muchos se han preguntado qué podía significar y de dónde podía salir. La hipótesis más a menudo sugerida, y que quizá dé en el clavo es que, al margen de la autenticidad (cuestión insoluble), la operación hubiera podido surgir del ala innovadora del Partido Comunista Chino, de los hombres nuevos [23] que no habían llegado aún al poder (junio de 1989). Si es así, la operación resultó perfecta. La eliminación de los efectos negativos y de la fractura provocada por Tiananmen se conseguía adjudicándosela al difunto líder, cuya íntima perplejidad frente a aquella terrible decisión entraba –en todo caso– dentro de lo posible. Era una manera hábil de “pasar página”, soltando la carga sobre el líder desaparecido y universalmente apreciado y colocando en el pasado inmediato un gesto político actual. Si es cierto que la capacidad de salvaguardar la continuidad es uno de los secretos para la conservación del poder (la Iglesia católica es un insigne e instructivo ejemplo) puede decirse que la China moderna ha hecho de tal concepto un tesoro. Ha conseguido no renegar de Mao, pese a haber instaurado una política antitética respecto a la del “timonel” de la catastrófica Revolución Cultural. Ha conseguido mantener unidos el mito cada vez más desteñido y olvidado de Mao y el mito bastante más significativo, eficaz y actual de Deng. Con aquel “testamento” se le adjudicaba póstumamente también el mérito de lo que en realidad iba a ocurrir después: el intento de reconciliación del país a casi diez años de 1989.

Las dos historias paralelas de la URSS y de China popular se convierten así en un ejemplo de manual de cómo se pierde o se conserva el poder. En la URSS han sido necesarios dos traumas, dos claras rupturas (el XX Congreso en 1956 y la perestroika en 1986-1989) para destruir el Estado formado tras la Revolución de 1917 y gracias a ella. En China la ruptura deseada por Mao (1966, la Revolución Cultural) corría el riesgo de obtener un resultado similar. Pero los grandes tutores de la continuidad, Zhou y Deng, pese a ser arrinconados, aunque nunca del todo inmersos en la locura maoísta (y ésta es una peculiaridad de la historia china que no debe perderse de vista), tuvieron éxito en el milagro del cambio total sin retractaciones, rupturas o eliminaciones irreparables. El testamento de Deng fue en ese marco un último acto de sabiduría, dentro de una tradición que es la antítesis de la occidental y dramática del bolchevismo ruso. Es sabido que a la larga, en los grandes procesos históricos, cuentan las raíces culturales más profundas y la tradición, no las ideologías.

La primera “ruptura” la había intentado el mismo Lenin con el denominado Testamento o mejor dicho la Carta al Congreso, dictada por partes, entre el 23 de diciembre de 1922 y el 4 de enero de 1923. El Congreso del Partido Comunista Ruso a la que estaba destinada habría tenido que ser el inminente XIIº congreso (17-25 de abril de 1923). La esencia de la cuestión está en la propuesta, que Lenin expresa en el documento, de destituir a Stalin de la secretaría general del partido y aceptar, al menos en parte, las propuestas de Trotski sobre el GOSPLAN [24].

Lenin está ya en condiciones de salud precarias, por no decir desesperadas. No está en absoluto seguro de poder participar en el Congreso; por ello piensa dirigir un mensaje “operativo” además de políticamente argumentado. Dicta poco a poco fragmentos.  Comenzó el 23 de diciembre. Esto lo atestigua una de las secretarias, Volodícheva: aquel día, al convocarla, Lenin empezó diciéndole: “Le quiero dictar una carta para el Congreso. Escriba, por favor” [25].

El primer texto, fechado el 23 de diciembre de 1922 y escrito al dictado por Volodícheva, tiene que ver con el GOSPLAN y sugiere “ir contra” las propuestas de Trotski. Además sugiere ampliar en gran medida el número de miembros del Comité Central (C. C.), con el evidente propósito de “diluir” los conflictos personales.

El segundo texto, dictado a la misma Volodícheva en los dos días siguientes, 24 y 25 de diciembre, afronta directamente la cuestión del enfrentamiento Trotski-Stalin, pero sin llegar a una propuesta. También se examina a otros líderes –se pueden leer los nombres de Zinoviev, Kamenev, Bujarin y Piatákov–, pero la atención se concentra sobre estos dos, que de hecho vuelven a aparecer en la frase final del breve añadido del 25 de diciembre, donde Lenin precisa, casi como queriendo frenar (sus propias) decisiones precipitadas, que estas observaciones “están hechas sólo para el momento actual, en la eventualidad de que estos dos destacados y fieles militantes no encuentren ocasión de completar sus conocimientos y corregir su unilateral formación” [26]. Los había definido ya como “los dos jefes más destacados del actual Comité Central [27] en la primera parte de las notas (fechadas el 24 de diciembre) al esbozar su perfil. En lo que respecta a Stalin sin embargo, lanza una voz de alarma: “Convertido en secretario general, ha concentrado en sus manos un inmenso poder, y yo –escribe– no estoy seguro de que sepa servirse siempre de él con la suficiente prudencia”. De Trotski reconoce que “es quizás el más capaz de los miembros del actual C.C.” pero le reprocha: “Tiene  también una excesiva seguridad en sí mismo” además de “una tendencia excesiva a considerar el lado puramente administrativo de los problemas”. Algunos días después, el 4 de enero de 1923, la decisión está tomada.

Lenin dicta un breve añadido a la Carta, consistente en un único párrafo, enteramente dedicado a Stalin y lo remata –tras haber trazado un perfil mucho más severo– con la propuesta, evidentemente destinada al inminente Congreso, “de pensar en la manera de quitar a Stalin del cargo de secretario general” del Partido, con la esperanza de encontrar a uno “más tolerante, más leal, más cortés y más atento con los compañeros, menos caprichoso”.

La historia de la transmisión, difusión y conservación de este texto no ha sido todavía completamente aclarada [28]. Nadiezhda Krupskaia, mujer de Lenin, cumple en esta historia textual un papel solamente en parte similar al que tuvo Livia respecto a las disposiciones póstumas que Augusto destinó al Senado. La diferencia, que no es pequeña, consiste en la menor fuerza de Krupskaia respecto al C. C. del Partido y su secretario. En todo caso, es Krupskaia quien se encarga de la tarea de hacer llegar la Carta de Lenin al Partido.

Y ya aquí aparece un punto oscuro. Una leyenda destinada a amortiguar las asperezas del caso y a explicar la larga latencia del documento, sostiene que Lenin habría dispuesto que la Carta al Congreso (¿o quizá solamente el añadido?) se entregara sólo después de su muerte [29]. Sin embargo, él no podía prever la fecha de su muerte, ni tampoco postergar sine die una decisión que, según sus mismas palabras del addendum, parece urgente. Por lo demás el título mismo que se ha vulgarizado (Testamento de Lenin) contribuye a reforzar la engañosa tesis según la cual el mismo Lenin habría dado a esta Carta al Congreso el sentido y el alcance de una comunicación póstuma. Otra tradición sostiene que “inicialmente Lenin habría escondido aquel addendum incluso a Krupskaia.  

El auténtico problema, que sólo en parte encuentra explicación en el agravamiento de la salud de Lenin, es el intervalo, la laguna de casi año y medio, entre el 4 de enero de 1923 y mayo de 1924, hasta que finalmente, en el XIII Congreso (23-31 de mayo de 1924) algo se filtra. Que en el XII no se haya hecho nada queda en todo caso pendiente de explicación, en vista de que otro escrito de Lenin (Propuesta al XII Congreso: cómo reorganizar la inspección obrera y campesina), dictado el 23 de enero de 1923 y publicado dos días después en Pravda [30], llega regularmente al XII Congreso y se aprovecha para las Tesis congresuales (17 de abril de 1923). 

En previsión del resultado que se proponía obtener en el XII Congreso (la sustitución de Stalin en la secretaría debido a la rudeza, la deslealtad, etc. de su comportamiento) Lenin dio también otro paso: envió una dura carta a Stalin, el 5 de marzo de 1923, en la que le amenazaba con la ruptura de relaciones de no recibir sus excusas por escrito, tras la violencia verbal con la que había tratado a Krupskaia durante una llamada telefónica. Sorprendentemente Stalin cumplió inmediatamente con la petición. Pero cuando comienza el Congreso a mediados de abril –ésta es la explicación habitual– Lenin está de nuevo paralizado físicamente (no se conoce nada más suyo hasta su muerte, el 21 de enero de 1924). “Estaba inhabilitado físicamente y los documentos en los que recomendaba la revocación de Stalin de su cargo quedaron bajo llave hasta algún tiempo después de su muerte, ocurrida en enero de 1924” [31].

Según la versión recepta, Krupskaia habría presentado al C. C. y hecho llegar directamente a Stalin la Carta al Congreso no antes del 18 de mayo de 1924, precisando en una nota agregada al texto que “Vladimir Ilich había expresado el firme deseo de que después de su muerte estas notas fueran mostradas en el próximo Congreso del Partido”. La nota existe: se encuentra en el volumen XLV de la quinta edición (1964) de las Obras completas de Lenin (p. 594). 

Si lo que escribe Krupskaia fuese exacto, debería deducirse que el mismo Lenin dudó, tras la rápida carta de “excusas” de Stalin del 5 de marzo de 1923, en llevar hasta el final, en el XII Congreso, la operación de cambio de secretario general. ¿Prefirió esperar? Lo cierto es que al poco tiempo, entrará en la oscuridad de una severa enfermedad, tan dura que el 17 de marzo le pide precisamente a Stalin el veneno para suicidarse, entre dolores cada vez más insoportables. Petición que el grupo dirigente del Partido rechaza.

Pero la nota de Krupskaia no significa en absoluto que hasta aquel momento la cúspide del Partido desconociera la existencia de la Carta al Congreso. Ahora sabemos con certeza que no es así. En julio de 1991 un joven historiador, Yuri Buranov, encontró en el archivo del PCUS el acuse de recibo que acompañaba a todo el material, incluido el addendum del 4 de enero: está fechado en “Moscú, 7 de junio de 1923” [32]. El recibo viene de Kuibishev, un hombre de toda confianza de Stalin además de secretario del C. C. y está dirigido a Kamenev, en aquel momento aliado de Stalin.

Llegados a este punto es justo preguntarse, antes de continuar esta reconstrucción, en qué consistía ese autógrafo. Tratándose de textos dictados, hay copias dactilografiadas, corregidas por el autor y efectuadas por varias secretarias cuyos nombres y tareas se conocen: Volodícheva dactilografió el texto más amplio de la Carta al Congreso (23-25 de diciembre de 1922) y Fótieva el addendum (4 de enero) sobre la destitución de Stalin. Los testimonios de estas secretarias están incluidos en la parte final (pp. 474, 593-594) del vol. XLV de las Obras completas de Lenin (quinta edición, 1964) [33]. Pero sus testimonios más interesantes se reservaron para una larga entrevista realizada por Alexander Bek, que publicamos aquí en apéndice al tercer capítulo. Según estos testimonios alguien (en ausencia de indicaciones por parte de Lenin) sugirió a Volodícheva al acabar el dictado –Lenin disponía sólo de breves periodos de lucidez para trabajar– que remitiera a Stalin el texto del 23 de diciembre. Con ello podemos reconstruir al menos el recorrido de aquel texto que, recordemos, concede mucho a las peticiones de Trotski sobre el GOSPLAN. La transcripción enviada a Stalin le llega mientras están con él Bujarin, Ordzhonikidze, y Alilúyeva (mujer de Stalin y trabajadora también de la secretaría de Lenin). Stalin manda quemar el “original” después de haber conseguido para él una copia a mano (realizada por Alilúyeva) aparte de las habituales cinco copias a máquina para Lenin. 

Buranov descubrió la copia manuscrita de Alilúyeva y vio que allí, en el párrafo sobre el GOSPLAN, faltaba una frase. Se creía que Lenin había escrito: “Pienso proponer a la atención del Congreso que se dé, en ciertas condiciones, un carácter legislativo a las decisiones del GOSPLAN, encontrándome a este respecto junto al camarada Trotski hasta cierto punto y en ciertas condiciones”. Sin embargo, en el ejemplar transcrito por Alilúyeva y rescatado por Buranov, faltan estas últimas palabras, muy restrictivas. La hipótesis de una interpolación por orden de Stalin con el fin de atenuar la sugerencia de Lenin de “ir junto a” Trotski parece la más probable [34]. Para ser eficaz, la manipulación tenía que realizarse inmediatamente, antes de que se realizaran las cinco copias, ya que una de éstas debía depositarse en el archivo personal de Lenin y hubiera podido crear incomodidades en el futuro.

Un fenómeno similar debe de haberse producido también con la nota dictada por Lenin al día siguiente (24 de diciembre). La prueba que permite la comparación textual (es decir, la copia de Alilúyeva) ha sobrevivido, por lo que parece, sólo para el texto del 23. Pero gracias a las entrevistas realizadas por Bek sabemos que los dictados de los días inmediatamente posteriores también fueron entregados rápidamente a Stalin.

Naturalmente, la escena descrita (Volodícheva, sin órdenes precisas, se dirige a Stalin) está preñada de implicaciones. No es poco razonable pensar que Stalin intentara controlar el trabajo de Lenin (entre los dos existía un creciente desentendimiento respecto a puntos cruciales, como la cuestión georgiana) y que Volodícheva fuese un eslabón de tal red de “control”.

Sea como fuere, las sospechas se concentran en el párrafo en el que son mencionados Zinoviev y Kamenev. Así es como aparece en su primera publicación soviética “oficial”, en la versión difundida por Komunist (número 9, 30 de junio de 1956) en el contexto de la “desestalinización” promovida por el XX Congreso del PCUS (febrero de 1956):
No seguiré caracterizando a los demás miembros del C. C. por sus cualidades personales. Recordaré solamente que el episodio de Zinoviev y Kamenev en octubre no es, naturalmente, una casualidad y que de esto se les puede culpar personalmente tan poco como a Trotski de su no bolchevismo.
La ambigüedad es casi perfecta: la frase final puede (y quizá debe) ser entendida en el sentido de que “les imputamos aquellas culpas menos de lo que sin embargo deberíamos”, o puede significar que “se les imputan tan poco como el no bolchevismo a Trotski”, queriendo decir que efectivamente no merecen serles imputadas. De hecho, como veremos, se dieron inmediatamente ambas interpretaciones.

Pero la pregunta principal es: ¿qué hace ahí, en ese punto, ese párrafo tan puntillosamente retrospectivo, en el que sobre todo se vuelve a Trotski cuyo “perfil” había sido analizado ya dos párrafos antes? Es la pregunta que se hacía ya Moshe Lewin en su ensayo de 1967 Le dernier combat de Lénine [35]. ¡Un párrafo expresado, además, tan ambiguamente como para dar pábulo, en el enfrentamiento que enseguida se abrió, a dos interpretaciones opuestas! (Y Stalin no era inexperto en lingüística.)

De aquel texto hubo enseguida numerosas traducciones y publicaciones, oficiosas y semioficiales.

Pese a que la lectura de la Carta al Congreso se realizó a puerta cerrada y en sesiones restringidas del XIII Congreso (21 de mayo de 1924), ya el 24 de julio el periódico menchevique Socialisticesky Vestnik, que se imprimía en Berlín, era capaz de publicar amplios extractos [36]. Evidentemente no todos los delegados implicados mantuvieron el secreto al que se habían comprometido. El texto fue rápidamente publicado por el escritor Max Eastman, en la época admirador de Trotski, en un librito titulado Since Lenin died (Nueva York, 1925) [37], inmediatamente traducido al francés por Gallimard (Depuis la mort de Lénine). Mientras, desde la oposición, o posiblemente fuera el propio Trotski [38], se le hizo llegar a Eastman el texto completo del que se disponía. Éste lo publicó en el New York Times del 18 de octubre de 1926 [39]. Pero puesto que el compromiso adquirido a puerta cerrada era que el texto no fuera hecho público, Trotski se encontró en la poco envidiable situación de tener que desautorizar, en el periódico del partido, Bolshevik, a su amigo Eastman y proclamar que era “una calumnia contra el C. C. del partido” afirmar que hubiesen sido “escondidos por el Partido documentos excepcionalmente importantes escritos por Lenin” y que en todo caso “todos los rumores sobre la ocultación o la violación de un testamento (de Lenin) son invenciones malintencionadas”.

El texto que la oposición pasó a Eastman se presentaba, en la versión inglesa que éste ofreció, conforme a la segunda interpretación, la menos desfavorable a Trotski: I will not further characterize the other members of the Central Committee as to their personal qualities. I will only remind you that the October episode of  Zinoviev and Kamenev was not, of course, accidental, but that it ought as little to be used against them personally as the non-Bolshevism of Trotsky.

Alrededor de un año más tarde, en vista ya del XV Congreso del PCUS (2-9 de diciembre de 1927), la Carta al Congreso volvió con fuerza en el enfrentamiento entre la mayoría estalinista y las facciones de la oposición. La prensa alemana fue de las primeras en posicionarse, tanto los periódicos conservadores (Vossische Zeitung, Deutsche Allgemeine Zeitung) como el Rote Fahne. Este último, ya a primeros de noviembre, entra en la discusión aprovechando las celebraciones del décimo aniversario de la Revolución y el 9 publica un fascículo especial con todo el debate del 23 de octubre y entre otras cosas, ofrece una puntual traducción alemana del párrafo en el que se menciona el “no bolchevismo” de Trotski: Ich erinnere nur daran, daß die Oktober-Episode Sinowjews und Kamenews keine Zufälligkeit war, aber daß sie, ebensowenig wie Trotzki der Nichtbolschewismus, als persönliche Schuld umgerechnet werden kann.

El 4 de noviembre, el Frankfurter Zeitung, bajo el título Partei und Opposition in Rußland. Ein wenig Diskussionsfreiheit, había publicado las durísimas cartas de Lenin de 1917 contra Kamenev y Zinoviev. El 8 de noviembre, el Vossische Zeitung había destacado el párrafo del Testamento donde se estigmatiza la “tosquedad y deslealtad” de Stalin y ese final sobre el “no bolchevismo” de Trotski, y sobre la “traición” de Zinoviev y Kamenev en vísperas de la Revolución. El periódico parisino Le Temps del 19 de noviembre publica en primera página un gran editorial, La crise du Bolchévisme en Russie (fechado el 18), en el que se lee que en la batalla, no exenta de golpes bajos, entre mayoría y oposición [40] M. Trotsky se réclame tout autant que M. Staline du fameux testament de Lénine (“Tanto Trotski como Stalin invocan el famoso testamento de Lenin”).

También en las crónicas de los días anteriores se mencionaba el Testamento. Por ejemplo, en la vívida crónica de la sesión del C. C. en la que Trotski se opuso dramáticamente a su propia expulsión, recordando entre otras cosas, el consejo de Lenin al Partido: Écartez Staline, qui peut mener le parti à la scission et à la perte! (Le Temps, 14 de noviembre de 1927, p. 1, La crise du parti bolchéviste). Profecía que también había hecho, por otra parte, la Westminster Gazette en su crónica de los desórdenes del 7 de noviembre. 

El 20 de noviembre se publica en París el número 1 de un nuevo periódico, Contre le Courant, que se presenta como “l’organe de l’Opposition communiste”. Está redactado por una docena de disertantes, todos vinculados a Trotski y por lo tanto en conflicto desde hace años con el PCF. El número 1 se inaugura precisamente con la cuestión del Testamento de Lenin y sobre todo de la interpretación exacta de la frase crucial sobre el “no bolchevismo” de Trotski. Tras el editorial (La Révolution en danger) y la crónica taquigráfica de las intervenciones de Trotski y Zinoviev en el plenum bolchevique del 23 de octubre, hay un durísimo inciso (p. 15) titulado Métodos estalinistas, donde se afronta el problema directamente, en un intento de facilitar la verdadera interpretación de la frase. Pocas páginas más allá se da la traducción íntegra del documento. El Contre le Courant reacciona también contra el Correspondance Internationale (nº 114) del 12 de noviembre de 1927, que se abría desde la primera página con la interpretación “estalinista” de aquella frase. Allí se reproducía toda la intervención de Stalin el 23 de octubre, en la que la frase en cuestión se entendía así: Je rappelle simplement que l’épisode d’Octobre de Kaméniev et de Zinoviev n’est pas dû au pur hasard, pas plus que le non bolchévisme de Trotsky, (p. 1.640, segunda columna). Pero es una simplificación. Stalin había citado más correctamente: “Naturalmente no se debe a la casualidad, pero se puede atribuir a su culpa personal tan poco como a Trotski su no bolchevismo”. Obviamente apoyándose en la distinción entre “culpa personal” y culpa política”, el sentido era que ese “no bolchevismo” no era simplemente una “culpa privada”: es decir, verdaderamente “no se debía a la casualidad”. La Correspondance lo sintetiza, pero ése es el sentido de lo que Stalin entiende y lee en las palabras del Testamento. Los redactores del Contre le Courant oponen su interpretación y fuerzan el texto introduciendo el concepto de “no más”: ese error “ya no puede imputársele a Trotski”. Stalin –escribe el periódico trotskista– ha falsificado de la manera más burda el pensamiento de Lenin y le hace decir lo contrario de lo que allí está escrito:
En effet, dans le texte de Lénine, il est dit que l’épisode d’octobre de Kamenev et Zinoviev n’est pas dû au pur hasard, et Lénine ajoute aussitôt: “... Mais il ne peut guère plus leur être personnellement reproché que le non-bolchevisme au camarade Trotsky.
On voit que Staline a oublié volontairement les mots les plus importants de sa “citation”, ceux qui donnent son sens à la pensée de Lénine.
 Staline est obligé de falsifier Lénine pour faire croire au Parti qu’il est d’accord avec Lénine [41].
Está claro que Stalin se apoya en el Testamento precisamente por ese párrafo que en todo caso reprocha a Trotski su “no bolchevismo”, al igual que Trotski se apoya en el addendum que solicitaba el alejamiento de Stalin de la secretaría.

La oposición hizo llegar el Testamento a los 1.669 delegados del Congreso. Pero parece que la tirada fue mucho más amplia; se habla de más de 13.000 copias destinadas, en la mayor medida posible, a la prensa exterior [42]. También el redactor del Corriere della Sera tuvo su copia y desde el 15 de noviembre, en un amplio espacio titulado Las disputas entre los comunistas rusos mientras el bolchevismo decae en China (con el subtítulo Del testamento de Lenin) ofreció la traducción, no sin recordar el caso Eastman y el incómodo desmentido al que se había visto obligado Trotski: un “regalo” a la mayoría estalinista, pese a su tono oficialmente hostil. Y de hecho la traducción que publica el corresponsal del Corriere, Salvatore Aponte, es la favorable a Stalin en la frase crucial: “El episodio de Zinoviev y Kamenev en octubre (cuando en un periódico menchevique éstos se declararon contrarios a la insurrección armada y a la conquista violenta del poder) no fue desde luego casual y les culpamos demasiado poco, como demasiado poco culpamos a Trotski de su no bolchevismo”.

No satisfecho con esta primera publicación, Aponte, transmitiendo desde Riga el 30 de noviembre, realizó pocos días después otra, completa, que la dirección del Corriere della Sera sacó en portada el 4 de diciembre bajo el titular Lenin preconizó la escisión. Aquí la frase se reproduce idéntica, tal como aparecía en la correspondencia del 15. El texto va precedido por una breve nota informativa de carácter oficial: “El C. C. del Partido Bolchevique ruso solicitará mañana al XV Congreso de Moscú que decida si debe ser publicada íntegramente la carta-testamento de Lenin, cuya existencia fue revelada hace dos años por un comunista estadounidense que por tales revelaciones fue expulsado de la Komintern. En las recientes y ásperas discusiones entre Stalin y los opositores, el secretario general del Partido procedió a la lectura de algunas frases de aquella carta ya famosa”. Aquí ya se observa un elemento favorable a Stalin: es el mismo Stalin el que hace una lectura (parcial) del documento. Y en efecto, como sabemos, apoyándose precisamente en la frase relativa a la traición de Kamenev y Zinoviev en octubre y al no bolchevismo de Trotski, Stalin blandió aquel documento en el plenum previo al Congreso, como un arma aplastante contra la oposición. Tras la nota introductoria, Aponte menciona la actividad “ilegal” y clandestina que la oposición lleva a cabo utilizando imprentas secretas y declara haber conseguido por aquella vía el texto completo de la Carta al Congreso, que a continuación publica.

Pero la traducción que da (¡por segunda vez!) revela que la fuente de la que depende es en realidad aquella que, en una carta privada al director del Corriere (12 de noviembre), él definía como “el servicio Stefani-Tass”. Con la precisión de que “Stefani se limita a difundir, sin controlarlas, las noticias que Tass le transmite, vale decir las noticias cuya difusión tiene cierto interés para el gobierno soviético [43]”. La fuente de Aponte es por lo tanto esencialmente oficial, y esto explica por qué obstinadamente publica y vuelve a publicar el párrafo crucial en la versión que (legítimamente, respecto al original) hace decir a Lenin: “Le reprochamos demasiado poco a Trotski su no bolchevismo y a Zinoviev y Kamenev su traición [44]”. 

Esto puede explicarse a la luz del descubrimiento de Buranov y de las reveladoras declaraciones de Volodícheva a Alexander Bek [45]: una manipulación efectuada por Stalin cuando le llegó el texto dictado por Lenin el 24 de diciembre. Intervino con un mínimo retoque invirtiendo el sentido. De la forma en que lo leemos, el párrafo desacredita no solamente a Zinoviev y Kamenev (en aquel momento aliados a Stalin contra Trotski) sino también a Trotski. No olvidemos que, desde el punto de vista textual, la situación se presentaba especialmente favorable [46].

Alguna sospecha podría surgir también respecto a la frase conciliadora y autorrestrictiva de la tercera y brevísima nota (25 de diciembre) donde Lenin, después de perfilar las virtudes y los defectos de Piatákov, vuelve a hablar de los dos “ilustres”, precisa que sus observaciones valen solo para el presente y añade: en la eventualidad de que estos dos destacados y fieles militantes no encuentren ocasión de completar sus conocimientos y corregir su unilateral formación. No parece del todo claro que Lenin dijera de Trotski que debía “ampliar sus conocimientos” [47]. Pero la cuestión queda, en este caso, sin decidir.

La nota mucho más dura y operativa del 4 de enero es dictada no a Volodícheva, sino a Fótieva y es inmediatamente guardada en secreto. ¿Había surgido alguna sospecha? ¿Después de que las notas hubieran hecho el trayecto de ida y vuelta a la oficina de Stalin, pareció que algo faltaba? De hecho el copista es sustituido y el addendum escondido. Posteriormente se produce el intercambio de cartas, muy duro, del 5 de marzo de 1923. Luego, la petición del veneno; tras lo cual la niebla que cubre las acciones de los protagonistas hasta enero de 1924 se espesa. Lo que está claro es que al XII Congreso (abril de 1923) no llega ninguna Carta al Congreso.

Desaparecido Lenin, aproximándose ya el XIII Congreso, nos encontramos en plena lucha por la “sucesión”. Augusto y Livia lo habían dispuesto todo para dejar claro que el sucesor era Tiberio, el hijo de Livia (no muy querido por Augusto). Entonces, la escena preparada por los dos viejos cónyuges fue perfecta, y se representó a la perfección: fue el mismo Tiberio el que leyó frente al Senado las últimas y detalladas (y amenazadoras, a buen entendedor) voluntades del padre. No fue así con Lenin y Krupskaia. En esencia, Lenin ha “designado”, aunque no abiertamente, a Trotski. Pero cuando esta dubitativa elección suya se hace pública, las relaciones de fuerza ya no son favorables. El funeral de Lenin, solemne y cargado de ritualidad, fue un triunfo para Stalin. Trotski estaba ausente, en pleno viaje para pasar una temporada de descanso en el Cáucaso. Siempre sostuvo haber sido engañado por Stalin sobre la fecha del funeral.

Cuando sea finalmente leída la Carta al Congreso, en una sesión restringida y a puerta cerrada, los retoques aportados por Stalin han dado sus frutos, pese al mazazo representado por el addendum del 4 de enero [48]. Entre los presentes, obviamente, están también Trotski y Radek (entonces muy vinculado a Trotski). De lo que ocurrió en aquella sesión, Radek habló años después con Emil Ludwig. Y en su biografía de Stalin [49], Ludwig relató todo lo que Radek le había narrado de aquella dramática escena: las “antenas” de Trotski se irguieron frente a aquella extraña frase, pero ya no tenía remedio. “Cuatro meses después de la muerte de Lenin”, así resume Ludwig a Radek, “diecinueve hombres se reunieron en una sala del Kremlin y Stalin les leyó el documento que en parte le acusaba”. Aquí la cita es literal y es Radek el que habla:

“Nadie dijo una sola palabra. Sólo cuando Stalin llegó a la frase el pasado no bolchevique de Trotski no se le atribuye casualmente, Trotski le interrumpió y preguntó: ¿cómo está escrito? La frase se repitió. Estas fueron las únicas palabras pronunciadas en aquella hora solemne” [50]. Ludwig comenta: “pero Trotski no solamente desmintió el relato de Radek, sino también la frase crítica de Lenin contra él. (Esta es una noticia de gran relieve)”. “No existiendo ya el documento”, continúa Ludwig, “su tenor depende de las simpatías. Se puede escribir hoy la historia de los Soviets con menor seguridad que la de César”. 

En su autobiografía, Trotski recuerda, lo hemos dicho ya, el párrafo sobre Zinoviev y Kamenev y se encuentra con que algo no cuadra cuando comenta: “No era necesario sin embargo reprocharles el pasado”, pero de la mención a su antiguo “no bolchevismo” no dice nada. Es más, considera que en la Carta al Congreso se encontraba –así de vanidosamente se expresa– “mi clara designación para el primer puesto” [51].

Todo hace pensar que para Trotski aquella frase era sospechosa. Pero no podía demostrarlo y la trampa había sido, a su manera, perfecta. Después del XIII Congreso, Trotski había querido difundir aquel texto personalmente porque, en todo caso, el concepto central era la petición de Lenin de alejar a Stalin de la secretaría del Partido. Pero dándole difusión acabó inevitablemente difundiendo un texto que al mismo tiempo mostraba a un Lenin que continuaba describiendo a Trotski como un no bolchevique. Y cuando más tarde, ante el inminente XV Congreso, la oposición decidió divulgar el Testamento (pese a la dura crítica que parecía contener precisamente contra aquellos que eran ya los tres líderes de la oposición) y Trotski pidió a voz en grito que se cumpliese la petición de Lenin de alejar a Stalin de la secretaría, Stalin lo tuvo fácil. En el plenum del C. C. del 23 de octubre su contraataque, gracias al texto manipulado y ya en manos de todos, fue perfecto. Es cierto –vino a decir–, soy rudo y violento contra aquellos que mediante engaños y violencia quieren dividir al Partido. Contra estos yo solo sé ser rudo y violento. Pero el testamento de Lenin os acusa sobre todo a vosotros, y de culpas bastante más graves: a Zinoviev y a Kamenev de haber dado un paso atrás en el momento de la revolución y a Trotski de no ser todavía un bolchevique.

Dado que tenía bien claro su texto en mente, pudo zarandear a los asistentes en sus asientos con la lectura antológica de artículos e intervenciones anti-leninistas de Trotski de los años 1910-1913: lectura que llevó a la derrota de la oposición y a la condena pública de Trotski por parte del Congreso. Para Stalin, fue un triunfo. Gracias a un texto falseado.

¿Cómo pudo la oposición utilizar tan torpemente el arma que le cayó en las manos? (Aunque debe reconocerse que una petición de alejar a Stalin por razones y defectos únicamente de carácter no era de las más fuertes, circunstancia agravada por el postulado de que unos rasgos de carácter tan negativos serían en todo caso “perfectamente tolerables entre nosotros los comunistas”.) Las relaciones de fuerza dentro de la cúpula dirigente determinaron que la lectura fuera a puerta cerrada. Sólo en el XV Congreso (diciembre de 1927) después del fracaso de las contra-manifestaciones trotskistas del 7 de noviembre [52] y cuando la partida está ya sumamente comprometida si no perdida del todo, Trotski lleva la batalla a campo abierto y sucumbe por las razones recién citadas. Al final de aquel Congreso que llevó a la expulsión de Trotski, se decide adjuntar el texto completo de la Carta al Congreso a la transcripción taquigráfica de las actas congresuales y reenviar la publicación a una “miscelánea” de escritos de Lenin, que sin embargo no apareció nunca. Fue la prensa extranjera, en Italia el Corriere della Sera, la que ofreció el texto “completo” tal y como lo estaban difundiendo los representantes de las facciones de la oposición, ya derrotadas.

Manipulando y manteniendo tanto tiempo en secreto el “testamento de Lenin”, Stalin en realidad ocultó, en la medida de lo posible, la ruptura que se había producido de hecho entre Lenin y él. Su “obra maestra" (como la de Deng respecto a Mao) fue de hecho, fundar su poder precisamente sobre la base de la continuidad: él era ya (y se proponía ya como) el heredero, el ejecutor testamentario, el discípulo de Lenin. Por detrás de esta operación, no del todo arbitraria, no sólo está su habilidad subjetiva (asistida por la fragmentación e ineptitud de la oposición) sino también el peso y el modelo de la cultura eclesiástica e imperial bizantina, el peso de la historia [53].

Si la expresión “la fuerza de las palabras” tiene un sentido, el caso de la Carta al Congreso resulta ejemplar. Ésta resurgirá en cada una de las rupturas que han llevado poco a poco a la disolución de la URSS. Trabajosamente archivada en 1927, vuelve a la vida treinta años después, en febrero de 1956, en el XX Congreso del PCUS, el primero después de la muerte de Stalin. Ampliamente citada desde las primeras páginas del Informe secreto [54], la Carta al Congreso vuelve a circular, publicada en el oficialísimo Komunist en junio. Y vuelve aún más llamativamente en el XXIIº Congreso (17-31 de octubre de 1961) en el que se completa reciamente la “desestalinización” (atacando así al llamado “grupo antipartido”) culminando ésta con la expulsión de los restos de Stalin del mausoleo de Lenin. Esta vez las amplias citas de la Carta al Congreso, y en especial del addendum del 4 de enero, no están ya en un “informe secreto” sino en el Informe Oficial que Jruschov pronuncia frente al Congreso en nombre del C. C. [55]. Se da vida entonces a la nueva edición, la quinta de las Obras completas de Lenin, en la que la Carta al Congreso entra triunfalmente (vol. XLV, 1964). Y este tipo de decisiones radicales engendrarán la caída de Jruschov en octubre de 1964.

Para la edición en lengua rusa no había problemas respecto al texto que debía adoptarse. Sin embargo, había que elegir la interpretación para las ediciones en lenguas extranjeras. La aceptada oficialmente fue, como era previsible en aquel momento, la menos desfavorable para las fracciones de la oposición. Puede verse la transcripción en una publicación semioficial de la RDA (Lenins Ausgewählte Werke in sechs Bänden, Dietz Verlag, 1971) donde dice: 
Ich erinnere nur daran, daß die Episode mit Sinowjew und Kamenew im Oktober natürlich kein Zufall war, daß man sie ihnen aber ebensowenig als persönliche Schuld anrechnen kann wie Trotzki den Nichtbolschewismus (VI, p. 641). 
Pero la larga sombra de la mancha de “no bolchevismo”, presentada como “sentencia” lapidaria de Lenin respecto a Trotski en su Testamento, siguió alargándose. Fue incluida en una autorizada herramienta como la Gran Enciclopedia Soviética, en su tercera edición (1977) que en cierto sentido resume, en un dosificado mélange, desestalinización y recuperación post-jruschoviana. Aquí la cuestión de la Carta al Congreso queda relegada al artículo Decimotercer Congreso del PCR [56]. Así se expresan los dos autores del artículo: “En su carta, Lenin hacía referencia al no bolchevismo de Trotski. De este modo pretendía poner en guardia al Partido frente a posibles recaídas mencheviques por obra de los secuaces de Trotski”. A continuación se da una precisa lista de las expresiones críticas presentes en la Carta relativas a otros dirigentes. El efecto es curioso: casi parece que esos juicios sirven para justificar la eliminación sucesiva de todos ellos. Después de lo cual pasan a Stalin y a las palabras de la Carta que le conciernen. “Algunas observaciones críticas”, se lee, “se dirigían también a Stalin. Lenin dudaba de que Stalin pudiera hacer un uso apropiado de su poder, esto es, de la gran autoridad que se hubiera concentrado en sus manos una vez que se hubiese convertido en secretario general del Comité Central. Lenin propuso que algún otro fuese tomado en consideración para el puesto de secretario general”. Pero –y ésta es la conclusión del hábil informe– “considerando las circunstancias, en especial el recrudecimiento de la lucha contra el trotskismo y los grandes méritos de Stalin en este sentido, los delegados del Congreso decidieron mantener a Stalin en el papel de secretario general, con la esperanza de que tuviese en cuenta las indicaciones críticas de Lenin”. Una reconstrucción realmente extraordinaria, por la sabiduría “continuista” con la que está realizada.

Stalin había ganado en su momento la difícil partida política también gracias a aquella minúscula inserción hábilmente colocada en la Carta al Congreso: “Así como el no bolchevismo de Trotski”. Pero también ganó en su país la partida historiográfica. Superó brillantemente incluso los escollos de los XX y XXII congresos. Venció haciendo “hablar” a Lenin de manera no del todo incongruente pero sí anacrónica tras el paso de Trotski al bando bolchevique bastante antes de la revolución.

La partida se reanuda después de otros veinte años. En enero de 1987, cuando despega o parece despegar la perestroika, la Carta al Congreso reaparece, esta vez en el semanario Moskovskye Novosti, como si se tratase de una novedad. El semanario habla de “excepcional documento”. En parte lo era, porque un texto relegado al volumen XLV de las Obras completas del “padre de la patria” sólo hasta cierto punto puede considerarse ampliamente difundido [57]. En resumen, acabada la “era Bréznev” con el surreal apéndice Andrópov-Chernenko, la nueva “ruptura” –en la que el voluntarismo probablemente prevaleció claramente sobre los contenidos– se inauguraba una vez más en nombre de Lenin y con las palabras de la Carta al Congreso. La cual era de nuevo reproducida y comentada a partir de cero. A Lenin se le reconocían dotes proféticas por haber previsto los defectos de Stalin (“Tenía razón”, señalaba el semanal, “tenía trágicamente razón”).

Y sin embargo, el párrafo relativo al “no bolchevismo” de Trotski y a la reprobable conducta de Zinoviev y Kamenev en el momento de la insurrección continuó funcionando al contrario de como Lenin lo entendía, pese a que el texto restaurado de 1956 fuese el correcto. Así aparece en el Informe secreto de Jruschov, que no es solo un ataque sino también una defensa de la obra de Stalin. Se dispara a quemarropa sobre el “culto a la personalidad” pero se salva la lucha contra todos los “desviacionistas”, Trotski, Zinoviev y Kamenev in primis. De Trotski ni siquiera se habla, pero contra Zinoviev y Kamenev se formula la acusación de siempre: “El 18 de octubre (de 1917) publicaron”, dice Jruschov en el Informe, “en el órgano menchevique Novaya Zhizn una declaración en la que se afirmaba que los bolcheviques estaban preparando una sublevación y que ellos consideraban tal empresa aventurada. Revelaban así al enemigo, etc.”. No obstante –prosigue– a continuación se les dieron dos importantes cargos directivos. Pero atención: “En su testamento Lenin advirtió de que el episodio Zinoviev-Kamenev acaecido en octubre no representaba ciertamente un caso accidental” [58]. 

Sin embargo, es la referencia simultánea al “no bolchevismo” de Trotski la que se agiganta con el tiempo y se transforma en otro texto. Esto ocurre en la reedición de la Carta al Congreso difundida, como se ha dicho, por Moscovskye Novosti en enero de 1987. Allí la frase, de la que hemos visto ya dos variantes, se dilata hasta convertirse en: “En la base de su concepción del mundo y en lo mas profundo de su corazón, Trotski nunca ha sido un bolchevique”.

Al mismo tiempo el semanario se esfuerza por presentar lo que Lenin escribía en 1922-1923 sobre el riesgo de “burocratización” como una anticipación clarividente de la perestroika [59].

Pero el ensañamiento con Trotski no es inexplicable aunque a la altura de 1987 pueda parecer paradójico. Su visión de la imposibilidad de un “campo socialista” (variante ampliada del “socialismo en un solo país”) minaba la propia razón de ser de la URSS. Que, de hecho, se disolvió poco después.

Notas

[18] Suetonio, Vida de Augusto, 101.
[19] Poderoso e investido de gran autoridad. Augusto era también pontifex maximus.
[20] Pasaría bajo control chino el 30 de junio.
[21] La represión de las manifestaciones en la plaza de Tiananmen.
[22] Como hombre de Zhou Enlai y tras su larga ausencia a causa de la persecución sufrida durante la llamada Revolución Cultural.
[23] En posible referencia a los homines novi de la antigua Roma: “Algunos hombres de familias que nunca habían obtenido cargos tuvieron éxito en alcanzar al menos magistraturas menores; estos individuos fueron denominados ‘hombres nuevos’ (homines novi). Si sus descendientes conservaban y mejoraban su éxito, podían llegar a convertirse en nuevos miembros de la nobleza (…) Para un novus homo alcanzar el consulado era especialmente difícil”. The Romans. From Village to Empire, M.T. Boatwright et al., Oxford University Press, pp. 98 y 486. (N. del T.)
[24] Comisión estatal de planificación. El GOSPLAN era uno de los mayores puntos de enfrentamiento entre Stalin y Trotski.
[25] Lenin 1964, p. 474. Cf. Tucker, 1977, p. 203.
[26] V.I. Lenin, Obras escogidas, París, 1972. (N. del T.)
[27] La definición contrasta con el insistente juicio expresado por Trotski, que define a Stalin como “mediocre” o “nulidad”. Un ejemplo entre muchos: Trotski, 1962, p. 428; pero véase también el perfil que traza en la Historia de la revolución rusa, 1930, Milán 1964, pp. 316-317 (trad. cast. de Andreu Nin en ed. Veintisiete Letras, Madrid, 2007).
[28] Un ejemplo entre muchos: V.I. Lenin, Ausgewählte Werke, vol. VI, Dietz, Verlag, Berlín, 1977, p. 731, nota 149.
[29] Cf. Tucker 1977, p. 201.
[30] Es el artículo que contiene la famosa frase, después censurada en la publicación incluida en las Obras completas, “sin respeto ni siquiera por el secretario general”.
[31] Así se expresa, bastante sumariamente, Tucker, 1977, p. 206.
[32] En Italia el anuncio del descubrimiento lo hizo Giulietto Chiesa, La Stampa (Turín), 12 de julio de 1991, p. 13. Buranov recogió y desarrolló después los resultados de su investigación en un libro aparecido en 1994 con el título Lenin’s Will, Prometheus Books, Nueva York.
[33] Es decir, la edición posterior al XXII Congreso del PCUS.
[34] Las dudas que expresé anteriormente (Pensare la rivoluzione russa, Teti, Milán, 1995, p. 25) no parecen legítimas. Su oposición a la insurrección de octubre de 1917, expresada incluso públicamente en un periódico menchevique a mediados de octubre. V. I. Lenin, Obras, vol. XLV, Moscú, 1964, p. 345.
[35] Cf. M. Lewin, ‘Les derniers mois de la vie de Lénine d’après le journal de ses secrétaires’, en Cahiers du monde russe et soviétique nº 8, 1967, pp. 285-286. Hay trad.  cast. El último combate de Lenin, ed. Lumen, Barcelona, 1970, pp. 102-105. Lewin escribe que el párrafo sobre Zinoviev, Kamenev y Trotski “plantea algunas dificultades” y se pregunta: “¿Por qué esta alusión al pasado? ¿Significa una advertencia? ¿Una  disculpa? ¿Ambas cosas a la vez?”. Lewin intenta evitar a toda costa mencionar que el párrafo alude también a Trotski. Probablemente porque le parece que contradice el  párrafo anterior, en el que Trotski es descrito como “el más capaz”.
[36] Primera publicación.
[37] Segunda publicación.
[38] Wolfe, 1957, p. 288, e Tucker, 1977, p. 217.
[39] Tercera publicación, ésta desde luego con amplia difusión mundial: Destituid a Stalin, que puede llevar al partido a la escisión y a la ruina. (N. del T.) 
[40] Pocos días antes se habían producido los incidentes de la Plaza Roja con ocasión del 7 de noviembre, que habían intensificado las peticiones “de las bases” de expulsar a Trotski.
[41] En efecto, en el texto de Lenin, se dice que el episodio de octubre de Kamenev y Zinoviev no es en absoluto casual, pero Lenin añade enseguida: “Pero no se les puede reprochar personalmente más a ellos que al camarada Trotski su no bolchevismo”.
Podemos ver que Stalin ha olvidado voluntariamente las palabras más importantes de su “cita”, las que le dan todo su sentido al pensamiento de Lenin.
Stalin se ve obligado a falsificar a Lenin para hacer creer al Partido que él está de acuerdo con Lenin. (N. del T.) 
[42] Cuarta publicación.
[43] Archivo del Corriere della Sera, al que expreso mi agradecimiento.
[44] Alguien muy al tanto de los sucesos “entre bastidores” de la corresponsalía del Corriere della Sera en Moscú es el autor de la “extraña carta” enviada a Terracini, además de a Gramsci y a Scocimarro, en San Vittore, en febrero de 1928. “Conocerás las conclusiones del XV Congreso del PCR. Si has leído el Corriere della Sera habrás podido entender algo. De hecho el corresponsal del C. S. utiliza abundantemente el material oficial que aparece en Pravda”, etc. Otro hecho extraño. Pero sobre esto véase la segunda parte de este libro, sobre la “extraña carta”.
[45] Cf. infra, apéndice al tercer capítulo.
[46] Sobre el modo en que se añadieron las palabras “así como el no bolchevismo a Trotski”, cf. infra, capítulo siguiente.
[47] Sin embargo en la edición de Librairies du Globe, París, 1972, esa frase de Lenin no parece referirse a Trotski sino a Bujarin y a Piatákov. (N. del T.)
[48] Para Stalin fue un duro golpe, a juzgar también por el testimonio de testigos de la reunión a puerta cerrada del 21 de mayo de 1924.
[49] Aparecida por partes en Estados Unidos en 1941-1942 y publicada en Roma en 1944 (ed. Vega) y en Mondadori en 1946. Me remito a esta edición.
[50] Ludwig, 1946, p. 98.
[51] Ludwig, 1946, p. 98.
[52] Lo que Malaparte y otros han llamado, en su momento, el fallido golpe de estado de Trotski.
[53] Los acontecimientos de estos años en los que Stalin se enfrenta al ataque de un Lenin moribundo –pero está ya maniobrando eodem tempore para crear el “culto” a Lenin– están bien reconstruidos por Tucker, 1977, en los caps. VII-IX.
[54] Obviamente, hablar del Informe secreto significa aventurarse desde el punto de vista textual, en un terreno minado. «El informe de Jruschov al XX Congreso del PCUS, difundido en 1956 por la agencia de noticias italiana Ansa, había sido manipulado por la CIA y contenía 34 párrafos fabricados por especialistas de la central de espionaje estadounidense, en el cuartel general de Langley, en Virginia”. Así es como Rodolfo Brancoli resumía en La Repubblica del 28 de diciembre de 1977 (p. 20) algunos de los resultados a los que había llegado una investigación desarrollada durante tres meses por un “equipo” de periodistas del New York Times. “La CIA”, prosigue Brancoli, “había conseguido hacerse con un texto del que habían sido eliminados precisamente 34 párrafos referentes a la política exterior soviética y puso en circulación una versión propia, acreditándola como auténtica”. Brancoli se refería a que en 34 puntos el texto debía considerarse sospechoso. Una operación tal era de gran eficacia si se llevaba a cabo con un texto –el llamado Informe secreto– del que no era previsible difusión alguna por parte soviética o de los otros partidos participantes en aquellas reuniones. (De hecho los soviéticos negaron durante bastante tiempo la existencia de aquel informe, y una publicación parcial fue realizada solamente 33 años después, el 5 de abril de 1989, por la revista Izvestia, órgano del Comité Central.)
Si se considera la importancia capital del Informe secreto en la historia del movimiento  comunista mundial, y más en general en nuestra historia, se entiende fácilmente la turbación que suscita en el historiador el resultado de aquella investigación de los periodistas del New York Times.
[55] Cf. N. Jruschov, Rapporti e discorso conclusivo al XXII Congresso del PCUS, Editori Riuniti, Roma, 1962, pp. 98-99. (trad. cast. Informe al XXII Congreso del PCUS, 19 de octubre de 1961, “Suplemento de la revista Novedades de la Unión Soviética”, nº 24, 1961.)
[56] Ed. inglesa, Macmillan y Collier, vol. XXVI, p. 154.
[57] Y después, según una técnica utilizada por ejemplo con las obras de Dostoievski, una obra o volumen pueden ser “saqueados” hasta tal punto que quedan agotados durante mucho tiempo.
[58] Citamos la ed. comentada del Informe, proporcionada por Wolfe, 1957, p. 134.
[59] Véase la reseña puntual del semanario moscovita en L’Unità del 19 de enero de 1987, p. 5.

Luciano Canfora es catedrático de Filología Clásica en la Universidad de Bari, y forma parte del comité científico de la Society of Classical Tradition de Boston y de la Fundación Instituto Gramsci de Roma. Además dirige la revista Quaderni di Storia y la colección de textos ‘La città antica’, y forma parte del consejo directivo de las revistas Historia y crítica, Journal of Classical Tradition, y Limes. Es considerado unos de los mayores clasicistas europeos vivos, ha estudiado problemáticas de historia antigua, literatura griega y romana, historia de la tradición, estudios clásicos, política y cultura del siglo XX. Entre sus últimos trabajos publicados cabe destacar La biblioteca desaparecida (1998), Julio César, un dictador democrático (2000), Storia della letteratura greca (2000), El misterio Tucídides (2002) y Una profesión peligrosa: la vida cotidiana de los filósofos griegos (2002)
Este texto es un fragmento del libro La historia falsa y otros escritos, que acaba de publicar la editorial Capitán Swing, con traducción de Inés Campillo Poza, Antonio Antón y Regina López Muñoz.   

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