"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

23/11/15

Bakunin contra Marx — La revolución como ausencia de acción política

Mijaíl Bakunin ✆ Uluk Suçsuzer
Albert Lladó    |   Este estudio trata de identificar las claves que hicieron que las políticas de Bakunin y Marx se separaran hasta tal punto de considerarse rivales, contrarias. Por qué el marxismo y el anarquismo no son compatibles, por qué motivo Bakunin cree que Marx es un burgués más, por qué razón la Asociación Internacional de Trabajadores, impulsada por Marx, es entendida, según qué postura, de forma tan distinta. Estas son las preguntas que nos intentamos hacer aquí. Para ello, hemos creído oportuno leer la obra (que en realidad es una selección de textos) Eslavismo y anarquía de Bakunin y, sobre todo, el artículo que éste dedica a Marx. En Escrito contra Marx, redactado entre noviembre y diciembre de 1872, podemos ver el pensamiento de la revolución anarquista y las enormes diferencias, según el mismo autor, con otras formas de pensamiento de carácter revolucionario o de izquierda radical. Pero tampoco podemos dejar de lado en este estudio las constantes paradojas que parece tener el pensamiento de Bakunin. ¿Cómo puede ser que quien elaboraba en 1865 un programa casi anarquista para su sociedad secreta revolucionaria se dirigiese sólo tres años antes al zar Alejandro II para pedirle que encabezara una cruzada de los pueblos eslavos?

¿O cómo puede, quien pretende hacer de ideario de la emancipación de la humanidad, caer constantemente en argumentos xenófobos? A encontrar respuestas a estas y otras muchas preguntas nos ayudará la introducción de Antonio Elorza que encontramos en el volumen de la Colección Austral, de Espasa.1

Sin embargo, no podríamos, aún y así, entender el pensamiento de Bakunin si no lo situamos dentro de un contexto histórico muy determinado. Entre 1864 y 1867 Bakunin está en Italia y es allí donde sus reflexiones 3 derivan hacia las organizaciones obreras y lo que, más tarde, denominará revolución anarquista. Después del nuevo aplastamiento de la insurrección polaca por las tropas del zar, no hay esperanzas para una revolución eslava a corto plazo. El lugar de Bakunin está ahora en otro sitio. Ha nacido, de manos de Marx, la Asociación Internacional de los Trabajadores. El lenguaje de Bakunin, aunque ya apunta a una destrucción inmediata del régimen político, es aún democrático. Su esquema es el de liquidación social, […] en el que la libertad exige la igualdad económica y social construyendo la sociedad de abajo a arriba y no como hasta el momento. La centralidad del Estado deja paso a la del municipio. El antiestatismo no ha sido llevado aún a sus últimas consecuencias.

Mijail Bakunin escribe este artículo entre noviembre y diciembre de 1872. Las posturas se han radicalizado ya. Y la Internacional es el centro de combate entre los partidarios de Marx y los de Bakunin. Las diferencias son claras: Marx apuesta porque la asociación participe de las cuestiones políticas y filosóficas del momento a través de un “socialismo intelectual” mientras que Bakunin recuerda que la Alianza, sección de la Internacional en Ginebra, rechaza la acción política.2
“La Alianza rechaza toda acción política que no tenga por fin inmediato y directo el triunfo de los trabajadores contra el capital.”
Aquí radica la concepción de Bakunin: se tiene que abolir todo Estado y no hay que participar, como hace el Partido Demócrata Socialista de los obreros alemanes de Liebknecht y Bebel, de la lucha por la conquista del poder político. Además ese “intelectualismo” del socialismo de Marx no tiene sentido para Bakunin. Para el pensador, Marx se dirige únicamente a los trabajadores cultos o que, por su vanidad o ambición, aspiran a transformarse en nuevos burgueses. La revolución, nos dice Bakunin, tiene que venir de la flor del proletariado, entendiendo como tal a la gran masa, los millones de no civilizados analfabetos que, por instinto y pasión, necesitan y quieren la igualdad económica. A ellos, les llama canalla popular y por ellos, explica Bakunin, la Internacional no puede tener ninguna referencia política ni religiosa. No se puede declarar atea porque eso haría que no se uniera a la Asociación esta canalla popular que aún está alienada y que únicamente se mueve por la igualdad económica.
“Lo que en todas partes quieren las masas es su emancipación económica inmediata, pues ahí reside realmente para ellas toda la cuestión de la libertad… y las masas tiene mil veces razón.”3
O sea, la Internacional tiene que ser simplemente la asociación que permita la igualdad económica entre toda la masa oprimida por el capital. Y es que la masa tiene la pasión instintiva de dicha igualdad económica. Por eso, lo que hace Marx y Engels, según Bakunin, es un socialismo científico donde la masa permanecerá oprimida de igual forma que en otro tipo de gobierno. Es otra forma de dictadura, un nuevo despotismo donde se apuesta por la esclavitud a favor de la unidad. Por este motivo, Bakunin no cesa de insistir en los estatutos originales del a Asociación que dejan completamente fuera la cuestión propiamente política. Política es así, para Bakunin, exclusión. Primero hay que “liberar” a la masa, a la canalla popular, de la opresión a la que está sometida por culpa del capital. Luego, a través de su libertad, que decida si quiere ser atea.

Pero esta línea utópica revolucionaria que extraemos de Bakunin contiene, por desgracia, otras reflexiones mucho menos esperanzadores. Y es que utiliza su crítica a Marx para desplegar parte de la xenofobia que persigue sus ideales. Bakunin acusa a Marx incesablemente de tener como objetivo final construir un gran Estado pangermánico supuestamente popular. Y es que Bakunin siempre se consideró a Francia como la causa sagrada del socialismo revolucionario frente a la Alemania que, como el zarismo ruso, se convierte en el gran adversario. De ahí surge su libro El imperio Knutogermánico y la revolución social, de comienzos de 1871. El Knut es un látigo de la tiranía zarista y Bakunin ve a Bismark, y de alguna manera a Marx, como el actual portador de dicho látigo. Pero, además, esa fobia a los alemanes se incrementa con Marx porque Bakunin es, en realidad, profundamente antisemita.
“…Marx es judío…muchos otros partidarios fanáticos, en su mayor parte también judíos.”4
Esta forma de recurrir al discurso xenófobo es el principio, y si se quiere el final, de la ortodoxia que utiliza Bakunin en la Internacional. Acaba de fundar sus pilares bajo la dimensión de su antisemitismo, su antigermanismo y su aproximación, cada vez más evidente, a las formas de pensar del nacionalismo ruso. Quien promulga un atiestatismo, una unión universal de federaciones, utiliza como argumento la nacionalidad o el origen como crítica. Veamos otro claro ejemplo:
“He dicho que los judíos de la Europa oriental son los enemigos jurados de toda revolución verdaderamente popular”5
Y es que para Bakunin la historia política tiene un cierto paralelismo a la teoría de la evolución de Darwin: la raza latina representó durante la historia la aristocracia, la raza eslava la canalla popular, como le llama él, y la alemana a la burguesía. Marx, por tanto, no es más que otro burgués contra el que hay que luchar, otro burgués que se ha inventado otra forma de gobierno despótico y autoritario. Por tanto, la visión de Bakunin es puramente dualista: él es el bueno, Marx es el malo. El proletariado, todo el proletariado, contra la burguesía. Hay que ayudar a emancipar al pueblo y no someterlo a otra dictadura. La emancipación sólo viene por la igualdad económica y no por conjeturas filosóficas o políticas. La huelga es la mejor gimnasia revolucionaria para la solidaridad entre obreros. La historia acabará con el fin de las clases sociales, con el fin de la esclavitud.

No obstante, la ruptura total entre Marx y Bakunin se produce ya en la Conferencia de Londres, dirigida por el mismo Marx, donde se suscribe la prioridad de la acción política de la clase obrera y, por tanto, la formación de partidos políticos. La respuesta no se hace esperar: en la Carta a los internacionales de Bolonia Bakunin critica que en Londres no hay representación y que únicamente habla un individuo, algo totalmente opuesto al federalismo internacionalista. Así, los verdaderos adversarios se convierten en lo que proponen a los obreros organizarse políticamente para hacer la revolución.

Bakunin, frente a la expulsión dictada por Marx en el Congreso de la Haya, opta por retirarse de la militancia activa. Él ya ha había teorizado. Ahora era cosa del proletariado. Sólo ellos podían llevar a cabo su propia revolución para abolir las diferencias económicas. El 12 de octubre de 1873 se despedía de sus compañeros de la Federación del Jura.
Conclusiones
Bakunin y Marx fueron dos piezas claves del movimiento obrero de finales del siglo XIX. De eso no cabe duda. No analizaremos aquí si las diferencias fundamentales entre los dos pensadores fueron únicamente ideológicas o tenían que ver más con sus caracteres ambiciosos y su obsesión por liderar la revolución de las clases menos favorecidas. Pero, sin duda, el anarquismo del pensador ruso choca literalmente, como hemos visto, en algunos matices irreconciliables con el socialismo de Marx.

Para Bakunin la revolución, como ya anuncia el subtítulo de este trabajo, ha de estar absenta de acción política. Como mínimo, no se ha de producir en la Internacional, organización que únicamente se ha de ocupar de acabar con el Capital y conseguir la igualdad económica para la masa, igualdad que todo hombre, por instinto, quiere. Para Marx, el obrero tiene que organizarse políticamente y ser ateo, para dejar de estar alienado por la supraestructura.

Además Bakunin reprocha a Marx que su socialismo vaya dirigido únicamente a obreros preparados y se olvide de los más humildes, de los analfabetos, que merecen la misma igualdad económica que los demás. Para Bakunin, Marx promulga un socialismo de burgueses y sus obreros no quieren la igualdad sino convertirse, transformarse, en nuevos burgueses. A través de un discurso que, demasiadas veces, se pierde en argumentaciones xenófobas, Bakunin ataca a Marx por querer crear un nuevo Estado, igual de despótico que los demás, igual de injusto.
Notas
1. BAKUNIN,Mijail. “Eslavismo y anarquía”. Ed Espasa. Colección Austral. 1998, Madrid.
2. Ídem. Pág. 324.
3. Ídem. Pág.332.
4 Ídem. Pág. 51.
5 Ídem. Pág. 53.

http://albertllado.com/

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