"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

25/11/15

Adolfo Sánchez Vázquez en su centenario — Sobre ‘Estética y marxismo’

Carmen Galindo   /   Me quiero referir a un libro que consideró fundamental de Adolfo Sánchez Vázquez, su antología titulada, Estética y marxismo, no sólo porque me ha acompañado siempre, sino porque, junto con Las ideas estéticas de Marx, me ha permitido comprender algunos de los temas centrales y más complejos de la teoría literaria. Lo primero que se explica en esas páginas es que uno puede sentir ante una puesta de sol, el mar estrellándose en las rocas o una flor en solitario un sentimiento estético, pero lo estético propiamente dicho sólo es creado por el hombre y para los demás seres humanos.

El artista como creador se enfrenta a la lengua, si se trata de la literatura; a los colores y las formas, si intenta la pintura; a su propio cuerpo en el espacio, en la danza o el teatro y a una materia ya sea el mármol o la arcilla, en la escultura, se enfrenta, decíamos, para transformarlos real y técnicamente siempre guiado por una idea, por una emoción. 

El artista es igual que cualquier trabajador, pero diferente en cuanto trabaja fuera de la alienación, de modo creativo. El trabajador común también puede vivir momentos creadores, por ejemplo, cuando con un simple cartón sustituye una pieza rota o faltante y reanima a la máquina descompuesta. Por su lado, el trabajo del artista también puede ser enajenado a ratos, como cuando prepara apresuradamente un cuadro que debe ocupar un espacio en la exposición que se inaugura el día siguiente, pero el trabajo alienado predomina en el trabajo del productor de mercancías y el trabajo creativo es la nota dominante en el artista. Éste es el primer principio que establece Sánchez Vázquez en torno al arte, una oposición entre el trabajo enajenado, el de toda la sociedad capitalista, y el creador, el practicado por los artistas. Con este planteamiento, sustentado en parte en Lifshits, como él mismo revela, pone en un lado las opiniones literarias de Marx, (su gusto por el arte griego o su preferencia por la escuela realista del siglo XIX) para enraizar el pensamiento estético marxista en su filosofía.
El valor del arte
Fuera y dentro del marxismo, tal vez el problema central en referencia al arte sea el del valor. Sánchez Vázquez, al explicar a Marx, considera que se trata de una relación entre la obra y un grupo social, así un grupo social reconoce en una obra el valor artístico, pero tampoco un grupo social puede decidir que esto es arte, la obra posee algo que le posibilita este reconocimiento. Sobre este tema, otras filosofías guardan silencio y algunas francamente aceptan, como el estructuralista Roland Barthes, que por su complejidad más vale dejarlo de lado.
La relativa autonomía del arte
Que una obra expresa a su sociedad lo postula cualquier sociología del arte, lo importante dice Marx es el porqué esas obras, “El Quijote” o una tragedia griega, sobreviven en una época distinta. Ante esta pregunta fundamental, Sánchez Vázquez recurre a un concepto marxista: la relativa autonomía del arte. De paso abre la puerta para escapar del sociologismo y de constreñir la obra a la ideología, a la moral, a la religión, a la política o a la economía, en vez de observar que los más grandes artistas trascienden estos aspectos. Pero si no se puede reducir el arte a su ideología o a su condicionamiento social, tampoco quiere decir que se deje volar al arte sin amarras en lo real, pues no se puede olvidar que la existencia social determina la conciencia. Por eso postula Marx, y Sánchez Vázquez destaca este concepto, la relativa (no total) autonomía del arte.
La alienación capitalista
En esta etapa histórica, el trabajo, de actividad creadora, que es la esencia del hombre, se convierte en una actividad que lejos de afirmar al hombre, lo niega. No se reconoce en los productos que transforma, no se reconoce en su actividad, no se reconoce en sus relaciones con los demás hombres. Así, se vuelve objeto, cosa, mercancía. Este fenómeno, la alienación, alcanza a los obreros, pero también al dueño de los medios de producción, al capitalista. Las relaciones humanas adoptan la forma de relaciones entre cosas. Todo se vuelve abstracto, impersonal, deshumanizado. Se pasa de hombre a cosa, de fin a medio, de sujeto a objeto.
El hombre y el trabajo
La actividad específica del hombre es crear objetos, en ellos plasma fuerzas humanas esenciales. El trabajo hace que el hombre, antes de producir el objeto, lo imagine. Pasa el objeto de una existencia ideal, (en la mente del hombre) a una finalidad humana. Los objetos son, por el trabajo, objetos humanizados, vale decir, objetos útiles con el fin de satisfacer una necesidad humana. Así, el trabajo no sólo produce objetos útiles, sino plasma fines, ideas, sentimientos humanos. Se producen por y para los hombres.
El trabajo artístico
Objetos superiores son las obras de arte. Expresan plenamente los fines, las ideas, los sentimientos humanos. En las obras de arte, en los objetos artísticos, el hombre se afirma como hombre, como ser humano. Son objetos creados por el hombre y que hablan del hombre. (Otras filosofías suponen que el trabajo produce sufrimiento, mientras el arte produce alegría, placer, de ahí que se le equipare con el juego o se le califique como la finalidad sin fin).

La verdad, considera el marxismo, en la producción, como se decía líneas arriba, predomina el trabajo enajenado, y se fabrican objetos útiles. El hombre domina las materias de la naturaleza en forma útil para la vida humana, predominan los fines utilitarios. En el arte, predomina el trabajo creador y se producen objetos espirituales. En resumen, en el trabajo artístico, predominan los fines espirituales, humanos, del trabajo.

Otro aspecto importante es que el hombre crea, primero, objetos útiles, luego los va perfeccionando, creando excedentes. Cuando crea unos zapatos que, además de útiles son mejores y bellos ha surgido lo estético. Por eso, el trabajo para crear objetos útiles, (con valor de uso) precede al valor estético. Los objetos artísticos, por decirlo así, se libran de su utilidad práctica para alcanzar lo estético. En la producción predomina lo útil, y en el arte, lo humano. El trabajo artístico, por ser un perfeccionamiento, por ser un proceso creador, causa placer en el que lo realiza y en este trabajo creador, espiritual, está el principio del placer estético.
La hostilidad del capitalismo al arte
Sánchez Vázquez destaca esta temática, porque existe una oposición entre trabajo creador y trabajo enajenado. Escribe Sánchez Vázquez en “Los problemas de la estética marxista”, su introducción general a su antología Estética y marxismo:
“…la idea verdaderamente medular de Marx, que funda la necesidad y posibilidad de una nueva estética es la que aflora en sus trabajos de juventud (Manuscritos de 1844), vuelve a salir a la luz en sus trabajos de la madurez (Grundrisse der Kritik der politischen Oekonomie e Historia crítica de la teoría de la plusvalía) y subyace a toda su obra: su concepción del hombre como ser práctico u obrero que despliega su actividad transformadora, en el marco de ciertas relaciones sociales dadas, y que se mueve, al producir, entre dos polos: la creación y la enajenación”.
Ya que en la producción capitalista predomina el trabajo enajenado y en el artístico el creativo, “al abolir la propiedad privada, queda eliminado el mayor inconveniente al florecimiento de la creación artística”[1], concluye Sánchez Vázquez con esta cita de Lifshits. En resumen, con rigor admirable, la interpretación de Sánchez Vázquez inserta el pensamiento estético de Marx en su filosofía en general y resalta que Marx considera al arte, no de modo ideológico, sino por el carácter creativo del trabajo del artista, como opuesto a la sociedad capitalista.
Antología sin par
La amplitud de las nacionalidades de los autores que integran la antología Estética y marxismo revela una amplitud de miras y un conocimiento asombroso. Estos datos permiten suponer que no existe en el mundo una antología que reúna tal cantidad de ensayos sobre estética marxista que provengan de tan diversas fuentes. Cito algunos nombres como ejemplo: Antonio Gramsci, Galvano della Volpe, Bertold Brecht, Georg Lukács, Karel Kosik, Henri Lefebvre, Lenin, Stalin, Lunacharsky. Los temas no esquivan, sino ponen en primer plano los problemas más controvertidos, como ideología, valor, realismo, placer estético.

Nota
[1] Estética y marxismo. 2 vols. México, Ediciones Era, 1970. Vol. 1. Pág. 21.
http://www.siempre.com.mx/

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