"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

7/3/14

Marx y el espejo de la producción

Jean Baudrillard
✆ Guillem Cifré
Jean Baudrillard  |  Un espectro recorre lo imaginario revoluciona­rio: la fantasía de la producción, que alimenta por doquier un desenfrenado romanticismo de la pro­ductividad. El pensamiento crítico del modo de pro­ducción no afecta al principio de la producción. En su totalidad, los conceptos que en él se articulan sólo describen la genealogía, dialéctica e histórica, de los contenidos de producción, y dejan intacta la producción como forma. Esta misma forma resurge idealizada tras la crítica del modo de producción capitalista. En efecto, dicha crítica no hace más que reforzar, por un curioso contagio, el discurso revolucionario en términos de productividad: de la liberación de las fuerzas productivas a la “productividad textual” ilimitada de Tel Quel, hasta la productividad maquinística fabril del inconsciente en Deleuze (y, claro está, el “trabajo” del inconsciente), ninguna revolución podría colocarse bajo otro signo que aquél. La consigna general es la de un Eros productivo; riqueza social o lenguaje, sentido o valor, signo o fantasía, nada hay que no esté “producido” según un “trabajo”.

Si ésta es la verdad del capital y la economía política, la revolución se hace cargo de ella en su integridad: será en nombre de una productividad auténtica y radical que subvertiremos el sistema de producción capitalista, será en nombre de una hiperproductividad desalienada, de un hiperespacio productivo que aboliremos la ley capitalista del va­lor. El capital desarrolla
las fuerzas productivas, pero también la frena: hay que liberarlas. El inter­cambio de significados siempre ocultó el “trabajo” del significante: ¡liberemos al significante!, ¡libere­mos a la producción textual del sentido! Se encierra al inconsciente dentro de estructuras sociales, edípi­cas: ¡volvámoslo a su energía bruta, restituyámoslo como máquina productiva!

El discurso productivista reina por doquier, y ya sea que esa productividad tenga fines objetivos o que se despliegue por sí misma, en uno u otro caso es ella forma del valor. Leitmotiv del sistema, leit­motiv de su impugnación radical, semejante consenso en cuanto a los términos resulta sospechoso. O bien el discurso de la producción no es más que metáfora revolucionaria –desvío e inversión de un concepto que, en lo esencial, emana de la econo­mía política y obedece a su principio de realidad–, pero entonces, si debe designar una alternativa ra­dical, esa metáfora es peligrosa; o bien la alterna­tiva no es radical, y la contaminación por el dis­curso productivista significa algo más que una infección metafórica, significa una real imposibili­dad de pensar más allá o fuera del esquema gene­ral de la producción, es decir, en contradependen­cia del esquema dominante [1].

Pero este esquema dominante, metaforizado en todas direcciones, ¿no es él mismo sólo una metá­fora? Y el principio de realidad que impone, ¿es otra cosa que un código, una cifra, un sistema de interpretación? Marx quebró la ficción del homo oeconomicus, mito donde se resumía todo el proceso de naturalización del sistema del valor de cambio, el mercado, la plusvalía y sus formas. Pero lo hizo en nombre de la emergencia en acto de la fuerza de trabajo, de la fuerza propia del hombre de hacer surgir valor por medio de su trabajo (“pro-ducere”), y cabe preguntarse si no hay aquí una fic­ción análoga, una naturalización análoga, es decir, una convención igualmente arbitraria, un modelo de simulación destinado a codificar todo material humano, toda eventualidad de deseo y de inter­cambio en términos de valor, finalidad y produc­ción.

En este caso la producción no sería otra cosa que un código, código que impone determinado tipo de desciframiento, que impone el desciframiento allí donde propiamente no hay ni finalidad, cifra o valor. Se trata de una gigantesca elaboración secundaria que alucina en términos racionales esa predestinación del hombre a la transformación objetiva del mundo (o a la “producción” de sí mismo, tema humanista hoy en día generalizado: ya no se trata de “ser” uno mismo, se trata de “producirse” a sí mismo, desde la actividad consciente hasta las “producciones” salvajes del deseo). Por todas partes el hombre ha aprendido a pensarse, a asumirse, a ponerse en escena según este es­quema de producción, que le es asignado como dimensión final del valor y del sentido. Hay aquí algo, a nivel de toda la economía política, de lo que describe Lacan en el estadio del espejo: a tra­vés de este esquema de producción, este espejo de la producción, la toma de la conciencia de la especie humana en lo imaginario. La producción, el trabajo, el valor, todo aquello por lo cual emerge un mundo objetivo y por donde el hombre se reco­noce objetivamente, todo eso es lo imaginario en el que el hombre persigue un desciframiento ince­sante de sí mismo a través de sus obras, finalizado por su sombra (su propio fin), reflejado por ese espejo operacional, esa especie de ideal del yo pro­ductivista, no sólo en la forma materializada de la obsesión económica de rendimiento, determinada por el sistema del valor de cambio, sino mucho más profundamente en la sobredeterminación por el código, por el espejo de la economía política, en esa identi­dad que' el hombre reviste ante sus propios ojos cuando ya no puede pensarse sino como algo que hay que producir, transformar, hacer surgir como valor. Notable fantasía que se confunde con la de la representación, donde el hombre deviene en sí mismo su propio significado, interpreta el rol de un contenido de valor y sentido, en un proceso de ex­presión y acumulación de sí misma cuya forma se le escabulle.

Está más o menos claro (a pesar de las proezas exegéticas de los estructuralistas marxistas) que el análisis de la forma/representación (el status del signo, del lenguaje que gobierna todo el pensa­miento occidental), la reducción crítica de esa forma en su colusión con el orden de la produc­ción y la economía política, escapó a Marx. Tampoco sirve de nada hacer una crítica radical del orden de la representación en nombre de la pro­ducción y su consigna revolucionaria. Es preciso ver que los dos órdenes son inseparables y que, aun cuando esto resulte paradójico, en Marx la forma/producción no está más sometida a un análisis radical que la forma/representación. Estas dos grandes formas, no analizadas, le imponen sus límites, los mismos de lo imaginario de la economía política. Con ello entendemos que el discurso de la producción y el discurso de la representación son ese espejo donde el sistema de la economía política viene a reflejarse en lo imaginario, y a reproducirse allí como ins­tancia determinante.

1. Es evidente que Marx desempeñó un papel esencial en el arraigo de esa metáfora productivista. Fue él quien radicalizó y racionalizó definitivamente el concepto de producción, quien lo “dialectizó” y le dio sus cartas de nobleza revolucionaria. Y, en gran parte, si ese concepto prosigue su extraordinaria carrera es por referencia incondicional a Marx. 
  
El marxismo y el sistema de la economía política  |  La revolución como finalidad: el suspense de la historia

Con el modo de producción, el concepto de his­toria constituye el otro término de aquella racio­nalización dialéctica. Es el homólogo en el tiempo de la teorización del modo de producción en la estructura social (una vez más, la imposición con el Renacimiento de una convergencia perspectiva como principio de realidad del espacio, puede ser­vir de referencia).

Se habló de una idea “milenarista” de Marx [2]: el comunismo para un “futuro próximo”, la revolu­ción inminente. Esta exigencia “utópica” data de la Introducción a la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, los Manuscritos de 1844, las Tesis sobre Feuerbach y el Manifiesto. Tras el fracaso de 1848, reconversión: el comunismo no entra en las posibilidades ofreci­das por la situación presente; sólo puede sobreve­nir más tarde, al cabo de un período que habrá creado las condiciones históricas necesarias [3]. Con El capital se pasa de la utopía revolucionaria a una dialéctica propia­mente histórica, de la revuelta inmediata y radical a la consideración objetiva: es preciso que el capitalismo “madure”, es decir, que llegue interiormente a su propia negación en cuanto sistema social y, por lo tanto, a una necesidad lógica e histórica; la larga marcha dialéctica, donde la negatividad del proletariado ya no se refiere inmediatamente a él mismo como clase sino más bien, a largo plazo, al proceso del capital. Embarcado en este largo “rodeo” objetivo, el proletariado comienza a pensarse como término negativo y sujeto de la historia [4].

El esfuerzo del marxismo diverge entonces de su exigencia radical hacia el estudio de las leyes históricas. El proletariado ya no salta por encima de su sombra: crece a la sombra del capital. La revolución es remitida a un proceso de evolución implacable al cabo del cual las propias leyes de la historia obligarán al hombre a liberarse en cuanto criatura social. La exigencia radical no abandona la perspectiva marxista, pero pasa a ser una exigencia final. Conversión del aquí-y-ahora hacia un cumplimiento asintótico, vencimiento diferido e indefinidamente aplazado que, bajo el signo de un principio de realidad de la historia (socialización objetiva de la sociedad operada por el capital, proceso dialéctico de maduración de las condiciones “objetivas” de la revolución), sellará la trascendencia de un comunismo ascético, comunismo de sublimación y esperanza que, en nombre de un más allá en perpetuo recomienzo –más allá de la historia, la dictadura del proletariado, el capitalismo y el socialismo– exige cada vez más el sacrificio de la revolución inmediata y permanente. Ascético frente a su propia revolución, el comunismo sufre profundamente, en efecto, por no “tomar sus de-seos por la realidad”. (Esta dimensión trascendente, esta sublimación fue también la del cristianismo ortodoxo por oposición a las sectas milenaristas que pretendían la realización inmediata, y aquí, en la Tierra. Sublimación –ya se sabe– represiva: en ella se basa el poder de las Iglesias.)

La revolución se convierte en un fin; en la exigencia radical de la que presume, y a cambio de remitir a una totalización final, no acepta que el hombre, en su rebelión, ya está ahí entero. Este es el sentido de la utopía si la sacamos del idealismo soñador al que los “científicos” se complacieron en reducirla para enterrarla mejor: ella rehúsa el esquema extendido de las contradicciones, esa estructuración ideal que deja sitio a una “Razón” de la historia, a una organización consciente y lógica de la revolución, a la previsibilidad dialéctica de una revolución diferida; dialéctica que rápidamente cae en el esquema puro y simple del fin y los medios: la Revolución como “fin” equivale de hecho a la autonomización de los medios. Sabemos en qué se convirtió esto, y cómo tiene por efecto contener la situación presente, conjurar de ella a la subversión inmediata, extender (en el sentido químico del término) la realización explosiva en una solución a largo plazo.

“El hombre no puede contentarse con la perspectiva de su liberación. Por eso el ‘romanticismo revolucionario’, la revuelta hic et nunc subsistirá hasta que la perspectiva marxista deje de ser una perspectiva” (Kalivoda). Pero a partir del momento en que hace entrar en juego la objetividad de la historia, la resignación, a las leyes de la historia y la dialéctica, ¿puede ser algo más que una “perspectiva”?

En la época en que Marx comienza a escribir, los obreros rompen las máquinas. Marx no escribe para ellos. No tiene nada que decirles, e incluso a sus ojos están más bien equivocados: revoluciona­ria es la burguesía industrial. Que la teoría diga otra cosa no explica nada de nada. Esa rebelión inmanente de obreros que rompen las máquinas quedó para siempre sin explicación. Por medio de la dialéctica, Marx se contenta con hacerles hijos a sus espaldas. Y sin embargo, todo el movimiento obrero, hasta la Comuna, vive de esa utópica exi­gencia de socialismo inmediato (Déjacque, Courde­roy, etcétera), y ya lo son en su aplastamiento. Por­que la utopía jamás se escribe en futuro: es lo que está siempre ya ahí.

Por su parte, Marx habla desde más allá, habla de todo eso como de una fase superada. Pero ¿qué posición privilegiada le da la razón de antemano? El fracaso de estos movimientos (por oposición a las revoluciones “marxistas” del siglo XX) no es un argumento: invoca precisamente la “Razón” de la historia, un fin objetivo que no puede dar cuenta de la especificidad de una palabra social no finali­zada por una dimensión futura. Allí, en el vere­dicto de la historia, el comunismo internacional busca hoy la única prueba de su verdad; es decir que ya no la busca en una razón dialéctica sino en la inmanencia de los hechos; en este nivel, la historia ya no es siquiera un proceso de desarrollo, es un proceso a secas, y en él la rebelión está siempre condenada a él.

Radicalidad de la utopía

En realidad, Marx tiene razón, “objetivamente” razón, pero esa razón y esa objetividad sólo son alcanzadas por él, como sucede en toda ciencia, al precio del desconocimiento, desconocimiento de la utopía radical contemporánea del Manifiesto y El ca­pital. No creemos estar expresándonos bien al decir que Marx “objetivamente” teorizó las relaciones sociales capitalistas, la lucha de clases, el movi­miento de la historia, etcétera. En efecto: Marx “objetivizó” la convulsión de un orden social, su subversión actual, la palabra de vida y muerte que libera instantáneamente en una revolución dialéc­tica a largo plazo, en una finalidad en espiral que sólo era el tornillo sin fin de la economía política [5].

La poesía maldita, el arte no oficial, la escritura utópica en general, que dan un contenido pre­sente, inmediato a la liberación del hombre, debe­rían ser la palabra misma del comunismo, su pro­fecía directa. Pero no son más que su mala con­ciencia, precisamente porque en ellas algo del hombre es inmediatamente realizado, porque ellas objetan sin piedad esa dimensión “política” de la revolución que sólo es la dimensión de su aplazamiento final. Son el equivalente en el discurso de esos movimientos sociales salvajes que nacen de una situación simbólica de ruptura (simbólica, es decir, no universalizada, no dialectizada, no racionalizada en el espejo de una historia objetiva imaginaria). Por eso la poesía (no el “Arte”) en el fondo nunca se puso de acuerdo sino con los movimientos de utopía social, de “romanticismo revolucionario”, y jamás con el marxismo como tal. Es que, en el fondo, el contenido del hombre liberado tiene menos importancia que la abolición de la separación entre presente y futuro. Lo que no perdonan los idealistas de la dialéctica que son al mismo tiempo los realistas de la política: para ellos la revolución debe irse destilando en el correr de la historia, cumplir su plazo, madurar al sol de las contradicciones es la abolición de esta forma del tiempo, dimensión de la sublimación; ahora, enseguida, es impensable e insoportable. Esto tienen en común la poesía y la rebelión utópica: esa actualidad radical, esa denegación de finalidades, esa actualización del deseo, no ya exorcizado en una liberación futura sino exigido aquí, de inmediato, también en su pulsión de muerte, en la radical compatibilidad de la vida y la muerte. Así es el goce, la revolución. Nada tiene que ver con un calendario político de la Revolución.

Contrariamente al análisis marxista, que presenta al hombre como desposeído, alienado y lo vincula a un hombre total, a un Otro total que es su Razón futura (utópica en el mal sentido del término), que destina al hombre a un proyecto de totalización, la utopía no conoce el concepto de alienación: ella piensa que todos los hombres, todas las sociedades ya están, enteras, ahí, en cada momento social, en su exigencia simbólica. El marxismo nunca analiza la rebelión o el movimiento mismo de la sociedad sino como algo que está como filigrana de la revolución, como una realidad en vías de maduración. Racismo de la perfección, del estadio acabado de la razón, que despacha todo lo demás a la nada de las cosas superadas [6]. El marxismo sigue siendo en esto, profundamente, una filosofía, por toda esa mira de alienación que, incluso en el estadio “científico”, permanece en él. El “en otra parte” del pensamiento “crítico”, en términos de “alienación”, sigue siendo una esencia total que acosa a una existencia dividida. Sin embargo, ésta metafísica de la totalidad no se opone en absoluto a la realidad actual de la división, sino que forma con ella un sistema. La perspectiva para el sujeto, al término de la historió, de recuperar su transparencia o su “valor de uso” total, es tan religiosa como la reintegración de las esencias. La “alienación” es todavía lo imaginario del sujeto, así fuese el sujeto de la historia.

Para el sujeto no se trata de volver a ser un hombre total, no se trata de reencontrarse: se trata de que hoy se pierda. La totalización del sujeto es lo más acabado de la economía política de la conciencia, sellada por la identidad del sujeto como la economía política lo es por el principio de equivalencia. Esto es lo que debe ser abolido, en lugar' de acunar a los hombres con la fantasía de su identi­dad perdida, de su autonomía futura.

¡Qué absurdo pretender que los hombres son “otros”, e, intentar convencerlos de que su más, caro deseo es volver a ser “ellos mismos”! Todo hombre está ahí, entero, en cada instante. La so­ciedad también está ahí, entera, en cada instante. Courderoy, los Ludditas, Rimbaud, los Comune­ros, la gente de las huelgas salvajes, los de mayo de 1968 no son la revolución que habla en filigrana, son la revolución, y no conceptos en tránsito; su palabra es simbólica y no busca una esencia, es una palabra anterior a la historia, a la política, a la verdad, una palabra anterior a la separación y a la totalidad futura: la única que, hablando del mundo como no separado, lo revoluciona de ver­dad.

No hay posible o imposible. La utopía está allí, en todas las energías alzadas contra la economía política. Pero esta violencia utópica no se acumula: se pierde. No busca acumularse, como el valor eco­nómico, para abolir la muerte, y tampoco aspira al poder. Encerrar a los “explotados” en la sola posi­bilidad histórica de tomar el poder fue la peor des­viación que haya sufrido la revolución y pone de manifiesto cuán profundamente minaron, sitia­ron, desviaron la perspectiva revolucionaria los axiomas de la economía política. La utopía quiere la palabra contra el poder y contra el principio de realidad, que no es más que la fantasía del sistema y de su reproducción indefinida. La utopía no quiere más que la palabra, para perderse en ella.

Notas

[1] Es evidente que Marx desempeñó un papel esencial en el arraigo de esa metáfora productivista. Fue él quien radicalizó y racionalizó definitivamente el concepto de producción, quien lo “dialectizó” y le dio sus cartas de nobleza revolucionaria. Y, en gran parte, si ese concepto prosigue su extraordinaria carrera es por referencia incondicional a Marx.
[2] Nos referimos al trabajo de KALIDOVA, Marx et Freud, Editions Anthropos, 1971.
[3] Asimismo, la historia cristiana, el concepto cristiano de historicidad, nación del fracaso de la parusía.
[4] El socialismo en un solo país será la potenciación de esa cualificación en la que se instala el proletariado, de esa sustancialización de la negatividad de la cual la historia, como dimensión final, deviene la dimensión objetiva. Primero sujeto negativo de la dialéctica histórica, después sencillamente sujeto positivo de una historia positivista de la revolución. Este gran patinazo sólo resulta posible y se explica por el paso de la utopía al epochè histórico.
[5] No es verdad que Marx haya “superado dialécticamente” la utopía, conservando de ella el “proyecto” en un modelo “científico” de revolución. Marx escribió la Revolución según la ley, y no hizo la síntesis dialéctica entre ese plazo necesario y la exigencia pasional, inmediata, utópica de transfusión de las relaciones sociales, porque toda dialéctica entre estos dos términos antagónicos es inexistente. Lo que el materialismo histórico supera, conservándola, es sencillamente la economía política.
[6] Así, durante mucho tiempo se tomó el dibujo por el esbozo de una obra que, una vez terminada, lo enviaba al olvido y la nada. Sabemos que esto es falso: el dibujo es ya toda la obra, no hay otra.

Jean Baudrillard (Reims, Francia, 1929-París, 2007) era un filósofo y sociólogo, crítico de la cultura francesa, como reza su biografía en Wikipedia. Su trabajo se relaciona con el análisis de la posmodernidad y la filosofía del posestructuralismo. Entre sus obras destacan Olvidar a FoucaultCultura y simulacroLas estrategias fatales, América, La guerra del Golfo no ha tenido lugar, La ilusión del fin y El otro por sí mismo.
Este texto está incluido en el libro del mismo título, El espejo de la producción, publicado por Gedisa en 2011.

◆ El que busca, encuentra...

Not@s sobre Marx, Engels y el marxismo

— Notas sobre los 150 años de la primera edición de El Capital
António Ferraz: Os 150 anos do livro ‘O Capital’, de Karl Marx — Correio do Minho
Horacio Tarcus: Traductores y editores de la “Biblia del Proletariado” - Parte I & Parte II — Memoria
Emmanuel Laurentin: Le Capital, toujours utile pour penser la question économique et sociale? — France Culture
J.M. González Lara: 150 años de El Capital — Vanguardia
Roberto Giardina: Il Capitale di Marx ha 150 anni — Italia Oggi
Alejandro Cifuentes: El Capital de Marx en el siglo XXI — Voz
Marcela Gutiérrez Bobadilla: El Capital, de Karl Marx, celebra 150 años de su edición en Londres — Notimex
Mario Robles Roberto Escorcia Romo: Algunas reflexiones sobre la vigencia e importancia del Tomo I de El Capital — Memoria
Antoni Puig Solé: El Capital de Marx celebra su 150° aniversaria — Lo que Somos
Jorge Vilches: El Capital: el libro de nunca acabar — La Razón
Carla de Mello: A 150 años de El Capital, la monumental obra de Karl Marx — Juventud Socialista del Uruguay
Rodolfo Bueno: El Capital cumple 150 años — Rebelión
Diego Guerrero: El Capital de Marx y el capitalismo actual: 150 años más cerca — Público
José Sarrión Andaluz & Salvador López Arnal: Primera edición de El Capital de Karl Marx, la obra de una vida — Rebelión
Sebastián Zarricueta: El Capital de Karl Marx: 150 años — 80°
Marcello Musto: La durezza del 'Capitale' — Il Manifesto
Esteban Mercatante: El valor de El Capital de Karl Marx en el siglo XXI — Izquierda Diario
Michael Roberts: La desigualdad a 150 años de El Capital de Karl Marx — Izquierda Diario
Ricardo Bada: El Capital en sus 150 años — Nexos
Christoph Driessen: ¿Tenía Marx razón? Se cumplen 150 años de edición de El Capital — El Mundo
Juan Losa: La profecía de Marx cumple 150 años — Público
John Saldarriaga: El Capital, 150 años en el estante — El Colombiano
Katia Schaer: Il y a 150 ans, Karl Marx publiait ‘Le Capital’, écrit majeur du 20e siècle — RTS Culture
Manuel Bello Hernández: El Capital de Karl Marx, cumple 150 años de su primera edición — NotiMex
Ismaël Dupont: Marx et Engels: les vies extravagantes et chagrines des deux théoriciens du communisme! — Le Chiffon Rouge
Jérôme Skalski: Lire Le Capital, un appel au possible du XXIe siècle - L’Humanité

— Notas notables
Pierre-Yves Quiviger: Marx ou l'élimination des inégalités par la révolution — Le Point
Hernán Ouviña: Indigenizar el marxismo — La Tinta
Emmanuel Laurentin: Les historiens américains et Karl Marx — France Culture
Adèle Van Reeth: Le Capital de Karl Marx: La fabrique de la plus-value — France Culture
Manuel Martínez Llaneza: Reproches a Marx acerca de El Capital (Bajo la égida de Friedrich Engels) — Rebelión.es
Victoria Herrera: Marx y la historia — Buzos
Alejandro F. Gutiérrez Carmona: La vigencia del pensamiento marxista — Alianza Tex
Víctor Arrogante: El Capital y las aspiraciones de la clase trabajadora — Nueva Tribuna
Mauricio Mejía: Karl Marx, el poeta de la mercancía — El Financiero
Emmanuel Laurentin: Karl Marx à Paris: 1843-1845 — France Culture
Jacinto Valdés-Dapena Vivanco: La teoría marxista del Che Guevara — Bohemia
Aldo Casas: El marxismo como herramienta para la lucha — La necesidad de la formación en la militancia — La Tinta
Héctor Salazar: Marx, dos aspectos fundamentales en su desarrollo: dialéctica y tránsito del idealismo al materialis — Marx desde Cero
Evald Vasiliévich Iliénkov: La dialéctica de lo abstracto y lo concreto en El Capital de Marx — Templando el Acero
Vincent Présumey: 1837-1848: Suivi des écrits de Karl Marx: entre Epicure et Hegel - I — Mediapart
Vincent Présumey: 1837-1848: Suivi des écrits de Karl Marx: combat pour la démocratie - II — Mediapart
Vincent Présumey: 1837-1848: Suivi des écrits de Karl Marx: de la critique de Hegel à la critique de la société - III — Mediapart
Vincent Présumey: 1837-1848: Suivi des écrits de Karl Marx: charges critiques avec F. Engels - IV — Mediapart
Roman Rosdolky: Marx ésotérique et Marx exotérique — Palim Psao
Lepotier: Marx, Marxisme, Cui bono? — Bella Ciao
Andrea Vitale: La critica di Pareto a Marx: una abborracciatura — Operai e Teoria
Annelie Buntenbach: Marx provides us with a glimpse behind the scenes of capitalism — Marx 200
Antoni Puig Solé: La Ley del Valor y la ecología en Marx — Lo que somos
Vladimiro Giacché: Note sui significati di "Libertà" nei Lineamenti di Filosofia del Diritto di Hegel — Il Comunista
Salvador López Arnal: Manuel Sacristán (1925-1985) como renovador de las tradiciones emancipatorias — Rebelión
Paúl Ravelo Cabrera: Marx, Derrida, el Gesto Político y la supercapitalización mundial — Scribb
Dino Greco: In difesa del marxismo — Sollevazione
Alberto Quiñónez: Arte, praxis y materialismo histórico — Rebelión
Sebastiano Isaia: Il Capitale secondo Vilfredo Pareto — Nostromo
Josefina L. Martínez: Feminismo & Socialismo marxista - Eleanor Marx, la cuestión de la mujer y el socialismo — Rebelión
John Bellamy Foster: Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza — Scribb
José Manuel Bermudo Ávila: Concepto de Praxis en el joven Marx — Scribb
Carlos Oliva Mendoza: Adolfo Sánchez Vázquez: ¿marxismo radical o crítica romántica? — InfoLibre
Bernardo Coronel: ¿El marxismo es una ciencia? — La Haine
Sylvain Rakotoarison: Le capitalisme selon Karl Marx — Agora Vox

— Notas de actualidad
Michel Husson: Marx, un économiste du XIXe siècle? A propos de la biographie de Jonathan Sperber — A L’Encontre
César Rendueles: Todos los Marx que hay en Marx — El País
Alice Pairo: Karl Marx, Dubaï et House of cards: la Session de rattrapage — France Culture
Sebastián Raza: Marxismo cultural: una teoría conspirativa de la derecha — La República
Samuel Jaramillo: De nuevo Marx, pero un Marx Nuevo — Universidad Externado de Colombia
Gabriel Quirici: La Revolución Rusa desafió a la izquierda, al marxismo y al capitalismo [Audio] — Del Sol
Sergio Abraham Méndez Moissen: Karl Marx: El capítulo XXIV de El Capital y el “descubrimiento” de América — La Izquierda Diario
Alessandro Cardinale: Wolfgang Fritz Haug, la Neue Marx-Lektüre e la «Prasseologia» — Materialismo Storico
Joseph Daher: El marxismo, la primavera árabe y el fundamentalismo islámico — Viento Sur
Francisco Jaime: Marxismo: ¿salvación a través de la revolución? — El Siglo de Torreón
Pourquoi Karl Marx revient-il à la mode? — Radio Télévision Belge
Michel Husson: Marx, Piketty et Aghion sur la productivité — A l’encontre
Guido Fernández Parmo: El día que Marx vio The Matrix — Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires
Presidente chino Xi Jinping pide profundo entendimiento de marxismo — Xinhua
Petits faits et grandes idées: Karl Marx, vie quotidienne — Le Monde
Beatrice Debiasi: Il robot decreterà la fine delle dottrine di Marx? — Secolo Trentino
Cest: Karl Marx y sus "Cuadernos de París" toman vida con ilustraciones de Maguma — El Periódico
Leopoldo Moscoso: 'Das Kapital': reloading... — Público
Laura "Xiwe" Santillan: La lucha mapuche, la autodeterminación y el marxismo — La Izquierda Diario
Milliere Guy: Le fascisme de gauche gagne du terrain — Les 4 Vérités
Nelson Fernández: Los hijos uruguayos de Adam Smith y Karl Marx — El Observador
José de María Romero Barea: Hölderlin ha leído a Marx y no lo olvida — Revista de Letras
Ismaël Dupont: Marx et Engels: les vies extravagantes et chagrines des deux théoriciens du communisme! — Le Chiffon Rouge Morlai
Francisco Cabrillo: Cómo Marx cambió el curso de la historia — Expansión
El “Dragón Rojo”, en Manchester: Cierran el histórico pub donde Marx y Engels charlaban "entre copa y copa" — BigNews Tonight
Marc Sala: El capitalismo se come al bar donde Marx y Engels debatían sobre comunismo — El Español

— Entrevistas
Alberto Maldonado: Michael Heinrich en Bogotá: El Capital de Marx es el misil más terrible lanzado contra la burguesía — Palabras al Margen
Leonardo Cazes: En memoria de Itsván Mészáros — Rebelión (Publicada en O Globo)
Entrevista con István Mészáros realizada por la revista persa Naghd’ (Kritik), el 02-06-1998: “Para ir Más allá del Capital” — Marxismo Crítico
Rosa Nassif: “El Che no fue solo un hombre de acción sino un gran teórico marxista” Agencia de Informaciones Mercosur AIM
Entrevista a Juan Geymonat: Por un marxismo sin citas a Marx — Hemisferio Izquierdo
Juliana Gonçalves: "El Capital no es una biblia ni un libro de recetas", dice José Paulo Netto [Português ] — Brasil de Fato
Entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
Alejandro Katz & Mariano Schuster: Marx ha vuelto: 150 años de El Capital. Entrevista a Horacio Tarcus — La Vanguardia
Salvador López Arnal: Entrevista a Gustavo Hernández Sánchez sobre "La tradición marxista y la encrucijada postmoderna" — Rebelión
Jorge L. Acanda: "Hace falta una lectura de Marx que hunda raíces en las fuentes originarias del pensamiento de Marx" — La Linea de Fuego

— Notas sobre la película “El joven Karl Marx”, del cineasta haitiano Raoul Peck
Eduardo Mackenzie:"Le jeune Karl Marx ", le film le plus récent du réalisateur Raoul Peck vient de sortir en France — Dreuz
Minou Petrovski: Pourquoi Raoul Peck, cinéaste haïtien, s’intéresse-t-il à la jeunesse de Karl Marx en 2017? — HuffPost
Antônio Lima Jûnior: [Resenha] O jovem Karl Marx – Raoul Peck (2017) — Fundaçâo Dinarco Reis
Eduardo Mackenzie: El joven Karl Marx — Debetae.
La película "El joven Karl Marx" llegará a los cines en el 2017 — Amistad Hispano-Soviética
Boris Lefebvre: "Le jeune Karl Marx": de la rencontre avec Engels au Manifeste — Révolution Pernamente
: "Le jeune Karl Marx", révolution et académisme — Le Suricate.
Annie Coppermann: "Le jeune Marx": La genèse du "Capital" — Les Echos
Patrice Cailleba: "Le jeune Karl Marx" et la longue genèse du "Capital" — The Conversation
Olibier Barlet: "Le jeune Karl Marx", de Raoul Peck — Africultures

— Notas sobre el maestro István Mészáros
Matteo Bifone: Oltre Il Capitale. Verso una teoria della transizione, a cura di R. Mapelli — Materialismo Storico
Gabriel Vargas Lozano, Hillel Ticktin, István Mészáros: István Mészáros: pensar la alienación y la crisis del capitalismo — SinPermiso
Carmen Bohórquez: István Mészáros, ahora y siempre — Red 58
István Mészáros: Reflexiones sobre la Nueva Internacional — Rebelión
Ricardo Antunes: Sobre "Más allá del capital", de István Mészáros — Herramienta
Francisco Farina: Hasta la Victoria: István Mészáros — Marcha
István Mészáros in memoriam : Capitalism and Ecological Destruction — Climate & Capitalism.us