"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

24/3/14

Ernest Mandel, autoemancipación de los trabajadores y democracia socialista

  • “Estamos profundamente convencidos de que el régimen capitalista ha entrado en declinación, que los nuevos progresos de bienestar material que realiza todavía de tiempo en tiempo son contrarrestados por un costo destructor cada vez más elevado. Estamos convencidos de que este régimen está desgarrado por contradicciones cada vez más múltiples e incontrolables, que periódicamente las amplias masas se rebelan contra este régimen con movimientos poderosos que podrían abrir la via del progreso si desembocaran en la victoria, y que el deber de los socialistas es asegurar esta victoria mediante una línea política adecuada. Si la ocasión se pierde, se acrecienta cada vez más el riesgo de que el régimen capitalista se hunda en catástrofes todavía más graves que las conocidas en el pasado.”  Ernest Mandel
Arturo Anguiano  |  Ernest Mandel es uno de los referentes fundamentales del marxismo crítico, cuyas contribuciones enlazan la teoría y la práctica política e incidieron en debates decisivos todavía vigentes. Economista de profesión, estudioso de las contradicciones y tendencias del capitalismo contemporáneo, este trabajo aborda sus aportes menos conocidos sobre cuestiones teórico-políticas como el Estado, los momentos de crisis general de las relaciones capitalistas y del orden social, los procesos y formas de organización, resistencia y emancipación de los oprimidos, desembocando en los problemas de la democracia y de la reorganización se las sociedades desde una perspectiva
anticapitalista. El propósito más general del ensayo es recuperar y confrontar sus ideas invitando a que las descubran y reflexionen las nuevas generaciones de lectores

Marxista crítico, humanista revolucionario

Ernest Mandel en uno de los referentes fundamentales del marxismo por las cualidades y aportes que lo distinguieron a lo largo de toda su vida. Teórico brillante e imaginativo, propagandista apasionante, orador sin igual (en francés, alemán, inglés, español e italiano2), su capacidad por entreverar la teoría con la práctica que logró, lo convirtieron en un personaje singular, no sólo un intelectual sino un militante político de izquierda, cuya praxis se tradujo en aportes muy importantes a la comprensión de las contradicciones y nuevas tendencias del capitalismo, sus crisis de fondo, las estrategias para enfrentar cotidianamente al capital o impulsar una salida revolucionaria acorde a los intereses de las y los trabajadores, y por supuesto para discernir el controvertido carácter de las sociedades poscapitalistas, sus contradicciones y deformaciones.

Ernest Mandel nació el 5 de abril de 1923 en Frankfurt, Alemania, de ahí emigró con sus padres a Bélgica, y cuando Adolf Hitler llegó al poder tenía diez años. A los 13 años se convirtió ya en simpatizante de Trotsky en Amberes y antes de cumplir 16 fue admitido a militar en el pequeño grupo trotskista de esa ciudad. Luego se incorporó a la Resistencia contra la ocupación nazi de Bélgica. Los alemanes lo arrestaron tres veces por actividades de propaganda, la última de las cuales fue deportado a Alemania. Dos veces se fugó de los campos de prisioneros. Desde 1946 formó parte de las direcciones sucesivas de la Cuarta Internacional. Luego de la rebelión estudiantil de mayo y la huelga general de los trabajadores franceses en 1968, Mandel se topó con la prohibición de entrar a varios países, como Francia que lo expulsó, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Australia y los países del Este, si bien ni así se impidió su labor de difusión y debate en varias universidades y países del mundo. Murió el 20 de julio de 1995 en Bélgica, a la edad de 72 años3.

Acercarse al pensamiento de Ernest Mandel es un reto que significa de hecho navegar por el pensamiento de Marx, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburg, sumergirse en los complejos procesos de la historia que los marcó y proyectó, pues los analiza y reinterpreta todo el tiempo para fundamentar sus propias tesis sobre la realidad contemporánea, sus aportes al estudio de los procesos característicos del capitalismo, del Estado, de las crisis económicas como políticas. Se trata de un marxismo abierto, crítico, creativo.4 Por más que se conozca a Mandel fundamentalmente por sus ensayos de crítica de la economía política, por sus contribuciones a la teoría económica marxista, el suyo es un trabajo verdaderamente interdisciplinario como debe ser el pensamiento científico. La agudeza para penetrar y discernir las contradicciones y grandes tendencias del capitalismo de finales del siglo XX la encontramos en obras de envergadura como el Tratado de economía marxista que ayudó a formar a varias generaciones, El capitalismo tardío que en su momento algunos nos atrevimos a considerar El capital de nuestros días, así como en sus contribuciones a la formulación de la teoría de Las ondas largas del desarrollo capitalista y al cotidiano seguimiento y debate en torno a las coyunturas críticas de la economía internacional 5.

Pero Mandel combina ese esfuerzo científico con su visión de teórico y estratega revolucionario empeñado en darle continuidad y realidad al proyecto –heredado de León Trotsky– de construir una nueva organización de los trabajadores del mundo, la Cuarta Internacional, la cual dirigió hasta su muerte y logró convertir en sus tiempos en una influyente corriente de ideas de alcance mundial y en algunos países dio origen a auténticos proyectos políticos alternativos.

En este trabajo pretendo ocuparme de cuestiones del pensamiento de Ernest Mandel relacionadas en el fondo con su actividad política militante, la cual estuvo guiada por la convicción –claramente retomada de Karl Marx– de la necesidad de la autoemancipación de los trabajadores, esto es de las clases sociales explotadas y oprimidas. La centralidad del proletariado como sujeto revolucionario y la posibilidad objetiva de derrocamiento del Estado capitalista y del orden social inhumano e injusto impuesto por las clases sociales privilegiadas, sostenido en la explotación de todos aquellos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para subsistir, condujeron siempre su labor político-intelectual. Lo mismo la resistencia recurrente de los asalariados contra la explotación, por la defensa y extensión de las libertades arrancadas al capital y su Estado, así como el partido de vanguardia, las crisis revolucionarias, las formas de autoorganización de los trabajadores como los consejos obreros, el doble poder, la revolución, el Estado obrero y la democracia socialista que tiene que ser mucho más amplia, general y profunda que la que prevalece en el capitalismo. Todos estos temas, Mandel los abordó y desarrolló en medio de los propios acontecimientos políticos y sociales del momento, recuperando experiencias históricas anteriores, muchas veces haciendo propuestas de orientación y no pocos pronósticos sobre los desenlaces posibles. Lo que me interesa en este trabajo es sobre todo recuperar sus ideas, confrontarlas en cierta medida, pero básicamente exponerlas de forma que nuevas generaciones de lectores las descubran y se interesen por buscarlas.

«El hombre es el objetivo supremo del hombre», insiste Mandel recuperando a Marx quien desde su juventud (y lo mismo Friedrich Engels) partió de la necesidad de la emancipación humana 6. Refiere la exigencia hecha por Marx de « derrocar todas las condiciones en el seno de las cuales el hombre es un ser disminuido, esclavizado, abandonado, despreciado»; exigencia asumida como un compromiso, un deber elemental que guió la vida toda de Marx, pero igualmente de Ernest, que concluye: «un marxista ortodoxo, es decir actuando en el espíritu de Marx, se mantiene atado a la obligación de combatir todas las relaciones sociales inhumanas» 7. Para él, marxista, «el porvenir de la humanidad dependía de la lucha de clase de los oprimidos y de los explotados», todos sus escritos, toda su obra estuvo condicionada precisamente por una «dimensión humanista revolucionaria», como escribe Michael Löwy 8.

La alarma que a nuestro autor le provoca el curso devastador del capitalismo en tanto sistema inhumano que amenaza a la humanidad con la extinción, se combina con su convicción sobre la necesidad de luchar por su abolición y por el establecimiento del socialismo, esto es de «una nueva civilización fundada en la cooperación y la solidaridad», justamente para prevenir el desastre 9.

Centralidad del proletariado y autoemancipación

Millones de seres humanos, los productores directos que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo, son sometidos a condiciones de explotación y opresión inhumanas para garantizar las ganancias y privilegios de las clases dominantes y la propia dominación. Ese orden social injusto que reproduce la desigualdad, la miseria, la violencia y la enajenación de la gente con la mercantilización de la vida social, no ha dejado de expandirse y prevalecer desde la época de Marx hasta la actualidad. Pero la historia de la sociedad dividida en clases que genera el capitalismo, ha sido sin embargo atravesada por rebeliones recurrentes de los trabajadores en contra de sus explotadores, viviendo experiencias de autoactividad y autoorganización que los unieron y desarrollaron sus fuerzas colectivas10. Si esta lucha de clases «gira alrededor de intereses materiales (la división del producto social en producto necesario y plusproducto)», al desarrollar fuerzas productivas gigantescas el capitalismo moderno crea «por primera vez en la historia, las bases posibles de una emancipación total, es decir de la sociedad sin clases» 11.

En especial en sus trabajos dirigidos a la educación militante 12, Mandel se empeña en mostrar y ejemplificar minuciosamente la larga historia de las revueltas de los oprimidos y la manera como el marxismo retoma todas esas experiencias y se afirma como una solucion de continuidad que las condensa y supera. Se remite a los orígenes de la condición social de los trabajadores entrelazada al desarrollo del capitalismo, a cómo sus luchas contra la explotación fueron forzando espacios y derechos para los trabajadores que sin duda se convirtieron en aportes (como el sufragio universal) decisivos para la organización y democratización de las propias sociedades. De los primeros gremios y sindicatos que claramente entran en la lógica del capital al plantearse la posibilidad de negociar el precio de la fuerza del trabajo y las condiciones en las que se utiliza, hasta formas de organización en circunstancias críticas que evidentemente rebasan y sacuden la normalidad capitalista, avanzando procesos de autoorganización, de autoactividad que disputan directamente el poder del capital, cuestionando incluso el dominio del Estado capitalista. Las acciones reivindicativas, las revueltas, las formas de organización, las ideas, sueños y esperanzas que los asalariados van desarrollando en contra de la explotación y el sometimiento impuestos por el capitalismo en su transcurrir, forjan una amplia y rica tradición de lucha proletaria por su emancipación. Hay una continuidad fundamental que resulta precisamente « de la llama inextinguible de la insubordinación a la desigualdad, a la explotación, a la injusticia y a la opresión, que brota siempre de nuevo en el seno de la humanidad »13.

Así, no sólo su papel objetivo en la reproducción del capitalismo14, sino igualmente su capacidad de acción colectiva y el sentido de la solidaridad que desarrolla en el propio proceso de trabajo, convierten al proletariado en un sujeto decisivo en la lucha de clases contra la explotación y por la emancipación. «El marxismo, señala Mandel, se sitúa sin ninguna duda en la huella de esa vieja y venerable tradición de sueño y combates de emancipación de los pobres, explotados y oprimidos. Comparte con ellos interrogantes, protestas, preocupaciones, rebeliones. Pero todo lo que es específico del marxismo no se explica, en última instancia, sino por lo que es nuevo a partir del siglo XVIII y que está íntimamente ligado a la consolidación del modo de producción capitalista por la revolución industrial: la aparición definitiva del proletariado como clase social fundada en el trabajo asalariado; la toma de conciencia radical de la 'cuestión social' nacida del nuevo antagonismo social: el del capital y el trabajo asalariado»15.

El papel emancipador del proletariado fue para Mandel una preocupación fundamental que retomó de Marx y sobre la cual insistió explicando siempre la complejidad de las transformaciones en la composición del proletariado (lo que remite a discusiones teóricas sobre el trabajo productivo e improductivo), sobre todo a causa de lo que denominó la tercera revolución tecnológica. Fuera de cualquier obrerismo o determinismo económico, invariablemente vinculaba y complementaba los cambios objetivos con las luchas y revueltas, con la autoactividad del conjunto de los asalariados y en general con el factor político, el cual implica conceptos como conciencia de clase, niveles de conciencia, movimiento obrero, partido de vanguardia. Consideraba que la caída del capitalismo y el paso a una sociedad sin clases, el papel de sujeto revolucionario emancipador del proletariado, se vuelven posibilidades objetivas por el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por el capitalismo. Pero, advertía: «No hace falta subrayar que se trata aquí de una posibilidad que nada tiene de ineluctable », lo que por lo demás haría innecesaria e inútil «la actividad de los socialistas en favor de la educación, de la organización, del estímulo de la conciencia de clase, de la organización y del combate de clase, actividad comenzada por Marx y Engels»16.

Obviamente el proletariado no ha dejado de cambiar como el propio capitalismo. En este sentido, Mandel refrenda la validez de los análisis de Marx e insiste en la necesidad de considerar « la naturaleza cualitativa, estructural del proletariado », para entender cómo las innovaciones y cambios tecnológicos afectan la división social del trabajo, volviendo borrosas las tradicionales diferencias entre trabajador productivo y trabajador improductivo, señalando que «el proceso productivo actual tiende a integrar cada vez más a los trabajadores manuales y no manuales, los "ensambladores" semicalificados y procesadores de datos semicalificados, las brigadas de reparación y mantenimiento altamente calificadas y los expertos electrónicos altamente calificados». Escribe: «así como la tercera revolución industrial, así como la automatización, tienden a industrializar la agricultura, la distribución, los servicios industriales y la administración, así como tienden a universalizar la industria, asimismo tienden a integrar una parte creciente de los asalariados con quienes perciben sueldos en un proletariado cada vez más homogéneo». Varios hechos significativos lo muestran: « la reducción en las diferencias de retribuciones entre trabajadores de cuello blanco y trabajadores manuales, que es una tendencia universal en occidente; la creciente sindicalización y militancia sindical de estas capas "nuevas" que son igualmente universales»; «similitud creciente en el consumo, en el nivel y medio social de estas capas; creciente similitud en sus condiciones de trabajo, es decir, creciente similitud en la monotonía, la mecanización, la falta de creatividad, el daño para los nervios y en el embrutecimiento del trabajo en la fábrica, el banco, el autobús, en la administración pública, en los almacenes y en los aeroplanos.»; la «igualación de las condiciones de reproducción de la mano de obra, especialmente de la mano de obra calificada y semicalificada». Todo esto lo considera un proceso básico hacia una creciente homogeneidad del proletariado 17.

Ninguna visión restrictiva de la clase obrera o el proletariado, conceptos al final de cuentas considerados sinónimos. El proletariado moderno no deja de ser la gran masa de asalariados que no cesa de crecer en todas partes –más todavía con la expansión explosiva del sector servicios que es también un rasgo característico del capitalismo tardío–, está formado  18 y por lo mismo padecen la explotación y la opresión no sólo en sus centros productivos, en los lugares donde laboran, sino en la sociedad toda, donde el Estado asegura la dominación y la reproducción del orden desigual, injusto e inhumano. Por lo demás, la irrupción creciente de las mujeres en el mercado de trabajo (una «tendencia de largo plazo en el capitalismo tardío, aunque a mediano plazo es posible percibir diferentes fluctuaciones, que corresponden entre otras cosas a las oscilaciones del ciclo económico concreto ») no sólo desintegra el tradicional núcleo familiar patriarcal de la sociedad burguesa, sino que «garantiza una expansión general del trabajo asalariado »19. Mandel no quitará el dedo del renglón y cuando ya habían comenzado las transformaciones que acarreó al mundo del trabajo el viraje neoliberal, enfatizó:
«La clase obrera en el sentido marxista del término es la única fuerza social en el mundo de hoy que dispone del potencial necesario para eliminar al capitalismo, para salvar a la humanidad de las catástrofes que la amenazan, para realizar la civilización superior, la de los productores (ras) libremente asociados, indispensable a este fin. Hoy tiene la fuerza de más de mil millones de personas a escala mundial, es decir, más fuerte que nunca. La tendencia histórica a largo plazo, la de las décadas venideras de las que se puede trazar el perfil, va en el sentido de su refuerzo y de su homogeneización creciente, y no en el sentido de su debilitamiento, incluso su descomposición.[...] Hablamos de tendencia histórica, no de situaciones específicas, ni de países o zonas geográficas específicas. Se combina con tendencias que van en sentido contrario»20.
Consideraciones polémicas, que andando el tiempo fueron criticadas dentro de su propia corriente por algunos de sus más cercanos, como Daniel Bensaïd: «Si esa fue la tendencia de los años sesenta y de inicios de los setenta, la respuesta del capital llegó rápido con la ofensiva liberal. Lejos de ser irreversible, la homogenización tendencial fue minada por las políticas de desconcentración de las unidades de trabajo, de intensificación de la competencia en el mercado mundial de trabajo, de individualización de los salarios y del tiempo de trabajo, de privatización de la recreación y del modo de vida, de demolición metódica de las solidaridades y de las protecciones sociales»21. Me pregunto, empero, si los procesos de recomposición y precarización del trabajo, con el desempleo masivo (¿hasta dónde alcanza el ejército industrial de reserva?), el crecimento explosivo del subempleo y cierta individualización de las relaciones laborales, revierten realmente la tendencia que plantea Mandel, a causa del posible debilitamiento estructural del proletariado o si más bien éste sigue siendo una clase en extremo diferenciada, pero todavía con condiciones sociales semejantes (combinadas heterogeneidad y homogeneidad) en cuanto prosigue integrado por quienes están obligados a vender su fuerza de trabajo en situación adversa y a veces incluso fuera de toda formalidad (y por lo mismo sujetos a la explotación y la opresión de un orden jerárquico). Los trabajadores siguen irrumpiendo recurrentemente por todas partes con sus luchas y reivindicaciones, e incluso a contracorriente, en condiciones aciagas y hasta debilitadas, sus organizaciones resisten al desmantelamiento por parte del capital y el Estado y a la desnaturalización promovida por las burocracias colaboracionistas o estatistas. Nuevas formas de organización colectiva no dejan de emerger. La desigualdad y la opresión, aunadas al despojo, la incertidumbre y hasta la exclusión, generan de cualquier manera respuestas de la gran masa de desposeídos –tanto en los países capitalistas industrializados como en los atrasados y hasta en los antiguos Estados burocratizados– contra la dominación y las consecuencias múltiples de las estrategias cada vez más expoliadoras y devastadoras del capital mundializado.

¿Se puede hablar en nuestros días de centralidad del proletariado y de su calidad de posible sujeto revolucionario anticapitalista? Me parece evidente si retomamos el concepto en su acepción amplia y todavía más si lo ligamos con el concepto de opresión, de oprimido (entre los que se encuentran notablemente las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los migrantes, etc.), que por supuesto atraviesa prácticamente a todas las clases, pero priorizando a los desposeídos, explotados y despojados por el capitalismo.

Notas del presente fragmento

* Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (México). Su más reciente libro es El ocaso interminable. Política y sociedad en el México de los cambios rotos, Era, México, 2010. Correo: anoa6259@correo.xoc.uam.mx.
1 «Pourquoi sommes-nous révolutionnaires aujourd'hui?», La Gauche, 10 janvier 1989: www.ernestmandel.org/fr/ecrits/txt/1989/pourquoi_revolutionnaire_aujourdhui.htm 
2 Robin Blackburn, «Ernest Mandel et la voie de la socialisation», en Gilbert Achcar (sous la direction de), Le marxisme d'Ernest Mandel, Actuel Marx Confrontation/PUF, Paris, 1999, p. 28.
3 Algunos datos biográficos y perfiles intelectuales en Tariq Ali, «Entrevista a Ernest Mandel: locuras de juventud» y Robin Blackburn, «In memoriam: Ernest Mandel», ambos en Escritos de Ernest Mandel..., cit.; Gilbert Achcar, «Ernest Mandel (1923-1995): un portrait intellectuel» en Gilbert Achcar (sous la direction de), Le marxisme d'Ernest Mandel, cit.; François Vercammen, «Ernest Mandel, 1923-1995», Inprecor, Paris, nº 394, Septembre 1995 y Adolfo Gilly, «Ernest Mandel: recuerdos del olvido», Cuadernos del Sur, Buenos Aires, nº 20, diciembre 1995.
4 Escribe Ernest: «el marxismo aparece como una cuádruple síntesis: síntesis de las principales ciencias sociales; síntesis de estas ciencias sociales y el proyecto de emancipación de la humanidad; síntesis del proyecto de emancipación humana y el movimiento real de auto-organización y de auto-emancipación del proletariado moderno; síntesis de este movimiento obrero real y la acción, en forma de organización política revolucionaria. Estas síntesis no pueden considerarse terminadas de una vez y para siempre. Puesto que su único axioma es que la medida definitiva de toda acción humana y el fin último del ser humano es el propio ser humano, están sometidas siempre a la prueba de la práctica, y no son en absoluto dogmáticas. Deben ser constantemente reexaminadas a luz de cada experiencia o datos nuevos sobre un pasado todavía insuficientemente conocido» (Escritos de Ernest Mandel. El lugar del marxismo en la historia y otros textos, Catarata/Viento sur, Madrid 2005, p. 48). Y enfatiza en uno de sus últimos textos, escrito en 1995: «Pero el marxismo solamente puede mantenerse vivo si es abierto y creativo, esto es sin devenir un dogma petrificado» («La crise socialiste et le renouveau du marxisme»: www.ernestmandel.org/fr/ecrits/txt/1995/la-crise_socialiste_et_le-renouveau_dumarxisme.htm. En el mismo sentido, E. Mandel, « L'actualité du marxisme vivant », Inprecor, nº 146, 1983 www.ernestmandel/ecrits/txt/1983/actualitemarxisme.htm.
5 Tratado de economía marxista, 2 tomos, Era, México, 1969; El capitalismo tardío, Era México, 1979; Las ondas largas del desarrollo capitalista. La interpretación marxista, Siglo Veintiuno Editores, Madrid, 1986.
6 Ernest Mandel, La formación del pensamiento económico de Marx de 1843 a la redacción de El capital: estudio genético, Siglo XXI, México, 1968, en especial el cap. I.
7 «Émancipation, science et politique chez Karl Marx», en Denis Woronoff, Jean-Marie Brohm et al, Marx... ou pas? Réflexions sus un centenaire, EDI, Paris, 1986, p 281-282. La cita de Marx proviene de la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.
8 Michael Löwy, «L`humanisme révolutionnaire d'Ernest Mandel», en G. Achcar (sous la direction de), Le marxisme..., cit., p. 33).
9 «Su trabajo no estaba prisionero de un enfoque estrecho, técnico o táctico, de un método estrechamente económico o político, sino que enraiza siempre en una perspectiva humanista revolucionaria más amplia, histórica y mundial. Es la razón por la cual sus escritos económicos no se confinan jamás únicamente a las fuerzas abstractas y a las 'leyes económicas', sino tratan de los seres humanos concretos, de su enajenación, de su explotación, de su sufrimiento, tanto como de la historia de sus luchas, de su rechazo a someterse a la dominación del capital» (Michael Löwy, op. cit., p. 33 et passim).
10 « La experiencia práctica muestra que en la confrontación individual entre el asalariado y el empresario capitalista, el primero sale sistemáticamente vencido a causa de su impotencia financiera y económica. Debe vender contínuamente su fuerza de trabajo, mientras que el capitalista dispone de reservas suficientes para poder alcanzar un precio que le convenga. Así, la presión material empuja a los asalariados a reagruparse, a organizarse colectivamente, a crear cajas de resistencia [de grève], sindicatos, cooperaivas y eventualmente partidos políticos obreros. Pero esta obligación objetiva no es vivida mecánicamente de la misma manera por todos los asalariados. No todos reaccionan, tampoco, inmediatamente, de la misma manera y contínuamente, a esta obligación. Algunos toman conciencia más rápido que otros de la necesidad de una coalición y de las condiciones en las cuales puede esta coronarse con el éxito. Algunos van a sacar permanentemente las conclusiones prácticas de esta conciencia, otros menos o para nada» (Ernest Mandel, «Pourquoi je suis marxiste», en Gilbert Achcar (sous la direction de), Le marxisme d'Ernest Mandel, Actuel Marx Confrontatio/PUF, Paris, 1999, p 216.
11 «Émancipation, science et politique...», cit., p. 283. « La fuerza principal del socialismo científico reside en el hecho de que posee un objetivo emancipador –la liberación del proletariado, del trabajo y de la humanidad entera de todas las condiciones indignas de la humanidad– que resulta del movimiento real de la sociedad y de la historia. De las contradicciones internas del modo de producción capitalista, científicamente probadas por dos siglos de historia, contradicciones que ningún Estado, ninguna religión, ningún terror, ninguna 'sociedad de consumo' pueden suprimir, se desprende por un lado una cadena de crisis sistémicas sucesivas en el dominio económico, social, cultural, político, militar, moral, ideológico, lo que se encuentra por completo confirmado por el desarrollo histórico real. De lo anterior se desprende, por otro lado, una tendencia histórica a la organización del trabajo asalariado, uno de los presupuestos más importantes que se derivan del análisis marxista de la sociedad capitalista en particular» (Idem, pp. 288-289).
12 Véase por ejemplo Escritos de Ernest Mandel. El lugar del marxismo…, cit. y ¿Qué es el marxismo revolucionario?, Folletos de Bandera Socialista, Nº 47, Spi., publicado originalmente en 1974 con el título de Introducción al marxismo; una versión en español más completa: http://www.ernestmandel.org/es/escritos/pdf/Introduccionalmarxismo.pdf
13 «Pourquoi je suis marxiste», cit., p. 230.
14 «Con el proletariado el capitalismo crea a su propio enterrador. No puede crecer significativa y duraderamente sin que crezca de la misma manera el proletariado, sin que se desarrolle la lucha de clases proletaria. El proletariado tiende por lo demás a constituir una fracción mayoritaria de la población activa, al menos en los países industrializados y semi-industrializados» (Escritos de Ernest Mandel. El lugar del marxismo..., cit., p. 76).
15 Escritos de Ernest Mandel. El lugar del marxismo..., cit, p. 46.
16 «Émancipation, science...», cit., p. 289.
17 Ensayos sobre el neocapitalismo, Era, México, 1971, pp. 75-77. Véase El capitalismo tardío (cit.), donde habla de la ciencia sometida a la maximación de ganancias del capital, de la «reunificación masiva de la actividad intelectual y productiva, y la entrada del trabajo intelectual en la esfera de la producción», en fin, de la proletarización del trabajo intelectual. concluye el capítulo señalando que «las contradicciones más importantes del capitalismo avanzado residen […] en la renovada crisis de valorización y en la creciente insurgencia de los asalariados contra las relaciones de producción capitalistas, una insurgencia que se puede extender también, en forma creciente, al sector de los productores intelectuales, no debido al subdesarrollo de la educación sino a su subordinación a las necesidades del capital, que choca cada vez más frecuente y frontalmente con las necesidades de la libre actividad creadora » (o el siguiente párrafo: «la unificación masiva de la actividad intelectual y productiva, y la entrada del trabajo intelectual en la esfera de la producción» (p. 268). Igualmente, se puede consultar Ernest Mandel, La proletarización del trabajo intelectual y la crisis de la producción capitalista, Folletos de Bandera Socialista nº 44, spi.
18 «La característica estructural que define al proletariado en el análisis marxiano del capitalismo es la obligación socioeconómica de vender su propia fuerza de trabajo. Así pues, dentro del proletariado se incluyen no sólo los trabajadores industriales manuales, sino todos los asalariados improductivos que están sujetos a las mismas restricciones fundamentales: no propiedad de los medios de producción; falta de acceso directo a los medios de subsistencia (¡la tierra no es de ninguna manera libremente accesible!); dinero insuficiente para comprar los medios de subsistencia sin la venta más o menos continua de la fuerza de trabajo» (Ernest Mandel, El capital, cien años de controversias en torno a la obra de Karl Marx, Siglo Veintiuno Editores, México, 1995, p. 128).
19 El capitalismo tardío, cit., pp. 382-383. «La expansión del sector de servicios capitalistas que tipifica al capitalismo tardío, resume así a su manera todas las contradicciones principales del modo de producción capitalista. Refleja la enorme expansión de las fuerzas sociotécnicas y científicas de la producción y el correspondiente crecimiento de las necesidades culturales y civilizadoras de los productores, al mismo tiempo que refleja la forma antagónica en que esta expansión se lleva a cabo bajo el capitalismo, ya que está acompañada por una sobrecapitalizacíón cada vez mayor (dificultades de valorización del capital), crecientes dificultades de realización, creciente desperdicio de valores materiales, y una creciente enajenación y deformación de los trabajadores en su actividad productiva y su esfera de consumo» (Idem, p.
393).
20 «Situación y futuro del socialismo», El socialismo del futuro, Revista de debate político, Fundación Sistema, Madrid, vol. 1, nº 1, 1990, p. 94. Subrayados del autor.
21 «Trente ans après: introduction critique à l'Introduction au marxisme d'Ernest Mandel» http://www.europesolidaire.org/spip.php?article6961
 


http://www.rebelion.org/

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Gauthier Ambrus: Trump, Marx et la mondialisation. Quand l’auteur du «Capital» renvoie Chine, Europe et Amérique dos-à-dos — Le Temps
Gabriel Vargas Lozano & Raúl Páramo Ortega: Marx y Freud: Hacia una Nueva Racionalidad de la Sociedad y de la Historia. Presentación editorial del libro — México es Cultura
Iris de la Cruz Saborit & Liz Armas Pedraza: Pensamiento Crítico: una revista de todos los tiempos, exponente del marxismo en Cuba a fines de los 60 — Cuba Ahora
Andrei Martínez Finkelshtein: ¿Es cierto que Karl Marx se dedicaba a las matemáticas en su tiempo libre? — Quora
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(*) Acceso indirecto