"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

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"Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal" — Karl Marx

3/1/14

El problema del Estado capitalista

Nicos Poulantzas  |  La obra de Ralph Miliband, The State in Capitalist Society, recientemente publicada,1 es, en muchos sentidos, de capital importancia. Es un libro extremadamente sustancioso y no se puede resumir en unas cuantas páginas; todo cuanto diga para recomendar su lectura será poco. Me limitaré a hacer algunos comentarios críticos, en la creencia de que sólo la crítica puede hacer avanzar la teoría marxista. Pues la especificidad de esta teoría, en comparación con otras problemáticas teóricas, radica en la amplitud con que la teoría marxista se da a sí misma, en el acto mismo de su fundación, los medios de su propia crítica interna. Diré de entrada que mi crítica no será “inocente”. Dado que yo mismo he dedicado un libro −Pouvoir politique et classes sociales−2 a la cuestión del Estado, estos comentarios partirán de las posiciones epistemológicas expuestas en dicha obra, que difieren de las de Miliband.

En primer lugar, unas palabras sobre los méritos fundamentales del libro de Miliband. Salvo raras excepciones
−como la de Gramsci− la teoría del Estado y del poder político ha sido escasamente cultivada por el pensamiento marxista. Esto se debe a diferentes causas, relacionadas con las diferentes fases del movimiento obrero. En el mismo Marx, esta escasa atención, más aparente que real, se debe sobre todo al hecho de que su principal objeto teórico era el modo de producción capitalista, dentro del cual la economía no sólo tiene un papel determinante en última instancia, sino también el papel dominante (mientras que en el modo de producción feudal, por ejemplo, Marx indica que si la economía tiene también el papel determinante en última instancia es la ideología, en su forma religiosa, la que tiene el papel dominante). Marx se concentró, pues, en el nivel económico del modo de producción capitalista y no trató de manera específica los demás niveles, como el del Estado. Sólo trató estos niveles a través de sus efectos sobre la economía (por ejemplo, en los fragmentos de El Capital dedicados a la legislación de fábricas). En Lenin, las razones son diferentes: por su dedicación directa a la práctica política, sólo examinó la cuestión del Estado en obras esencialmente polémicas, como El Estado y la revolución, que no tienen el estatuto teórico de otros textos suyos, como El desarrollo del capitalismo en Rusia.

¿Cómo se puede explicar, en cambio, la escasa atención por el estudio teórico del Estado en la Segunda Internacional y en la Tercera Internacional de Lenin? Con todas las precauciones necesarias, avanzaré la siguiente tesis: la falta de un estudio del Estado se debe a que la concepción dominante en ambas Internacionales era una desviación, el economismo, que va acompañada generalmente por una falta de estrategia y de objetivos revolucionarios −incluso cuando toma una forma “izquierdista” o luxemburguista. En efecto, el economismo considera que los demás niveles de la realidad social, incluido el Estado, son simples epifenómenos reductibles a la “base” económica. En consecuencia, el estudio específico del Estado resulta superfluo. Paralelamente, el economismo considera que todo cambio en el sistema social ocurre, en primer lugar, en la economía y que la acción política debe tener como objetivo principal la economía. El estudio específico del Estado también resulta, pues, inútil. El economismo lleva, de este modo, al reformismo y al “tradeunionismo” o a formas de “izquierdismo” como el sindicalismo. Porque, como demostró Lenin, el objetivo principal de la acción revolucionaria es el poder del Estado, y la premisa necesaria de toda revolución socialista es la destrucción del aparato del Estado burgués.

El economismo y la carencia de una estrategia revolucionaria son manifiestos en la Segunda Internacional. En cambio, lo son menos en la Tercera Internacional, aunque, a mí parecer, lo que determinó fundamentalmente la teoría y la práctica política “stalinista” dominante en la Komintern, probablemente desde 1928, fue el mismo economismo y la misma carencia de una estrategia revolucionaria. Esto se puede aplicar tanto al período “izquierdista” de la Komintern hasta 1935, como al período revisionista-reformista posterior a 1935. Este economismo determinó la falta de una teoría del Estado en la Tercera Internacional; y la relación entre el economismo y la falta de una teoría del Estado quizá en ningún caso sea tan evidente como en sus análisis del fascismo, es decir, precisamente en el punto en que más necesaria le era a la Komintern una teoría del Estado. La consideración de los hechos concretos lo confirma y lo explica. Puesto que los síntomas principales de la política stalinista se encontraban en las relaciones entre el aparato de Estado y el Partido Comunista en la URSS −síntomas visibles en la famosa Constitución de Stalin de 1936− es muy comprensible que el estudio del Estado fuese un tema prohibido par excellence.

En este contexto, la obra de Miliband contribuye a superar una importantísima laguna. Como ocurre siempre cuando falta una teoría científica, las concepciones burguesas del Estado y del poder político han dominado el terreno de la teoría política, casi sin discusión. La obra de Miliband es, por eso, verdaderamente catártica, porque ataca metódicamente estas concepciones. Despliega con gran rigor una formidable masa de materiales empíricos al examinar las formaciones sociales concretas de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania o Japón y no sólo demuele radicalmente las ideologías burguesas del Estado, sino que nos suministra unos conocimientos positivos que estas ideologías nunca han sido capaces de darnos.

Sin embargo, el procedimiento escogido por Miliband −la réplica directa de las ideologías burguesas con el examen inmediato de hechos concretos− también es, a mi entender, la causa de los defectos de su libro. No quiero decir con esto que yo esté en contra del estudio de lo “concreto”: al contrario, soy  muy consciente de la necesidad de análisis concretos, aunque sólo sea porque en mi propio libro (de propósito y objeto algo distintos) he prestado una atención relativamente escasa a este aspecto de la cuestión. Quiero decir, simplemente, que una premisa de toda aproximación científica a lo “concreto” es la explicitación de los principios epistemológicos de los que se va a partir. Pues bien, es importante señalar que Miliband no habla en ningún momento de la teoría marxista del Estado como tal, aunque esta teoría está constantemente implícita en su obra. La considera como un elemento ya “dado” a cuya luz se puede replicar a las ideologías burguesas mediante el examen de los hechos. Estos firmemente convencido de que Miliband se equivoca en este punto, porque la carencia de una presentación explícita de los principios para la exposición de un discurso científico nunca es inocua, y menos todavía en un dominio como el de la teoría del Estado en el que, como hemos visto, todavía no se ha constituido una teoría marxista. En efecto, se tiene la impresión de que esta carencia conduce a menudo a Miliband a atacar las ideologías burguesas del Estado colocándose en su propio terreno. En vez de desplazar el terreno epistemológico y de someter estas ideologías a la crítica de la ciencia marxista demostrando su falta de adecuación a la realidad (como hace Marx, especialmente en Teorías de la plusvalía), Miliband parece omitir este primer paso. Ahora bien, los análisis de epistemología moderna demuestran que es imposible oponer simplemente los “hechos concretos” a los conceptos paralelos situados en una problemática diferente. Pues las viejas nociones sólo pueden confrontarse con la “realidad concreta” mediante estos nuevos conceptos.

Veamos un ejemplo sencillo. Al atacar la noción tan extendida de las “élites plurales”, cuya función ideológica es negar la existencia de una clase dominante, Miliband dice, con el apoyo de los “hechos”, que la pluralidad de las élites no excluye la existencia de una clase dominante porque son estas élites, precisamente, las que constituyen dicha clase;3 es una respuesta muy próxima a la de Bottomore. Ahora bien, yo creo que replicar al adversario de esta manera equivale a situarse en su terreno y a correr el riesgo de hundirse en el pantano de su imaginación ideológica, sin poder dar ninguna explicación científica de los “hechos”. Lo que Miliband deja de lado es la necesaria crítica preliminar de la noción ideológica de élite a la luz de los conceptos científicos de la teoría marxista. De haber realizado esta crítica se habría puesto de manifiesto que la “realidad concreta” ocultada por la noción de “élites plurales” −la clase dominante, las fracciones de esta clase, la clase hegemónica, la clase gobernante, el aparato de Estado− sólo se pueden captar si se rechaza la noción misma de élite. Porque los conceptos y las nociones no son nunca inocentes y al emplear las nociones del adversario para replicarle se las legitima y se permite su persistencia. Toda noción, todo concepto sólo tiene sentido dentro de la problemática teórica global que lo funda; arrancado de esta problemática e importado “acríticamente” al marxismo tiene efectos absolutamente incontrolables. Siempre aparece en la superficie por donde menos se le espera y amenaza constantemente con oscurecer las líneas del análisis científico. En el caso más extremo, puede uno ser contaminado inconsciente y subrepticiamente por los principios epistemológicos del adversario, es decir, por la problemática que funda los conceptos que no se han criticado teóricamente, creyendo que los hechos los refutan por sí solos. Esto es más serio, pues ya no se trata de un problema de simples nociones externas “importadas” al marxismo, sino de principios que pueden viciar el uso de los propios conceptos marxistas.

¿Es éste el caso del libro de Miliband? No creo que las consecuencias de su procedimiento hayan ido tan lejos. Pero a mi parecer es indudable que Miliband se deja a veces influir indebidamente por los principios metodológicos del adversario. ¿Cómo se manifiesta esto? Diré, brevemente, que se percibe en las dificultades con que choca Miliband para comprender las clases sociales y el Estado como estructuras objetivas, y sus relaciones como un sistema objetivo de conexiones regulares, como una estructura y un sistema cuyos agentes, los “hombres”, son, en las palabras de Marx, sus “portadores” (träger). Miliband da constantemente la impresión de que para él las clases sociales o los “grupos” son reductibles, de alguna manera, a relaciones interpersonales, que el Estado es reductible a las relaciones interpersonales de los miembros de los diversos “grupos” que constituyen el aparato del Estado y, finalmente, que la relación entre las clases sociales y el Estado es reductible a las relaciones interpersonales de los “individuos” que componen los grupos sociales y los “individuos” que componen el aparato del Estado.

En otro artículo publicado en la “New Left Review” ya indiqué que esta concepción me parece derivada de una problemática del sujeto que ha tenido constantes repercusiones en la historia del pensamiento marxista.4 Según esta problemática, los agentes de una formación social, los “hombres”, no son considerados como los “portadores” de instancias objetivas (como los considera Marx), sino como el principio genético de los niveles del todo social. Es una problemática de actores sociales, de individuos como origen de la acción social; de este modo, la investigación sociológica conduce finalmente no al estudio de las coordenadas objetivas que determinan la distribución de los agentes en clases sociales y las contradicciones entre estas clases, sino a la búsqueda de explicaciones finalistas basadas en las motivaciones de la conducta de los actores individuales. Éste es, notoriamente, uno de los aspectos de la problemática de Max Weber y del funcionalismo contemporáneo. Transponer esta problemática del sujeto al marxismo es, en definitiva, admitir los principios epistemológicos del adversario, con el consiguiente riesgo de viciar los análisis propios.

Veamos ahora algunos de los temas concretos del libro de Miliband a la luz de estas consideraciones preliminares.

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“Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” — Karl Marx

Not@s sobre Marx, marxismo, socialismo y la Revolución 2.0

— Notas notables
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◆ Emmanuel Laurentin: Les historiens américains et Karl Marx — France Culture
◆ Adèle Van Reeth: Le Capital de Karl Marx: La fabrique de la plus-value — France Culture
◆ Manuel Martínez Llaneza: Reproches a Marx acerca de El Capital (Bajo la égida de Friedrich Engels) — Rebelión
◆ Victoria Herrera: Marx y la historia — Buzos
◆ Alejandro F. Gutiérrez Carmona: La vigencia del pensamiento marxista — Alianza Tex
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◆ Emmanuel Laurentin: Karl Marx à Paris: 1843-1845 — France Culture
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◆ Aldo Casas: El marxismo como herramienta para la lucha — La necesidad de la formación en la militancia — La Tinta
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◆ Vladimiro Giacché: Note sui significati di "Libertà" nei Lineamenti di Filosofia del Diritto di Hegel — Il Comunista
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◆ Alberto Quiñónez: Arte, praxis y materialismo histórico — Rebelión
◆ Josefina L. Martínez: Feminismo & Socialismo marxista - Eleanor Marx, la cuestión de la mujer y el socialismo — Rebelión
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◆ José Manuel Bermudo Ávila: Concepto de Praxis en el joven Marx — Scribb
◆ Carlos Oliva Mendoza: Adolfo Sánchez Vázquez: ¿marxismo radical o crítica romántica? — InfoLibre
◆ Bernardo Coronel: ¿El marxismo es una ciencia? — La Haine
◆ Sylvain Rakotoarison: Le capitalisme selon Karl Marx — Agora Vox

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◆ J.M. González Lara: 150 años de El Capital — Vanguardia
◆ Roberto Giardina: Il Capitale di Marx ha 150 anni — Italia Oggi
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◆ John Saldarriaga: El Capital, 150 años en el estante — El Colombiano
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◆ Samuel Jaramillo: De nuevo Marx, pero un Marx Nuevo — Universidad Externado de Colombia
◆ Sergio Abraham Méndez Moissen: Karl Marx: El capítulo XXIV de El Capital y el “descubrimiento” de América — La Izquierda Diario
◆ Joseph Daher: El marxismo, la primavera árabe y el fundamentalismo islámico — Viento Sur
◆ Francisco Jaime: Marxismo: ¿salvación a través de la revolución? — El Siglo de Torreón
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◆ Guido Fernández Parmo: El día que Marx vio The Matrix — Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires
◆ Cest: Karl Marx y sus "Cuadernos de París" toman vida con ilustraciones de Maguma — El Periódico
◆ Leopoldo Moscoso: 'Das Kapital': reloading... — Público
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◆ José de María Romero Barea: Hölderlin ha leído a Marx y no lo olvida — Revista de Letras
◆ Ismaël Dupont: Marx et Engels: les vies extravagantes et chagrines des deux théoriciens du communisme! — Le Chiffon Rouge Morlai
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◆ El “Dragón Rojo”, en Manchester: Cierran el histórico pub donde Marx y Engels charlaban "entre copa y copa" — BigNews Tonight
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— Notas sobre debates, entrevistas y eventos
◆ Fabrizio Mejía Madrid: Conmemoran aniversario de la muerte de Lenin en Rusia — Proceso
◆ Segundo Congreso Mundial sobre Marxismo tendrá lugar en Beijing — Xinhua
◆ Debate entre Andrew Kliman & Fred Moseley — Tiempos Críticos
◆ David McNally & Sue Ferguson: “Social Reproduction Beyond Intersectionality: An Interview” — Marxismo Crítico
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◆ Alberto Maldonado: Michael Heinrich en Bogotá: El Capital de Marx es el misil más terrible lanzado contra la burguesía — Palabras al Margen
◆ Leonardo Cazes: En memoria de Itsván Mészáros — Rebelión (Publicada en O Globo)
◆ Entrevista con István Mészáros realizada por la revista persa Naghd’ (Kritik), el 02-06-1998: “Para ir Más allá del Capital” — Marxismo Crítico
◆ Rosa Nassif: “El Che no fue solo un hombre de acción sino un gran teórico marxista” — Agencia de Informaciones Mercosur AIM
◆ Entrevista a Juan Geymonat: Por un marxismo sin citas a Marx — Hemisferio Izquierdo
◆ Juliana Gonçalves: "El Capital no es una biblia ni un libro de recetas", dice José Paulo Netto [Português ] — Brasil de Fato
◆ Entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
◆ Alejandro Katz & Mariano Schuster: Marx ha vuelto: 150 años de El Capital. Entrevista a Horacio Tarcus — La Vanguardia
◆ Salvador López Arnal: Entrevista a Gustavo Hernández Sánchez sobre "La tradición marxista y la encrucijada postmoderna" — Rebelión
◆ Jorge L. Acanda: "Hace falta una lectura de Marx que hunda raíces en las fuentes originarias del pensamiento de Marx" — La Linea de Fuego

— Notas sobre Lenin y la Revolución de Octubre
◆ Guillermo Almeyra: Qué fue la Revolución Rusa — La Jornada
◆ Jorge Figueroa: Dos revoluciones que cambiaron el mundo y el arte — La Gaceta
◆ Gilberto López y Rivas: La revolución socialista de 1917 y la cuestión nacional y colonial — La Jornada
◆ Aldo Agosti: Repensar la Revolución Rusa — Memoria
◆ Toni Negri: Lenin: Dalla teoria alla pratica — Euronomade
◆ Entretien avec Tariq Ali: L’héritage de Vladimir Lénine — Contretemps
◆ Andrea Catone: La Rivoluzione d’Ottobre e il Movimento Socialista Mondiale in una prospettiva storica — Marx XXI
◆ Michael Löwy: De la Revolución de Octubre al Ecocomunismo del Siglo XXI — Herramienta
◆ Serge Halimi: Il secolo di Lenin — Rifondazione Comunista
◆ Víctor Arrogante: La Gran Revolución de octubre — El Plural
◆ Luis Bilbao: El mundo a un siglo de la Revolución de Octubre — Rebelión
◆ Samir Amin: La Revolución de Octubre cien años después — El Viejo Topo
◆ Luis Fernando Valdés-López: Revolución rusa, 100 años después — Portaluz
◆ Ester Kandel: El centenario de la Revolución de octubre — Kaos en la Red
◆ Daniel Gaido: Come fare la rivoluzione senza prendere il potere...a luglio — PalermoGrad
◆ Eugenio del Río: Repensando la experiencia soviética — Ctxt
◆ Pablo Stancanelli: Presentación el Atlas de la Revolución rusa - Pan, paz, tierra... libertad — Le Monde Diplomatique
◆ Gabriel Quirici: La Revolución Rusa desafió a la izquierda, al marxismo y al capitalismo [Audio] — Del Sol

— Notas sobre la película “El joven Karl Marx”, del cineasta haitiano Raoul Peck
◆ Eduardo Mackenzie:"Le jeune Karl Marx ", le film le plus récent du réalisateur Raoul Peck vient de sortir en France — Dreuz
◆ Minou Petrovski: Pourquoi Raoul Peck, cinéaste haïtien, s’intéresse-t-il à la jeunesse de Karl Marx en 2017? — HuffPost
◆ Antônio Lima Jûnior: [Resenha] O jovem Karl Marx – Raoul Peck (2017) — Fundaçâo Dinarco Reis
◆ La película "El joven Karl Marx" llegará a los cines en el 2017 — Amistad Hispano-Soviética
◆ Boris Lefebvre: "Le jeune Karl Marx": de la rencontre avec Engels au Manifeste — Révolution Pernamente

— Notas sobre el maestro István Mészáros, recientemente fallecido
◆ Matteo Bifone: Oltre Il Capitale. Verso una teoria della transizione, a cura di R. Mapelli — Materialismo Storico
◆ Gabriel Vargas Lozano, Hillel Ticktin: István Mészáros: pensar la alienación y la crisis del capitalismo — SinPermiso
◆ Carmen Bohórquez: István Mészáros, ahora y siempre — Red 58
◆ István Mészáros: Reflexiones sobre la Nueva Internacional — Rebelión
◆ Ricardo Antunes: Sobre "Más allá del capital", de István Mészáros — Herramienta
◆ Francisco Farina: Hasta la Victoria: István Mészáros — Marcha
◆ István Mészáros in memoriam : Capitalism and Ecological Destruction — Climate & Capitalism.us