"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

24/9/13

América Latina y el marxismo de Raya Dunayevskaya

  • Este ensayo es el epílogo del libro ‘Raya Dunayevskaya: Filósofa del humanismo-marxista’, de Eugene Gogol, publicado por la Editorial Juan Pablos, México, 2006.
Eugene Gogol  |  Las relaciones de Raya Dunayevskaya con América Latina mantenidas por un período de medio siglo tuvieron sus inicios en 1937, cuando con 27 años de edad vino a la ciudad de México a encontrase con León Trotsky y trabajar como su secretaria de idioma ruso. En aquellos tiempos, Trotsky en su forzado exilio, enfrentaba dos retos inmediatos: 1) Stalin llevaba a cabo los amañados procesos de Moscú contra el Estado Mayor de la Revolución Rusa; 2) La Guerra Civil Española se recrudecía cada vez más. Él se dispuso a responder estos retos y denunciaba las falsificaciones de las pruebas presentadas en los procesos y compartía las experiencias tanto de la Revolución Rusa como de la posterior guerra civil en relación con la revolución española en marcha.

Dunayevskaya (Rae Spiegel) fue integrante de aquel pequeño grupo de camaradas que vivió y trabajó con León y Natalia Trotsky, asistiendo a este último en su lucha por representar y llevar adelante la herencia de la Revolución Rusa, al mismo tiempo que intentaban protegerlo de los secuaces de Stalin, empeñados en asesinarle.

Dunayevskaya tradujo varios escritos de Trotsky al inglés entre los que se encontraban algunos dedicados a Rusia y en particular sus discursos de la época de la Guerra Civil sobre el Ejército Rojo, los cuales fueron enviados a España en el contexto de la revolución española en curso. También Raya traducía y transcribía varios de los artículos escritos por Trotsky sobre la revolución española.1

Más tarde Dunayevskaya rompió con Trotsky debido a sus discrepancias en torno a la naturaleza de la Unión Soviética. A mediados de 1938 volvió a los Estados Unidos y después del llamado Pacto de no agresión suscrito entre Hitler y Stalin (1939), sintió entonces que Rusia no podía ser defendida ya más como un estado de trabajadores. Al analizar la economía rusa desarrolló una teoría, la del capitalismo de estado y vio a este no solo como un fenómeno ruso, sino como algo que poseía manifestaciones globales. Con posterioridad, la teoría del capitalismo de estado fue desarrollada por ella dentro de su filosofía del humanismo-marxista. Este desarrollo surgió de sus indagaciones sobre los Cuadernos filosóficos de Lenin, el absoluto de Hegel y el humanismo de Marx, todo unido a la subjetividad revolucionaria en marcha que ella veía surgir de las luchas de masas a nivel mundial, incluidas las de América Latina.

Aquí queremos separar tres derivaciones del marxismo de Dunayevskaya las cuales tienen importancia para el humanismo latinoamericano y su dimensión revolucionaria2 : 1) su crítica y actividad contra la intrusión del imperialismo norteamericano en América Latina y el Caribe; 2) su creación de la categoría “Un movimiento desde la praxis que es, en sí mismo, una forma de la teoría” en relación con América Latina; 3) su análisis y su crítica de la naturaleza inacabada de las revoluciones latinoamericanas.

I

Los escritos de Raya Dunayevskaya sobre América Latina y el Caribe, constituyeron una crítica feroz al imperialismo económico, político y militar de los Estados Unidos. Desde el golpe de estado patrocinado por la CIA en Guatemala durante la presidencia de Eisenhower (1954), hasta la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba durante el mandato de Kennedy (1961), seguida de la Crisis de los Misiles o Crisis de Octubre (1962) —cuando la misma supervivencia de la humanidad estuvo en juego mientras las superpotencias nucleares maniobraban— hasta la ocupación de la República Dominicana por el gobierno de Johnson (1965), la participación de Nixon y Kissinger en el derrocamiento de Allende en Chile y la instalación de la dictadura de Pinochet (1973), las actividades contrarrevolucionarias iniciadas por Carter contra los revolucionarios nicaragüenses a finales de los setenta e intensificada por Reagan con su sangriento patrocinio a los Contra, el apoyo en la guerra de El Salvador a los militares derechistas, la invasión a Panamá y la ocupación de Granada en los ochenta. A todos estos actos provocativos y sangrientos en los que estaban involucrados los Estados Unidos, Dunayevskaya respondió con numerosos ensayos y conferencias.

Los artículos y las columnas principales del periódico marxista-humanista News and Letters sobre América Latina fueron escritos por ella, al mismo tiempo que publicó las Cartas políticas y filosóficas en estos tiempos en que la contrarrevolución intentaba asfixiar a la revolución. Dunayevskaya dio conferencias ante los colegas de su organización política, los comités de News and Letters e hizo presentaciones públicas, particularmente en recintos universitarios, abordando variados aspectos de las intromisiones del imperialismo norteamericano.

Un ejemplo de sus actividades fue la conferencia dada en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Estatal de California en Los Ángeles (abril de 1981), intitulada “El Salvador: La guerra genocida de Reagan y las inacabadas revoluciones americanas” (Raya Dunayevskaya Collection [RDC] microfilme # 7202). Al atacar la política de Reagan y a su militarista Ministro de Relaciones Exteriores Alexander Haig, ella primero hizo referencias al año 1932, cuando la revolución campesina salvadoreña fue sofocada con el asesinato de decenas de miles de campesinos. La violencia de la oligarquía salvadoreña gobernante, que estaba apuntalada por los Estados Unidos en los ochenta, tenía también sus raíces en la masacre de 1932.

Además de ello, Dunayevskaya denunció la contrarrevolución diseñada por los Estados Unidos en Guatemala en 1954:

Nosotros no debemos consentirles repetir lo que ellos lograron en 1954 y que hemos sufrido hasta el día de hoy. Ni debemos permitirles que olviden quienes son los verdaderos contrarios: los obreros contra los capitalistas, en lugar de decir que los dos contrarios son Rusia y los Estados Unidos.

Los Estados Unidos y Rusia son solo dos variantes de la misma sociedad explotadora, una del capitalismo privado y la otra del capitalismo de estado.

Más adelante Dunayevskaya retrocedió aun más en el tiempo:
América Latina ha sido el coto de caza del imperialismo americano desde su nacimiento. La primera ocasión en que intervenimos a gran escala fue a finales del siglo XIX, con la Guerra Hispano Americana, cuando el pueblo cubano estaba luchando por su independencia de España y nosotros le anunciamos que iban a tener una gran isla, preciosa, totalmente libre, pero la realidad fue que nosotros simplemente echamos fuera a España, de modo tal que los Estados Unidos, solos, pudiesen reinar en el gallinero.
Advertía que el imperialismo de los Estados Unidos desde sus inicios estaba conectado con el racismo, no solamente en el extranjero sino contra la población negra en su propia casa.

El enfrentamiento de Dunayevskaya al imperialismo era inseparable de: 1) Su búsqueda de un nuevo comienzo revolucionario. Ella desarrolló un concepto sobre la subjetividad revolucionaria de las masas en movimiento, que expresó como “un movimiento desde la práctica era en sí mismo, una forma de la teoría” y que ella veía surgir a nivel global, incluyendo las Américas; 2) Su análisis y crítica de la naturaleza inacabada de revoluciones latinoamericanas de la última mitad del siglo XX, como son Bolivia (1952); Cuba (1959); Chile (1970-1973) o América Central y Granada en los ochenta.

II

La insistencia de Dunayevskaya en ver a las masas trabajadoras no sólo como fuerza o músculos de la revolución, sino como mente o razón de las transformaciones sociales, significó una ruptura con el concepto de “partido dirigente de vanguardia” aceptado por muchas de las fuerzas de izquierdas que veían a los obreros como fuerza decisiva de la revolución pero carentes de “conciencia revolucionaria”. Tal conciencia sería supuestamente aportada por el partido.

En agudo contraste, Raya formuló un concepto de masas como razón de la revolución basado en dos principios:1) Filosóficamente, en 1953 ella encontró en el absoluto de Hegel un movimiento dual, no solamente un movimiento de la teoría a la práctica, sino un movimiento de la práctica a la teoría, que era en sí mismo una forma de la teoría3 ; 2) Antes que ella percibiera los orígenes filosóficos de este concepto en Hegel, sus actividades como observadora-participante en la huelga general de los mineros de 1949-19504  y su seguimiento de la Revolución Boliviana de 1952 la prepararon para este salto filosófico y la fundación de una tendencia marxista humanista.

En 1984, Dunayevskaya reevaluó los orígenes de la tendencia marxista-humanista que ella fundara en los años cincuenta y escribió sobre la influencia que la Revolución Boliviana tuvo para su desarrollo filosófico:
Volvamos atrás, a 1952, a la Revolución Boliviana y a su singularidad. Aquí están sus éxitos: 1) Ella no fue solamente la primera revolución nacional de la posguerra en América Latina, lo cual por si solo le concedía una suficiente importancia histórica; 2) Tampoco fue solamente una revolución agraria, lo cual también le podía haber granjeado un lugar destacado, desde su punto de vista histórico-concreto; 3) Realmente, su más sobresaliente e inigualable rasgo fue que los mineros en huelga y los campesinos en sus revueltas —en conjunto desafiando al gran monstruo imperialista de los Estados Unidos tanto como a sus propios gobernantes— hicieron una revolución de tal importancia mundial que junto con todas las nuevas pasiones y fuerzas existentes en 1950 y con la ruptura final con el trotskismo [en la tendencia que ella co-dirigía] en 1951, la dimensión latinoamericana nos impulsó hacia esa nueva y segunda gran vertiente en el marxismo pos-Marx, el humanismo-marxista (“Not by Practice Alon: The Movement from Theory”, Power of Negativity, 275).
Raya encontró este apasionado movimiento de masas como motivo de muchos momentos de la América Latina posterior a la Segunda Guerra Mundial. La Revolución Cubana de 1959 fue vista por ella como una línea divisoria crucial para toda la América Latina, y encontró muchos puntos de partida de importancia para la emancipación en las luchas en Nicaragua, Guatemala y El Salvador en los años setenta e inicios de los ochenta, así como en el primer período del movimiento de “La nueva joya” en Granada. Ella enfatizó la dimensión desempeñada por las mujeres, los campesinos, mineros y pueblos indígenas en las batallas por la libertad de América Latina.

III

El impacto de estos movimientos revolucionarios en el pensamiento de Dunayevskaya puede ser observado, también en su análisis y en su crítica de la naturaleza inacabada de las revoluciones latinoamericanas. Para ella, la responsabilidad por esa naturaleza inacabada se encuentra, no solamente en la intromisión casi permanente de la bestia del norte, sino también radica en las contradicciones, en el vacío filosófico que existe dentro de las revoluciones y los propios movimientos revolucionarios.

Desde muy temprano ella planteó la pregunta “¿qué sucederá después?” con la Revolución cubana, saludando la identificación inicial que hacía Fidel Castro de su revolución como “humanista” y apoyando las luchas de Cuba por ser libre del imperialismo de los Estados Unidos, pero al mismo tiempo cuestionándose si Fidel Castro veía a las masas como la razón revolucionaria, una vez que él toma el poder. Ella criticó su rápido alineamiento con la Unión Soviética y su plan capitalista de estado, así como el reemplazo por una mentalidad administrativa del despertar de la creatividad de las masas trabajadoras en la elaboración de un camino adelante luego de la expulsión revolucionaria de Batista.

En respuesta a ‘Revolución en la Revolución’ de Regis Debray, publicado con el visto bueno de Castro, Raya escribió una aguda crítica sobre la teoría del foquismo, al reducir éste a la revolución a una forma elitista de estrategia y táctica, la cual dista de la necesidad de desarrollar una filosofía de la revolución en América Latina.

Después de la muerte del Che Guevara en Bolivia, Dunayevskaya escribió sobre esta tragedia a manos de la CIA y de los militares bolivianos, alegando que el fracaso también se debía al modo cómo el Che Guevara, a pesar de ser un gran activista revolucionario, redujo la teoría revolucionaria a la estrategia y la táctica aplicada aisladamente, en lugar de ser este un proceso que surgiera a partir de las masas bolivianas y al alcanzara la plenitud de una visión emancipadora del futuro.

Dunayevskaya también escribió sobre la poco duradera victoria electoral socialista de Salvador Allende en Chile, donde las ilusiones del Frente Popular acerca de la neutralidad de los militares, dejó a las masas mal preparadas para enfrentar el empeño norteamericano de destruir cualquier nuevo comienzo a través de sus relaciones con el golpe militar- fascista de Augusto Pinochet.

¿En qué consistía el concepto y la crítica de Dunayevskaya de lo que ella llamaba “Las revoluciones inacabadas de América Latina”?

Su carta político-filosófica “Las revoluciones inacabadas de América Latina” (del 15 de mayo de 1978) merece nuestra atención. En este ensayo se analizan varias ideologías y prácticas, el foquismo y la guerra de guerrillas, el tercermundismo, varias tendencias del trotskismo y los frentes populares, en relación con el carácter incompleto de las revoluciones latinoamericanas. Sus escritos comienzan con el hecho de que a mediados de los setenta la visión acrítica casi total que sobre Cuba tenían muchos revolucionarios ya no era el único enfoque que se manejaba. Algunos de los que habían apoyado a Cuba se cuestionaban ahora sus relaciones con el comunismo ruso y con ello, el apoyo a regímenes represivos a los cuales Rusia apoyaba, tales como el gobierno de Mengistu H. Mariam en Etiopía.

Este nuevo cuestionamiento coincidía con la tendencia a dejar de lado mucho del tercermundismo de los sesenta, que había intentado hacer de la guerra de guerrillas una de las reglas universales en la erradicación de cualquier sociedad de clases. Dunayevskaya se refirió al trabajo del “observador-participante” de las izquierdas, Gérard Chaliand “Guerrilla Inflation: The Foco Theory as a Theory of Failure” (“La inflación guerrillera: la teoría del foco como la teoría del fracaso”) en su libro La revolución en el Tercer Mundo. Ella toma nota de su llamado a no evadir más “lo conceptual” al pensar sobre la revolución en el Tercer Mundo. Dunayevskaya criticaba su reducción de “lo conceptual” solamente al “terreno social y político” sin llegar a alcanzar la plenitud de una filosofía de la liberación.

De esta manera el vacío teórico permanecía en el movimiento. De acuerdo con Dunayevskaya se podían encontrar profundas manifestaciones de este vacío en las diferentes facciones del trotskismo en América Latina, en el “ortodoxo” y en otras variantes. Algunas permanecían acríticas ante el alineamiento de Cuba con Rusia, llamando todavía a Cuba como “el baluarte de la revolución mundial” en 1970, mucho después de que la Crisis de los Misiles había mostrado a las dos superpotencias dispuestas a arriesgar la supervivencia de la humanidad, e incluso “después que la muerte del Che pusiera al descubierto que mucho más serio que el fracaso del foquismo o del ‘partido de vanguardia’ era el total aislamiento de las masas. El Che mismo se refirió a esto en su diario: ‘ningún campesino se ha unido al grupo de la guerrilla’”.

Muchos de los trotskistas no sólo siguieron a Castro acríticamente durante un largo período de tiempo, sino que fallaron al examinar críticamente sus responsabilidades en una de las revoluciones inacabadas de América Latina, la de Bolivia de 1952, donde el trotskismo desempeñó un papel principal. Y este fue un papel dentro de un “frente popular que solo allanó el camino para el retroceso”.

Esa clase de frente popular fue visto nuevamente después de la victoria de Allende en Chile, cuando los trotskistas demandaron la creación de un “partido único marxista de masas” mediante la fusión de los partidos socialistas, comunistas y trotskistas”.

En contra de estas falsas alternativas Dunayevskaya proponía “el retorno a la teoría de Marx de la revolución como un movimiento de masas que demanda nuevas relaciones humanas, empezando por una nueva relación entre la teoría y la práctica asentada en el movimiento desde la praxis misma”.

Ella no ve este concepto de Marx como algo impuesto a América Latina desde afuera, sino más bien como algo nativo del continente. De ese modo llamó la atención sobre el revolucionario argentino Silvio Frondizi quien en los años cincuenta e inicios de los sesenta, empezó a profundizar en el nuevo humanismo de Marx. Dunayevskaya citó su comentario sobre los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 y agregó la correspondencia de los sesenta de ella con Frondizi a su “carta político-filosófica”. Si bien los fascistas argentinos dieron muerte a Frondizi en 1974, ella sostuvo que el tipo de diálogo que él inició sobre las ideas de Marx en el contexto de las revoluciones latinoamericanas era el tipo de diálogo al que los nuevos revolucionarios latinoamericanos necesitaban dar continuidad.


Al tomar conciencia de las relaciones de Dunayevskaya con la dimensión revolucionaria de América Latina, yo quisiera añadir que el poder de sus ideas descansa tanto en la visión marxista-humanista y dialéctica del mundo que ella misma creó y desarrolló en la última mitad del siglo XX, como en la especificidad de su análisis de los sucesos de América Latina durante décadas. Esto, por supuesto, es el tema de mi libro. Lo que este cuerpo de ideas significa para América Latina debe ser desarrollado por los pensadores y activistas latinoamericanos.

En relación con el material disponible en español, sus trabajos más importantes han sido traducidos: Marxismo y libertad (México. Juan Pablos 1976); Filosofía y revolución (México: siglo XXI, 1977, 1989, 2004); y Rosa Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución (México: Fondo de Cultura Económica, 1985, 2005). A pesar de que estos trabajos mayores están actualmente disponibles solamente en bibliotecas, tenemos la esperanza de que ellos regresen a las imprentas en un futuro cercano. Además, está disponible una colección de sus ensayos sobre la mujer, titulado Liberación femenina y dialéctica de la revolución: Tratando de alcanzar el futuro. México, Fontamarra, 1993.

Notas

1 Dunayevskaya misma deseaba viajar a España para luchar en la Guerra Civil Española, pero fue rechazada por ser mujer. Más tarde ella se fue a México a trabajar con Trotsky.
2 La inmensa mayoría de los escritos y conferencias de Dunayevskaya sobre América Latina pueden ser encontrados en sus archivos The Raya Dunayevskaya Collection, disponible en microfilme en la Biblioteca de Asuntos Laborales y Urbanos de la Wayne State University. Ver la Bibliografía para más detalles.
3 Ver la primera parte de este estudio, en particular el capítulo tres para la discusión de este concepto.
4 Ver el capítulo 2.


Nota del Editor

El presente trabajo escrito por Eugene Gogol es una exploración en los escritos más notables de Raya Dunayevskaya y esperamos que pueda brindarle al lector de lengua española una muestra de la contribución de esta notable escritora y luchadora social a la filosofía y motivarle a una incursión posterior en sus escritos. En nuestra revista asociada Multisignos, se puede leer la introducción de Rubén Dri a su libro ‘El Poder de la negatividad'.

◆ El que busca, encuentra...

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