"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

5/11/15

Hacia una necesaria lectura marxista de la guerra — El significado de la Segunda Guerra Mundial

La toma del Reichstag por parte del Ejército Rojo
Mariano Millán   |   La publicación de El significado de la Segunda Guerra Mundial de Ernest Mandel […] es una excelente noticia. Antes que nada, porque en este 70 aniversario de la victoria sobre el nazi-fascismo la burguesía imperialista copó la escena con ceremonias donde el capital y sus representantes se adjudicaron una victoria por la cual, en el mejor de los casos, hicieron poco; por no hablar directamente de algunos de los vencidos que fueron rehabilitados por los EE.UU. durante la Guerra Fría. En segundo lugar, porque en Argentina el notable trabajo de Mandel no tuvo la repercusión que merece, al menos entre los marxistas. Aquí recorremos sus argumentos y proponemos otros y nuevos elementos para una futura elaboración. El título del libro describe su contenido. En sus páginas no encontraremos una historia del conflicto, aunque sí muchos elementos fundamentales para entender las cualidades de la conflagración y su importancia.

Tampoco hallaremos un análisis económico de esta dura guerra, pero tenemos a mano numerosos aspectos de las relaciones de producción que condicionaron el choque de las potencias y las maneras como este esfuerzo modificó las infraestructuras del capital. Por último, quien lea este volumen no se topará con una sociología política de la Segunda Guerra Mundial (SGM), pero dispondrá de casi todas las cuestiones para comprender los antagonismos que se pusieron en acto.

La potencia del trabajo de Mandel reside en la arquitectura marxista de su explicación. Articula el conocimiento de las disciplinas académicas, pero subordina aquellos saberes a una problemática teórica y práctica: la lucha de clases. Por ello produjo una obra radicalmente diferente sobre la SGM, donde se abordan casi todos los puntos esenciales en menos de 300 páginas.
Las tesis centrales
El significado de la Segunda Guerra Mundial vincula ciertas tesis sobre las causas, el desarrollo y las consecuencias de la SGM, realizando una fina diferenciación de los niveles de abstracción y construyendo una espiral entre los registros de lo general y lo particular.

En cuanto a las causas, en el nivel sistémico se encuentra la competencia imperialista, en términos leninistas, de las diferentes potencias por el reparto del mundo. Uno de los ladrillos centrales de esta explicación es la contradicción entre el carácter global de las relaciones de producción y la forma política de los Estados-nación, las disputas y luego antagonismos entre estas entidades.

Otro aspecto causal anida en la crisis de 1929-30 y la necesidad inaplazable de espacios geográficos donde valorizar ingentes cantidades de capital excedente. En algunos países como EE.UU., apunta Mandel, el proceso decisivo para superar sostenidamente y a largo plazo las tendencias al estancamiento no fue el New Deal, sino la SGM.

El tercer factor incitante fue la contrarrevolución del período de entreguerras. Durante la segunda mitad e inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial tuvieron lugar varios procesos revolucionarios. El destacado triunfo en Rusia contrasta con el aplastamiento de numerosos levantamientos (como en Alemania, Hungría, Italia o España, por citar algunos), lo que permitió la movilización para la guerra imperialista.

Si bien Mandel reconoce estas condiciones y contradicciones, no relativiza el rol de la burguesía alemana y de sus representantes políticos del momento. Hitler y su partido desencadenaron la guerra con su política agresiva. Si bien todas las potencias tenían posiciones de fuerza, el Tercer Reich forzó una decisión por las armas en 1939. Entre las varias razones, las dos principales son la estimación del timing entre el rearme alemán y la preparación de sus rivales; y la creciente presión salarial de la clase obrera alemana, que prefiguraba un horizonte crítico para la acumulación de capital si no se encontraba nuevo espacio donde valorizar.

Un aporte de este libro consiste en señalar que las tendencias generales que llevaron a la SGM, con su tremendo costo humano, no se encuentran abolidas y que, por tanto, el capitalismo podría producir nuevas catástrofes, señalando que de hecho las produce, pero en escalas menores y en escenarios considerados “periféricos”.

Las tesis sobre el desarrollo de la contienda suponen varios elementos. En un nivel general existía una diferencia en la magnitud de las fuerzas productivas de los dos bloques. Si el Eje Roma-Berlín-Tokio tenía ventaja en 1940, el ingreso de la URSS y los EE.UU. trastocó el equilibrio en favor de la Gran Alianza y, ya para 1943, era imposible que los nazis y sus asociados pudieran imponerse en un conflicto de largo aliento. De hecho, los planificadores militares alemanes siempre se prepararon para la llamada blitzkrieg o guerra relámpago.

En la faz particular, el trabajo tiene ciertas afirmaciones corrientes e indiscutibles:
— la coalición entre importantes fracciones de la burguesía europea con el nazismo para reforzar la lucha contra la clase obrera;
— la URSS realizó el esfuerzo más importante para la victoria;
— por su magnitud y el momento en que llegó, la ayuda de los EE.UU. a través de la Ley de Préstamo y Arriendo no tuvo una importancia perentoria en la capacidad de resistencia soviética;
— Stalingrado fue la batalla decisiva de la guerra;
— la chapuza italiana en los Balcanes y Grecia obligó a los nazis a concurrir en su auxilio, demorando varias semanas el ataque a la URSS;
— la dirigencia de los EE.UU. no tenía apuro por concluir la guerra, puesto que debilitaba a sus futuros adversarios y fortalecía los resortes del capital norteamericano.
— El rol de la Resistencia fue fundamental y configuró, en cierto modo, otra guerra de carácter popular.
Al mismo tiempo, destacamos algunas sutiles observaciones. Mandel cuestiona la consideración usual acerca de la irracionalidad de Hitler ordenando a sus tropas permanecer en el cerco Stalingrado. El autor apunta, con toda razón, que ello entretuvo suficientes tropas soviéticas como para salvar a las divisiones de la Wehrmacht que se desplazaban hacia el sur, quienes trataban de apropiarse de los campos petrolíferos de Azerbaiyán, cumpliendo las directrices de la Operación Azul.


Otra excelente indicación es mostrar la paradoja entre la fortaleza táctica y la impotencia estratégica en el frente italiano. Frente a la invasión anglo-estadounidense, la exitosa tenacidad alemana, que buscaba dividir a los Aliados y forzar un acuerdo de última hora con EE.UU. y Gran Bretaña a costa de los soviéticos, resultó ser una palanca involuntaria para el avance del Ejército Rojo sobre el centro de Europa y la redefinición del mapa de posguerra.

En cuanto a las consecuencias de la SGM, las posiciones de Mandel son relativamente clásicas en el marxismo y contradicen asertos comunes del mundo académico. La Guerra Fría fue alentada por los EE. UU., rehuida y luego respetada por la URSS y sus partidos-satélites. Desde 1945 hasta fines de los ‘60 el capitalismo tuvo una era dorada, producto de la reorganización mundial del final de la SGM. Pero los fenómenos más generales que empujaron a la contienda y a los genocidios, a saber el imperialismo y sus consubstanciales rasgos militaristas y racistas, las crisis económicas y la irracionalidad de un modo de producción regulado por el mercado y basado en la explotación, lejos están de haber sido superados.
Para una nueva síntesis
Estos valiosos pasos dados por Mandel en los ‘80 para constituir una síntesis marxista acerca de la SGM y su significado merecen fortalecerse con los conocimientos de las últimas décadas. Por ello, estas consideraciones persiguen la ambición de ser recogidas en una nueva producción.

En primer lugar, la idea más general de la victoria de la Gran Alianza a causa de su potencia económica merece complementarse. Esta coalición decidió, a pesar de los costos, continuar la lucha y no dividir sus esfuerzos. Esa voluntad política no se desprende directamente del potencial económico y social, sino que éste termina siendo un medio. Pero, como sabemos, una conflagración no se gana simplemente con los productos de la industria, hay que saber combinarlos para vencer en las batallas porque, como decía Clausewitz, en la guerra “el combate es lo que el pago al contado en el comercio” [1].

Esta dimensión poco trabajada por Mandel es central en trabajos actuales sobre la SGM, como el de Richard Overy [2] o la obra de Chris Bellamy [3], por sólo citar algunos. La diferencia entre las fuerzas del Eje y los Aliados fue también su capacidad de aprendizaje de las artes bélicas, el cual fue inéditamente veloz en la URSS. Durante las últimas décadas se abrieron numerosos archivos soviéticos, y la investigación produjo importantes libros con nueva luz sobre las capacidades organizativas y la cohesión social durante el stalinismo, las características de su cuerpo de oficiales y generales, que si bien fue mermado durante las purgas, se reconstituyó durante la llamada “Gran Guerra Patria” con una eficacia que asustó a británicos y norteamericanos.

Mandel, sin estos archivos, lo intuye cuando señala como clave la decisión de Stalin de encomendar la conducción operativa de la guerra a sus generales. Pero también, el autor pierde la oportunidad conceptual de aprovechar la advertencia de Mao Tse Tung, quien tras la Batalla de Stalingrado señaló que los aliados, y sobre todo la URSS, pueden sostener la posición defensiva, mientras que el fascismo, por su carácter social, sólo puede luchar a la ofensiva [4].

La segunda cuestión insoslayable para una elaboración sobre la SGM es tomar posición en torno a la noción y/o categoría de guerra total, elaborada por Eric Ludendorff [5]. Las razones para ello radican en determinar si los Estados poseían la capacidad de realizar una movilización total de su población para el esfuerzo de guerra, tanto en términos organizativos y logísticos como “anímicos”. De esa mensura derivan distintas tareas en la elaboración estratégica de la revolución socialista, tanto sea en sus plazos, como en las tácticas.

Por otra parte, la cuestión de la Resistencia merece mayor construcción. Mandel advierte que durante esta guerra se cruzaron numerosos conflictos que excedían los sostenidos por los Estados, demostrando la importancia de la lucha de clases en la contienda. Pero ¿qué papel jugó la resistencia en la SGM? ¿Qué importancia tiene la resistencia en la SGM para la lucha revolucionaria en el siglo XX?

El autor responde parcialmente la primera cuestión, reconociendo realmente muy poco del papel de los partidos comunistas en la organización de este movimiento, e ignorando por completo el significativo papel británico. En este sentido, el trabajo de Donny Gluckstein es, a todas luces, una lectura imprescindible [6]. Sobre la segunda pregunta el libro contiene exiguos elementos, solamente destacando la continuidad entre resistencia y liberación nacional durante la posguerra en algunos países de Asia. Viendo que desde 1945 al presente las formas de combate insurgentes y su respuesta, la contrainsurgencia, cobraron centralidad en el desarrollo del acontecer bélico y de la lucha revolucionaria, cualquier nueva síntesis no debería esquivar el asunto.
Notas
[1] Clausewitz, Karl (1983), De la guerra. Buenos Aires, Solar.
[2] Overy, Richard (2011), ¿Por qué ganaron los aliados? Buenos Aires, Tusquets.
[3] Bellamy, Chris (2007), Guerra absoluta. Barcelona, Ediciones B.
[4] Mao Tse Tung (1943), “El punto de viraje en la Segunda Guerra Mundial”.
[5] Ludendorff, Eric (1964), La guerra total. Buenos Aires, Pleamar.
[6] Gluckstein, Donny (2013), La otra historia de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Ariel.
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