"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

25/10/14

La poesía de Marx | Karl, el propugnador de un comunismo poeta, literario, musical, de amores y sudores, de un mañana inaudito, imposible…

La música resuena (porque) la vida está en lágrimas”

Karl Marx ✆ Didier Ruef 
Adrián López   |  Es en éste Marx, en este joven Karl, que no esparció el deceso y lo terrible y sí frecuentó hadas, magos, sirenas, duendes, y a un “Kommunismus” de sones, poesía, Littérature, música, ensueños, locuras sanas, aforismos más lúcidos que los de Nietzsche, en el que confío y en el que creí...

Es necesario tener fe “… en las musas y (en el) sueño”. Karl Heinrich Mordejái Marx Levy [“El amor del cantor –para Jenny”, en, p. 5, en "La poesía cósmica de tres poetas revolucionarios. Marx, Nietzsche, Martí" (el brillante periodista cultural González Varela, es uno de los pocos que se atrevió a caracterizar a Wilhelm, idolatrado como un genio, cuando es un pensador mediocre, como un intelectual autoritario y anti democrático, quedándose corto, sin embargo, porque Nietzsche es además, aristrocratizante, misógino, patriarcalista, machista, eurocentrista, germanófilo, anti obrero, conservador, anti marxista, reaccionario, entre otras encomiables virtudes, que deleuzianos y foucaultianos a la moda, dejan de lado para fijarse en la “grandeza” del Eterno Retorno, “concepto” que podría haberse inferido, de la recurrencia con la que a veces, sufrimos al dentista)]. No hay “… que enfrentarse a la solidez de un alba / que no conduce a día alguno” Emily Dickinson en –“Bueno es soñar. Despertar es mejor”

Primeridad

Seguramente, no es rigurosa la estrategia de intelectualizar lo lírico para convertirlo en frases racionales desprovistas de altura. Tampoco parece mejor no atenerse a la poética de Karl en sí misma y por sí misma, dado que entonces, reforzaríamos la denegación que sufrió esa lírica en el campo del marxismo.

Como quiera que fuere, en esta “Primicidad” que sigue a la Ceroidad que son los epígrafes, aprovecharemos la poética del oriundo de Trier, para hacer de algunos de sus versos, oraciones que estén más o menos, acotadas y que sirvan para desmarxistizar a Karl con otros recursos que el de la valoración de la lírica de Marx por su poética misma, costado literario en el que parece que fue mejor Engels, aquel Friedrich que volvió marxista a Karl, haciéndolo también, engelsiano.

“Secundidad”

Emplearemos una estrategia semiótica y psicoanalítica, que usamos en nuestra tesina de Licenciatura y en nuestra voluminosa y aborrecida Tesis Doctoral, por la que convertimos oraciones, sintagmas, unas palabras dichas como al azar, en enunciados algo formalizados, para que tales sentencias, sean un horizonte para elucubrar qué puede haber de estimulante, de disparador en un pensador como ese engelsiano que fue Karl.

En un breve artículo de índole periodística, no puedo justificar y explicitar los procedimientos que empleo para fijar significantes sueltos, que son desapercibidos, en enunciados acotados, por lo que lo que le fuerce a decir a la poética de Marx, podrá parecer arbitrario, caprichoso, tal como se me acusó y “obusó” con respecto a la artimaña semiósica y psicoanalítica que puse en juego, para leer a ese Karl, a este Marx, el que a veces, en demasiadas ocasiones, me trajo dolores, penas, ostracismos, burlas, necedades, silencios y olvidos, al costado, al borde de noches sin sueños por estar con los ojos abiertos, emborrachándome con la Luna, con las nostalgias y con las estrellas, como lo expresaría ese magnífico escritor que es Roberto Acebo, un desconocido.

Terceridad

Iniciaremos pues, lo que ya ha comenzado, duplicando el principio en lo que no es un doble, sino lo tercero que es un cuarto…, con lo que hemos relevado de lo que sostiene la lírica de Karl, a fin de argumentar por lo menos, (in)ciertas hipótesis, apenas delineadas, cinceladas con el trazo de una escritura, de mi escritura, que se opaca con la luz de los signos, de los signos grises de estar en el exilio, por ejemplo, de Internet, que es un no lugar para lugares, para universos embarazados de mundos, mudos, ciegos, sordos, incapaces de intersectarse y en ocasiones, hábiles para multiplicarse en el mutismo, en la soledad, en el no saber mirar, en el no atinar a escuchar, en el no esperar la llegada, el arribo del otro, otro; del extranjero, de quien ha sido y dejado de ser, falleciendo tantas, tantas veces, que ya ni le queda su propia sombra.

Relevando con ese vértice lo tipeado por Marx, acaso, quizá, tal vez, podría conseguir, no por las glosas a El capital, sino por las apostillas intempestivas, fulgurantes, breves a su lírica, que en Karl hubo siempre, más de lo que se pudo apreciar en él y que habrá un exceso, un resto inabarcable, casi infinito de lo que, aún, todavía, hoy y mañana, podría decirse, con lágrimas de hambre y de sangre, acerca de Marx y de Engels –y del obligado por su padre a renunciar a sus estudios para dedicarse a ser un adocenado burgués, no supe afirmar lo suficiente, con la constancia necesaria, con el objetivo de rescatarlo de una injusta desmemoria, por habérselo comparado con Karl quien no hubiera sido Marx, si no hubiera leído al prematuro y genial Engels.

“Quarticidad”

Es necesario tener fe “… en las musas y (en el) sueño” –5. ¿Y si a partir de algo así, se podría esgrimir que Karl no desmanteló las utopías sin más, en su crítica al “socialismo utópico”, sino que aspiraba a que se delirase de otra forma? ¿Qué acontecería con un Marx que no rechazara la utopía y que pensara que el comunismo es un sueño, una utopía realizable a costa de atesorarla, de soñarla, de desearla? Ese Karl no sería leninista…

Un poeta “… desdeña la vanidad, deleitándose con la belleza…” (6). El “κομουνισμός” podría ser, tal cual lo anticipé hasta perder la voz, un estetocomunismo que, en la escala en que los ecosistemas tienen una dimensión pictórica, abarcaría el sponsoreado ecosocialismo y lo superaría. Enunciemos que si la vanidad, lo vano, lo vanidoso puede oponerse a la hermosura, la vanidad queda en el campo semántico de lo poco o nada agraciado. Alguna que otra vez, se enarbolaron en desmedro de Marx, las cruces en llamas de los fundamentalismos, que le imputaron soberbia, petulancia, engreimiento, autosuficiencia, vanidad, tal cual me lo enrostraron a mí, añadiendo en mi caso, que le daba lustre a esas “virtudes” por no ser inteligente y por alucinar que lo era.

Si el Kommunismus habrá de ser un estetocomunismo, habrá de ser un “κομουνισμός” poético, literario y de afanada Literatura. Este Karl que invento, sí; que articulo a partir de mis universos destejidos; de mis ansias y atardeceres, es un Marx lírico, poeta y el comunismo que artefactuaría, sería un Kommunismus de la “Littérature”, de sus magos, hadas y duendes –y esta alusión, no es casual; lo veremos, si me lo permiten.

 En el escritor, se transforman “… en arte, (el) espíritu y (los) sentidos…” (7). Es impostergable entonces, estetizar, volver cada vez más delicados, el espíritu, los sentidos. El arte, la poesía, la Literatura es uno de los caminos, si es que no es la principal senda, para que la bestia humana se vuelva cada vez más humana y menos brutal o cruel.

El comunismo “literary” es un κομουνισμός que desbestializa, descrueliza, amansa el hombre freudiano o lacaniano que es ferozmente, brutal, egoísta, destructivo, narcisista y emancipa a las personas de las formaciones de un Inconsciente tan psicópata –¿no habrían sido un poco o mucho, Freud y Lacan algo psicópatas por creer que el Inconsciente alberga las pulsiones más terribles?

Los pensamientos debieran ser ligeros, flameantes, no pesados (9).
Si las ideas habrían de ser etéreas, la “action” debiera corresponderse con pensamientos livianos. Y si la praxis revolucionaria es la que subvertirá el planeta hacia el comunismo, el Kommunismus sería etéreo, ligero. Nada de cosas pesadas, como la familia, la propiedad, el dinero, el mercado, “khrónos”, el Estado, el Partido, el centralismo democrático…

El Tiempo martilla, trabaja los signos –11. Habíamos cincelado que en el refugiado en Londres, existían profundas cavilaciones en torno a cronos; ahora lo vemos como un gran semiólogo, que es lo que también, anticipé, sin mayor eco que la indiferencia. Los signos son una materia; de otra suerte, no podrían ser martillados, faenados. El materialismo de Karl es un “materialism” semiósico, etéreo, ligero, donde las ideas, los signos son materia; una materialidad de otra sustancia, pero materia al fin. Marx nunca fue tan torpe, ni en su juventud, como para considerar que era concreto lo que podía asirse con los dedos; para él, para este Karl, la materia era la piel aromatizada, perfumada de los signos.

¿Y el tiempo?... Khrónos es lo que desgasta las materias; es lo que modela los signos; es una fuerza semiótica que afecta el entorno. El Tiempo es significancia, en el más riguroso sentido de la Lingüística.

No obstante, ese “cronos” que es un martillo que impacta en los signos, los fragmenta, los abolla y una liberación con respecto al tiempo, podría implicar que la frescura de los signos, no se pierda con los golpes del tiempo. Si el loco comunismo que edificamos es factible, ese Kommunismus es un comunismo con signos perfumados, frescos, como la rosa sin espinas que se regala con un beso desasido y con suspiros que desnudan con la lengua, el nombre, los signos, del amado.
Tendríamos que sentir un gozo y un júbilo, que fueran tan intensos, que de su potencia, hicieran música (13). Yo, que escribo con una melancolía de la que no me puede desatar, me fijo en, observo lo que no está en un si bemol de luchas sin tonalidades; me detengo en la música, en la alegría de la melodía, en la pasión vital de los tonos, que anidaba en un Marx que se torna cada vez más, irreconocible, un capricho, a medida que lo re visito en su soledad, que es la mía. Este Karl me permite gubiar que el “κομουνισμός” es uno musical, gozoso, de jubileo –tan lejos, lejos, estamos ya no únicamente, del leninismo, sino de casi todo lo que se dijo de Marx, a quien sepultaron, porque estaba muerto, con toneladas de malos entendidos, de desavenencias interpretativas.

La fama nos torna esclavos (16).

Hay que arriesgarse con audacia, “… al desprecio” –18. ¡Que nietzscheísmo más nietzscheano que Nietzsche!

Como lo es para los enamorados, la “… vida (debiera ser) sólo belleza…” –32.

La existencia tendría que ser música (34). Si algunas de las intelecciones anticipadas, pudieron resultar demasiado iconoclastas, la reiteración de determinadas tópicas, apoyan que en Karl había una insistencia en torno al arte en general y a que la vida debiera ser una existencia bella, tesis que no se reducen a Goethe.

El honor estimula “… el odio y la venganza” –36.

Es necesario desear “… navegar en sueños” (38).

Únicamente, hay “... sombras hundidas; nada más” –44.

Como la vida es en encontradas circunstancias, negrura, es preciso, al despecho del realismo pesimista de Sigmund, para quien había que desencadenarse de ilusiones para no ser eternamente, un niño (cf. Ver Salta21), surcar, navegar entre sueños y con la barca de ensoñaciones.

Como lo es para los amantes, la vida debiera ser mágica (45).
Si el “Kommunismus” es una manera de existencia y si una forma de vida tendría que ser mágica, el comunismo debiera ser mágico, encantador.

La existencia es deseo, “… acción, dolor …” –48. ¡Qué Psicoanálisis más lúcido que el freudismo del vienés y que el lacanismo de Jacques-Marie!

Hay que evitar las aflicciones que poco a poco, nos ponen grises (ídem).

No tenemos que oprimir de dolor al corazón –53. El “κομουνισμός” no es la felicidad realizada a punta de fusil y lo quieran o no lo deseen las personas; no es una potencia que vendrá a oprimir el corazón de los otros, a incendiar iglesias, a proclamar el ateísmo para todos, a ahorcar sacerdotes, a asesinar militares, a guillotinar terratenientes, a violar las esposas de los capitalistas. La revolución será difícil, imposible bajo estas premisas, mas, creo que es el camino de cornisa que habría que seguir para que no vengan luego los Foucaults, los Derridas, los Guattaris, los Deleuzes, los Lacanes, los Morins, los Baudrillards, a enrostrarnos que bailamos con la Muerte al compás de la Internacional o de la Marsellesa y que no alteramos una jota en el decurso de la Historia. Es para esquivar que la Historia misma, nos acuse por haber estropeado la dulzura de la improbable emancipación.

El mundo es una pobre morada (54). En una Historia que fue la secuencia de miserias interminables, el planeta, este mundo gris es un penoso refugio. Un comunismo que rompiera con eso, podría conseguir que el planeta fuera la casita, el lugar donde nunca más se sufre y en el que los desamparados de toda índole, pudieran aceptarse en los ojos amigables de los otros, a quienes irían dichosos a su encuentro.

La música resuena (porque) la vida está en lágrimas” –57. Hasta ahora, hemos tenido necesidad del arte, como de las religiones, porque la existencia es una pena de vida y en virtud de que el deceso, es una pena de muerte. Cuando la existencia no sea una pena de vida; cuando el deceso no sea una pena de muerte, la existencia misma será arte; la vida no estará en lágrimas a ser consoladas, enjugadas con y por el arte.

¿Habrá Dios? Sí; para los que lo aceptan. Ni siquiera Engels, que era muy recio en algunos aspectos, profirió nunca que había que asesinar a Dios; Friedrich, que era delicado por ser un educado empresario, opinaba en el Anti–Dühring que los que tuvieran fe, podrían seguir cultivando sus creencias en paz y que un comunista revolucionario, debiera dejar tranquilo a los que posean fe, sin burlarse de ellos, sintiéndose superiores, liberados de ídolos y de fantasías. El “Kommunismus” de Marx no fue ateo; los que pueden ser ateos, son los comunistas, no la sociedad comunista. En ella, hay que permitir la más radical libertad de cultos.

Puede alguien recordar que supuestamente, Karl sostuvo que “la religión es el opio de los pueblos”. Primero, esa frase no es de la autoría de Marx, sino de los Jóvenes Hegelianos, entre los que estaban individuos que planteaban que Jesús fue alguien que creyó ser el Cristo y que a partir de ello, se elaboró una religión que sirvió para legitimar la sumisión al orden, cualquiera éste fuese.

Segundo, antes que Karl insertase esa oración, dice que la religión existe porque hay dolor y que entonces lo religioso es un opio porque mitiga esa incontenible pena. Ése es el contexto preciso de la frase. Por ende, lo que el Marx amigo de los hermanos Bauer está enunciando es que la religión es algo que amortigua el dolor insoportable de una vida de miserias; no es un opio sin más ni más, como si estuviera diciéndose que lo religioso es una estupidez (a eso sí lo afirmó Engels).

Lo otro tampoco supone que la religión en tanto calmante, sea algo que idiotiza; lo religioso como un opio, es un remedio, un medicamento para combatir la pena; un mal remedio, si se quiere, para el Karl ateo. Pero sólo la mala fe de los que no conocen a mi estimado Marx, podrían haber esparcido una interpretación tan de sumariante de Comisaría.

Por lo demás, cuando una de sus hijas decide renunciar al ateísmo, Karl no se opone y hasta la presenta a los judíos que podían instruirla para que respetara al Dios de Moisés. Si Marx concretó eso con una de sus hijas, ¿no es porque él entendía que en el κομουνισμός no todos debían ser impostergablemente, ateos? Por descontado, que para Karl eso era lo que tendría que acontecer, pero entre atropellar el corazón de los creyentes, obligándolos como en la Rusia de 1917 o en la de Stalin, a abjurar de la fe y de Dios, Marx prefería defender la libertad de cultos antes que ese comunismo de la intolerancia –habría que interrogarse qué hubiera opinado sobre el abortismo radical y casi, como una medida anticonceptiva análoga a tomar una aspirina (no todos los comunistas odian la vida, al punto de apoyar sin reservas un abortismo fundamentalista).

Por último, Karl estaba convencido de que en el fondo, un ateo que lo fuera consecuentemente, ni se molestaría en declararlo o esparcirlo, porque si lo ejecutaba, estaría combatiendo, al estilo de Sartre, algo que se imagina que no existe. Pero si para un ateo que es ateo, Dios no es real, ¿para qué colorear tratados, como Jean-Paul, para refutar lo que no se cree? Marx era del parecer de que a Dios, había que dejarlo tranquilo, al igual que a sus fieles. Que cada quien le otorgue su apoyo, al dios que anhele o que precise por las razones que fuera.

Como lo es para los enamorados, la existencia debiera ser una boda (58).

No hay que tener una mente terrenal –ídem. Un cerebro terrenal es estúpidamente, materialista, por lo que implícitamente, Karl está abogando por un “Materialismus” que sea lúcido, no tan terrenal, no tan del siglo en el que se suspira.

En el extenso poema “Lucinda” se enfoca el suicidio romantic y a causa del desengaño amoroso (58–66). Si la creación artística es un modo de sublimar ciertas obsesiones, puede sostenerse que el asunto del suicidio fue un tema que en Marx, asomará en más de una manera de exposición. Por ejemplo, en la poética y en la investigación (ir a Mediafire).

Ascender puede ser “… una interminable caída” (68).

En los versos de “El rey de la flor”, el soberano es un duende –69/70. La figura del Kobold es nodal incluso, en la lírica de Karl. Otro personaje fantástico es el mago –89. No son en exclusiva, los espectros o fantasmas, tal cual lo habría diseminado atropelladamente, el judío magrebí Elyah.

Hay que buscar lo que inspire (76). F. i., el “κομουνισμός” podría ser lo que suavice una cama inmóvil, para que las sábanas no sean la mortaja de queridas ilusiones.

Es probable que existan planetas con vida –78. De lo que dice el verso y si no estamos equivocados, puede delinearse que Marx es giordiano.

El “… pensamiento (puede adquirir) forma en (la) poesía …”, por lo que es viable que no hayamos errado al escoger en el caso de Karl, traducir su lírica a ideas.

En la vida impera lo indeterminado –80–, el tormento de lo indeterminado. Idénticamente a lo que argumentamos alrededor del suicidio, cuando una sentencia de esa magnitud aflora tanto en la poética como en los escritos académicos, es que la idea que late en ambos registros, es importante. En este ejemplo, la noción de lo indeterminado y de lo indeterminista, es sustancial en Marx, lo que asoma también en Friedrich.

Monstruosidades, iniquidades se precipitan sobre el mundo y el dolor se hace tan constante, que es lo que permanece (81).

Cada “… palabra es acción…” –83. Habrá quienes vean en eso, un idealismo de la praxis que será abandonado por un Karl que anhelará una revolución concreta y no en el nivel de lo que es enunciado. En alguna escala, puede acordarse en que lo que hubo en la etapa pre comunista en Marx, fue un “Idéalisme” y un romanticismo de la acción. Empero, lo que igualmente es impostergable detectar es que “the word”, la théorie involucra un cierto tipo de praxis y que insiste un grado de correspondencia entre el pensamiento y el “modelo” o ideal de acción que anida en la teoría, en la palabra. En virtud de que la theory, la palabra es praxis es necesario ser cautelosos con los signos.

Otro de los asuntos que se encuentran enmadejados en lo que se destacó es que “the word” no es sólo constatativa, sino que es en paralelo, “performativa”, aunque Derrida nos haya instruido en que las seguras distinciones entre lo constatativo y lo “performativo” son metafísicas. In ogni modo, que la palabra pueda hacer significa que “the word” posee para cierto Karl, un nivel performativo.

Si aceptamos eso, es viable obtener una acotación de la ideología como aquel corpus que intenta ocultar la performatividadç de la teoría.
Lo ideológico, trata de birlar el enlace entre la palabra y la clase de acción implicada.

Hay que emanciparse de las “… propias ataduras…” (84). Puede que en ello, se observe una cuestión “joven hegeliana” o baueriana, por la que la liberación principia por una subversión en la conciencia, en las ideas, en el “interior” de los mortales, pero es plausible que lo que el marxismo ignoró sea que para alterar la sociedad, es ineludible comenzar quitándose parte de las propias miserias que nos enlodan. Esa ética “menor” de la lucha es lo que acabó denegado por el Marxismus, en particular, por el leninismo.

Colabora en mermar las penas, diseminando “… tus olas de vida…”

Permítete ser “… inspirado por dorada libertad…”

Bendice “… el olvido…”

Emancípate “… de todo lo que te rodea…” –85.

Procura encontrar mundos. Abrázalos. El socialismo no es para unidimensionalizar el cosmos, sino para albergar mundos posibles o improbables.

Busca las “… alegres praderas…”

Sábete tonto…” El compañero de Engels, se resiste hasta en su lírica, a la figura del “σοφός”. Podría acaso, tensarse la apelación al duende, al hada, en desmedro de la figura del sabio, del filósofo.

Un pensamiento que desestima al “Kobold”, entroniza al σοφός y al poner como monarca al filósofo, pierde el encanto de las sirenas (cf. Salta21, el que no se aprehendió en sus días, en calidad de continuación del artículo ubicado en Salta21).

Las palabras no debieran “… forzarse en vano…” (90).

En los versos de “Queja de la novia del salvaje”, se abordan varios ejes –91/98. Uno de los temas, es el del casamiento involuntario y que esclaviza a la mujer (92, 95, 97).

Otra de las cuestiones, es la del matriarcado como violencia de género –93, 97. Otro de los asuntos es el de la expropiación social del cuerpo de la mujer (96 –“… debo entregar todo…”). La carencia de dominio de la mujer sobre su propio cuerpo es de tal magnitud (“… ni siquiera mi aliento me pertenecerá…”), que esa expropiación la constituye en tanto mujer. Otro de los temas es que la boda para una mujer, puede ser su deceso –“… ya estoy muerta”.

Otra de las cuestiones es el de la violencia familiar (97–98). Esa violencia no es de varón a mujer, sino también, de mujer a mujer (v. g., de madre a hija).

Otro de los asuntos es el de las relaciones sexuales como una forma de agresión hacia la mujer –97.

Otro de los temas es el de que para una mujer, ser ama de casa es lo que la debiera “recompensar” y satisfacer (97–98).

Por consiguiente y a despecho de lo que opina González Varela, Heinrich no enfocará la situación de las mujeres en el palimpsesto compuesto acerca del suicidio, sino que lo hará en distintas ocasiones. La primera es en sus poemas.

La segunda pudo ser en ese texto singular en torno al suicidio.

La tercera es en algunas páginas perdidas de La Sagrada Familia.

Otra ocasión está en las notas marginales y en las apreciaciones peculiares del tomo I de El capital. Que a un erudito como a Varela se le escape lo que modestamente, indicamos, da cuenta del grado en que se ignora a Karl.

Sea lo que fuere, la ambientación del drama es en una colectividad tribal y en eso, Marx revela un etnocentrismo que no lo abandonará. “Cepedant”, si lo que enuncia lo restringimos al capitalismo de su época y de la nuestra, sus apreciaciones guardan relativa actualidad.

Se nos puede acusar de que empujamos a Karl a decir más de lo que enuncia, pero esa impugnación puede contener la trampa de no permitirle decir a Marx lo que enuncia.

Quinticidad

Porque ya no puedo con lo que escribo; porque este artículo me sobrepasó, callo y dejo mis palabras abandonadas en las de Karl, el engelsiano propugnador de un comunismo poeta, literario, musical, de amores y sudores. De un mañana inaudito, imposible.

La “… música (es) para que (el hombre) clame a veces, susurrando como el viento …” –100.

“Septeridad”

En las sombras “… convergen el abismo y el infinito” (101).

“Octicidad”

Como Napoleón, existen los que vuelven “… desierto (el mundo,) con … rabia y odio” –104.

“Novenidad”

Hay quienes siembran “… el horror y la muerte” (105).

Es en éste Marx, en este joven Karl, que no esparció el deceso y lo terrible y sí frecuentó hadas, magos, sirenas, duendes, y a un “Kommunismus” de sones, poesía, Littérature, música, ensueños, locuras sanas, aforismos más lúcidos que los de Nietzsche, en el que confío y en el que creí, cuando su Tesis Doctoral sobre Epicuro, Demócrito y Lucrecio, iluminó mi lado oscuro del corazón, templó mi soledad y me apartó para siempre de Il’ich y de los leninistas; del marxismo en general y del “Marxismus” vulgar, en particular, a fin de intentar dejar hablar al nieto de Levy, sin aquellas lápidas que fueron las tradiciones que son los epitafios desvencijados de su tumba. Hasta hoy, en que me aproximo, con canas en mi sien, a mi Edad Media, entre trovas, poemas, signos, noches y sombras. Y con ecos de lejanas voces, sin punto ni puerto; sin casi nada
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