"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

23/2/14

La deplorable trayectoria del estalinismo sudafricano

Claude Gabriel  |  El pasado mes de diciembre, el sindicato de la metalurgia (NUMSA) celebró un congreso de ruptura con la central histórica COSATU acusándole de apoyar la política liberal de la coalición en el poder formada por el ANC y el Partido Comunista. Este 11 de febrero, la dirección de la COSATU acusa recibo de esta ruptura y pone en el orden del día la expulsión del sindicato disidente. En su declaración, se destaca un argumento muy particular para ratificar la escisión sin otra tentativa de mantener la unidad sindical: el NUMSA ha decidido suspender su cotización económica (levy) al COSATU... y al Partido Comunista.

Una extraña relación

La llegada al poder del ANC en 1994 se hizo bajo la cobertura de una “coalición” con el Partido Comunista sudafricano y la central sindical mayoritaria COSATU. La aceptación de esa combinación por la clase dirigente blanca y sus apoyos internacionales parecía justificarse por el alto nivel de conflictividad social que había conocido el país desde el fin de los años 1970. Los largos años de negociaciones que habían precedido habían dado el tiempo necesario a los protagonistas para alcanzar un acuerdo de fondo sobre el sistema económico, el mantenimiento de la propiedad industrial y sobre el programa de
“reconstrucción”. Pero había que vender el cambio a las poblaciones negras en nombre de la “revolución democrática” e incluso del socialismo, terminología masivamente utilizada en las luchas obreras y en las de los townships (Las barriadas depauperadas en las que vivía la población negra: Ndt). Proclamando la existencia de una coalición tripartita en la que el sindicato y el PC proclamaban a voz en grito su defensa del socialismo, la ilusión estaba garantizada.

Pueden existir todo tipo de coaliciones. Pero ésta tiene su particularidad: el PC está financiado por los sindicatos. Los locales del partido están situados en el edificio del COSATU y pagados por éste. La ósmosis entre direcciones sindicales y estado mayor del PC es total, todo ello bajo el paraguas benevolente del ANC y por tanto también del gobierno, que se aprovechan de esta relación orgánica con la “clase obrera” y “su partido”.

El cálculo se reveló rápidamente caduco. En algunos meses, la corrupción se tragó a dirigentes sindicales y cuadros del PC: eran incontables los antiguos secretarios generales convertidos en business man, dirigentes de fondos de pensiones o felices propietarios de acciones de las empresas mineras. Pero el aliento de la libertad y la esperanza nacida de las luchas precedentes limitaban la lucidez de la gran mayoría. Fue preciso esperar al reemplazo de Mandela por Mbeki y sobre todo la llegada de Zuma a la presidencia para que los hechos se impusieran a una parte importante de la población. Lo que refleja, por lo demás, la decisión de ruptura del NUMSA.

Esa política está a punto de fracasar y es una oportunidad. Ha sido demasiado para un país entregado a las políticas liberales. Cada vez es más difícil pretender gobernar en nombre del pueblo y de los oprimidos, en particular tras el asesinato por la policía de 34 mineros huelguistas en Marikana en 2012. Todo el montaje burocrático hace aguas. Con la salida del NUMSA, otros van a seguirle. Pero, ¿cómo se ha llegado a esa situación? La historia es vieja y se confunde con la del estalinismo.

Una larga trayectoria estalinista

El PC sudafricano fue fundado en 1921. Muy rápidamente se sumará a las tesis políticas estalinistas. Durante treinta años, en su mayoría estuvo compuesto de blancos, pero no exclusivamente. Cuando, tras la segunda guerra mundial, las luchas de emancipación estallan en todo el mundo, se acerca al movimiento nacionalista negro, el African National Congress; hasta el punto de morder en sus filas e influenciar en su elaboración política. De ese modo, varios temas van a pasar del PC hacia el ANC. En primer lugar (comienzo de los años 1960) fue la muy discutible decisión de la “lucha armada” (con su parte de mimetismo del modelo argelino entre otras cosas). Esta decisión, que se redujo muy rápidamente a una simple propaganda armada (esencialmente, puesta de algunos explosivos), tenía dos consecuencias que interesaban directamente a Moscú en esta región (muy cerca de las luchas armadas del MPLA en Angola y del FRELIMO en Mozambique): de una parte posicionarse como proveedor de armas y de otra como prestador de entrenamiento militar y político en los campos situados en el exterior de África del Sur y alimentados por la llegada constante de militantes que venían del interior.

La segunda aportación, si se puede decir así, de Moscú vía PC fue la de la teoría del “colonialismo de un tipo especial”, especie de apaño local de la teoría de la “revolución democrática”. Puesto que África del Sur no era, según el PC, más que un país colonial tardío, aunque con la presencia de una real clase dirigente blanca local, primero había que luchar por un Estado democrático libre de leyes raciales, antes de plantear la cuestión social. La Carta de la Libertad, el programa del ANC, participaba de este planteamiento aún si a ciertas miradas podía aparecer más radical planteando la reivindicación de las nacionalizaciones y de la reforma agraria.

Cuando el movimiento de masas salió a la ofensiva a comienzos de los años 1980, el PC se había convertido más o menos en una especie de pez piloto del ANC, principalmente en las bases exteriores de Angola, Zambia y Londres. El futuro presidente Mbeki, por ejemplo, fue miembro de su Comité Central. El PC se planteaba como representante, único evidentemente, de la “clase obrera” en el seno del futuro dispositivo democrático. Fue en nombre de ese monopolio proletario como, entre 1982 y 1986, apareció en primera línea para denunciar (ya entonces) a los sindicalistas independientes que se atrevían a desafiar la línea del ANC defendiendo una perspectiva socialista y la idea de un partido de los trabajadores bajo la influencia del ejemplo brasileño. “Economicistas”, “izquierdistas”, “revolucionarios de salón” constituían el arsenal de caracterizaciones del PC a propósito de esos sindicalistas.

Pero las cosas se fastidiaron puesto que el movimiento popular adquiría amplitud. El renaciente sindicalismo sudafricano ganaba en influencia planteando la cuestión de la explotación social de los negros. El PC dio entonces un viraje radical para presentarse como el defensor del socialismo. Autoproclamándose el único partido de vanguardia y representante del proletariado, cubría así el flanco izquierdo del ANC cuando se multiplicaban las huelgas en las minas y las empresas.

Sin embargo, la ironía quiso que este viraje oportunista se realizara cuando comenzaban las negociaciones entre Mandela, en prisión, el ANC en el exilio y los grandes patronos sudafricanos, en un entorno mundial marcado por la perestroika de Gorbachov y las grandes negociaciones Este-Oeste. El PC jugó entonces un papel poco lúcido. En el interior, existía una campaña de boicot escolar con la consigna de “no hay educación sin liberación”. Ese movimiento, encuadrado de forma diferente según los lugares, tomó rápidamente un curso muy anárquico y numerosos padres comenzaron a refunfuñar viendo a sus niños ir así al asalto del sistema en medio de un gran desorden político y organizativo. El PC mantenía entonces una propaganda totalmente delirante: hablando de “zonas liberadas” y de doble poder, evocando la existencia de tribunales populares en los barrios... Posición extraña, cuando estaba implicado en negociaciones en las alturas que apuntaban sencillamente a poner en pie una transición pacifica, muy alejada incluso de las reivindicaciones de la famosa Carta de la Libertad.

El fin de una historia

Fue en este contexto que el PC accedió al poder al lado del ANC, con múltiples afiliaciones cruzadas entre las dos estructuras. Por un lado, participaba en los compromisos con la patronal y el antiguo partido en el poder y, del otro, se aprovechaba del aliento socialista nacido en el movimiento popular de los años 1980. Y con él, aportaba el control total de la dirección del COSATU. El PC autoproclamaba el lazo indefectible y orgánico entre el “partido de vanguardia” del proletariado y el sindicato. ¡Razón de más, realmente, para hacerse financiar por las cotizaciones sindicales! Esta postura altamente estaliniana, burocrática y corruptora ha dado lugar a una crisis abierta.

Sin embargo, sería muy interesante para la dirección del NUMSA, ya fuera de esta trampa, no reproducir el mismo esquema, entre el futuro partido obrero que llama a construir y la recomposición sindical en curso. Debe sacar las lecciones de su historia reciente por ella misma, no simplemente explicarla por la traición del PC y de la dirección de la COSATU. Es necesaria una evaluación profunda de los fenómenos burocráticos, así como de la relación, autodenominada orgánica, entre partido y sindicato. ¡Atención a las autoproclamaciones “marxistas-leninistas” cuando se dirige a centenares de miles de obreros con poca relación con la historia del comunismo europeo!

Por el momento, la dirección del NUMSA invita a las fuerzas -que podríamos calificar de izquierda radical- a discutir sobre el futuro y la reconstrucción de un movimiento obrero. Lo hace sin sectarismo, incluso si en sus escritos la frontera entre sindicato y partido sigue siendo muy vaga. Por tanto, no llamará a votar por la coalición en el poder y también deja de financiar al PC. Todo el mundo está de acuerdo en decir que el ANC saldrá vencedor, pero esta vez por poco, debido a la gran desilusión y la consiguiente abstención.

Esta ruptura es un acontecimiento de una gran amplitud que se acumula con la masacre de Marikana. Cualquiera que sea su dinámica futura, ilustra anunciado el fin, lamentable y tortuoso, de un partido estalinista.

Traducción del francés por Faustino Eguberri



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