"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

28/11/13

Notas críticas al materialismo de Engels

Friedrich Engels, 1880 ✆ Hulton Archive | Getty Images 
Juan Mora Rubio   |  La obra de Carlos Marx puso en crisis a la filosofía que desde los lejanos tiempos de Parménides de Elea se había desarrollado. Bastó que este filósofo encerrado en la perspectiva del siglo xix meditara sobre los candentes problemas de su tiempo para que la formidable mole de pensamiento, que veinticinco siglos de esfuerzo humano habían construido, se viniera abajo. Marx consiguió una transformación crítica de la filosofía y la liquidación de la metafísica. Contra ésta última logró lo que no habían podido obtener las críticas de los escépticos, ni el frío cálculo de un hombre que con la meticulosidad de Humeemprendió la tarea de desmontar desde sus cimientos la metafísica, ni mucho menos la formidable embestida de Kant en la Crítica de la razón pura. El trabajo de Marx exigió para la filosofía del futuro otros presupuestos y métodos más firmes. La obra de Marx puede, entonces, recusarse o enaltecerse, pero no se puede ignorar porque marca un límite en el devenir filosófico. Esta acentuada importancia del trabajo del pensador alemán tiene, por necesidad, que
mostrar una diferencia específica con el de todos los talentos que lo precedieron, y una condición propia que justifique su labor iconoclasta.

Muchos y muy variados son los elementos que integran su rica obra salpicada de matices. Pero no es precisamente la variedad de los asuntos planteados lo que le otorga tanta importancia a su trabajo, puesto que de todos es sabido que aparte del minucioso estudio del capitalismo de su época, sus meditaciones quedaron como pensamientos dispersos y le ha correspondido a la causa de sus seguidores interpretar, comentar y dar sentido a sus afirmaciones. Su sola expresión, refiriéndose a la filosofía de Hegel, “lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho ponerla de racional“, (1) ha producido comentarios sin fin que han ocupado toneladas de papel impreso. Mas si no es la variedad de lo tratado lo que le otorga importancia a sus escritos se nos ocurre pensar que su grandeza radica en haber tenido en cuenta el surgimiento de la clase obrera, sobre todo haber elaborado su obra a partir de la perspectiva del proletariado trabajador oprimido. Pero por importantes que sean estas consideraciones y muchas otras que nos puedan asaltar, como la rigidez de sus métodos de trabajo, el empleo adecuado de la “dialéctica” “desmistificada”, la clara comprensión de la historia desde una perspectiva científica, el haber dotado a una clase en ascenso de su propia ideología, etc., creemos ver entre muchos otros un elemento decisivo que sirve, a la manera del hilo de Teseo, de instrumento unificador de toda su edificación conceptual: su materialismo. Dicho en otras palabras la obra de Carlos Marx, rica en matices y planteamientos, parte de un núcleo central que hace posible sus descubrimientos, que se inserta en el discurso conceptual como fundamento unificador de toda su obra y que lo separa de toda la filosofía precedente que no había podido ver más allá de las limitaciones de su época; ese elemento, la concepción materialista, es por fuerza el planteamiento central del que debe partir todo análisis de su trabajo. Pero el materialismo de Marx debe ser tomado con las reservas necesarias toda vez que se diferencia de todo el materialismo metafísico precedente, de la concepción materialista de sus contemporáneos, de la de su maestro Feuerbach, y aún de la de su colaborador y amigo Federico Engels.  Es bien sabido que desde la época en que Marx transitaba por la filosofía idealista de Hegel (2) se interesó por el problema del materialismo.(3) En 1845 escribió un borrador de trabajo conocido como las Tesis sobre Feuerbach (4) en que pone de manifiesto su posición materialista y de paso indica sus diferencias respectivas con el viejo materialismo y con el de su maestro Feuerbach.(5) Este escrito puede considerarse como la culminación de su actividad en la “Gaceta Renana” y la coronación de sus trabajos Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel de 1843, y La ideología alemana de 1845-46, en los cuales, Marx, a partir de una crítica política, elaboró su nuevo concepto de materialismo.(6) Lo específico de esta nueva construcción es que si bien se inspira en el materialismo ilustrado del siglo XVIII, (7) supera en mucho a sus fuentes, toda vez que sustrae el concepto de materialismo de la “naturaleza” aislándolo de la metafísica, y lo inserta en el contexto de las ciencias sociales.

Marx, considera al materialismo como una praxis unificadora tanto de un sujeto activo como de un objeto igualmente activo-, que se proyectan y reconocen en la práctica social. Lo importante es concebir “la actividad humana como actividad objetivada” y comprender “la importancia de la actuación ‘revolucionaria’, práctico crítica“. (8) Basta revisar las Tesis, así como los escasos pasajes de su obra en los cuales se refiere a su dialéctica para constatar que su método es el método materialista específico para el estudio de las formas histórico sociales y que en ninguna parte de su obra tiene otra interpretación diferente. (9) Es bien sabido que Marx no colocó simplemente sobre sus pies la dialéctica de Hegel sino que superó en mucho su pensamiento puesto que al darle un fundamento materialista la hizo fecunda para la ciencia de la historia y aun para la filosofía. Por lo demás aplicó el esquema que Hegel empleó para desenvolver su filosofía idealista del Espíritu y desmistificándolo lo utilizó para el estudio de la historia concreta de los hombres. (10) Ese esquema pasó de instrumento de la totalidad del ser, como aparece en la filosofía de Hegel,a cubrir la parcela de la ciencia de la historia. Es decir, pasó de la metafísica a la ciencia humana. La labor de “desmistificación” no consistió simplemente en cercenar bruscamente a la dialéctica de su origen ideal que la convertía en una mera mediación del espíritu, o sea, en “darle la vuelta“, mejor dicho “ponerla de pie“, sino en utilizarla en una realidad concreta, es decir, en el desarrollo verdadero de la historia a partir de categorías científicas extraídas del mismo contexto histórico social. Marx no desperdicia los planteamientos de Hegel, pero cuando los utiliza hace ascender la dialéctica del cielo al reino de la tierra para aplicar tanto el principio del desarrollo dialéctico, el de contradicción y el concepto de superación (aufhebung) a la sociedad verdadera de los hombres. Ya no es el espíritu abstracto que tanto molestaba a Kierkegaard (11) el que se desarrolla, sino es la sociedad que se proyecta a lo largo de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción. “Marx ha representado en su investigación social materialista todo el fundamento natural de los fenómenos históricos y sociales en categorías históricas y sociales, como industria, “economía”, producción material“.(12) 

Ciertamente que Marx parte para su investigación del fundamento natural que es un todo único dentro del cual se encuentra el hombre mismo, pero siempre que utiliza el concepto de “naturaleza”, lo enriquece si se compara con el viejo concepto movilizado por el idealismo o por el materialismo metafísico, puesto que es “naturaleza” pero mediada por el hombre, es decir, humanizada, transformada por el esfuerzo histórico del ser humano a través de la práctica histórico social. Marx nunca contempló el espectáculo del mundo con la precisión naturalista con que lo captaba el ojo avizor de Aristóteles, sino dentro de la penumbra en que lo envolvía la sombra indespejable de la figura humana.(13) “Si bien Marx define la naturaleza —el material de la actividad humana— como aquello que no es subjetivo, que no se disuelve en los modos de apropiación humana, lo que es directamente no idéntico al hombre, no entiende sin embargo esta realidad exterior al hombre en el sentido de un objetivismo inmediato, y por lo tanto de carácter ontológico“.(14) Es claro, entonces, que se insista en que el materialismo de Carlos Marx no pueda considerarse más allá del método del materialismo aplicado a las ciencias sociales, pese a todas las frustraciones propias y ajenas de los que por un momento respiramos la atmósfera enrarecida pero apasionante de la metafísica de Hegel. Recordemos, por lo demás, que Hegel es la culminación de todo aquello que aprendimos en Leibniz, Spinoza y en general en la filosofía de Occidente. Carlos Marx toma conciencia del relevante papel que juega la filosofía de Hegel como punto nodal de la especulación del pasado, pero además, desde su juventud sabe que esta filosofía especulativa está llamada a desaparecer bajo la acción del materialismo humanista.(15)

Friedrich Engels ✆ Estampilla de China, 1960
Es lugar común recordar la vieja y fraternal amistad de Marx y Engels, iniciada desde los años de trabajo del primero en los “Anales franco alemanes” en la ciudad de París en 1844. Ambos publicaron en ese periódico. En el único número que vio la luz aparecieron, entre otros trabajos, En torno a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, fragmento del escrito aparecido póstumamente y que seguramente Marx no creyó conveniente publicar en tanto no llevara a efecto una crítica total del pensamiento de Hegel. Por su parte se publicó el Esbozo de una crítica de la economía política en cuyas páginas Engels hace una serie de “geniales observaciones“, al decir de Marx, que translucen su ruptura con la economía política clásica de Adam Smith y David Ricardo. Los Anales franco alemanes no solamente marcaron el comienzo de una gran amistad sino que pusieron de manifiesto la concordancia de opiniones y conclusiones a que habían llegado estos jóvenes emigrados de Alemania. Sin embargo, los dos convergían por caminos diversos: Carlos Marx venía de la filosofía y estaba acostumbrado a moverse dentro de la más pura abstracción en un ambiente en que la filosofía especulativa mostraba los excesos que habían de perderla definitivamente. No se podía seguir respirando la atmósfera enrarecida del “espíritu” hegeliano o de “la conciencia crítica” de sus discípulos. A Marx le convenía descender de la “embriagada especulación” al conocimiento de la economía política que Engels generosamente le brindaba. Por su parte Engels, autodidacta, que por atender los negocios de su padre no hizo estudios universitarios, tenía un espíritu práctico que buscaba soluciones objetivas a los problemas y que desde Manchester se había hecho a una buena cultura y a los conocimientos de la ciencia económica de su tiempo. Los dos, para abundar, provenían de la dialéctica hegeliana a la que habían de superar prontamente, aunque no a dejar del todo. Cuando en las postrimerías de 1845 y en el invierno de 1846 se reunieron en Bruselas para escribir la Ideología alemana, pero sobre todo para poner en orden sus ideas y ajustar cuentas con la filosofía, todavía escuchaban los acentos del pensamiento de Hegela quien acababan de recorrer en una lectura didáctica. Esta primera lectura les proporcionó el conocimiento necesario no sólo para su ruptura con Hegel, Feuerbach y la economía política clásica, sino que los armó para las grandes batallas que habían de librar al lado de la clase obrera. A partir de este momento las tareas comunes que el ambiente revolucionario del momento les exigía los hizo marchar reunidos sin que sus respectivos pensamientos mostraran fisuras importantes: eran las brillantes épocas de La sagrada familia de 1845,La miseria de la filosofía de 1846, El manifiesto comunista de 1848, escrito el año anterior y de otros trabajos en que junto con la práctica política al servicio de la causa proletaria, elaboraron los principales ingredientes teóricos de una nueva concepción de la historia. Su teoría había de convertirse “en el mayor escándalo” de nuestra época, (16) toda vez que se encarnó en la historia viva de su tiempo, armó al proletariado con su propia conciencia de clase y dejó vislumbrar en el tormentoso horizonte el surgimiento de una nueva sociedad y por consiguiente de una nueva filosofía. Estos trabajos comunes surgidos al calor de la polémica y la lucha robustecieron su instrumental teórico a medida que fueron confirmando sus descubrimientos iniciales. Ellos subvertían el orden de la cultura puesto que “no es la conciencia la que determina la vida, sino es la vida la que determina la conciencia“.(17)

Años más tarde, cuando la lucha revolucionaria decreció y fue necesario replegarse sobre los cuarteles teóricos, la vida misma se encargó de separar a los amigos fraternales y cada uno marchó por la senda de sus propias investigaciones. Carlos Marx, a partir de 1857 se entregó a escribir El Capital, utilizando en parte el método de Hegel, (18) obra monumental para la cual no habían de alcanzarle sus fuerzas físicas; y Federico Engels se dedicó a informarse sobre los últimos descubrimientos de las ciencias naturales, y a escribir sus trabajos de madurez, el Anti-Dühring, la Dialéctica da la naturaleza y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.(19)

Razones de carácter político llevaron a Federico Engels a polemizar con Eugenio Dühring. Las acentuadas desviaciones revisionistas que la Segunda Internacional de Trabajadores desparramaba en los círculos de obreros y en los sectores de la intelectualidad progresista, empujaron a Engels a polemizar contra un autor manifiestamente inferior. Los argumentos de Dühring contra la tesis de la “lucha de clases” y su planteamiento de que la unidad del mundo reside en su ser y no precisamente en su materialidad orillaron a Engels a escribir el Anti-Dühring. Si su labor se hubiera reducido a ponerle los puntos sobre las íes a Dühring en los aspectos puramente políticos o marcadamente tendenciosos en lo tocante a la interpretación del materialismo, la cosa no hubiera rebasado los límites de una pequeña contienda política-filosófica. Pero Engels aprovechó la ocasión para dejar caer de soslayo las conclusiones de sus investigaciones en el terreno de las ciencias naturales. Y de paso, lo que tuvo más profundas consecuencias, rematar sus lucubraciones en una fácil concepción del mundo, que parecía rematar su obra y la de Marx, en la más basta generalización que la filosofía hubiera conocido.

Debemos recordar que Federico Engels una y otra vez insiste en considerar a la materia no como una categoría general abstracta sino a partir de sus determinaciones particulares,(20) es decir en un contexto rigurosamente dialéctico; pero cuando afirma en el Anti-Dühring que la unidad del mundo está en su materialidad, vuelve sin percatarse de ello a una cosmovisión decididamente metafísica como la de todo el pensamiento que lo precede. Por otra parte en su intento de hacer una Magna Ciencia que lograra encontrar las leyes generales válidas en todos los procesos, aprovechando el desarrollo y los resultados a que habían llegado las ciencias particulares de su tiempo, vuelve a mistificar la dialéctica ya que ésta no aparece arrancada de los procesos mismos, como en Marx, sino que es una construcción a priori que se le aplica desde lo alto a las ciencias de la naturaleza. (21)

En repetidas ocasiones Engels habla de que la dialéctica es la manera como se desarrollan la naturaleza, la historia y los procesos del pensamiento humano. Con apego a sus viejas tesis de la época de la Ideología alemana insiste en el carácter dialéctico del mundo.
“Nosotros volvimos a ver en los conceptos de nuestro cerebro, materialísticamente, las imágenes de los objetos reales, en vez de considerar a éstos como imágenes de tal o cual fase del concepto absoluto. Con esto, la dialéctica quedaba reducida a la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto del mundo exterior como el del pensamiento humano: dos series de leyes idénticas en cuanto a la cosa, pero distintas en cuanto a la expresión”… “La dialéctica conceptual se convertía simplemente en el reflejo consciente del movimiento dialéctico del mundo real.” (22)
Anotemos que cuando trata de convertir sus grandes descubrimientos hechos con Marx en sus épocas de juventud, en una concepción del mundo, olvida que la dialéctica no se genera simplemente en el aparato conceptual, sino que, como justamente aparece en Hegel,pertenece a la cosa misma. Esta aberración surge del hecho de que Engels por estos años considera a la naturaleza escindida del hombre y de su historia, y no, como algo que se nos entrega mediado por la praxis social. En la Dialéctica de la naturaleza dice con desenfado:
“La dialéctica llamada objetiva domina toda la naturaleza, y la que se llama dialéctica subjetiva, el pensamiento dialéctico, no es sino el reflejo del movimiento a través de contradicciones que se manifiesta(n) en toda la naturaleza, contradicciones que, en su pugna constante (en la que) acaba(n) siempre desapareciendo lo uno en lo otro que lo contradice o elevándose ambos términos a una forma superior, son precisamente las que condicionan la vida de la naturaleza.” (23)
Aquí, pensamos que vuelve a las posiciones de la vieja y superada teoría del reflejo cuando dice que “no es sino el reflejo del movimiento a través de contradicciones que se manifiestan en toda la naturaleza“. Por lo demás, separa con precisión dos campos —el objetivo y el subjetivo— como elementos antagónicos que no pueden ser enjuiciados sino en unidad dialéctica. Hace cerca de cuarenta años, Lucio Colletti con claridad señaló los inconvenientes que surgían de colocar dos series de procesos que se desarrollan uno frente al otro y de hacer una aplicación mecánica de la dialéctica de la naturaleza. (24)

En Hegel, por ejemplo, no hay un método dialéctico, sino que la realidad, la cosa, los procesos son dialécticos. No importa que todo el conjunto esté mistificado por el substrato espiritual, lo singular es que la dialéctica se proyecta a partir del objeto mismo. Asumir una posición diferente, como en el caso de Engels, representa regresar a los viejos modos de la vieja filosofía, cuando los pensadores, una vez concluido determinado aparato metafísico —y como aparato instrumento simplemente formal—, se lo endosan a la realidad objetiva que desprevenida de las conspiraciones metafísicas sigue su curso indiferente al discurrir de los filósofos. Dicho en otras palabras, es construir una mole dialéctica-metafísica-apriori para luego vestir con ella la realidad, no importa que ésta esté disfrazada con los resultados positivos de las ciencias naturales. La actitud de Engels, al tratar de convertir al “materialismo dialéctico” en una concepción del mundo y en una filosofía resultante de los hallazgos parciales de las ciencias particulares, retrotrae la cuestión a los tiempos anteriores a la filosofía clásica alemana. Es como volver a la armonía preestablecida de Leibniz, desconociendo los esfuerzos sucesivos de la filosofía que desde Kant, pasando por Fichte, Schelling y Hegel, por fin divisa tierra en las Tesis provisionales para la reforma de la filosofia de Feuerbach. Engels, por razones personales del todo respetables, quiso darle, al menos en apariencia, una mayor densidad al materialismo que había descubierto Marx. Sus títulos eran del todo suficientes si se tiene en cuenta la gran participación que tuvo en la labor de Marx y la importancia de sus propios descubrimientos. Pero sus esfuerzos ulteriores, equivocados o no, eran del todo de su propia cosecha y en ningún caso podían comprometer a su compañero de trabajo. No basta el fácil expediente de la mano que le prestó Marx para el capítulo décimo, “De la historia crítica”, en el Anti-Dühring, ni el argumento de que Marx había escuchado la lectura del manuscrito, para atribuirle su paternidad; con los oídos no se procrean los hijos. (25)

Pocas figuras humanas nos topamos tan atrayentes como la de Federico Engels. Culto, dotado de una inteligencia rápida y penetrante, sinceramente comprometido con su pensamiento y su actuación política, supo enaltecer la amistad y ser generoso con sus adversarios. Reconocimiento a sus grandes méritos y a su propia personalidad es escindir su figura de la de Carlos Marx. Desde los ya lejanos años en que transcurrieron sus vidas, algunos espíritus atentos repararon en que sus pensamientos estaban superpuestos. Esta superposición, ciertamente no buscada pero inconscientemente propiciada por la modestia de Engels, ha creado grandes tropiezos para la correcta evolución del pensamiento marxista. Es, por esto, que en nuestro tiempo, se nos ofrece como una labor indispensable,(26) fijar los límites y las aportaciones de cada uno de estos grandes hombres. El lugar donde se quebranta mayormente la verdad histórica y se superponen con arbitrariedad sus pensamientos es, como queda dicho, la filosofía de la naturaleza. En tanto que Marx,solamente se ocupó de ésta como el fundamento mediato para construir la praxis social,Engels vio en la naturaleza, olvidando sus presupuestos iniciales, un elemento indispensable para elaborar una ontología. “Aunque Engels en su obra juvenil Esbozo de una crítica de la economía política reprocha al materialismo del siglo XVIII que éste sólo contrapone “al hombre la naturaleza como absoluto, en lugar del Dios cristiano”, su propia filosofía de la madurez se hace posible de esta crítica. Todas sus afirmaciones respecto de la naturaleza están aisladas de la praxis viviente de los hombres y quedan por ello sometidas a la crítica de las Tesis sobre Feuerbach … Si la concepción materialista de la naturaleza, como dice Engels en el escrito sobre Feuerbach, no es sino “simple comprensión de la naturaleza tal como ésta se da, sin agregado extraño“, esto significa, frente a la posición marxista, una recaída en el realismo ingenuo.(27) Y esta visión de la realidad natural como algo que se nos entrega a la simple comprensión, sin el agregado de la praxis social, conduce a equívocos en la teoría del conocimiento que como un fantasma recorren al materialismo desde hace muchos años. En su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana Engels afirma:
El gran problema cardinal de toda la filosofía, especialmente de la moderna, es el problema de la relación entre el pensar y el ser… problema que, por lo demás, tuvo también grande importancia entre los escolásticos de la Edad Media; el problema de saber qué es lo primero, si el espíritu o la naturaleza, este problema revestía, frente a la Iglesia, la forma agudizada siguiente: ¿el mundo fue creado por Dios, o existió desde toda la eternidad?
Los filósofos se dividían en dos grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban el carácter primario del espíritu frente a la naturaleza, y por tanto admitían, en última instancia, una creación del mundo bajo una u otra forma (y en muchos filósofos, por ejemplo en Hegel, el génesis es bastante más embrollado e inverosímil que en la religión cristiana), formaban en el campo del idealismo. Los otros, los que reputaban la naturaleza como lo primario, figuran en las diversas escuelas del materialismo.(28)

Aquí Engels define al materialismo como un problema de prioridad, es decir, de saber qué es lo primario si la materia o el espíritu. Es una cuestión que se remonta a sus fundamentos ontológicos al establecer prioridades en el terreno del puro ser. Desde este ángulo la cuestión no ofrece mayores dificultades, no obstante que es una definición en extremo genérica pero que sirve en última instancia para caracterizar estas dos grandes tendencias de la filosofía. Sin embargo, Engels, agrega “pero el problema de la relación entre el pensar y el ser encierra, además, otro aspecto, a saber: ¿qué relación guardan nuestros pensamientos acerca del mundo que nos rodea con este mismo mundo?” Y en este asunto, nuestro autor, reconoce que la cognoscibilidad del mundo “es contestada afirmativamente por la gran mayoría de los filósofos“.(29) Solamente unos pocos escépticos y agnósticos (Hume y Kant son ejemplos representativos) han puesto en entredicho total o parcialmente este conocimiento. De tal suerte, que con justicia, Engelscomprende que el conocimiento del mundo no es un problema definitorio para el planteamiento del materialismo o del idealismo. Por igual, filósofos de ambas tendencias han asumido una posición “dogmática” desde los tiempos de Platón. Este último cuestionaba al mundo por imperfecto pero aceptaba su conocimiento por la vía de la razón. Pero más adelante, Engels dice:
Si, a pesar de ello, los neokantianos pretenden remozar en Alemania la concepción de Hume en Inglaterra (donde no había llegado nunca a morir del todo), estos intentos, hoy, que aquellas doctrinas han sido refutadas en la teoría y en la práctica desde hace tiempo, representan científicamente un retroceso, y prácticamente no son más que una manera vergonzante de aceptar el materialismo (el subrayado es nuestro) por debajo de cuerda y renegar de él públicamente. (30)
Esta afirmación, deslizada de paso, deja algunos puntos en la ¿penumbra que han permitido pensar que el solo reconocimiento de la existencia exterior a nuestra conciencia es expediente suficiente para hablar de materialismo. Esta interpretación que ha tenido una amplia resonancia en los problemas del conocimiento en el llamado materialismo dialéctico, se filtra en los trabajos de Lenin, cuando en materialismo y empiriocriticismo, dice: 
“El rasgo fundamental de la filosofía de Kant es la conciliación del materialismo y el idealismo, la transacción entre ambos, la asociación de un sistema de tendencias diversas y contradictorias. Cuando Kant supone que a nuestras representaciones corresponde algo fuera de nosotros, una cierta cosa en sí, Kant es materialista. Cuando declara esta cosa cosa en sí incognoscible, trascendente, situada en el más allá, Kant se manifiesta como idealista.” (31)
Es claro que semejantes afirmaciones han dado lugar a confusiones tan corrientes como aquella que de tarde en tarde solemos escuchar del supuesto materialismo de Hegel. (32)A ningún autor como a Hegel lo sentimos pisando tan cerca del materialismo. Pero es que cuando nos enfrenta con el espíritu lo hace a través de múltiples mediaciones que son la cosa misma. El espíritu nunca se nos revela con independencia de la objtividad sino únicamente a partir de ésta. No es posible hablar de espíritu sin cosa, pero tampoco es lícito siquiera pensar la cosa con prescindencia del espíritu, porque están de tal manera relacionados dialécticamente los dos términos, que la esencia de la cosa es la idea misma. La cosa no es sino la idea realizada. Se obraría con más probidad intelectual si solamente se hablase del “realismo” hegeliano, pero en ningún caso de su materialismo, y es que esta fábula del materialismo de Hegel, tan “aburrida como la de la inmortalidad del alma“, ha llevado a Lenin a hablar “de constituir algo así como una sociedad de amigos materialistas de la dialéctica hegeliana“, (33) o al mismo Engels a exclamar que “el sistema de Hegel ya no representaba por su método y su contenido más que un materialismo que aparecía invertido de una manera idealista”. (34)

De ninguna manera se puede aceptar el mero reconocimiento de la existencia exterior, independiente de la conciencia, como expediente suficiente para determinar una posición materialista. Si así obramos convertimos el materialismo en una torre de Babel y descartamos de hecho la definición genérica sobre el presupuesto de prioridad planteada por el mismo Engels. Por lo demás, se colarían dentro del campo del materialismo los ejércitos de “realistas”, ciertamente aliados de las corrientes materialistas en aspectos epistemológicos, pero que por razón de aceptar un pensamiento, una idea o un Dios como principio supremo a partir del cual ha surgido la materia, son irreductiblemente idealistas. Por grandes que sean sus méritos, que en verdad nadie discute, Aristóteles, Tomás de Aquino y Hegel, para no citar sino casos protuberantes, no dejan de ser compañeros indiscretos en el campamento del materialismo. Los dos últimos siglos de especulación filosófica y en especial la labor de los materialistas en los años que corren, nos dejan ver que es más fácil convivir con Hegel que compartir la amistad de muchos encumbrados materialistas, pero sólo a condición de estar conscientes de sus manías idealistas. Marx pudo rescatar a Hegel, cuando se le trataba como a “perro muerto“, con la higiene previa de desmistificarlo y después de colocarlo sobre sus pies, marchar sin prevención a su lado.

Notas

1. Carlos Marx. El capital. Tomo I. F.C.E. Quinta reimpresión, 1972. México, pág. XXIV.
2 Carta a sus padres del 10 de noviembre de 1837. Franz Mehring. Carlos Marx. Ed. Grijalbo. Barcelona, 1973, pág. 22.
3 Su disertación doctoral, Diferencia entre la filosofía de la naturaleza en Demócrito y en Epicuro (1841) no sólo pone de manifiesto su interés por el materialismo, sino que otorga a la filosofía un fin práctico que destaca con mucha fuerza. Ya Bacon había insistido sobre esta cuestión. Conviene recordarla propósito, la discusión sostenida con Bruno Bauer, ya que este último insistía en la conveniencia de que Marx suprimiera de su manuscrito una cita de Esquilo que le otorgaba a la filosofía fines prácticos y no simplemente especulativos. Desde luego que Marx nunca la suprimió. Ver Diferencia entre la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro. Cid Ediciones, S. A. México.
4 Las Tesis fueron publicadas por primera vez por Engels como apéndice de su trabajoLudwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana en 1888.
5 En 1841 apareció La esencia del cristianismo y en 1842 las Tesis provisionales para la reforma de la Filosofia, trabajos de L. Feuerbach que iniciaron la más profunda y seria critica contra la filosofía de Hegel. en ellas Feuerbach reintroduce en la filosofía el concepto de materialismo ligado al viejo materialismo ilustrado del siglo xviii, que había de dejar una profunda huella en el pensamiento de Marx. Muchos años después, Engels, en su Ludwig Feuerbach recuerda: “Sólo habiendo vivido la fuerza liberada de este libro (se refiere a La esencia del cristianismo) , podemos formarnos una idea de ella. El entusiasmo fue general: de momento, éramos todos feuerbachianos. Con qué entusiasmo saludó Marx la nueva idea y hasta qué punto se dejó influir por ella —pese a todas sus reservas críticas—, puede verse leyendo La sagrada familia” Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofia clasica alemana.Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú, 1941, pág. 18.
6 Es significativo señalar que desde que Marx, en su época idealista, abandonó la universidad de Berlín, mostró una insistente inclinación por los problemas políticos. La sorpresiva destitución de L. Feuerbach de su cátedra y el ambiente represivo del régimen de Federico IV contra la filosofía y los intelectuales en general, desalentaron a Marx a inclinarse por la docencia para más bien afirmarse en el periodismo liberal y combatiente de su época de la “Gaceta renana”. Sus trabajos publicados durante estos años aparte de mostrar una profunda inquietud por la suerte democráticoburguesa de Alemania, dejan entrever que el joven filósofo comienza a visualizar la sombra de la clase obrera, desde cuya perspectiva se irá a elaborar su obra. Basta recordar el editorial 179 de la “Gaceta renana” o el debate sobre la ley acerca del robo de leña en la misma publicación.
7 Ver La sagrada familia,, Ed. Grijalbo, México, 1967, págs. 191 y siguientes.
8 Carlos Marx, Tesis sobre Feuerbach, ediciones en lenguas extranjeras. Moscú, 1941, pág. 50.
9. En muy escasos pasajes de su obra toca Marx este problema. Bien sabido es que las pocas líneas que iba a decir sobre la dialéctica se quedaron sin escribir cuando la muerte lo arrancó de su trabajo. Tan sólo nos quedaron las referencias en los Grundrisse de 1857 y 58 (Ed. Siglo XXI, 1977), el “Postfacio a la segunda edición alemana” de El capital de 1873 (FGE., 1946), y el “Prólogo” a la Contribución a la crítica de la economía política (Fondo de Cultura Popular, México, 1970) de 1857, publicado en enero de 1859. Las demás y más amplias interpretaciones de su materialismo son obra de Federico Engels y de sus epígonos en las cuales nada tuvo que ver Marx.
10 Marx afirma con toda claridad: “Hace cerca de treinta años, en una época en que todavía estaba de moda esa filosofía, tuve ya ocasión de criticar todo lo que había de mistificación en la dialéctica hegeliana. Pero, coinciendo precisamente con los días en que escribía el primer volumen del Capital, esos gruñones, petulantes y mediocres epígonos que hoy ponen cátedra en la Alemania culta, dieron en arremeter contra Hegel al modo como el bueno de Moses Mendelsson arremetía contra Spinoza en tiempo de Lessing: tratándolo como a “perro muerto”. Esto fue lo que me decidió a declararme abiertamente discípulo de aquel gran pensador, y hasta llegué a coquetear de vez en cuando, por ejemplo en el capítulo consagrado a la teoría del valor, con su lenguaje peculiar. El hecho de que la dialéctica sufra en manos de Hegel una mistificación, no obsta para que este filósofo fuese el primero que supo exponer de un modo amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho ponerla de pie, y en seguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional.” Carlos Marx, El capital, F.C.E. México, 1972, págs. XXIII y XXIV.
11. Soren Kierkegaard desde Dinamarca fue de los primeros pensadores en dejar escuchar su indignación contra el carácter abstracto de la filosofía de Hegel. Con pasión combatió su posición enfrentando a la abstracción hegeliana la concreción de la existencia. Véanse, S. Kierkegaard, Diarios, 1845, 552. 12 Véase, Karl Korch, Karl Marx, Editorial Ariel, Barcelona, 1975, págs. 166-J67, en donde afirma: “Por el otro lado, Marx ha representado en su investigación social materialista todo el fundamento natural de los fenómenos históricos y sociales en categorías históricas y sociales, como industria, “economía”, producción material. El fundamento último del que se derivan todos los desarrollos de la teoría materialista de la sociedad no consiste —pese al obvio reconocimiento de la “prioridad” de la naturaleza exterior”— en ningún momento natural extrahistórico y extrasocial, como el clima, la raza, la lucha por la existencia, las fuerzas humanas somáticas y psíquicas, sino en una “naturaleza históricamente modificada ya”, o, por decirlo con más precisión, en los desarrollos histórica y socialmente caracterizados de la produccion material. El filósofo materialista Plejánov, para sostener su opinión contraria, apela, entre otras cosas, a que “ya Hegel — en su Filosofia de la historia, ha observado la importante función del ‘fundamento geográfico de la historia universal’.” Pero precisamente en esta diferencia está el progreso científico del materialismo histórico y social de Marx respecto del idealismo hegeliano y del materialismo feuerbachiano, los cuales, exactamente igual que el materialismo burgués temprano de los siglos xvn y xvni, no conocen la “materia” más que como naturaleza muda, muerta o, a lo sumo, biológicamente animada. Para Hegel, ciertamente, “la naturaleza física interviene también en la historia universal”; Marx concibe la naturaleza desde el principio en categorías sociales. La naturaleza física no interviene directamente en la historia universal, sino mediatamente, como proceso de producción material que desde su origen mismo procede no sólo entre hombre y naturaleza, sino al mismo tiempo también entre hombre y hombre. Para decirlo de otro modo, que entiendan los filósofos: en lugar de la pura naturaleza presupuesta a toda actividad humana natura-maturas económica), en la ciencia rigurosamente social de Marx aparece siempre como “materia” social la naturaleza como producción material mediada y transformada por actividad humana social, y, por lo tanto, también mudable y transformable presentemente y en el futuro (natura-naturata económica”.
13. Conviene recordar el concepto de “pseudo concreción” de Karel Kosik, en Dialectica de lo concreto, Ed. Grijalbo, México, 1967. Libro I “Dialéctica de la totalidad concreta”.
14 Alfred Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx, Siglo XXI, Editores. México, 1976, pág. 23. 15. “La ilustración francesa del siglo XVIII y, concretamente el materialismo francés, no fue solamente una lucha tanto contra las instituciones políticas existentes como contra la religión y la teología imperantes, sino también y en la misma medida una luchaabierta y marcada contra la metafísica del siglo XVII y contra toda la metafísica, especialmente contra la de Descartes, Malebranche, Spinoza y Leibniz. Se oponía la filosofía a la metafísica, como Feuerbach, en su primera salida resuelta contra Hegel, oponía a la embriagada especulación la sobria filosofía. La metafísica del siglo XVIII derrotada por la ilustración francesa y, concretamente, por el materialismo francés del siglo XVIII, alcanzó su victoriosa y pictórica restauración en la filosofía alemana y, especialmente, en la filosofía alemana especulativa del siglo XIX. Después que Hegel la hubo fundido de un modo genial con toda la metafísica anterior y con el idealismo alemán, instaurando un sistema metafísico universal, al ataque contra la teología vino a corresponder de nuevo, como en el siglo XVIII, el ataque contra la metafísica especulativa y contra toda metafísica. Esta sucumbirá ahora para siempre a la acción del materialismo, ahora llevado a su término por la labor misma de la especulación y coincidente con elhumanismo. Carlos Marx. La sagrada familia”, Ed. Grijalvo. México, 1967, págs. 191 y 92.
16 Louis Althusser, La revolución teórica de Marx. Siglo XXI, Editores, 1967.
17 Carlos Marx y Federico Engels. La ideología alemana. Ed. Cid ediciones, S. A., México, pág. 26. También véase la “Introducción” a la Contribución a la crítica de la economía política de 1857 de Carlos Marx en la que afirma: “El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, me sirvió de guía para mis estudios, puede formularse brevemente de este modo: en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina su ser; por el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia. (El subrayado es nuestro). En una fase determinada de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces.
De formas evolutivas de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Entonces se abre una época de revolución social.” Fondo de Cultura Popular. México, 1973, pág. 12.
18 En estos años Marx realiza una relectura de la obra de Hegel o cuando menos de laCiencia de la Logica, y dice: “Para el método de elaboración me ha prestado un gran servicio el haber vuelto a hojear, by mere accident, la Lógica de Hegel —Freiligrath encontró algunos volúmenes de Hegel que pertenecieron originariamente a Bakunin y me los envió de regalo. Cuando vuelva a tener tiempo para tales trabajos, experimentaría gran placer en hacer accesible a la común comprensión de los hombres, en un breve escrito de dos o tres páginas, lo racional que hay en el método descubierto, pero al mismo tiempo mistificado, por Hegel.” Carta de Marx a Engels del 14 de enero de 1858, citada por Alfred Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx, Siglo XXI, editores. México, 1976, pág. 66.
19. Con sobrada razón, Alfred Schmidt, señala esta bifurcación de rumbos que puede ser la clave decisiva para comprender sus respectivos pensamientos. “Hasta las Tesis sobre Feuerbach casi no se puede hablar de una diferencia en los enfoques teóricos de Marx y Engels. Hacia fines de la década de 1850 se separan sin embargo, en parte, los caminos de ambos autores. Los dos se vuelven, aunque de manera muy diversa, hacia la ciencia positiva. Marx concretiza en el gran análisis histórico-económico de El capital el programa de las Tesis elaborado en común con Engels, y con ello también el problema tan esencial para La Ideología alemana, de la relación existente entre naturaleza y praxis social, ya que intenta “mediante la crítica llevar por primera vez a una ciencia, a saber, la economía política, al punto en que se la pueda exponer dialécticamente”. Engels en cambio interpreta con ayuda de categorías dialécticas resultados ya disponibles de la ciencia natural moderna”. Alfred Schmidt. El concepto de naturaleza en Marx. Siglo XXI, editores. México, 1976, pág. 48.
20. Así dice: “Sólo, pues, por vía dialéctica, con constante atención a la interacción general del devenir y el perecer, de las modificaciones progresivas o regresivas, puede conseguirse una exacta exposición del cosmos, de su evolución y de la evolución de la humanidad, así como de la imagen de esa evolución en la cabeza del hombre.” Federico Engels, Anti-Dühring, Ed. Grijalbo. México, 1975, pág. 9.
21. Mientras Marx, con actitud muy hegeliana, hace provenir la ciencia, que se propone exponer dialécticamente sólo de la crítica del estadio alcanzado por ella hasta ese momento, y por lo tanto no separa en ningún punto la dialéctica materialista de los contenidos de la economía política, la dialéctica de la naturaleza de Engels sigue siendo una forma de tratamiento exterior al objeto.” Alfred Schmidth. El concepto de naturaleza en Marx. Siglo XXI. México, 1976, pág. 48.
22. Federico Engels. Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú, 1941, pág. 34.
23. Federico Engels. Dialéctica de la naturaleza. Ed. Grijalbo. México, 1961, pág. 178.
24. “No puede dejar de mencionarse, aún brevemente, el verdadero paralelismo psicofísico al que llega Engels con esa concepción de las “dos series”, de esos procesos que se desarrollan uno frente al otro, el segundo de los cuales es el “espejo” del primera La ingenuidad de su crítica resulta clara si se tiene en cuenta que, precisamente al asumir como “leyes generales del movimiento” las mismas leyes de Hegel (paso de la cantidad a cualidad y viceversa, negación de la negación, etc.), Engels se encuentra en las manos —después de ese mecánico poner sobre sus pies— la misma por todas— precisamente porque Engels no se da cuenta de que el problema no es “aplicar” la dialéctica de Hegel a las cosas (aplicación que Hegel ha sido el primero en hacer), sino ver cómo la materia, las cosas, contribuyen concretamente a estructurar la nueva dialéctica, o sea, cómo se configura esta última cuando ya no es dialéctica de pensamientos puros. Desde ese punto de vista resulta obvio que aquellas leyes generales o genéricas a que Hegel llegó precisamente en virtud de su idealismo, esto es, porque sustituyó la relación razón-materia por “el movimiento del concepto en sí mismo” o por la relación entre puros conceptos, no pueden extenderse también a la nueva dialéctica materialista y científica.” Lucio Colletti. El marxismo y Hegel. Ed. Grijalbo. México, 1977, págs. 149-50.
25 En el “Prólogo de la segunda edición” del Anti-Dühring, Engels afirma: “Quiero hacer observar incidentalmente lo que sigue: como el punto de vista aquí desarrollado ha sido en su máxima parte fundado y desarrollado por Marx,, y en su mínima parte por mí, era obvia entre nosotros que esta exposición mía no podía realizarse sin ponerse en su conocimiento. Le leí el manuscrito entero antes de llevarlo a la imprenta, y el décimo capítulo de la sección sobre economía (“De la historia crítica”) ha sido escrito por Marx; yo no tuve sino que acortarlo un poco, desgraciadamente, por causa de consideraciones externas. La colaboración de Marx se explica porque siempre fue costumbre nuestra ayudarnos recíprocamente en cuestiones científicas especiales.” Anti-Dühring. Ed. Grijalbo, 75. pág. 33.
26 Véase Lucio Colletti, El marxismo y Hegel, Ed. Grijalbo, 1977, pág. 145
27. Alfred Schmidt. El concepto de naturaleza en Marx. Siglo XXI editores. México, 1976, págs. 51 y 52.
28. Federico Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú. 1941, págs. 14-16.
29. F. Engels. Ibíd., pág. 16.
30. lbid.3 pág. 17-18.
31. Lenin, Materialismo y empirocriticismo. Ediciones en lenguas extranjeras. Pekín, 1974. 32 Gomo ejemplo entre muchos otros, podemos citar a un autor desde muchos puntos de vista discutible, Roger Garaudy en El pensamiento de Hegel, Seix Barra!. Barcelona, 1974, págs. 153-54.
33 Lenin, “Sobre el significado del materialismo militante”, Obras escogidas. Editorial Progreso. Moscú, tomo3, pág. 687. 84 Federico Engels. Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú, 1941, pág. 18.
 


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