"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

24/10/13

Las deconstrucciones del trabajo, su nueva morfología y la era de las rebeliones

Ricardo Antunes  |  Desde 2008 entramos en una nueva era de precarización estructural del trabajo en escala global. Los ejemplos son muchos: el desempleo viene alcanzando las más altas tasas de las últimas décadas en EE.UU., Inglaterra, España, Portugal, Italia, Grecia, Francia, Japón ..., siendo la lista interminable, y afecta también a varios países latinoamericanos, para no mencionar la tragedia africana, aunque el epicentro de la crisis se halle en los denominados países avanzados. Hasta el gigante chino, con casi un billón y medio de habitantes y dotado del mayor ejército de fuerza de trabajo excedente en el mundo, ha disminuido sus tasas de crecimiento de 12 a 7%, tal como ocurrió inmediatamente después de 2008, dejando de un solo golpe a millones de trabajadores sin empleo. En la medida en que la crisis se profundiza, tanto más se impone el recetario destructivo del capital financiero con u Fondo Monetario Internacional al frente, más avanza su letalpragmática para el trabajo.

Y cuando la realidad no es la del desempleo directo, avanza de modo voraz la precarización del tra-bajo resultante de la erosión del empleo contratado y reglamentado que fue predominante en el siglo XX  o siglo del automóvil, dominado por el taylorismo y el fordismo, proliferando las diversas formas de trabajo tercerizado, cuarterizado, part time, despro-visto de derechos. Se trata de trabajos disfrazados o
invisibilizados, como aquellos que frecuentemente se denominan “voluntarios”, pero que de hecho terminan siendo obligatorios, toda vez que en la actualidad para conseguir cualquier empleo se hace necesario probar que se realizó trabajo “voluntario”. O, incluso, el trabajo de aprendiz, que de facto sustituye un trabajo efectivo, aunque percibe una subremuneración.

Sólo esas dos modalidades sustituyen a millones de asalariados que, en consecuencia, pierden su empleo. Y, ¿qué decir, entonces, de las “falsas” cooperativas patronales las “copergatos”1 que desmejoran aún más las condiciones de remuneración de los trabajadores, aumentan las formas de explotación y aniquilan sus derechos sociales? Si estos ejemplos no fueran suficientes, existe también el “emprededorismo”, cuya ideología es poderosa: el emprendedor imagina que no es ni patrono ni operario, y termina ocultando la explotación de su propio trabajo, del de sus parientes y del de sus (sub)asalariados.

Una imagen impactante de este tramo inicial del siglo XXI nos la transmite la degradación aún más intensa del trabajo inmigrante a escala global: con un enorme aumento del nuevo proletariado informal, del subproletariado fabril y de servicios, los puestos de
trabajo otrora pretendidos por lo inmigrantes son ahora reducidos e, inclusive, eliminados, o disputados por los trabajadores nativos, con lo que se estimula todavía más la tendencia xenofóbica actual, que sólo encuentra similitud con la barbarie nazifascista. Los Gastar beiter en Alemania, o los lavoro nero en Italia, o los chicanos en EE.UU., o el inmigrante gitano del Este hacia el Oeste europeo, el dekassegui del Japón, o el boliviano (entre otros latinoamericanos) o el africano en Brasil, en Argentina, etc. constituyen la primera fotografía, la más visible manifestación de la precarización del trabajo a escala global

Los ejemplos son abundantes. Caros amigos, en un bello reportaje realizado tiempo atrás, mostró que en Sao Paulo trabajadores inmigrantes (bolivianos, peruanos, etc.) son subempleados por empresas de confección en jornadas que alcanzan hasta 17 horas diarias, configurando una modalidad de trabajo inmigrante rayano con la degradación. En nuestra América Latina, mujeres empleadas en el servicio doméstico llegan todavía a trabajar 90 horas semanales, mientras apenas reciben un día de descanso al mes, según nos recuerda Mike Davis en su Planeta Fabela (Boitempo). En Japón, trabajadores jóvenes migran a las ciudades en busca de trabajo y duermen en cápsulas de vidrio del tamaño de un ataúd, configurando lo que se conoce ya como obreros encapsulados.

Otros, sin techo y sin trabajo, buscan refugio nocturno en los cibercafés de la periferia de Tokio, los cuales rebajan sus precios para recibir a esos contingentes de trabajadores “trasnochadores” que buscan, simultáneamente, conectarse, encontrar algún empleo al día siguiente y descansar en una silla, pues no disponen siquiera de dormitorios.

Una nueva era de rebeliones

El resultado no podría ser otro. La mundialización del capital conlleva la mundialización de las luchas sociales: las explosiones en Francia, en la periferia de París, en 2005, las movilizaciones de millones de trabajadores y estudiantes en 2008, o el afloramiento en marzo de 2011 de luchas de jóvenes precarizado(a)s en Portugal, acompañadas de majestuosas manifestaciones en Lisboa y otros lugares, y las rebeliones del mundo árabe que continúan sucediéndose; los indignados de España, donde los jóvenes entre 18 y 23 años experimentan tasas de desempleo del 46%, y cuya única certeza es la de que, estudiando o no, tendrán, en el mejor de los casos, una pequeña posibilidad de encontrar un trabajo (precario), para no referirnos a la rebelión popular de la polisgriega, que redescubrió la rebelión del coro de la era moderna.

De igual manera, para qué hablar de China, que es hoy en día el país con las más altas tasas de huelga en el mundo: los engranajes del capitalismo de las transnacionales han estado elevando el límite de los niveles de superexplotación de la clase trabajadora del gigante de Oriente que, hasta ayer, no tenía como, por cierto, tanto les gusta a las “corporaciones” siquiera una legislación social protectora del trabajo. En Corea, los trabajadores y los estudiantes rebeldes no cejan, ni la policía, ni los patronos. No se puede olvidar, en este marco, la reciente explosión en Londres, la cual unió la revuelta de los jóvenes con la rebeldía contra los racismos del débil y blanco Reino Británico, Subversiones intelectuales una revuelta que se extendió por toda Inglaterra, obligando al país insular a mostrar su real democracia: realeza patética, parlamento grotesco, truculencia policial, represión estatal, abuso judicial, censura de la información, en fin, todo aquello que es tan parecido a las dictaduras árabes que el “Occidente libre” tanto critica, como si sólo ocurriese en el Oriente Medio.

Es en este contexto que los capitales globales y sus gobiernos están exigiendo una reducción aún más drástica de salarios, el desmonte de la legislación social protectora del trabajo, una “reforma” que reduzca y privatice más todavía la Seguridad Social, ampliando la destrucción de los derechos sociales que fueron arduamente conquistados por la clase trabajadora a lo largo de siglos. Y, en contrapartida, no aceptan aumentar siquiera mínimamente la tributación del capital y de la riqueza como se acaba de observar en la batalla entre demócratas y republicanos en EE.UU., rechazando todo lo que no signifique salvar a través de la utilización de los recursos públicos el lucro sagrado de las bárbaras corporaciones.

El infoproletario: un nuevo proletariado de los servicios...

Así mismo, la precarización y la informalidad son tendencias evidentes en la actualidad en todas las dimensiones del mundo del trabajo. Pero, como el tiempoy el espacioestán en ebullición, esta fase de mundialización del capital evidencia también otra tendencia, especialmente en los núcleos tecnológicamente más desarrollados de la industria y los servicios, caracterizada por la ampliación del trabajo de las tecnologías de la comunicación y la información(TIC), que abarcan desde lo(a)s trabajadore(a)s del softwarehasta aquello(a)s que se afanan en las empresas de call centery telemarketing, los cuales son cada vez más parte integrante del infoproletariado.

Ello(a)s son una variante del nuevo proletariado de servicios, desprovisto de control y de gestión de su trabajo y que, en Brasil, desde el inicio del ciclo de privatizaciones, por el cual pasó el sector de telecomunicaciones en la segunda mitad de la década de los 90, no ha parado de crecer, totalizando en 2011 más de un millón de trabajadore(a)s (70% de cuyo contingente está constituido por mujeres).

A pesar de operar como TIC, las investigaciones más serias realizadas hasta el presente muestran que se trata de una modalidad de trabajo que articula tecnologías del siglo XXI (tecnologías de información y comunicación) en condiciones de trabajo heredadas del siglo XX, combinando estrategias de intensa emulación entre los teleoperadores, a la manera de la flexibilidad toyotizada, con técnicas gerenciales tayloristas de control sobre el trabajo, predominantemente prescrito, las cuales van intensificando la individualización de las relaciones de trabajo y estimulando la competencia entre los trabajadores, entre muchos otros elementos que conforman su actividad. (Ver Infoproletários: a degradação real do trabalho virtual, Antunes & Braga, Boitempo, 2008)

Las “responsabilidades”, las “individualizaciones”, con sus “metas” intangibles y sus “competencias” intensificadas, son causantes directas del estrés en el trabajo, de las dolencias corporales, del desgaste físico y mental, marcas registradas de esa categoría profesional. No es por otro motivo que en los testimonios de los jóvenes que buscan un empleo en el telemarketing se encuentra una constante: inicialmente sueñan con ingresar a este trabajo (para escapar de otros aún peores), pero, poco tiempo después no piensan en otra cosa distinta que en huir, ¡como se huye de una peste! Y su denominación de “socios”, “consultores” o “colaboradores” es una muestra de la desfachatez de la clase que domina el universo empresarial, espacio que Richard Sennet definió como aquel que genera la corrosión del carácter.

El Brasil de la nueva división internacional del trabajo

En Brasil, además de sus particularidades, una mirada a los últimos veinte años no muestra un panorama muy animador. La nueva división internacional del trabajo y del capital va rediseñando un país que se desindustrializa aceleradamente en función de su papel principal de productor de commodities agrícolas y minerales (escenario que en opinión de los especialistas significa una verdadera regresión neocolonial), dado que se consolidó como espacio privilegiado de los negocios internacionales con sus tasas astronómicas de interés para remunerar el capital ficticio.

El gobierno de Lula supo aprovecharse de la crisis mundial más reciente: tomó medidas claras en el sentido de incentivar la recuperación del crecimiento económico por medio de la reducción de impuestos en sectores fundamentales de la economía con una alta incorporación de fuerza de trabajo, como el automovilístico, el electrodoméstico y el de la construcción civil, expandiendo el mercado interno y compensando, así, la contracción del mercado externo receptor de commodities producidos en Brasil. Pero esta acción coyuntural no alteró esencialmente ningún elemento fundante del capitalismo brasilero.

Por un lado, su gobierno remuneró de forma ejemplar las diversas fracciones del capital financiero (industrial, agronegocios y servicios), mientras en el otro polo de nuestra pirámide social (en la que se encuentran los sectores más empobrecidos de la clase trabajadora) implementó una política social asistencialista, conocida como Bolsa-Familia, a la cual se sumó una pequeña valorización del salario mínimo, especialmente si se compara con el vigente durante el gobierno de FHC2.

Como tales medidas no confrontan ninguno de los pilares estructuralesde la miseria y de la inequitativa sociedad brasilera, se da un doble y desigual proceso: al mismo tiempo que se produce una minimización de los niveles de miseria, ocurre también una ampliación significativa de la riqueza. De esta manera, el mundo del trabajo en Brasil sufre directamente las consecuencias de ese movimiento claramente oscilante, cuyas principales tendencias se manifiestan 1.aumentando los niveles de desempleo (como en los gobiernos de FHC y en buena parte del primero de Lulla), o disminuyéndolos, además de la incesante presión para desregular el trabajo y reducir los derechos sociales de los trabajadores;2.ampliando las prácticas flexibles de contratación de fuerza de trabajo, siendo también frecuente tanto la ampliación del empleo formal como de aquel pautado por la informalidad, movimiento que también depende en mucho de la expansión que resulta del crecimiento económico;3.en el incremento de los mecanismos de individualización de las relaciones de trabajo, con el objetivo de fracturar la cohesión y los lazos de solidaridad entre los trabajadores;4. en el agravamiento de los problemas de salud, accidentes y lesiones por esfuerzos repetitivos (LER), de los cuales la producción de pollos o los bancos son un ejemplo típico;5.en la ampliación del ideario empresarial, en cuyo marco los trabajadore(a)s se ven “envueltos” e “incentivados” para convertirse en “socios” o “colaboradores”, procurando con ello desestructurar la solidaridad de clase y debilitar los sindicatos; 6.en la ampliación del trabajo domiciliario y de las llamadas “cooperativas de trabajo”, responsables de la subcontratación, la tercerización y la precarización de la fuerza de trabajo.

La llamada “falta de trabajo cualificado” debe ser vista, entonces, con reserva de inventario: hay varios sectores de la economía, como el aeroespacial, en los que los avances tecnológicos carecen de nuevas modalidades de trabajo, pero existe también una potente ideología de la cualificación(la denominada empleabilidad), que constituye un arma poderosa del capital para inducir en los trabajadores una lógica destructiva, según la cual los asalariados son directamente perjudicados, nunca causantes.

Pero, ¿puede imaginar alguien con un mínimo de información que lograr una cualificación en el mundo de hoy constituya un real antídoto contra el desempleo? Si así fuera, ¿por qué en Europa, en EE.UU. y en Japón, países con tanta gente calificada, no para de crecer el desempleo?

Notas

1. Cooperativas de mano de obra  (N. del T.)
2. Fernando Henrique Cardoso (N. del T)

Ricardo Antunes
Ricardo Antunes es profesor Titular de Sociología en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas en la Universidad Nacional de Campinas (UNICAMP), Brasil. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Infoproletários: Degradação Real do Trabalho Virtual Riqueza (coorganizador, Boitempo), 2008, 15 ª ed., Ed. Cortez, publicado también en Italia, España, Argentina, Colombia y Venezuela, y Os Sentidos do Trabalho, Ed. Boitempo, 10ª reimpresión, publicado también en Argentina, Italia e Inglaterra, el cual será publicado en breve en Portugal por Ed. Almedina. Actualmente coordina las Coleções Mundo do Trabalho, para Boitempo Editorial, y Trabalho e Emancipaçãopara Editora Expressão Popular.


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