"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

8/3/16

Marx y los tres periodismos

Una reconstrucción de la carrera periodística de Marx. Vericuetos, debates y confrontaciones
Karl Marx & Friedrich Engels en la imprenta donde
se editaba la Rheinische Zeitung, Colonia
Museo Marx & Engels, Moscú ✆ E. Chapiro

Alejandro Galliano   |   “La Gaceta Renana a las ideas comunistas en su forma actual no puede concederles ni siquiera realidad teórica y por lo tanto aún menos puede desear o considerar posible y su realización práctica” Ese fragmento fue escrito por Karl Marx, reportero y futuro jefe de redacción de la Gaceta Renana, el 16 de septiembre de 1842. En su frondoso currículum de filósofo, economista, político y modelo de afiches revolucionarios figuran veinte años de trabajo como periodista. En una época de baja alfabetización y de diarios pensados como voceros de un grupo específico, Marx fue un profesional y eficiente operador político, un periodista militante y un prensero mal pagado.

El periodismo fue para Marx la salida de emergencia de una carrera académica frustrada. La Universidad de Berlín comenzó en los ´40s una purga de toda la influencia “antirreligiosa" de Hegel, en el marco del endurecimiento político del recién coronado Federico Guillermo IV de Prusia. El gritón y ateo Bruno Bauer fue enviado a enseñar a Bonn y el propio Marx, discípulo de Bauer, prefirió defender su tesis allí. Para 1841 estaba doctorado y sin trabajo. Por intermedio de Bauer pudo meter un par de artículos en las revistas de Arnold Ruge, otro académico proscripto. Pero su destino periodístico estaba en otro lado.

Köln [Colonia] era y es la ciudad más importante de Renania. Próspera y afrancesada, con su Carnaval y buen vino espumante, esta suerte de Rio de Janeiro alemán era el destino favorito de todos los springbreakers universitarios asfixiados por Berlín, como Marx y otros discípulos de Bauer. La culta burguesía colonesa temía que el autoritarismo de Federico Guillermo afectara sus libertades y decidió financiar un diario que expresara a todas las tendencias progresistas de la región: la Gaceta Renana, fundada en enero del ‘42.

En el periódico convivían periodistas liberales serios junto al grupo de revoltosos de Bauer: su hermano Edgar, pornógrafo, Marx Stirner, un croto que vendía leche en un sulky tirado por perros, Moses Hess, niño bien y comunista y su amigo Friedrich Engels, amante de obreras irlandesas. Los “Libres” de Bauer se dedicaban, por afán o por fe, a provocar: blasfemaban, se emborrachaban y usaban vocabulario comunista en reseñas teatrales. Dos directores habían renunciado a la Gaceta cansados de esa pandilla hegeliana, hasta que fue nombrado Rutenberg, un borrachín amigo del grupo. Marx entró a la redacción en marzo, por intermedio de Bauer, pero la actitud de “Los Libres” lo alarmaba: corrían el riesgo de espantar a los patrocinadores o, peor aún, atraer a la censura, cuando la misión era sostener un diario opositor respetable en la calle.

Ascendido a jefe de redacción, Marx logró neutralizar a “Los Libres” de Bauer y concentrarse en una agenda reformista liberal: era un periodista profesional y un operador político. Editorializaba a favor de reformas y en contra de los conservadores, desde la censura y la ley de divorcio hasta la reforma municipal y la crisis vitivinícola. Gran parte de sus artículos fueron defensas de la prensa libre o polémicas con otros diarios, anticipando una tendencia del periodismo a ocuparse de sí mismo. Defendió la doctrina de los derechos naturales ante los juristas conservadores que afirmaban que las leyes eran resultado de la costumbre y la tradición; y combatió a una ley que penalizaba años campesinos que recolectaban leña en tierras señoriales argumentando eso era una costumbre y una tradición que había que respetar. Ya empezaban las contradicciones del marxismo.

La situación política de la Gaceta  era sumamente frágil: no tenía permiso definitivo de publicación y debía rendir cuentas a un Laurenz Dollenschall, un abnegado censor que había intentado prohibir La Divina Comedia. Pero a pesar de los pedidos expresos del gobierno para clausurar el periódico, los intentos fueron imposibles: siempre aparecía un contacto salvador. Hasta que en enero de 1843 el zar Nicolás pidió a Federico Guillermo que cerrara el diario. El gobierno le dio tres meses para cumplir con los sucriptores, pero Marx renunció antes.

Ese mismo año Ruge, un activo editor y activista demócrata, lo convocó a París para su nuevo proyecto editorial: los Deustsche-französische Jahrbücher, un anuario que combinaría textos de actualidad con ensayos de filosofía política. Marx, recién casado, se mudó al departamento de Ruge y señora en el 25 de la rue Vanneau para “vivir en comunidad”. Al mes, el editor le pidió que se fuera, cansado del desorden y del insomnio de su huésped.

Los Jahrbücher editaron su primer número en febrero del ‘44, con artículos de Engels, Bakunin y Heine. Marx publicó allí el futuro hit “Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel” y “La cuestión judía”, para terminar de marcar distancia con el grupo de Bauer. Pero no consiguieron a ningún colaborador francés y debieron rellenar publicando un intercambio epistolar entre Marx y Ruge, de dudoso interés para la comunidad alemana en París, y menos aún para los franceses. Por su parte en Alemania nunca se pudo leer: las autoridades prusianas requisaron la edición en la frontera y dictaron prisión para Ruge, Marx y Engels.

Sin trabajo y sin poder volver a Renania, Marx logró escribir un par de artículos para Vorwärts! el prestigioso periódico radical parisino financiado por Giacomo Meyerbeer. La primera nota de Marx fue una respuesta crítica a otro artículo de Ruge sobre la represión de los tejedores en Silesia. Su siguiente artículo fue un comentario humorístico sobre un error gramatical del rey Federico Guillermo. La primera columna le costó la amistad de Ruge; la segunda, el cierre de  Vorwärts!  a pedido del propio rey prusiano, junto con la expulsión de Marx de París en febrero de 1845.
Prensa militante
Exiliado, Marx recaló en Bélgica y publicó algunos artículos en la Gaceta Alemana de Bruselas, pero se dedicó fundamentalmente a hacer política. Formó junto a Engels un comité para poner en contacto a todos los grupúsculos revolucionarios de obreros o intelectuales de Alemania, Francia e Inglaterra. Así se formó la Liga de los Comunistas, con sedes en varias capitales europeas. También se dedicaron a rosquear para espantar a posibles competidores del control de la Liga: el grupo de Bauer, Moses Hess (aparentemente Engels se acostó a Sybille, su mujer) y los “socialistas verdaderos” Weitling, Grün y su maestro, Proudhon.

El segundo congreso de la Liga decidió publicar una profesión de fe comunista. Marx interrumpió a sus camaradas: Mejor que sea un Manifiesto- lanzó. El futuro best-seller comunista se dio a conocer en febrero de 1848 y pasó desapercibido: ese mes explotó una revolución en París que detonó una ráfaga revolucionaria en casi toda Europa. En Bélgica la policía arrestó preventivamente a varios miembros de la Liga, entre ellos a Marx. Por suerte el gobierno revolucionario francés los recibió como exiliados, con alojamiento gratuito y una asignación de 50 centavos por día.

En París, Marx planeó el reingreso a Alemania para foguear la revolución. Retornó a la querida Colonia pero se encontró con un paisaje desalentador: la reacción conservadora crecía, los trabajadores estaban desmovilizados y un lunático llamado Herwegh quería armar una suerte de Operativo Retorno con obreros armados, lo que podía desatar una represión sangrienta. Marx se propuso hacer lo que mejor sabía: periodismo. Buscó accionistas, reclutó colaboradores y se suscribió al Times y The Economist para seguir las noticias. Entre tanta ensalada comunista, tenía una cosa clara: que los ingleses no mienten.

El 1 de junio de 1848 salió la Nueva Gaceta Renana, un “órgano de la democracia”, tal era su subtítulo, que reunía plumas de todos los colores del progresismo. Engels, con buen nivel de inglés y francés y mucho millaje, cubrió Internacionales, Lassalle envió artículos, Weerth se encargó del folletín. Tenían corresponsales propios en París, Viena y el Fráncfort, sede del Parlamento revolucionario. El jefe de edición era Marx, quién según Engels “ejercía una dictadura” con dudosa pericia: “No es periodista y nunca lo será. Se enfrasca todo un día sobre una artículo de fondo que a otro le llevaría un par de horas, como si se tratara de un profundo problema filosófico”, además de no dejar de rosquear, como buen periodista militante: denunció cada arresto político, menos el del demócrata Andreas Gottschalk, que no le caía bien.

Con todo, el periódico circuló por toda Alemana y mantuvo una línea demócrata y transversal: a favor de la unificación y el parlamentarismo en Alemania, atentos a la cuestión social, solidario con todas las revoluciones europeas y violentamente anti ruso: Moscú era el imperio a denostar por la izquierda de la época, siempre listo para intervenir en la Mitteleuropa, su patio trasero. A partir de septiembre el Parlamento comenzó a ser avasallado por el rey de Prusia, que no dudaba en echar mano del Ejército. La Nueva Gaceta denunció la tibieza de los parlamentarios y logró tres procesos judiciales, un cierre provisorio y la pérdida de patrocinadores. Marx salvó el bache financiero aportando los 6000 francos que había heredado y sobreexigiendo laboralmente a sus colaboradores en nombre de la militancia. También le dio un giro editorial al periódico: ya que no había logrado la revolución al menos denunciaría a esa realidad adversa. Wilhelm Wolff publicó reportajes sobre la pobreza campesina y Marx la serie de artículos que conocemos como Trabajo asalariado y capital además de pasar a analizar los conflictos europeos en clave de lucha de clases, aunque hubiera que forzar un poco los hechos.

Aun así, la  Nueva Gaceta  hizo todo lo posible para desalentar que los obreros tomaran las armas. Eso era exactamente lo que esperaba el ejército prusiano para reprimir. Pero fue inútil: se levantaron barricadas, la represión arrasó y la Nueva Gaceta perdió media redacción entre presos y exiliados. El 19 de mayo de 1849 salió su último número, en tinta roja. Marx boyó como exiliado entre Francia, Bélgica y Suiza hasta que el reflujo lo depositó en Londres, la ciudad en donde a nadie le importaba quién era. Invirtió sus primeros días en Inglaterra (y los últimos francos de la herencia) en relanzar la Nueva Gaceta, ahora como “Revista Política-Económica”. Salieron 5 números a lo largo de 1850, hasta que Marx se peleó con el editor Schubert y con algo aún más implacable: la realidad. La Era de la Revolución había muerto aunque él no quisiera admitirlo. Años más tarde, Engels compiló algunos artículos de esta última Gaceta bajo el título La Lucha de clases en Francia.
Marx, freelancer
Su vida en Londres fue el correlato de una novela de Dickens: no faltaron ni la pobreza, ni las enfermedades, ni los hijos muertos, ni las humillaciones. Y, sin embargo, fue un período épico: por primera vez, tuvo algo parecido a un trabajo. Escribía artículos de actualidad para diversos diarios del mundo. La necesidad tiene cara de hereje, o en este caso de periodista free lance y Marx, después de haber quebrado con cuatro periódicos, tenía experiencia en el rubro.

Entre 1851 y 1852 escribió una crónica por entregas del ascenso de Napoleón para Die Revolution, el diario de los exiliados alemanes en Nueva York, que conocemos como El 18 de brumario de Luis Bonaparte. A partir de 1852 alternó colaboraciones en el cartista People’s Paper, la Neue Oder Zeitung y el austríaco Die Presse. Pero su más extensa colaboración fue en el New York Tribune, en donde publicó ininterrumpidamente entre 1852 y 1862.

El  Tribune  era un diario de tirada masiva, signo de un país pionero en el mercado de masas, con una edición semanal de 200.000 ejemplares. El jefe de redacción, Charles Dana, era un abolicionista que terminaría trabajando en el departamento de Guerra para el presidente Lincoln. Su editor, Horace Greely, fue uno de los fundadores del Partido Republicano, cuando era una alternativa a las oligarquías políticas de la época, antes de Bush y Trump. Ubicado a la izquierda del espectro político norteamericano, al  Tribune  le interesaba recibir las noticias de Europa y el mundo en la pluma un filósofo alemán tan comprometido en la lucha por la democracia; Marx, por su parte, tenía simpatía por los Estados Unidos, la tierra que había logrado la mayor libertad e igualdad que permitía el capitalismo. Quizás esa simpatía mutua se debía a la distancia: Engels, que viajó a Nueva York en 1880, se encontró con “la gente de aspecto más vil de todo el mundo, todos parecen  croupiers  llegados de Montecarlo”

Marx publicó en el  Tribune  más de 500 artículos, de los cuáles unos 150 fueron sido escritos por Engels. El inglés de Marx era rudimentario y muchas veces debía cubrir temas de los que no tenía la menor idea, de manera que copiaba de otros diarios o inventaba. Periodismo. Muchos de sus artículos continuaban su vocación por repasar las revoluciones y revueltas de toda Europa, en especial la convulsionada España de la época. También siguió los conflictos en China e India, así como la Guerra Civil norteamericana: sin tener mucha simpatía por negros, chinos o indios, Marx lograba denunciar a la vez las intrigas y abusos diplomáticos con el cuadro general de la explotación colonial. Otras notas eran informes sobre problemas sociales con datos duros y cifras oficiales sobre suicidio, criminalidad, locura y otros males, incluso fue uno de los pioneros en denunciar la violencia de género, pertinentemente adjudicada al capitalismo, en su artículo “El encarcelamiento de Lady Bulwer-Lytton” publicado en julio del ‘58. Finalmente, dedicó muchas columnas a anunciar una crisis económica terminal y de paso denunciar las turbias maniobras financieras del Crédit Mobilier francés. La crisis finalmente se produjo en 1957 pero estuvo muy lejos de terminar con el capitalismo, como lo sabemos con el diario del lunes; el Crédit Mobilier, por su parte, casi quiebra y años más tarde fue a hacer de las suyas a Estados Unidos. Marx lo había advertido.

¿Qué aportan estos artículos al pensamiento marxista? Podemos pensar que entre 1857 y 1858, mientras cubría el  crack  financiero para el Tribune, Marx estaba escribiendo los  Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, el primer boceto de lo que sería El Capital. Pero también es cierto que durante esta época Marx publicó en editoras de dudoso prestigio títulos como La vida de Palmerston o La Historia de la Diplomacia Secreta en el siglo XVIII, obras dignas de un híbrido entre John Le Carré y Thomas Pynchon. La cabeza de Marx funcionaba como un Google decimonónico, haciendo circular información de todo tipo, conspiraciones, filosofía, chismes, datos duros y teorías económicas, pero con los filtros bien direccionados en una empresa: cascotear al capitalismo, todo el tiempo, sin parar.

En 1863 Marx recibió una herencia de su viejo amigo y colaborador de la Nueva Gaceta, Wilhelm Wolff, el  Lupus , y pudo renunciar al Tribune. Vendrían los buenos tiempos de la I Internacional, el primer tomo de El Capital (dedicado a Wolff), la fama, la cena con diputados liberales en el Devonshire Club, la vida relativamente próspera en el 41 Maitland Park Road y la pensión anual de 350 libras que Engels le pasó desde 1870 hasta su muerte en el ‘83.

Precisamente por esos años, más precisamente en 1872, Joseph Pullitzer compraba el St. Louis Dispatch, y en 1883 adquirió el New York World. Comenzaba la época del periodismo de masas, del reportero como héroe, de Fritz Gerlich, de Bernstein y Woodward, de Walsh: el siglo XX, ese que Marx no vivió. Hoy el periodismo sufre la deslegitimación del oficio, la quiebra económica de sus espacios, la difícil reformulación de su vocación, de saber qué es ser periodista. Quizás el derrotero de Marx, uno entre tantos, ayude a responder al menos parcialmente esa pregunta.

La obra periodista de Marx puede leerse en castellano en varias compilaciones. Los artículos en la  Gaceta Renana  fueron compilados en su totalidad por Juan Vermal y Luis Atienza en En defensa de la libertad. Los artículos de la Gaceta Renana (1842-1943) editado por Fernando Torres-Editor en 1983. Un grueso de sus artículos de la Nueva Gaceta Renana fue publicado en la edición aniversario de FCE,  Las revoluciones de 1848. Selección de artículos de la Nueva Gaceta Renana, México, 2006. Finalmente, el año pasado apareció Artículos periodísticos editado por la barcelonesa Alba, una selección de sus artículos en el  Tribune  y otros.
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