"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

15/12/15

El Ecosocialismo en el mundo contemporáneo — Entre la Economía y la Ecología

Karl Marx ✆ Uncas 
Guillermo Torres Carral   /   Este artículo se propone encontrar los paralelismos y rupturas entre la economía ecológica y la obra de Karl Marx. De esa manera, se reconoce que la economía ecológica puede ser considerada como una apología del capitalismo actual o bien como una crítica de éste. Así pues, la principal limitación de los economistas ecológicos radica en que no cuestionan la naturaleza del régimen económico y social dominante. Sin embargo, también se destacan los límites históricos y estructurales del pensamiento del autor discutido frente a la realidad contemporánea, al reconocerse la barrera natural con que se encuentra el capital, es decir, la Tierra. La construcción de la economía política ecológica resulta de la síntesis entre la economía ecológica y la recuperación del pensamiento de Marx (y sus contribuciones), en que se entiende que la problemática ambiental no sólo es derivada de un modo de apropiación depredador del hombre sobre la naturaleza sino, sobre todo, debido a la explotación mundial del trabajo por el capital. Y ello es la base del ecosocialismo. Primeramente se expone la crítica de la economía ecológica (y ambiental), destacando su aporte consistente en comprender la economía dentro de la ecología; pero ubicando sus límites por el hecho de que ataca los efectos de la crisis ambiental sin tocar su base estructural, basada en la acumulación de capital; mientras que, por su parte, la economía ambiental percibe a la naturaleza como un agente económico más.

En seguida, se destacan algunos puntos de discusión filosófico-económica de la obra de Marx, destacadamente en su teoría de la relación hombre-naturaleza, en donde el hombre es contemplado como parte de la misma (Marx, 1966), aunque como dueño de aquélla (coincidiendo con Kant, Hegel, etcétera). Posteriormente, se reflexiona sobre la síntesis de ambas posturas teórico-metodológicas mediante la economía política ecológica, ésta como explicación alternativa a partir de las obras económico-filosóficas de Marx, y en el contexto contemporáneo de devastación planetaria y degradación de la especie humana. Finalmente, se resaltan las contribuciones de la crítica de la economía política, tomando en cuenta las condiciones históricas contemporáneas, a fin de entender y coadyuvar a resolver el problema ambiental simultáneamente al social.
Introducción
“Esta ficción surge por entero de la incapacidad para entender la forma específica de la producción burguesa, y esta incapacidad, a su vez, nace de la obsesión de que la producción burguesa es producción como tal, tal como un hombre cree en determinada religión y la ve como la religión, y todo lo que esté fuera de ella son para él nada más que religiones falsas.” (Marx II, 1975: 452).
Parar la destrucción eco-social global implica recuperar voces diversas, encontrar resonancias y disonancias, así como construir nuevas interpretaciones e interpelaciones de la realidad socio ambiental. Todo esto con la finalidad de remontar no sólo los efectos sino, sobre todo, las causas últimas de tal devastación (que se encuentran en la lógica de la acumulación de capital como un fin en sí mismo). Para ello, en este artículo se profundiza alrededor de las interrelaciones ecología-economía, y se enfatiza en la parte positiva de la crítica de la economía política de Marx, para que de esta forma puedan destacarse sus explicaciones teóricas más importantes en conexión con la relación de la economía y la ecología, en el contexto de los cambios civilizatorios; esto implica también comprender y profundizar en el requerido diálogo entre aquéllas disciplinas.

La economía y la ecología han sostenido un diálogo antes soterrado, hoy desembozado, donde ambas se retroalimentan y en el que se condicionan mutuamente. Todo lo cual explica el presente choque (en la teoría y en la práctica) entre ambas, presente en el funcionamiento de la sociedad capitalista; además de que se encuentran subsumidas al capital.

Igualmente, ambas ciencias (que reproducen dos esferas de la realidad histórico- natural) tienen en común el que ponen como centro de su análisis a los flujos de energía [económicos (Hernández, 1985) y ecológicos respectivamente (Costanza et al, 1999) y el ciclo de materiales (especialmente de nutrientes en la ecología y mediante el proceso de reproducción social, en la economía); así como también, los equilibrios y desequilibrios que son fundamentales para entender las lógicas de su funcionamiento (Jiménez, 1993) y sus múltiples imbricaciones que de ellas derivan; y ahora de compatibilidad/incompatibilidad entre “las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica y las de la historia humana”.[1]

Las diferencias entre aquéllas radican en sus distintos objetos de estudio (ecosistemas, explicados por la cadena alimentaria, versus sistemas económicos, regidos por la circularidad producción-circulación-distribución-consumo), que empero son tan parecidos como las palabras economía y ecología que poseen la misma raíz; y parten del hecho de que el estudio la administración de la casa (economía), es distinto a la casa misma (ecología), (Terradas, 1975).

Hay que decir que, sin la mano del hombre, la ecología se reproduce independientemente de él; pero cuando la economía llega a subsumir a la naturaleza (como ocurre en el capitalismo); ésta, sobre todo considerada como micro-natura, depende de la administración humana de la casa.[2]

Como resultado de su imbricación, a consecuencia de la destrucción de la Tierra, que afecta sus objetos de estudio, estas ciencias (natural y social) avanzan, desde una separación real como tales, a su unión; en donde la sociedad debe dirigir los esfuerzos para subsistir, mediante la inserción de la economía a la ecología de manera consciente y consistente. Esto no puede y suele llamarse dominio humano sobre la naturaleza,[3] sino cooperación con ella (Childe, 1972). Por lo tanto, se nutren ambas disciplinas mutuamente ya que la economía expresa el dominio humano y la ecología la preponderancia de los procesos naturales.

De inicio puede afirmarse que la economía como ciencia precede a la ecología (en Haeckel, 1866),[4] es anterior a ella,[5] así como también el concepto de trabajo fue tomado por la física de la economía:
“La teoría mecánica del calor transfiere esta categoría de la economía a la física (…) Sin embargo, tendencia a retransferir el concepto termodinámico del trabajo a ciencias de las que ha sido tomada esta categoría.” (Engels, 1961:267).
Esto significa que, a partir de esta retransferencia, la economía no podría entenderse sin la “economía de la naturaleza”,[6]configurando una economía termodinámica. En ese sentido, la economía real y la ecología siempre han estado unidas en la práctica, aunque no tanto en la teoría.[7] Así pues, la economía política ecológica (o del ambiente) destaca las esferas de intersección entre la dinámica de los ciclos de la naturaleza respecto a los ciclos económicos y viceversa.

Pero además, la economía y la ecología constituyen realmente fuerzas opuestas en la sociedad capitalista,[8] por lo cual sin la intervención humana para remontar tal contraposición y la devastación que se vive, no habría posibilidad de rescate alguno de los ecosistemas porque -en general-: a mayor consumo de energía (mediante mayores inversiones y consumo improductivo) se producen mayores ganancias brutas pero también mayor entropía (Georgescu-Roegen, 1975; Latouche, 2006), bajo la lógica del patrón de desarrollo capitalista que es, en esencia, incompatible con la naturaleza (Torres, 2001).

La economía es parte del ciclo ecológico, pero la ecología se somete al dictado del ciclo económico D-M-D’, que describe la autovalorización del capital, mediante la conversión del dinero en capital. Así entonces, es necesario tomar en consideración la doble subsunción que está presente en este entramado ambiental: a) Como una relación de dominio (que en el fondo es de cooperación) sobre la pequeña naturaleza (ecosistemas) y b) Como subordinación humana a la gran naturaleza (cosmos).

De esta forma, se va tejiendo una inextricable madeja o red de complementariedades (o de incompatibilidades de rechazo) y a la vez de jerarquizaciones, pero siempre desde la doble óptica de la dependencia del hombre a la naturaleza (macro-natura), y del aprovechamiento y/o explotación[9] de ella (micro-natura); ese es el quid del asunto, por lo tanto, no se trata de una simple extensión de la lucha de clases o del conservacionismo ecológico sino más bien de la lucha entre dos paradigmas: la gran bifurcación (Laszlo, 2008), lo que destaca en el momento actual en el que tiende a hacerse más fuerte la lucha eco-social; esto es, a fin de continuar o bien parar el dominio mencionado (lo cual no es una renuncia a la evolución y desarrollo humano).

En este punto básico se plantea la necesaria conexión entre ambas disciplinas, lo cual resulta básico para el entendimiento del mundo moderno (y del no moderno) inmerso en una aguda crisis eclógico-social (transición civilizatoria), en la perspectiva interdisciplinaria y transdisciplinaria. [10]  Entonces puede decirse que, en la ecología, se presenta la unidad entre la teoría de la evolución y las leyes de la termodinámica (Capra, 1998), mientras que la economía convencional puede eludir este hecho; ya que reposa teórica y prácticamente, en la doble explotación que está en su base; ahora maquillada mediante el postmodernismo de la sustentabilidad, la cual sigue siendo inevitablemente una forma del desarrollo capitalista porque coincide con ella en la búsqueda de la perpetuidad(“sostenibilidad”):
“El capital implica, hasta cierto punto, la perpetuidad del valor: si bien las mercancías perecederas le proporcionan sus diversas personificaciones, es sólo con el fin de cambiarse constantemente. Incansablemente se despoja de su forma eterna de dinero para revestir la forma perecedera de mercancía. La eternidad, en efecto, no puede manifestarse sino bajo una forma efímera; ella es lo que pasa a la vez el proceso y la vida. Pero el capital sólo adquiere esa cualidad chupando el alma del trabajo vivo, como un vampiro”.
“La perdurabilidad [11] -duración del valor bajo su forma de capital- sólo se logra a través de la reproducción que es ella misma doble: reproducción del valor, reproducción del dinero, y unidad de estos dos procesos de reproducción” (Marx II, 1970:135).
Hacia una crítica de la economía ecológica
La crítica de fondo a la economía ecológica, radica en que esta representa, en la gran mayoría de sus representantes, una “economía verde” (no roji-verde, O’Connor, 1993); esto es, persigue un cambio del ser humano en relación con la naturaleza (no modificando el carácter capitalista de la sociedad), aunque en un sistema universal de explotación.[12] En general, puede decirse que en aquélla prevalece el tema de la transición hacia las energías renovables (Clive, 2007), lo cual en sí mismo no garantiza ni resuelve nada de fondo; aunque podría hacerlo sólo bajo una propuesta de reestructuración del capitalismo y civilización mundial, y bajo la forma de una globalización positiva (Bauman, 2010); empero, tal solución a la crisis energético-ambiental resulta -bajo el neoliberalismo triunfantes- siempre y primordialmente un negocio más, a fin de generar mayores ganancias y fomentar mayor explotación del trabajo y la Tierra.

Aquí es donde aparece el dominio de la ecología a la economía, pero más como una posición ideológica, ya que las categorías empleadas resultan un refuerzo en la fe en el capital y para no revertir el dominio de la economía sobre la ecología, como en la economía ambiental (Tietenberg, 1980; Pierce y Turner,1990).

Puede mencionarse que en el punto central que es el debate que existe entre la entropía y el proceso económico Georgescu-Roegen, (1975), traslada conceptos de la física la economía y no hay una construcción teórica a partir de la síntesis economía/ecología; al mismo tiempo se emplea el instrumental de la teoría neoclásica. En este caso, la desigualdad social no es algo que tenga que ver con la crisis de energía, que se explica por la entropía.

Por su parte [(Costanza et al. (1999) y Aguilera y Alcántara (1994)], minimizan las causas sociales de la crisis ambiental planetaria y todo pasa por una cuestión técnica, que habrá de resolverse mediante los mecanismos de mercado (en especial bajo el principio del libre mercado). También Mc Donough y Braungart (2002) crean la ilusión de un crade to cradle, mientras que se popularizan los temas de una economía que imita a la naturaleza (Biomimicry), (Benyus, 2002).

En España, Martínez Alier (1992) y Jiménez Herrero (1994) tienen visiones parecidas, donde destaca el activismo del primero. Se ubican como neopopulistas, pero siguen presos de la teoría neoclásica y keynesiana; de la misma economía ambiental.

Adquiere cada vez mayor fuerza en los medios la idea de la llamada economía verde, entendida como la forma concreta de la sustentabilidad, que es ahí a donde se nos quiere llevar desde la perspectiva de la economía ecológica que elude el cambio social y se convierte la ideología empresarial en turno (como antes con el consumismo convencional y derrochador de energía y materiales). Esta se caracteriza por la aplicación de las tres erres.[13] Lo cual evidencia las limitaciones incluso en el plano técnico y económico, puesto que eluden otras dos erres, como son: a) la Renovación de los ecosistemas; y b) Regresar, es decir incorporar los procesos de degradación en dicha economía verde; estos sólo pueden ser emprendidos por el gobierno o grandes empresas, porque se elude en el ciudadano este tema haciéndole creer que todo se resuelve con el reciclaje.

Por oposición a los anteriores, se tiene a investigadores como Paul Burkett (2006), o Foster (2008). Sin embargo, en este caso se acercan más a hacer el rescate de Marx en relación con la ecología; y aunque son muy valiosos en el plano teórico, no van más allá de la idea de sustentabilidad, y suponen que Marx estaría a favor de ese discurso cuando usan algunas partes de su obra para demostrar que ahí ya estaba la sustentabilidad.

Esto es así ya que el discurso ecologista enmarca la explotación capitalista en la era de la globalidad y se piensa que, con la sustentabilidad (término confuso), “débil” o “fuerte”, ésta sería la solución definitiva al dilema de capitalismo y medio ambiente, pero siempre desde la óptica de un destino: el “capitalismo natural” (Gore, 2006) o “sustentable” (Hawken, 2000).
La relación hombre-naturaleza en Marx y Engels
“El dominio de la naturaleza se realiza en la industria a una escala más colosal que en la agricultura, la cual hasta hoy tiene que dejarse mandar por el tiempo atmosférico, en vez de dominarlo” (Engels, 196: 169).
La principal característica (económico-filosófica) de la obra de Marx vista en su conjunto, en cuanto a la relación hombre-naturaleza, radica en la paradoja que representan sus dos posturas epistemológicas fundamentales (aparentemente excluyentes), que están presentes en su obra: el dominio humano sobre la naturaleza (no sólo el control limitado) de una parte, y de la otra, y la sumisión hacia ella, pero el mundo (y el universo) se mueve bajo la égida de dos fuerzas contrapuestas pero complementarias: la lucha y la cooperación.[14] Con ello pareciera que la meta no es la del reino de la libertad[15] sino el desarrollo de las fuerzas productivas materiales en cuanto tales (como si éstas fuesen imparciales). Empero, las fuerzas productivas se centrarían más bien en los aspectos inmateriales[16] como un fin en sí mismo (en donde finalmente se ven unidas). Esta última aseveración se ha malinterpretado. Porque en realidad de lo que se trata es la eliminación del trabajo excedente y la liberación humana del capital, convirtiendo al trabajo de medio de vida en la “primera necesidad vital” (Marx y Engels, 1978:335). Empero, su base es una progresiva cooperación con natura, más que de dominio sobre ella.

Marx considera necesaria la fase capitalista (como preámbulo del comunismo, fase superior del socialismo), pero podría pensarse que minimiza los límites naturales (es decir, el nivel de destrucción alcanzado por el capitalismo) que son evidentes en la realidad actual, puesto que la economía se encuentra subordinada energética y materialmente a los ecosistemas. En cambio su aporte estaría en dirección de la economía política ecológica (es decir, crítica) la cual supone, en pocas palabras, cambiar la relación del dominio doble del capital[17] (histórico-natural).

Sin embargo, esto choca con la, proclamada por el autor, explotación de la naturaleza, ésta como una condición del establecimiento del comunismo, [18] siempre en el entendido de se trataría una “explotación sistemática y organizada de la Tierra” (Marx I, 1974:648) y como equivalente a un verdadero dominio, esto es en nombre de la ciencia,[19] como si ésta en general fuese imparcial; empero, el autor también sostiene que la ciencia se encuentra subsumida al capital

Se afirma que el arribo a una sociedad superior implica el salto del “Reino de la Necesidad” al “Reino de la Libertad” (es decir, al comunismo).[20] Sin embargo, aquí está presente una contradicción, ya que el Reino de Libertad se encuentra dentro del Reino de la Necesidad (“a cada cual según sus necesidades”, el “trabajo necesidad vital”) y finalmente porque hay una identidad entre libertad y necesidad.

Por último, hay que reconocer que la libertad es saber que estamos dentro, no sólo junto de la naturaleza; y que no somos sólo parte de la naturaleza. Además de que la naturaleza no es una fuerza ciega: es la maestra (Schiller).

Pero el dominio de la naturaleza es una tarea que le corresponde al capital choca con ser a la vez parte de la naturaleza (Marx, 1966) de la naturaleza. .Al parecer las dos visiones de la relación con la naturaleza corresponden, aunque no lo dice el autor, a que en una se refiera a la tierra y la otra a los medios de producción, los cuales puede dominar si existen las condiciones sociales para ello.

Por otra parte, en la sociedad en transición, las fuerzas productivas tienen una connotación distinta (Betteleheim, 1979) más allá del capitalismo, ya que no se trata del productivismo sino del tiempo libre. Pero el trabajo necesario no (nunca) desaparece; al contrario, queda claro (Marx I, 1974:440) que lo que desaparece es el trabajo excedente. Entonces ya no habría diferencia entre el trabajo necesario y el tiempo libre; todo ello reduciendo la jornada de trabajo. Pues mientras más libre es el trabajo, menor es el tiempo necesario pero mayor es la productividad e intensidad del trabajo, así como la presencia de las fuerzas naturales, no dominadas, sino actuando en cooperación con el hombre.

Se trata entonces de esas dos visiones de la relación hombre-naturaleza entremezcladas en Marx. En la primera, el hombre destruye a la naturaleza, en la segunda, la domina; lo que dentro de la explicación de Marx y Engels, ello significa cuidándola de acuerdo a sus leyes, y mediante un manejo científico.

Una última cuestión tiene que ver con la paradoja existente entre la humanización de la naturaleza y la naturalización del hombre. La primera, tiende sus límites en la segunda. Esto coincide con el dilema señalado por John D. Bernal (Dyson, 1985): el existente entre la naturaleza orgánica y la artificial.

Finalmente, frente a los límites del antropocentrismo de Marx, y que es una crítica a la propiedad privada, pero también a la social, el punto clave es la relación hombre-Tierra, y en donde de lo que se trata es de legar la tierra mejorada a las siguientes generaciones (rebasando así al Informe Brundtland).[21] 
La Economía Política Ecológica
"Si nos fijamos en las representaciones abstractas e ideológicas de sus portavoces tan pronto se aventuran fuera del campo de su especialidad, advertirnos en seguida los vicios de ese materialismo abstracto de los naturalistas que deja a un lado el proceso histórico” (Marx I, 1971:303).
Ambas, economía y ecología, consideradas como disciplinas separadas y reacias al diálogo, se sostienen en la idea del crecimiento/desarrollo (esto es, capitalista) o de la evolución como un fin absoluto, dejando poco o nulo espacio a la libertad y al pluralismo y en donde siempre se avanza de lo peor a lo mejor (de lo inferior a lo superior a la manera del marxismo soviético); ignorándose el proceso irreversible de extinción masiva de las especies (incluso humana), lo que está ocurriendo en el mundo contemporáneo; considerando el daño ambiental como algo necesario, en aras de “corregir a la naturaleza” (Adabáshev, 1985).

Por ello, la economía política ecológica emerge como expresión del pensamiento alternativo de esa doble crítica, tanto a la interpretación marxista institucional que minimiza la devastación eco-social, como respecto a la economía ambiental y a la ecológica (basadas en principios neoclásicos y/o keynesianos).

Frente a ello, hay que considerar que, en el mainstream donde todo se justifica para alcanzar más crecimiento, el cual, según la curva de Kuznets (Boyce, 2005), logrará parar el daño ambiental, precisamente como resultado de un mayor crecimiento económico.

Así pues, las categorías de ambas ciencias encuentran interconexiones producto de un diálogo espontáneo entre ellas provocado por la “crisis ambiental”. Pero también nuevas expresiones de la síntesis alcanzada, tal es el caso del concepto de valor ambiental.

De esa forma, resulta fundamental conocer cómo, mediante la aplicación de estos procesos en la economía, podremos comprender dos cosas: que la evolución choca continuamente con el desarrollo, y también que la economía está sometida a procesos de degradación del calor (que pasa de caliente a frío) (Guillamaud, 1971), que impiden un crecimiento supuestamente sostenido (y sustentable), el cual se considera la panacea de las economías modernas y fetiche del poder económico y político.

Por su parte, la expresión del conflicto hombre naturaleza, en la teoría y práctica de la economía ambiental, se traduce en tres conceptos básicos: a) la valoración económica ambiental, b) La “internalización de las externalidades” y c) La fijación de los derechos de propiedad;[22] frente a la economía ecológica, centrada en la reducción de la entropía; pero aun en este último caso, se ignora la neguentropía (Guillamaud, 1971), la cual está obstaculizada por la entropía misma, ya que, bajo las reglas actuales, resulta más caro reciclar que depredar, más caro no producir basura que producirla.

Sin embargo, la fuente última de la entropía provocada por el “proceso económico” es la plusvalía misma (y desde luego como expresión del proceso de acumulación de capital; no sólo porque su base es una naturaleza empobrecida, sino porque a mayor trabajo excedente mayor consumo de kilo calorías y de espacio socialmente construido para cumplir con la meta del capital: acumular. Por tanto, neguentropía implica reducir y eliminar los factores que provocan entropía económica: es decir, la plusvalía.

Como corolario: en ambas explicaciones (economía ambiental y ecológica) teóricas todo se resuelve mediante el desarrollo sustentable; la devastación ecológica es simplemente una “falla de mercado”, o del capital individual), la cual habría que corregir principalmente mediante el mercado mismo o con la intervención del estado (tipo Coase, etcétera), (Jiménez, 1993).

Además, hay que tener en cuenta que el gasto humano de trabajo social, al igual que el desgaste natural (el punto de visto analítico lo refiere al bosque como modelo), se expresa en el valor, o sea que, además de todo el trabajo humano y su desgaste es parte del desgaste natural (pero autonomizado por la economía política);[23] y también a la inversa, siempre que se siga con el supuesto de que la historia humana es parte de la natural y no a la inversa

Por lo tanto, el ser humano es pues también una fuerza productiva (natural y social), aunque la base de la productividad social es la productividad natural del trabajo; y la base de esta es la productividad natural de los ecosistemas:
“Cabe pues hablar de una base natural de la plusvalía (…) Esta. No existe ninguna razón para asociar a esta productividad natural del trabajo ideas de carácter místico (…). Empero la productividad real del trabajo de que arranca este régimen como de base, no es precisamente un don de la naturaleza, sino producto de una historia que llena miles de siglos” (Marx I, 1974:428).
Contribuciones de Karl Marx a la Economía Ecológica
“Por tanto la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre” (Marx I, 1974:424).
La teoría del valor-trabajo
La principal modificación de la ley del valor,[24] entendida como la expresión del conjunto de relaciones que establecen los hombres entre como resultado de su trabajo, lo que se traduce en la distribución del producto del mismo a través del mercado, tiene que ver con profundas revoluciones tecnológicas (el no valor) y una mayor calificación del trabajo mediante la educación (“capital humano”, “sociedad del conocimiento”).

Además hay que contemplar la presencia de la renta y precio de monopolio (en sus nuevas modalidades), ya no como excepción sino como regla y con un peso específico mayor que anteriormente. Éstas se basan en la captura de valor proveniente de las esferas que se encuentran por debajo en de media de la productividad mundial del trabajo.

Simultáneamente, se asiste a circunstancias inéditas que modifican y superan los paradigmas económicos hasta hoy conocidos y que se expresa en la escasez relativa de recursos naturales para satisfacer la demanda del capitalismo industrial- tanto de recursos naturales renovables como no renovables. En realidad, se trata de la destrucción de la naturaleza en su integridad (“recursos naturales”). Ésta trae consigo cambios drásticos e irreparables en todos los niveles de la sociedad y sobre todo genera impactos económicos negativos. El principal de tal destrucción se manifiesta en la ley del valor. Ya que tal destrucción modifica cuantitativa y cualitativamente el funcionamiento del trabajo abstracto y concreto. El primero, porque se modifica la productividad del trabajo a causa de este hecho, y el segundo, porque se lleve a la ruina a los diversos ecosistemas terrestres (productividad natural).

De esa forma, cada vez los bienes gratuitos dejan de serlo no como resultado de una ideología mercantil sino como un hecho histórico real; además, los empresarios se niegan a pagar los daños ecológicos realizados porque ello merma su tasa de ganancia; mientras tanto, se extiende la “valoración monetaria de la naturaleza”; como una pretendida solución a las crecientes externalidades negativas (mediante la internalización de los costos económicos).[25] Todo esto visto desde la mirada del individualismo posesivo. Se trata sí de su revaloración junto con el trabajo humano, y como parte también de la consideración de los múltiples valores que tiene la naturaleza que no es sólo el económico (desde el punto de vista convencional, es decir, crematístico).

La ley del valor se traduce entonces en un incremento de la magnitud (no necesariamente de precios) del mismo, (lo que es neutralizado por la práctica del neoliberalismo). Pero lo esencial es que hay una cambio de diferencia cuantitativa en cualitativa; es decir: todos pagan aunque sólo unos sean los causantes del daño ecológico (de ahí la discusión alrededor de la justicia ambiental).

Todo esto expresa el tránsito de un mundo autorregenerable[26] o a otro en el que hay que cubrir un fondo adicional de acumulación, como condición indispensable para todo tipo de desarrollo y de aplicación de estrategias posibles o imaginadas de supervivencia.

Enfoque termodinámico: en su producción el hombre “sólo puede proceder como procede la misma naturaleza, es decir, haciendo que la materia cambie de forma” (Marx I, 1974: 11) Hay que recordar que entropía significa cambio de forma (más que conservación de su energía).

Pero además, “El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de todos los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material ni más ni menos que el trabajo!, que no es más que la manifestación, de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo” (Marx y Engels, 1978:335).
Dualidad valor de uso y valor de cambio
La dualidad (unidad) entre el valor de uso y valor de cambio (valor) que alberga la mercancía va desarrollando sus contradicciones internas y externas, desplegándose en el espacio-tiempo en tanto expresión del trabajo abstracto y el trabajo concreto aplicados.

La unidad e intercambio orgánico entre el hombre y la naturaleza caracterizan al trabajo concreto “El trabajo no es pues, la fuente única y exclusiva de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es como ha dicho William Petty, el padre de la riqueza, y la tierra la madre” (Marx, I, 1974: 10).[27] Y también que, “Como creador de valores de uso, es decir, como trabajo útil, el trabajo es por tanto, condición de vida del hombre, y condición independiente de toda forma de sociedad, una necesidad perenne y natural sin la que no se concebiría el intercambio entre el hombre y la naturaleza ni, por consiguiente, la vida humana“(Marx I, 1974: 10).

Asimismo, el valor de uso es condición indispensable del valor de cambio: “En el tipo de sociedad que nos proponemos estudiar, los valores de uso son además, el soporte material del valor de cambio (Marx, 1974: 4); además de que, “La forma natural de la mercancía, se convierte pues, en forma de valor (Marx, I, 1974: :23). Tales valores de uso constituyen “una materia dispuesta por la naturaleza y adaptada a las necesidades humanas mediante un cambio de forma” (Marx I, 1974:133).[28]

Mientras que en el trabajo abstracto, la unidad se halla en relación a la igualdad de todo tipo de trabajo humano: “Para encontrar la igualdad toto coelo de diversos trabajos, hay que hacer forzosamente abstracción de su desigualdad real, reducirlos al carácter al común a todos ellos como desgaste de fuerza de trabajo humana, como trabajo humano abstracto” (Marx I, 1974ª: 39).

El desenlace se revela en la evolución de la forma simple a la forma dinero del valor (que es expresión de un valor variable y materialización de la riqueza social en la forma natural del oro).[29]

Finalmente, la contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio se expresa en el hecho de que el predominio de la ley del valor y el imperio de las mercancías en el capitalismo, se supera cuando se aclaren las relaciones entre los seres humanos entre sí, superando su fetichización, trascendiendo la economía mercantil capitalista, pasando por sus reminiscencias, presentes en el socialismo para desembocar en el reino de la libertad, esto es, “más allá del reino de la necesidad”.

En esta postura se establece el triunfo final del valor de uso, pero ello no significa que se tenga que recorrer la misma ruta a través de la mercantilización total sino que por el contrario se conserven y amplíen aquellos espacios de reproducción del valor de uso (autoconsumo, economía doméstica, prestaciones sociales, etcétera.[30]

Por su parte, el problema ambiental sólo en parte pasa por el mercado, ya que siempre el proceso de reproducción representa de por sí un valor de uso de una parte; y de la otra, por el hecho de que sin la obtención y extracción de los materiales en bruto y convertidos posteriormente en materias primas (como condición del proceso de producción), no habría mercado capitalista; además de que constituyen aun un inmenso arsenal de reserva natural al servicio del capital, bajo la siguiente dirección:
“Habrá por tanto que explorar toda la naturaleza para descubrir objetos de propiedades y usos nuevos para intercambiar, a escala universal, los productos de todas las latitudes y de todos los países, someter los productos de la naturaleza a tratamientos (artificiales) a fin de darles valor de uso nuevo. Se explorará la tierra en todo sentido, tanto para descubrir nuevos objetos útiles como para dar valor de uso nuevo a los antiguos objetos; se utilizarán éstos de alguna manera como materia prima; se desarrollará al máximo las ciencias de la naturaleza. Se tratará además, de descubrir, de crear y de satisfacer necesidades que se derivan de la sociedad misma.” (Marx I, 1970: 306).
Lo anterior explica con suma claridad temas tan actuales como la bioprospección, la biotecnología y el neo-extractivismo, tan presente en nuestras vidas el día de hoy (Harvey, 2010) y el gran desarrollo de la bioquímica, biología celular, industrias de la telecomunicación, etc. y un sin número de aplicaciones.

Lejos de que el mercado resuelva todos los problemas como varita mágica, en este caso vinculado al tema de la sustentabilidad, su perspectiva más bien es la de agotar los recursos naturales mientras se dé la máxima ganancia (y la fijación de precios de monopolio), al cabo que existe una sustentabilidad débil que lo justifica; y aún en la “sustentabilidad fuerte” o “superfuerte”, en la cual las restricciones ecológicas también son fuente de ganancias sustentables (perpetuas).

Y es que por su propia naturaleza caracteriza por el dominio de las cosas a las personas, no existe ningún tipo de control y redistribución del trabajo social y sus productos, por lo cual es el mercado es una fuerza que controlada por el capital y en busca de la mayor utilidad marginal produce una creciente explotación de la naturaleza y del hombre. De esa manera, nos explica la destrucción de alimentos, materias primas, medicinas, medios de producción y de vida que tienen que desecharse para garantizar la realización de la ganancia mediante el sistema de precios relativos cada vez más controlado por los grandes negocios trasnacionales.
Capital y naturaleza
La conversión del dinero en capital y el origen de la plusvalía permiten entender cómo el proceso de trabajo se subsume al capital. En dicho proceso la naturaleza provee y regala sus dones al hombre, pero aquélla no puede equipararse al concepto de objeto, en el sentido de que éste es dominado por el sujeto (trabajo humano), ya que el proceso de trabajo hay que estudiarlo dentro de la reproducción del ecosistema; puesto que las materias primas son una transformación de las materias en bruto, y la renovación de los cultivos presupone la del suelo, el árbol del bosque, el agua del lago, etcétera. Lo que tiene que ver con la conservación de la biodiversidad.

Posteriormente, el doble carácter del trabajo se manifiesta en el proceso de valorización del capital (donde surgen las categorías de capital constante y variable, junto a la de plusvalía), y mediante la unidad de los ciclos del capital industrial confluyen finalmente en el análisis del proceso de reproducción del capital social (y sus dos sectores: productor de medios de producción y productor de medios de vida), como unidad a su vez del proceso de producción y circulación del capital.

Pero también en este proceso está presente la productividad natural del trabajo: “Cabe pues hablar de una base natural de la plusvalía (…). No existe ninguna razón para asociar a esta productividad natural del trabajo ideas de carácter místico (…). Empero la productividad real del trabajo de que arranca este régimen como de base, no es precisamente un don de la naturaleza, sino producto de una historia que llena miles de siglos” (Marx I, 1974:428), pero también de los ecosistemas en cuanto tales.

Si bien la plusvalía es la naturaleza del capital el capital no es, por naturaleza, naturaleza misma, ni la naturaleza es capital por naturaleza. Entonces el “capital natural” es un contrasentido. Pero ¿cómo se valoriza la naturaleza, no de manera imaginaria,[31]como en la teoría de la renta, sino de manera real?. En sentido convencional, se puede entender como aquel capital invertido en incrementar la biomasa (y no nada más en recuperar la inversión). A través principalmente de sistemas forestales conservados, o artificiales (reforestados), de reordenamiento de agroecosistemas (policultivos, asociación, rotación), de recuperación de sistemas productivos tradicionales, sistemas agro-silvo-pastoriles y agroforestales; pero también de la restructuración urbana hacia la edificación de ciudades “verdes”.

Pero la “plusvalía natural” (generada por un “capital natural”), es una plusvalía en dos sentidos: puede entenderse entonces como el incremento de la biomasa (especies vegetales y animales) pero también del trabajo humano emprendido mediante inversiones realizadas por empresas privadas, públicas y sociales, así como comunidades e individuos. En el caso de las comunidades, sería básicamente a partir del ahorro local.

Un presupuesto es la reposición del desgaste natural, in natura pero también (en su caso) de la inversión del dinero en su ciclo D-D’.

Pero también debe contemplarse el desgaste del trabajo humano empleado:
“Alargando desmedidamente la jornada de trabajo, puedes arrancarme en un solo día una cantidad de energía superior a la que yo alcanzo a reponer en tres. Por este camino, lo que tu ganas en trabajo yo lo pierdo en sustancia energética Una cosa es usar mi fuerza de trabajo y otra muy distinta desfalcarla” (Marx I, 1974: 179).
Este último implica que en el proceso de producción capitalista, que es la unidad entre el proceso de trabajo y de valorización, el obrero entrega más Kcas de las que recibe (productivo o no) mediante su consumo real energético (descontando celulares y otros gadgets, etcétera) necesario para la requerida reproducción de su fuerza de trabajo.

Este punto resulta fundamental para entender que el problema de la venta de a fuerza de trabajo no se limita a la producción y circulación ya que implica la reproducción de la vida del obrero; esto significa que la vida del capital requiere de la muerte gradual del obrero

Cuando se habla de renovación de ecosistemas[32] se supone la renovación de la fuerza de trabajo como un proceso de reproducción histórico-moral, cosa que ignoran la mayoría de los economistas ambientales y ecológicos porque subsumen la naturaleza humana a la general minimizando su autonomía (caso de Arne Naess).

Ahora bien, desde el punto de vista de la plusvalía relativa, es fundamental comprender la importancia de la cooperación. En este punto, puede mencionarse que en el capítulo XI, habría que ampliar el análisis a la cooperación del trabajo con la naturaleza:
“(…) después de implantarse una especie de régimen de participación de beneficios entre capitalistas y obreros “el primer resultado fue conseguir que disminuye repentinamente el derroche de material; los obreros no comprendían por que iban a derrochar lo que era suyo, no velando por ello con el mismo celo que cualquier patrono, y el derroche de material, es con la falta del mercado, la fuente principal de las pérdidas del mercado, la fuente principal de las pérdidas industriales“ (citado por Marx I, 1974:267). Aquí se ve que no sólo es el mercado sino el mercado de trabajo en especial, otro factor a tomar en cuenta cuando aquilatamos las diversas formas en que el capital afecta o no a los ecosistemas terrestre. [33]
Tecnología y naturaleza
En su obra se encuentra una abrumadora presencia de las fuerzas de la naturaleza en el análisis del modo de producción, destacando el tránsito de la subsunción formal a la real.[34] En primer lugar, porque la base de toda productividad del trabajo son dichas fuerzas, las que se convierten en fuerzas al servicio del capital (subsunción de la naturaleza);[35] ello hace que en la subsunción real se tenga la presencia de la aplicación directa de la ciencia en el proceso de producción. Y, en segundo lugar, porque proporcionan la fuerza motriz que ha actuado con el hombre en toda historia.

Además, es necesario recordar que la fuerza humana fue una principal forma de aplicación de energía para satisfacer sus necesidades. El hombre, sujeto, es al mismo tiempo un objeto natural, que a través del trabajo actúa como la naturaleza cambiando de forma:
“En su producción, el hombre sólo puede proceder como procede la misma naturaleza, es decir, haciendo que la materia cambie de forma. Más aún. En este trabajo de conformación, el hombre se apoya constantemente en las fuerzas naturales”   (Marx I, 1974:10).
Resulta esencial, para las condiciones que vive el mundo a raíz de la crisis climática y los estragos del neoliberalismo que fomenta la depredación sin límites, el caso estudiado que se convierte en regla expresada en la crisis mundial humanitaria y en los impactos planetarios, consistente en la relación entre la bondad o no de las condiciones naturales de trabajo con el desarrollo del régimen capitalista de producción. De esa forma, el mal tiempo extremo influye en el incremento del valor del producto agrícola, lo que genera una prolongación de la jornada de trabajo para mantener la tasa de explotación. Ello también significa un descenso de la productividad del trabajo en que se traduce el descenso de la productividad natural (hoy se diría del ecosistema), (Marx I, 1974:444).

Este punto es importante porque toca el tema central que nos ocupa, que es la conexión capital-naturaleza; lo cual es fundamental para el análisis del cambio climático y su influencia en el aumento explosivo de los precios de alimentos, dado con la llegada del final de la otrora superabundancia, como ocurrió hasta antes de 2007-2008 (asociados a precios elevados del petróleo, y ya en el 2015 a la baja de los mismos) que implica más que una mayor demanda, una subproducción; antes con precio del petróleo alto, ahora con uno bajo.

No podría dejarse de lado cómo intervienen los recursos naturales (abundantes o escasos) en el desarrollo capitalista, y en donde se explica que la dotación de condiciones naturales no es suficiente para alcanzar tal desarrollo, ya que su transformación es lo que importa, como se atestigua en la historia económica. En ese sentido, se anticipa la teoría de “la maldición de los recursos naturales no renovables”:
“No puedo imaginarme tampoco que haya peor maldición para un pueblo que vivir sobre una zona de tierra en la que la producción de medios de subsistencia y de alimentos se realice en gran parte de un modo espontáneo y el clima exija admita pocos cuidados en lo tocante a vestido y techo… claro que también puede darse el caso contrario” (en Marx I, 1974: 430).[36]
Acumulación de capital y la Economía Ecológica
Una misma composición orgánica puede tener una mayor o menor proporción de desembolso de un capital adicional para cubrir el desgaste natural (provocado por las actividades humanas, productivas y domésticas); tomando en cuenta simultáneamente la relación entre el consumo individual y la reposición del recurso natural empleado.

En las dos fases: de auge y crisis en el ciclo económico, la tendencia en la explotación de los recursos naturales se expresaría como sigue: en la fase de auge el consumo de tales recursos naturales es mayor en sí en términos relativos y absolutos. En la crisis aumenta en términos absolutos pero no en relativos, porque aparte de que no se cubre el desgaste del capital constante fijo, tampoco se agrega el de la naturaleza. Por ejemplo, en auge sube aún más el precio de la energía y baja relativamente en la crisis (como en la actualidad).

La curva ambiental de Kuznets (una U invertida),[37] dice lo contrario: que a mayor crecimiento económico menos desechos y mayor bienestar (Piketty, 2014). Esto se explica por el hecho de que efectivamente hay una reducción relativa pero no absoluta en la explotación de los mismos, y sólo en ciertas esferas. Así que la regla es más bien que: a mayor desigualdad social, mayor degradación ecológica, a consecuencia de una mayor acumulación de capital; esto es independiente de las fases de expansión o de crisis.

Y ocurre igual que en el caso de la subida de los salarios, la cual frena la acumulación de capital, ya que a mayor gasto verde menores ganancias, hasta el punto en que se tendría que dar marcha atrás en los esfuerzos encaminados hacia una “economía verde” y con “rostro humano”.

Hay que mencionar además que, obviamente, no es la sobrepoblación de por sí la causa fundamental de la destrucción ambiental sino el afán por alcanzar el lucro desmedido que lleva a un mayor consumo de energía y materiales, y en consecuencia, más desechos y más destrucción de las fuentes de los recursos naturales y de los sumideros de carbono.

Lo anterior se traduce en salarios bajos, y en consecuencia, un aumento de la sobrepoblación que a su vez estimulan la acumulación de capital, la que fortalece a esta última, debido a la ley de incremento del capital constante en relación al variable, el cual disminuye relativamente es decir aumenta simultáneamente el número de obreros empleados.[38]
Gastos de circulación
En el proceso de circulación del capital individual (y social), las pérdidas por desastres naturales y el cambio climático; la, devastación ambiental como contaminación de ríos, se pagan como un pago adicional (esta sería en el lenguaje neoclásico, una externalidad negativa) que no le genera plusvalía al capital, pero que mientras más reducido sea, menos gastos de circulación genera y por lo tanto menos impacto negativo le provoca al capital.[39]
La rotación del capital
La rotación del capital (unidad de la producción-circulación): choca con los procesos naturales que se encuentran ya al servicio de la acumulación capitalista; los cuales tienen su ciclo de reproducción natural independientemente de las necesidades del capital. Esto tiene que ver con la diferencia entre el periodo de trabajo y el tiempo de producción.[40]
“El largo período de producción (que incluye un tiempo relativamente corto de trabajo), y por tanto la larga duración de sus periodos de rotación, hace de los cultivos forestales una base de inversión poco favorable para una empresa privada y, por consiguiente, capitalista, la cual no perderá ese carácter aunque en vez del capitalista individual, la regente una sociedad capitalista. En general, el desarrollo de la cultura y de la industria se ha traducido siempre en la tendencia celosa a destruir los bosques y todo lo que se ha intentado de la producción de la riqueza forestal representa un factor verdaderamente insignificante al lado de aquella tendencia” (Marx II, 1971:217).
Reciclaje y Tasa de Ganancia
Un punto fundamental es el análisis pionero sobre el manejo de desechos de un lado, y las otras formas cómo se economizan el capital constante del otro, reducen relativamente el capital constante y aumentan la tasa de ganancia y a la inversa.

Pueden considerarse tres momentos en este proceso, desde el punto de vista de la generación y aprovechamiento de los desechos: en el primero, en el que al aumentar los desechos aumenta la tasa de ganancia; en el segundo, cuando ésta disminuye al acumularse los desechos y los gastos de conservación de los mismos; y en el tercero, finalmente la tasa de ganancia aumenta al reducirse los desechos y dárseles un mayor aprovechamiento. [41] Este sería el caso típico del desarrollo “sustentable”, que como se puede observar, sólo sería posible si es mayor la tasa de ganancia.

Como se ve el reciclaje tiene una función económica, no necesariamente ecológica, lo que se encubre en el ecologismo.

Por otro lado, puede decirse que solo se ve el aspecto positivo en la ganancia, pero no se habla (desde luego) de los desechos no reciclables.

Lo que economiza el capital constante, aumenta la tasa de ganancia y el capital invertido la general, a diferencias de los gastos ambientales que funcionan como gastos de circulación, los cuales reducen la tasa de ganancia, pues representan pérdidas.
Tendencia descendente de la Tasa de Ganancia
Si bien la caída de la tasa de ganancia se debe a límites sociales (la propiedad capitalista de los medios de producción y el incremento de la productividad como una forma de aumentar la explotación del trabajo expresada en la cuota de plusvalía), también tiene límites naturales, ya que la tasa de ganancia cae porque, a mayor acumulación (además del crecimiento del capital constante por encima del variable), mayor devastación de la naturaleza, que a su vez aumenta costos y escasez de los bienes naturales. Es la doble contradicción de James O’ Connor (1992).

En relación al conflicto entre expansión de la producción, aumento del plustrabajo y la reducción de la fuerza de trabajo que se emplea:[42]“El verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital” (Marx 6, 1985: 174). Empero, como se puede constatar frente a la catástrofe mundial que nos amenaza, su límite es también, la Tierra.
Renta de la tierra
La parte central en la teoría de la renta de la tierra, es que quienes poseen el monopolio de los recursos naturales, obtienen un falso valor social (en la renta diferencial, que supone diferencias de fertilidad natural del suelo (o de productividad del capital), de un lado; y del otro, un valor imaginario (renta absoluta). La eliminación del monopolio no elimina las bases naturales y las diferencias en la calidad de las tierras, pero reduce el precio de los alimentos. Una clase social se beneficia sin hacer nada (como los empresarios) más que el permiso por el uso de los recursos naturales (que no tienen valor pero si precio) que posee. La tendencia al rentismo y parasitismo es una realidad cada vez más fuerte (Piketty, 2014).

Adicionalmente se explican las ventajas de la agricultura (Marx 8, 1985:993) coincidiendo con Podolinsky (Marx y Engels, 1975b:), en el sentido de que esta actividad es la única que fija calor solar;[43] las demás dependen de este proceso fotosintético (que es independiente del hombre.

Por su parte la renta urbana es clave para entender cuál es el sentido que cobra en la expansión de las megalópolis.

Eliminar el doble monopolio burgués-terrateniente posibilita llegar a una tierra mejorada como sustento de la supervivencia humana; es decir, “legar la tierra mejorada a las siguientes generaciones.”
Conclusiones
En síntesis, estos serían los aportes de Marx para la construcción de una economía política del ambiente, los cuales son necesarios considerar para emprender la crítica de la economía ecológica:

En primer lugar, la destrucción de la naturaleza se expresa en la ley del valor –y en el valor mismo- mediante la reducción de la productividad natural de los ecosistemas y, por lo tanto, la capacidad productiva del trabajo; esa destrucción del valor de uso encarece los costos de producción, como expresión del aumento de la magnitud de valor (aunque se envuelva a través de la manipulación monopólica del precio de los alimentos y materias primas, especialmente; por lo que a pesar de ello, los precios pueden bajar (impulsados por la acumulación de inventarios, no por el aumento de la productividad del trabajo). Sin embargo, el incremento del valor puede ser compensado con el cambio tecnológico (que funciona en el fondo gratis para el capital). De cualquier manera, ese daño ecológico se cubre de manera insignificante, debido a la corrupción y a las tendencias depredadoras del capital (mega empresarial).

En segundo lugar, se modifica la base natural de la plusvalía al tiempo que, a mayor explotación del trabajo, mayor entropía; en particular, emisiones de gases de efecto invernadero. Lo más destacado en este punto es el incremento de la jornada real y total del trabajo, lo que permite una mayor tasa de explotación, a pesar de la reducción de la productividad real del trabajo. Esto se traduce en una explotación desmedida del trabajador que implica un desbalance energético, que se agudiza mediante la extracción de mayor trabajo excedente. Pero también provoca el desbalance en el intercambio orgánico donde el hombre toma pero no aporta energía real al suelo.

En tercer lugar, el cambio tecnológico depende de la fuerza motriz brindada por la naturaleza, y a su vez de suincorporación a través de la ciencia al proceso productivo. (Imitación de los procesos naturales (Benyus, 2002). La fuerza productiva más alta es la naturaleza; de ahí las ventajas de la agricultura sobre la industria.

En cuarto lugar, Marx pone énfasis en que no es la cantidad de recursos naturales lo que enriquece a un país, sino su transformación. Lo que hoy reaparece como como la teoría de moda (“La maldición de los recursos naturales”) Esto resulta una lección bajo al denominado neo-extractivismo, presente en América Latina y México destacadamente, La mayor cantidad de recursos naturales disponibles aumenta la plusvalía (absoluta y relativa) y la acumulación de capital, directa e indirectamente; pero lo mismo podría lograrse mediante un incremento del capital natural. El capital le roba a la naturaleza destacadamente para aumentar el fondo de acumulación, ya que finalmente el capital choca con la naturaleza. El capital ve al mundo un gran pastel sólo para él.

En quinto lugar, un tema central es el análisis de la relación entre la cuota de ganancia y el y reciclaje que, en el capitalismo[44] tiene que ver con el aumento de la primera. Esto se traduce en que los costos ambientales pueden aumentar o bien reducir la tasa de ganancia. De cualquier manera, el aprovechamiento de los desechos tienen un doble impacto: en la economía y en la ecología. En conexión a lo anterior, también se destaca la importancia de la economía de la energía y el sistema de construcciones (para aumentar la tasa de ganancia), anticipadamente a la economía ambiental y ecológica.

En sexto lugar, centro de su atención es el destacar los efectos perversos del mercado, que por su propia naturaleza es destructor de todo tipo de recursos naturales (y humanos); dilapidador en especial de las materias brutas.

En séptimo lugar, puede decirse que pese a que la naturaleza es gratuita, se deprende que, pagar por el uso de ella, acelera la caída tendencial de la tasa de ganancia. Esta tendencia descendente se contrarresta con el “manejo sustentable”.

En octavo lugar, no obstante, la paradoja central radica en que dependiendo la producción de los productos de la tierra, destruye a ésta y al trabajo humano, fuentes de la riqueza material. Ya que está presente la contraposición entre el capital y la naturaleza y el choque del ciclo natural y económico, como resultado de la reproducción del capital y el requerido aceleramiento de su rotación. No se trata entonces de externalidades sino del aumento de la tasa de ganancia, debido a la depredación capitalista.

En noveno lugar, de ahí que la clave para superar este estado de cosas se encuentra en el “legar la tierra mejorada a las siguientes generaciones”, anticipándose al Informe Brundtland (de ello da cuenta su teoría de la renta del suelo.

En décimo lugar, además se refutaría a los economistas ambientales cuando buscan ponerle un valor a la naturaleza cuando explica el precio de la tierra como capitalización de la renta (o un capital imaginario incrementado de acuerdo a la tasa de interés), lo cual explica el precio de los recursos naturales, más allá del estado de la oferta y la demanda.

Por último, la economía ecológica, como continuación y a la vez superación de la economía ambiental, se hermana con ésta en sus principales postulados, tales como las externalidades (y su “internalización”), la valoración monetaria de la naturaleza, el desarrollo sustentable, los derechos de propiedad privada, principalmente; y coinciden en analizar el problema ambiental desde la óptica de las teorías creadas para mejorar los negocios, ahora “verdes”; rechazando casi todo lo que venga de los críticos del capitalismo.[45] En cambio su práctica es bien distinta ya que la primera es más institucional mientras que la segunda es más crítica.

No se trata nada más de aplicar impuestos a los ricos, o de un mayor gasto e inversión social, que distribuyan el ingreso nacional (Piketty, 2014:203) sino de un verdadero control social del capital, de tal manera que la eliminación de la ganancia (Zapata, 1990) pueda hacer que las inversiones realizadas sean reguladas y vigiladas socialmente y, por lo pronto, sin necesariamente tocar la propiedad privada [a excepción de los monopolios], pero sometida a la administración social, no sólo estatal desde luego. Esto significa que la eliminación del salario significaría avanzar hacia formas de copropiedad y coproducción con la naturaleza.

La solución tiene que ver con la contradicción entre la propiedad privada y la producción social (necesidades sociales); en pocas palabras, ambas se vuelven incompatibles entre sí;[46] de ahí la necesaria compatibilidad entre la propiedad privada con la social, y desde luego con la naturaleza.

Finalmente, Marx hace críticas radicales al capitalismo, pero de ahí también se desprenden elementos prácticos para entender el tránsito de la economía ecológica a la economía política eco-ambiental. Empero, su base es la eliminación del trabajo excedente (y reducción de la jornada de trabajo) en la perspectiva de largo plazo
Notas
[1] Expresión de Engels, en el “Discurso sobre la muerte de Marx” (Marx y Engels, 1978: 36). Y además, “(…) en el movimiento de la más alta floración de la materia orgánica, que es el espíritu del hombre, rige la ley inversa que la materia orgánica.” 1961: 164).
[2] “Hasta ahora, tanto las ciencias naturales como la filosofía han desdeñado completamente la influencia que la actividad que la actividad del hombre ejerce sobre su pensamiento y conocen solamente, de una parte, la naturaleza y de la otra el pensamiento. Pero el fundamento más esencial y más próximo del pensamiento humano es, precisamente la transformación de la naturaleza por el hombre, y no la naturaleza por sí sola, la naturaleza en cuanto tal, y la inteligencia humana ha ido creciendo en la misma proporción en que el hombre iba aprendiendo a transformar la naturaleza. La concepción naturalista de la historia, sostenida en mayor o menor medida, por Draper y otros naturalistas, y según la cual es la naturaleza la que influye exclusivamente sobre el hombre, son las condiciones naturales las que condicionan siempre y en todas partes el desarrollo histórico de éste, es, por consiguiente, una concepción unilateral, en la que se olvida que el hombre actúa también, a su vez, de rechazo, sobre la naturaleza, la transforma y se crea nuevas condiciones de existencia. Muy poco, poquísimo, es lo que queda en pie de la “naturaleza” de Alemania en los tiempos de la inmigración de los germanos. Todo en ella ha cambiado hasta lo indecible, la superficie del suelo, el clima, la vegetación, la fauna y los hombres mismos, y todos estos cambios se han producido por obra de la actividad humana, siendo, en cambio, incalculablemente pequeños, insignificantes, los que durante estos siglos se han manifestado en la naturaleza de Alemania sin la intervención del hombre.” (Engels, 1961: 196).
[3] “El dominio de la naturaleza se realiza en la industria a una escala más colosal que en la agricultura, la cual hasta hoy tiene que dejarse mandar por el tiempo atmosférico, en vez de dominarlo, (Engels, 1968: 169.)
[4] James Anderson, antes que Ernst Haeckel, habla de la “economía de la naturaleza”: “Donde quiera que aumente la población el producto del país debe aumentar con ella, salvo que se permita que cierta influencia moral perturbe la economía de la naturaleza” (Anderson, en Marx II, 1974:122)
(Marx II, 1974:122)
[5] “Toda la teoría darvinista de la lucha por la existencia, es pura y simplemente, la teoría del bellum omnium contra omnes (guerra de todos contra todos) de Hobbes, la teoría de los economistas burgueses sobre la competencia y la teoría maltusiana de la población llevadas de la sociedad a la naturaleza viva” (Engels, 1961: 265).
[6]“Su gran mérito (de los fisiócratas) consistió en que (las formas de producción burguesa las concibió como formas fisiológicas de la sociedad: como formas que surgen de la necesidad natural de la producción misma, con independencia de la voluntad y la política de nadie” (Marx I, 1974:38).
[7]Destaca el significado que le daba Keynes (1966) a éstos temas, totalmente supeditados al aumento de la demanda efectiva.
[8] No obstante que la naturaleza aumenta las ganancias, ello mismo conduce a su depredación y extinción: “La primera exigencia de la máquina de vapor y la necesidad principal de la máquina de vapor y la necesidad principal de casi todas las ramas de la gran industria es contar con un agua relativamente limpia. Pero la ciudad industrial convierte todas las ramas en un hediondo líquido.” (Engels, 1968: 293).
[9] Engels distingue dominio de explotación de la naturaleza (Engels, 1968:169).
[10] Para Roberto Follari (1999) y Leff (2000) la interdisciplina no es superada por la transdisciplina. Por su parte, la metadisciplina incluye a los saberes tradicionales al aporte de la ciencia institucional.
[11] “Dêveloppement durable” es como se traduce el desarrollo sustentable en francés.
[12] “Así pues, la producción basada en el capital crea de una parte la industria universal, es decir, el plustrabajo al mismo tiempo que el trabajo creador de valores; y, de otra parte, un sistema de explotación general de las propiedades de la naturaleza y del hombre. Este sistema descansa en el principio de utilidad general: utiliza en su beneficio tanto la ciencia como todas las cualidades físicas y espirituales” (Marx I, 1970: 306).
[13] Reducir, Reutilizar y Reciclar.
[14] “Strugle for life [Lucha por la vida). Hasta Darwin, los partidarios modernos de esta teoría insistían precisamente en la cooperación armónica que reinaba en la naturaleza orgánica, en como el reino vegetal suministra a los animales alimento y oxígeno, mientras que éstos aportan a las plantas abono, amoníaco y acido carbónico. Pero, tan pronto como se reconoció la teoría de Darwin, los mismos que antes hablaban de armonía no veían en todas partes más que lucha. Ambas concepciones tienen su razón de ser dentro de estrechos límites, pero ambas son también igualmente unilaterales y limitadas” (Engels, 1961: 265). Dos fuerzas opuestas pueden neutralizarse y provocar el silencio; de lo contrario la polarización lleva a los extremos, con todas sus consecuencias.
[15] “Es el salto del reino de la necesidad al reino de la libertad” (Engels, 1968:280).
[16] “Hubo de pasar tiempo y acumularse experiencia antes de que el obrero supiese distinguir la maquinaria de su empleo capitalista, acostumbrándose por tanto a desviar sus ataques de los medios materiales de producción para dirigirlos contra su forma social de explotación” (Marx I, 1974:355); pero depende de qué máquinas estamos hablando (para la reproducción o para la destrucción).
[17] Por ejemplo O’Connor (1993).
[18] “El cerco de las condiciones de existencia que hasta ahora dominó a los hombres cae ahora bajo el dominio y el control de éstos, los cuales se hacen por primera vez conscientes y reales dueños de la naturaleza, porque y en la medida en que se hacen dueños de su propia asociación” (Engels, 1968: 196).
[19] “Así pues, la producción basada en el capital crea de una parte la industria universal, es decir, el plustrabajo al mismo tiempo que el trabajo creador de valores: y, de otra parte, un sistema de explotación general de las propiedades de la naturaleza y del hombre. Este sistema descansa en el principio de utilidad general: utiliza en su beneficio tanto la ciencia como todas las cualidades físicas y espirituales.” (Marx I, 1970: 306).
[20] “De hecho, el reino de la libertad sólo comienza allí donde cesa el trabajo determinado por la necesidad y la adecuación a finalidades exteriores (…) la libertad en este terreno sólo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente ese metabolismo suyo con la naturaleza poniéndolo bajo su control colectivo, en vez de ser dominados por él como por un poder ciego; que lo lleve a cabo con un mínimo empleo de fuerzas y bajo las condiciones más dignas y adecuadas a su naturaleza humana. Pero este seguirá siendo un reino de la necesidad. Allende el mismo empieza el desarrollo de las fuerzas humanas, considerado como un fin en sí mismo, el verdadero reino de la libertad, que sin embargo sólo puede florecer sobre aquel reino de la necesidad como su base. La reducción de la jornada laboral es la condición básica.” (Marx 8, 1985:1044).
[21] “Desde el punto de vista de una formación económico-social superior, la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados parecerá tan absurda como la propiedad privada de un hombre en manos de otro hombre. Ni siquiera toda una sociedad, una nación, o es más, todas las sociedades contemporáneas reunidas, son propietarias de la tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias y deben legarla mejorada como boni patres familias (buenos padres de familia) a las generaciones venideras.” (Marx 8, 1975:987).
[22] Lo que significa propiedad privada en la “opinión pública”.
[23] “El hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, apara de este modo asimilarse bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de este modo actúa sobre la naturaleza exterior y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de sus fuerzas a su propia disciplina” (Marx I, 1974:130).
[24] Hay que recordar la crítica de Ricardo a Smith, y de Marx a ambos, ésta mediante el tiempo de trabajo socialmente necesario; además de la que tiene que ver con la falsa identidad entre la suma del salario, la ganancia y renta del suelo, con el valor que ambos contemplan.
[25] El problema es que los que se repone es el capital monetario y no el recurso natural.
[26] No se trata de la tierra considerada como Ricardo la suma de las “Las energías indestructibles y primitivas del suelo” (Ricardo, 1957:51). Pero para Marx: “Ante todo, el suelo no posee “fuerzas indestructibles”. Segundo tampoco posee “fuerzas primitivas”, ya que la tierra es producto de un proceso histórico y natural” (Marx II, 1975:211).
[27] “Yo soy la vid verdadera y mi padre es el labrador” (Sn Juan, 15).
[28] “Los animales y las plantas que solemos considerar como productos naturales, no son solamente productos del año anterior, sino que son, bajo su forma actual, el fruto de un proceso de transformación desarrollado a lo largo de las generaciones, controlado por el hombre y encauzado por el trabajo humano.” (Marx I, 1974:134).
[29] “Si bien el oro y la plata no son dinero por obra de la naturaleza, el dinero es por naturaleza oro y Plata.” (Marx I, 1974:52).
[30] “En el seno de una sociedad colectivista, basada en la propiedad común de los medios de producción, los productores no cambian sus productos; el trabajo invertido en los productos ya no se presenta aquí tampoco como valor de estos productos, como una cualidad material inherente a ellos, pues aquí, a diferencia de lo que ocurre en la sociedad capitalista, los trabajos individuales no forman ya parte integrante del trabajo común mediante un rodeo, “de cada quien según su capacidad, a cada cual según su trabajo” (Marx y Engels, 1989:335).
[31] De aquí se deriva que: “Puede ocurrir que esta forma imaginaria de precio encierre una proporción real de valor o una relación derivada de ella, como sucede, por ejemplo, con el precio de la tierra no cultivada, que no tiene ningún valor, porque en ella no se materializa trabajo humano alguno” (Marx, 1974: 64).
[32] “La gran propiedad del suelo reduce la población agrícola a un mínimo en constante disminución, oponiéndole una población industrial en constante aumento, hacinada en las ciudades; de ese modo engendra condiciones que provocan un desgarramiento insanable en la continuidad del metabolismo social, prescrito   por las naturales de la vida, como consecuencia de lo cual se dilapida la fuerza del suelo, dilapidación ésta que, en virtud del comercio, se lleva mucho más allá de las fronteras del propio país.”(Marx 8, 1985:1034).
[33] La cooperación con la naturaleza Esta última, en el caso de la agricultura, por ejemplo el maíz evoluciono así genéticamente gracias a las actividades humanas (prácticas culturales).
[34] La clave para entender su diferencia es que en el caso de la subsunción formal no se ha dado la inversión sujeto/objeto, que sí está presente en la subsunción real.
[35] “Este régimen presupone el dominio del hombre sobre la naturaleza” (Marx I, 1974:429”).
[36] “Una naturaleza demasiado pródiga “lleva al hombre de la mano como un niño en andaderas” (…) La bondad de las condiciones naturales no hace más que crear la posibilidad nunca la realidad de trabajo excedente y, por tanto, de la plusvalía.” (Marx I, 1974:428).
[37] Véase a Paul Burkett (2005).
[38] Esta ley fundamental la entiende Piketty como el desequilibrio entre una alta productividad y un lento crecimiento económico (Piketty, 2014: 114).
[39] En el socialismo estas pérdidas se calculan por anticipado. En el capitalismo a través del sistema de seguros.
[40] “El tiempo de trabajo es tiempo de producción, pero no todo tiempo de producción es periodo de trabajo. Pero esta afirmación no podría formularse a la inversa.” (Marx II, 1971:212).
[41] “Nos referimos a la reconversión de las deyecciones de la producción, lo que ha dado en llamarse sus desechos, en nuevos elementos de producción, ora en el mismo ramo de la industria, ora en el mismo ramo de la industria, ora en otro; los procesos en virtud de los cuales estas denominadas deyecciones son lanzada nuevamente al ciclo de la producción, y por ende al consumo productivo o individual. También este ramo de las economías,, que entraremos a considerar algo más tarde, es el resultado del trabajo social a gran escala. Es el carácter masivo de estos desechos, correspondiente a tal escala, lo que vuelve a convertirlos en objetos de comercio y, con ello, en nuevos elementos de la producción. Sólo en cuanto desperdicios de la producción colectiva, y por ello de la producción a gran escala, adquieren esta importancia para el proceso de producción y prosiguen siendo portadores de valor de cambio. Estos desechos -abstracción hecha de los servicios que prestan como nuevos elementos de producción- abaratan, en la medida en que se tornan nuevamente vendibles, los costos de la materia prima, en la cual se hallan calculados siempre sus desperdicios normales, más exactamente la cantidad de ellos que debe perderse, término medio, en su elaboración. La disminución de los costos de esta parte del capital constante aumenta pro tanto (en proporción la tasa de ganancia cuando se hallan dadas la magnitud del capital variable y del plusvalor.” (Marx II, 1971:96-97).
[42] “El desarrollo de la fuerza productiva social del trabajo del trabajo se revela en dos aspectos: en primer lugar, en la magnitud de las fuerzas productivas ya producidas, en el volumen de valor y la masa de condiciones de producción bajo la cual se tiene lugar la nueva producción y la magnitud absoluta del capital productivo ya acumulado; en segundo lugar en la relativa exigüidad de la parte desembolsada en el salario con respecto al capital global, es decir en la relativa exigüidad e trabajo vivo que se requiere para la reproducción y valorización de un capital dado, para la reproducción en masa. Esto supone al mismo tiempo la concentración de capital” (Marx, VI, 317). “Por consiguiente, aquellos economistas que, como Ricardo consideran como absoluto el modo capitalista de producción, sienten que aquí que ese modo de producción se crea una barrera a sí mismo, por lo cual atribuyen esa limitación no a la producción sino a la naturaleza (en la teoría de la renta del suelo.) (Marx 6, 1985:310).
[43] “(…) el almacenamiento de energía por medio del trabajo, en realidad sólo ocurre en la agricultura” (Marx y Engels, 1975b:112); “La industria compra materias primas de la agricultura, a fin de elaborarlas; su trabajo da a esas materias primas solo una forma, pero nada les nada les agrega y no las multiplica”. “Désele al cocinero una cantidad de guisantes, con los cuales debe prepárale a uno la cena; los pondrá en la mesa bien cocinados y servidos, pero en la misma cantidad en que le fueron entregados. Pero por otro lado, désele la misma cantidad al jardinero para que los lleve a la tierra; se los devolverá a uno, cuando llegue el momento, por lo menos cuadruplicados en comparación con la cantidad que se le entregó”  (Marx I, 1975a:51).
[44] No se toman en cuenta el destino de los desechos no reciclables, pero sí menciona los problemas de las ciudades en relación menciona la contaminación del agua, suelo y aire.
[45] Curiosamente Joan Martínez Alier (1992).
[46] Marx hace críticas radicales al capitalismo, pero de ahí también se desprenden elementos prácticos para entender el tránsito de la economía ecológica a la política eco-ambiental. Empero, su base es la eliminación del trabajo excedente (y reducción de la jornada de trabajo) en la perspectiva de largo plazo.
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