"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

22/11/14

¿Por qué Marx no habló de copyright?

César Rendueles & Igor Sádaba   |   Imagínese una larga cola frente al INEM. Seguramente muchas de esas personas hoy en paro tenían hasta hace poco empleos relacionados directa o indirectamente con el sector inmobiliario: peones de obra, administrativos, agentes comerciales, pero también vendedores de muebles y electrodomésticos, albañiles dedicados a las reformas o arquitectos. De repente, un pequeño grupo de informáticos, abogados y profesores de universidad se colocan en la acera de enfrente con un megáfono y empiezan a burlarse de los parados. Les responsabilizan de su situación por formar parte de una industria moribunda y no haber sido capaces de amoldarse a las dinámicas económicas emergentes. Les acusan de haber acaparado subvenciones estatales y haber participado en la creación de la burbuja inmobiliaria. Les echan en cara su escasa capacidad de adaptación a los nuevos tiempos, a oleadas históricas arrolladoras que hay que aprender a surfear y que sería ingenuo y pernicioso intentar detener. Los de izquierdas les recordarán su complicidad con la financiarización capitalista. Los de derechas les reprocharán haber perjudicado a los consumidores con sus prácticas monopolistas. Es una escena inimaginable, claro. Y, sin embargo, en esos parámetros se han movido muchos de los discursos que han proliferado en torno a los problemas de la propiedad intelectual, especialmente algunos de los más críticos.

Lo mejor que muchos de los que cuestionan o atacan el modelo dominante del copyright han tenido que decirles a los libreros, camarógrafos, empleados de tiendas de discos, taquilleros, guionistas, acomodadores, ingenieros de sonido, actores, músicos, vendedores de palomitas, escritores, directores de fotografía, roadies, periodistas… es que monten una campaña de crowdfunding y ajusten las velas a los nuevos vientos de cambio.

Los problemas relacionados con la subsistencia material de esas personas o de la financiación de los proyectos en los que participan han quedado completamente periclitados por las cuestiones jurídicas y tecnológicas. Apenas se ha debatido acerca de la salarización o remuneración en el campo artístico y cultural, del descenso de la financiación pública en los últimos años o de las relaciones entre el Estado y las empresas en esos ámbitos. A tenor de las discusiones recientes sobre el copyright, lo único que parece relevante es que hay tecnologías que permiten compartir contenidos e instrumentos jurídicos para blindar esa posibilidad. Es decir, se reduce todo a un problema técnico aparentemente neutro que sombrea los dilemas políticos subyacentes. El modo en que se producirán esos contenidos y se remunerará (o no) a los productores, o la relación de poder entre las grandes empresas del copyright y sus trabajadores parece no importarle a nadie. Como si los intereses de un inmigrante ilegal que trabaja como mozo de almacén en la Warner fueran los mismos que los de los accionistas de la compañía. Este libro de David García Aristegui desafía ese consenso y abre un campo de discusión política y laboral que los movimientos de cultura libre necesitan afrontar.

Si hace dos o tres décadas alguien nos hubiera pedido alguna opinión, por vaga que fuera, sobre la propiedad intelectual le hubiéramos tildado de pervertido (¿legalofilia?) y le hubiéramos mandado a empollar algún compendio de derecho mercantil. Se trataba de temas áridos y técnicos sólo aptos para picapleitos ocupados con jurisdicción secundaria y casos menores de comercio que apenas nos afectaban. Tal vez le hubiéramos recomendado lecturas relacionadas con la ecología, el feminismo o el pacifismo, mucho más cercanas a la agenda política del momento.

A día de hoy el panorama ha cambiado drásticamente. Las discusiones sobre la propiedad intelectual han adquirido una centralidad política incuestionable. La mochila y el vocabulario del militante del siglo XXI están llenos de referencias al copyright, a los derechos de autor o a las patentes. Este giro no ha sido accidental y está perfectamente justificado. Es una respuesta a la ofensiva neoliberal que ha impulsado un proceso de privatización violento y generalizado. La intensificación de la acumulación por cercado legal, del paradigma del individualismo posesivo y de las prácticas empresariales acaparadoras han otorgado a la propiedad intelectual un papel protagonista en nuestro presente globalizado. De Colombia a Indonesia, de Etiopía a Canadá, una avalancha de mecanismos jurídicos, tratados internacionales y regulaciones apropiacionistas van delimitando nuestra relación con la cultura, el trabajo o la naturaleza.

Este proceso, sin embargo, no ha surgido de la chistera de algún miembro de la Escuela de Chicago. Es la conclusión de una historia larga, conflictiva y a menudo contradictoria. Muchos debates actuales entorno a las propiedad intelectual están contaminados por sobredosis de romanticismo idealista. El campo de lo que se puede discutir está delimitado por una serie de figuras mitológicas –el pirata, el mantero, el autor, las discográficas y las editoriales, los gorrones…–que impiden cuestionar esos escenarios constituidos. De nuevo, este ensayo desmonta esas precompensiones. La historia de la propiedad intelectual no es lineal, está repleta de procesos y personajes ambivalentes y de consecuencias no esperadas de decisiones contingentes.

Este libro propone una perspectiva innovadora. Muchos de los más firmes críticos de la propiedad intelectual han caído en una especie de trampa naturalista y han otorgado a los dispositivos legales un valor excesivo. Como si al revertir su sentido jurídico –de copyright a copyleft- quedara garantizado un cambio social radical. Como si las licencias pudieran cambiar el mundo y resolver de un plumazo cuestiones políticas centrales. El movimiento de conocimiento abierto ha concedido demasiado al capitalismo, ha aceptado un corpus intelectual heredado que prestaba escasa atención al contexto económico, social o político. Muchas de las críticas a la gestión privativa del arte y cultura se han enfangado en procedimientos y mecanismos formales y han desatendido las cuestiones relacionadas con las decisiones éticas y políticas sustantivas.

Por eso, muy pocas alternativas a la propiedad intelectual convencional han integrado en sus proyectos alguna clase de crítica del mercado de trabajo, una redefinición de la categoría de trabajador intelectual, una solución viable para las tareas de mediación, formas de retribución justa de actividades artístico-culturales o, incluso, alguna clase de complicidad con proyectos políticos antagonistas más amplios. La opción mayoritaria ha sido dejar esas cuestiones abandonadas a la espontaneidad de la red, como antes el liberalismo propuso abandonarlas a la espontaneidad del mercado. La confianza en que algún mecanismo impersonal cooperativo –la mano invisible de Internet– proveería de soluciones a los dilemas políticos de fondo ha lastrado, al menos en parte, la potencia progresista de estos movimientos. Este ensayo, en cambio, propone una perspectiva alternativa que cuestiona el consenso dominante inyectando en los debates sobre la propiedad intelectual problemas urgentes relacionados con los conflictos laborales, la desigualdad y, en última instancia, la lucha de clases.

El texto anterior es el prólogo del libro ‘¿Por qué Marx no habló de copyright? La propiedad intelectual y sus revoluciones’ del cual es autor David García Arístegui. El prólogo fue escrito 'a dos manos' por el sociólogo y ensayista César Rendueles e Igor Sádaba, quien es físico y sociólogo.
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Notas sobre Marx, Engels y el marxismo

Mónica Zas Marcos: Rosa Luxemburgo, el águila de la izquierda que callaron con una bala — El Diario
Karl Marx & Friedrich Engels: Cartas sobre las ciencias de la naturaleza y las matemáticas — Scribb (*)
La tarjeta de crédito de Karl Marx — Perspectivas
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Entre Marx y dos economistas, ¿una práctica criminal o la justificación de un mundo violento? La Conversación
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Quand Youssef Chahed cite Karl Marx (Video) – Huffington Post
Michael Heinrich - Entretien réalisé et traduit par Jérôme Skalski: «Avec Marx, on ne peut pas séparer la vie et l’œuvre» - L’Humanité
Jérôme Skalski: Lire "Le Capital", un appel au possible du XXIe siècle - L’Humanité
Face aux impostures libérales, Marx, penseur capital - L’Humanité
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Andrea Vitale: Lo spettro di Marx — Operai Contro
Daniel Álvaro: El problema de la comunidad. Marx, Tònnies, Weber (PDF) — Dialnet, Universidad de La Rioja (*)
Marx y la Teoría del Derecho — Scribd
El marxismo y los juegos malabares — Diario de Jerez
Jorge Ortega Reyna & Víctor Hugo Pacheco Chávez: John Berger: Un marxismo para el mañana — Memoria
Roberto Fineschi: El Capital tras la edición histórico-crítica — Viento Sur
Jérôme Skalski entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
Daniela Gros: Il giovane Karl Marx — Moked
Saoudi Abdelaziz: 1882. Karl Marx se fait couper la barbe à Alger — Le blog de algerie-infos
Jaime Osorio: La teoría marxista de la dependencia revisitada — Viento Sur
Andrés Arnone: Naturaleza y economía en Marx y Engels: de procesos naturales y construcciones sociales — La Izquierda Diario
Gustau Nerín: El 'Manifiesto comunista' de Marx y Engels, vuelve — El Nacional
Luigi Mascheroni: Che borghese quel Karl Marx. Parola di Morselli — Il Giornale
Eros Barone: Il segreto del potere capitalistico — Varese News
Luis Escalante: El hondureño que le escribió a Karl Marx — Hablemos de Honduras
José Roberto Herrera Zúñiga: El terrorismo individual: un análisis desde el marxismo clásico — Universidad de Costa Rica
Albert Sáez: Salarios y beneficios — El Periódico
Tres marxistas negros, las sociedades de color y el marxismo en Cuba (1940-1961) — Rebelión
Juan J. Paz y Miño cuenta algo insólito en Ecuador: Marxismo probancario — El Telégrafo
André Tosel: Marxismos, neo-marxismos y post-marxismos — Viento Sur
Mathieu Ait Lachkar: Jeunes en campagne : Amin, de Karl Marx à Jean-Luc Mélenchon — Ouest-France
Anne Dolhein: La Chine offre une statue de Karl Marx à la ville de Trèves en Allemagne — Reinformation
Karl Marx y Friedrich Engels, los padres del socialismo científico — Guerrero Liberación
Rodolfo Salazar González: Resurgimiento de Karl Marx — Buenos Días Tamaulipas
Marcelo Pereira: El Manifiesto del Partido Comunista es Un gran relato — La Diaria
Les jeunes années de Karl Marx au cinéma — Arte TV
José Pablo Noriega de Lomas, Universidad de Oviedo: Marx y Engels: Dos sistemas materialistas diferentes (PDF) — Universidad de La Rioja (*)
Carlos Prieto: Un icono pop llamado Karl Marx — El Confidencial
Benjamin Edgard: Notre ennemi le Capital — Le Comptoir
Jonathan Martineau y el feminismo marxista a escala internacional: 1) Intersección, articulación: el álgebra feminista — Marxismo Crítico / 2) Intersection, articulation : l’algèbre féministe — Période
Rodolfo Salazar González: Karl Marx, un filósofo legendario — Noticias de Tampico
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Iris de la Cruz Saborit & Liz Armas Pedraza: Pensamiento Crítico: una revista de todos los tiempos, exponente del marxismo en Cuba a fines de los 60 — Cuba Ahora
Andrei Martínez Finkelshtein: ¿Es cierto que Karl Marx se dedicaba a las matemáticas en su tiempo libre? — Quora
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