"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

25/6/14

Dominación y extrañamiento en la sociedad capitalista

Nelson Guzmán  |  En el capitalismo, como bien lo ha expresado György Lukács, la vida está sometida al ser social. La sociedad ha subordinado a los hombres al imperio de la dominación. El trabajo ha terminado de convertirse en un objeto, hablamos sin duda de la alienación que producen las relaciones sociales de producción. Marx se separa de Hegel exactamente en el giro lingüístico que genera su teorización, entrabamos a comprender la sociedad capitalista echando mano al concepto de totalidad. Althusser dirá que Marx estaba descubriendo un nuevo continente para la historia.

La expresión más concreta es su ruptura epistemológica con la antigua manera de interpretar al mundo. El marxismo rompe con el escepticismo, lo hace también con el idealismo y con el hábito de estudiar la realidad fragmentariamente como lo habían realizado las teorías burguesas. Otras formas de concebir la historia apelaban al pensamiento mesiánico, se creía en los hombres predestinados a realizar los cambios trascendentales. El estalinismo tuvo mucho de esto, nadie se atrevía a contravenir al caudillo, hacerlo era considerado una herejía y sin duda llevó a las persecuciones más terribles realizadas en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Para Lukács el marxismo es una teoría susceptible de modificación, de ampliación.

No todo su desarrollo puede derivarse de sus fundadores, hay que tomar en cuenta que el metabolismo de la sociedad capitalista se renueva. Marx escribió básicamente en el contexto histórico y predominio del capitalismo de libre competencia. El capitalismo monopólico se presentaba aún de forma incipiente. La teoría de Marx no es un texto religioso a cuyos versículos acudimos con fe, por el contrario estamos ante un libro que nos lega un método dialéctico.

Son importantes las consideraciones que realiza Lukács entre objetivación y extrañamiento. Hegel había considerado la primera categoría como un problema universal manifestado como la expresión necesaria de la construcción del objeto. Todo hombre se objetivaría en sus productos, en su creación, solo que esto estaría dejando de lado al trabajo alienado, esto lo tratará Lukács como extrañamiento que es un producto de la sociedad capitalista y la imposición de unas relaciones sociales de producción inhumanas que vaciarían de su carácter fundamental a la historia. Evado acá utilizar el vocablo esencia humana para evitar la impronta que confirió Marx a sus primeros escritos cuando habló de la esencia humana perdida en la sociedad capitalista, sin que ello signifique realizar una división entre un Marx joven y un Marx maduro con relación a la construcción de su teoría social.

Otro aspecto examinado por Marx es el relativo a la determinación histórica, consiste en precisar las fuerzas que deben dinamizar el cambio. Allí aparece la conciencia histórica insurgente que comienza a estar en desacuerdo con lo real constituido. Esto se expresa en Marx como lucha de clase y en Hegel como movimiento del espíritu absoluto que va madurando en la historia y que se expresa como conciencia y autoconciencia. En Marx la historia nutre la filosofía y no la filosofía a la historia, allí radica la diferencia básica entre una teoría materialista y una idealista. Para Hegel el concepto tiene su propio automovimiento. Se despliega a partir de su concrecer. Hay fuerzas que lo obstaculizan y otras que lo impulsan en su desarrollo.

Lukács sostendrá la tesis de que el proletariado es una clase para sí, eso quiere decir que ha entendido que su misión es superar los valores de un sistema social, es decir el capitalismo. Esto hace entender que se ha superado lo que Karel Kosík ha llamado la pseudoconcreción, o praxis fetichizada. Se estaría hablando de la consciencia para sí, superadora, que es capaz de liberarse de los atavismos de la tradición.

El marxismo no es una filosofía que procede por etapas evolutivas del ser de lo social como podrían entenderlo los manuales de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En Marx es menester comprender la unidad entre el pensamiento y la historia, no hay una abstracción pura y simple de la cual parte el pensamiento filosófico, sino que éste es la síntesis de los antagonismos y de las posturas encontradas en la formación económica y social entre las clases sociales y las tendencias filosóficas y políticas.

El marxismo se diferencia de la ciencia burguesa en que rechaza el punto de vista individualista de los hechos. No se conoce el todo como una suma de las partes, ni mediante un punto de vista psicológico de la historia, sino en la unidad lógica de las fuerzas que allí se enfrentan. El modelo capitalista está lleno de tensiones, del escepticismo de sus economistas y del hecho de que pudiese sobrevenir una crisis.

El modelo lleva en su interior las fuerzas de acción y reacción que pueden liquidarlo o robustecerlo. No se le puede entender sin echar manos a las leyes de la historia, allí ocupan un lugar central las luchas internas por el dominio. La burguesía se contrapone al proletariado y trata de escamotearle sus beneficios, lo hace en lo fundamental apelando a las leyes jurídicas, a los tribunales, al Estado como mecanismo de opresión mediante su voluntad de aplastar cualquier movimiento de justicia social, esto se ha manifestado como una constante desde la antigüedad.
Para Marx la filosofía es teoría y praxis, siendo esta última la actualización del mundo de las ideas. Los hombres hacen la historia y lo hacen apegados a su forma de concebir al mundo. Lukács considerará que el proletariado desgarra la impotencia, él es el sujeto del cambio. El proletariado es objeto y sujeto de la historia. La acción del proletariado nos separa del fatalismo de las leyes puras. Marx plantea un humanismo.
El socialismo es la máxima posibilidad de la vida y da al traste con la exclusión, con el sometimiento. La historia dependerá de su conciencia de clase. El proletariado consciente sabe que debe y tiene que emanciparse, reconoce a la burguesía como su archienemiga, sus leyes no lo representan, menoscaban su felicidad.

El proletariado consciente está más allá del espontaneísmo, del foquismo, del putschismo. Lukács reconoce al partido como el instrumento central de la Revolución socialista, sabe comprender los flujos y reflujos de las masas. El partido conducirá a las masas en la medida que ellas hayan depositado su confianza en éste. Como conciencia de la historia debe situarse más allá del oportunismo y del escepticismo y de quienes no creen que la historia cambiará. El proletariado debe liberarse del aventurerismo, su acción debe esta mediada por factores de maduración concienzual que hagan posible que la victoria se materialice como un hecho.

Marx somete a crítica el pensamiento burgués por considerar que la historia está hecha de leyes inmutables que están más allá de la voluntad de los hombres, eso parecería hablar de una voluntad divina, de que la historia tenga un finalismo establecido. En esto se manifiesta el dominio del pensamiento abstracto, se renuncia a estudiar y a evaluar los procesos históricos. Se cree en unos principios que han conformado al mundo, esa evaluación se realiza desde una metafísica. La otra línea de razonamiento vendría dictada por los hombres predestinados, grandes hacedores de la historia.

Desde esta égida la historia se convierte en predestinación. Marx dirá que lo económico condiciona la vida histórica. No hay sucesos casuales producidos por una voluntad misteriosa e irracional. El vocablo condicionamiento libera a esta teoría de la determinación económica y del dogmatismo.

En el marxismo no hay una concepción unilateral de la historia como pretendieron estatuirlo las escuelas mecanicistas marxistas. Marx consideró a la táctica y a la estrategia como dos elementos a tener claros en las decisiones que debiese tomar el partido revolucionario, por ello el marxismo no está dado por normas unilaterales. Los escritos de Marx nada tienen que ver con los escritos bíblicos, no están constituidos de una verdad definitiva. El cambio es una de las categorías fundamentales del marxismo y para que este ocurra debe haber necesariamente tensiones e interés.


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