"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

6/5/14

Producción capitalista / trabajo enajenado: Este mundo nuclear y su crisis política

Raya Dunayevskaya  |  La base de la economía del país imperialista más poderoso, los EE.UU., está ahora en el hecho de ser un país deudor. Las ramificaciones globales que esto implica, al igual que sus consecuencias internas, no han sido tratadas con seriedad. Paul Volcker, director de la Reserva Federal [NdelE: Este trabajo fue publicado en News & Letters, en julio de 1986] y a quien los economistas consideran el “segundo hombre más poderoso” del país, no se molestó en asistir a la Cumbre Económica [del G-7]. Se rehusó a dejarse engañar por los bombos y platillos con que se anuncia el magnífico estado de la economía mundial, en especial la de los EE.UU. Volcker planteó que los Estados Unidos “retrasan todas las soluciones necesarias en otros países…Las acciones que se han tomado hasta ahora no son suficientes para hacer que el déficit tienda a disminuir”. La fuerza de la economía, concluye Volcker, “no es una felicidad absoluta”.

Sin embargo, la gran ilusión que han creado todos los ideólogos capitalistas, incluyendo a Volcker, sobre este mundo nuclear con su producción robotizada, se logró gracias a que olvidaron que el trabajo enajenado es la base insustituible, la esencia y la forma
universal –el creador de todo valor y de toda plusvalía– y que es precisamente este, el que produce tanto la ganancia capitalista como lo que Marx llamó “la ley general absoluta de la acumulación capitalista”– el ejército de desempleados.

Foto: Raya Dunayevskaya
Aquello que los gigantes industriales no pueden escuchar es el toque de difuntos que los obreros, tanto empleados como desempleados, al igual que los sin techo, están haciendo sonar. Los industrialistas tienen la ilusión –hoy más que nunca con esta etapa de producción robotizada–, de que pueden lograr que el ejército de desempleados arrase con los empleados.

Sus ideólogos se afanan por “probar” que Marx estaba equivocado; y es que nunca han comprendido esa otra predicción fundamental de Marx, aquella de que el fracaso en la reproducción de la fuerza de trabajo significa la muerte de todo el sistema. Las crisis políticas reflejan la ley general absoluta de la producción capitalista de una forma diferente en diferentes periodos históricos. De este modo, la Gran Depresión dio lugar a un John Maynard Keynes, con su Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero, la cual les demostró a los capitalistas que no podían salir de las crisis económicas a menos que vincularan la producción con el empleo. De ese modo, se idearon diferentes tipos de “New Deals” para salvar al capitalismo de la revolución.

Hoy, sedientos de ganancias, los actuales capitalistas, tanto estatales como privados, creen que pueden hacer exactamente lo contrario, es decir, “desvincular” el empleo de la producción. Piensan que pueden continuar felizmente con su mercado o bolsa de valores automatizada, la falsa súper especulación a través de las fusiones, el juego a los márgenes de ganancia, y la alternación de las propiedades de las corporaciones a los “empresarios privados”. Ahora hablan de “incubadoras” de fabricas, donde se arriendan antiguas grandes plantas a pequeños productores que emplean muchos menos obreros con salarios mucho más bajos. Actúan como si una mayor productividad del trabajo pudiera venir de algún otro lugar que no fuera la mano de obra explotada, el trabajo vivo; como si pudiera originarse de las computadoras.

La palabra favorita de los economistas actuales es “desvincular”. Peter F.  Drucker escribió para Foreign Affairs (Spring, 1986) sobre “El cambio de la economía mundial”,[1] donde de una forma arrogante y además muy a la ligera, (como si los cambios a los cuales se refiere fueran el verdadero estatus de la economía mundial), insiste en lo necesario de reconocer las tres verdades que el ha elaborado sobre este proceso de “desvinculación”:
1) “desvincular” el empleo de la producción. 
2) “desvincular” el capital de la inversión de capital, reduciendo el capital a dinero al llamarlo “movimiento de capital”: “El movimiento de capitales, en lugar del comercio, tanto en bienes como en servicios, se ha convertido en la fuerza motriz de la economía mundial. Esta pareja no se ha desasociado tanto, pero el vínculo se ha tornado poco preciso, y lo que es peor, impredecible”. 
3) “desvincular” la producción industrial de toda la economía, mediante lo cual trata de explicar que lo que quiere decir es desvincularla de los sectores “débiles” como la economía agrícola o las materias primas. Como si la obtención de las materias primas se realizara sin el trabajo. O en realidad, como si nuestro así llamado mundo posindustrial fuera tan “avanzado” con sus computadoras, sus plásticos, sus productos sintéticos, su “alta tecnología”, que el trabajo que no se realiza en la línea de producción no fuera trabajo.
Lo que han decidido obviar es que incluso esos procesos de producción robotizados, de “automatización universal”,[2] se basan en la mano de obra explotada. Recientemente un programa especial[3] de la cadena NBC sobre el Japón, ese país de la alta tecnología que ha reorganizado completamente el mercado global, reveló cuán profundamente enraizada está su producción en el más desdichado, mal pagado, y no sindicalizado, trabajo a destajo, implementado por los subcontratistas para las corporaciones de alta tecnología.[4]   

Ciertamente, todos los ideólogos están criticando con razón el desmesurado endeudamiento de la economía capitalista desde que Ronald Reagan llegó al poder. No hay forma en que ni el mismo Reagan pueda negar que nos hayamos convertido en una nación deudora. Pero, lo que tienen que reconocer los ideólogos (quienes supuestamente se diferencian de los economistas de la oferta y los monetaristas) es que: una vez que han “desvinculado” la producción industrial de la economía en su conjunto, y el capital de la inversión en la producción, reduciendo la inversión de capital a solamente dinero, entonces lo único que les queda es aquello que supuestamente rechazan, el monetarismo.

Esto no son simplemente fantasías de la bolsa de valores; la realidad monstruosa que han creado es un país donde en un polo vemos mil nuevos millonarios mientras que en el otro vemos el empobrecimiento de los millones de desempleados, de la gente sin techo, de los negros y las mujeres que viven tan por debajo de la línea de pobreza que ya el hambre asola el país más rico del planeta.

Una vez que el capital no se encuentra vinculado a la inversión en la producción, una vez que incluso el comercio ha sido “desvinculado” del comercio de productos y reducido a un simple intercambio de servicios, lo único que queda es el intercambio de dinero e inversión por más dinero. La razón por la cual los EE.UU. aun se encuentran en la cúspide de la pirámide a pesar de ser una nación deudora es que el capitalismo internacional sólo se siente seguro en un país: los EE.UU. de Reagan con su posición contrarrevolucionaria. No es solamente el “capital en fuga” que abandona países “inestables” el que está llegando a los EE.UU.; también Japón y Alemania Occidental han realizado fuertes “inversiones” aquí.

Echemos entonces otro vistazo a los “seguros” EE.UU. y a todas las victorias de Reagan en su cruzada contrarrevolucionaria doméstica contra los sindicatos, los negros, las mujeres y la juventud.
  • Es verdad que la burocracia sindical ha hecho muchas concesiones, pero una simple mirada a la huelga que se está desarrollando en Hormel nos muestra que los militantes saben como combatir a sus propios lideres igual que a los capitalistas.
  • Es verdad que no se está desarrollando ninguna Huelga General, pero si contamos todas las “pequeñas” huelgas desde Minnesota hasta Chicago, desde las fabricas donde se explota a los trabajadores en Nueva York hasta los trabajadores agrícolas en California y todos los demás lugares de por medio, entonces veremos que los obreros en los EE.UU. se encuentran en una revuelta diaria la cual no se menciona oficialmente.
  • Es cierto que el movimiento por la emancipación de la mujer ha experimentado un retroceso en todas las muy luchadas victorias alcanzadas en las décadas del 60 y del 70, pero el que crea que la repentina manifestación de 100,000 personas en Washington, D.C., el 9 de marzo fue “sólo” contra la posición de Reagan respecto al aborto no ha escuchado las voces de mujeres negras y blancas rechazando el Reaganismo en todos los frentes, desde la situación de la vivienda hasta el cuidado de los niños y desde la discriminación positiva hasta la libertad de elección – y esto no es sólo la cuestión del aborto sino la pasión por las relaciones humanas.
  • Es cierto que la juventud de hoy no es la juventud de de la década del 60, pero, según hemos visto, el internacionalismo que estaba presente en el movimiento en contra de la guerra de Vietnam ha alcanzado una nueva dimensión. Tampoco se puede reescribir la historia, la cual ha demostrado que el camino de dos vías de la dimensión negra entre África y Norteamérica nunca ha separado sus luchas de la búsqueda de la libertad, la búsqueda de una filosofía de la revolución.

Las masas negras ven a través del “arsenal conceptual” de Reagan y Weinberger el incesante armamentismo nuclear y el imperialismo genocida que en verdad es. El barbarismo total del Holocausto es lo que nos demuestra hacia donde se encamina este mundo capitalista- imperialista posterior a la Segunda Guerra Mundial. 

La importancia de lo nuevo, lo concreto, no es simplemente el hecho general de que estas luchas y estas crisis señalen la necesidad de desarraigar el sistema, la importancia radica en que esta nueva formade producción, que Drucker y otros promocionan, esconde su esencia al crear la ilusión de que este particular, esta aparición especifica, es el nuevo universal. Es necesario comprender las formas nuevas y concretas a medida que aparecen. Esto no significa que simplemente digamos que es sólo forma en lugar de esencia. Más bien es entender que sólo la revolución puede eliminar estas formas, que sólo la revolución puede eliminar la ilusión que algunos marxistas tienen de que estas formas son el nuevo Universal. Este tipo de transformación sólo puede ser lograda por la dialéctica del método absoluto.

Como planteara Hegel:
“Mantener lo positivo en su negativo, y el contenido de la suposición en el resultado, es la parte fundamental del conocimiento racional; además, sólo se requiere de la más simple reflexión para proporcionar la convicción de la verdad absoluta y la necesidad de este requisito, mientras que respecto a los ejemplos de las pruebas, la Lógica entera consiste en ellos.” [Science of Logic, Vol. II, translated by Johnston & Struthers (New York: MacMillan, 1929), p. 476; trans. Miller (London: Allen & Unwin, 1969), p. 834.] [Ver Ciencia de la lógica, traducción al español de Rodolfo Mondolfo (Argentina: Solar Hachete, 1968), tomo II, p. 417.]
Carlos Marx concibió su concepto de lo positivo que seguiría sólo después que la vieja sociedad capitalista fuera completamente erradicada:
“En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!” [Crítica al programa de Gotha. Carlos Marx y Federico Engels. Obras Escogidas en dos tomos, Tomo II. Moscú: Ediciones en lenguas extranjeras. 1955, p. 17.]
Lo positivo en lo negativo no es –no es– que el trabajo enajenado bajo el capitalismo sea la actividad humana; mucho menos que la ciencia sea la actividad humana. Más bien, son las luchas de los obrerosenajenados contra el capitalismo, y su pasión por la verdadera unión del trabajo intelectual y el trabajo manual, que pone de manifiesto la urgencia de la revolución.  

Los teóricos revolucionarios necesitan escuchar las voces que vienen desde abajo y concretar esta nueva unidad, poniéndola en práctica en sus propias publicaciones, actividades, relaciones, mientras se preparan para la revolución, la esperan, trabajan por ella. Lo que emana de los ideólogos bajo el capitalismo es todo lo contrario y por eso Marx los llamaba “boxeadores profesionales” del capitalismo.

Notas

[1] Ver además la crónica especial: “The Hollow Corporation” (La Corporación Hueca) en Business Week, del 3 de marzo, 1986. —R[aya] D[unayevskaya]
[2] Unimation refiere al uso de robots industriales en la producción industrial.
[3] “The Japan They Don't Tell You About” (El Japón del cual no se habla), 22 de abril, 1986, NBC White Paper.
[4] A principio de los años 40 cuando el Plan, con “P” mayúscula, era la moda dentro de la izquierda, el primer estudio de los Planes Quinquenales rusos, realizado por aquellos que desarrollaban la teoría del capitalismo de estado, reveló que este Plan no era ningún tipo de socialismo y mostró como el Japón “feudal”, durante el mismo periodo 1932-37, producía más que la Rusia “socialista”. [Ver el estudio original de Raya Dunayevskaya de 1942 sobre la economía rusa, incluido en Marxismo y Libertad, desde 1776 hasta nuestros días (Fontamara, 2007), p. 257, y p. 276, nota 220 a pie de página.]

El siguiente texto  es un extracto de “Producción capitalista / trabajo enajenado: Este mundo nuclear y su crisis política”, Segunda Parte del trabajo humanista-marxista “Perspectivas preliminares, 1986-1987”, publicado en News & Letters, en julio de 1986. El texto completo de “Perspectivas preliminares”, terminado por Raya Dunayevskaya el 17 de junio de 1986, se incluye en el Suplemento a la Colección Raya Dunayevskaya, #11026. Este extracto apareció en “La teoría humanista-marxista del capitalismo de estado: Obras escogidas de Raya Dunayevskaya”.

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