"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

◆

"Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal" — Karl Marx

6/10/13

El marxismo y la cuestión del Estado | Sobre la Introducción de Engels a ‘La Guerra Civil en Francia’

Friedrich Engels
✆ Ufuk Sucsuzer
Ariel Mayo  |  Friedrich Engels (1820-1895) escribió la Introducción a La guerra civil en Francia para la reedición de esta obra, con motivo de la conmemoración del 20° aniversario de la Comuna de París. (1) La guerra civil en Francia es el título del manifiesto de la 1° Internacional dedicado a la Comuna. Fue redactado por Karl Marx (1818-1883). En este blog dedicamos un artículo a comentar dicho manifiesto. La “Introducción” de Engels puede dividirse en dos partes desde el punto de vista de su estructura temática. En la primera hace la presentación de la obra de Marx y del contexto histórico de la Comuna, así como también esboza una reseña de la acción de ésta. En la segunda desarrolla los aportes de la Comuna en la cuestión del Estado. En esta reseña me concentraré en esta última parte.

La experiencia de la Comuna marcó un antes y un después en el movimiento socialista. Hasta ese momento, la cuestión del Estado era un problema más teórico que práctico. Las distintas corrientes socialistas (incluimos aquí al anarquismo) veían al Estado como un enemigo al que había que destruir o procuraban ignorarlo, construyendo las bases del socialismo por fuera de la intervención de este. La Comuna, al concretar la toma
del poder por la clase obrera (aunque sea por un breve plazo) obligó a la militancia socialista a plantearse (o replantearse) qué hacer con el Estado en el caso de una revolución triunfante. Hasta ese momento, corrientes como el blanquismo (2) o los mismos Marx y Engels defendían la idea de que había que servirse del Estado para dirigir a la sociedad hacia el socialismo. Como tantas otras veces, la experiencia del movimiento obrero forzó a Marx a modificar radicalmente sus puntos de vista.

Al revisar sobre la marcha misma de los acontecimientos las acciones de la Comuna, Marx llegó a la conclusión de que, 
“la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal y como está y servirse de ella para sus propios fines.” (3).
Engels enfatiza esto en su “Introducción”:
“La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento que la clase obrera, al llegar al poder, no podía seguir gobernando con la vieja máquina del Estado; que, para no perder de nuevo su dominación, recién conquistada, la clase obrera tenía, de una parte, que barrer toda la vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y, de otra parte, precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento.” (p. 265).
La clase obrera no puede servirse del Estado burgués, del Estado creado a su imagen y semejanza por la burguesía, porque dicho Estado es una máquina de opresión. Hay que recordar que la institución estatal surgió con la división de la sociedad en clases sociales antagónicas, y que su objetivo primordial fue reproducir la dominación de la clase dominante en cada momento histórico. Engels indica en el texto que el Estado, además de este objetivo, puede transformarse en un fin en sí mismo:
“En un principio, por medio de la simple división del trabajo, la sociedad se  los órganos especiales destinados a velar por sus intereses comunes. Pero, a la larga, estos órganos, a la cabeza de los cuales figuraba el poder estatal, persiguiendo sus propios intereses específicos, se convirtieron de servidores de la sociedad en señores de ella. Esto puede verse, por ejemplo, no sólo en las monarquías hereditarias, sino también en las repúblicas democráticas. No hay ningún país en que los «políticos» formen un sector más poderoso y más separado de la nación que en Norteamérica. Aquí cada uno de los dos grandes partidos que alternan en el Gobierno está a su vez gobernado por gentes que hacen de la política un negocio, que especulan con las actas de diputado de las asambleas legislativas de la Unión y de los distintos Estados federados, o que viven de la agitación a favor de su partido y son retribuidos con cargos cuando este triunfa. (…) Y es precisamente en Norteamérica donde podemos ver mejor cómo progresa esta independización del Estado frente a la sociedad, de la que originariamente debía ser un simple instrumento. (…) en Norteamérica nos encontramos con dos grandes cuadrillas de especuladores políticos que alternativamente se posesionan del poder estatal y lo explotan por los medios y para los fines más corrompidos; y la nación es impotente frente a estos dos grandes cárteles de políticos, pretendidos servidores suyos, pero que, en realidad, la dominan y la saquean.” (p. 265-266).
Más allá de que el párrafo citado contiene la tesis (errónea) de que el Estado surgió para servir a los “intereses comunes de la sociedad”, el énfasis de Engels acerca de la progresiva autonomía del Estado frente a la sociedad es de rigurosa actualidad. El Estado capitalista es inseparable del mantenimiento de la explotación de la clase trabajadora; dicho en otros términos, desde el punto de vista de su propio financiamiento requiere de la plusvalía extraída por los empresarios a la clase trabajadora. Esto pone un límite a la autonomía del Estado capitalista: no le es posible “sacar los pies del plato” del capitalismo. Pero la creciente extensión de la división del trabajo bajo la lógica del capital hace que el Estado deba encarar tareas cada vez más complejas de regulación; la burocracia estatal se multiplica y, como es sabido, los burócratas pasan a considerar como un fin en sí mismo a la conservación de sus privilegios. De este modo, a la vez que sirve al capital, el Estado se convierte cada vez más en un parásito que succiona cada vez más recursos de la sociedad. 

El ejemplo de los EE.UU. es significativo. En la actualidad, cuando tantos políticos e intelectuales progresistas consideran que el Estado es el remedio para los males de la sociedad, donde se pregona la consigna “más Estado” como antídoto frente a los estragos del “neoliberalismo”, es conveniente volver a los clásicos. El Estado es una herramienta de dominación aunque se vista de “nacional y popular”. El Estado capitalista es cada vez más un parásito aunque se pregone que es un instrumento de “liberación”. Engels sostiene que, en la medida en que se mantenga la dominación del capital sobre el trabajo, ninguna liberación puede venir por el lado del Estado. De ahí que la transformación de la estructura estatal y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción sean tareas que no pueden separarse.
“En realidad, el Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía; y en el mejor de los casos, un mal que se transmite hereditariamente al proletariado triunfante en su lucha por la dominación de clase. El proletariado victorioso, lo mismo que lo hizo la Comuna, no podrá por menos de amputar inmediatamente los lados peores de este mal, entretanto que una generación futura, educada en condiciones sociales nuevas y libres, pueda deshacerse de todo ese trasto viejo del Estado.” (p. 267).
Engels, como Marx en el manifiesto de la 1° Internacional, resalta la eliminación del ejército permanente y de la policía por la Comuna. La transformación del Estado comienza por la desaparición de su aparato represivo y su reemplazo por el armamento general del pueblo (vieja consigna del movimiento socialista). Esto modifica radicalmente el significado de la expresión dictadura del proletariado: ya no se trata de una dictadura a través del aparato represivo heredado de la burguesía. No hay que temer a las palabras. Una transformación radical de la sociedad implica modificar radicalmente la relación de fuerzas, y la revolución socialista, si tiene algún sentido, es precisamente la modificación más radical de esa relación de fuerzas. Esto supone, hablando en criollo, pasar por encima de los derechos adquiridos por la burguesía, de la legalidad desarrollada bajo el capitalismo. Es un hecho de fuerza. Si esa supresión de la legalidad burguesa se hace con los mismos instrumentos del Estado burgués, derivará tarde o temprano en la explotación de la sociedad por los funcionarios. La burocracia socialista pasará a ser la clase dominante en la sociedad y, si se mantiene la economía mercantil, tarde o temprano retornará el viejo capitalismo.

Para que la dictadura del proletariado signifique algo diferente a la dictadura del capital es preciso hacer pedazos el aparato represivo del Estado capitalista y desarrollar la democracia a niveles imposibles bajo el capitalismo. Algo de eso hizo la Comuna cuando estableció que todos sus funcionarios serían elegidos en elecciones y que sus mandatos podrían ser revocados si no cumplían lo prometido a sus electores. Además, la Comuna resolvió que ninguno de sus funcionarios podría cobrar un salario superior al de un obrero. 
“Últimamente, las palabras «dictadura del proletariado» han vuelto a sumir en santo horror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!” (p. 267).
Los intelectuales, ya sean marxistas, liberales o conservadores, suelen pensar que extraen de sus cabezas toda la sabiduría del mundo. El texto de Engels demuestra, para el caso del marxismo, que fue la experiencia concreta del movimiento obrero la que motivó las transformaciones fundamentales de la teoría.

Notas

(1) Utilizo la traducción española incluida en: Marx, Karl y Engels, Friedrich. (1983). Obras escogidas. Moscú: Progreso. (pp. 256-267).
(2) El blanquismo era la corriente socialista liderada por Auguste Blanqui (1805-1881). Sostenía que un grupo de revolucionarios profesionales tenía que tomar el poder por medio de un golpe de mano, y a partir de allí llevar adelante la transformación socialista de la sociedad.
(3) Marx, Karl, La guerra civil en Francia, en: Marx, Karl y Engels, Friedrich. (1983). Obras escogidas. Moscú: Progreso. (p. 295).

◆ El que busca, encuentra...

“Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” — Karl Marx

Not@s sobre Marx, marxismo, socialismo y la Revolución 2.0

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◆ Bernardo Coronel: ¿El marxismo es una ciencia? — La Haine
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◆ Leopoldo Moscoso: 'Das Kapital': reloading... — Público
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— Notas sobre debates, entrevistas y eventos
◆ Fabrizio Mejía Madrid: Conmemoran aniversario de la muerte de Lenin en Rusia — Proceso
◆ Segundo Congreso Mundial sobre Marxismo tendrá lugar en Beijing — Xinhua
◆ Debate entre Andrew Kliman & Fred Moseley — Tiempos Críticos
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◆ Alberto Maldonado: Michael Heinrich en Bogotá: El Capital de Marx es el misil más terrible lanzado contra la burguesía — Palabras al Margen
◆ Leonardo Cazes: En memoria de Itsván Mészáros — Rebelión (Publicada en O Globo)
◆ Entrevista con István Mészáros realizada por la revista persa Naghd’ (Kritik), el 02-06-1998: “Para ir Más allá del Capital” — Marxismo Crítico
◆ Rosa Nassif: “El Che no fue solo un hombre de acción sino un gran teórico marxista” — Agencia de Informaciones Mercosur AIM
◆ Entrevista a Juan Geymonat: Por un marxismo sin citas a Marx — Hemisferio Izquierdo
◆ Juliana Gonçalves: "El Capital no es una biblia ni un libro de recetas", dice José Paulo Netto [Português ] — Brasil de Fato
◆ Entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
◆ Alejandro Katz & Mariano Schuster: Marx ha vuelto: 150 años de El Capital. Entrevista a Horacio Tarcus — La Vanguardia
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◆ Jorge L. Acanda: "Hace falta una lectura de Marx que hunda raíces en las fuentes originarias del pensamiento de Marx" — La Linea de Fuego

— Notas sobre Lenin y la Revolución de Octubre
◆ Guillermo Almeyra: Qué fue la Revolución Rusa — La Jornada
◆ Jorge Figueroa: Dos revoluciones que cambiaron el mundo y el arte — La Gaceta
◆ Gilberto López y Rivas: La revolución socialista de 1917 y la cuestión nacional y colonial — La Jornada
◆ Aldo Agosti: Repensar la Revolución Rusa — Memoria
◆ Toni Negri: Lenin: Dalla teoria alla pratica — Euronomade
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◆ Michael Löwy: De la Revolución de Octubre al Ecocomunismo del Siglo XXI — Herramienta
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◆ Víctor Arrogante: La Gran Revolución de octubre — El Plural
◆ Luis Bilbao: El mundo a un siglo de la Revolución de Octubre — Rebelión
◆ Samir Amin: La Revolución de Octubre cien años después — El Viejo Topo
◆ Luis Fernando Valdés-López: Revolución rusa, 100 años después — Portaluz
◆ Ester Kandel: El centenario de la Revolución de octubre — Kaos en la Red
◆ Daniel Gaido: Come fare la rivoluzione senza prendere il potere...a luglio — PalermoGrad
◆ Eugenio del Río: Repensando la experiencia soviética — Ctxt
◆ Pablo Stancanelli: Presentación el Atlas de la Revolución rusa - Pan, paz, tierra... libertad — Le Monde Diplomatique
◆ Gabriel Quirici: La Revolución Rusa desafió a la izquierda, al marxismo y al capitalismo [Audio] — Del Sol

— Notas sobre la película “El joven Karl Marx”, del cineasta haitiano Raoul Peck
◆ Eduardo Mackenzie:"Le jeune Karl Marx ", le film le plus récent du réalisateur Raoul Peck vient de sortir en France — Dreuz
◆ Minou Petrovski: Pourquoi Raoul Peck, cinéaste haïtien, s’intéresse-t-il à la jeunesse de Karl Marx en 2017? — HuffPost
◆ Antônio Lima Jûnior: [Resenha] O jovem Karl Marx – Raoul Peck (2017) — Fundaçâo Dinarco Reis
◆ La película "El joven Karl Marx" llegará a los cines en el 2017 — Amistad Hispano-Soviética
◆ Boris Lefebvre: "Le jeune Karl Marx": de la rencontre avec Engels au Manifeste — Révolution Pernamente

— Notas sobre el maestro István Mészáros, recientemente fallecido
◆ Matteo Bifone: Oltre Il Capitale. Verso una teoria della transizione, a cura di R. Mapelli — Materialismo Storico
◆ Gabriel Vargas Lozano, Hillel Ticktin: István Mészáros: pensar la alienación y la crisis del capitalismo — SinPermiso
◆ Carmen Bohórquez: István Mészáros, ahora y siempre — Red 58
◆ István Mészáros: Reflexiones sobre la Nueva Internacional — Rebelión
◆ Ricardo Antunes: Sobre "Más allá del capital", de István Mészáros — Herramienta
◆ Francisco Farina: Hasta la Victoria: István Mészáros — Marcha
◆ István Mészáros in memoriam : Capitalism and Ecological Destruction — Climate & Capitalism.us