"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

◆

"Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal" — Karl Marx

1/12/15

El joven Friedrich Engels

Friedrich Engels ✆ Arton
◆ En 1820 nacía Federico Engels. En esta nota nos centraremos en sus años de juventud, su primera experiencia en Manchester que le permitió conocer profundamente a la clase obrera que había creado la Revolución industrial, su encuentro con Marx y cómo comenzó a gestarse una relación política y de amistad que puso en pie los fundamentos teóricos para liberar a la humanidad de todo tipo de explotación y opresión.

Emilio Salgado & Jazmín Jiménez    |    Engels nació el 28 de noviembre de 1820, en Barmen, provincia de Renania. Ciudad bañada por el Rhin, que marca la frontera entre Francia y Alemania. Durante su infancia, en los años 1830-1831 el torbellino de la revolución volverá a recorrer Europa. Revoluciones marcadas por la gran Revolución Francesa y la Revolución industrial. La clase obrera comenzaba a poner en pie sus primeras organizaciones que luchaban por mejores condiciones de trabajo y salarios, contra la opresión de los industriales y también demandas políticas como el sufragio universal. En 1831 y 1834 hay insurrecciones obreras en Lyon, que revelarán por primera vez, la importancia revolucionaria de la clase obrera. En esa época, cuando el movimiento obrero revolucionario llegaba a su apogeo, Engels tenía veinte años, dos años menos que Marx.
Un camino hacia el comunismo
Renania, era el centro de la industria algodonera y de lanas. Engels pertenecía a una familia acomodada. Su padre era propietario de una fábrica de tejidos allí y de otra en Manchester. Era una familia que profesaba la religión protestante. Las ideas que el joven Engels comenzaba a formarse, rápidamente generan conflicto con su familia. A los diecisiete años lo pusieron a trabajar en una oficina comercial en Bremen. En esta ciudad, a los diecinueve años, comenzó a escribir sus primeros trabajos, publicados con el seudónimo de Oswald, ubicándose entre los demócratas librepensadores de Alemania.

En 1841, entra como voluntario en artillería de la guardia de Berlín, ciudad donde se vincula con los Jóvenes Hegelianos, adhiriendo a la tendencia más radical de esta filosofía, círculo también frecuentado por otro renano, Karl Marx, con quién tiempo más tarde pondrán en pie un equipo político y una amistad, como pocas veces vista en la historia.

Allí también conocerá a Moses Hess, quién en 1842, bajo la influencia del movimiento comunista francés, se había hecho “comunista” y llevó a Engels por ese camino.
La situación de la clase obrera en Inglaterra
Inglaterra fue el siguiente destino del joven Engels, que ya era un comunista muy entusiasta. Llegó a Manchester en 1842 para trabajar en la firma comercial de la que su padre era propietario. Lenin cuenta que:
“Engels no se limitó a permanecer en la oficina de la fábrica, sino que recorrió los sórdidos barrios en los que se albergaban los obreros y vio con sus propios ojos su miseria y sufrimientos. No se limitó a observar personalmente; leyó todo lo que se había escrito hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió minuciosamente todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Como fruto de sus observaciones y estudios apareció en 1845 su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra”.
En esta ciudad, a mediados de los años cuarenta, hizo progresos intelectuales cruciales para el desarrollo del marxismo. Le proporcionó los datos fundamentales para dar cuerpo a su filosofía. Recopiló “hechos, hechos, hechos” de la Inglaterra industrial y lo conectó a su herencia filosófica alemana. “En Manchester observé de manera tangible que los hechos económicos que hasta ahora no han tenido importancia, o que sólo han tenido un peso desdeñable en la historiografía, son, al menos en el mundo moderno, una fuerza histórica decisiva. Aprendí que los factores económicos eran la causa fundamental de la colisión entre las clases sociales”. Para Engels, el comunismo era la única respuesta posible a la situación que el capitalismo sometía a los trabajadores. “Los efectos de la manufactura moderna en la clase obrera deben de desarrollarse aquí con más libertad y perfección”. En consecuencia, “poco a poco los enemigos se dividen en dos grandes bandos: la burguesía por un lado, los obreros por el otro” afirmaba.

Engels escribió La situación de la clase obrera en Inglaterra cuando tenía veinticuatro años. Para ello contó con la ayuda de Mary Burns, una obrera que lo introdujo en la vida de la comunidad inmigrante irlandesa de Manchester. Quién además fue su “primer gran amor”, lo acompañó en excursiones por los barrios que, de otro modo, habrían sido inseguros para cualquier forastero; fue una fuente de información sobre las condiciones laborales y domésticas que los trabajadores tenían que soportar.

En el texto muestra los horrores descarnados del capitalismo en la cuna de la revolución industrial. “Voy a presentar a los ingleses un buen escrito de acusación”, anunció Engels, cuando ya tenía escrita la mitad de la obra: “Acuso a la burguesía inglesa ante todo el mundo, de asesinato, robo y otros crímenes a escala masiva”, y de ahí desprende que: “la revolución debe llegar; ya es demasiado tarde para que la solución sea pacífica”.

Marx quedaría fascinado por el libro [1], los datos en él acumulados, desde la manipulación de los relojes de las fábricas por los fabricantes, hasta el estado físico de los trabajadores y la historia económica de la industria del algodón, fue una fuente a la que regresó una y otra vez en busca de pruebas concretas de la falta de humanidad del capitalismo. Fue un texto pionero de la teoría comunista. En él, por primera vez aparece la explicación de la naturaleza de la división de clases, la inestabilidad inherente del capitalismo industrial moderno, la idea de que la burguesía se cava su propia fosa y el carácter inevitable de la revolución.
París, la ciudad revolucionaria que vio nacer su amistad con Marx
Ya se habían conocido hacía un tiempo, pero su verdadera amistad surgió tiempo después en 1844, en la ciudad de París, donde rápidamente en el curso de diez días de intensos debates, confluyeron intelectualmente y los unió un lazo emocional que sería para toda la vida.

Marx había sido el primero en revelar que el proletariado era la clase que, por sus condiciones de existencia, llegaría a ser la única revolucionaria de la sociedad burguesa. Esta idea, que había expuesto a comienzos de 1844, la desenvuelve en una obra que escribió en colaboración con Engels en un artículo titulado: Crítica de la crítica crítica: contra Bruno Bauer y consortes (La Sagrada familia). El primer fruto de esa amistad, es un breve folleto que revelaba la impaciencia compartida, tras las experiencias de Manchester y París, por los vestigios idealistas de la escuela de los Jóvenes Hegelianos, y también fue una proclamación pública del materialismo que desde hacía poco defendían. El título burlón hacia los hermanos Bauer, se debe a la negación de éstos a toda actividad práctica y, cuya prédica implicaba, una crítica por encima de los partidos y de la política. Para Marx y Engels, contrariamente, la clave no era la contemplación sino la lucha por un nuevo orden social que libere a la humanidad. La clase que podía y debía asumir la misión de emancipar al pueblo y efectuar la transformación del régimen social era el proletariado.

Engels, en tanto, un tiempo antes de ésta amistad, había escrito un artículo en la revista Los Anales Franco Alemanes, que Marx dirigía. Se titulaba Crítica sobre la Economía Política y analizaba, desde un punto socialista, los fenómenos básicos del régimen económico contemporáneo, como consecuencia inevitable de la propiedad privada. El avance más notable se produjo cuando aplicó la noción hegeliana de alienación al ámbito de la economía política (antes incumbía a los sentimientos religiosos). En palabras de Lenin, fue la relación con Engels la que llevó, sin dudas, a que Marx se ocupara seriamente de la economía política.
Una amistad a prueba de deportaciones y exilios
Como cuenta la biografía de Tristram Hunt [2], Engels redactó el borrador a toda prisa antes de irse de París a Barmen, en septiembre de 1844. “Adiós por ahora, querido Karl” escribió al marcharse, tal vez dándose cuenta que este vínculo tal vez sería la relación más fuerte de toda su vida: “No he podido recuperar el estado de jovialidad y conciliación que experimenté durante los diez días que pase contigo”.

En Barmen, el primer enfrentamiento fuerte, de tantos que marcaría la relación con su padre, sumado al peligro de ser arrestado por sus actividades políticas, hacen que decida irse a Bruselas donde ya se encontraba Marx al ser deportado de Francia. Juntos viajan a Inglaterra. Marx se sumerge en la economía política, leía las obras de varios economistas liberales y estudiaba a conciencia publicaciones oficiales. A finales del verano de 1845 regresaron a Bélgica, profundizando su amistad y equipo teórico. Producto de ese momento, escriben una obra bisagra de su pensamiento, La ideología alemana [3], que aunque todavía no alcanzan con toda la precisión que la nueva teoría logra en el futuro en los textos más maduros, ya se dejaba ver, por primera vez, que “la lucha de clases era el motor de la historia”.
El Manifiesto Comunista y las revoluciones del 48
En el verano de 1847, se reunió en Londres el primer congreso de la Liga de los Comunistas. Marx no asistió. Engels representó a los comunistas parisinos. El segundo Congreso se celebró en Londres a fines de noviembre de 1847. Engels había escrito dos borradores, el primero un proyecto de Catecismo o Profesión de fe (comunista), que seguía las costumbres de la época, dejó el lugar a uno más avanzado. En este segundo texto, si bien respetaba la forma, hacía más hincapié en el materialismo, además de llamar abiertamente a la revolución proletaria y de destacar que, a raíz del carácter mundial del capitalismo, la solidaridad obrera internacional era vital, junto a una serie de pasos de transición hacia el socialismo. Cuando le entrega este borrador, que había llamado Principios de Comunismo (fueron inéditos hasta 1914), Engels le sugiere a Marx cambiar la forma de presentación, además de su nombre por el de Manifiesto de los Comunistas.

Los debates duraron varios días. Marx dirigió las reuniones. Como recordaría Engels, después de la brillante intervención de Marx: “No quedó una sola contradicción ni una duda, los nuevos principios básicos se aprobaron por unanimidad y a Marx y a mí nos encargaron que redactáramos el Manifiesto”. Marx logró terminar su trabajo a principios de febrero. Desde las épicas primeras líneas: “Un fantasma recorre Europa…, el fantasma del comunismo”- al desafiante final –“Los proletarios no tienen nada que perder, salvo sus cadenas. Tienen un mundo por ganar. ¡TRABAJADORES DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!”- esta obra, que apareció unos días antes de la Revolución de Febrero de 1848 y que contiene todos los resultados del trabajo científico a que Marx y Engels se habían dedicado de 1845 a 1847, sin que los autores lo sospecharan, se convertiría como diría Trotsky, mucho después, en el “panfleto más genial en la literatura mundial”.

Aunque la versión final fue escrita de un tirón por Marx. El trabajo había empezado por ambos en Londres y seguido en Bruselas. A Engels le correspondió gran parte del trabajo intelectual en las reuniones de la Liga de los Comunistas y en los borradores, que fueron la base. Wilhelm Liebknecht (el padre de Karl) lo expresó bien: “¿Qué aportó uno, qué el otro? ¡Una pregunta ociosa! Es de una pieza, y Marx y Engels son una sola alma, tan inseparables en el Manifiesto Comunista como lo siguieron siendo hasta la muerte en todos sus trabajos y planes”.
Notas
1. “El conocimiento de la situación del proletariado es absolutamente necesario para proporcionar una base sólida a las teorías socialistas”, fue el reconocimiento que trajo esta obra de juventud de Engels, que marcó un antes y un después en el mismo pensamiento de Marx. Así lo distinguirá en su gran obra El Capital, en la que puede verse varias veces mencionado el texto y su método de investigación.
2. Tristran Hunt, El gentleman comunista. La vida revolucionaria de Friedrich Engels. Ed. Anagrama, 2011.
3. La ideología alemana es un texto que nunca fue terminado del todo. El propio Engels en sus últimos años de vida, se encargó de advertirlo: “… la parte de Feuerbach no está terminada. La parte acabada se reduce a una exposición de la concepción materialista de la historia, que sólo demuestra cuán eran todavía, por aquel entonces, nuestros conocimientos sobre historia económica. (…) He encontrado en un viejo cuaderno de Marx las once Tesis sobre Feuerbach, trátase de notas tomadas para desarrollarlas más tarde, notas escritas a vuelapluma y no destinadas en modo alguno a la publicación, pero de un valor inapreciable por ser el primer documento en que contiene el germen genial de la nueva concepción del mundo.” (Federico Engels, 1888, Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana).
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◆ El que busca, encuentra...

“Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” — Karl Marx

Not@s sobre Marx, marxismo, socialismo y la Revolución 2.0

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◆ Josefina L. Martínez: Feminismo & Socialismo marxista - Eleanor Marx, la cuestión de la mujer y el socialismo — Rebelión
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◆ Bernardo Coronel: ¿El marxismo es una ciencia? — La Haine
◆ Sylvain Rakotoarison: Le capitalisme selon Karl Marx — Agora Vox

— Notas y comentarios sobre El Capital
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◆ Jérôme Skalski: Lire Le Capital, un appel au possible du XXIe siècle - L’Humanité
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◆ Samuel Jaramillo: De nuevo Marx, pero un Marx Nuevo — Universidad Externado de Colombia
◆ Sergio Abraham Méndez Moissen: Karl Marx: El capítulo XXIV de El Capital y el “descubrimiento” de América — La Izquierda Diario
◆ Joseph Daher: El marxismo, la primavera árabe y el fundamentalismo islámico — Viento Sur
◆ Francisco Jaime: Marxismo: ¿salvación a través de la revolución? — El Siglo de Torreón
◆ Michel Husson: Marx, Piketty et Aghion sur la productivité — A l’encontre
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◆ José de María Romero Barea: Hölderlin ha leído a Marx y no lo olvida — Revista de Letras
◆ Ismaël Dupont: Marx et Engels: les vies extravagantes et chagrines des deux théoriciens du communisme! — Le Chiffon Rouge Morlai
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◆ El “Dragón Rojo”, en Manchester: Cierran el histórico pub donde Marx y Engels charlaban "entre copa y copa" — BigNews Tonight
◆ Marc Sala: El capitalismo se come al bar donde Marx y Engels debatían sobre comunismo — El Español

— Notas sobre debates, entrevistas y eventos
◆ Fabrizio Mejía Madrid: Conmemoran aniversario de la muerte de Lenin en Rusia — Proceso
◆ Segundo Congreso Mundial sobre Marxismo tendrá lugar en Beijing — Xinhua
◆ Debate entre Andrew Kliman & Fred Moseley — Tiempos Críticos
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◆ Gustavo Hernández Sánchez: “Edward Palmer Thompson es un autor que sí supo dar un giro copernicano a los estudios marxistas” — Rebelión
◆ Alberto Maldonado: Michael Heinrich en Bogotá: El Capital de Marx es el misil más terrible lanzado contra la burguesía — Palabras al Margen
◆ Leonardo Cazes: En memoria de Itsván Mészáros — Rebelión (Publicada en O Globo)
◆ Entrevista con István Mészáros realizada por la revista persa Naghd’ (Kritik), el 02-06-1998: “Para ir Más allá del Capital” — Marxismo Crítico
◆ Rosa Nassif: “El Che no fue solo un hombre de acción sino un gran teórico marxista” — Agencia de Informaciones Mercosur AIM
◆ Entrevista a Juan Geymonat: Por un marxismo sin citas a Marx — Hemisferio Izquierdo
◆ Juliana Gonçalves: "El Capital no es una biblia ni un libro de recetas", dice José Paulo Netto [Português ] — Brasil de Fato
◆ Entrevista a Michael Heinrich: El Capital: una obra colosal “para desenmascarar un sistema completo de falsas percepciones” — Viento Sur
◆ Alejandro Katz & Mariano Schuster: Marx ha vuelto: 150 años de El Capital. Entrevista a Horacio Tarcus — La Vanguardia
◆ Salvador López Arnal: Entrevista a Gustavo Hernández Sánchez sobre "La tradición marxista y la encrucijada postmoderna" — Rebelión
◆ Jorge L. Acanda: "Hace falta una lectura de Marx que hunda raíces en las fuentes originarias del pensamiento de Marx" — La Linea de Fuego

— Notas sobre Lenin y la Revolución de Octubre
◆ Guillermo Almeyra: Qué fue la Revolución Rusa — La Jornada
◆ Jorge Figueroa: Dos revoluciones que cambiaron el mundo y el arte — La Gaceta
◆ Gilberto López y Rivas: La revolución socialista de 1917 y la cuestión nacional y colonial — La Jornada
◆ Aldo Agosti: Repensar la Revolución Rusa — Memoria
◆ Toni Negri: Lenin: Dalla teoria alla pratica — Euronomade
◆ Entretien avec Tariq Ali: L’héritage de Vladimir Lénine — Contretemps
◆ Andrea Catone: La Rivoluzione d’Ottobre e il Movimento Socialista Mondiale in una prospettiva storica — Marx XXI
◆ Michael Löwy: De la Revolución de Octubre al Ecocomunismo del Siglo XXI — Herramienta
◆ Serge Halimi: Il secolo di Lenin — Rifondazione Comunista
◆ Víctor Arrogante: La Gran Revolución de octubre — El Plural
◆ Luis Bilbao: El mundo a un siglo de la Revolución de Octubre — Rebelión
◆ Samir Amin: La Revolución de Octubre cien años después — El Viejo Topo
◆ Luis Fernando Valdés-López: Revolución rusa, 100 años después — Portaluz
◆ Ester Kandel: El centenario de la Revolución de octubre — Kaos en la Red
◆ Daniel Gaido: Come fare la rivoluzione senza prendere il potere...a luglio — PalermoGrad
◆ Eugenio del Río: Repensando la experiencia soviética — Ctxt
◆ Pablo Stancanelli: Presentación el Atlas de la Revolución rusa - Pan, paz, tierra... libertad — Le Monde Diplomatique
◆ Gabriel Quirici: La Revolución Rusa desafió a la izquierda, al marxismo y al capitalismo [Audio] — Del Sol

— Notas sobre la película “El joven Karl Marx”, del cineasta haitiano Raoul Peck
◆ Eduardo Mackenzie:"Le jeune Karl Marx ", le film le plus récent du réalisateur Raoul Peck vient de sortir en France — Dreuz
◆ Minou Petrovski: Pourquoi Raoul Peck, cinéaste haïtien, s’intéresse-t-il à la jeunesse de Karl Marx en 2017? — HuffPost
◆ Antônio Lima Jûnior: [Resenha] O jovem Karl Marx – Raoul Peck (2017) — Fundaçâo Dinarco Reis
◆ La película "El joven Karl Marx" llegará a los cines en el 2017 — Amistad Hispano-Soviética
◆ Boris Lefebvre: "Le jeune Karl Marx": de la rencontre avec Engels au Manifeste — Révolution Pernamente

— Notas sobre el maestro István Mészáros, recientemente fallecido
◆ Matteo Bifone: Oltre Il Capitale. Verso una teoria della transizione, a cura di R. Mapelli — Materialismo Storico
◆ Gabriel Vargas Lozano, Hillel Ticktin: István Mészáros: pensar la alienación y la crisis del capitalismo — SinPermiso
◆ Carmen Bohórquez: István Mészáros, ahora y siempre — Red 58
◆ István Mészáros: Reflexiones sobre la Nueva Internacional — Rebelión
◆ Ricardo Antunes: Sobre "Más allá del capital", de István Mészáros — Herramienta
◆ Francisco Farina: Hasta la Victoria: István Mészáros — Marcha
◆ István Mészáros in memoriam : Capitalism and Ecological Destruction — Climate & Capitalism.us