"No hay porvenir sin Marx. Sin la memoria y sin la herencia de Marx: en todo caso de un cierto Marx: de su genio, de al menos uno de sus espíritus. Pues ésta será nuestra hipótesis o más bien nuestra toma de partido: hay más de uno, debe haber más de uno." — Jacques Derrida

◆

"Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal" — Karl Marx

16/4/14

El marxismo y la relación entre revolución proletaria y revolución campesina

Karl Marx ✆ Ombu
En 1881, Vera Zasúlich le preguntó a Marx qué debían hacer los marxistas rusos hasta que el capitalismo hubiera preparado las condiciones en Rusia para una revolución proletaria [*]. Esto escribía Zasulich:
“Si por un lado, la comuna aldeana (el mir ruso) está condenada a la destrucción, lo que le resta hacer a un socialista es buscar instrumentos de medida bien fundados para determinar aproximadamente en cuántas décadas pasará la tierra de los campesinos rusos a manos de la burguesía y cuántas centenas de años transcurrirán antes que el capitalismo alcance en Rusia el mismo nivel de desarrollo que en Europa occidental. En ese caso, los socialistas tendrán que hacer propaganda solamente entre los obreros de las ciudades que estarán diluidos dentro de la masa de campesinos arrojados a las calles de las grandes ciudades, en busca de un salario, conducidos hasta allí a causa de la desintegración de la comuna aldeana” | Cita extraída de una carta de Vera Zasulich a Marx, el 16 de febrero de 1881, edición rusa del libro Grupo Emancipación del Trabajo, p. 222.
Lo que es más destacable en esta cita es que la revolución socialista está separada de la transformación democrática por varios siglos. Los representantes de la generación pos-Octubre considerarán esto monstruoso. Pero, esta idea, indiscutiblemente, prevaleció de hecho entre los marxistas rusos hasta 1905 y también, en una gran medida, hasta 1917. Por supuesto, no todos medían en siglos la distancia a la revolución socialista. Aquí, Zasulich miraba simplemente la historia de Inglaterra como si se tratara de un espejo para las naciones más atrasadas. Pero, la idea principal, a saber, que primero debe tener lugar una revolución democrática burguesa; luego, que las fuerzas productivas deben desarrollarse durante un período de duración indeterminada sobre fundamentos capitalistas y que, únicamente después, vendrá la era de la revolución socialista en pleno derecho, era la idea predominante, como lo muestran las minutas de la conferencia del Partido Bolchevique de marzo de 1917. Todos sus participantes, sin excepción, consideraban el tema en el sentido que la revolución democrática debía estar concluida, y no que la revolución socialista debía ser preparada. Aquellos que, después de Octubre, han tratado de hacer un balance crítico de su actitud con respecto a la revolución de Febrero han reconocido honestamente que se dirigían hacia una puerta pero que se chocaron con otra. Veamos lo que escribía, por ejemplo [Mijail Alexandrov] Olminsky [2], sobre este tema, en 1921: “La revolución que viene sólo podrá ser una revolución burguesa...Era esta una premisa obligatoria para todo miembro del partido, la opinión oficial del partido, la consigna permanente e inmutable hasta la revolución de Febrero, y aún un poco después”.

De ningún modo se trataba de que la revolución debía realizar primero las tareas democráticas y que era únicamente sobre esta base que podía amplificarse en revolución socialista. Ninguno de los participantes de la conferencia de marzo tenían la menor sospecha de tal idea antes de la llegada de Lenin. En esta época, Stalin no sólo no hacía ninguna referencia al artículo de Lenin de 1915, sino que advertía contra el peligro de espantar a la burguesía, exactamente con el mismo espíritu que Jordania. La convicción de que la historia no se atrevía a saltar por encima de una etapa dictada por alguna prescripción filistea estaba ya firmemente implantada en su cráneo. Había tres etapas: primero, la revolución democrática llevada hasta su término, luego; un período de desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas y, por último, el período de la revolución socialista. La segunda etapa se concebía como una etapa bastante prolongada, medida, ya no en siglos, como lo hacía Zasulich, sino en todo caso, en varias décadas. Se admitía que una revolución proletaria victoriosa en Europa podía reducir la segunda etapa, pero, en el mejor de los casos, sólo estaba incluida como una posibilidad teórica. Según esta teoría estereotipada, defendida por Stalin, y que prevalecía entonces casi totalmente, la posición de la revolución permanente, que unía las revoluciones democrática y socialista en el marco de una sola etapa, era absolutamente inadmisible, anti-marxista, monstruosa.

Y sin embargo, en sentido general, la idea de revolución permanente era una de las ideas más importantes de Marx y de Engels. El Manifiesto Comunista fue escrito en 1847, algunos meses antes de la revolución de 1848 que pasó a la historia como una revolución burguesa parcial e inacabada. Alemania en esa época era un país muy atrasado, aferrado estrechamente a las cadenas del feudalismo y de la servidumbre. No obstante, Marx y Engels no desarrollaron en ninguna parte una perspectiva que comprendiera tres etapas. Consideraban a la revolución que vendría como una revolución transitoria, es decir, que comenzaría por aplicar un programa democrático burgués pero se transformaría mediante el mecanismo interno de las fuerzas involucradas y se transformaría en revolución socialista. Veamos lo que dice, sobre este punto, el Manifiesto Comunista:
“Los comunistas dedican su atención principalmente a Alemania, porque este país está en vísperas de una revolución burguesa que debe ser llevada a cabo en las condiciones más avanzadas de la civilización europea, y con un proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra en el siglo XVII o el de Francia del siglo XVIII, pero además, porque la revolución burguesa en Alemania no será más que el preludio de una revolución proletaria que se desencadenará inmediatamente”.
Esta idea no era para nada accidental. En la Neue Rheinische Zeitung, durante el transcurso mismo de la revolución de 1848, Marx y Engels propusieron el programa de la revolución permanente y Marx incluso escribió un artículo que tenía estas palabras como título.

La revolución de 1848 no se transformó en una revolución socialista. Pero tampoco se concluyó como una revolución democrática. Para comprender la dinámica histórica, el segundo hecho no es menos importante que el primero. En 1848 se ha demostrado que, si bien las condiciones no estaban aún maduras para una dictadura del proletariado, tampoco había ningún lugar para una realización auténtica de la revolución democrática. La primera y la tercera etapa se revelaron unidas inseparablemente. En este sentido fundamental, el Manifiesto Comunista tenía completa razón.

¿Ignoraba Marx la cuestión campesina y la tarea de la eliminación de la basura feudal en general? Es hasta absurdo plantear la pregunta. Marx no tenía nada en común con la metafísica idealista de un Lasalle, quien pensaba que el campesinado en general encarnaba principios reaccionarios. Por supuesto, Marx no consideraba al campesinado como una clase socialista. Apreciaba dialécticamente el papel histórico del campesinado. La teoría marxista en su conjunto no solamente habla sobre esto con mucha elocuencia, sino que habla también de esto y en particular en la Neue Rheinische Zeitung de 1848.

Luego de la victoria de la contrarrevolución, Marx tuvo que hacer algunas correcciones, aplazando el día en que la revolución podía esperarse nuevamente. ¿Pero Marx admitió un error? ¿Llegó a comprender que se podía saltar por encima de las etapas?
¿Comprendió finalmente que había, precisamente, tres etapas? No. Marx se demostró incorregible. En la época de la contrarrevolución victoriosa, subrayó las perspectivas de un nuevo ascenso revolucionario, y, una vez más, ligó la revolución democrática, sobre todo la revolución agraria, a la dictadura del proletariado, utilizando el acento de la permanencia. Esto es lo que escribió Marx en 1856: “Todo el asunto en Alemania dependerá de la posibilidad de sostener a la revolución proletaria con algunas reediciones de la guerra campesina. Entonces el asunto será espléndido”.

Estas palabras son citadas a menudo, pero, como lo han demostrado las discusiones y los escritos de los últimos años, su significado fundamental siempre fue mal comprendido. Sostener la dictadura del proletariado por una guerra campesina significa que la revolución agraria es llevada a cabo no antes de la dictadura del proletariado sino a través de ella. A pesar de la lección de 1848, Marx no adoptó la filosofía pedante de las tres etapas, una filosofía que constituye de hecho la inmortalización de una incomprensión mal digerida de la experiencia de Inglaterra y Francia. Marx pensaba que la revolución que vendría llevaría al proletariado al poder antes que la revolución democrática burguesa haya sido llevada a término. Marx hacía depender la victoria de la guerra campesina de la llegada al poder del proletariado. Hacía depender la capacidad de duración de la dictadura del proletariado de la cuestión de saber si ésta se había instaurado y desarrollado paralela o simultáneamente, a un desarrollo de la guerra campesina. ¿Era justa la orientación de Marx? Al responder a esta pregunta en la actualidad, tenemos una experiencia mucho más rica que la que tenía Marx. El se basaba en la experiencia de las revoluciones burguesas clásicas, ante todo en la revolución francesa, y hacía su pronóstico de revolución permanente sobre la base de relaciones de fuerza que cambiaban entre la burguesía y el proletariado. Engels, en su libro “Las Guerras campesinas en Alemania”, demostró que las guerras campesinas del siglo XVI siempre fueron dirigidas por alguna fracción urbana, es decir, por una u otra ala de la burguesía. Partiendo del hecho que la burguesía en su conjunto ya no era apta para un rol revolucionario, Marx y Engels llegaron a la conclusión que la dirección de una guerra campesina debía estar asegurada por el proletariado que extraería una renovada fuerza de la guerra campesina, y que la dictadura del proletariado podría, en el transcurso de su primera y más difícil etapa, encontrar una base sólida en la guerra campesina, es decir en la revolución agraria democrática.

El año 1848 suministró una confirmación incompleta y únicamente negativa de esta idea. La revolución agraria no fue llevada a la victoria y el proletariado no se desarrolló plenamente y no llegó al poder. Desde entonces, sin embargo, hemos visto las experiencias de las revoluciones rusas de 1905 y 1917 y la china. Ahora, la concepción de Marx ha sido confirmada de manera decisiva e irrefutable: una confirmación positiva en la revolución rusa y una confirmación negativa en la revolución china.

La dictadura del proletariado se ha comprobado como posible en la Rusia atrasada, precisamente porque estaba sostenida por una guerra campesina. En otros términos, la dictadura del proletariado se comprobó como posible y durable únicamente porque ninguna de las fracciones de la sociedad burguesa se mostró capaz de asegurar la dirección resolviendo la cuestión agraria. O para decirlo más brevemente y más precisamente, la dictadura del proletariado se demostró posible por la simple razón de que la dictadura democrática se ha demostrado imposible.

En China, por otro lado, el intento para resolver el problema agrario a través de una dictadura democrática especial sustentada por la autoridad de la Internacional Comunista, del Partido Comunista Soviético, de la URSS, no ha conducido más que a la derrota de la revolución. Así, el esquema histórico fundamental de Marx está total e íntegramente confirmado. Las revoluciones, en la nueva era histórica, combinarán, o bien la primera y la tercera fase, o bien rodarán hacia atrás y retrocederán en la misma primera fase.

Notas

[*] Este artículo fue publicado en diciembre de 1928
[1] Traducción inédita del francés para esta edición, de la versión publicada en Oeuvres, León Trotsky, Tomo II, p. 425, publicada por el Institut Leon Trotsky de Francia. A su vez fue traducido del inglés de The Challenge of the Left Opposition (1928-29), p. 347.
[2] Mijail Alexandrov Olminsky (1863-1933): Se unió a los populistas en 1883 y a los bolcheviques en 1904. Jugó un importante rol a la cabeza del Instituto de Historia del Partido luego de la revolución.

◆ El que busca, encuentra...

“Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profano, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” — Karl Marx

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◆ Luis Fernando Valdés-López: Revolución rusa, 100 años después — Portaluz
◆ Ester Kandel: El centenario de la Revolución de octubre — Kaos en la Red
◆ Daniel Gaido: Come fare la rivoluzione senza prendere il potere...a luglio — PalermoGrad
◆ Eugenio del Río: Repensando la experiencia soviética — Ctxt
◆ Pablo Stancanelli: Presentación el Atlas de la Revolución rusa - Pan, paz, tierra... libertad — Le Monde Diplomatique
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— Notas sobre la película “El joven Karl Marx”, del cineasta haitiano Raoul Peck
◆ Eduardo Mackenzie:"Le jeune Karl Marx ", le film le plus récent du réalisateur Raoul Peck vient de sortir en France — Dreuz
◆ Minou Petrovski: Pourquoi Raoul Peck, cinéaste haïtien, s’intéresse-t-il à la jeunesse de Karl Marx en 2017? — HuffPost
◆ Antônio Lima Jûnior: [Resenha] O jovem Karl Marx – Raoul Peck (2017) — Fundaçâo Dinarco Reis
◆ La película "El joven Karl Marx" llegará a los cines en el 2017 — Amistad Hispano-Soviética
◆ Boris Lefebvre: "Le jeune Karl Marx": de la rencontre avec Engels au Manifeste — Révolution Pernamente

— Notas sobre el maestro István Mészáros, recientemente fallecido
◆ Matteo Bifone: Oltre Il Capitale. Verso una teoria della transizione, a cura di R. Mapelli — Materialismo Storico
◆ Gabriel Vargas Lozano, Hillel Ticktin: István Mészáros: pensar la alienación y la crisis del capitalismo — SinPermiso
◆ Carmen Bohórquez: István Mészáros, ahora y siempre — Red 58
◆ István Mészáros: Reflexiones sobre la Nueva Internacional — Rebelión
◆ Ricardo Antunes: Sobre "Más allá del capital", de István Mészáros — Herramienta
◆ Francisco Farina: Hasta la Victoria: István Mészáros — Marcha
◆ István Mészáros in memoriam : Capitalism and Ecological Destruction — Climate & Capitalism.us