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| Karl Marx ✆ Víctor Minca |
Karl Marx | La influencia preponderante que Rusia ganó
por sorpresa en Europa en diferentes épocas ha atemorizado a los pueblos de
Occidente, que se le han sometido como a una fatalidad o sólo lo han resistido
por momentos. Pero junto a la fascinación vemos renacer constantemente un
escepticismo que la sigue como su sombra, mezclando la nota ligera de la ironía
a los gritos de los pueblos agonizantes, burlándose de la verdadera grandeza
del poderío ruso como de la actitud que adopta un histrión para deslumbrar y
engañar. Otros imperios han suscitado durante su infancia dudas semejantes;
pero Rusia se volvió un coloso sin haberlas disipado. Nos ofrece el único
ejemplo histórico de un enorme imperio que, incluso tras unas realizaciones de
envergadura mundial, no deja de ser considerado como un asunto de creencia y no
de hecho. Desde principios del siglo XVIII hasta hoy, no hay un sólo
autor que haya creído posible dispensarse de probar su existencia, para
empezar, antes de glorificarla o criticarla. Pero seamos espiritualistas o
materialistas hacia Rusia, es decir, consideremos su existencia como un hecho
palpable o como una simple visión de pueblos europeos con la conciencia llena
de remordimientos, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Cómo ha logrado esta
potencia, o este fantasma de potencia, adquirir semejantes dimensiones y
suscitar, por un lado, la denuncia apasionada de la amenaza que constituía para
el mundo al repetir el fenómeno de una monarquía universal y, por otro lado, la
furiosa negación de esa amenaza?






















